25/09/2022

Porqué la guerra de Putin anda peor de lo que parece

Con el ataque ruso a Ucrania llegando a su quinto mes, la guerra corre el riesgo de perder la atención pública internacional, reemplazada, al menos en Europa, por el aumento de los precios de los alimentos y el gas, la inflación en espiral y otro verano de temperaturas récord. Al igual que las guerras desde Afganistán a Yemen, cuanto más se prolonga, más se normaliza y acepta. Para el pueblo de Ucrania, sin embargo, la invasión sigue siendo una realidad ineludible, con las tropas rusas avanzando hacia el este del país y aumentando las bajas civiles.

Las noticias de Rusia, por el contrario, se han vuelto notablemente más tranquilas desde el comienzo de la invasión. Los informes iniciales de protestas contra la guerra, de mítines jingoístas [esto es: chovinistas] progubernamentales y el cierre de franquicias de McDonald’s, hace mucho tiempo que desaparecieron de los titulares. El apoyo a la guerra puede ser silenciado, pero tampoco han surgido pocas señales de oposición pública en los últimos meses. ¿Se han resignado los rusos a su destino? Loren Balhorn habló con Boris Kagarlitsky, un sociólogo residente en Moscú y presentador del popular programa de entrevistas ruso de YouTube Rabkor, para obtener más información sobre el impacto de la guerra y cuán fuerte es realmente el poder de Vladimir Putin.

-Loren Balhorn. Al comienzo de la invasión de Ucrania, hubo muchos informes de protestas contra la guerra en toda Rusia. Las cosas parecen haberse calmado desde entonces, con más y más medios de comunicación afirmando que la mayoría de los rusos respaldan a Putin. Vives en Moscú, ¿cómo es el estado de ánimo?

-Boris Kagarlitsky. Inicialmente hubo bastantes protestas, pero fueron reprimidas de una manera muy brutal. Al menos en la superficie, el movimiento fue suprimido físicamente. La gente va a la cárcel casi a diario: Alexei Gorinov, por ejemplo, acaba de ser sentenciado a siete años de prisión por hacer una declaración contra la guerra durante una sesión del consejo municipal de Krasnoselsky en Moscú.

Esta es una forma de asustar a la gente y, hasta cierto punto, funciona. Nada menos que cuatro millones de personas han abandonado el país desde que comenzó el llamado “operativo especial”. Ucrania informó que entre siete y ocho millones de personas abandonaron el país, pero aproximadamente la mitad de ellas ya regresaron. En ese sentido, el número de personas que emigraron de Rusia es aproximadamente el mismo que el número de personas que huyeron de Ucrania. Dado que aquí no se bombardea a nadie, te da una idea de la actitud del público.

-Loren Balhorn. Entonces, ¿no crees que la mayoría apoya la guerra?

-Boris Kagarlitsky. Ese es el problema sociológico y político más interesante: los rusos no están ni a favor ni en contra de la guerra. No reaccionan a la guerra.

Por supuesto, hay encuestas de opinión publicadas por medios pro-Kremlin que son citadas con entusiasmo por fuentes occidentales y algunas pro-ucranianas, tratando de probar que todos los rusos apoyan a Putin y son fascistas. Pero eso no tiene nada que ver con la realidad. Como sociólogo, puedo confirmar que, desde la guerra, el número de personas que acceden a responder a las encuestas de opinión se ha derrumbado a un nivel totalmente poco representativo. Antes de la guerra estaba por debajo del 30 por ciento, que ya es muy bajo. Ahora, se considera un gran éxito cuando el 10 por ciento accede a responder. Por lo general, es del 5 al 7 por ciento. El pueblo ruso no está ni a favor ni en contra de la guerra. No reaccionan a la guerra.

