Jornadas de estudio por un programa anticapitalista bajo el signo de los Estados Unidos Socialistas y Democraticos de Europa.

La revista Carré rouge ofrece un marco de reflexión y discusión para los militantes -sean integrantes de organizaciones políticas, o sindicales, o “sin organización”-, que quieren impulsar el combate por la revolución social y la destrucción del capitalismo. No es respaldo de un grupo constituido. Su existencia se basa en la convicción de que en este fin de siglo, para actuar contra el capitalismo y reabrir la perspectiva del socialismo, es indispensable “debatir, discutir y nuevamente debatir”, sin ningún tabú y en la forma más amplia que sea posible.

Es por ello que Carré rouge tomó la iniciativa de organizar, con todos los que quieran hacerlo, unas Jornadas de estudio por un programa anticapitalista bajo el signo de los Estados Unidos Socialistas y Democráticos de Europa.

 
Pronto se cumplirán 10 años desde que la “caída del muro de Berlín” concretó el hundimiento del estalinismo soviético. Parecía el comienzo de una época en que las clases obreras, los explotados y los excluidos sufrirían la dominación ilimitada de un capitalismo liberalizado y desregulado, de un imperialismo rebautizado “neoliberalismo”. Los ideólogos del Dow Jones, del DAX, del CAC 40 anunciaban con toda tranquilidad “el fin de la historia”. Por el contrario, todos los que se habían aferrado de una u otra manera a la esperanza de que algo se salvaría del desastre estalinista, y que lo sucedería el socialismo, veían el aniquilamiento de la misma. Pese al rol que en esos acontecimientos jugaron los pueblos de los países de Europa del Este y algunos sectores del proletariado ruso (los mineros), no fueron éstos quienes los aprovecharon. Para muchos militantes, la situación parecía anunciar años o incluso décadas de reacción.
Sin embargo, bastaron diez años para que el reino incompartido de las burguesías reagrupadas tras el imperialismo norteamericano alcanzara la recesión mundial que se anuncia y conduce a afirmaciones referidas a la “ingobernabilidad del mundo”. Los ejemplos de la incapacidad del capitalismo para crear un “orden mundial” estable se multiplican a medida que la crisis empuja los países de Asia a la recesión profunda. Pero en ninguna parte es tan estrepitoso como en Rusia y los otros Estados de la ex URSS, en los que el hundimiento del estalinismo desembocó en un capitalismo mafioso sostenido con el abrazo de los países del Grupo de los 7. Este invierno, el hambre y las epidemias amenazarán con la muerte a millones de mujeres, hombres y niños.
Sería ingenuo pensar que bastaron estos diez años para hacer el balance completo del estalinismo, para completar la clasificación de todo lo que lo separaba radicalmente del socialismo. Pero todo indica que también en este terreno, la marcha hacia la crisis económica y social mundial acelerará el trabajo de balance (podría decirse el trabajo de duelo), al mismo tiempo que la toma de conciencia entre los explotados de que, frente al capitalismo, no existe otra salida que el combate por lo que desde las primeras luchas del proletariado europeo en el siglo XIX, se llama el socialismo.
 
Un año especial...
 
