27/11/2022

Brasil y las elecciones en la disputa geopolítica mundial

La invasión y guerra en Ucrania, la acción conjunta de Estados Unidos/OTAN/Unión Europea y los acuerdos firmados entre Rusia y China en febrero de este año refuerzan la tendencia de cambios en la geopolítica internacional, trayendo la pregunta sobre el surgimiento de un Nuevo Orden Mundial.

El supuesto multilateralismo, del período posterior a la 2ª Guerra Mundial con sus organismos internacionales (ONU, Banco Mundial, FMI) y el mundo multipolar de la posguerra fría se han alterado profundamente.

“Estamos presenciando una nueva era en la que el orden geopolítico es desproporcionalmente desafiador, sin cortinas de hierro, mucho más maleable, con factores informacionales y cibernéticos adquiriendo una relevancia difícil de medir. Los aspectos económicos y geopolíticos están integrados como nunca antes." (Ibáñez y Westmann, 2022).

Desafortunadamente, los posibles cambios en las jerarquías de poder se están dando nuevamente a través de la guerra y la demostración del poder bélico.

“La historia de las relaciones internacionales demuestra que toda ruptura de un orden mundial establecido implica el uso de la fuerza”. (Júnior, 2022)

Además, la opción por la vía autoritaria sigue siendo recurrente. De ahí que hoy tengamos tales gobiernos que recurren a actos truculentos contra sus poblaciones o intervenciones fuera de sus fronteras nacionales. Ejemplificando algunos de ellos: Erdoğan (Turquía); Katalin Novak (Hungría); Bolsonaro en nuestro país; Putin (Rusia), entre otros que forman parte de la creciente extrema derecha en todo el mundo.

Advertimos que esto es algo que está en curso, y por eso estamos en medio de situaciones inconclusas e incertidumbres y que llevan consigo aspectos del pasado y del presente. Sin embargo, algunas tendencias se pueden notar.

Es importante reconocer que hay una crisis, sin solución a la vista, del proceso de occidentalización que permitió la globalización y el desencadenamiento del proceso de globalización del capitalismo iniciado en los siglos XV y XVI, así como el cuestionamiento del patrón dólar. El consiguiente sistema/mundo capitalista que surgió de los primeros movimientos del capitalismo desde Europa, seguirá existiendo con cambios en su configuración. En otras palabras, el orden capitalista globalizado, a pesar de su profunda crisis estructural, se mantiene a pesar de presentar cada vez más contradicciones. Lo que tenemos ahora, desde nuestro punto de vista, es un cuestionamiento de los centros tradicionales de comando y decisión del capitalismo globalizado. Nos referimos a Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia.

En ese momento, está en marcha la formación de un polo “eurasiático” y, con él, el desplazamiento del poder político, económico, tecnológico y militar, en el marco del sistema-mundo capitalista y no la ruptura con él.

En este nuevo reordenamiento geopolítico, en orden descendente de escala de poder, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia, a pesar de haber perdido fuerza política y económica, siguen teniendo un papel destacado en el escenario internacional, especialmente en los aspectos financiero y militar. Sin embargo, es innegable el predominio de un polo político-económico “euroasiático”, con énfasis en los países sobrepoblados, China y Rusia y, secundariamente, India.

Por lo tanto:

“Más que una nueva Guerra Fría, lo que vemos hoy es el principio del fin de una era basada exclusivamente en valores occidentales, supuestamente superiores, y el renacer de un nuevo orden aún no definido, que trae consigo, conviviendo en una discordante manera, elementos del viejo y del nuevo orden”. (Ibañez y Westmann, 2022) Esto no quiere decir que se rompa la relación centro-periferia del orden capitalista que ha durado siglos, con cambios en la actual División Internacional del Trabajo. Por el contrario, vemos sólo la expansión, una extensión del centro de mando de los circuitos del capital globalizado hacia Asia.

 

América Latina y el Caribe en este nuevo ajedrez geopolítico

En este nuevo escenario geopolítico, el “Sur Global”, es decir, los países de la periferia de los tradicionales centros de mando de la economía capitalista, aun con el surgimiento de nuevos centros de mando, profundizan su rol dependiente y, en buena medida, avanzan hacia una recolonización. Es evidente que la relación de América Latina y el Caribe, por ejemplo, con China parece ser diferente a la relación establecida con Estados Unidos. China no es responsable de la introducción en América Latina y el Caribe del modelo extractivista y agrario-exportador. Mucho menos participó en la implementación de dictaduras y golpes de Estado en países americanos. Pero detrás de la cordial relación comercial con China, tenemos la succión de nuestras riquezas naturales y nuestra producción agrícola para la economía china.

