17/01/2022

Tiempos de insumisión

 

A veinte años de las jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001, a quienes los hechos nos pegaron en toda nuestra existencia, no las podemos olvidar. Fue una explosión de participación colectiva, fue puro acto, que nos sorprendió a todos y todas. Pero esos días fueron muy importantes también por los meses que se sucedieron, ya que inauguraron “La primavera de la autoactividad de las masas”[1]

Mirando en perspectiva, en medio de la crisis orgánica más profunda de nuestro país en lo que va del siglo, es posible que hayamos asistido a un momento, a un tiempo de suspensión de la lógica y la dinámica del sistema capitalista, en donde los productores de todo nos cuestionamos el orden existente. Interpelamos fundamentalmente a los mediadores de las relaciones sociales, a los profesionales de los partidos políticos de la clase dominante, al poder ejecutivo, a los legisladores y jueces, a las fuerzas de seguridad, en fin, a los que detectamos como responsables de nuestras desgracias.

Hay dos figuras, dos imágenes, que se me vienen a la mente cuando recuerdo aquellos meses. Una es la imagen de la “Alegoría de la Caverna” de Platón. En la misma, los esclavos que están encadenados mirando hacia el fondo de la caverna, sólo podían ver las sombras de objetos que unos hombres les pasaban por detrás de un muro. Estos objetos eran iluminados por una luz que provenía de una hoguera, y los esclavos creían que eso que veían era parte del mundo real. Pero un día, uno de ellos logra sacarse las cadenas y escapar de la caverna, al salir puede tomar contacto con el mundo exterior y conocer la realidad que lo circunda. ¿Hubo un momento, después de diciembre del 2001, en donde pudimos liberarnos de nuestras cadenas y salir de caverna?

La otra imagen es una escena de la película Milagro en Milán dirigida por Vittorio de Sica  en 1951, considerada una de las películas emblemáticas del neorrealismo italiano. En la escena, un grupo de excluidos, marginados, pobres de toda pobreza, en medio del frío, en un momento ven que se abren las nubes que cubrían el cielo gris y dejan pasar un rayo de sol. Amontonados en ese pequeño espacio, debajo de la cálida caricia del sol, podemos ver la alegría y felicidad de la muchedumbre, hasta que las nubes vuelven a cubrirlo todo y el rayo de sol desaparece. ¿La primavera de la autoactividad del pueblo en los meses del 2001-2002, apropiándose de su tiempo y espacio, construyendo en común con otros y otras, sintiendo ese hacer y pensar colectivamente, fue sólo eso? ¿Sólo un momento en dónde las nubes se disipan para luego, rápidamente volver a oscurecerlo todo?

¡Basta ya!

A lo largo de todos estos años, no pude encontrar otra palabra, otro concepto que concentre el espíritu del momento, que la de insumisión. Leemos que insumiso o insumisa es: “Que no se deja someter o dominar por la fuerza de las circunstancias o por la autoridad de otros”.

Y para que exista insumisión, desde lo más profundo de nuestras conciencias tuvo que haber una ruptura. Una fuerza que se pudo sobreponer a los mandatos del sistema, a su legalidad, que es la legalidad de clase, de la clase dominante para mantener su hegemonía. Desde nuestra niñez, a través de un sin número de mecanismos entre los que está la familia, todas las instituciones educativas por las que pudimos pasar, los lugares de trabajo y en última instancia toda la sociedad, nos van moldeando y construyendo como el ciudadano y ciudadana que debemos ser.

La noche del 19 de diciembre, el presidente De la Rúa habló por televisión en cadena nacional para anunciar que había impuesto por decreto el estado de sitio, suspendiendo las garantías constitucionales. ¿Qué hizo que millones de personas en todo el país, automáticamente desde sus casas, ventanas y balcones hicieran sonar las cacerolas? ¿Qué impulso hace salir a las calles, sin un acuerdo ni señal previa, a enfrentar a la ley? Cientos de miles en los barrios, piden la renuncia del presidente y de su ministro de economía, y se olvidan de la duración de mandatos y mecanismos institucionales. Y lo vuelven a hacer, una y otra vez, cuando sienten que quieren estafarla y sólo hay cambio de figuritas. ¿Qué fuerza interior puede en distintos lugares y al mismo tiempo levantar una consigna tan revolucionaria como clara del sentimiento popular? ¡Qué se vayan todos! Y para que no queden dudas reafirma ¡Que no quede uno solo!

