25/09/2022

"El porvenir del socialismo, de Claudio Katz"

Por Oscar Spadari , ,

Buenos Aires, Herramienta - Imago Mundi, 2004, 256 páginas.

Claudio Katz, es economista y docente de la Universidad de Buenos Aires, integra el EDI (grupo de Economistas de Izquierda), y es colaborador de la revista Herramienta. Para reseñar su más inmediata obra que lleva por titulo El porvenir del socialismo, comenzaremos por despejar un posible equívoco: el lector podría creer que se trata de un libro escrito en clave económica, siendo necesario para su comprensión conocimientos y manejo de términos especializados de dicha ciencia, pero lo cierto es todo lo contrario: quien tenga en sus manos este ensayo, observará que está redactado en un lenguaje simple y directo, conjugando las ideas básicas de la economía política, con elementos históricos, políticos, sociales que se relacionan con las construcciones culturales que producen las clases sociales.

A lo largo del siglo XX, muchos fueron los libros que se publicaron prefigurando como sería la futura sociedad socialista, pero ha fines de la década de los ’80 y con la crisis del bloque soviético, muchos de estos análisis desaparecieron del imaginario de la sociedad. Una década después, y luego de las luchas que se han producido a escala global en contra del capitalismo neoliberal, Katz vuelve a poner el tema de la transición socialista en el tapete, planteando un interrogante que puede incomodar a más de uno ¿qué importancia tiene la lucha contra el capitalismo, sino se no aspira a una sociedad diferente?

Y esto permite señalar una segunda cualidad en este ensayo: está escrito desde una posición que valora la revolución social, cultural y política como salida a la barbarie del capitalismo.

El ensayo se apoya en una extensa bibliografía, que Katz analiza para refutar o afirmar sus posiciones, en función de prefigurar la sociedad socialista propuesta por el autor.

El análisis de Katz se formula a partir de la tesis del "Imperialismo", que desarrollase Lenin, conjugada con conceptos teóricos de Ernest Mandel, a los que el autor suma elementos de la teoría de la dependencia, para llegar a una caracterización del sistema capitalista fragmentado en dos: uno constituido por países ricos y desarrollados, y otro por pobres, subdesarrollados y atrasados.

En cuanto a la hipótesis central del libro, Katz sostiene que para llegar a la sociedad comunista es necesario pasar por la etapa socialista, la cual será larga en la periferia aunque podría acelerarse si se produjera un avance internacional del socialismo en los países centrales, apareciendo la transición como un puente que une la salida del sistema capitalista, con la llegada a la sociedad comunista, con lo cual se producirá un equilibrio entre ambos mundos.

El ensayo se encuentra dividido en cinco partes, que podemos seccionar en tres ejes: uno, en el que se analizan las formas que tomaría la transición socialista; otro, que reflexiona sobre la experiencia histórica acaecida en los países socialistas -como también las formas que tomo la restauración capitalista en dichos estados-; y un último punto, en que se reivindica a la democracia real como mecanismo posible para el éxito de la transición.

El primer núcleo del ensayo, marca la importancia que tiene repensar la transición socialista, caracterizando a ésta como una etapa en la que confluye la economía planificada -momento en que la propiedad privada de los bancos, las industrias y los servicios estratégicos, pasaría a manos públicas- con el mercado, que se encontraría en inferioridad de condiciones ante aquella. Para el autor, el mercado seguirá cumpliendo algunas de sus funciones, aunque se irán diluyendo aquellas que sirven a la dominación sobre las personas expresa en el fetichismo de las mercancías, el dinero, la tecnología y el consumo.

Katz entiende entones al mercado como una herramienta táctica, que irá desapareciendo a medida que avance la transición, hasta extinguirse. Así, el plan representará el punto de partida de la estrategia económica de la transición, que incidirá directamente sobre los sectores claves de la economía, mientras que el mercado servirá para verificar las metas fijas por el plan, regulando las actividades del sector privado que opere con precios libres.

