Las fuerzas productivas como marco de necesidad y posibilidad. En torno a las tesis de Gerald Cohen y Robert Brenner.

Sartelli, Eduardo

1. El problema

 Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente,
bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo
circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado.
Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte
 
¿Cuál es la clave de la dinámica social? ¿Qué lugar ocupa allí la acción humana? Toda teoría social que se precie tiene alguna(s) respuesta(s) a estas preguntas y el marxismo no constituye una excepción. La frase de Marx que encabeza este apartado pareciera revelar una posible respuesta: ¿Cuál es el papel de la lucha de clases (la “forma” por excelencia de la acción humana en las sociedades de clase, según el marxismo) en el cambio histórico? La respuesta parece seguirse lógicamente: es central, en tanto “los hombres hacen su propia historia”. Lo que no significa autonomía, puesto que lo hacen “bajo circunstancias dadas y heredadas del pasado.
” Ahora bien, la sencillez de la respuesta es engañosa. Mientras en Marx pareciera detectarse una respuesta dual (donde fuerzas productivas y lucha de clases tienen un lugar diferenciado y jerárquicamente estructurado), en sucesivos desarrollos la teoría marxista tiende a dividirse entre los partidarios de, como mínimo, dos posibilidades que se excluyen mutuamente: o bien las estructuras (las “circunstancias”) determinan las vicisitudes de la historia o bien las relaciones sociales (“los hombres...”) ocupan el lugar fundamental. Las posiciones parecen irreductibles en torno a este punto: o el motor de la historia es el desarrollo de las fuerzas productivas, o la lucha de clases oficia de verdadero primum mobile.
 
Debate recurrente en la historia del marxismo, la última versión de la contienda fue desatada por la publicación de La teoría de la historia de Karl Marx, de Gerald Cohen, un valiente y poderoso alegato en favor del “determinismo tecnológico”. El de Cohen no es el primer intento de poner en pie un marxismo “tecnológico”, determinista y mecanicista, pero es, tal vez, el que más explícitamente y con mayor apoyo textual en Marx, ha presentado la tesis.[ii] La defensa de la preeminencia de la lucha de clases correspondió, esta vez, a la tendencia conocida como “Marxismo político” (encabezada por Robert Brenner y Ellen Meiksins Wood, entre otros). Veremos aquí los aspectos más importantes del debate centrándonos en el texto de Cohen y en la obra de Robert Brenner, en la que muchos ven una propuesta mejor.
 
2. Las tesis de Cohen[iii]
 
El conjunto del desarrollo argumental de Cohen es el siguiente: dada cierta definición de las fp[iv] y cierta vinculación entre fp y rp, el curso de la historia no solo desde un punto de vista marxista sino tal como se verifica en la realidad, puede explicarse funcionalmente como una tendencia universal al desarrollo de las fp. En el esquema de su libro, Cohen dedica los capítulos 2 a 4 a la definición de términos y la aclaración de contenidos mientras en el 6to intenta probar la tesis de la primacía y en el séptimo aplicarla a algunos problemas históricos. Los capítulos 5, 8 y 11 extraen conclusiones secundarias mientras los capítulos 9 y 10 ofrecen la base epistemológica del texto. Vamos a concentrarnos sólo en el análisis de los capítulos en los que presenta y defiende sus tesis (6 y 7), sin entrar a discutir ni la forma en que define las fp y las rp, el tipo de explicación que usa ni la fidelidad a Marx de sus afirmaciones.
 
Cohen ha definido su posición como “determinismo tecnológico”: “lo que yo defiendo es un materialismo histórico anticuado, una concepción tradicional, en la que la historia es, fundamentalmente, el desarrollo de la capacidad productiva del hombre y en la que las formas de sociedad crecen o decaen en la medida en que permiten o impiden ese desarrollo” y “cuya exposición más fértil” está en el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, de 1859 (página XVI)[v]. Cohen va a defender la tesis de primacía apoyándose en otra tesis, la de desarrollo y utilizando como parámetro epistemológico las explicaciones funcionales. Es decir, el núcleo de su exposición será la demostración de la primacía funcionalmente explicativa de las fuerzas productivas sobre las relaciones de producción.
 

 

La tesis “tecnológica” afirma que las fuerzas productivas determinan firmemente a la estructura económica sin pertenecer a ella. La tesis de primacía dice: “La naturaleza de un conjunto de relaciones de producción se explica por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas que abarca dicho conjunto (en mayor medida que al contrario)”. La tp está expresada en forma fuerte ya que se señala que los cambios en las fp producen cambios en las rp (página 149). Cohen afirma la existencia de un umbral dentro de las rp hasta el cual las fp tienden a desarrollarse: “para cualquier conjunto de relaciones de producción hay un grado de desarrollo de las fuerzas productivas abarcadas por dichas relaciones que es suficiente para que tenga lugar un cambio en ellas” (página 149). Este desarrollo tiende a producirse porque hay una tendencia intrínseca a las fp que así lo impone. Como ya hemos dicho, la tesis de primacía, se basa en otra tesis, la de desarrollo: “Las fuerzas productivas tienden a desarrollarse a lo largo de la historia”. Cohen toma el fragmento célebre del prólogo y lo secciona a fin de mostrar la fidelidad de Marx a dichas tesis, puesto que su interés no es sólo probar la primacía de las fp sino también que esa era la opinión del filósofo alemán. A nosotros este segundo aspecto no nos interesa.
 
Veamos la defensa de ambas tesis. La td no constituye una afirmación histórica, en el sentido de señalar algo que efectivamente ocurrió, sino que denota algo que tiende a ocurrir: no se sustenta en la afirmación histórica del desarrollo de las fp sino en una tendencia intrínseca universal. Porque es una tendencia, no excluye la posibilidad de que declinen alguna vez o que se desarrollen siempre. La naturaleza de las fp es a expandirse: “La conclusión del argumento es que las fp tienen una tendencia sistemática a desarrollarse.” Es decir, una “tendencia perenne hacia el progreso productivo, resultante de la racionalidad y la inteligencia en el contexto de la inclemencia de la naturaleza”. (página 171) El argumento a favor de la td se basa en 2 rasgos permanentes de la naturaleza humana y uno de la situación con la que los seres humanos se enfrentan en la historia, a lo que sumará como refuerzo un dato histórico: “las sociedades rara vez reemplazan fuerzas productivas superiores por fuerzas productivas inferiores” (página 166).
 
El argumento sería así (manteniendo la misma notación que Cohen): c) los hombres son racionales; d) viven en una situación de escasez; e) los hombres son inteligentes, por lo que amplían su conocimiento. Como son racionales, tienden a aplicarlo para superar la situación de escasez (página 169). Así, “los hombres tienden a aprovecharla [la oportunidad de ampliar la capacidad productiva] porque no hacerlo sería irracional” (página169). En resumen: “Dada la racionalidad de los hombres (c) y su situación de inclemencia (d), cuando el conocimiento ofrece la oportunidad de ampliar la capacidad productiva, los hombres tienden a aprovecharla, porque no hacerlo sería irracional.”
 
Cohen se defiende frente a dos lagunas en su explicación: 1) conflicto de intereses entre desarrollar las fp u otra cosa; 2) las sociedades no siempre hacen cosas razonables. A la primera la descarta sin análisis: “Supongamos que el juicio nos da la razón.” En cuanto a la segunda, según Cohen, el materialismo histórico siempre salva este abismo apelando a la correspondencia entre los intereses de las clases dominantes y la humanidad en general. Sin embargo, deshecha esta línea de defensa porque está ligada a la tp, a la que quiere basar en la td. Hacerlo sería una petición de principio. Aquí apela al dato histórico. Las fuerzas productivas no son reemplazadas por otras peores. Descartando los casos de anormalidad, si nada extraño ocurre, tal transición debe producirse. Dicho de otra forma: no hay nada intrínseco a las fp que las lleve a estancarse ni puede darse el caso de que haya rp que no permitan una sucesión exitosa a la corta o a la larga. No puede haber, normalmente, callejones sin salida. Cohen no dice explícitamente esto, pero está implícito. Parte de la explicación de por qué la regresión social es menos común que la progresión es la inercia social ante los cambios (la gente tiende a apegarse a lo que ya tiene antes que a desprenderse de ello). Pero esto no alcanza para dar cuenta del hecho que la retracción no sólo sea poco factible sino que incluso sea más común lo contrario. La progresión sería explicable sólo si las premisas c, d y e fueran correctas. En otros términos: estas premisas deben ser correctas porque la progresión es menos extraña que la regresión. Por lo tanto, las “lagunas” pueden ser desechadas: el hecho histórico prueba que normalmente los individuos prefieren expandir la fp antes que otras cosas y que las sociedades son normalmente tan racionales como los individuos (ver resumen lógico del argumento en página 171, n. 45). En sus palabras:
 