“Los datos económicos no dejan dudas sobre la creciente importancia de la alianza entre China y América Latina y el Caribe (ALC), impulsada por la adhesión de 21 de los 33 países de la región a la Iniciativa del Cinturón y la Ruta (ICR), lanzada por Xi Jinping en 2013. Su comercio bilateral saltó de 14.900 millones de dólares estadounidenses en 2001 a 451.500 millones de dólares estadounidenses en 2021, con una balanza comercial razonable (superávit chino de 6.500 millones de dólares estadounidenses)”. (Fernandes, 2022) En esta pujante relación comercial con China, nuestro papel dependiente y secundario en la actual División Internacional del Trabajo no ha cambiado.

“Sin embargo, gran parte de esta relación económica aún se basa en la clásica dinámica centro-periferia, en la que ALC exporta bienes de bajo valor agregado, como soja, carne, aceite, metales, etc., e importa manufacturas, algunas de ellas de alta tecnología con la especialización de China en esta área en las últimas décadas”. (Ídem)

Además, como dijimos anteriormente “[...] el carácter hiperconcentrado de las actividades agroindustriales y extractivas, con poca generación de empleos, bajos salarios y daños al medio ambiente por la falta de regulación estatal, dificultan la dinámica de esta relación desfavorable para ALC en el largo plazo, tendiendo a reproducir las estructuras sociales desiguales de nuestras sociedades.” (Ídem)

En base a esto, lo que podemos tener es un mantenimiento y/o profundización del rol subordinado y dependiente en la División Internacional del Trabajo con graves perjuicios al medio ambiente y a la situación de vida en nuestro continente.

No abogamos por la sumisión a los Estados Unidos, Europa, y mucho menos a cualquier otro país. Estamos alertando que continuamos en el proceso de profundizar y mantener los niveles de exploración en nuestra América.

Las nuevas oleadas de rebeliones sociales vienen generando el retorno de la llamada “izquierda rosa”, en polarización con la ultraderecha, aunque sin un programa para romper con el patrón de subordinación y dependencia, pero pueden abrir escenarios más favorables para el mantenimiento/desarrollo de las resistencias de base y autónomas.

Sin embargo, es importante señalar que hay una secuela de sectores de ultraderecha que intentan recuperarse, y nada impide que esto suceda en Chile o Perú. No está del todo determinado que tendremos una hegemonía de gobiernos progresistas, esto aún es un devenir. Dentro de esto, Brasil juega un papel importante.

 

Brasil: la situación frente a este marco y el proceso electoral

El caso de Brasil no es diferente de la situación a la que se encuentra sometida América Latina y el Caribe.

Veamos:

“Solo en Brasil –incluso con fuerte resistencia del ala ideológica del gobierno de Bolsonaro– hubo un aumento de la participación asiática en nuestra economía, que hoy representa casi la mitad de nuestro comercio exterior, siendo China su mayor socio. Entre 1997 y 2021, las exportaciones brasileñas al dragón asiático crecieron casi un 5700%. En el mismo período, para EE.UU. no superó el 330%. Es una gran diferencia”. (Ibáñez y Westmann, 2022)

El proceso de desindustrialización avanza en detrimento de la profundización del modelo agrícola y extractivo, orientado al mercado exterior, y que ha ido consolidando nuestro papel de economía dependiente, en un proceso que algunos llaman neocolonización.

Sabemos que aún en los gobiernos del PT este patrón no se ha roto y en muchos casos se ha profundizado, como en el caso de la agroindustria. Sin embargo, aún existían algunos atenuantes como la demarcación de resguardos indígenas y quilombolas, un mayor peso del FUNAI y del IBAMA, cierto control de la deforestación.

Hoy lo que tenemos es una devastación abrumadora, con incendios que destruyen el Pantanal, la Amazonía y otros biomas brasileños con el respaldo abierto de un presidente que también es defensor de la minería y la extinción de los pueblos indígenas.

En el tema industrial, ya había una caída del peso relativo de la industria en la composición total de la economía, pero la política económica, a pesar de sus ilusiones neodesarrollistas, así como los programas de autopartes de fabricación nacional, apuntaron a contrarrestar esta tendencia.

