04/07/2022

Ucrania: Ni Putin ni la OTAN son inocentes

Rusia tiene todo el derecho a dejar claro que el despliegue de misiles de la OTAN en Ucrania es inaceptable. Pero la invasión de Putin es una aventura militar injustificable.

 

La invasión rusa de Ucrania no es una guerra antiimperialista

Los intereses defensivos de Rusia no legitiman la ruina de Ucrania. No es una guerra justa. La decisión de Putin es defendida por una parte de los sectores más combativos de la izquierda, recordando con razón que la OTAN se ha ido acercando a Rusia con la integración de trece países limítrofes: República Checa, Polonia, Hungría (1999), Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Eslovenia (2004), Albania, Croacia (2009) y Montenegro (2017). La autodefensa es legítima. Rusia tiene todo el derecho a dejar claro, de manera innegociable, que el despliegue de misiles de la OTAN en Ucrania es inaceptable. El papel de la OTAN no es defender la independencia de Ucrania, y mucho menos la democracia, porque la OTAN es un cañón de Estados Unidos. Tampoco es relevante, a priori, quién toma la primera iniciativa en una guerra. Pero el arsenal nuclear de Rusia sigue siendo más que suficiente para protegerla de cualquier país del mundo.

 

Ni rusofilia ni rusofobia

Rusia no sólo se defiende de la OTAN, sino que amplía su área de influencia. No es necesario que seamos «campistas» y elijamos uno de los dos campos de lucha. La URSS no existe desde hace más de treinta años. Su defensa contra el imperialismo fue durante setenta años una cuestión de principios para los marxistas. Pero la Rusia de Putin no es sólo un país en el que se ha restaurado el capitalismo con aberraciones salvajes y monstruosas y un régimen bonapartista ultra-autoritario. Mucho peor y más importante, es una potencia imperialista, aunque en un lugar subordinado. Tanto la rusofilia como la rusofobia son perjudiciales para la izquierda.

 

El equilibrio multipolar es una utopía

No es cierto que, cuando se precipita una guerra, haya que elegir cuál es el «bando del mal menor». Estar en contra de la invasión no es lo mismo que apoyar la estrategia de la OTAN. La guerra contra Ucrania no allanará el camino hacia un mundo menos injusto o peligroso. La lucha del movimiento socialista no debe ser en apoyo de un Imperio contra otro, sino contra el capitalismo. Defender un imperialismo subordinado no es «realismo» político. Nuestra estrategia no puede ser el «equilibrio multipolar» entre estados imperialistas. Esto es una utopía reaccionaria. Mientras exista un orden imperialista habrá un peligro, aunque sea latente, de una Tercera Guerra Mundial. El proyecto de todo imperialismo es convertirse en dominante, económica, política, militar e ideológicamente. El programa marxista es el internacionalismo. Hoy, esta bandera se concreta en la defensa de un alto el fuego inmediato, para el fin de la guerra, frente a la presencia de las tropas de la OTAN en Europa del Este y de las tropas rusas en Ucrania. Al mismo tiempo, no debe ser indiferente para los que luchan por el socialismo en América Latina que, en el contexto del orden mundial, nuestra región esté en el área de influencia del imperialismo norteamericano. La burguesía latinoamericana mantiene una estrecha alianza histórica con Washington. La denuncia implacable de la OTAN es necesaria. La tradición que debemos defender es la bandera impoluta del marxismo que defendieron aquellos que se reunieron en Zimmerwald en la época de la primera guerra mundial: Rosa Luxemburgo, Lenin y Trotsky.

 

Una guerra de conquista

En los últimos treinta años, la dinámica de debilitamiento relativo de la hegemonía estadounidense en el sistema internacional de Estados, aunque lenta, no ha impedido a Estados Unidos avanzar el dispositivo militar de la OTAN sobre Europa del Este, y Ucrania se ha transformado en una semicolonia estadounidense. La permanencia de un orden mundial dirigido por Washington es una amenaza estructural para la paz mundial. Estados Unidos es el principal Estado comprometido con la defensa del capitalismo mundial. Ya ha invadido y volverá a invadir cuando sus intereses estén en peligro. Pero la agresión contra Ucrania no es una acción preventiva contra el peligro de una invasión inminente. La manipulación del sentimiento patriótico del pueblo ruso, recordando la invasión nazi de 1941, es una maniobra política, o «propaganda». Rusia también es una potencia imperialista. Sea cual sea la interpretación del imperialismo en la tradición marxista, Rusia no es sólo un país independiente. Aunque económicamente sea mucho más débil, un Estado con miles de armas atómicas no es un país dependiente. Se trata de una disputa de Rusia contra la potencia imperialista dominante y sus aliados de la OTAN por el control de los recursos, los mercados, la fuerza de trabajo y el dominio de las zonas de influencia. Es una guerra de conquista y saqueo.