Sólo puede pasar eso cuando ceden los cimientos de una estructura. Eso que durante mucho tiempo sostuvo todo, que parecía erguido y amenazante, hace agua por todos lados. Por un momento la niebla y las nubes se hacen a un lado y podemos ver toda la podredumbre de un pantallazo.

Imagen en blanco y negro de un grupo de personas en la calle

Descripción generada automáticamente con confianza media

 

Cuestionamiento a la democracia realmente existente

En el 2001, hacía 18 años que el presidente radical electo Ricardo Alfonsín, había hecho la campaña recitando el Preámbulo de la Constitución Nacional y prometiendo que se iba a vivir mejor, porque: “… con la democracia no sólo se vota, sino que también se come, se educa y se cura”. 

Después de la experiencia del radicalismo y los años de Carlos Menem, el presidente peronista que introdujo el neoliberalismo en nuestro país en la década del ´90, pasando por el gobierno de la Alianza radical-peronista del Frepaso, las promesas del buen vivir bajo la democracia ya no se las creía casi nadie.

Entonces, entramos en un proceso donde el único modelo de democracia que nos presentan es contrario a los intereses del pueblo trabajador. Y tenemos que decirlo todas las veces que sea necesario, la única opción a esta democracia representativa no es la dictadura. El sistema intenta oponer esta democracia a la dictadura para que el pueblo no vea que necesita otro sistema que no sea ninguna de las dos. Y lo novedoso para nuestro país fue que en 2001 por primera vez la mayoría de la población cuestionó en los hechos ese modelo de democracia que los partidos tradicionales querían sostener a como diera lugar. Era y es un proceso mundial y lo pudimos ver últimamente en varios países de Latinoamérica. El premio nobel José Saramago en varios reportajes dejó estos conceptos: 

“En ningún lugar está escrito que la forma democrática que conocemos hoy en día, sea la última forma de la historia o la mejor, intocable e imposible de criticar sin ser sospechados de ser dictatoriales. Como la democracia es una construcción histórica, esta se puede cambiar, mejorar sus formas, alcances y contenidos”

“se ha convertido en un instrumento de dominio del poder económico que no tiene ninguna capacidad de controlar los abusos de este poder”[2]

Es que los perdedores del modelo neoliberal, habíamos sufrido en carne propia las consecuencias de la democracia formal, en la cual las instituciones funcionan normalmente, y las políticas económicas son definidas por poderes a los que nadie elije. Aprendimos que existía una gran diferencia entre ese modelo y la democracia sustancial, aquella en la que el poder es: “del pueblo y para el pueblo”. Y que la misma es un oxímoron en el marco de las relaciones sociales capitalistas. Pero mayoritariamente en los sectores más plebeyos de la sociedad, y también en las clases medias, había algo que no cerraba. Se abría un paréntesis de duda, de ruptura, que los partidos mayoritarios del sistema se van a ocupar de cerrar lo antes posible.

Las críticas a la democracia representativa o delegativa, al mismo tiempo, intentaban implementar mecanismos más horizontales, con un mayor protagonismo de los de abajo. Mecanismos de control, designación de referentes y vocerxs que no desvirtuasen lo resuelto en asamblea en forma colectiva.

Al mismo tiempo el cuestionamiento del movimiento asambleario al aparato financiero y a las privatizaciones neoliberales también denunciaban a esa democracia dependiente. En un reciente reportaje el historiador Enzo Traverso incorpora una premisa indispensable para hablar de democracia en los marcos estrechos del régimen político del sistema capitalista: 

“Es decir, no hay democracia sin soberanía. Es un principio básico de la teoría política y de la experiencia política. Para que una democracia sea auténtica, debe haber autoemancipación. Y autoemancipación significa capacidad de planear, de controlar, de manejar, lo cual implica también delimitar una esfera en la cual seamos capaces de decidir, de asumir nuestro destino y planear nuestro futuro”[3]

Multitud de personas

Descripción generada automáticamente

 

El repudio a la casta política no es nuevo

En ese marco, en aquellos días eran repudiados los integrantes de los tres poderes de la República. Empezando por el presidente, gobernadores e intendentes, pasando por diputados, senadores y los integrantes de poder judicial, desde la Corte Suprema para abajo, prácticamente  ninguno podía caminar tranquilo por la calle. En donde se los encontraba, se los escrachaba. Desde el 15M español 10 años después, se define como casta política, a los políticos profesionales de los partidos sostenedores del establishment, los representantes de la clase dominante aliados a la troika (Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En nuestro país, el repudio a la partidocracia empezó cuando terminaba un milenio y comenzaba otro. Era el rechazo a una clase política que nos endeudaba con el FMI, sin importar quién estuviera en el Ejecutivo. Sabíamos que eso significaba hipotecar el futuro de varias generaciones. Es bueno recordarlo en momentos en que el peronismo en el poder hoy se preocupa en acordar nuevamente con ese organismo los pagos de una deuda que contrajo su principal oponente electoral. Repudiamos tanto el endeudamiento como la predisposición a pagarlo con el dinero de quienes no hemos visto un peso del mismo.