No reclamamos para la historia en su conjunto ese desarrollo ininterrumpido de las fuerzas productivas que es peculiar de la sociedad capitalista. En lugar de ello, afirmamos una tendencia perenne al progreso productivo, resultante de la racionalidad y la inteligencia en el contexto de la inclemencia de la naturaleza. Esta tendencia tiene efectos más o menos espectaculares en distintos momentos. (página 171)
 

 

Cohen examina el ejemplo del imperio romano, que podría cuestionar sus tesis, pero lo descarta como “anormalidad”: el estado de una sociedad es “normal” cuando establece “una cierta relación de equilibrio” con la naturaleza o con otras sociedades. Una sociedad que “cae” víctima de circunstancias inusuales, como terremotos o invasiones debe, por lo tanto, ser excluida del examen como caso anormal. Roma sería un ejemplo de este segundo caso: los bárbaros (página 173).[vi]
 
La defensa de la tesis de primacía es más floja: “es evidente que no todas las estructuras económicas son posibles con unas determinadas fuerzas productivas” (página 174). La prueba de la validez de la tesis b está dada por: 1) la constatación de la coacción de las fp sobre las rp; 2) la tesis de desarrollo. Por la primera se establece la vinculación entre ambas pero no la primacía. La segunda es la que lo hace: en tanto las fp tienen una tendencia intrínseca a crecer, a la corta o a la larga entrarán en contradicción con las rp y, como los hombres tienen inteligencia y son racionales, preferirán cambiar las rp antes que perder las fp desarrolladas, porque ello les permite solucionar el problema de escasez, que, como históricamente puede inferirse, resulta un objetivo prioritario ante otros posibles, cosa que normalmente es tan racional para los individuos cuanto para las sociedades. Como sólo pueden desarrollarse las nuevas fp con rp adecuadas, las nuevas rp deben adaptarse a las fp. De otro modo, las rp impedirían un mayor desarrollo productivo, que es imposible de bloquear, de acuerdo con la td. Hay una coacción mutua entre fp y rp pero las primeras tienen primacía en dicha coacción porque en virtud de su propia naturaleza tienden a desarrollarse sistemáticamente. Que las rp tuvieran primacía sobre las fp contradeciría la naturaleza humana. Se puede decir que si no existieran intereses en contrario, nunca habría contradicción entre fp y rp porque éstas últimas evolucionarían pari passu. Sólo hay contradicción cuando hay intereses que resisten, pero nunca pueden ser lo suficientemente fuertes como para impedirlo (página 175).
 
En el capítulo 7 Cohen intenta aplicar los descubrimientos del capítulo anterior al análisis más propiamente histórico. Lo relevante para la discusión que aquí planteamos es su esquema de cuatro etapas, en el que vincula tipos de rp con niveles de fp. Al contrario de Marx, que establece diferencias entre las sociedades precapitalistas, Cohen prefiere establecer un esquema que termina agrupándolas todas en una misma categoría, escudándose en que una tarea de tal tipo no sería ajena por completo al mismo padre del materialismo histórico. El resultado es el siguiente:
 
1) Sociedades sin clases                     No hay excedente.
2) Sociedades precapitalistas                      Hay un nivel de fp suficiente como para que
existan las clases pero no como para que se desarrolle
el capitalismo
3) Sociedad capitalista                             El excedente es muy elevado pero no alcanza para
emancipar a la humanidad de la escasez
4) Socialismo                                                       El nivel de fp productivas excede lo necesario para
el capitalismo. Excedente masivo.
 
Lo que perturba en este esquema es la modalidad cuatripartita, que podría suponer un desafío a la tesis de primacía en tanto en el segundo estadio diferentes estructuras económicas coexistirían con un mismo nivel de fp, lo que daría a pensar que, o bien dichas estructuras económicas divergen sólo formalmente o bien las fp podrían tolerar un abanico de rp cualitativamente diferentes, lo que contradeciría la tp. Cohen arriesga la primera, colocando el carácter cualitativo en las fp: fp similares en cuanto a nivel, podrían divergir en cuanto a carácter, por lo que las diferentes rp se adaptarían a condiciones específicas de un mismo nivel de fp, lo que transforma sus diferencias en meramente formales. Como se verá más adelante, esta estrategia parece estar destinada a lidiar con el problema de la caída del imperio romano.
 

 

Por último y como respuesta a las críticas, Cohen trató de especificar en un texto posterior el lugar que concede en su sistema a la lucha de clases.[vii] En tanto las rp están subordinadas a las fp, las contradicciones entre clases, es decir, la lucha entre las corporizaciones materiales de tales relaciones, no ocuparían ningún lugar relevante. La famosa frase de Marx, acerca de que “la lucha de clases es el motor de la historia” no encajaría en la teorización que arranca del Prólogo. Cohen tiene ante sí varias estrategias para encarar el tema: a) negarle valor científico a una frase suelta de un texto eminentemente político como el Manifiesto; b) integrarla en su sistema demostrando su carácter subordinado. Elige el camino más difícil: “No quiero negar que toda la historia social es la historia de la lucha de clases”. Para él, la lucha del clases no interviene en “las explicaciones fundamentales del curso de la historia y de la estructura de la sociedad” sino con relación a “los principales acontecimientos de ese curso” o “a la explicación esencial de la sociedad”. (página 29) Cohen descarta otro camino fácil: aceptar la frase suponiendo que la historia social no constituye sino una parte menor de la historia en general. Arremete directamente contra el sentido fuerte: que los cambios fundamentales en la historia social son generados por la lucha de clases. Según Cohen, esta proposición sigue siendo coherente con las tesis del Prólogo porque
 
... si queremos saber por qué los efectos de la lucha de clases producen un cambio dado y no otro cualquiera, debemos invocar la dialéctica de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción que gobierna el comportamiento de clase, dialéctica que no se puede explicar en términos de dicho comportamiento y que determina cuál será el resultado de la lucha de clases a largo plazo.
 
Como ya se dijo, para Cohen las clases y su enfrentamiento ocupan un lugar subordinado en el cambio social más amplio, aunque podría pensarse legítimamente que ese papel es en realidad ficticio: en tanto el punto de partida de Cohen es la racionalidad de los individuos (se entienda por esto a personas o clases), la lucha de clases bien puede ser explicada como la actuación del libreto escrito por la dialéctica entre las fp y las rp.
 
3. La crítica
 

 

La mayor parte de las críticas ha descalificado globalmente la posición de Cohen en nombre de la primacía de la “lucha de clases”, la inadecuación de las explicaciones funcionales, de su definición de las fp o las rp. Aquí nos concentraremos sólo en la discusión sobre la validez de la tp sin abrir juicio sobre el resto. A fin de evaluar las críticas, ensayar posibles defensas y concluir con un balance de las posiciones de Cohen, expondremos en forma detenida las principales objeciones a su argumento retomando en detalle algunas de las anteriores y agregando las nuestras.
 
El eje del debate: Alan Carling vs. Ellen Meiksins
 
Alan Carling, marxista analítico y partidario acérrimo de Roemer, ha intentado defender una colusión inesperada entre Robert Brenner, Gerald Cohen y John Roemer por la vía de ensamblar lo que llama una teoría general de la historia (Cohen) con una teoría especial del capitalismo (Roemer) y una teoría especial del feudalismo (Brenner).[viii] En su exposición, la típica secuencia malthusiana de crecimiento de la población y choque contra el límite de la tierra disponible con la consiguiente caída de la población (el ciclo demográfico en un marco de estancamiento tecnológico) constituiría la prueba de la existencia de una valla al desarrollo de las fuerzas productivas. Cada salida de un ciclo sería el resultado específico de la lucha de clases, tal como lo señala Brenner, de modo que en aquel lugar donde el resultado hubiera sido adecuado (Inglaterra) el desarrollo de las relaciones resultantes (capitalistas) habría permitido romper el ciclo malthusiano y otorgar la ventaja sobre el resto. Dado el carácter descentralizado del feudalismo europeo, no podía darse un solo resultado de la lucha sino varios, por lo cual siempre “habría una Inglaterra”. El capitalismo era, pues, “inevitable”. Pero la conclusión lógica es que, entonces, el capitalismo se desarrolló cuando y porque pudo impulsar el desarrollo de las fp, que es lo que Cohen dice.
 
