16/08/2022

Sobre "Rusia 1917. Vertientes y Afluentes. Actualidad de la Revolución y Socialismo", de Aldo Casas

Aldo Casas es un intelectual argentino de formación trotskista que, en los años 90, fundó con algunos amigos Herramienta, revista independiente, y una editorial del mismo nombre, que tienen un destacado rol en la renovación del pensamiento marxista en Argentina y América Latina.

El autor no es un historiador universitario, y el libro no está basado en investigaciones sobre los archivos, es más bien una lograda síntesis de la historia de la Revolución Rusa a partir de una amplia bibliografía, que incluye no solamente a los clásicos (Trotsky, Lenin) sino también trabajos recientes, incluso de investigadores hostiles a la revolución (O. Figes). Como subraya el historiador colombiano Renán Vega Cantor en su prefacio, es una historia “a contrapelo “, inspirada en la tradición de lucha de los oprimidos (Walter Benjamín). Pero es también, como veremos, un trabajo en muchos aspectos innovador.

En Rusia 1917, para Casas no hubo dos revoluciones distintas, una en Febrero “burguesa“, y otra  “proletaria” en Octubre. Fue un solo proceso revolucionario que se radicalizó en el curso de los meses, en una unidad dialéctica. El partido bolchevique logró hegemonizar el proceso, pero no por eso el trayecto en esa carrera contra reloj dejó de ser accidental, con errores, con rectificaciones, con retrocesos, con saltos hacia adelante y con debates permanentes. Fue un recorrido en el que las intervenciones de Lenin, las de su partido y la auto-actividad de las masas insurgentes se reforzaron, corrigieron y enriquecieron mutuamente. Octubre de 1917 no fue un “golpe de estado” sino resultado de la radicalización popular.

La base social del proceso fue el NAROD, palabra rusa que designa al pueblo trabajador, e incluye a los obreros, los campesinos y la plebe urbana. En último análisis, fue una revolución profundamente plebeya, en la que los campesinos – 80 % de la población de Rusia – tuvieron un rol decisivo: la mayor parte de los soldados insurgentes de Petrogrado y las otras ciudades eran, de hecho, campesinos con uniforme.

Para comprender lo ocurrido en Rusia 1917, es útil volver a los últimos escritos de Marx: la carta a Vera Zassoulitsch (1881) y el “Prefacio” a la traducción rusa del Manifiesto Comunista (1882). En estos escritos, Marx – que en esos años se había interesado mucho en las actividades y escritos de los Narodniki (populistas) rusos, especialmente Nikolai Danielson y N. Chernichevski – considera favorablemente la hipótesis de un vía hacia el socialismo en Rusia, a partir de la tradicional comuna rural rusa (o china). 

La carta a Zassoulitsch recién fue publicada en 1924, pero el “Prefacio” al Manifiesto era bien conocido. Sin embargo, observa Casas, no solamente Plekhanov, el “Padre del marxismo ruso” sino TODOS los marxistas del POSDR (Partido Obrero Social-Demócrata Ruso) ignoraron las audaces indicaciones de Marx. No comprendieron el potencial revolucionario que tenía la resistencia de la comuna rural tradicional a la mercantilización de la tierra y al desarrollo del capitalismo agrario. No se dieron cuenta que la cultura del mundo obrero de las grandes ciudades, en general recientemente llegados del campo, integraba rasgos de esa tradición igualitaria, y que los soviets de los soldados y obreros eran, en cierta medida, una versión urbana de las asambleas locales de la comuna rural.

Incluso Lenin, el marxista ruso más convencido de la importancia del campesinado, consideraba al interés de los Narodnikis en la comuna rural una ilusión “romántica” y retrógrada, y veía a los campesinos como una inmensa masa “pequeño-burguesa”. Tuvo sin embargo la inteligencia de adoptar, para el “Decreto sobre la Tierra” del gobierno bolchevique (Octubre 1917) el programa agrario del Partido Social-Revolucionario (SR) heredero del populismo, y de integrar en el gobierno revolucionario tres ministros SR de izquierda.

En un interesante posfacio, el historiador marxista portugués Antonio Louçã considera que las reflexiones sobre las tradiciones campesinas son el aporte más innovador del libro de Casas. A su criterio, el culto positivista de la modernización y el progreso tecnológico de los marxistas europeos obstaculizó la debida consideración de los últimos escritos de Marx. Fue mérito del marxista peruano José Carlos Mariátegui (1895-1930) y, más recientemente, de los zapatistas de Chiapas, redescubrir  -sin conocer necesariamente los textos de Marx- el potencial emancipatorio de las tradiciones comunitarias campesinas.  

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Michael Löwy escribió esta reseña para la revista Actuel Marx y tuvo la atención de hacérnosla llegar para que pudiéramos compartirla con nuestros lectores. La traducción desde el francés al español es de Herramienta

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