Libro: TEORÍA CRÍTICA DE LA MODERNIDAD Marxismo, movimientos sociales y proyecto emancipatorio

Portada de 'El concepto del otro en la liberación latinoamericana. La fusión del pensamiento filosófico emancipador y las revueltas sociales'

                                          © 2020 Ediciones Herramienta, Buenos Aires, Argentina
                                                                 Ediciones Herramienta
                                    Av. Rivadavia 3772 – 1/B – (C1204AAP), Buenos Aires, Argentina
                                                  Tel. (+5411) 4982-4146. Correo electrónico:
                                                      [email protected]
                                                    Sitio web: www.herramienta.com.ar
                                                            ISBN 978-987-1505-66-1
                                     Edición digital, Junio de 2020, Buenos Aires, Argentina
                                                         Todos los derechos reservados
                                                 Hecho el depósito que marca la ley 11.723

 

Prólogo

Con la publicación de Teoría crítica de la modernidad, Facundo Nahuel Martín da continuidad y profundidad a un proyecto intelectual de largo aliento, cuya manifestación inicial fue Marx de vuelta (Buenos Aires, El Colectivo, 2014). La obra se halla ostensiblemente inspirada en la tradición intelectual de la Escuela de Frankfurt, pero se erige más específicamente sobre los pilares asentados por Moishe Postone, para elevarse por encima y más allá de ellos. No se trata –como suele ser usual en el campo intelectual y académico contemporáneo– de un libro destinado a estudiar, glosar, analizar o comentar la obra de otros autores. La tarea es otra, y de mucho más riesgo y calado: desarrollar una teoría en sentido estricto. Inspirada y apoyada en otras obras, dese luego, pero con fisonomía propia. Esta es la tarea que acomete Martín, y por su propia naturaleza (y rareza en nuestro medio), debe ser acogida con beneplácito.

Teoría crítica de la modernidad, por lo demás, se agrega a una pléyade de obras de inspiración marxista que han aparecido en Argentina durante estos últimos años. Treinta años atrás –en medio del final ignominioso del llamado “socialismo real”, con una generación intelectual y política diezmada por el terrorismo de estado, y con no pocas figuras otrora identificadas con el pensamiento revolucionario encaminadas hacia una poco crítica acomodación con la democracia capitalista– cabía preguntarse: ¿habrá marxismo en el siglo XXI? La respuesta histórica ha sido afirmativa, y se puede decir que en la Argentina contemporánea las obras filosóficas, históricas, sociológicas y económicas de inspiración marxista están conociendo, acaso, una insospechada vitalidad. Más concretamente, Facundo N. Martín es parte del amplio espectro de investigadores e investigadoras de izquierdas que se formaron, sobre todo, luego del gran estallido de 2001. Y dentro de este más acotado círculo generacional, sus obras se alinean junto a las de Julia Expósito (Elarxismo inquieto) y Santiago Roggerone (¿Alguien dijo crisis del marxismo?) en el campo de las producciones teórico-filosóficas.

El nudo esencial de la obra que aquí prologamos es la búsqueda totalizante –a contracorriente de las concepciones y la sensibilidad posmodernas– de una teoría de la modernidad capaz de verla en sus aspectos opresivos y liberadores, es decir, en su ambivalencia. Una concepción de la modernidad y del capitalismo con capacidad para apreciar, a la vez, su lado luminoso y su lado oscuro. Se trata, como es obvio, de una crítica estrictamente inmanente a la modernidad. Este enfoque es potente.

Facundo Martín busca salir de lo que considera un impasse teórico. A su juicio, la perspectiva abierta por Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración habría derivado en una conclusión pesimista: la razón crea monstruos, y el iluminismo y la modernidad han sido incapaces de cumplir las promesas que formularon. A partir del pensamiento de Postone, y con no pocas aportaciones propias, Teoría crítica de la modernidad se propone superar ese impasse. Dos movimientos (cuyos rasgos fundamentales son tomados, pero ampliados, de la obra de Postone) son esenciales en esta tarea: la historización de la razón, y la concepción del devenir en términos de posibilidades, antes que de necesidades. Por medio de lo primero, la razón moderna deja de ser vista como una tendencia universal, para ser asociada al particular desarrollo capitalista. El fetichismo de la mercancía, la distinción entre valor y valor de uso, la contraposición trabajo concreto/trabajo abstracto, juegan aquí un papel clave a la hora de entender el sustrato social de ciertos cambios mentales. Por medio de lo segundo, las consecuencias de la razón ya no son vistas ni en términos de un pesimismo del desastre, ni en los términos de un ingenuo optimismo de la liberación. En la modernidad ve Martín un campo de batalla, un nudo de tensiones capaces tanto de constreñir como de habilitar. Y ese nudo, podríamos decir, se ata y se desata a partir de los antagonismos sociales, de los conflictos, en particular los emanados de la lucha de clases. Con ello Martín introduce un tercer elemento –la lucha de clases– cuya presencia no era verdaderamente relevante en la concepción de Postone. La totalidad moderna es vista y analizada como una totalidad antagónica.

