15/08/2022

Ocho afirmaciones de Marx que pueden sorprenderte

La revista digital estadounidense socialista Jacobin ha publicado en su número de noviembre un artículo de Mitchell Aboulafia, profesor de filosofía en el Manhattan College. Para el autor, los críticos de Marx se equivocan a menudo con “el gran pensador socialista”. Y aunque no lo diga sino hasta el final, también se equivocan no pocas veces quienes se reivindican “marxistas”. Por eso creemos que vale la pena traducir para los hispano- hablantes  y difundir este pequeño ensayo, en el que si bien el título original se habla de  “Eight Marxist Claims”, en rigor de verdad debería aclarar que las afirmaciones que él cita son las del propio Marx.

Los textos en castellano que citamos son de las siguientes ediciones:

  • Karl Marx y Friedrich Engels -El manifiesto comunista (Traducción de Miguel Vedda), Ediciones Herramienta, Buenos Aires, 2008.  
  • Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844 (Traducción de Miguel Vedda), Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2004.
  • Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1959..
  • Karl Marx y Friedrich Engels, Correspondencia, Editorial Cartago, 1987.

 

Nuestra traducción del texto:

Los críticos de Marx a menudo se equivocan con el gran pensador socialista. Estamos aquí para dejar las cosas claras.

Hay muchas maneras de interpretar a Marx. Evidentemente, muchas de ellas son legítimas. Pero hay autores que buscan desestimar a Marx utilizando la retórica anticomunista. Se burlan de él como si fuera un estéril determinista económico y arremeten contra su análisis y sus predicciones como conclusiones terriblemente erróneas

Marx no siempre tenía razón (¿quién la tiene?) Pero o bien la tuvo o bien afirmó argumentos plausibles con mayor frecuencia de lo que cree mucha gente. Y en nuestros días sus textos siguen siendo dignos de atención.

De modo que para refutar algunas de las representaciones más salvajes del gran pensador socialista, he aquí ocho afirmaciones que cualquier interpretación seria de Marx o del marxismo debería incluir.

1

Marx no se limitó a descartar el capitalismo. También reconocía estar impresionado por él. Y afirmaba que el capitalismo ha sido el sistema más productivo que se haya visto en nuestro mundo:

“La burguesía, en sus escasos 100 años de dominio de clase, ha creado fuerzas productivas más consistentes y colosales que todas las anteriores generaciones juntas. El sometimiento de las fuerzas naturales, de la maquinaria, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, navegación a vapor, ferrocarriles, telégrafos eléctricos, roturación de continentes enteros, adaptación de ríos con vista a hacerlos navegables, desarraigo de poblaciones enteras… ¿qué siglo anterior presintió que tales fuerzas de producción dormitaban en el seno del trabajo social?” (Manifiesto Comunista, p.31)

2

Marx predijo con exactitud que el capitalismo fomentaría lo que hoy se denomina “la globalización”. Y preveía que el capitalismo crearía un mercado mundial en el cual los países se harían cada vez más interdependientes:

“La burguesía, a través de su explotación del mercado mundial, ha configurado de manera cosmopolita la producción y el consumo de todos los países. Muy a pesar de los reaccionarios, le ha quitado a la industria el suelo nacional de debajo de los pies. Las industrias nacionales atávicas fueron aniquiladas y son aniquiladas aún a diario (…) En lugar de la autosuficiencia y el aislamiento locales y nacionales, aparece un tráfico multilateral, una dependencia multilateral entre las naciones.” (Manifiesto Comunista, p. 29).

3

A diferencia de las sociedades anteriores, que tendían a conservar las tradiciones y las antiguas formas de vida, el capitalismo se nutre de la invención de formas nuevas y de alternativas de producir que afectan la forma en que vivimos, y  afectan a nuestra propia vida. Las tecnologías cambian nuestras vidas a un ritmo cada vez más rápido. Los productos antiguos son descartados por productos nuevos (y también a quienes lo hacen).

Aunque los capitalistas suelen presentar esto como un bien absoluto, esto puede ser profundamente preocupante, incluso si algunos cambios en particular sean positivos. Esto puede inducir a las personas a sentir que sus valores y formas de vida ya no tienen una vigencia  en el mundo; que ya han muerto. También, la exigencia de emplear nuevas tecnologías y métodos de producción sólo para buscar ganancias para una minoría, puede llevar a consecuencias imprevistas. (En nuestra época, por ejemplo, Marx señalaría seguramente al cambio climático como una consecuencia directa de la producción capitalista no regulada):

“La burguesía no puede existir sin revolucionar permanentemente los instrumentos de producción; es decir, las relaciones de producción; es decir, todas las relaciones sociales. (…) La continua transformación de la producción, la ininterrumpida conmoción de todas las circunstancias sociales, la eterna inseguridad y el movimiento, distinguen a la época burguesa de todas las precedentes. Todas las relaciones fijas y herrumbradas, con su séquito de representaciones y opiniones ancestralmente veneradas, son disueltas; todas las relaciones recientemente formadas envejecen antes de poder osificarse. Todo lo establecido y estable se evapora, todo lo santo es profanado, y los hombres se ven, por fin, obligados a contemplar con una mirada sobria su posición en la vida, sus relaciones recíprocas.” (Manifiesto Comunista, p.29).