De ese 5 por ciento, alrededor del 65 al 70 por ciento apoya la guerra. Hay dos interpretaciones de estos datos. Una, compartida en su mayoría por la oposición liberal, es que la gente simplemente tiene miedo de responder. Creo que ese no es exactamente el caso. Entre ese 95 por ciento que se niega a responder, podría haber un número considerable que está en contra de la guerra, pero no se atreve a decirlo. Mi sospecha, sin embargo, que, por supuesto no puedo probar, es que la mayoría de la gente no tiene ninguna opinión en absoluto.

-Loren Balhorn ¿Ninguna opinión en absoluto?

-Boris Kagarlitsky. Esto podría sorprenderte, pero hasta hace muy poco, la mayoría de los rusos no sabían que había una guerra en Ucrania. En la televisión usan el término «operación especial», que sugiere que fuerzas especiales participan en algún tipo de acción limitada en algún lugar. No estaba asociado con hostilidades reales, con tanques y artillería, etc., y no informaron sobre las bajas civiles ucranianas.

Eso me lleva a mi segundo punto: la mayoría de la gente no ve programas políticos en la televisión, ni ve medios de oposición en Internet. No les interesa ningún tipo de política. Todo el espectro de la opinión política, incluidos tanto los leales como la oposición, ya sea izquierdista o fascista, liberal o conservadora, representa quizás del 15 al 20 por ciento de la población, probablemente menos del 10 por ciento. El resto son totalmente apolíticos.

Por un lado, eso es una gran ventaja para el régimen, pero también es su mayor problema. Nadie se mueve contra el gobierno, pero tampoco nadie se mueve a favor de él. Por eso fracasó la campaña de vacunación contra el COVID y por eso Putin no puede anunciar una movilización general. Volodymyr Zelensky anunció el otro día que quiere movilizar a un millón de personas. Rusia no puede movilizar doscientos mil porque todos huyen.

-Loren Balhorn. Varios medios de comunicación independientes han sido cerrados desde que comenzó la guerra, y ahora el fiscal del estado está tomando medidas para prohibir el Sindicato de Periodistas y Trabajadores de los Medios. ¿Queda alguna esfera pública en Rusia donde el debate sea siquiera posible?

-Boris Kagarlitsky. No se cierra por completo. Están haciendo todo lo posible, pero simplemente fallan. Lo bueno de este país es que toda falla, pase lo que pase. Por eso bromeamos con que el fascismo nunca podría funcionar en Rusia, porque aquí nada funciona.

Nuestro canal de Youtube, Rabkor, tiene unos noventa mil suscriptores y emite casi a diario. Pero [otro canal de YouTube de izquierda] Vestnik Buri, por ejemplo, tiene alrededor de doscientos mil suscriptores, sin mencionar los proyectos de medios liberales. Los canales de Telegram también son muy populares, ahí es donde obtengo mucha información y donde ocurren los debates. Volodymyr Zelensky anunció el otro día que quiere movilizar a un millón de personas. Rusia no puede movilizar doscientos mil porque todos huyen.

Algunas de las personas que hacen videos emigraron, y sí, hay problemas para los que todavía estamos en el terreno. Estoy etiquetado como un «agente extranjero», por ejemplo, así que cuando hablo en público, tengo que recitar un mantra estúpido sobre ser un agente extranjero o pagar una multa. Pero la gente todavía se ríe de las autoridades, lo cual es otra cosa buena de Rusia. Encarcelan a la gente, la arrestan y la hacen pagar multas, pero la gente todavía se ríe de ellos.

Será interesante ver qué hace el gobierno con Igor Strelkov, una de las figuras clave en 2014 en Donetsk y un imperialista y militarista ruso muy agresivo. Comparte los objetivos de la “operación especial”, pero se ha convertido en el crítico más abierto del gobierno, razón por la cual sus comentarios se reproducen a menudo en los medios ucranianos. Si lo arrestan, generará mucha ira precisamente en el segmento de la sociedad que apoya la guerra.

-Loren Balhorn. Usted fue arrestado bajo [Leonid] Brezhnev por publicar samizdat (materiales disidentes clandestinos), y luego bajo Putin por asistir a una manifestación ilegal. ¿Diría que la represión actual es peor que en la Unión Soviética?

