15/08/2022

Honduras, entre Berta y Xiomara

El triunfo de Xiomara Castro en las elecciones hondureñas del 28 de noviembre, implica un viraje político que pone fin, después de 12 años, al gobierno dictatorial, criminal y corrupto de Juan Orlando Hernández. Berta Cáceres y Xiomara, dos mujeres con orígenes y trayectorias diferentes, una, lideresa popular asesinada y la otra, presidenta electa, que signan la vida social y política contemporánea del país centroamericano.

Con la elección de Xiomara Castro, con más del 53 % de los votos, una mujer rompe la historia de dominio masculino presidencial en toda la turbulenta y dramática historia de Honduras. Es también la primera vez que una elección no es ganada por los partidos oligárquicos.

En pueblos y ciudades de todo el país estallaron en una fiesta en la que se gritó una y otra vez “se van, se van”. Los hondureños no olvidan aquel 28 de junio de 2009 cuando Mel Zelaya, el esposo de Xiomara, mediante un golpe de estado, fue destituido y expulsado del país por las Fuerzas Armadas, con la complicidad del Tribunal Supremo de Justicia, el Congreso dominado por miembros de los partido Nacional y Liberal.

Zelaya, miembro del partido Liberal, llegó al gobierno apoyando el ALCA, pero sorprendió a propios y ajenos con su viraje político. Presionado por las acciones de las coordinadoras indígenas y campesinas que cortaron rutas y llenaron las calles en repudio al Tratado de Libre Comercio, adhirió al ALBA y planteo el retiro de la base militar de EEUU en Palmerola. La consulta no vinculante sobre la convocatoria a una Asamblea constituyente, disparó la maniobra destituyente.

Ese cambio puso en tensión una añosa urdimbre de privilegios, tejida por el maridaje entre la oligarquía, los políticos y jueces corruptos, las fuerzas armadas, la iglesia y las corporaciones, que reaccionó apelando a un recurso recurrente, el Golpe de Estado, ya en su versión actualizada, enmascarado en ropaje institucional.

La imagen del presidente en pijama, sacado a la fuerza de su casa en plena noche de Tegucigalpa recorrió el mundo y dio lugar al inicio de una enconada resistencia por parte del pueblo que fue bárbaramente reprimida. Esta operatoria de golpes institucionales, donde buscan legitimación a partir de la colusión de los poderes del Estado, empezó en Haití en 2004 contra Jean-Bertrand Aristide y se continuó después de Honduras, contra Dilma Rouseff en 2016, y Evo Morales en 2019.

La plutocracia de los partidos liberal y nacional, las corporaciones estadunidenses, las empresas extractivistas que horadan el país, las constructoras de hidroeléctricas que devastan el territorio que son controladas por diputados que se otorgan las concesiones a sí mismos, junto a un grupo de familias dueñas de empresas financieras, del sector del café, el banano, el cacao, el azúcar y los cítricos, y de los principales medios de comunicación han dominado la política y conforman el bloque dominante, actor del golpe del 2009 y ha sido el principal beneficiario de estos 12 años del gobierno recién derrotado en las urnas.

Castro que proviene de una familia de hacendados, luego del golpe su posición crítica le granjeó parte del apoyo popular y la ubicaron en la primera línea política. Autoidentificada como una persona de izquierda, Castro afirmó que su lucha es por desarrollar en Honduras un modelo basado en el socialismo democrático. Lidera una coalición encabezada por su partido LIBRE, Libertad y Refundación, en base a un acuerdo forjado con la prioridad de terminar con el régimen, la alianza tiene su contrapeso conservador en el vicepresidente electo Salvador Nasralla, un popular locutor televisivo denunciante de la corrupción del gobierno.

