Convocatoria de intelectuales italianos: llamamiento a todos los demócratas antifascistas y antirracistas.

Europa e Italia han tornado quizá, en diversos tiempos y modos, a los síntomas de la crisis cultural y política que en la entreguerras del siglo veinte engendró el fascismo y el nazismo. Italia, nuevamente, se encamina a la cabeza por la vía de un racismo que, en el siglo pasado, ha afligido a Europa.

Cada uno de nosotros cultiva sus propias ideas de sociedad y de convivencia civil, algunos con elecciones maduradas o experimentadas, pero todos entendemos que no es posible una confrontación entre idearios y tradiciones político-culturales diversas y aun opuestas en la irrenunciable liza democrática, si los movimientos sociales y políticos democráticos no encuentran un común denominador antirracista; no una tregua que suspenda sus divergencias polémicas y hasta enfrentamientos, sino una común y pacífica rebelión contra la propagación de un nuevo racismo, que en Europa es una creciente amenaza y en Italia es, desgraciadamente, una fuerza de gobierno. 

Aun con nuestras legítimas y obligadas divergencias de ideales y programas, advertimos la urgencia de ese frente común (“frente” como metáfora bélica, es la palabra justa, no “bloque” y ni siquiera “alianza”) para una resistencia activa y no violenta y, por ello, nos parece poder asumir las orientaciones (no extremistas, por cierto) de algunos partidos. No solamente del Partido Democrático y de su no derogable memoria histórica, sino también de la Italia de los valores que, por boca de sus autorizados exponentes, preanuncia un nuevo curso no encerrado en el llamado “justicialismo”, también de los Radicales, cuyo j´acusse puede dirigirse, más que a la partidocracia, al monopartidismo mediático casi perfecto y del quizá naciente Partido de la nación (hoy UDC) que, en sus reivindicadas raíces degasperianas, no querrá ciertamente sustraerse a la defensa común de la Constitución republicana, nacida de la Resistencia antifascista en un clima de unidad nacional como estado de excepción, en aquéllos años no lesivo de la libertad conquistada ni del nuevo conflicto civil social y político, germen de nuestra propia democracia renovada. No podemos demorarnos, después de la definitiva aprobación en el Senado del “paquete de seguridad”, es decir de una vulneración a los derechos humanos a la que no había llegado siquiera la legislación fascista y que ha hecho alzar observaciones de no poca monta al Jefe de Estado.

Proponemos que todos los partidos democráticos antifascistas y antirracistas den vida a una suerte de Comité de salud pública para defender y revitalizar nuestra constitución republicana; para una escucha no formal de las exhortaciones dirigidas al país, en diversas circunstancias por el actual Presidente de la República, garante de la igualdad de derechos de todas las ideas, las confesiones o las fuerzas políticas y sociales; para la abrogación inmediata del monopartidismo mediático y de las limitaciones a la justicia en beneficio de los altos cargos del Estado, instaurados por un voto mayoritario bajo la apariencia de un consenso acordado por los ciudadanos. Proponemos advertir sobre los objetivos improrrogables y los correspondientes medios excepcionales que queremos sean empleados, al Parlamento, al gobierno, a la magistratura, a los comandos militares y a los mayores responsables de las fuerzas de policía republicanas, en cuanto se reconozcan como las únicas investidas para las tareas atinentes al orden público. Proponemos que, mediante una imposición popular no violenta, el Comité de salud pública obligue moralmente al Parlamento y al gobierno a declarar nulas las recientes medidas legislativas en extremo inciviles, a poner bajo directo control democrático el monopolio privado de la información, finalmente (pero no como objetivo secundario) a demandar una nueva ley electoral sin ventajas para la mayoría, en base a la regla constitucional y el derecho universal de garantizar “un hombre, un voto” y una representación proporcional a todos los partidos que, aunque en su programa defiendan intereses parciales, se manifiesten capaces de confluir en una voluntad general.
¿Puede nuestra propuesta parecer “subversora”? Entonces formúlense otras intenciones más moderadas, pero que sean también eficaces. Si los canales de televisión nacionales son los verdaderos partidos en el mundo de hoy, particularmente en Italia, entonces solamente los ciudadanos, en virtud de un principio constitucional irrenunciable, tendrán derecho de decidir que otros partidos televisivos y en que proporciones representarán a los mismos ciudadanos en el espacio público. De la misma manera, si el racismo nos revela hoy el rostro, no nuevo sino de antaño y muy característico de las ideologías reaccionarias del siglo XX, entonces nuestra Constitución, legítimamente reinterpretada para tener validez conforme el mudar de los tiempos, también veda todo partido racista y toda su propaganda. Al menos impide su participación en el gobierno de la cosa pública. Más allá de los “subversores” o como alternativa a este frente amplio, podrían formar parte de un frente amplísimo, también exponentes bien intencionados del Pdl. El frente amplísimo temporalmente formado entre diversos posicionamientos (hecha la salvedad, repetimos, de sus insuprimibles incompatibilidades de competición programática, más también previendo nuevos acuerdos gubernativos), podría manifestarse contra el nuevo fascismo en cuanto racismo y contra la no libre información y la no garantida pluralidad de medios audiovisuales, en cuanto partidos de hecho, en violación de nuestra constitución, reinterpretada a la luz de una nueva realidad.
Pedimos a los destinatarios de este llamamiento, movimientos, asociaciones o partidos, se reúnan, con respectivos representantes, en la forma y el lugar que lo estimen para evaluar nuestra humilde pero angustiosa propuesta, y auspiciamos se encuentren para acordar los modos de una urgente y firme acción común en defensa de los derechos humanos universales, de la igualdad en la dignidad de todas las personas, de los valores cristianos compartidos incluso por quienes provienen de una cultura laica o iluminista y por quién, como sabiamente ha reafirmado Obama en la Universidad de El Cairo, sigue una religión monoteísta diversa.  
 
Giuseppe Prestipino - Luigi Ferrajoli - Gianni Ferrara - Franco Argada -
Giorgio Baratta - Sergio Caserta - Jose Luiz Del Roio - Piero Di Siena -
Guido Liguori - Roberto Mapelli - Emilio Molinari - Raul Mordenti -
Grazia Paoletti - Adriano Podestà - Mimmo Porcado - Giorgio Riolo -
Annamaria Rivera - Luis Tagliaferro