-Boris Kagarlitsky. Es difícil comparar, porque algunos aspectos son peores y otros mejores. Definitivamente es peor en el sentido de que la gente es arrestada por delitos menores que habrían pasado desapercibidos bajo Brezhnev. La URSS se trataba de estabilidad. No les gustaba que nadie socavara eso. Por otro lado, ser demasiado duro también habría sido contraproducente, por lo que la represión fue rutinaria y no muy severa.

Hay más presos políticos ahora que bajo Brezhnev. Además, ahora la gente tiene que pagar multas, que no era la práctica soviética. Una multa es una forma muy capitalista de castigar la disidencia. Pero una cosa que definitivamente es mejor ahora es que tenemos Internet, que nos da una capacidad mil veces mayor que la que teníamos con samizdat.

-Loren Balhorn. Si la mayoría de los rusos no están tomando una posición sobre la guerra, ¿qué tipo de preocupaciones tienen? Seguramente, ¿les preocupa el impacto de las sanciones económicas?

-Boris Kagarlitsky. La situación económica se está deteriorando y comenzaremos a sentir eso seriamente a fines de agosto o septiembre. Es un proceso gradual. Una empresa cierra, la gente tiene que buscar nuevos trabajos, luego otra cierra, y así sucesivamente. Ciertos bienes están desapareciendo, pero no todo.

Como dije, la mayoría de los rusos son apolíticos. Se preocupan por sus trabajos, sus familias, sus amigos más cercanos y tal vez sus casas y mascotas. Los rusos tampoco son muy religiosos, aunque la iglesia juega un papel importante como institución política. Lo importante es tener tu vida familiar intacta, luego puedes tolerar el resto.

El problema es que no va a continuar así indefinidamente. La guerra va a afectar a tu familia, tu trabajo e incluso a tus mascotas. Y una vez que comienza a afectar la vida privada de las personas, las cosas pueden cambiar de inmediato. Creo que la resistencia podría comenzar a aumentar muy rápido una vez que el gobierno haga algo que afecte la vida de las familias. Por eso no han declarado abiertamente la guerra.

-Loren Balhorn. Hay mucho debate sobre si las sanciones son una herramienta efectiva para frenar la maquinaria de guerra rusa y crearle problemas a Putin en casa. Parece que estás diciendo que funcionan.

-Boris Kagarlitsky. Bueno, hay sanciones y hay sanciones. Algunos de ellos le hacen el juego a Putin, como iniciativas para “cancelar” la cultura rusa y demás, porque el aislamiento es exactamente la ideología del régimen, y aumentar eso solo puede favorecerlos.

-Loren Balhorn ¿Qué pasa con las sanciones económicas, como un embargo de gas?

-Boris Kagarlitsky. La herramienta más eficaz hasta ahora ha sido la retirada de empresas extranjeras de Rusia, porque eso genera otros problemas, especialmente embargos sobre suministros específicos como piezas de repuesto.

La industria automovilística rusa está en suspenso, por ejemplo. Simplemente ya no produce, porque depende mucho de las piezas alemanas, japonesas y surcoreanas. El complejo militar-industrial también está sufriendo porque no obtienen suficientes repuestos. Lo mismo ocurre con la aviación: muchas empresas nacionales ya están en quiebra y ahora son canibalizadas por las aerolíneas más grandes como Aeroflot y S7.

-Loren Balhorn ¿Cuánto tiempo cree que puede resistir la economía rusa?

-Boris Kagarlitsky. Puede continuar por otros dos o tal vez tres meses, dependiendo de la industria en particular. Sin embargo, lo importante es que los tipos que realmente son dueños de todo comiencen a tener pérdidas. A nadie le importan las industrias o las personas, todos se preocupan por las ganancias. Una vez que comienza a afectar la vida privada de las personas, las cosas pueden cambiar de inmediato.