Según Meiksins, Carling confirma con este intento que el marxismo analítico no puede explicar la historia sin asumir lo que necesita ser explicado: Carling termina afirmando que el capitalismo se desarrolló porque impulsa las fp; porque el capitalismo impulsa las fp tenía que ocurrir, es decir, podemos interpretar, transforma una afirmación histórica (algo que ocurrió) en una afirmación lógica (algo que tenía que ocurrir). Además, añade Meiksins, Brenner no señala que el feudalismo tiene una tendencia al estancamiento, sino que por sus propias reglas de reproducción carece de un impulso sistemático al desarrollo de las fp (cualidad específica del capitalismo). Que este último lo tenga no significa que reemplaza por ello necesariamente al feudalismo. Tal cosa implicaría que siempre rp más eficientes reemplazan a menos eficientes pero una proposición así es inútil y no falsable.
 
Las observaciones de Meiksins pueden resumirse en lo siguiente: la idea de que la historia es simplemente el inexorable progreso de las fp es vacuo e inconsistente con el análisis de Marx del capitalismo. El valor explicativo de la td es muy limitado y sólo significa que, en el muy largo plazo, puede verificarse una tendencia evolutiva y direccional (no teleológica) al desarrollo de las fp y que cada nuevo desarrollo es acompañado por nuevas posibilidades y necesidades. Pero no sirve para explicar las características del cambio, la velocidad, etcétera, ni mucho menos puede negar la afirmación de Marx de que la “petrificación” ha sido más la regla que la excepción.[ix]
 
Anti Cohen I: Robert Brenner
 

 

A pesar de que Alan Carling sostiene que las tesis de Cohen son compatibles con las de Robert Brenner, éste mismo se encarga de afirmar todo lo contrario. Para Brenner, siguiendo la misma línea crítica de Meiksins, Cohen asume aquello que debiera explicar. Cohen cree que el desarrollo de las fp explica la transformación de las rp aun cuando no pueda especificarse el mecanismo por el cual se lleva a cabo, “debido, en parte, a que también está convencido de que aparecerá un mecanismo de este tipo, es decir, que las nuevas fuerzas productivas generarán a las relaciones de producción (relaciones de propiedad) correspondientes por medio de algún mecanismo.”[x] El supuesto de que la racionalidad de los actores provocará necesariamente el surgimiento de este mecanismo es, según Brenner, inválido porque dada la prevalencia de relaciones de propiedad precapitalistas, “... no puede suponerse que los actores económicos consideren atractivo adoptar nuevas técnicas que realmente sean más efectivas”. Tampoco es posible suponer “que encuentren benéfico para ellos o para su capacidad de producción, establecer las nuevas relaciones de propiedad que se requieren para adoptar las técnicas nuevas.”
 
Otro argumento en contra de Cohen es que si se acepta que la capacidad de desarrollo de las fp que tienen las rp capitalistas proviene de ellas y no de otra parte, no puede explicarse la primacía de las fp. Aquí es donde el núcleo de la armazón conceptual de Brenner (y por ende, de Meiksins) muestra sus aristas más endebles:
 
En términos más simples, esto se debe a que, de acuerdo con tales premisas, ningún avance particular en las técnicas, ningún incremento en las fuerzas productivas, es necesario para generar relaciones de propiedad capitalistas o los considerables incrementos en productividad asociados con ellas. Por lo tanto, el capitalismo podría [a]parecer en un punto en el cual no han surgido todavía nuevas técnicas, más allá de las que se encontraban disponibles para los actores económicos durante el feudalismo. [La a entre corchetes es un agregado nuestro (E.S.) para cubrir lo que parece un error de tipeo.]
 
Leído en un sentido, Brenner parece decir que ningún nivel de fp es necesario para que se desarrolle el capitalismo. En otro sentido, cierto nivel mínimo, que se encuentra en las fp “disponibles para los actores económicos durante el feudalismo” era necesario. Brenner parece deslizarse hacia la autocontradicción hacia el final, cuando señala que cualquier explicación que base el surgimiento del capitalismo en la aparición de ciertas técnicas “accidentalizarían” la explicación, por lo que cualquier fenómeno “accidental” asumiría entonces la primacía. Y menciona a “las plagas, los terremotos o la evolución previa de las relaciones de propiedad.” Que es, precisamente, de lo que se lo acusa al propio Brenner...
 
Anti Cohen II: Eric Olin Wright y Andrew Levine
 
Los autores intentan desafiar las tesis de Cohen distinguiendo una serie de tesis implícitas en su razonamiento. El argumento central es que la tp no tiene el valor explicativo que Cohen le adjudica y que, el materialismo histórico tal como Marx lo esboza en el Prólogo del `59 debe ser complementado por una teoría de las “capacidades de clase”. Desarmando el argumento de Cohen, los autores encuentran que es imposible dar por sentado que las clases actuarán como individuos perfectamente racionales. Ésta es la conclusión a la que se arriba por presuponer una racionalidad abstracta, de seres humanos concebidos fuera de sus condiciones histórico-sociales, donde la transformación de la racionalidad en acción es un problema secundario. Examinadas una por una, las tesis de Cohen se muestran incapaces de dar cuenta de la historia real.
 

 

Entre las críticas más fuertes contra la td se encuentra la acusación de que presupone una definición transhistórica de racionalidad y escasez tanto como una noción también transhistórica de interés humano. El argumento sería que tales definiciones varían con el tiempo, por lo que la td es afectada en sus fundamentos: que haya escasez o no depende de lo que cada sociedad defina como tal. ¿Cuál sería la explicación al crecimiento de las fp bajo el feudalismo, entonces? La competencia entre los señores feudales. Incluso sería posible dar vuelta el argumento de la primacía de las fp indicando que las rp determinan intereses de clase que imponen el sentido de lo que es escaso o racional. Sin embargo, este argumento puede ser levantado: en cualquier condición social, los seres humanos tendrán una definición de escasez devenida de la realidad material más allá de lo que ellos mismos puedan creer. La escasez es un dato de la realidad que se impone a cualquier concepción sobre ella y que tiende a englobar todas las formas en las que puede aparecer: ya sea por la competencia militar entre señores feudales, por disputas por la tierra entre campesinos, por lo que fuera, resulta fácil probar que la tecnología feudal puede alimentar una cantidad limitada de seres humanos, más allá de la forma en que las rp determinen la distribución de la producción o condicionen la forma de pensar de los actores. También limitará el poder que un señor feudal pueda tener frente a otros. En consecuencia, la opinión de Cohen de que el desarrollo de las fp es una exigencia de la realidad que se impone bajo cualquier condición por el simple hecho de que la supervivencia humana es un valor superior a cualquier otro en cualquier condición, parece más razonable que las objeciones de Wright y Levine, que autonomizan los deseos y creencias de los actores de su marco de necesidad material.
 
La “tesis de contradicción” es discutida por los autores de la siguiente manera: se puede imaginar una sociedad de clases en la que no haya una tendencia sistemática a la contradicción entre fp y rp. En estas sociedades, en ningún momento se produciría una “incompatibilidad” entre ambas capaz de producir una “contradicción”. El ejemplo histórico es el del modo de producción asiático, donde la forma social de las relaciones de producción con su forma de estado característica, generaría un estancamiento permanente. Habría aquí incompatibilidad entre fp y rp pero no contradicción puesto que ésta implica que hay imperativos endógenos de cambio porque la reproducción estable de la estructura es imposible. Y para esto debería existir en el interior de tal sociedad una nueva clase dominante bajo cuyo gobierno se pueda realizar el avance. Si la incompatibilidad no engendra tal clase, entonces no se transforma en contradicción sino que se vuelve la base del estancamiento permanente. Que tal clase exista depende no de la dinámica de las fp sino de la forma histórica específica que toman las rp. En principio, este razonamiento se basa en evidencia empírica difícil de avalar: suponer que no hay desarrollo de las fp en el modo de producción asiático es una apuesta excesivamente fuerte. En particular, porque debería aclarar en qué marco temporal se ubica el “estancamiento”. En la escala de tiempo pensada por Cohen, no sería fácil aceptar semejante hipótesis. Hay que recordar que Cohen habla de cambios epocales (sólo de cuatro) y en el ámbito mundial. Por ejemplo: todos los modos de producción precapitalistas (lo que incluye todos los ejemplos que citan Wright y Levine) caben en el mismo estadio, ocupando por lo menos desde el 4000 a.C. al 1600 d.C. Con lo cual, los “estancamientos” son relativos a ese período y al conjunto del territorio mundial. Al definir sus tesis en términos de tendencias en semejante marco témporo-espacial, Cohen las “impermeabiliza”: en algún lugar del mundo en algún momento es lo que señalaría la tp, no en todo lugar y en todo momento.
 