Con este instrumental teórico esencial, Facundo Martín aborda sucesivamente algunos de los núcleos fundamentales del mundo y la política contemporáneos: el potencial catastrófico de la modernidad, las tensiones del derecho moderno, las contradicciones del patriarcado capitalista, el género y la sexualidad en el mundo contemporáneo, las características del estado capitalista, la “revolución democrática” y sus conflictos, las características normativas del mercado, etc. En todos los casos, uniformemente, el abordaje de cada una de estas problemáticas, capítulo a capítulo, se desarrolla desde la perspectiva del descubrimiento de potencialidades y posibilidades emancipatorias. El sendero a recorrer pasa a través del análisis de las obras de diferentes autores que han abordado cada uno de esos temas. El lenguaje es siempre claro (punto a destacar, porque no siempre es el caso en las producciones inspiradas en la tradición frankfurtiana); el análisis, minucioso; y la confrontación crítica, directa pero cortés.

Como producto intelectual inspirado en la Teoría Crítica, el libro que prologamos tiene una gran factura y no poca originalidad. Pero es portador también de los inconvenientes asociados con la tradición intelectual en que se inscribe. El primer problema a señalar es una marcada tendencia a la especulación filosófica, con poca atención a las investigaciones empíricas y el conocimiento científico especializado. El segundo problema reside en algunos contrastes y polaridades demasiado marcados, sin adecuada justificación. Por ejemplo, del rechazo a una filosofía de la historia se pasa sin escalas a la reivindicación del marxismo como teoría crítica del capitalismo o la modernidad, abandonando el materialismo histórico: como si no fuera posible una teoría de la historia que no fuera en sí misma una filosofía especulativa y teleológica de la historia. De la misma manera, el rechazo de la “necesidad” es asociado a cierta entronización de la “contingencia”, con escasa atención a los diferentes niveles y grados en que se puede hablar tanto de necesidad como de contingencia (puede que no haya leyes universales de hierro en la historia, pero sí es posible discernir tendencias más y menos generales, además de acontecimientos puramente excepcionales). El tercer inconveniente es una historización insuficiente: si bien se desacopla la razón, el capitalismo y la modernidad de cualquier tendencia transhistórica o universal, la contracara es que no se presta atención a la variabilidad causal y epocal de los diferentes componentes de la modernidad, que es vista como una totalidad en radical ruptura con los mundos precedentes. La ruptura es cierta, pero no son  menos claros los elementos de continuidad: que algunos elementos no sean intrínsecamente modernos o capitalistas, no significa necesariamente que deban ser universales. La explotación económica, por caso, no es ni un fenómeno universal ni una particularidad del capitalismo. Hay realidades que se ubican en algún punto intermedio entre la universalidad estricta y la especificidad moderna.

Las críticas aquí indicadas podrían ser consideradas exógenas al propio proyecto de la Teoría crítica de la modernidad. Sin embargo, afectan al núcleo mismo de la problemática de esta obra, que es -indudablemente- una problemática fundamental: cómo salir del pesimismo histórico, que termina no viendo salida a la opresión. Porque, aunque posea sustento filosófico, el pesimismo que señorea en las últimas décadas tiene profundas causas sociales, históricas y políticas. Y también esenciales componentes prácticos: el enemigo no ha dejado de vencer. En este sentido, cabe interrogarse sobre las potencialidades y los límites de una teoría crítica esencialmente filosófica y desarrollada en términos estrictamente inmanentes. Que las posibilidades emancipatorias deban estar inscritas de alguna manera en la realidad, es una indudable condición de posibilidad para su concreción. Pero los procesos históricos son complejos, y están plagados de ironías y paradojas. Lo interno y lo externo, no menos que lo inmanente y lo trascendente, son distinciones relativas. Después de todo –el contraste puede ser significativo– la Ilustración no consistió en la realización de las promesas incumplidas de la religión, sino más bien en una ruptura trascendente con la misma.

En el panorama de las teorías críticas contemporáneas –en el amplio sentido en que emplea la expresión Razmig Keucheyan– los abordajes filosóficos parecen dominar el campo. Este libro se inscribe en ese terreno, y constituye dentro del mismo una pieza de enorme valía. Pero ello no menoscaba la necesidad de un abordaje menos inspirado en la tradición frankfurtiana, y más en sintonía con lo que Manuel Sacristán llamaba “praxeología revolucionaria” e identificaba con la labor intelectual de Marx: una indagación atenta al conocimiento científico-empírico, al que se procura vincular con la práctica política por medio de la elaboración de un programa crítico. Pero no se trata necesariamente de enfoques rivales: pueden ser complementarios. Y en tal sentido, para la elaboración colectiva de un programa crítico, la Teoría crítica de la modernidad de Facundo Nahuel Martín tiene mucho que aportar.

Ariel Petrucelli

Para descargar el libro: Haga clic aquí o acuda a nuestra biblioteca digital

Comprar libro