29/09/2022

Homenaje Maruja Martínez Castilla.

 

Maruja Martínez Castilla (1947-2000)
 
 
“En los Andes, en el pasado, la metáfora cristiana
de los muertos volviendo a vivir al final de los tiempos
sirvió de aliento a más de una esperanza:
quizás todavía sirva”

Alberto Flores Galindo: La utopía andina
 
El día 3 de agosto del 2000, una fulminante enfermedad acabó con la vida de Maruja Martínez. Jaujina, figura emblemática de la generación de “heroicos jóvenes” a quienes José María Arguedas entrega la posta en su testamento, intransigente e inquebrantable militante de la justicia, deja una gran obra y un vacío difícil de llenar.
 
Desde SUR, casa de estudios del Socialismo, animó no sólo numerosas actividades culturales vinculadas con el Perú y el pensamiento crítico, sino que impulsó una aventura editorial que mereció numerosos reconocimientos. No sólo editó los 17 números de la revista Márgenes —el último de los cuales acaba de entrar en circulación— y más de 20 libros, sino que emprendió con dedicación y cariño la tarea de recopilar y editar —conjuntamente con Cecilia Rivera— las Obras Completas de Alberto Flores Galindo, de las cuales llegó a publicar cuatro tomos. En sus últimas semanas culminó la revisión de dos libros que se incorporarán al catálogo de SUR en las próximas semanas.
 
Mención aparte merece su libro Entre el amor y la furia, crónicas y testimonio (Sur, Lima, 1997), en el que reconstruye el proceso vital que la lleva desde el país de Jauja a la militancia política, y desde ésta al redescubrimiento de sus propias raíces y el valor de los amigos, sin abandonar su terca apuesta por un socialismo que sea, por encima de todo, otra moral y otra cultura. Además, la escritura testimonial le permitió descubrir un talento literario que decidió cultivar iniciando estudios de Literatura en la universidad de San Marcos. En los días de su enfermedad pudo comprobar el enorme cariño que despertó entre sus jóvenes compañeros por su sencillez y creatividad.
 
Recordando sus experiencias en la prisión que sufrió en la década del 70, escribió: “siento que el estar del lado de los pobres, de los humillados, me resguarda”. En las últimas semanas de su vida estuvo resguardada por muchos de ellos, quienes junto con familiares, amigos, condiscípulos, velaron en torno a ella, recibiendo aliento para seguir adelante. Quizás una de sus últimas satisfacciones fue saber que los “heroicos jóvenes” no han desaparecido, simplemente han cambiado de rostro.
 
Los restos de Maruja fueron cremados y sus cenizas regresaron a Jauja, desde donde seguirá acompañándonos en la lucha por la justicia, por el pan y la belleza.
 

 

 

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