Levine y Wright critican también la “tesis de transformación”: cuando existe una contradicción entre las fp y las rp son estas últimas las que deben cambiar y no las primeras. Aquí el argumento es que no es posible demostrar que el mero desarrollo de las fp da por resultado automático el desarrollo de una nueva clase capaz de construir nuevas rp y que, aunque ese fuera el caso, tal vez no deseara afrontar el costo de la transformación. Dejando de lado este último punto, que no parece muy problemático, dada la escala de tiempo en que piensa Cohen, el desarrollar las capacidades de clase no parece ser un obstáculo mayor. Hay que distinguir esta temática de las “capacidades de clase” del planteo brenneriano sobre los “intereses de clase”: un problema es que las clases quieran pero no puedan (o no puedan querer o no puedan saber lo que quieren) y otro es que el interés de las clases no tenga que ver con el desarrollo de las fp. Esta última objeción es más importante.
 
El replanteamiento del problema: Ellen Meiksins vs. Alex Callinicos
 

 

La controversia entre Ellen Meiksins y Alex Callinicos[xi] podría resumirse así: Meiksins sostiene que Cohen es compatible con Roemer porque la visión estática de la sociedad que éste último diseña carece de explicación para el movimiento histórico de la sociedad; en este punto, el primero entra en escena proveyendo una teoría de la historia compatible con una teoría estática de lo social, en tanto su tesis de primacía ofrece un mecanismo externo capaz de dar cuenta de las dificultades para explicar desde Roemer el movimiento social como fenómeno interno. La consecuencia lógica es una teoría de la historia que se construye a partir de elementos abstractos y transhistóricos resultado de extender al conjunto de la historia humana lo que es exclusivo y propio del capitalismo, desfigurando así no sólo lo que constituye la esencia histórica y única de este último sino también la imagen de lo que debería ser el socialismo como sociedad radicalmente distinta.
 
Meiksins acusa a Callinicos de reproducir parte de aquello que critica, es decir, una teoría determinista tecnológica del cambio histórico y señala que el ejemplo del Imperio Romano, en realidad, demuestra todo lo contrario que lo que la tp exige: no sería un caso de adecuación a la tesis de primacía porque no hay un freno a las fp, en el sentido de que su tendencia inherente a crecer fue limitada, sino porque esa tendencia estaba ausente o era muy débil ya que desarrolló más la extracción de excedente en extensión en lugar de aumentar la productividad del trabajo. Tampoco había fp más desarrolladas que impulsaran la búsqueda de nuevas rp más productivas. En realidad, dice Meiksins, se buscó acomodar las rp a las fp existentes. Notemos que este argumento no invalida la tesis de primacía puesto que se está señalando que las rp se adaptan a las fp, que es lo que la tesis de primacía predice. Como desarrollaremos más adelante, sucede que Cohen contiene implícita una tesis de progreso: unas rp más eficientes deben suceder a unas rp menos eficientes. Pero ello no se deduce de la tp sino de la td sustentada en la naturaleza humana abstractamente considerada. Lo que no se verificaría con el ejemplo del Imperio Romano es la tpro (pero sí la tp).
 
Meiksins arrima dos argumentos más a la disputa contra la tp: 1) aunque las fp tiendan a crecer, cada sociedad tiene sus propias reglas de reproducción; 2) aunque en Francia y Gran Bretaña existía la misma tecnología, el resultado de la lucha de clases fue diferente. Sobre el primer punto se podría señalar que sean cuales sean estas “reglas de reproducción”, deben guardar ciertas proporciones específicas con las fp, algún tipo de correspondencia entre ambas. Con relación al segundo, este es un argumento débil en tanto no pesca el problema desde su ángulo “internacional” (si se nos permite el anacronismo). Contiene parte de verdad (las fp no determinan mecánicamente la aparición de nuevas rp) pero falla en otros aspectos (cierto nivel de fp fue necesario para que en algún lugar surgiera el capitalismo). Nuevamente, la primera parte destruye la tpro pero mantiene intacta la tp.
 
Por su parte, Callinicos retruca por otro ángulo, atacando aquello que Meiksins propone como reemplazo a Cohen y que examinaremos en algún detalle cuando veamos la alternativa conocida como “marxismo político”: para Callinicos, esta versión, que enfatiza la primacía de la lucha de clases, carece de un mecanismo de cambio histórico en tanto ésta se produce en abstracción de las condiciones materiales, consistiendo toda la propuesta en una teoría sociológica de la dominación donde la lucha de clases se explica por sí misma.
 
La discusión entre Callinicos y Meiksins, que en general expresa un nivel más elevado que la de la propia Meiksins con Carling, se puede resumir en las preguntas que ambos se formulan mutuamente: para la filósofa canadiense, la pregunta es si el desarrollo tecnológico constituye la fuerza dinámica del cambio histórico, mientras que para Callinicos es si en el cambio histórico sólo intervienen factores subjetivos. El debate deja en claro que para Meiksins existen condicionantes estructurales pero tienen poco o ningún valor explicativo en el cambio histórico. En consecuencia, si tienen poco valor explicativo (no aclara cuál) no cuentan, lo que es conceder el punto. En un párrafo de su respuesta a Callinicos, Meiksins descubre el lado flaco de su propio argumento:
 
It is rather that, within the limits of existing conditions, within the prevailing ensemble of productive forces and relations, the principal classes can no longer successfully pursue their normal strategies of self-reproduction. ... When their reach their viable limits, the strategies are likely to change.[xii]
 

 

Ahora bien, ¿cuándo? ¿Cuándo se alcanza el límite? Para responder debería incorporar aquello que ella niega, la necesidad de un nivel determinado de fp, porque terminaría aceptando una tesis de primacía en forma suave. Meiksins ha construido todo su argumento a fin de poder negar la validez de la tp en cualquier forma al mismo tiempo que se rehúsa a relegar en forma absoluta los condicionantes materiales. Digamos de paso que este tipo de vacilaciones es propio de lo que podemos llamar el “síntoma thompsoniano” del marxismo: el rechazo al althusserismo (y sus vinculaciones teóricas con el estalinismo y otras formas estilo Segunda Internacional) ha llevado a muchos a rechazar ciertas formulaciones que son criticadas mediante adjetivos abundantes y descalificadores (“correlaciones mecánicas”, “reduccionistas”, “esquemas rígidos”, “unilateralidad”, “dogmatismo”, etcétera, etcétera) al mismo tiempo que eluden dar una respuesta explícita al problema planteado. El resultado es que lo que se ofrece son posiciones que, o bien no representan ninguna novedad importante frente a esquemas más clásicos, o bien dejan la puerta abierta a lecturas idealistas y posmodernas.[xiii]
 
La motivación detrás del argumento de Meiksins es rescatar sólo para el capitalismo la tp, según Meiksins, la forma específica en que aparece la contradicción entre fp y rp. Es decir, Meiksins no niega la existencia de vinculación entre rp y fp sino que en cada modo de producción se impone una relación específica: la contradicción sólo puede existir en el interior de un set de relaciones que establecen la dinámica posible. Así, el capitalismo
 
... is also unique in its particular systemic contradictions between forces and relations of production: its unprecedented drive to develop and socialize the forces of production ... constantly comes up against the limits of its primary purpose, the self expansion of capital which is sometimes impelled even to destroy productive capacities... (página 126)
 
Como señala Meiksins, la disputa entre ambos no es sobre si la lucha de clases ocurre en medio de un conjunto de determinaciones objetivas y contradicciones estructurales sino acerca de la particular naturaleza de estas determinaciones. Ahora, lo que debiéramos preguntarnos es si suponer que el crecimiento de las fuerzas productivas y su contradicción con las relaciones de producción existentes implica necesariamente, como Meiksins sugiere, trasladar al conjunto de la historia humana la lógica propia del capitalismo. Porque una cosa es que se afirme que en todas las sociedades las fp tienden a desarrollarse y chocar contra las rp y otra, muy distinta, afirmar que la forma específica en que se produce ese desarrollo y en que se manifiesta la contradicción bajo el capitalismo es propia del conjunto de la historia humana (recuérdese, sin embargo, que Cohen mismo rechaza tal identidad). Porque si Meiksins señala que hay una vinculación entre rp y fp, se encuentra en la necesidad de decir de qué tipo es. Contestaría, supongo, que depende del modo de producción en cuestión. Pero podría objetársele que sea cual fuere ese modo de producción, la correspondencia entre ambas no puede ser cualquiera. En primer lugar, quedan excluidos los casos en los que las rp tienden a destruir a las fp. Eso sólo nos deja con dos casos posibles: a) las fp y las rp no entran nunca en colisión (porque las rp son tales que se adaptan a cualquier nivel de fp); b) las rp son de tal tipo que jamás hacen crecer a las fp. Seguramente, Meiksins excluiría de la discusión al primer caso porque implicaría que acepta que entre fp y rp no existe ninguna vinculación necesaria. Tampoco aceptaría la segunda porque toda la evidencia histórica actúa en contrario y porque sería fácil probar que una sociedad así no se encontraría en mejor situación histórica que las que tuvieran un desarrollo negativo. De modo que Meiksins debería admitir, como de hecho lo hace, que las tesis de desarrollo y primacía son difícilmente atacables en una versión débil. A pesar de sus dichos, Meiksins parecería rechazar sólo la tesis implícita de progreso y aceptar una tp débil (como tesis de necesidad: cierto nivel de fp es necesario) paralela a una tesis de primacía de las rp fuerte (la dinámica que caracteriza a las rp es suficiente para explicar tanto la ocurrencia del cambio como el sentido). Examinaremos esta última cuando intentemos reconstruir el conjunto.
 