 La campaña de LIBRE estuvo centrada en la crítica de las leyes destinadas a sostener al juan-orlandismo, con la promesa de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Carta Magna, en la crítica de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDES) —a las que calificó como una entrega de la soberanía popular a empresas internacionales—, en el rechazo al «modelo neoliberal» y a la corrupción. Castro prometió además terminar con el régimen de «narcodictadura» que encarna Juan Orlando Hernández. También puso un eje de especial importancia: el que se refiere al rol de las mujeres. Castro se manifestó contra la violencia de género y el acoso sexual, pero ha sido ambivalente en relación con el aborto y a un diálogo con todos los sectores para la puesta en marcha de una democracia directa y participativa.

El perfil carismático de Castro ha sido exitoso entre su militancia. Ha sabido aprovechar la herencia simbólica y material de su esposo. La victoria de Xiomara Castro llega respaldada además por una participación histórica que superó el 68%, una cifra especialmente alta en un contexto de apatía ante las urnas. Después de dos intentos como cabeza de lista, Castro de 62 años, regresa al poder como presidenta, después de haber sido derrocada como primera dama.

 

“Un país tan pequeño como Honduras, no puede permitirse el lujo de tener dignidad” José Azcona Hoyos, presidente entre 1985-1989, miembro del partido liberal.

Esa ha sido la lógica con que se gobernó históricamente a la nación centroamericana. El país entero fue durante décadas un protectorado político-militar de EE.UU, un centro operacional para conspiración y agresión, Guatemala (1954), Cuba (1961), Nicaragua (1979), y El Salvador (1980) acusaron recibo de ello cuando Honduras, El país portaviones de los EEU en la región, recibió a decenas de militares de la dictadura somocista que huyeron tras la revolución sandinista. Allí construyeron la base operacional de la “contra” coordinada por John Negroponte, embajador de EE.UU. y ex-asesor de seguridad en Vietnam, quien manejó los fondos del narcotráfico del Irangate para la agresión paramilitar contra Nicaragua. En esos años recibieron el aporte de militares de la dictadura argentina, quienes junto a expertos norteamericanos, alquilaron sus capacidades en sabotaje y terrorismo. Estos “asesores” permanecieron en funciones hasta 1987, cuatro años después del fin de la dictadura.

La mayor parte de los altos oficiales militares hondureños activos en el golpe pasaron por la Escuela de las Américas (S.O.A.). La base militar de Soto Cano, conocida también por su nombre de Palmerola, ubicada a menos de 100 kilómetros de la capital, fue reactivada en 1981 bajo la administración de Ronald Reagan, fue utilizada contra Nicaragua y contra los revolucionarios salvadoreños y guatemaltecos. En la base se encuentra la “Fuerza de Tarea Conjunta Bravo” de Estados Unidos, compuesta por elementos de las tres armas, que ocupa el 85 % del área de la base. Luego de perpetrado el golpe, Noam Chomsky señalo: “Sobrepasa la imaginación que Washington no tuviera conocimiento anticipado de lo que se fraguaba en Honduras, país altamente dependiente de la ayuda estadounidense y cuyo ejército es armado, entrenado y asesorado por Estados Unidos”. Esta complicidad quedo confirmada al conocerse los documentos del Pentágono que dan cuenta sobre la información que manejaba el Estado Mayor sobre los preparativos del golpe. El entonces presidente Barack Obama declaro su apego a la ley pidiendo la restitución del presidente electo, los hechos, como durante toda su gobierno, no confirmaron sus palabras: no rompió relaciones diplomáticas con Honduras, no cortó la cooperación militar y económica y rehusó reunirse con Zelaya.