El rechazo era a la política partidaria verticalista, alejada de las penurias de los de abajo y que sólo existe para adormecer y controlar que no se superen los diques de contención que durante décadas la burguesía fue construyendo. 

Y la novedad era que los grandes partidos, el radical y el peronista, estaban cuestionados. 

Fue un síntoma de esto lo que pasó en los carnavales donde participó la asamblea. Se hicieron unos “cabezones” para acompañar a la murga del barrio que recorrió varios carnavales alternativos realizados por otras asambleas. Se hizo una canción que denunciaba a los políticos y el circo electoral. Los cabezones, era grandes mascaras de cartón y papel maché que representaban a los políticos y políticas que se repudiaban. Allí estaban las cabezas de peronistas y radicales, de Menem y Duhalde, Lilita Carrió y De la Rúa y un ignoto gobernador del Sur: Néstor Kirchner. No se salvaba nadie.

Hay pequeños momentos que a la distancia adquieren una gran significación. Desde el comienzo la asamblea era “operada” por distintas fuerzas políticas que intentaban reacomodarse a los vientos que corrían. En una de las primeras asambleas los militantes del Frepaso llevan a la asamblea a una legisladora de la Ciudad de Buenos Aires, que era del barrio, para que dé un saludo y pretenden que lo haga al comienzo de la asamblea. Un compañero de la asamblea, levanta la mano y plantea: “Que la diputada se anote como todo el mundo y espere su turno para hablar” y le siguió un cerrado aplauso. El mensaje era claro, no hay privilegios para nadie.

 

La legalidad ¿qué legalidad?

Cuando se rompen los diques, el poder tiembla, y los trabajadores, trabajadoras y el pueblo de conjunto se liberan, se animan, inventan, imaginan y sueñan. Los asambleístas tenemos decenas de anécdotas del espíritu insumiso, que no se deja someter o dominar. Sólo voy a contar una, que pasó en la Asamblea Popular de Liniers.

Producto de la crisis económica y social, había millones de pobres, desocupados, desocupadas y jubiladxs.  En nuestra asamblea se empieza a plantear que a varixs integrantes les estaba llegando el aviso de corte de algún servicio, de luz o gas. La asamblea discute como solucionar ese problema concreto. Como en muchas asambleas teníamos compañeros electricistas, plomeros o albañiles sin trabajo, se resuelve formar la Comisión de Reconección, la que por razones obvias nunca figurará en ningún boletín ni periódico de los que editábamos. Cada corte es solucionado por el poder asambleario insumiso. No fue un rayo en cielo estrellado, se hizo lo mismo en otras asambleas y en ese contexto se impidieron desalojos de inquilinos y remates judiciales. Se realizaron ocupaciones de locales comerciales, bancos y casas abandonadas, en las que se instalaron asambleas y se abrieron centros culturales o comedores.

 

Autodeterminación, Autoactividad: pura creatividad e inventiva popular

Hay otros dos hechos que fueron constitutivos de nuestra asamblea y sirven para ilustrar lo que pasa cuando el pueblo insumiso camina, marcha, resiste, crea, inventa.

El primero fue el muy conocido desayuno que la asamblea de Liniers preparó para esperar a los piqueteros que venían desde La Matanza en enero del 2002.
Hubo mucha discusión en la asamblea. Un sector creía que era muy importante poder llevar a la práctica la consigna “Piquete y cacerola, la lucha es una sola” que recorría las movilizaciones. En la asamblea teníamos desocupados, pero había mucha desconfianza con los dirigentes de las organizaciones, en especial con Luis D´Elia, por el manejo de los planes y las conexiones que tenía con un sector del peronismo. O sea, había una crítica muy fuerte a los dirigentes, entonces decían: no nos metamos.