4. Evaluando a Mr. Cohen
 
a. La naturaleza humana, el humanismo radical y un resultado paradójico
 

 

Cohen defiende la existencia de una “naturaleza humana”. Según él, habría dos aspectos de la expresión: una que alude a “formas de comportamiento” y otra a “capacidades”. Cohen hace bien en negar validez a la primera y defender la segunda. El problema no es que haya afirmado la existencia de una “naturaleza humana” (algo que suele causar cierto escándalo entre los marxistas pero que, a esta altura del partido constituye un punto clave en el debate contra los extremismos idealistas, como el posmodernismo[xiv]) sino que transita sin mediaciones desde allí hasta la historia sin pasar por la sociedad, el tamiz real de las capacidades humanas. El problema es que ha eliminado la sociedad en beneficio de un naturalismo abstracto.
 
Aun así, hay un aspecto válido y útil en esta poderosa defensa de la racionalidad humana. Porque si Cohen ha sido acusado (con cierta razón) de eliminar la agencia humana en pro de una razón transhistórica, la acusación puede darse vuelta y ofrecer un resultado paradójico: si las fp no son más que la expresión de la capacidad productiva de la humanidad eso significa que el único límite al desarrollo humano (es decir, de las fp), al margen de los límites físicos de la realidad misma, son las relaciones en las que la humanidad se estructura (rp) lo que es lo mismo que decir que el único límite de la humanidad es la humanidad misma. El marxismo propuesto por Cohen, correctamente historizado, sería un humanismo radical en tanto enfatizaría el papel de la acción consciente y racional en la creación de la sociedad humana y constituiría un poderosísimo argumento en favor de la posibilidad y la potencialidad del socialismo: una sociedad en la que la creatividad humana se ha desembarazado de sus límites humanos en tanto el antagonismo sería reemplazado por la cooperación. Es decir, el fin de la prehistoria y el comienzo de la historia del género humano.
 
Incluso, se podría deducir de aquí que las rp son siempre límite de las fp porque el desarrollo pleno de las fp sólo es posible en una sociedad sin clases. Sólo allí la racionalidad humana abstracta (la humanidad como tal) puede enfrentarse directamente a la necesidad física sin ningún obstáculo humano. Existiendo éste es fácil ver que las fp se encuentran “trabadas” estructuralmente incluso bajo el capitalismo. La eliminación de las clases equivale a la eliminación de las rp, es decir, la eliminación de las rp como relaciones de propiedad que separan a la población en clases. El socialismo carecería de rp como relaciones de propiedad, por lo que la creatividad humana sólo encontraría obstáculos “técnicos”. Así, sería una sociedad donde el desarrollo económico no sólo sería resultado consciente y democrático sino potencialmente infinito en términos humanos. Por el contrario, el “humanista” Brenner concede demasiado al dotar al capitalismo de la exclusividad del desarrollo económico acelerado, o por lo menos, al insinuar que sólo la coerción del mercado, es decir, la violencia sistematizada, lo hace factible. El socialismo no es una mera extensión del capitalismo, como acertadamente señala Meiksins, porque sus propias reglas de reproducción no incluyen la presión del mercado como componente esencial de la vida social, con su consecuencia de desarrollo económico violento. Pero no se diferencia del capitalismo por carecer de tales posibilidades. Por el contrario, las posee sin contradicción alguna, en forma consciente y voluntaria, es decir, no como resultado de la compulsión ciega sino de la cooperación consciente.
 
b. La noción de “sociedad”: un caso de “Robinsonada”
 

 

Cohen introduce varias veces en sus argumentos a la sociedad, pero como bloque, como si fuera un individuo, es decir, no como sociedad real sino como sociedad metafísica. Considerando este aspecto es que Marcus Roberts coloca a Cohen como representante de lo que sería un marxismo de elección racional “transhistórico” y, por lo tanto, miembro privilegiado de la corriente marxista analítica. Sin embargo, el marxismo de elección racional es tributario directo del individualismo metodológico, cuya problemática se refiere a los individuos en el sentido más común del término, rechazando como construcción metafísica cualquier tipo de razonamiento que involucre a entidades que no son individuos (las clases o el ser humano como género). La idea de un marxismo de elección racional “transhistórico” es, por lo tanto, incorrecta y demuestra que la forma de razonamiento de Cohen es inconciliable con Elster y Roemer. Como resalta bien Roberts, la clave de los últimos es su decidida vocación por el individualismo metodológico, posición incompatible con el modo de razonamiento del primero (y con el marxismo en general). Podemos cuestionar el marxismo “analítico” de Cohen pero no confundirlo con lo que no lo es (y que de hecho ha venido a identificarse con un rótulo distinto, el “marxismo de la elección racional”). Dicho esto, el trabajo de Roberts es el más comprensivo y poderoso análisis del conjunto de los intelectuales aquí citados y compartimos muchas de sus posiciones aunque no, como se verá más adelante, su apoyo a la solución brenneriana.[xv]
 
Sin embargo, sigue siendo cierto que Cohen razona en abstracto, como si la sociedad no existiera o como si no hubiera diferencia entre la lógica de la acción individual y la lógica de la acción global. Esta ausencia es muy evidente en ciertos giros del lenguaje. Por ejemplo, hay un deslizamiento interesante en la expresión “las fp tienden a expandirse”: ¿las fp se expanden ellas solas? ¿Hay una autonomía de las fp en el sentido de tener voluntad? ¿En qué sentido puede decirse que las fp se expanden? ¿No correspondería decir: las fp son expandidas por la acción humana? En consecuencia, la tendencia no está en las fp sino en la humanidad, como de hecho parece Cohen pensar en tanto la mayor prueba de la td se encuentra en la naturaleza humana racional. Pero, así expresado, para que tal tesis funcione Cohen tendría que probar que la humanidad siempre lo puede todo en cualquier momento: que todas las opciones estarán presentes y que siempre será posible seleccionar la mejor. En consecuencia, no sólo es necesario que los individuos sean omnipotentes sino también omniscientes. Pero hace falta más: que los individuos no se opongan entre sí. Para ello, es necesario que sean todos iguales, que nada los enfrente. Pero eso presupone la ausencia de clases sociales. Las tesis de Cohen son válidas sólo para una sociedad sin clases. Aquí el marco de necesidad es meramente físico, los seres humanos no están constreñidos por nada humano. Si éstas existen, significa que los individuos se oponen, que no tienen los mismos intereses. Por lo tanto, que la posibilidad de escoger la respuesta correcta está limitada por los intereses contrapuestos. En consecuencia, la posibilidad de que se seleccione la respuesta correcta (la que hace avanzar las fuerzas productivas) depende del resultado de esa lucha y de los intereses de quienes luchan. Una defensa posible sería que en virtud de la td, las clases más “fuertes” serían aquellas que van en el sentido del desarrollo de las fp, pero él mismo se niega la licencia por tautología: dado que quiere usar la td como base de la tp, no puede tomar como prueba a la segunda o algún corolario derivado de ella. Aquí es donde más claro se ve que es el “hecho histórico” el que, en última instancia, soporta todo el edificio de la explicación: la racionalidad de los individuos es igual a la de la sociedad, hecho no explicado pero probado por la “rareza” de la regresión social como fenómeno histórico.
 