En octubre de este año se inauguró un nuevo aeropuerto en Palmerola, el presidente Hernández declaro en esa ocasión “Vamos a mantener la terminal civil y nuestra fuerza de tarea conjunta (militar con Estados Unidos) porque eso es bueno para Honduras”

El régimen de Juan Orlando Hernández, admirador del viejo dictador Tiburcio Carías, ha arrasado con cualquier vestigio del estado de derecho, profundizando todos los indicadores negativos. Su gobierno ha enriquecido a sus aliados de la banca privada al otorgarles la administración de fondos públicos en forma de fideicomisos y les ha cedido el control de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros. Bajo su gobierno se ha aplicado una política de neto corte extractivista, con sus consabidas depredaciones de bosques, minería a cielo abierto y entrega de los bienes comunes como el agua. Ha convertido a Honduras en un narcoestado, su hermano Tony Hernández, ha sido condenado a cadena perpetua en Estados Unidos por narcotráfico a gran escala. Tan intocable se creía, que hasta le imprimía sus siglas TH a los paquetes de cocaína que producía. También está tras las rejas norteamericanas el hijo del ex presidente Porfirio Lobo Sosa, quien gobernó entre el 2009 y 2013.

El incremento de la violencia ha sido exponencial en los últimos años hasta marcar casi un 1000 % de aumento y situarse en más de 90 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2012, siendo el país con la mayor tasa de homicidios del mundo con cifras históricas en cuanto a homicidios tanto local como mundialmente desde 1998El Estado ha sido el promotor del crimen organizado con la activa participación de jueces, fiscales, policías, militares y políticos

Los familiares de los más de veinte asesinados en las protestas posteriores a las elecciones de 2017 por fuerzas del Estado siguen reclamando el esclarecimiento de las muertes. Son 26, los militantes sociales asesinados entre el 23 de diciembre de 2020 y el 25 de octubre de este año. En el marco del proceso electoral, caracterizado eufemísticamente como pacifico se registraron más de 30 las muertes violentas de dirigentes políticos locales.

Honduras es también el segundo país con mayor tasa de embarazos adolescentes y donde solo se resuelven el 5 por ciento de las denuncias que llegan al Ministerio Público, cifra que se achica aún más -aunque suene imposible- cuando son casos de femicidios o asesinatos a miembros de la comunidad lgtb, periodistas, abogados o defensores de derechos humanos

Nunca se investigó a la cadena de mando, ni el contexto en que se ocasionaron estas muertes. La dictadura le dio a la policía militar garantías de impunidad para capturar, torturar y ejecutar a opositores en las calles.

Según un reciente informe del Instituto Nacional de Estadística (INE 2021), en julio de 2021 la pobreza había alcanzado el 73.6% de la población. Entre quienes tienen trabajo, el promedio del salario mínimo es de aproximadamente 300 dls mensuales. “Ha habido una creciente desregularización del trabajo, unido a la profundización de la flexibilización y precarización laboral. Una de las leyes más nefastas ha sido sin duda la Ley de Empleo por Hora: se han perdido derechos y se han precarizado empleos permanentes Todas estas medidas anti obreras han impactado negativamente en la salvaguarda de derechos” declaró Joel Almendares, secretario general de la Confederación Unitaria de Trabajadores de Honduras (CUTH),

Según cifras de la Unidad técnica de seguridad alimentaria y nutricional (Utsan), son 1.3 millones las y los hondureños que enfrentan inseguridad alimentaria y casi 350 mil las personas en situación crítica. Mientras tanto, la tasa de desempleo ha alcanzado el 10% de la población económicamente activa (PEA). Son al menos 4 millones los hondureños con problemas de empleo y más de 700 mil los trabajadores desahuciados.

 Además de frutas, Honduras exporta mano de obra precarizada. Las remesas que envían quienes viven en el exterior superan en valor al 20 por ciento del Producto Bruto Interno, convirtiéndose en el mayor ingreso económico que tiene el Estado y en el único ingreso que tienen muchas familias.

Honduras es una máquina de expulsar, son millares las familias que han encontrado como única opción la migración irregular, la inmensa mayoría de las cuales están siendo retenidas en las fronteras. Las caravanas de migrantes son el retrato de una de las tragedias más profundas de los últimos 40 años. En un país de nueve millones de habitantes migran por la pobreza y la violencia 250 personas por día, en su mayoría jóvenes. En 2020 de los 100 mil que migraron casi la mitad fueron interceptados en las fronteras y deportados. Esta migración en aumento también bién es el resultado de la pésima gestión gubernamental ante los impactos de la pandemia de Covid-19 y los dos huracanes, Eta y Lota que embistieron al país el año pasado.

