17/06/2024

Sobre El país de los Sóviets. La revolución y sus contra-tiempos (1917-1924) de Aldo Casas

La revolución rusa de 1917 ofrece aún hoy tantas enseñanzas y ángulos para nuevos criterios de comprensión que la muestran como una cantera inagotable para un tratamiento del cual aún pueda obtenerse conclusiones fructuosas. En este sendero se ubica el texto de Aldo Casas  El país  de los Sóviets que no pretende exponer “originalidades” o enfoques que antes nadie hubiera dicho sobre la epopeya de la construcción de la URSS, pero sí se permite hacer una reconstrucción descriptiva de manera clara, señalando a los protagonistas en la durísima tarea de construir la nueva sociedad; la exposición es concisa, sencilla y veraz, siendo estos atributos, quizás, su aspecto más original; nada de interpretaciones abstrusas, arbitrarias o incongruentes, ello induce a que sea el lector quien vaya elaborando sus ideas y opiniones en base a los hechos tal como estos se desarrollaron en su momento. 

Todo el texto contiene, en cada uno de sus apartados, fragmentos esclarecedores de otros autores que ya habían encarado el tema del que se ocupa Casas, lo cual hace la lectura más amena y suministra opiniones diversas que matizan la exposición (C. Hill; E. Mandel; O. Figes; J. J. Marie; P. Broué; I. Mett; G. Procacci; etc.), a los que agrega Actas, documentos, decretos, etc., emanados de la conducción bolchevique. 

La exposición se despliega siguiendo los acontecimientos y las vivencias de los participantes de la gesta histórica en el contexto mundial de la agresión del imperialismo capitalista.

El  primer apartado (pág. 37), aborda el hecho notable, casi fulminante podría decirse, de cómo el partido bolchevique fue pasando con la velocidad de un rayo de una pequeña agrupación de pocos militantes y afiliados a convertirse en un partido de masas, al punto que en el momento del derrocamiento del gobierno de Kerensky, en el II Congreso Panruso de los Sóviets de Obreros y Soldados reunido el 25 de octubre de 1917, la mayoría de los delegados asistentes adhería al bolchevismo y junto con otros proclamaron el “Llamamiento a los obreros, soldados y campesinos” comunicando que el poder pasaba a manos de los sóviets, fijando los objetivos exigidos y esperados por todos de una “paz democrática y sin anexiones”.    

Una vez en el poder aparecen los tres grandes problemas que se presentaban a la dirigencia bolchevique (segundo apartado, pág. 45): a) hacer frente a la contrarrevolución armada para consolidar el poder de los soviets; b) urgentemente poner fin a la participación de Rusia en la guerra imperialista, y c) encauzar la economía devastada y dedicar los esfuerzos a la reanimación de la producción industrial y comercial.

Casas muestra un conocimiento preciso de los sucesos que se desencadenarán a posteriori de la toma del poder: la primera crisis del gobierno (pág. 46); la importante cuestión de la disolución de la Asamblea Constituyente (pág. 52), y la imperiosa necesidad de concertar la paz humillante y sus consecuencias (pág. 64), para conservar el poder revolucionaria aún a ese costo impuesto por el belicoso capital burgués alemán.

En el tercer apartado (pág. 77) nos advierte Casas que “… los dirigentes bolcheviques no tenían una concepción precisa (y mucho menos compartida) de cuál sería el contenido preciso del proclamado socialismo, ni del ritmo y formas de dicho proceso”.  Esta situación derivó en que se produjera un desencuentro del bolchevismo con el campesinado (pág. 85), luego debió proceder inevitablemente al viraje de 1918 (pág. 91) y dar por terminada la etapa de las expropiaciones descontroladas (pág. 92). A partir de la pág. 97, el autor se sumerge en el planteo de las vicisitudes (“El poder soviético y sus aporías”) en que fue derivando, hasta tratar en la pág. 101 la relación de “Partido de gobierno / Gobierno de Partido” de modo tal que:

[…] A medida que la revolución soviética se fue convirtiendo en revolución bolchevique, las ideas referidas al ``partido dirigente y vanguardia del proletariado´´ inspiraron el nuevo e impensado ``principio´´ de que la dictadura del proletariado debía ejercerse como dictadura del partido (pág. 103).

No menos minuciosa atención e interés destina Casas a la guerra civil que la burguesía y terratenientes rusos declaran al nuevo poder, con la financiación y suministros de pertrechos militares por parte de la burguesía anglo-francesa. Casas examina este frente de combate en el cuarto apartado (pág. 105 y subsiguientes); la creación del Ejército rojo (pág. 109), la agudización del terror por parte de los enemigos acérrimos de la revolución (pág. 119), hasta el crudo planteo por parte de Lenin y Trotsky de “El comunismo de guerra” (pág. 129).

