28/05/2024

RUSIA 1917 Vertientes y afluentes Actualidad de la revolución y socialismo

Por Revista Herramienta

Aldo Casas, amigo y compañero, ha publicado la primera parte de un trabajo sobre la revolución rusa del que me gustaría hacer un breve comentario. Antes, sin embargo, debo decir, que Aldo es un veterano militante revolucionario con el que compartí experiencias en Europa y América Latina cuando ambos militábamos en la Cuarta Internacional. De aquí puede deducirse que, tanto su libro como mis comentarios, son necesariamente “subjetivos” en la medida que la revolución rusa representó, para nuestras generaciones, un necesario punto de referencia. Las figuras de Lenin y Trotsky, el partido bolchevique, los soviets, la insurrección y la toma del poder, el papel de la clase obrera y el campesinado; en definitiva, la dinámica de la revolución socialista internacional. Así lo explica Aldo en su libro:

He tratado de entender lo que dijeron (o escribieron) y lo que efectivamente quisieron o pudieron hacer aquellos revolucionarios; consciente o inconscientemente movidos por conveniencias tácticas u obligados por las circunstancias. Y no me refiero solo a los líderes bolcheviques (con toda su diversidad), sino también a quienes fueron sus camaradas, compañeros de ruta y, o (en distintos momentos y circunstancias) adversarios, mencheviques, eseristas, maximalistas, anarquistas, sindicalistas, espartaquistas, comunistas de izquierda, consejistas, etc. Y lo que es más difícil, he tratado de dar visibilidad a las movilizaciones, esperanzas, frustraciones y sufrimientos del pueblo trabajador, de aquellas mujeres y hombres que, totalmente anónimos o casi desconocidos, fueron los protagonistas centrales de aquella gesta.

En mi opinión, Aldo, ha cumplido sobradamente este objetivo. Su libro no es únicamente una descripción de hechos, sino una valoración crítica de los acontecimientos. Eso es lo que le da, desde mi punto de vista, mayor realce al proyecto. A partir de aquí estoy absolutamente convencido (por lo que he hablado con él), que la segunda parte será una profunda reflexión sobre el “Estado soviético”, y con toda probabilidad nos llevará a otras tan necesarias como el problema del poder, la economía, la cultura, las relaciones internacionales y el propio marxismo revolucionario. Creo que la revolución rusa es un tema que no pierde actualidad bien sea por sus defensores o detractores (ahora muchos más numerosos), el motivo -no cabe la menor duda- es que se trata de uno de los tres o cuatro acontecimientos más importantes del siglo XX. No se puede explicar la historia del siglo pasado sin una mirada atenta a una de las mayores revoluciones que haya conocido la humanidad; y a pesar de ello, ha sido permanentemente cuestionada. Si, cuestionada no solo en sus valores y principios (lo que es absolutamente legítimo tratándose de un movimiento revolucionario que iba dirigido contra la autocracia zarista y el capitalismo en guerra), sino más aún, cuestionada como hecho de facto. Increíble pero cierto. ¿Cómo es posible que todavía historiadores liberales, conservadores o socialistas, se pregunten si la revolución de octubre fue una verdadera revolución o un golpe de estado? Pues sí, transcurridos más de cien años esa pregunta no solo se ha hecho recurrente, sino incluso más intensa. Por supuesto, Aldo, responde a este interrogante en su libro (para mí uno de los principales puntos).

Pero no quiero dejar pasar esta oportunidad sin agregar una breve reflexión. Además de apoyar uno de los argumentos centrales del libro de Aldo, y es que hay que analizar la insurrección de octubre como un proceso revolucionario único en dos tiempos (febrero y octubre); y como una combinación de cuatro dinámicas que convergen en una (el proletariado urbano, las nacionalidades, el campesinado y la guerra mundial); me gustaría agregar una línea argumentativa más. El intento de limitar la revolución rusa a los episodios de febrero y considerar octubre como un golpe de estado, responde a una línea propagandística que tenía como objetivo frenar su alcance histórico, y desprestigiar sus objetivos socialistas. La auténtica revolución es contra el zar pero no contra el capitalismo. De esa manera, quedábamos advertidos todos de que se podía llegar solo hasta un punto: la democracia burguesa; pero no se podía avanzar hacia el socialismo porque poner en riesgo la estabilidad del sistema capitalista internacional era golpista, putschista y antidemocrático. Era saltarse las reglas del juego y proponer un horizonte donde las clases trabajadoras, campesinas y plebeyas no fueran espectadoras de la historia sino sus protagonistas. Negarle el carácter de revolución a la toma del poder de obreros, marineros, soldados y campesinos pobres; es como intentar tapar la luna con el dedo. Las revoluciones no son un decreto de los periodistas o escritores, las revoluciones sencillamente se hacen y punto. A partir de ahí lo que ocurra en adelante no quita el hecho de lo que ya ha tenido lugar. Así ocurrió por ejemplo con todas las grandes revoluciones del siglo XX pero también con la revolución inglesa en el siglo XVII o la francesa en el siglo XVIII. No podemos imaginarnos a Guizot afirmando que la revolución puritana no tuvo lugar por los supuestos excesos del ejército de Oliver Cromwell. Tampoco a Saboul diciendo que la revolución francesa fue un levantamiento de los sansculottes acaudillados por la radicalidad jacobina pero que nada tenía que ver con un proceso revolucionario objetivo que provocó, además de miles de muertes, cambios estructurales en la economía y en sistema de clases. Pues bien, creo que la revolución rusa, para analizarla y criticarla, hay que reconocerla. Es lo que hace Aldo diseccionando diferentes etapas y dejando hablar a sus protagonistas. La revolución rusa fue un gran acontecimiento histórico sin el que no podríamos explicar el surgimiento del fascismo, la segunda guerra mundial, la guerra fría y las revoluciones en el llamado tercer mundo. Es evidente que hoy no tengo la misma percepción que yo tenía hace cuarenta años sobre todos los acontecimientos “rusos”, sin embargo el trabajo de Aldo es un inicio para empezar a dejar “las cosas en su sitio”, para reflexionar, para ahondar y sobre todo, para no avergonzarnos de seguir postulando una sociedad más libre, más justa y más igualitaria.

 


* Esta reseña fue publicada en la revista Transversales  (Estado de España). Su autor nos las envía para que sea compartida con los lectores de Herramienta.

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