02/12/2022

Memorándum sobre posición antimperialista radical a propósito de la guerra en Ucrania

La invasión rusa de Ucrania es el segundo momento decisivo de la nueva Guerra Fría enla que se ha sumido el mundo desde el cambio de siglo, como consecuencia de ladecisión de Estados Unidos de ampliar la OTAN. El primer momento definitorio fue lainvasión estadounidense de Irak en 2003. Fue un fracaso total en la consecución de losobjetivos imperialistas de estadounidenses. El precio que pagó Irak -y sigue pagandojunto con los países vecinos- fue enorme, pero la propensión del imperialismoestadounidense a invadir otros países se ha reducido mucho, como lo confirma lareciente retirada de sus tropas de Afganistán.

El destino de la invasión rusa de Ucrania determinará la propensión de todos los demáspaíses a la agresión. Si fracasa, el efecto sobre todas las potencias mundiales yregionales será de una fuerte disuasión. Si tiene éxito, es decir, si las botas de Rusialogran «pacificar» a Ucrania, el efecto será un cambio importante en la situaciónmundial hacia una ley de la selva sin límites, envalentonando al propio imperialismoestadounidense y a sus aliados para que continúen con su propio comportamientoagresivo.

Por el momento, la heroica resistencia del pueblo ucraniano ha desconcertado a todo elespectro de admiradores reaccionarios de Vladimir Putin, desde la derecha dura y laextrema derecha mundial hasta los partidarios del imperialismo ruso, supuestamentede izquierda. Una victoria de Putin en Ucrania reforzaría enormemente este espectrode la política reaccionaria.

Más allá de la condena general de la invasión rusa, también ha habido cierta confusiónen las filas de las auténticas corrientes antiimperialistas en cuanto a la posiciónespecífica que se debe adoptar en cuestiones relacionadas con la guerra actual. Esimportante aclarar esas cuestiones.

1- No basta con pedirle a Rusia que detenga sus ataques y reclamar «un alto el fuegoinmediato y la vuelta a la mesa de negociaciones». No utilizamos ese lenguaje de laONU cuando Estados Unidos invadió Irak, pero sí exigimos la retirada inmediata eincondicional de los agresores, como hemos hecho en todos los casos de invasión de unpaís por otro. Asimismo, debemos exigir no sólo el cese de la agresión, sino también elretiro inmediato e incondicional de las tropas rusas de Ucrania.

2- La exigencia del retiro ruso se aplica a cada centímetro cuadrado de territorioucraniano -incluyendo el territorio invadido por Rusia en 2014. Cuando hay una disputasobre la pertenencia de cualquier territorio en cualquier parte del mundo -comoCrimea o las provincias orientales de Ucrania, por ejemplo- nunca aceptamos que elmismo se resuelva por la fuerza bruta y la ley del más fuerte, sino siempre yúnicamente por el libre ejercicio por parte de los pueblos afectados de su derecho a laautodeterminación democrática.

3- Nos opusimos a los llamamientos a la intervención militar directa de una fuerzaimperial contra otra, ya sea con tropas terrestres o con la imposición de una zona deexclusión aérea a distancia. Por principio, estamos en contra de la intervención militardirecta de cualquier fuerza imperialista en cualquier lugar. Pedir a una de ellas que se

enfrente a la otra equivale a desear una guerra mundial entre potencias nucleares.Además, es imposible que tal intervención se lleve a cabo dentro de los límites delderecho internacional, ya que la mayoría de las grandes potencias imperialistas tienenpoder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque es comprensible que lasvíctimas ucranianas de la agresión hagan llamamientos en ese sentido pordesesperación, no dejan de ser pedidos irresponsables.

4- Estamos a favor de la entrega incondicional de armas defensivas a las víctimas de laagresión, en este caso, al Estado ucraniano que lucha contra la invasión rusa de suterritorio. Ningún antiimperialista responsable le pidió a la URSS o a China queentraran en guerra en Vietnam contra la invasión estadounidense, pero todos losantiimperialistas radicales estaban a favor de un mayor suministro de armas de Moscúy Pekín a la resistencia vietnamita. Darles a los que luchan en una guerra justa losmedios para luchar contra un agresor mucho más poderoso es un deberinternacionalista elemental. Oponerse en bloque a estas entregas contradice lasolidaridad elemental debida a las víctimas.

5- No tenemos una posición de principio general sobre las sanciones. Estábamos a favorde las sanciones contra el Estado del apartheid de Sudáfrica y estamos a favor de lassanciones contra la ocupación colonial israelí. Estábamos en contra de las sancionesimpuestas al Estado iraquí tras su destrucción por la guerra de 1991, porque eransanciones asesinas que no servían a ninguna causa justa, sino sólo a la sumisión de unEstado al imperialismo estadounidense con un costo casi genocida para su pueblo. Laspotencias occidentales decidieron toda una serie de nuevas sanciones contra el Estadoruso por su invasión de Ucrania. Algunas de ellas pueden reducir efectivamente lacapacidad del régimen autocrático de Putin para financiar su maquinaria bélica, otraspueden perjudicar a la población rusa sin afectar demasiado al régimen o a sus acólitosoligárquicos. Nuestra oposición a la agresión rusa, combinada con nuestra desconfianzaen los gobiernos imperialistas occidentales, significa que no debemos apoyar sussanciones ni exigir su levantamiento.

6- Por último, la cuestión más obvia y más directa de todas desde una perspectivaprogresista es la exigencia de que se abran todas las fronteras a los refugiados deUcrania, como debería hacerse con todos los refugiados que huyen de la guerra y lapersecución, independientemente de su origen. El deber de acoger y de amparar a losrefugiados y el costo de recibirlos deben ser compartidos de forma equitativa por todoslos países ricos. Los desplazados internos dentro de las fronteras de Ucrania tambiéndeben recibir ayuda humanitaria urgente.

¡Solidaridad con el pueblo ucraniano!

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(Nota publicada originalmente en Al’encontre, el 27-2-2022. Traducción de Correspondencia de Prensa)

*Gilbert Achcar es profesor de la Escuela de Asuntos Orientales y Africanos (SOAS) de la Universidad de Londres.

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