Como vimos, Olin Wright y Levine sostienen que el problema básico de su construcción radica en la ausencia de reflexión sobre las “capacidades de clase”. El argumento sería: dado que las clases son los actores principales del drama, la formación de conocimientos y aptitudes a ese nivel puede diferir sustancialmente de la correspondiente evolución de los mismos en los individuos. Lo que ambos critican es el supuesto de que las clases son idénticas a los individuos, entre otras cosas, porque la transformación de los intereses en prácticas no es un proceso automático y unívoco. Pero, con ser cierta esta crítica, no va al argumento central: Cohen no deduce las capacidades de clase desde los intereses de clase sino de la relación entre los intereses, las relaciones y las fuerzas en un contexto de racionalidad humana en un medio escaso. Por muy difícil que fuera, a la corta o a la larga, salvo que consideráramos no racional a la humanidad, el propio desarrollo de las fp urgiría a la búsqueda de alguna respuesta positiva y colocaría a la clase adecuada en capacidad de desarrollarse hasta el final. Con las tesis de Cohen se puede deducir que el proletariado (la clase concreta que examinan Olin Wright y Levine) más tarde o más temprano aprenderá las lecciones y hará la revolución porque no le queda otra. Por otra parte, si Cohen está en lo cierto, lo que señala es que la racionalidad humana general se impondrá no sólo en la clase emergente sino en la hasta entonces dominante: sólo los individuos más irracionales de esa clase se negarán a aceptar la solución propuesta por la clase enemiga. En términos gramscianos, la clase emergente impone su hegemonía porque puede identificar sus intereses con los de la sociedad en general.
 

 

Las tesis de Cohen presuponen que jamás puede darse una combinación “perversa” en el ámbito de las relaciones sociales, de modo tal que ninguno de los intereses en juego pueda obtener una victoria sobre el enemigo o que ninguno de los posibles triunfadores tenga el deseo de, o se beneficie con, el desarrollo de las fp. Y esta exclusión está dada porque Cohen identifica la lógica de la acción individual con la lógica de la acción global, resultando impensable que una clase poderosa creada por el propio desarrollo de las fp no esté interesada ni desee un avance general y la solución que puede y quiere imponer implique necesariamente un poderoso retroceso de las fp. La argumentación de Wright y Levine pasa por si las clases “podrán” y no por si las clases “querrían”. Discuten si las clases podrán “actualizar” sus intereses (si tendrán las “capacidades de clase” adecuadas) y no si puede darse una combinación en las que las clases no tengan interés en el desarrollo de las fp. Pensemos en el mundo antiguo: si la esclavitud representa un adelanto con relación al campesinado del que surge o al que elimina en la época clásica, el desarrollo de grandes masas de esclavos intensifica la lucha de clases pero, ¿qué interés pueden tener los esclavos más que volver a ese estadio campesino? Así, las bagaudas que azotaron al imperio romano hacia la tercera centuria y que fueron el preludio de su caída, impondrían una solución favorable a las grandes masas, que a ellas les permitirían un salto gigantesco a costa de la burocracia imperial y la población de las ciudades, que no eran más que una minoría. Tal resultado sería perfectamente racional incluso si las consecuencias adversas recayeran sobre buena parte de los victoriosos. Porque, una vez iniciado el proceso, los intereses ya consolidados impedirían el retorno: los esclavos liberados no querrían volver a la servidumbre, los bárbaros que hubieran conquistado partes enteras del imperio se negarían a devolverlas o subordinarse y quienes quisieran imponer el viejo orden tendrían que remontar la cuesta de lo ya perdido. Hacerlo significaría imponer sacrificios a los que todavía permanecen en el viejo orden, lo que dificultaría más la tarea. La única solución posible para ellos, renovación masiva de la esclavitud sin afectar los recursos ya existentes chocaría con el mismo límite que llevó a esa situación, la imposibilidad de reproducir por nuevas conquistas la población esclava. El “combustible histórico” de la sociedad esclavista se habría agotado. Y lo que es peor, sin posibilidad de recambio positivo, porque sería imposible dar un salto hacia adelante, hacia relaciones de producción más avanzadas que salvaran las fp conquistadas. Lo que es coherente con el esquema de Cohen pero exige desembarazar a la tp de la tpro.
 
c. Dos tesis implícitas y una teoría unilineal
 
Aunque Cohen no lo señala, su posición requiere de al menos dos tesis complementarias: la tesis de contradicción (en determinado momento el desarrollo de las fp tienden a entrar en contradicción con las rp) y la de progreso (unas rp más eficientes sucederán a las anteriores). Tanto la tc como la tpro son tesis en tanto no se deducen lógicamente de la tp ni de la td: la tp establece la prioridad causal de las fp pero no se deduce de ella que las fp necesariamente deban entrar en contradicción con las relaciones de producción existentes. La td establece que las fp tenderán a desarrollarse pero no que unas rp más productivas deben seguir necesariamente a otras menos productivas. Es importante la distinción de la tc, porque podría darse la posibilidad de que la tp expresara simplemente que las rp cambian con las fp sin necesariamente contradecirlas nunca. La tc implica la separación y la diferencia entre fp y rp que pone en juego la historia.
 
Según Cohen, puede haber “intereses que conspiran” (página 175) pero, de la td él deduce que no serán lo suficientemente fuertes como para impedirlo. Así, las contradicciones se vuelven accidentes, momentos en los cuales debe producirse una adecuación. En última instancia, nada detendrá la marcha de las fp, por lo que la tc se complementa con la tpro, implícita en la idea de que unas fp menos elevadas son seguidas por otras más elevadas producto de la acción de la td. Aunque no niega la posibilidad de estancamiento o retracción, va de suyo que la posibilidad lógica de tales procesos no fortuitos vulneran la td puesto que sería contrario a la racionalidad humana y no permitiría usarla como base de la tp. La tpro hace explícita la negación de la posibilidad de destrucción masiva de fp, suplantadas por otras menos elevadas pero factibles. Quedan excluidos los caminos sin salida.
 
Cohen niega la posibilidad de una tesis de desarrollo de las rp. Según Meiksins es porque supone que la historia es teleológica. Una tesis así no podría garantizar la marcha de la historia. Pero ésta es también, hasta cierto punto, una acusación falsa: Cohen no señala que la historia tiene una finalidad, sino que el resultado objetivo de las características de la humanidad y las condiciones en que vive es el desarrollo permanente de las fp. De cualquier forma, la conclusión lógica es una teoría unilineal de la historia conseguida a fuerza de diluir en gigantescas escalas temporales todas las objeciones posibles. La teoría gana invulnerabilidad a costa de volverse inútil y basarse en afirmaciones de dudoso valor histórico. Por ejemplo, la “rareza” de la regresión es una afirmación históricamente temeraria. Podrían darse centenares de ejemplos en contrario. Pero es precisamente aquí donde se ve la ausencia de la sociedad: para Cohen es imposible pensar que algo pueda ser racional, inteligente y, sin embargo, no ser un resultado socialmente válido y racional. Lo único que podría explicar un resultado tal sería una catástrofe. Lo que puede parecer racional (y serlo) puede no ser racional para los diferentes componentes (individuos o clases) sociales. La lógica de la acción individual no es la lógica de la acción global, pero Cohen está poco preparado para aceptarlo porque es incapaz de distinguir entre la “naturaleza humana universal” caracterizada por la racionalidad y la inteligencia y esta otra noción de “lógica de acción”, que presupone una racionalidad contextuada. Cohen da por sentado que aparecerá el resultado adecuado aun cuando no haya coincidencia entre la lógica de acción individual de la clase más poderosa (o emergente) y la lógica de la acción global (lógica del sistema). Para Cohen, el análisis de la acción concreta de las clases sociales no tiene ninguna importancia, puesto que no importa cuál sea la vinculación específica entre las lógicas individuales y la global que domine en un sistema social dado en un momento concreto: el resultado adecuado aparecerá, a la corta o a la larga.
 

 

d. Lógica versus historia: la caída del Imperio Romano y la transición al capitalismo
 
En general los críticos no advierten que Cohen no habla de todos los cambios históricos sino de cambios “epocales” y, dado su esquema de cuatro épocas, se trata de mutaciones muy generales y gigantescas (aunque varias veces el texto hace causa de cambios menores). Su “largo plazo” es verdaderamente largo: 4 millones de años para el primer cambio; del 4000 al 1700 (6.000) para el segundo y, quién sabe cuánto pero ya más de 300 para el tercero. En consecuencia, a esa escala se hace difícil negar la validez de las tesis de Cohen, que simplemente dicen que la gente no es tonta y que, a la corta o a la larga (a la muy larga, como se ve) resuelve sus problemas positivamente, sobre todo porque las condiciones (racionalidad y escasez) recortan las posibilidades de acción histórica. En consecuencia, no se trata de negar estas verdades elementales, sino mostrar su inutilidad para una teoría de la historia. Para Cohen, las objeciones mediante ejemplos históricos de menor dimensión que dichos cambios epocales sólo pueden ser considerados obstáculos circunstanciales por gigantescos que puedan parecer. No en vano, el único caso en el que cree necesario detenerse y examinar contra su tesis de primacía es el de la caída del Imperio Romano.
 