Algunas secciones de la burguesía están cada vez más descontentas con lo que está pasando y están realmente interesadas en algún tipo de acuerdo de paz. El problema es que no tienen mucho que decir político, porque las decisiones las toma un equipo muy reducido en torno a Putin. Ni siquiera todos los oligarcas tienen acceso a él.

Llamo a esto la “centralización irracional del poder”. Ha estado ocurriendo durante mucho tiempo y se produce en parte por la ineficiencia del estado. La burocracia local es tan ineficiente y corrupta que para que algo suceda, el centro tiene que juntar cada vez más poderes. El centro no confía en los burócratas locales por la misma razón que los socavan sistemáticamente. Es un proceso que se perpetúa a sí mismo que se ha vuelto totalmente irracional y va mucho más allá de todo lo que vimos durante el período soviético.

-Loren Balhorn. Si, como usted dice, la burguesía está cada vez más insatisfecha con la guerra, ¿abre eso la posibilidad de fisuras dentro de la élite rusa o del propio Estado?

-Boris Kagarlitsky. Putin es el único que toma decisiones, aunque estos días está extremadamente aislado. Alrededor de Putin hay un pequeño grupo que también está extremadamente aislado, incluso dentro de la élite. No parece que los militares estén contentos. Probablemente haya divisiones dentro de las fuerzas armadas, no lo sabemos, pero hay signos de grandes divisiones.

Lo que queda detrás de Putin es principalmente la policía y un grupo de los oligarcas más privilegiados. Es un grupo muy pequeño dentro de la clase capitalista, y por eso no creo que vayan a sobrevivir mucho tiempo, porque contradice la lógica a largo plazo de la sociedad capitalista. Se necesita una base más amplia, al menos dentro de la clase dominante, para gobernar el país.

Eso explica la parálisis en el gobierno estos últimos cuatro meses. Este grupo muy reducido, que ya ni siquiera representa a la élite, no ha podido establecer un consenso en torno a ninguna iniciativa y tomar una decisión.

-Loren Balhorn ¿Cuál es su plan? ¿Es el objetivo un eventual asentamiento y reintegración con Occidente desde una posición de mayor fuerza, o estamos viendo el comienzo de un giro a largo plazo hacia Asia?

-Boris Kagarlitsky. Ese es exactamente el problema: no hay ningún plan. Saben que cometieron un terrible error y que puede ser fatal, y eso es todo. El hecho de que haya habido un error es inaceptable para Putin y su equipo. El gobierno nunca reconoce un fracaso públicamente o incluso de manera informal, pero sin reconocer que hubo un error no se puede avanzar. No se puede desarrollar ninguna estrategia.

Los análisis occidentales asumen que estamos tratando con personas racionales que toman decisiones racionales, o al menos con personas que toman decisiones. ¡Pero no hay opción, nadie está tomando decisiones! Incluso si hay propuestas, ninguna propuesta funciona porque ninguna es aceptada por suficientes personas dentro de la élite para hacerla realidad.

-Loren Balhorn. Si no hay un plan, ¿qué empujó a Putin a cruzar el Rubicón e invadir Ucrania, tras ocho años de estancamiento en el Donbass?

-Boris Kagarlitsky. Ese es otro error común, pero comprensible, en el análisis occidental: pensar que la guerra tiene sus raíces en la geopolítica. Creo que la política internacional jugó un papel muy secundario, si es que lo tuvo, en la decisión. En su mayor parte estuvo precondicionado por la situación interna, lo que explica por qué sucedió tan repentinamente y fracasó tan miserablemente. No estaba preparado, no había diplomacia detrás, porque no se trataba de política exterior, se trataba de políticas internas.

Durante la llamada «Gran Recesión» de 2008 a 2010, la economía de Rusia se contrajo más rápido que cualquier otra economía desarrollada. Rusia dependía totalmente del petróleo y el gas. Cuando la economía global se contrajo, la demanda de petróleo y gas también colapsó, y eso condujo al colapso económico de Rusia.