Pero finalmente la asamblea entendió la importancia de unir a todos los sectores en lucha, y también dar un ejemplo al resto de las asambleas, para unir a la clase media con los sectores de los barrios más pobres, con los desocupados. Predominó la idea de apoyar la lucha de los piqueteros y de los desocupados y no a sus dirigentes

A partir que la asamblea vota la actividad, se pone en movimiento un mecanismo hermoso de creatividad y voluntad para concretarla ¿Cómo darle matecocido y un pan a miles de personas que venían marchando?

Se armaron equipos de trabajo, se fue a las panaderías fabricantes a pedir colaboración, a los supermercados y almacenes por la yerba y el azúcar. Lxs asambleístas compramos vasos descartables. Se llevaron mesas, tablones y caballetes.

El tema del matecocido lo resolvió un equipo, que nos sorprendió a todxs. Un grupo de vecinxs, armaron durante toda una noche e inventaron el “Matemóvil”: con un tanque de agua de acero inoxidable se inventó un dispositivo con caños de plástico, se les hizo las roscas, teflón y terminaba en una canilla. El dispositivo se puso en un tráiler y se llenó con el matecocido que hicieron en sus casas algunas vecinas, pero las grandes cantidades las donaron los bares y restaurantes de la zona.

Otro hecho a destacar es que la mayoría de los negocios quedaron abiertos. El rol de los comerciantes más militantes fue clave. Y esto que parece un detalle, tiene mucha significación. Antes, en todas las marchas que hacían los desocupados, los comerciantes de Liniers cerraban las persianas automáticamente, por temor a los saqueos. Pero por un trabajo que se hizo en el centro comercial, charlamos con los comerciantes y se les comentó lo que había resuelto la asamblea. Y para algunos comerciantes que bajaron las persianas, se hicieron cartelitos que decían: “Cerrado por vacaciones” y otros que decían “Los hermanos sean unidos”, para no ofender a los piqueteros.

El recibimiento a los desocupados fortaleció a la asamblea y ayudó al otro gran hecho posterior: el Carnaval de la Protesta.

Imagen en blanco y negro de un periódico

Descripción generada automáticamente con confianza media

Dos o tres semanas después de la marcha, la asamblea discute y vota realizar un carnaval, para visibilizar el conflicto y la lucha, apoyándonos en las tradiciones de nuestro pueblo y en especial en el barrio de Liniers en donde hay murgas creadas en la mitad del siglo pasado. Como en la mayoría de las murgas barriales, participan en ella los sectores más marginados de los vecinos y un sector importante de la clase media que en esos momentos estaba pauperizada. Un porcentaje muy alto de los que estaban en la murga venían de familias desocupadas.

Cuando llevamos la propuesta a la Interbarrial de las asambleas que funcionaba en Parque Centenario, un sector de la izquierda nos criticó porque nos acusaba de realizar una maniobra de distracción de la supuesta “verdadera lucha”, que eran los cacerolazos y marchas a Plaza de Mayo. Recuerdo que les respondimos que no se podían oponer al carnaval porque no figuraba en  los manuales de izquierda y que había sido una iniciativa de asambleístas, y que eso había entusiasmado a toda la asamblea y nos había permitido dialogar e involucrar a todo el barrio.

El Carnaval de la Protesta fue un éxito. Lo hicimos en la Avenida Rivadavia. La confraternización que se consiguió en la marcha piquetera, nos permitió que nos dieran una mano en la organización y el orden del evento. Vinieron 80 desocupados en un micro y garantizaron que no hubiera ni un solo incidente. También trajeron sus carrozas temáticas, como  la carroza de “los cartoneros y desocupados”.

Vinieron murgas de barrios donde había asambleas. Fue muy emocionante la participación de la murga de Los Pecosos de Floresta, porque uno de los tres chicos asesinados por el policía en la estación de servicio de Floresta, Maxi, era bombista de la murga. Hicieron un tema contra la policía, contra la represión, contra los asesinos. 

Muy impactante fue la “murga” que armó el Hospital Posadas, cuando vemos entrar la bandera de los trabajadores y trabajadoras del hospital, los de mantenimiento, los médicos con sus guardapolvos y estetoscopios, las enfermeras con las chatas en la mano y los papagayos desfilando.

También estuvieron los trabajadores y trabajadoras de Aerolíneas, trajeron ese inmenso avión con el que desfilaban en todos lados luchando en contra de la privatización de la empresa.