A este programa económico, Katz le adosa tres pilares que servirán para sostener al socialismo: un sujeto social capaz de llevar adelante el proceso -la clase trabajadora, que tendrá como aliados a los consumidores y los usuarios-, una nueva forma de ética y moral -que servirá para que los individuos rompan con la conciencia capitalista y construyan nuevos lazos de solidaridad basados en la igualdad-, y la existencia de una democracia que deberá encontrar formas nuevas de deliberación, que otorguen mayor igualdad y mayores posibilidades para expresar las opiniones del conjunto de la ciudadanía. Aquí el autor aclara que si algunos de estos puntos se viesen obturados, la puesta en marcha de la socialización de los medios de producción, irremediablemente fracasaría.

Con respecto al segundo núcleo, Katz analiza las formas que cobró la restauración capitalista en los países del "socialismo real", planteando que este proceso se produjo cuando la capa burocrática gobernante entendió que podía transformarse en una clase dominante capitalista, si sacrificaba los postulados de un socialismo que, desde mediados de la década del ´20, se había practicado de arriba hacia abajo. Esta hipótesis de Katz da por tierra con la tesis de Trotsky, quien creía ver en la URSS un Estado obrero burocratizado, el cual se podía reencauzar si se despertaba la conciencia de la población, para barrer con la burocracia en el poder y efectivizar el socialismo. Katz sostiene que esto era imposible por varios factores, pudiendo destacar aquí la distancia que separaba al pueblo de los gobernantes, como también la falta de consenso que las ideas socialistas tenían en una sociedad basada en el autoritarismo. Para finalizar este núcleo, Katz revisa los modelos socialistas ensayados durante el siglo XX, a quienes cruza con propuestas productivas alternativas -como cooperativas, autogestión obrera- para poder establecer un programa socialista.

En el cuarto capitulo Katz analiza los problemas teóricos del socialismo, revisando los tres temas centrales de una economía planificada: el cálculo, el incentivo y la innovación, necesitándose para ello la construcción y mantenimiento de una disciplina de economía política especifica para la transición. Katz llega a la conclusión que, durante la transición socialistas, se mantendrá la ley de valor para formar los precios en el mercado privado, que servirá para influir en las áreas que enlazan la actividad privada con la estatal. Otro elemento analizado en el capítulo, es la moneda, señalando que se deberá ir buscando caminos para superar el rol alienante que el capitalismo le ha impuesto. El sistema de precios es otro de los elementos sobre los que Katz reflexiona, explicando que estos serán la representación del sistema dual (plan-mercado) de la transición, cuyo éxito estará garantizado si se mantiene la vigencia de los principios que justifican la existencia de estos dos sectores. Por otra parte, Katz también apuesta a que, durante la transición, la innovación tecnológica no se detenga para mantener la sociedad de la abundancia, proponiendo para ello la existencia de restricciones explicitas al enriquecimiento y la expansión de la actividad privada, además de que exista un fondo de inversiones que distribuya los recursos en función de la eficiencia de cada compañía, agregando una retribución extra para los individuos que introduzcan innovaciones, lo cual servirá para neutralizar la acumulación privada y la conversión de las innovaciones en capital.

En el último capitulo, que representa también el último eje, Katz analiza la democracia socialista y la experiencia histórica de las clases subalternas, analizando el modelo piramidal del partido único, las posiciones elaboradas por los autonomistas, el consejismo y la dictadura del proletariado, así como los problemas que encuentra la democracia directa, planteando que la democracia socialista debe servir para prefigurar el régimen político que podrá emerger con la erradicación del capitalismo, bajo la forma de asociación entre la democracia directa e indirecta, combinando el sufragio con la auto-participación popular -lo cual servirá para reducir la burocracia-, destacando que sin una democracia que conjugue la experiencia consejista, con la directa y las formas representativas, no habrá posibilidades de transito socialista con éxito. Katz sostiene que la madurez del socialismo podrá ser verificada mediante el grado de sustitución que, a lo largo de la transición, vaya experimentando el sector privado, el cual pasará a estar bajo la esfera de las formas colectivas de gestión y control social.

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