Este es el dramático cuadro que enfrentara el nuevo gobierno a partir del 22 enero y estas son las lacras que no admiten retoques ni cambios formales. Son poderosas las fuerzas a enfrentar cuando se plantea la refundación de la sociedad hondureña.

 

El legado de Berta

El 3 de marzo de 2016, en La Esperanza, en la misma tierra que la vio nacer 45 años antes, un grupo de sicarios forzó la entrada de la casa de Berta Cáceres y la asesinó. En ese entonces ella reconocía que eso podía pasar. Había molestado demasiado al poder y se había enfrentado a los negociados de una dictadura. Su intención: cuidar la dignidad de las comunidades hondureñas. Sufrió el mismo crimen femicida que otras lideresas de Nuestra América como Beti Cariño (2010 / Oaxaca, México), Nilce de Souza Magalhães (2016 / Rondonia, Brasil), Macarena Valdes (2016 / Wallmapu, Chile, similar odio que un par años después terminaría con las vidas de Marielle Franco (2018/ Brasil) y Cristina Bautista (2019 / Cauca, Colombia).

En 2018 fueron condenados siete hombres como autores materiales de su muerte y el 5 de julio de este año se produjo la primera condena contra David Castillo Mejía, ex presidente ejecutivo de la empresa hondureña Desarrollos Energéticos S.A. (DESA), la constructora responsable de la hidroeléctrica contra la que se oponía Cáceres. La familia considera el fallo “una victoria de los pueblos”.

Berta era mucho más que una activista ambiental, “Refundar el país no consiste sólo en tener una Asamblea Nacional Constituyente y una nueva Constitución. No. Significa en la práctica desmontar todas las formas de dominación”. Como relata Claudia Korol, su entrañable amiga y compañera: “Era una mujer que transgredió muchas fronteras en las que se pretenden encerrar los proyectos libertarios. Revolucionaria desde jovencita, Muchas Bertas y siempre la misma: la compañera indomesticable. Hoy vive en las raíces de su pueblo Lenca. La llaman guardiana de los ríos

Berta fue fundadora y dirigente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) creada en marzo de 1993 para defender del medio ambiente y los derechos de sus pueblos.

Antes de las elecciones el COPINH declaró: “En las urnas no cambiará Honduras pero votar en contra de la dictadura que nos gobierna será un paso”. El pueblo hondureño, en su mayoría, dará un voto de rechazo frente a los padeceres acumulados ante la victoria electoral de Xiomara Castro en las elecciones presidenciales comunica lo siguiente:

Conocida la victoria de Xiomara Castro el COPINH declaró: “ Celebramos con cautela pero con esperanza la victoria de Xiomara Castro, siendo electa como la primera presidenta de Honduras, rompiendo el dominio masculino del poder ejecutivo de la historia de Honduras y la hegemonía golpista autoritaria sostenida durante más de 12 años”

Exhorta al nuevo gobierno a cumplir las propuestas de justicia social para Honduras, justicia para las los mártires, a convocar una Asamblea Nacional Constituyente Popular para refundar Honduras, y a continuar la lucha para desmontar los poderes fácticos contrarios a los derechos de las mayorías y ejercer el poder popular.

 

Referencias:

Las revoluciones de Berta, conversaciones con Claudia Korol. – Ed. América Libre Descargar en https://www.cesp-pd.it/spip/IMG/pdf/lasrevolucionesdeberta.pdf

Guardiana de los ríos. Documental https://www.youtube.com/watch?v=Lwwe4MOGfmo&ab_channel=Audiovisuales%7CRadioProgreso%2CERIC-sj

Al borde de las sombras. Documental https://www.youtube.com/watch?v=IcYxbFnK0jI&ab_channel=TeCsTertuliasenCuarentena

 

 

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