En base a la Encuesta Industrial Anual (PIA) 2019, publicada en diciembre de 2021 por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), es posible tener una idea del impacto del proceso de desindustrialización en nuestro país.

“[...] de 2013 a 2019, el país perdió 28.700 empresas y 1,4 millones de empleos. En 2019, el país tenía 306.300 industrias, un 8,5% menos que su pico seis años antes. Estas empresas empleaban a 7,6 millones de personas antes de la crisis sanitaria, una reducción del 15,6% respecto a 2013. Los salarios del sector, en general superiores a los de otros segmentos, también sufrieron pérdidas. En la industria extractiva, la remuneración pasó de un promedio de 5,9 salarios mínimos (m.m.), en 2013, a 4,6 m.m., en 2019. En las industrias manufactureras, la reducción fue de 3,3 m.m. a 3,1 s.m.” (Oliveira, 2021)

Según la CNI (Confederación Nacional de la Industria), los ingresos industriales cayeron un 22,5% hasta el último mes de febrero de 2022.

Con el ascenso de Bolsonaro, tuvimos la aceleración de la desindustrialización sin contratendencias. Bolsonaro ya expresó varias veces que Brasil tiene que explotar su mayor riqueza, que son sus recursos naturales, y para eso es necesario acabar con las regulaciones, los órganos de control y dar rienda suelta al extractivismo.

Participación de los sectores en el PIB, en años seleccionados según el IBGE:

- 2011: 4,3% (agricultura); 23,1% (industria); 57,6% (servicios); 15% (impuestos netos sobre los productos);

- 2015: 4,3% (agricultura); 19,4% (industria); 62,3% (servicios); 14% (impuestos);

- 2021: 6,9% (agricultura); 18,9% (industria); 59,4% (servicios); 14,9% (impuestos); (Castro, 2022)

 

¡Derrotar a Bolsonaro y a la ultra derecha en las calles y en las elecciones!

Si bien las elecciones no son las causas ni las soluciones estructurales de los problemas sociales, hoy están en el centro de la coyuntura y de la posibilidad de reubicar, con una posible elección de Lula, en mejores condiciones, a través de presiones de los movimientos sociales para re-discutir rumbos para el país.

Una victoria de Bolsonaro, un autogolpe o incluso una intervención militar, con la justificación de enfrentar la provocación promovida por sectores de base de apoyo de Bolsonaro, significaría la desmoralización de amplios sectores, no solo de la vanguardia, sino también de las masas y abriría un período mucho más difícil y peligroso para la continuidad de las luchas.

Así, en los próximos 2 meses estaremos enfrentando grandes desafíos y definiciones para el rumbo político del país.

 

Nuestros desafíos inmediatos

El desafío práctico central e ineludible de la coyuntura es la derrota de Bolsonaro, preferentemente en la primera vuelta de las elecciones, lo que hoy no está ni mucho menos garantizado, al tiempo que, sin renunciar a las luchas en las calles, para evitar cualquier proceso golpista que está construyendo el presidente genocida.

Él está reuniendo a su base de apoyo y buscando la participación de las fuerzas armadas para el 7 de septiembre (Día de la Independencia) como prueba de su fuerza. La izquierda, movimientos sociales y populares, convocaron y realizaron manifestaciones el 11 de agosto y convocan nuevas manifestaciones el 10 de septiembre.

Las manifestaciones del 11 de agosto se dieron en torno a una iniciativa de sectores liberales que ahora quieren desmarcarse del gobierno de Bolsonaro (a la que se sumaron sectores patronales como FIESP y sectores financieros como FEBRABAN), una carta en “defensa del Estado Democrático de derecho” en la que se hace la defensa de una democracia abstracta y en la que se afirma explícitamente que se han superado los legados de dictadura, tortura, etc…, que hay en Brasil “independencia de poderes”… En esta carta, no hubo golpe parlamentario en 2016, no hubo presiones de un comandante del Ejército sobre el STF, ni el impedimento de Lula para postularse a la presidencia a través de una farsa judicial. Al final, los partidos y movimientos de izquierda sirvieron de escalera y apoyo a una estrategia de sectores de la burguesía que apoyaron el golpe de 2016 y la elección de Bolsonaro para limpiarse las manos y presentarse como “demócratas” (con la amplia y positiva cobertura de los principales medios de comunicación).

Si no se presta la debida atención y valor a las estrategias de sectores de la burguesía disidentes del gobierno de Bolsonaro, se corre el riesgo de que los movimientos sociales y populares vuelvan a encontrarse en la cobertura de una agenda liberal de defensa abstracta de una democracia ficticia.

