07/08/2022

Macron, un gobierno débil en un océano de abstencionismo

El domingo 24 de abril el presidente Macron fue reelegido en la segunda vuelta, obtuvo el 58% de los votos emitidos. El triunfo que lo instala por cinco años más en el Palacio del Elíseo, no pudo ocultar la debilidad con que transita ese nuevo periodo. La mayor abstención desde 1969, cuando en Francia aún se vivían los ecos de la rebelión de mayo del año anterior, y el crecimiento de la extrema derecha de Le Pen auguran que este gobierno elegido por defecto, enfrentará alta resistencia a sus proyectos de mayor ajuste a los derechos sociales.

Una victoria pírrica

El 28% de quienes estaban en condiciones de sufragar, decidieron no concurrir a las urnas, a lo que habría que sumar el 6,5 que voto en blanco y lo anuló. Los 18 millones que obtuvo Macron representan solo el 37 % del padrón. En este número hay que considerar que según IPSOS casi un 40 %, del voto de izquierda y de los verdes que, aunque con bronca y a regañadientes, decidió bloquear a Le Pen. En 2017, Emmanuel Macron ya había enviado un pensamiento a quienes lo habían votado “sin tener sus ideas”: “Estamos comprometidos porque sé que esto no es un cheque en blanco. Conozco nuestros desacuerdos, los respetaré”. La promesa se esfumó a a partir del día siguiente de esa elección, nada indica que ahora será diferente. Enseguida, sus ministros, propiciadores de las reformas laborales y sociales que tanto repudio generaron, pasaron a felicitarlo por la reelección, a pesar que el 70% de los franceses rechazan estos proyectos. En Francia además hay que considerar a los no empadronados, más de 8 millones de inmigrantes reconocidos y un número indefinido de indocumentados, el 13 % de la población, quienes además son las principales víctimas de estas políticas.

Macron perdió 2 millones de votos respecto al 2017, en medio de un poder adquisitivo que se reduce día a día, la rabia en los hospitales y en el mundo educativo, donde tampoco es ajeno a este resultado, el cuestionado manejo de la pandemia, la irrelevante mediación ante la guerra en Ucrania y las nulas acciones para frenar el cambio climático. No tiene el crédito de su primer mandato y gobernará con una legitimidad muy debilitada El ganador no se beneficia de ningún cheque en blanco, sobre todo porque su propia campaña electoral, breve y más bien evanescente, no sirvió como purga catártica de la ira que atraviesa el país. Sin duda, una sombría victoria.

Los dirigentes sindicales se preparan para un periodo de alta conflictividad "Emmanuel Macron siente que tiene las manos libres ahora que es elegido, depende de nosotros demostrar que está equivocado" , enfatiza Philippe Martínez, secretario general de la CGT de hegemonía comunista, que agrega “el futuro de la Seguridad Social, la urgencia del poder adquisitivo -y habló del aumento de salarios y el reconocimiento de cualificaciones, no de las exenciones de cotizaciones promovidas por Emmanuel Macron, la cuestión del empleo, especialmente de los jóvenes están llamando a la gente a marchar el 1 de mayo sobre estos temas: la mejor respuesta a Macron será ser numerosos en la calle ese día y después”. Solidaires, agrupación de sindicatos antiglobalización, llama a “construir una contraofensiva de masas”: “Aunque tenga la legalidad de las urnas, no tiene legitimidad popular para aplicar sus reformas antisociales, empezando por la de las pensiones. Laurent Berger, líder de la CFDT, de orientación socialdemócrata más cauto expresó que “hoy se ha evitado lo peor, pero que, dada la puntuación de Marine Le Pen, nada puede ni debe ser como antes”.

Por otra parte en junio habrá elecciones legislativas, las llamadas tercera vuelta, donde su alianza con los republicanos y otros partidos de derecha podría perder la mayoría absoluta.

Si bien se pudo bloquear el acceso de la extrema derecha, el alivio por no ver a Le Pen en la presidencia, no puede obviar el hecho que nunca ha estado tan fuerte. Transita por un campo que no deja de normalizarse y progresar, reunió más de 13 millones de votos en la segunda vuelta, un 30 % más que en la elección anterior, un dato alarmante. Aunque derrotada, este dato debe tomarse como más que una pequeña victoria. Hace cinco años Marine Le Pen solo se impuso en dos departamentos: Aisne y Pas-de-Calais, en esta oportunidad obtuvo la victoria en 30. Las elecciones legislativas serán un momento importante, con el peligro de que la extrema derecha se muestre perfectamente legítima en el sistema y demuestre que está lista para tomar el poder. Según una encuesta el núcleo mayoritario que apoya a Le Pen tiene entre 25 y 35 años, un número importante de esa franja etaria, es la que sostiene a gran parte de la extrema derecha y proto fascista de Europa.