Otro rédito que nos trajo el relacionamiento con las organizaciones piqueteras es que nos permitió organizar a los desocupados y desocupadas de la asamblea. Se hizo una cooperativa de cartoneros, en donde contábamos también con el apoyo de los comerciantes del barrio y que rápidamente fue reconocida por el gobierno de la ciudad.

Imagen que contiene texto, periódico, hombre, joven

Descripción generada automáticamente

 

Otra forma de hacer política

La ruptura política no era una negación de la política ni a hacer política. Todo lo contrario. Fue la negación a renunciar al derecho de hacer política sin intermediarios. A dejar de delegar en aparatos burocráticos verticalistas, alejados del sentir de la base, que la llaman sólo para construir y consolidar un poder cada dos años, para votar. Después: “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. La política habría que dejarla para lxs especialistas o profesionales, que viven de ella durante toda su vida.

Ese poder expropiado a los trabajadores y trabajadoras es usufructuado por la clase política burguesa, que se transforma en un círculo cerrado que sólo se abre cuando vienen las elecciones. Para la foto.

Y lo que demostró el período de la autodeteminación popular es que no está escrito en ningún lado que la política sólo la tienen que hacer los especialistas. Se pudo hacer política en forma colectiva y popular:

“Fue la culminación de todo un proceso, en dónde el pueblo todo, se apropió de la política con mayúsculas e intentó por unos meses buscar una salida a la crisis.

Fueron los meses de la “auto actividad de las masas”. Los meses de asamblea, de debates y discusiones buscando una salida. Todos discutían de política, todos tomaban la palabra. Fueron meses de participación, de protagonismo, de imaginación liberadora, de audacia, de expresión artística y de búsqueda. Mientras las asambleas barriales se multiplicaban en la ciudad de Buenos Aires y en otras capitales del país, en las barriadas populares miles y miles de trabajadores desocupados fortalecían un movimiento piquetero que luchaba por el trabajo, la dignidad y el cambio social, con asambleas de base como principal herramienta de unidad y organización. Y lo mismo ocurría en centenares de empresas que, abandonadas por las patronales, eran recuperadas por sus trabajadores”[4]

Al mismo tiempo éramos conscientes de la necesidad vital de construir sobre la marcha una nueva institucionalidad política y social (peleando por ellas dentro y fuera de las actuales instituciones) que pueda canalizar, potenciar y dar curso a esa política colectiva desde abajo.

“Era una tarea ciclópea, no abandonar las calles, luchar y al mismo tiempo buscar formas político-organizativas que pudieran ir conformando una dirección colectiva, sin tutelajes, que superara las reivindicaciones políticas contra el régimen y cuestionaran el sistema capitalista de conjunto”[5]

Las asambleas barriales veían los comicios como una farsa y la salida electoral como una trampa. No es que estábamos en contra de que haya elecciones. Cualquier sistema democrático necesita de  hombres y mujeres para llevar adelante las políticas que el pueblo trabajador discute y decide en los territorios, lugares de trabajo, universidades, etc. Esos mandatos serían revocables ante el primer despiste o acción contraria a los intereses del pueblo. 

El problema es que mientras el pueblo fue construyendo una multiplicidad de herramientas organizativas e incipientes instituciones con las cuales hacer política de forma colectiva, las elecciones sólo dan lugar a las herramientas burguesas y sus instituciones, los partidos políticos y los tres poderes. No podemos poner un nuevo contenido en el viejo envase, hay que transformarlo todo.

Por lo tanto, lo que queremos no es terminar con las elecciones sino con el régimen político de la democracia burguesa que transforma todo en una farsa. Y lo que estaba pasando en el proceso abierto en diciembre del 2001 era que lxs asambleístas se habían apropiado de la política y de hacer política sin intermediarios ni delegando.

Otra manifestación de este empoderamiento fue que muchxs asambleístas empezaron a escribir por primera vez en un medio. La asamblea resolvió rápidamente pasar de un boletín (que sacábamos desde la primera semana de existencia) a un periódico para contar –sin intermediarios – lo que pensaban sus integrantes. El periódico “Asambleas. Un lugar de todos” se autofinanciaba con aportes y publicidad de los comerciantes y se vendía – muchas veces se regalaba- para hacer algo de finanzas para la asamblea. Pero la experiencia de tener un medio, para dar a conocer las actividades, talleres, poesía y debates políticos de la asamblea fueron una preocupación de todxs sus integrantes. También allí había un espacio para otras asambleas, movimientos de desocupados y fábricas recuperadas.