A este nivel, la única crítica válida a Cohen sería demostrar que los seres humanos no son racionales. Pero, acertar en este punto le ha costado a Cohen confundir necesidad con posibilidad. Aun con sus presupuestos, lo que afirma es sólo la posibilidad. Al operar con muy largos plazos, el grado de posibilidad se acerca a la necesidad. Por esto Cohen necesita una teoría del infinito: allí la necesidad se confunde con la posibilidad. Sus tesis tienen tal amplitud histórica y geográfica que resisten cualquier ejemplo puntual en contrario al precio de anularse a sí mismas. Las tesis no son falsas, son inútiles para explicar la historia y, por lo tanto no pueden constituir la base para una teoría de la historia.
 
Uno podría imaginar el siguiente argumento que parecería poner en jaque la tp: si rp más eficientes deben suceder a las menos eficientes, ¿por qué la parte del Imperio que cayó fue la de Occidente, donde reinaban las rp más avanzadas (supuestamente) y no la de Oriente (donde reinaban las más atrasadas) y el tipo de rp que se desarrolló con la caída de Occidente se asemejó más a las de Oriente (el campesinado) supuestamente más atrasado? Pero Cohen contestaría que tanto el feudalismo como el esclavismo son modos de producción precapitalistas, por lo que la caída del Imperio no es más que un episodio de la historia de las fp bajo relaciones precapitalistas, un momento interno a esa etapa. Como él no descarta regresiones, el ejemplo es absorbido fácilmente. La transición al capitalismo sería la única vez en la historia, aparte de la aparición de las sociedades precapitalistas de clase, en que un umbral de rp productivas fue alcanzado por el desarrollo de las fp. Y allí se produjo la transformación, lo que prueba la validez de la tp. No podría encontrarse mejor ejemplo de tautología histórica: lo que pasó, pasó cuando debía pasar, porque tenía que pasar.
 

 

5. Las tesis de Brenner
 
Siguiendo el modelo expositivo de Cohen, podemos señalar tres “tesis” centrales en Brenner[xvi]: a) la Tesis de Primacía Invertida (tpi) porque aquí son las rp las que ostentan la primacía explicativa; b) la Tesis de Racionalidad Condicionada (trc) porque los actores son racionales y actúan como tales sólo en el contexto de un conjunto de relaciones de reproducción que determinan la viabilidad de las conductas; c) la Tesis de Incertidumbre (ti), subproducto de a y b, en tanto que la “novedad” histórica sólo puede aparecer como “accidente”, es decir, como resultado no querido del proceso (puesto que la racionalidad de los actores consiste en repetir los mandatos de las reglas de reproducción y no pueden querer otra cosa). Es fácil concluir que constituyen la inversión de las tesis de Cohen:
 

 

Brenner
 
1. Las rp determinan el desarrollo de las fp;
2. Los actores racionales tienden a reproducir y no a transformar las relaciones;
3. De 1 y 2 se deduce que la transformación de las rp son el resultado no buscado de la lucha de clases.
 
Cohen
 
1. Las fp determinan a las rp;
2. Las fp crecen a través del tiempo;
 
3. De 1 y 2 se deduce que las rp cambian en función del crecimiento de las fp.
 

 

Brenner expone la tesis 1 (la tpi) del siguiente modo: las relaciones de propiedad definen a largo plazo el patrón de desarrollo económico que es el resultado agregado de cumplir con las reglas para la reproducción de los productores directos. La causalidad sería: 1. forma de las relaciones de propiedad; 2. reglas para la reproducción de actores económicos individuales; 3. patrón de desarrollo/no desarrollo de largo plazo. La defensa de la tpi se basa en la trc e incluye un argumento complejo que trata de demostrar que dada la condicionalidad de la racionalidad lo que los actores hagan depende de lo que ellos consideren racional con relación a una serie de determinantes objetivos (las rp). Coincidiendo con Cohen afirma que todas las relaciones de propiedad precapitalistas son similares: 1) los productores directos poseían los medios de subsistencia; 2) la clase dominante debía utilizar coerción extraeconómica. En estas condiciones, la clase dominante no tendría interés en expropiar a los campesinos porque no había una clase dispuesta para ser explotada por carecer de medios de subsistencia (ver nota 3). Por otra parte, tanto los productores directos como los explotadores encontraron racional adoptar pautas que en el largo plazo evitaran aumentos en el producto agregado per cápita.
 
¿Por qué? Primero, porque no había una presión de mercado para mejorar la producción (no había competencia). Segundo, porque los productores encontraron más cómodo diversificar sus productos antes que expandir especializadamente la producción. Se impone la producción para la subsistencia, tendencia que se refuerza por el bajo nivel de la productividad agrícola, las cosechas y la oferta de alimentos muy incierta. Resultaba más seguro evitar la dependencia del mercado, sobre todo para la compra de bienes de subsistencia. El resultado es una especie de círculo vicioso: especializarse requería más productividad, pero más productividad implicaba la transformación de las relaciones. En estas condiciones ningún productor directo aceptaría ninguna transformación. En un sentido similar, los señores buscaban la acumulación “política”, la construcción del Estado y la acumulación de medios de “coerción” más que de producción. La conclusión de Brenner es que queda fuera de toda posibilidad “un modelo de crecimiento continuo a través del mejoramiento regular de las fuerzas productivas” (página 44).
 

 

Ahora bien, si éste es el panorama, la conclusión lógica es que una sociedad así es estática a menos que se introduzca desde fuera el movimiento. Brenner examina esta posibilidad sopesando las virtudes de tres causas aducidas comúnmente, el comercio, las fp y la demografía. Todas adolecen de idénticas confusiones: 1) en presencia del factor clave, se adjudicará a los actores motivaciones capitalistas; 2) enfoque de las rp consideradas como técnicas en cada unidad productiva que pueden cambiarse en cuanto sea necesario;[xvii] 3) se presuponen relaciones capitalistas. Como dice Brenner,
 
En conclusión, el problema con la versión historicista del smithianismo es, a fin de cuentas el mismo que el del smithianismo puro y simple. Este último considera que el intercambio es algo natural. El smithianismo historicista cree que tiene un origen histórico. Pero en ambos casos, el proceso previsto esencialmente es el mismo: los individuos racionales con intereses propios que tienen oportunidad de efectuar intercambios, no pueden sino explotar en los procesos de intercambio y así lo harán, de manera inevitable, actuando como capitalistas, sean cuales fueren las relaciones de propiedad existentes y las reglas de producción que claramente se deriven a partir de ellas. Se supone que existen capitalistas en potencia y la conclusión ineludible es que promoverán el crecimiento si tienen la oportunidad de hacerlo, incluso si es necesario transformar gradualmente las relaciones de propiedad.[xviii]
 
6. Criticando a Mr. Brenner
 
El papel de las fp
 
La primera impresión que queda al leer los textos de Brenner que dieron origen al famoso “debate”[xix] es que la estructura determina el movimiento de la sociedad. La contradicción entre fp y rp genera la crisis y estallan las contradicciones sociales. Es el resultado de la lucha lo que determina el cambio y genera nuevas condiciones de desarrollo o no. Las condiciones de la lucha de clases son muchas: el arsenal “conciencia” es muy importante. No hay una absolutización de la lucha de clases sino como instancia decisiva del cambio.
 
Sin embargo, Brenner no establece ninguna vinculación entre fp y rp más allá de la determinación unidireccional de las rp. Se diría que el esquema de Cohen resulta más complejo, en tanto las fp tienen la primacía pero eso no anula en modo alguno a las rp. En Brenner las fp no juegan ningún papel aparente. Aunque no hace ninguna afirmación al respecto, en varias partes asoman respuestas diversas (y contradictorias): a) la escasa productividad agrícola refuerza el “temor” a la especialización y, por lo tanto, las limitaciones al cambio de las rp; b) las relaciones capitalistas pueden aparecer con cualquier nivel de fp;
 
En el primer caso, las fp actúan como limitantes del cambio social, en tanto que los actores no pueden “arriesgarse” porque la productividad agrícola no lo permite. Aunque pareciera subordinar las fp a las rp (en tanto los actores tampoco querrían aumentar las fp) le otorga un valor explicativo al menos subordinado: no hay relaciones mercantiles extendidas por el bajo nivel de las fp. Pero en el segundo caso, la objeción evidente es ¿significa esto que en cualquier momento es posible ver surgir el capitalismo? Bastaría que el resultado de la lucha de clases fuera el adecuado. No existiría ningún tipo de relación entre rp y fp. Un argumento en contra es que las relaciones capitalistas han surgido en muchos lugares antes que en Inglaterra. ¿Por qué allí se generalizaron y en otros lados no?
 