Sin embargo, en 2011 tuvo una de las recuperaciones más rápidas. Una vez que la Reserva Federal comenzó su programa de flexibilización cuantitativa, los altos niveles de especulación en el mercado del petróleo arrojaron dinero sobre las empresas rusas y la élite rusa, lo que llevó a una clásica crisis de sobreacumulación. Tenían mucho dinero, pero no tenían dónde invertirlo. Eso solo sería posible si cambiaras la estructura de la economía rusa, lo que también significa cambiar la estructura de la sociedad, algo que no vas a hacer cuando tienes un gobierno y una élite tan totalmente conservadores.

Esto alimentó las contradicciones internas, porque todos vieron que la brecha entre ricos y pobres crecía muy rápido, incluso en comparación con el período anterior. También condujo a contradicciones dentro de la élite sobre cómo se dividiría este dinero entre diferentes grupos. El resultado fueron grandes proyectos de infraestructura, como el Puente de Crimea, el puente más caro de la historia.

En esta situación, la expansión militar es otra forma de utilizar el dinero extra. Construyes una gran cantidad de equipo militar, que luego tienes que usar de alguna manera, así que vas a Siria. Básicamente, solo quemas dinero para impulsar tu economía. Este expansionismo se unió entonces al tercer aspecto, a saber, que Putin está gravemente enfermo.

-Loren Balhorn ¿Físicamente enfermo?

-Boris Kagarlitsky. Tiene cáncer, y algunas otras enfermedades. Estos son rumores, por supuesto, pero todo el mundo en la calle los conoce. Incluso si no estuviera enfermo, no va a vivir para siempre: ya ha estado en el poder durante más de veinte años. Y cuando llega a un punto en el que debe decidir quién será el próximo gobernante, debe preguntarse: ¿Cómo va a manejar la transición?

Putin prometió en repetidas ocasiones iniciar el proceso de transición, pero nunca lo hizo, porque una vez que nombra a un sucesor, ya no tiene el control. El plan inicial para cambiar la constitución en 2020, que fue aprobado por el propio Putin, consistía en organizar la transición de tal manera que Putin se convirtiera en una especie de ayatolá principal, como en Irán. Entonces, de repente, el mismo día en que la Duma planeaba votar a favor de la enmienda, [miembro de la Duma pro-Putin] Valentina Tereshkova de repente pidió la prolongación del mandato de Putin y, por supuesto, todos cambiaron de opinión en veinte minutos y votaron por algo. más. La idea era tener una pelea corta, proclamar la victoria y luego manejar la transición de la manera que ellos querían.

Destruyeron las instituciones diseñadas para gestionar la transición, por lo que ahora tienen una transición sin reglas y gestionada por el propio Putin. Para eso necesitas poderes extraordinarios. ¿Cómo se obtienen poderes extraordinarios? Guerra.

Así es como llegaron al punto en que necesitaban una guerra, pero no querían el tipo de guerra que está ocurriendo ahora. La idea era tener una pelea corta, proclamar la victoria y luego manejar la transición de la manera que ellos querían. Una vez finalizado el proceso, quizás el próximo presidente maneje la reconciliación con Occidente.

Estaban 100 por ciento seguros de que todo en Ucrania se derrumbaría en veinticuatro horas. Tal vez el plan podría haber funcionado en 2014, pero no funcionó en 2022. Fracasaron.

-Loren Balhorn. Con la élite en tal crisis, ¿qué tan dividida está la parte rusa sobre la guerra? De lejos parece que el Partido Comunista y la mayoría de los --sindicatos lo apoyan.

-Boris Kagarlitsky. El movimiento sindical independiente en Rusia es extremadamente débil. Los sindicatos oficiales son solo parte del Estado, no tienen nada que ver con el movimiento obrero.

En lo que se refiere al Partido Comunista de la Federación Rusa, hay básicamente tres tendencias. En primer lugar, está el liderazgo. Están totalmente integrados en el sistema y hacen lo que se les dice que hagan. Luego están las bases, que en su mayoría se oponen a la guerra, gente como Andrey Danilov. Y como siempre hay una especie de centro, políticos que callan, a la espera de ver quién gana.