La niebla o las nubes que no permiten ver, se disipan por un momento, el control es imposible por la crisis, se rompe el dique… que el sistema necesita cerrar lo antes posible. No hay mucho tiempo, las tareas son inmensas, las trabas para avanzar se multiplican y la pelea es también con una parte de nosotros mismos. Todos y todas somos hijxs del sistema que queremos reemplazar, nos formatearon con una lógica que queremos romper al mismo tiempo que queremos suplantarla por otra que nos permita vivir bien.

En ese camino tenemos que enfrentar el poder inmenso de la clase dominante que quiere reconstruirlo, pero también a dogmas de todo tipo y color, prácticas sectarias que impiden la unidad de los de abajo, la unidad en la diversidad entre los que producimos todo lo que existe y no explotamos a nadie, entre lxs hermanxs de clase. Y sobre todos estos puntos débiles el poder actuó.

 

Retomando el control

El régimen político se reconstruyó. Cuando pedíamos que se vayan todos y exigíamos elecciones generales para todos los cargos, los partidos mayoritarios del sistema – con su ala de derecha y su ala de centroizquierda –  lograron imponer la elección sólo para los cargos ejecutivos de presidente y vice. 

Muchxs asambleístas vieron que las tareas eran muchas y muy complejas y prefirieron volver a delegar para que los problemas sean solucionados por los políticos, lo que demostró que la ruptura no era definitiva, o se tomaba una pausa.

Por la fuerza de la movilización popular, el poder político y económico se vio obligado a tomar muchas de las reivindicaciones del movimiento asambleario, de los piqueteros desocupados, y habilitó cooperativas en las fábricas recuperadas. Pero esas reivindicaciones fueron tomadas de maneras convenientemente resignificadas y adaptadas para ser compatibles con el sistema político que se quería recomponer. Dicho de otra manera, fueron parte de la recomposición. Por ejemplo, el pueblo exigía la mejora del nivel de vida y el peronismo en el gobierno vuelve a las paritarias como negociación entre trabajadores y patronales mediadas por la burocracia a la que fortalece. El pueblo exigía justicia por el genocidio, por lo que anuló leyes en el parlamento al mismo tiempo que cambiaba la composición de la Corte Suprema. De esta forma recompuso relativamente dos de los poderes más cuestionados, el congreso y la Justicia. 

Lo que quedó claro fue que la recomposición de las instituciones del régimen político era necesaria para ganar tiempo y espacio en pos de producir el ajuste que la burguesía necesitaba.

Los años de las vacas gordas, con los precios de las materias primas por las nubes y los superávits gemelos, ayudaron a que hubiera un rebote y mejorara considerablemente la situación de la población. Esto determinó el fin del movimiento asambleario, y sólo algunas asambleas sobrevivieron con actividades culturales, resistiendo a desaparecer. 

Muchas asambleas se dividieron, ya que un sector abrazó al poder político que había surgido. Otro, en cambio, siguió buscando alternativas, porque -parafraseando a la famosa cumbia- “no se arrepiente de ese amor” y no se olvidaba fácilmente de lo vivido en esos pocos meses. Otro se fue a la casa. 

Volvió el juego de la democracia formal, la que cuando todo está bien, produce pobres y desigualdad. La que nos endeuda con los organismos internacionales y, no importa quién esté en el gobierno, termina pagando con el sudor de los de abajo.

Mientras tanto, muchos seguimos buscando una alternativa que lo cambie todo de verdad, como la de la marea verde de las mujeres. Así estamos, resistiendo, luchando, interviniendo en cualquier fisura que se abra en el sistema, mientras esperamos la próxima ola. 

(Nota publicada originalmente en Contrahegemonía Web, como parte del Dossier 19 y 20. "Memorias para un futuro en llamas")

Sergio Barrera es ex integrante de la Asamblea Popular de Liniers

-------------

[1] https://herramienta.com.ar/articulo.php?id=1429

[2] https://www.lavanguardia.com/cultura/20041110/51262800360/saramago-hay-que-revisar-el-significado-de-la-palabra-democracia.html

[3] https://jacobinlat.com/2021/10/05/no-hay-futuro-sin-elaboracion-del-pasado-2/?mc_cid=7caf43d035&mc_eid=371f1e6dba

[4] https://contrahegemoniaweb.com.ar/2015/12/28/parque-centenario-y-parque-saavedra-la-politica-secuestrada/#more-2521

[5] Ibíd.

Encontrá lo que buscás