07/08/2022

El economista Claudio Katz afirma que la deuda al FMI es "impagable" e implica "una condena por décadas"

Claudio Katz es uno de los más destacados economistas de la izquierda latinoamericana actual. Desde esos conocimientos, que se añaden a sus vastos estudios sobre la deuda externa argentina, hemos querido consultarlo a partir del acuerdo firmado entre el gobierno argentino y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Katz, además de militar en Economistas de Izquierda (EDI) y formar parte de la Autoconvocatoria por la suspensión del pago de la Deuda, ha sido partícipe, como militante, de las grandes movilizaciones que en la calle señan que “esta deuda es una estafa”. Estas son sus opiniones:

–Hablemos de la firma del gobierno con el FMI, por el pago de la ilegal deuda externa. ¿Cuáles son las principales críticas que se pueden hacer a este acuerdo? ¿Cuáles serían las consecuencias innegables del mismo?

–El primer gran problema que tiene este acuerdo radica en el hecho de que se avala un crédito que ha violado todas las normas internas del FMI, y que sirvió para la fuga de capital. Si se firma este acuerdo todo ello queda sumamente legitimado. Hay gente que dice: “Este no es el momento”, “Esperemos”, “Dentro de dos años lo veremos”. Pues, ahí está el punto crítico: dentro de dos años no podemos ver nada, es ahora o nunca y podría haberse hecho hace dos años, pero si no se hizo, no se puede posponer nuevamente, porque la ilegalidad y la legitimidad del fraude sólo pueden ser denunciadas por el gobierno actual ahora. Dentro de dos años, el FMI dirá: “Señores, ¿ cómo es que esto es ilegal si ustedes lo suscribieron?”.

Todas las responsabilidades anteriores de Macri, Lagarde y Trump quedan borradas porque ahora es Alberto Fernández, es Georgieva y es otro personal. Se repite lo que vimos tantas veces en Argentina: un gobierno ortodoxo, neoliberal, derechista que tomó una deuda y después vino un gobierno ortodoxo, progresista, con una retórica transformadora, y legítima esta deuda. Entonces, todas las ideas de ir a la Corte Internacional, de ir a la Asamblea de las Naciones Unidas y de gestar una gran conmoción internacional de denuncia de este acuerdo se disipan si no actuamos ahora. Por eso, el FMI está tan interesado en que se suscriba cualquier cosa ahora. No importan los detalles sobre los que fugaron capital, que figura en ese informe tan detallado del Banco Central. Están muy interesados en la firma, porque se repite el blanqueo. Después, ellos pueden posponer las modalidades del ajuste en lo inmediato, si tienen la gran carta de asegurarse una condena para las próximas generaciones y una impunidad que queda definitiva y totalmente asegurada. Creo que este es el primer gran problema que tiene el acuerdo.

–¿Y cuál sería el otro?

–El segundo aspecto es que pasados los dos años y medio estaremos en el mismo problema que hoy y dentro de varios años estarán en el mismo problema que hoy, y dentro de muchos años estarán en el mismo problema que hoy. Porque durante dos años y medio, Argentina paga intereses y refinancia una deuda a través de un mecanismo por el cual el FMI le presta plata. Esa plata prestada le es devuelta al FMI, con la condición de supervisar determinadas decisiones económicas. Y todo eso sigue así durante dos años y medio. Cuando termina eso, uno se sienta de nuevo y hay 45 mil millones de dólares que de nuevo son impagables y ahí va a venir el ajuste que ahora quizás no asume la forma explícita que ellos están pensando. Cuando el ministro de economía Martín Guzmán dice: “Aquí no hay reforma previsional, reforma laboral, no hay privatizaciones, esto es distinto”, ese “distinto” es porque la gran carta de eso viene dentro de dos años y medio. Ahora, irá en cuotas y se irá “manejando” el tema. Entonces, la Argentina asume una deuda que es más que impagable, es inconcebible. Cuando algunos hacen la comparación con el 2003, se equivocan por completo. Kirchner asume en el 2003 y negoció un acuerdo muy circunstancial porque ahí el problema era la deuda privada. El acuerdo con el FMI era algo transitorio de una deuda que era relativamente pequeña y, por eso, pudo ser saldada en el 2005. Ahora son 45 mil millones de dólares. No hay forma de empezar con esto. Y cuando eso vence, se vence todo, vence la deuda de los privados, de las provincias… O sea, la Argentina está en una situación de ahogo total. Fijate que no hay ninguna entidad bancaria en el mundo que haya dicho que si se firma este acuerdo, le dan un crédito a la Argentina. Pues vamos a seguir fuera del mundo y la razón es muy simple: todos saben que esto es impagable, todos saben que la Argentina nunca va a poder generar el excedente fiscal para pagar el superávit comercial y pagar sus deudas. Es una condena por décadas.