[…] Lenin advirtió hacia finales del año 1920 la extrema gravedad de la crisis en el partido y lo insostenible del comunismo de guerra. Pocas semanas después, las huelgas obreras de Petrogrado y Moscú, y sobre todo, el levantamiento de Cronstadt pusieron en evidencia que se trataba, en realidad, de una crisis general de la revolución (pág. 135).

El texto, sintéticamente, nos introduce decididamente a los problemas más profundos y candentes de aquella época: el descontento popular y su reflejo en el partido (pág. 139); el impacto de esta situación que mantiene la crisis del partido (ídem); la conmoción provocada por la sublevación del regimiento de Cronstadt (pág. 142) que estalla durante el desarrollo del X Congreso del partido (pág. 148), y enfrenta el enorme peligro que atravesaba la revolución lo cual determinando limitaciones a la libertad de crítica y llanamente la eliminación de grupos y/o corrientes internas en el partido mismo: conducción única, directivas únicas, unión férrea de los revolucionarios para fortalecer al partido. También se da una vuelta completa con los procedimientos económicos de construcción mediante la Nueva Política Económica (NEP; pág. 153), que se establece no sin oposición y dudas de parte de muchos dirigentes de relieve del partido.

Poco tiempo después de la instalación de la NEP, en el año 1922, Lenin entiende que a pesar de su insistencia en esta política, debe comenzar a darse importancia a las asociaciones cooperativas como lo principal a poner en práctica. Al mismo tiempo en ese año advierte (tardíamente, visto desde hoy) los manejos subrepticios y modos prepotentes de Stalin y sus seguidores en la conducción del partido y del Estado, de aquí que se nos hable del último combate de Lenin (pág. 160) para desalojar a aquél del inmenso poder que había concentrado en sus manos, lo que fue finalmente desoído por todo el C.C. del Partico Comunista porque ya había comenzado lo que Casas denomina “La revolución en retirada” (pág. 167). 

El sexto apartado, “Bolcheviques, ‘spetsy’ y ‘camaradas de viaje’” (pág. 173), puede considerarse como una especie de resumen-conclusión de la “evolución/involución” del Partido bolchevique, y lo que en el futuro sería el socialismo realmente existente, cuya particularidad notoria sería la de un socialismo “inexistente”. 

Lo que debe ser subrayado y valorado del libro de Casas, sin vacilaciones, como aspectos principales a ser tenidos en cuenta son:

  1. La preocupación del autor en focalizar que los protagonistas principales fueron las masas trabajadoras, obreros, campesinos, hombres y mujeres “plebeyos” que sostenían los cambios que se iban produciendo. Hasta se podría decir que no estaría fuera de la intención de Casas señalar que el PC(b)R y Lenin eran los instrumentos de tales sucesos, pero que lamentablemente se fueron “autonomizando” de ese pueblo y desarrollando objetivos cada vez más alejados de su propósito original.  
  2. La Revolución Socialista de Octubre 1917 no fue un golpe de Estado.
  3. No se produjo como consecuencia del “oportunismo” genial de Lenin.
  4. El bolchevismo no era un partido “blindado”, de pensamiento único, disciplina militar y conducción “férrea” sin debates internos.
  5. La revolución conducida por el  bolchevismo abrió un ciclo de “convulsiones” y situaciones nuevas en Rusia sobre las que no tenía planes ni programas elaborados cual un laboratorio. El partido mismo “experimentaba” sobre la marcha en la cual aciertos y errores eran cosas cotidianas.
  6. Se advierte sí que en su agenda nunca figuró ni antes, ni durante, ni después de la toma del poder, el objetivo explícito de abolir el trabajo asalariado.
  7. El Estado jamás estuvo en manos del proletariado. Lenin proclamaba que sí, porque identificaba al partido con la clase, pero al mismo tiempo y de modo incongruente en otras oportunidades afirmaba inobjetablemente que la clase proletaria no estaba en condiciones de ejercer directamente el ejercicio del poder político y enfrentar las pesadas tareas internas y de la agresión del capitalismo mundial.
  8. El PCUS se fue autonomizando de la población trabajadora como una fracción social dominante con privilegios particulares.
  9. Los medios de producción (Mp) concentrados en el PCUS-Estado objetivamente funcionaban cual capital, conclusión que se deriva de la lógica real de la estructura que se construía y que la exposición de Casas lleva al lector a concluir con lógica inobjetable. 

La lectura del texto no sólo es recomendable sino imprescindible desde todo punto de vista.

 

Reseña enviada a Herramienta por el autor en enero de 2023.

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