En este contexto, en Europa convergen muchos factores para hacer de 1999 un año muy “especial” para la actividad de todos los militantes, partidos, organizaciones y corrientes que defienden el socialismo como el objetivo que la humanidad, hoy más que nunca, debe fijarse.
Es el año en que, con la aplicación del Euro y el comienzo de funcionamiento de la Banca Central Europea, las clases obreras de Europa y las organizaciones políticas y sindicales a las que dieron nacimiento a lo largo de la historia, se enfrentarán con un nuevo panorama, tanto económico como político. Las condiciones en que los militantes deberán combatir contra la burguesía ya no serán las de antes. Tanto más que 1999 será también el año en que los mecanismos de propagación de la crisis económica mundial comenzada en Asia tocarán al conjunto de Europa, de manera sin duda brutal. Ningún país estará a salvo.
Finalmente, 1999 es por supuesto el año de las elecciones para el Parlamento Europeo de Estrasburgo: única elección nacional organizada con escrutinio proporcional, única forma que no refuerza la dominación sin contrapeso del ejecutivo y que, al tornar “realista” la posibilidad de elegir candidatos, aumenta las posibilidades de defender con eficacia un programa político obrero y popular claramente anticapitalista.
En 1999, el rechazo profundo a la política del Partido Socialista y el Partido Comunista de Francia crea condiciones para plantear como objetivo inmediato un reagrupamiento político clasista en torno a candidatos con reales posibilidades de ser electos. El esbozo de un posible acuerdo entre la Liga Comunista Revolucionaria y Lucha Obrera corresponde a una exigencia de centenares de miles y aún millones de asalariados, de desocupados, de explotados, que buscan una política que rompa con la política de sumisión y adaptación a la “mundialización” imperialista. Los resultados logrados por candidatos de Lucha Obrera, de la Liga Comunista Revolucionaria, de Voz de los Trabajadores, etc. en ocasión de las elecciones presidenciales, regionales o cantonales testimonian que hoy es posible un reagrupamiento masivo en el terreno electoral, así como se insinúa en las empresas y sindicatos en el terreno de la acción de clase. Por tanto, hay que discutir conjuntamente un programa anticapitalista.
Los asalariados, así como todos los explotados y los excluidos (los sin techo, sin papeles, sin subsidios y sin derechos), o la juventud de los secundarios y estudiantes, desde 1995 reiteradamente expresaron la necesidad de este programa con sus movilizaciones, sus reivindicaciones, sus expresiones de esperanza y sus rechazos. Nadie debe explicarles las consecuencias que para ellos tiene el regreso de un capitalismo salvaje mundializado. Lo que buscan, son puntos de apoyo sólidos y confiables en su combate contra el capitalismo, contra las políticas gubernamentales que, de Juppé a Jospin y Hue, arreglan y organizan el marco actual de la dominación capitalista. La clase obrera y la juventud están a la búsqueda de soluciones políticas, que permitan escapar a las condiciones impuestas por este “capitalismo triunfante”, capitalismo más descompuesto que nunca bajo los oropeles del “liberalismo” y la “democracia” El previsible nuevo agravamiento de la situación de los más explotados, precarios y desvalidos, la sensación de que es cada vez más urgente encontrar una salida, todo esto se inscribe en la propagación de la crisis económica mundial.
 
Enfrentar la crisis mundial del capitalismo
 
Decir con toda calma que los mecanismos de propagación de la crisis económica iniciada en Asia no perdonarán a ninguno de los países europeos y por supuesto tampoco a Francia, es un acto de lucidez que nada tiene que ver con una actitud de pánico o “catastrofista”. Aunque desde hace algunos meses se ve cierta estabilización del desempleo oficial, acompañado por un aumento vertiginoso de los empleos precarios, el paro masivo retomará su curva ascendente. Ya se anuncia que el incremento de la actividad industrial (la única que en última instancia cuenta) ya cayó al 1,8% de crecimiento anual y que las exportaciones están en su piso más bajo. Se sabe que los mecanismos crediticios del sistema bancario francés están mucho más seriamente afectados de lo que los mismos Bancos y Bercy quieren admitir. La Bolsa francesa está completamente pendiente de los choques y de un posible crack en Wall Street. Esta situación hace que en el espacio de unos pocos meses en Francia se puede pasar de los 3 millones de desocupados “oficiales” a 4,5 o 5 millones. Como sabemos, estas cifras significan para millones de hombres y mujeres que ya viven por debajo del nivel de pobreza, desnutrición, desocialización, imposibilidad de alimentar y criar sus chicos, desarraigo, miseria. Estas cifras significan también miedo en el trabajo, sufrimiento de millones de asalariados. La causa fundamental de la crisis que se extiende mundialmente es la lucha del capital contra los asalariados y los explotados para defender sus ganancias. Cuanto más se agrava y profundiza la crisis, más se multiplicarán los proyectos antiobreros. Desregulación, desreglamentación, precarización, flexibilización, generalizada caída de salarios, desempleo masivo, ya han conducido al ataque más brutal desde los años 30 contra los asalariados y jóvenes. Esta política fue asumida por los gobiernos de “derecha” (CDU en Alemania) y de “izquierda” (el Nuevo Laborismo en Inglaterra, El Olivo en Italia). En Francia, la alternancia no cambió en el fondo nada. Lionel Jospin, que expresaba reservas cuando el referendum sobre el Tratado de Maastrrich, convertido en Primer Ministro, asumió completamente esta política elaborada por Francois Mitterrand. Recibe cumplidos de Jacques Chirac: “Francia habla con una sola voz”, y al mismo tiempo aprovecha el apoyo de Robert Hue y la dirección del PCF. Si se produce un crack financiero mundial, también él irá más lejos que nunca. Ya desde ahora, en la búsqueda de una salida que deje intactas las posiciones del capitalismo financiero francés, Jospin se inclina hacia el G7, es decir hacia Estados Unidos.
En caso de depresión mundial, la necesidad de un programa anticapitalista y de una salida política que se levante contra las soluciones que preconizarán los países del G7, el FMI y la Unión Europea, se hará sentir con más fuerza aún.
 