–Hablemos de los problemas inmediatos que la firma de este acuerdo trae a la población.

–Serían los problemas inmediatos de los próximos dos años y medio, donde siempre hay una cuota de imprevisibilidad muy grande. Por lo que sabemos hasta ahora, hay un compromiso de bajar el déficit bastante fuerte. Los números que acordó finalmente Guzmán se parecen mucho más a los que inicialmente quería el FMI. Es decir: 2,5% este año, 1,9% y 0,9 % en los próximos años. Hay un gran punto que iremos viendo, que es el argumento central de Guzmán y del gobierno que dice: “Esto se paga sin ajuste”, porque el ministro dice que en los próximos dos años Argentina va a tener un crecimiento muy alto. Según Guzmán, con un crecimiento muy alto, hay una recaudación alta y con esos ingresos fiscales se baja el déficit sin necesidad del ajuste. Ese es el argumento por lo que esto sería “maravilloso”.

Supongamos que esto es así, por eso señalé lo anterior, el gran problema viene después, pero es muy dudoso que incluso esto sea así porque la tasa de crecimiento que tuvimos el año pasado del 10% fue porque hubo una caída previa del 10%. Ahora puede haber un arrastre, hay una coyuntura económica favorable, la economía puede crecer un 4%, no es descartable que eso ocurra, o un 3%, pero con esos números no llegan a compensar lo que hay que bajar del déficit. Además, hay que recordar que la recaudación es el IVA (impuesto al valor agregado). En Argentina, se recauda con un impuesto indirecto, y por lo tanto ¿qué va a pasar con el crecimiento?

Puedo asegurar otra cosa, si hay crecimiento con el FMI, lo que no habrá es redistribución del ingreso.

–¿Qué pasará, por ejemplo, con los salarios y las jubilaciones?

–Estamos entrando en el cuarto año donde los salarios pierden frente a la inflación, dos años de Macri y dos años de Alberto Fernández. La razón básica es que tenemos un piso de inflación muy elevado que se estabilizó como piso de inflación. Entonces, no hay ninguna posibilidad de recuperar el poder adquisitivo cuando se está con un piso del 50%, y luego será aún más. Incluso, los salarios formales difícilmente le empaten al 50% de inflación; la otra mitad con salario informal nunca le empata al 50% de inflación. Además, para mantener elevados índices inflacionarios, el acuerdo con el FMI incorpora dos elementos de carestía fuertes: las tarifas y las devaluaciones.

Incluso con tarifas segmentadas, que producirá una gran irritación de la parte media, también tenés un impacto inflacionario, porque toda la inflación actual es por aumento del precio de los alimentos, como resultado de los buenos precios internacionales. No es la inflación tradicional, que es por devaluación o tarifas. Ahora también se desarrolla la inflación internacional, que está sujeta al precio internacional de los alimentos. Esto se produce porque la Argentina, al no tener divorciado el precio local e internacional de los alimentos, deja el comercio exterior librado a los negocios de los monopolios. En lo inmediato, repito, se nos viene la inflación tradicional: tarifas y devaluación. Hay un elemento que va a socavar el nivel de vida, las tarifas no van a aumentar con el argumento que servirán para la inversión. Cuando Macri produjo esas grandes tarifas, el mito era que de esa forma se iban a reducir los cortes de luz; pero ahora es simplemente aumentar las tarifas para pagarle al FMI. Este aumento de la energía hace que la estructura económica y la infraestructura se sigan deteriorando.

–Todo indica que este año seguirán produciéndose picos de alta devaluación.

–Sí, no sabemos cuál será su ritmo, pero el FMI quiere excedente comercial, que en la Argentina implica primarización de la producción. Estos proyectos que destruyen el medio ambiente no son porque hay una gran estrategia de transición energética que combine lo renovable con lo no renovable. Es un cuento chino, es para generar excedentes en divisas para pagar al FMI. Es un punto muy crítico porque continúa la fuga de capitales. Es decir, nosotros tenemos un gran excedente, sin embargo, no tenemos las suficientes divisas en el Banco Central, debido a la fuga de capitales. Es un momento excepcional en materia de exportaciones, de gran excedente de dólares, pero se sigue fugando el dinero, como de costumbre. No importa si Georgieva dice que la inflación es multicausal o no, es una retórica que no tiene relevancia, lo importante es que, por un lado, hay una presión del FMI para incrementar las tarifas y la devaluación y, por otro, una presión monetarista, la cual surge de la aceptación de la restricción de la moneda en plaza por parte del gobierno argentino. Se trata del famoso modelo de la emisión cero, la fantasía de todos los monetaristas ortodoxos. Si aspirás la moneda y hay un Banco Central que tome la moneda, la economía se encarrila. Si se hace eso, se hunde el país. Ya lo hizo en los ‘90 el exministro de economía Domingo Cavallo. Eso no conduce a nada, solo lleva a asfixiar la economía y no tener recursos cuando tenés que poner en marcha la obra pública. Cuando Guzmán indica: “Vamos a tener tasa de interés positiva”, eso afecta el crecimiento que él propone y genera un mercado de financiación en pesos, que impide que el sistema bancario realice los depósitos para los proyectos productivos. Es un escenario de los próximos dos años y medio donde tenemos que recordar que si el Fondo Monetario manda a sus emisarios cada 3 meses a que revisen las cuentas nacionales, ellos dirán si está bien o mal. Si está mal, dirán: “Ajusten y le damos el perdón”. Será una situación similar a la del expresidente Raúl Alfonsín, tendremos un gobierno contra la pared cada tres meses. Ejemplo: el dólar “blue”[1] estará siempre en tensión, porque si el FMI aprueba las metas, el dólar blue baja; si, en cambio, el FMI no aprueba las metas, el dólar blue sube, y los depósitos empiezan a temblar. Es lo de siempre, es estar en la cornisa todo el tiempo, a eso conduce esta política.