Estamos, por tanto, en un cuadro complejo. Por un lado, no podemos despreciar los aspectos mínimamente progresistas de la democracia burguesa como forma de contención y combate a los proyectos autoritarios y neofascistas, así como la vía menos desfavorable, dentro del capitalismo, para la expresión de las demandas sociales, sus organizaciones y activistas. Esto es muy importante a la hora de enfrentar a la ultraderecha que busca romper con la democracia burguesa a través de un sesgo aún más autoritario y represivo.

Al mismo tiempo, es necesario presentar los límites de la democracia burguesa que hoy, cuando el capital se encuentra en una fase de crisis estructural, se está convirtiendo en un régimen político cada vez más opresor tanto por su esencia (democracia de los ricos) como por las presiones que ejerce por la extrema derecha. Sin contar que ahí seguirán las soluciones autoritarias como alternativas al capital si fracasa la alternativa democrática.

Por eso, no podemos aferrarnos a la democracia burguesa como un régimen político estratégico, primero por su carácter burgués y luego porque está en crisis (crisis de la política y de las instituciones), razón que hizo crecer a la propia ultraderecha.

Incluso derrotada electoralmente, la ultraderecha seguirá ahí, tolerada por la burguesía y las propias instituciones del sistema, ya que puede servir como presión constante contra un futuro gobierno de Lula, y especialmente contra las reivindicaciones y los movimientos sociales.

También sabemos que el PT y el reformismo pueden incluso jugar un papel en la derrota electoral momentánea de la ultraderecha y el fascismo, pero no en su derrota estructural, especialmente con el recrudecimiento de la crisis estructural del capital.

Si un eventual gobierno de Lula, que ya probó y declaró que no pretende enfrentar al capital, que se vincula incluso con Alckmin (un liberal, vinculado al Opus Dei, de la Iglesia Católica, exgobernador del Estado de São Paulo y que atacó y reprimió varios movimientos en el estado) no logra mejorar mínimamente las condiciones de vida de las masas populares que habrán votado por él, y al mismo tiempo sufrir boicots en el Congreso y en otras iniciativas, tendremos las condiciones para un fortalecimiento aún mayor de la ultraderecha y su posible regreso con mucha más fuerza.

Como no podemos esperar del PT una posición consistente de lucha contra la versión liberal-democrática de la burguesía o la ultraderecha, es necesario que la izquierda socialista se proponga construir desde abajo una alternativa anticapitalista, que lamentablemente todavía estamos muy lejos de lograrlo. Este es el desafío más estratégico del presente.

Por eso, sin renunciar a los conflictos actuales, tenemos que pensar y orientar un proyecto y una práctica que vaya más allá de las elecciones. Más que la derrota electoral de Bolsonaro y la movilización constante y preventiva contra cualquier intento de golpe, es necesario construir estratégicamente una alternativa de izquierda socialista.

 

Algunas propuestas:

Para empezar, desde ya no podemos vender ilusiones. Necesitamos tener una discusión transparente con la población pobre y trabajadora que, aunque necesaria, la elección de Lula no será ni siquiera un regreso a la década de 2000, tanto por el contexto externo e interno como por las alianzas y compromisos.

El presupuesto formal es más ajustado y el capital financiero quiere cada vez más. Vea en perspectiva la evolución de la Deuda Pública en 2019.

EN 2019 - HASTA EL 31/12

BRL 1.037.563.709.336 = 2,8 BI/DÍA

(1 BILLÓN 37 MIL MILLONES 563 MILLONES 709 MIL 336 BRL = 38,27% DEL GASTO)

EN 2020 - HASTA EL 31/12

BRL 1.381.535.271.024 = 3,8 BI/DÍA

(1 BILLÓN 381 MIL 535 MILLONES 271 MIL 24 REALES = 39,08% DEL GASTO)

EN 2021 - HASTA EL 31/12

BRL 1.960.823.058.735 = 5,4 BI DÍA

(1 BILLÓN 960 MIL 823 MILLONES 58 MIL 735 BRL = 50,78% DEL GASTO)

(Divisor de auditoría de deuda ciudadana, 2022)

Todavía es fundamental convocar e impulsar la lucha y organización independiente para imponer las demandas populares de los distintos movimientos sociales que han ido acumulando sus demandas en los últimos años: movimientos de trabajadores, funcionarios, por la Tierra, Vivienda, Educación, Mujeres, Movimientos Raciales, Indígenas, Quilombolas, LGBTQIA+.