El marco: los Estados Unidos Socialistas y Democráticos de Europa
 
La perspectiva de los Estados Unidos Socialistas de Europa, nacida a comienzos del siglo, no nació de la imaginación de los teóricos socialistas de la época. Es la expresión de una reflexión teórica surgida de la historia viva de un continente en el que la guerra imperialista alcanzó dos veces decenas de millones víctimas, en que la desocupación precipitó sucesivas generaciones en la miseria. Fue la respuesta levantada ante la aspiración de los pueblos de Europa, de las naciones europeas, a un continente de paz, de progreso, de civilización, al odio contra las dictaduras, el fascismo, el holocausto y los genocidios; la respuesta a sus aspiraciones a la democracia y la libertad. Porque la perspectiva de los Estados Unidos Socialistas de Europa contiene parte de la respuesta a la cuestión absolutamente vital de las relaciones entre socialismo y democracia. El estalinismo pretendió justificarse afirmando que el socialismo era posible “en un solo país”. Ya sabemos lo que esta supuesta “teoría” costó a la humanidad. Para vencer, el socialismo debe organizarse a escala continental. A esta cuestión responde la perspectiva de los Estados Unidos Socialistas de Europa.
Los asalariados, la juventud, no temen a Europa. Al contrario. Las marchas europeas contra la desocupación, las movilizaciones cuando el cierre de la fábrica Vilvorde, los huelguistas alemanes agitando carteles proclamando “Hagamos como los franceses”, recordando el noviembre-diciembre de 1995 en Francia, muestran que esta política internacionalista puede ser escuchada, comprendida, popularizada. Existen condiciones para que los Estados Unidos Socialistas y Democráticos de Europa, es decir una Europa levantando la voluntad y la fuerza concentrada de los trabajadores, deje de ser una consigna de propaganda, para pasar a ser una consigna de acción política inmediata. Más que nunca hay que decir no a Maastrich, no a sus consecuencias. Pero esto ya no basta; es indispensdable levantar los colores del proletariado europeo en este combate: los Estados Unidos Socialistas y Democráticos de Europa. En Carré rouge creemos que cualquier otra política de las organizaciones y militantes que se reclaman del combate por el socialismo, idependientemente de las intenciones subjetivas, terminaría alineándose con los sectores de los partidos burgueses que oponen la “nación” a la construcción europea.
Hoy, un programa anticapitalista, una salida política para la crisis, no pueden ignorar el contexto creado por el proceso que ha conducido a la formación de la Unión Europea, y tampoco pueden preconizar pura y simplemente una retirada al marco nacional. Del Tratado de Roma al Acta Unica y a los Tratados de Maastrich y Amsterdam, se ha desarrollado, pensado, organizado la instalación de instituciones en las que se define una política capitalista cada vez más agresiva, por cuenta del capitalismo financiero internacional (de sus fracciones más fuertes en los países clave de Europa, y de las del capitalismo mundial). Fue progresivamente extendida a todos los aspectos de la vida económica, social y política, cultural. Ya no deja de lado ninguna actividad humana.
Una tras otra, todas las conquistas sociales arrancadas por las luchas de los asalariados, registradas en los convenios colectivos, acuerdos y estatutos, fueron cuestionados, debilitados, incluso destruidos, conduciendo a la baja nominal de los salarios y a la flexibilización de los asalariados. La CEE, Bruselas, el conjunto del proceso iniciado por el Tratado de Roma y coronado por el de Maastrich, no fueron elementos secundarios en este proceso. Como lo dijo explícitamente el “Jefe” de la patronal alemana en abril a Le Monde, refiriéndose a la privatización de empresas públicas de telecomunicaciones, ningún gobierno de Europa continental, librado a sus propios medios, hubiera tenido la fuerza política para ordenar una ofensiva de semejante amplitud. Las burguesías europeas no han logrado liberalizar, desreglamentar, privatizar, crear un campo libre para las operaciones del capital financiero sino adosándose a las instituciones de Bruselas, a la Corte Europea de Justicia, y prestándose firmeza unas a otras.
¡Lo que vale para las burguesías europeas vale para las clases obreras, para cada uno de sus componentes en cada país! ¿Acaso pueden combatir eficazmente al capital financiero nacional e internacional y enfrentar a sus respectivos gobiernos, sin colocar en un marco internacional el combate que cada una debe llevar contra su burguesía y su gobierno?
Contra los organizadores del Tratado de Maastrich hay que elaborar, con los trabajadores, los militantes, un programa de urgencia, de movilización de los trabajadores en Europa y en Francia. Tal programa permitiría reunir en las fábricas, las ciudades y pueblos, reagrupamientos militantes contra la Europa de Maastrich y Amsterdam, abriendo la vía para satisfacer las reivindicaciones, planteando el problema del socialismo. Al acuerdo de las burguesías europeas, de los consejos de administración, de las sociedades bursátiles, hay que oponer el combate internacionalista. La respuesta obrera, revolucionaria, socialista a escala europea.
 