 

Putin y su pírrica victoria

La táctica de la guerra relámpago ha confirmado la superioridad militar rusa, y Kiev está a punto de caer. Pero el derrocamiento del gobierno ucraniano no será más que el epílogo del primer capítulo de la guerra, por lo tanto una «victoria pírrica», ya que no se descarta la resistencia guerrillera y el boicot civil masivo. Las victorias tácticas son la antesala de las derrotas estratégicas. Putin no tiene en cuenta que el proyecto de ocupación de Ucrania es, como mínimo, peligrosa. La victoria militar en la guerra relámpago no equivale a la victoria política. La abstención china, seguida de la india, en la votación de la resolución contra la invasión en el Consejo de Seguridad de la ONU es una señal de que no habrá un alineamiento incondicional con Moscú si la operación resulta insostenible. Ni siquiera es impensable que se plantee la amenaza de su propio derrocamiento a Moscú si la oligarquía de multimillonarios concluye que Putin ha ido demasiado lejos.

 

No es una guerra defensiva

No es una guerra «justa», sino una guerra de conquista. Ucrania es víctima de una disputa interimperialista por el reparto de las «zonas de influencia». Putin hizo el cálculo de que el debilitamiento de Estados Unidos le permitía recuperar el dominio de su zona geoestratégica. Es cierto que el gobierno ucraniano, dirigido por Volodymir Zelensky, señaló, antes de diciembre del año pasado, la aspiración de ingresar en la OTAN. Esto sería una provocación inaceptable porque permitiría ubicar misiles nucleares en la vecindad de Moscú, pero no más peligrosos, cualitativamente, que en los países bálticos, o en Polonia, donde la OTAN ya está presente. El dispositivo de armas nucleares de Rusia, equivalente al de Estados Unidos, no perdería, ni siquiera disminuiría, su capacidad de disuasión.

 

Una guerra imperialista

La invasión fue una agresión de carácter imperialista. La izquierda socialista no puede apoyar la guerra contra una nación oprimida, ni siquiera cuando su gobierno acepta la humillación de ser reducido a la condición de protectorado de Estados Unidos. Rusia no está liberando a Ucrania de la opresión estadounidense. Rusia no es un país de la periferia que haya realizado una maniobra militar táctica ofensiva al servicio de una estrategia defensiva. No anticipó una agresión imperialista de la OTAN. No existía un peligro «real e inminente» de despliegue de misiles por parte de la OTAN, una coalición liderada por Estados Unidos. Esta no es una guerra para el derrocamiento de un gobierno «nazi». Rusia mantiene excelentes relaciones con el gobierno de Hungría. No es una guerra en defensa de la población rusófona del Donbass. No sólo fue un crimen contra Ucrania, sino un error de cálculo al subestimar a Estados Unidos desde el punto de vista de los intereses de Rusia. Criminal, porque una nación que acepta que su Estado abuse de la superioridad de su poder para oprimir a otro pueblo no puede ser libre. Un error de cálculo porque había otras formas. El gobierno ucraniano incluso había dado marcha atrás, aunque de forma parcial y «explotadora», ante el ultimátum de Putin. Francia y Alemania también admitieron su voluntad de presionar a Biden para encontrar una solución negociada.

 

La OTAN es un cañón estadounidense

Pero la verdad es que Washington tenía un gran interés en poner a Rusia contra la pared, e instigó una aventura precipitada de Putin. La invasión facilitó una inmediata cohesión de las potencias europeas con Estados Unidos. Alemania finalmente admitió renunciar al suministro de gas por el nuevo gasoducto Nord Stream 2, miles de tropas fueron desplegadas en los países fronterizos con Ucrania, la Fuerza de Acción Rápida, hasta 40.000 hombres fue puesta en estado de alerta, las sanciones económicas aumentaron (aunque, felizmente, Italia ha conseguido ahorrarse la prohibición de la venta de artículos de lujo, y Bélgica y Holanda han tratado de proteger el comercio de diamantes tallados, muy consumidos por la burguesía rusa), e incluso la exclusión del sistema de pago Swift, como arma de ahogo financiero. Ahora incluso Suecia y Finlandia amenazan con entrar en la OTAN. La posibilidad de un estatus neutral para Ucrania, similar al de Austria, se ha hecho mucho más lejana.

 

Ucrania tiene derecho a existir

La invasión de Ucrania es una aventura militar injustificable de Putin. Fue precedido por un discurso imperialista en el que denunció a Lenin por defender el derecho de autodeterminación de Ucrania como nación y negó irresponsablemente la legitimidad de su existencia como Estado independiente. La romantización nacionalista de una tradición común «indivisible» e ininterrumpida desde tiempos medievales inmemoriales es una operación ideológica siniestra porque significa negar el derecho a la existencia de una Ucrania independiente. Los ucranianos no son rusos. Hay muchas naciones eslavas que no son rusas. No hay desenlace militar que no sea apocalíptico. Incluso el chantaje de las armas nucleares está, peligrosamente, planteado, en función de la escalada militar de la OTAN financiando y transfiriendo armas al gobierno de Kiev. La ofensiva estadounidense a través de la OTAN es también una provocación, y debe ser denunciada implacable y ferozmente como una maniobra de cerco estratégico de Estados Unidos para mantener la supremacía mundial. La OTAN es un monstruo contrarrevolucionario. Ucrania no debería estar destinada a ser un protectorado estadounidense o una semicolonia rusa.

(Nota publicada originalmente en JacobinLat.com)

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