La construcción de una alternativa socialista revolucionaria no puede ni será sólo una expresión de la voluntad, debe partir de estos movimientos.

La lucha por el desarrollo y fortalecimiento de prácticas alternativas como ocupaciones, huertas y talleres colectivos, comedores comunitarios, movimientos quilombolas e indígenas, organizaciones cooperativas de autosostenimiento, cursos preparatorios para exámenes de ingreso a la universidad, proyectos educativos críticos, puesta en común de artículos diversos y otros.

De estos espacios, junto a las luchas concretas, puede surgir una alternativa no sólo verbal y política, sino también popular y social.

Pero para eso, la izquierda socialista necesita poder presentar una salida programática que responda y dialogue con las necesidades más urgentes de la población trabajadora y que abra el camino para una mayor transformación.

Presentamos algunos ejes en este sentido para el debate con los movimientos, en la lucha por su unificación en un proyecto unitario:

- Lucha contra el hambre y la miseria: Ayuda de 1 salario mínimo para desempleados y personas necesitadas. Impuestos a las grandes fortunas para subsidiar esta vital política social; reducción drástica de los precios de los alimentos básicos y combustibles;

- Reversión de medidas y (contra) Reformas realizadas por los gobiernos de Temer y Bolsonaro. Reversión de privatizaciones (de Petrobras, Electrobras, carreteras, puertos, aeropuertos, etc.);

- Reforma agraria con prioridad para la agricultura agroecológica en régimen cooperativo, con producción y caudal garantizado y subsidiado por el Estado a precios asequibles para la población.

- Reforma urbanística con ocupación y expropiación de terrenos destinados a la especulación inmobiliaria y construcción de viviendas populares y comedores comunitarios.

- Demarcación de tierras indígenas, reforma agraria y quilombolas;

- Cuotas raciales y lucha contra todas las formas de discriminación y racismo;

- No al machismo y al patriarcado. Fondos para combatir la violencia contra las mujeres y la población LGBTQIA+; construcción de casas refugio, lavanderías comunitarias y restaurantes comunitarios;

- Auditoría y el no pago de la Deuda Pública. Inversión de la cantidad pagada anualmente para los usureros en: Plan de obras y dinamización de servicios públicos, generadores de empleo; 10% del PBI para Educación Pública bajo el control de trabajadores y estudiantes; Inversión en los SUS públicos y gratuito bajo el control de los trabajadores;

- Gestión de los servicios y organismos públicos por los consejos de empleados y representantes de la población.

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Bibliografía:

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CASTRO, Fabrício de INDÚSTRIA BRASILEIRA ENCOLHE E FATURA 22,5% MENOS QUE O RECORDE DE 2013. Disponible en: https://economia.uol.com.br/noticias/redacao/2022/04/16/crise-apos-crise-industria-fatura-225-menos-em-relacao-ao-pico-historico.htm. Acceso en: 08/08/2022.

FERNANDES, Marco. CHINA, AMÉRICA LATINA E CARIBE NA ENCRUZILHADA DA HISTÓRIA. Instituto Tricontinental de Pesquisa Social. Disponible en: https://www.brasildefato.com.br/2022/05/27/china-america-latina-e-caribe-na-encruzilhada-da-historia. Acceso en: 02/08/2022.

IBAÑEZ, Pablo e WESTMANN, Gustavo. ENSAIO SOBRE A NOVA GEOPOLÍTICA, EM QUATRO MAPAS. Disponible en: https://outraspalavras.net/geopoliticaeguerra/ensaio-sobre-a-nova-geopolitica-em-quatro-mapas/. Acceso en: 02/08/2022.

JÚNIOR, Pedro Donizete da Costa. A NOVA ORDEM INTERNACIONAL POLICÊNTRICA. Disponible en: https://jornal.usp.br/artigos/a-nova-ordem-internacional-policentrica/. Acceso en: 02/08/2022.

OLIVEIRA, Regiane. “VAMOS VIRAR UMA GRANDE FAZENDA”: BRASIL VIVE ACELERADA DESINDUSTRIALIZAÇÃO. Disponible en: https://brasil.elpais.com/economia/2021-12-07/o-brasil-vai-virar-uma-grande-fazenda-um-pais-em-acelerada-desindustrializacao.html. Acceso en: 08/08/2022.

 

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