¿Cómo concibe Carré rouge la preparación de las jornadas de estudio?
 
Estas son las consideraciones que impulsan a proponer la realización de dos días de estudio, el 23 y 24 de enero de 1999, que reunirían en un debate abierto y democrático a todos los militantes, organizaciones y corrientes que quieran participar en este trabajo de elaboración de un programa en el que se combinen las medidas de emergencia en defensa de los trabajadores y los jóvenes contra la crisis capitalista, la lucha contra las políticas que el gobierno Jospin-Hue pronto podrían tratar de aplicar para hacer pagar la crisis no a los capitalistas y financistas sino a los trabajadores, y el combate contra la Europa del capital, la Europa de Maastrich y Amsterdam, por la Europa de los trabajadores y el socialismo.
Carré rouge dirige este llamado a las organizaciones, corrientes y militantes, previamente al comienzo de una más amplia difusión. En el número 9 de la revista, en el transcurso de octubre, Carré rouge publicará una primera serie de contribuciones individuales preparadas por sus redactores regulares, junto con las primeras contribuciones que lleguen a la redacción antes del 13 de octubre. Los redactores explicarán en especial por qué, según ellos, el momento histórico y la tarea de los militantes no es encontrar un “buen” programa capitalista para oponer a los programas capitalistas “malos”, e intentarán decir cómo entienden los Estados Unidos Socialistas de Europa. No serán documentos destinados a “encuadrar” las discusiones, sino contribuciones para la discusión de ideas que sólo serán una “fuerza material” (Marx) si las toman decenas de millares de hombres y mujeres en este país y Europa, comenzando en primer lugar por discutirlas.
Así podrá encararse un debate público, democrático y mutuamente respetuoso. En diciembre, el número 10 proseguirá esta tarea publicando una segunda serie de textos, los cuales seguramente se harán eco de las contribuciones publicadas en otras revistas y periódicos, porque -de acuerdo con lo dicho al principio- Carré rouge toma una iniciativa y ofrece un marco, pero no pretende ningún monopolio. Por lo demás, estamos convencidos que a medida que la perspectiva del acuerdo LCR-LO se concretice, los militantes de estas organizaciones no dejarán de discutir entre ellos y con otros el contenido programático de una lista común, que podrá abrirse a otros componentes de las fuerzas militantes anticapitalistas y a todas las organizaciones que sostienen este enfoque unitario.
En diciembre, llegará el momento de ver si el debate progresó lo suficiente como para intentar una “síntesis” previa a la apertura de las jornadas de estudio. Una vez más, no será Carré rouge, con su actual configuración, la única en decidir la oportunidad o no de tal síntesis. Naturalmente, el Comité de Redacción de Carré rouge constituirá con todas las corrientes y organizaciones que se comprometan en la preparación de las jornadas, un comité de orientación que cuidará minuciosa y escrupulosamente por la preparación y organización democrática de las jornadas, incluso en los detalles. Una ocasión histórica, única, se ofrece en ocasión de las próximas elecciones europeas para hacer progresar la recomposición del frente de las organizaciones y militantes que luchan por el socialismo. Existen divergencias. Deben ser discutidas con mutuo respecto por las posiciones de cada uno. Pueden superarse. Carré Rouge trabajará para ello. 
 
París, 26 de septiembre de 1998.