–En marzo, en el Congreso, tanto en diputados como en el Senado, se determinará si el acuerdo se aprueba o no. Todo indica que los Fernández se han puesto de acuerdo para alinear a la tropa más crítica, que se manifestó recientemente con la renuncia de Máximo Kirchner. También hay otra franja muy importante por fuera del gobierno, que es el sentir popular que está reaccionando. Estas últimas semanas, hubo grandes movilizaciones contra el acuerdo de un amplio arco de la izquierda.

–El Acuerdo está generando una conmoción en la sociedad y distintos estamentos. El Frente de Todos, el oficialismo, la corriente más crítica del kirchnerismo aprobaron el ajuste a la jubilación y un acuerdo muy adverso con los bonistas el año pasado. Pero ahora hay un sector que dijo “hasta aquí llegamos”. Esto va a tener un impacto muy grande y por eso se habla de una treintena de diputados que podrían no votar positivamente. Si ellos efectivamente quieren poner un límite a la degradación del país, no alcanza con manejos superestructurales, tienen que sumarse a la protesta que existe contra el FMI y luchar para que esto no se apruebe. Porque si no acompañan la protesta popular, estamos en un juego bastante hipócrita, el de hacer pequeñas cosas para salvar la cara.

La realidad es que comenzó una movilización numerosa e importante. La marcha que hubo en diciembre y la semana pasada[2] fueron muy importantes. Si los medios de comunicación las cubren o no, es otro tema.

Percibo el renacer del viejo espíritu de crítica al FMI, que está en la estructura del ADN argentino. Un país que tuvo 22 acuerdos monetarios en las últimas 6 décadas, sabe, como ningún otro país del mundo, qué es el FMI. En la Argentina, hay un conocimiento popular. Uno sabe lo que pasó con Alfonsín y sabe que el FMI es impiadoso con sus propios agentes. Asimismo, sabe el destino de los planes de la derecha, el FMI fue impiadoso con De La Rua, Menem, Macri. A ellos también les hicieron pagar la cuenta. Los problemas no son de los argentinos, sino de las políticas, tomadas de acuerdo con el establishment, que traen al FMI a custodiar la economía del país. Creo que hay un resurgir, junto con muchos temores.

–La gran pregunta es: ¿cómo nuclear a franjas mayoritarias de la población en esta lucha?

–Tenemos que ser realistas, los que estamos en el campo de la lucha frontal contra el FMI también tenemos que ver todo el panorama sabiendo que lo nuestro es la avanzada de un movimiento que todavía enfrenta a una enorme porción de la sociedad, que tiene miedo a las consecuencias de una ruptura con el FMI. No creo que haya un solo argentino que dude de las consecuencias nefastas del acuerdo; lo que hay son muchos segmentos populares que tienen temor de optar por un camino opuesto. En ese sentido, la campaña de la derecha y del oficialismo ha sido muy constante, porque no solo es la derecha que dice “Si Argentina no acepta esto, está fuera del planeta”, ahora es el propio gobierno progresista quien se suma y repite el mensaje de miedo e irracionalidad. La propaganda del oficialismo gira en torno de la hipótesis de lo que ocurriría si no hacemos algo con el FMI, pero ocultan lo que sucederá, si aceptamos las condiciones del organismo internacional. No es que estamos discutiendo –como ahora– qué va a pasar en los próximos años por hacer el acuerdo. Lo que se discute es qué ocurriría, si la catástrofe que enfrenta el país se resolviera de otra manera. A partir de allí, se abriría otro escenario de múltiples interrogantes. De todos modos, podemos imaginar que será un camino distinto, favorable a los intereses populares. Hay que argumentar mucho, librar la batalla política, desenvolver la batalla cultural. Pero no solo contra las expresiones de ultra derecha como Milei, Espert o Macri, sino con gran parte del oficialismo y del progresismo oficialista que ha asumido todos esos temores como propios. Se repiten algunas cosas que son inconsistentes, por ejemplo que si nos ponemos firmes con el FMI, China y Rusia nos van a dar la espalda. Eso es un total absurdo. También se escuchan razonamientos de este tipo: “China y Rusia están en el FMI. Si la Argentina no acepta este acuerdo, ellos van a romper relaciones con nosotros y van a aliarse con los EE.UU. en contra de nosotros”. Totalmente ridículo.