El otro partido socialdemócrata, Una Rusia Justa, es aún peor. Están haciendo declaraciones increíblemente patrioteras, casi fascistas, pero bastante gente se ha ido del partido y la base prácticamente ha desaparecido. Conozco a algunos otros miembros que son muy críticos, pero que prefieren permanecer en silencio. Más allá de eso, por supuesto, está la izquierda independiente, que es mayoritariamente activa en YouTube y Telegram.

-Loren Balhorn ¿Alguno de los grupos independientes más pequeños tiene alguna base real en la sociedad?

-Boris Kagarlitsky. Creo que lo hacen. Pueden parecer marginales, pero cualquier tipo de actividad política real en Rusia es marginal en este momento. Está en marcha una recomposición y, en ese sentido, ser vocal es fundamental para establecer raíces reales en la sociedad. Creo que lo estamos haciendo bastante bien dada la situación actual.

-Loren Balhorn. Mirando hacia el futuro, ¿qué sucede después? ¿Ve alguna apertura para un movimiento contra la guerra o progresista en la sociedad rusa?

-Boris Kagarlitsky. Creo que el ejército se está quedando sin fuerzas. Las entregas de equipos occidentales están cambiando muy seriamente la situación militar. Es muy parecido a la Guerra de Crimea, cuando los británicos y los franceses tenían armas superiores. Si hablas con personas cercanas al establecimiento militar ruso, están extremadamente preocupadas y, a veces, incluso entran en pánico.

Creo que, si hay más derrotas en Ucrania, entonces, bueno, algo sucederá. No sé qué, pero algunos eventos dramáticos van a tener lugar. No digo que vayan a dar un golpe de estado, porque eso está muy fuera de la tradición militar rusa, pero pueden intervenir de una forma u otra. Si hablas con personas cercanas al establecimiento militar ruso, están extremadamente preocupadas y, a veces, incluso entran en pánico.

Si intentan lanzar una movilización general, o amplían el reclutamiento a nuevas categorías, entonces tendremos una rebelión. No sabemos cuál será la reacción exacta, pero será extremadamente negativa.

Justo ayer estaba hablando con Grigory Yudin, otro sociólogo de izquierda en Moscú que acababa de regresar del extranjero, y me dijo: “Mira, si recorres Moscú, ¿qué ves? Enormes vallas por todas partes. Ningún otro país europeo tiene tantas vallas”. A la gente detrás de la cerca no le importa lo que hay del otro lado, simplemente están encerrados en su pequeño mundo.

El gobierno está bastante contento con la sociedad actual. Pero si se ven obligados a derribar todas estas vallas, surgirá algo que cambiará el juego por completo. Es una sociedad de pequeños grupos aislados unos de otros, pero en algún momento se van a encontrar, les guste o no. Y ese es el momento de la oportunidad para la izquierda y para todos los que quieren un cambio social. La gente tendrá que aprender a comunicarse, a organizarse ya identificar sus intereses colectivos. Ese es exactamente el momento que se acerca, y esa es nuestra oportunidad.

(Publicada en The Jacobin el 22 de julio de 2022. Tomada de  Sociología crítica Artículos y textos para debate y análisis de la realidad social, 26 de julio 2022)

-Boris Kagarlitsky es profesor de sociología en la Escuela de Ciencias Sociales y Económicas de Moscú y editor en  Rabkor . Sus publicaciones incluyen Between Class and Discourse: Left Intellectuals in Defense of Capitalism (Routledge, 2020), Empire of the Periphery: Russia and the World System  (Pluto, 2007) y  Restoration in Russia: Why Capitalism Failed  (Verso, 1995).

-Loren Balhorn es editora colaboradora de Jacobin y coeditora, junto con Bhaskar Sunkara, de Jacobin: Die Anthologie (Suhrkamp, ​​2018).

 

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