Sus tesis se han ido naturalizando, en la prensa se leen regularmente preguntas acerca si se la debía se lo es. Un fenómeno mundial donde sus discursos violentos y reaccionarios se difunden sin contraparte. Todavía, y no solo en Francia, hay un insuficiente análisis de los sectores que aceptan las consignas de la extrema derecha porque entre ellos se encuentran también quienes se hallan en situaciones terribles de desamparo social y no hallan respuesta ni cobijo en los partidos tradicionales, cada vez más desprestigiados. Los resultados de los republicanos, los socialistas, y las diversas agrupaciones de izquierda, han sido paupérrimos. Los comunistas, que se presentaron separados por primera vez desde 2007, en 2012 y 2017 apoyaron a Melenchon, presentaron la candidatura de su secretario general Fabien Roussel quien obtuvo el 2,3 %

Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, creada en 2016, consiguió mantener los votos obtenidos en el 2017, 7 millones, y colocarse como la tercera fuerza con el 22% a poca distancia de Le Pen. En la noche de la segunda vuelta, todos los líderes de los partidos de izquierda subrayan la contribución de sus votantes a la reelección de Emmanuel Macron. Todos negaron que el voto propio le hubiera dado una mayoría al presidente en ejercicio.

La izquierda por la tercera vuelta

Ante las legislativas de junio Francia Insumisa, FI, se entusiasma con la posibilidad de cambiar la secuencia de los gobiernos de la derecha “Por primera vez, la idea de una tercera vuelta puede ser una realidad”, asegura el politólogo Brice Teinturier [1], y sostiene “porque tenemos tres Francia y no dos”. Para tener posibilidades, la izquierda debe encontrar un terreno común, un espacio al que la FI, fuerte con un 22%, ha puesto sus condiciones. Jean Luc Mélenchon, reiteró su llamado a “elegirlo” como primer ministro durante las elecciones legislativas de junio.

Mélenchon, tachó a Emmanuel Macron, de ser el presidente de la V República "peor elegido" por los altos niveles de abstención. Nada en un océano de abstención, voto blanco y nulo", El líder de la Francia Insumisa felicitó a los franceses por la derrota de la ultraderechista Marine Le Pen, que según él supone "una buena noticia para la unidad del país" y convocó a los franceses a participar de forma masiva, "con valor y determinación", en las elecciones a la Asamblea Nacional de junio, para las que quiere encabezar una coalición de partidos de izquierda y ecologistas. "La tercera vuelta comienza esta noche. Podéis derrotar a Macron y elegir otro camino si dais una mayoría de diputados a la Unión Popular, que debe agrandarse", añadió. “Hay que actuar rápido”, reconoció Paul Vannier, responsable de las negociaciones del excandidato. "Todavía tenemos unos días para llegar a un acuerdo, pero no queremos precipitarnos. No se trata de un acuerdo electoral, no buscamos una coalición de izquierdas. Queremos consolidar una estrategia”,

La abstención y los chalecos amarillos

No hay duda que el alto abstencionismo, es una reverberación de los Chalecos Amarillos. Es difícil conjeturar que hubiera pasado si la sociedad francesa, como la mayor parte de la humanidad, no hubiera sido enclaustrada por efecto de la pandemia, pero en la memoria de quienes manifestaron su rebeldía en las calles, quedó el registro de la distancia insalvable que existe entre las instituciones, el poder real en un mundo dominado por fuerzas económicas transnacionales, una clase política ligada a ellas, y la realidad de millones que son depreciados. Cuando en 2018 se produjo el levantamiento de los Chalecos Amarillos, Macron, en un gesto clasista propio de las elites gobernantes, dijo que son” actos de aquellos que no son nada”

La rebelión que comenzó como un rechazo a la política fiscal del gobierno, fue creciendo hasta ampliarse con reclamos sociales y políticos, enfrentar la desocupación masiva y la amenaza de deslocalizar la producción de las empresas, que esta usaron como argumentos para imponer condiciones de trabajo cada vez más duras y obtener, a la vez, un fuerte aumento de la productividad y la disminución de los costos salariales. El rechazo a estas políticas, auspiciadas por el gobierno, devino también en un cuestionamiento a las formas políticas de la representación y la descalificación de quienes se dicen sus representantes, “Nos dan el derecho de elegir a quienes no va a engañar y despreciar”, “Nos manifestamos contra la dictadura del dinero sobre nuestras vida”, del Llamado de los Chalecos Amarillos de Saint Nazaire

El levantamiento de 2018/19 creó la oportunidad para que todos se pronuncien, se sientan con derecho a expresarse, a mostrar su realidad social. Esa experiencia ayudo a crear solidaridad, a poner palabras a la ira y a sacar a la gente del aislamiento. Como sostiene la historiadora Ludivine Bantigny[2]. “ El movimiento de los chalecos amarillos no fue políticamente homogéneo, pero, siempre que fue posible, las discusiones también consistieron en contrarrestar las ideas de la extrema derecha, y en las rotondas muchos se convencieron que es a través de la lucha que se puede dar el progreso social”. La lucha social siempre es un momento de esclarecimiento.

Un gobierno débil, en medio de una situación nacional de mucha conflictividad y un cuadro regional y mundial signado por la guerra, el cambio climático y la agudización de la crisis post pandémica, son los rasgos que condicionan el próximo tiempo, no sólo para Francia.

 

[1] Politicologo, autor del libro Nada más que hacer, nada más que importar - La verdadera crisis de la democracia ,

[2] Académica francesa profesora de historia contemporánea en la Universidad de Rouen-Normandie y especialista en la historia del mayo del 68. Autora de diversos libros de historia como Revolución siempre.

 

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