La gran rivalidad geopolítica mundial, que existe entre las potencias, condiciona a China y a Rusia para contar con algún aliado en América Latina, con los cuales ellos puedan disputar poder con EE.UU. Por esta razón, es insólito pensar que ellos nos darán la espalda si Argentina, en el ajedrez mundial, les otorga una carta que ellos pueden utilizar. Además, hay algo muy concreto en la historia de la economía: la Argentina es uno de los países que tiene capacidad exportadora de alimentos y recursos naturales. No hay ningún país o empresa en el mundo que no quiera hacer negocios con la Argentina, como comprar soja, carne o hacer inversiones en los recursos naturales.

Lo que ocurre es que hay una mente colonizada que repite lo que dice el Finacial Times o el Washington Post, sin pensar el contenido de lo que manifiesta.

–Otros comparan ligeramente nuestra situación con lo que le ocurrió a Grecia.

–Hay una diferencia grande con la situación que tenía Grecia hace varios años. Cuando fue aislada y ahogada, tuvo que tomar una decisión muy difícil: salir del Euro. El FMI presionó, se quedó y hubo un ajuste descomunal, pero Grecia era, en ese momento, un país muy pequeño que tenía a toda Europa en contra y no tenía aliados para librar esa lucha. Es inadmisible lo que hicieron, aunque igual hay que comprender el escenario en el que estaban. Argentina no es Grecia, ni política ni económicamente; además, Argentina no tiene a América Latina en contra, sino que comienza a emerger una corriente a favor, porque hemos tenido victorias progresistas en Honduras, Perú y Chile. Este año, además, podrían acoplarse Brasil y Colombia, si triunfan los candidatos de centro izquierda. Incluso, el presidente mexicano ha hecho un discurso que sintoniza con la idea de plantarse junto a la Argentina ante el FMI. El propio Alberto Fernández es presidente de la CELAC y ha ido a China y Rusia demostrando que la Argentina puede tener créditos productivos para modificar su infraestructura, que no son la bicicleta financiera que aporta el FMI. Entonces, tenemos todo el escenario para intentar un camino diferente. Lo que estaba en discusión hace dos semanas atrás no era si la Argentina desconoce la deuda, si rompe con el FMI o si choca con Washington, simplemente era “no pagar este vencimiento y seguir discutiendo”. Eso era lo que se debatía. Además, era importante la discusión porque la Argentina no tiene default con el FMI. El default es otro mito, porque, en rigor, el default es privado. Vos tenés un default, una cesación de pagos, con un Banco al que le debés y no le pagás. Este es el motivo por el cual se origina el default. Cuando eso ocurre, viene el Fondo Monetario e interviene para asegurarse de que vos pagues. No obstante, acá hay algo raro, un caso único en las últimas décadas. La actual deuda no es con un banco o capitales privados, donde el FMI intermedia para que le pagues, sino que se le debe directamente al FMI. La Argentina no se da cuenta de que el gran problema es del FMI. ¿Por qué? Porque no hay ningún otro país, en su vínculo como deudor del FMI, en la situación de Argentina. Irak y Egipto poseen deudas minúsculas en comparación con la de la Argentina. Si la Argentina se pone firme, el FMI se tiene que poner a debatir lo siguiente: ¿qué hizo Trump?, ¿por qué el Departamento del Tesoro aceptó un crédito tan anómalo?, ¿quién dijo que Alemania, Francia, Japón y todos los demás países van a estar de acuerdo?

Por ello, hay que ponerse firmes y comenzar a jugar en la geopolítica, asentados en la movilización permanente y en la decisión popular.

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(Entrevista realizada por Carlos Aznárez para Resumen Latinoamericano el 13 de febrero de 2022)

[1] Se denomina dólar “blue” a la divisa estadounidense que opera en el mercado informal. Es decir, por fuera de los bancos y casas de cambio legales. Esta cotización toma relevancia debido a las fuertes restricciones que se aplican en el país para acceder a la moneda extranjera a través de la plaza formal.

[2] Se refiere a la multitudinaria marcha del 8 de febrero de 2022, convocada por los partidos de izquierda y más de 200 organizaciones sociales y gremiales.

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