4

Las poderosas compañías, la concentración de la riqueza, y los nuevos métodos de producción hacen cada vez más difícil mantener su status social a los profesionales independientes y a los comerciantes de clase media. Estos se encuentran con que el conjunto de sus habilidades se devalúan constantemente o que deben terminar trabajando para empresas que han expulsado a los de su propia clase afuera del mercado. En otras palabras, Marx anticipó la “walmartización”:

“Las pequeñas clases medias anteriores –los pequeños industriales, comerciantes y rentistas, los artesanos y campesinos- todas estas clases descienden al nivel del proletariado: ya sea porque su pequeño capital no alcanza para ejercer la gran industria y sucumben en la competencia con los capitalistas mayores; o sea porque su destreza queda devaluada merced a los nuevos modos de producción.” (Manifiesto Comunista, p.35).

5

Marx no propugnaba la abolición de toda la propiedad. No pretendía que la gran mayoría del pueblo perdiera sus bienes materiales. No era un utopista anti-materialista. A lo que se oponía era a la propiedad privada, o sea, a las enormes propiedades y la riqueza concentrada que se apropian los capitalistas, la burguesía. De hecho, al final del pasaje que sigue, él y Engels acusan al capitalismo de privar a la gente de su “propiedad personalmente adquirida”:

“Lo que caracteriza a los comunistas no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa. Pero la propiedad privada moderna es la última y más consumada expresión de la producción y apropiación de las mercancías, basada en los antagonismos de clase, en la explotación de unos a manos de otros. En este sentido, los comunistas pueden sintetizar su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada. Se nos ha acusado a los comunistas de querer abolir la propiedad personalmente adquirida, lograda por el propio trabajo; la propiedad que constituiría el fundamento de toda libertad, actividad y autonomía personales.

¡Propiedad lograda, adquirida, ganada por uno mismo! ¿Habláis de la propiedad de los pequeños burgueses, de los pequeños campesinos, que antecedió a la propiedad burguesa? No necesitamos abolirla, el desarrollo de la industria la ha abolido y sigue aboliendo a diario.” (Manifiesto Comunista, p.42-43).

6

Marx pensaba que los seres humanos se inclinan naturalmente a sentirse relacionados con los objetos que hacen o crean. Él llamaba a esto la “objetivación” del trabajo, por lo cual afirmaba que en nuestro trabajo siempre ponemos algo de nosotros mismos. Cuando alguien no se puede relacionar con su propia creación, cuando se siente “exterior” a ella, surge la alienación. Es como si alguien esculpiera una estatua, y luego otro se la apropia, y al creador ya no se le permite más verla ni tocarla. Marx afirmaba que los trabajadores en las factorías capitalistas del siglo XIX estaban en una situación comparable a la descripta:

“¿En qué consiste la enajenación del trabajo? En primer lugar, en que el trabajo es externo al trabajador, no pertenece a su esencia; consiste por ende, en que el trabajador no se afirma en su trabajo, sino que se niega, en que no se siente bien sino desdichado, no desarrolla ninguna energía física y espiritual libre, sino que maltrata su ser físico y arruina su espíritu. El trabajador solo siente, por ello, que está junto a si mismo fuera del trabajo, y que en el trabajo está fuera de sí. Está en casa cuando no trabaja, y cuando lo hace, no está en casa. Su trabajo no es, pues, voluntario, sino impuesto; es un trabajo forzado.” (Manuscritos económico-filosóficos de 1844, p. 109-110)

7

Marx quería que pudiéramos liberarnos de la tiranía de la división del trabajo y las largas jornadas laborales, que impiden a los individuos desarrollar diferentes especies de capacidades y talentos. Nos convertimos en siervos de un tipo de actividad y otras dimensiones de nuestra personalidad quedan sin desarrollar. En un pasaje inspirado, que escribió cuando era joven, enmarcó su visión de esta manera:

“A partir del momento en que comienza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve en un determinado círculo exclusivo de actividades, que le viene impuesto y del que no puede salirse; el hombre es cazador, pescador, pastor o crítico crítico, y no tiene más remedio que seguir siéndolo, si no quiere verse privado de los medios de vida; al paso que en la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico.” (La ideología alemana, p. 33)

8

Marx no era un determinista económico rudimentario. La forma de pensar y actuar de las personas es importante. En una carta que escribió luego de la muerte de Marx, Engels resaltó la importancia de la economía, pero también trató de aclarar que Marx y él eran mal interpretados, y que eso fue en parte culpa de ellos (Obsérvese la punzante indirecta a los marxistas al final del pasaje):

“Marx y yo tenemos en parte la culpa de que los jóvenes escritores atribuyan a veces al aspecto económico mayor importancia que la debida. Teníamos que subrayar este principio fundamental frente a nuestros adversarios, quienes lo negaban, y no siempre tuvimos tiempo, lugar ni oportunidad de hacer justicia a los demás elementos que participan en la interacción. Pero cuando se trata de presentar un trozo de la historia, esto es, de una aplicación práctica, el problema es diferente y no hay error posible. Sin embargo, desgraciadamente sucede demasiado a menudo que la gente cree haber comprendido perfectamente una teoría y cree poder aplicarla sin más desde el momento en que ha asimilado sus principios fundamentales,  y aún éstos no siempre correctamente. Y no puedo librar de este reproche a muchos de los más recientes ‘marxistas’, porque también de este lado han salido las basuras más asombrosas.” (Marx/Engels – correspondencia, p. 381).

 

(Reseña y traducción de Francisco Sobrino especialmente para esta edición de Herramienta Web 36)

 

  

 

 

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