El movimiento de la sociedad
 
Brenner parece presuponer un contexto estático: nunca aparecerán nuevas oportunidades que harán cambiar las posibilidades ofrecidas por las relaciones de reproducción. Éstas parecen inmunes a cualquier cambio y los actores se apegarán a su libreto aunque haya oportunidades nuevas. Por ejemplo, que a los señores, el crecimiento del mercado urbano no les resultaría un elemento estimulante para incrementar la productividad, recuperar tierras en forma directa o proletarizar a los campesinos. Pero esto equivale a decir no sólo que no hay ninguna posibilidad de desarrollo técnico dentro de las sociedades precapitalistas sino que tampoco hay posibilidad alguna de desarrollo social. Entonces, o el impulso es externo (dado que internamente las sociedades serían naturalmente “conservadoras”) o debe encontrarse otra razón para el movimiento de la sociedad. Esta razón es, según Brenner, la lucha de clases. Ahora bien, ¿qué pondría en movimiento la lucha de clases? En cuanto se descarta alguna influencia de las fp, sólo quedan explicaciones accidentales: una hambruna, una catástrofe geológica, etcétera
 
Ante una insuficiencia explicativa tan evidente, sólo le queda a Brenner apelar a una causa interna que no sea la excluida desde el principio, el desarrollo de las fp. Esa causa parece ser, por la recurrencia con la que es mencionado este factor, la lucha política entre los dominadores. Pero, ¿qué hace que los dominadores se peleen siempre? No puede ser fp menguantes o crecientes, que establezcan diferencias de poder entre ellos. En consecuencia, se trata de motivaciones individuales, como la acumulación de medios de coerción. Pero ¿qué significa esto sino que, en última instancia el movimiento del conjunto de la sociedad depende de la ambición de una de sus clases componentes? Visto desde el lado opuesto, ¿por qué los campesinos querrían luchar contra los señores sino por una especie de vocación irredenta de libertad? De otro modo, podría encontrarse un punto en que la presión de los señores no resultara del todo insoportable y en el que éstos no desearan explotar más a sus campesinos: campesinos razonablemente mansos y señores ambiciosamente razonables. Encontrado ese punto, ¿qué haría mover a la sociedad? O una catástrofe o nada. Se podría argüir que la división natural de la herencia motivaría conflictos provocados por el arribo de nuevas generaciones a la clase dominante, pero esto estaría expresando lo que Brenner no quiere, a saber, una contradicción entre las fp existentes y las rp dominantes. En consecuencia, no hay explicación para el movimiento de la sociedad si se presupone un mundo estático.[xx]
 
La transición al capitalismo: ¿cuándo?
 

Brenner parece sugerir que de las crisis del XIV y el XVII sólo pudo salir airosa Gran Bretaña porque pudo desarrollar relaciones capitalistas. ¿Cómo fue posible desarrollar el capitalismo en un sólo lugar en el siglo XVII y ninguno en el XIV? Brenner parece decir que un contexto de determinadas fp puede dar cabida a un determinado resultado de la lucha de clases[xxi] con lo que estaría aceptando una tesis de primacía débil implícita: es necesario un determinado nivel de fp para que cierto resultado de la lucha de clases sea admisible. Ahora, ¿cómo se llega a ese nivel si no hay un crecimiento previo? Entonces, la tesis de contradicción implícita en la tp de Cohen también de hecho es aceptada por Brenner. Lo que Brenner no aceptaría, seguramente, es que el crecimiento de las fp lleva necesariamente a un determinado resultado de la lucha de clases y, por lo tanto, que el resultado necesario se dé realmente. Es decir, rechazaría la tpro. Ahora, Brenner deja sin explicar por qué se dio ese resultado y no otro. En principio, por las rp, pero éstas estuvieron en toda Europa. De hecho, son básicamente las mismas para todo el mundo precapitalista. ¿Cuál es la causa de ese peculiar resultado histórico y, sobre todo, por qué hubo que esperar hasta el siglo XVII?

 
El capitalismo
 
La apuesta más fuerte de Brenner apunta a distinguir al capitalismo de cualquier otro tipo de sociedad, aislando lo que constituye su núcleo más característico: el mercado como único regulador de la vida social. Acuciados por la necesidad de sobrevivir, los participantes del mercado se ven compelidos a innovar permanentemente, desarrollando las fp en forma sistemática. Este sería un caso excepcional en la historia humana: la única sociedad cuya razón misma de ser es el desarrollo sistemático de las fp.
 
Así las cosas, Brenner se anota un punto al ligar capitalismo con desarrollo económico: es fácil de probar que no ha existido sociedad más dinámica en este aspecto que la capitalista. Pero el precio es negar la posibilidad de desarrollo para cualquier otro tipo de sociedad, tropezando con dos problemas, uno histórico y otro político. El primero: sería realmente difícil sostener que sólo el capitalismo puede desarrollar las fp. Brenner no dice exactamente esto sino que señala que la peculiaridad del capitalismo consiste en su carácter sistemático a este respecto. Pero, si acepta el desarrollo de las fp bajo las sociedades precapitalistas todo su argumento se viene abajo y se ve obligado a incorporar las fp en la explicación del cambio social. A esta contradicción se arriba porque Brenner ha partido del capitalismo para deducir por el contrario las características de las sociedades precapitalistas.
 
Peor. Brenner ha pasado a suponer que sólo la competencia por la supervivencia genera desarrollo de las fp. Con lo cual elimina para el pasado cualquier tipo de crecimiento y, lo que es más grave, para el futuro: el socialismo sería una sociedad per se estancada. Brenner contestaría como hace Meiksins: cada sociedad tiene sus propias reglas de reproducción y, por lo tanto su relación específica con sus fp. Pero la abrumadora experiencia humana a la que hace alusión Brenner (todos los modos de producción precapitalistas, es decir, toda la historia humana antes del capitalismo) parece indicar como altamente excepcional que haya otra forma de desarrollar las fp. El socialismo se separa radicalmente del capitalismo, no es una mera extensión del mismo, como diría Meiksins, pero para colocar a la humanidad en la encrucijada de abandonar el único mecanismo que la ha transformado en lo que es en la actualidad. Brenner concede demasiado a los apologistas del capitalismo al insinuar en forma fuerte que la competencia tiene tal excepcional virtud.
 
Un punto más: si el smithianismo (tanto el marxista como el historicista) confundía la aparición de las condiciones para el surgimiento del capitalismo (por ejemplo, pero no exclusivamente, la intensificación del comercio) con la del capitalismo mismo (que viene a identificarse con el comercio), Brenner confunde la aparición del capitalismo con el comienzo de la historia. Ninguno de los dos puede pensar la noción de transición: ambos parecen decir que el capitalismo nace entero de las luchas feudales o de la expansión comercial.
 
Una confusión similar se da cuando Meiksins defiende a Comninel achacando a Callinicos posiciones “pirenneanas”: los mercaderes no son capitalistas porque la base de relaciones sociales que los sostiene no lo es. El argumento es correcto. Pero Callinicos no señala esto específicamente, aunque pueda darse a entender. Lo que señala es que estos mercaderes están en la prehistoria del capital. Y aquí el punto es clave: es cierto que no son capitalistas pero no es cierto que no tengan nada que ver con el capitalismo. En la transición algunos personajes que no son lo que van a ser se comportan ya en un sentido parecido al que lo harían si lo fueran, porque las tensiones a las que se ven sometidos corresponden a aquellas que trabajan en el sentido de la transformación. Es similar a la relación que puede establecer Thompson en “Lucha de clases sin clases”: acción obrera sin obreros. Esto es lo que puede explicar que haya sujetos que no siendo, actúan conscientemente en el sentido de lo que van a ser porque se enmarcan en un cuadro en el que las presiones los obligan a hacerlo: los mercaderes capitalistas de Brenner. Y es también lo que compatibiliza la existencia de una revolución burguesa sin burgueses que, no obstante, se comportan como tales. Es esta confusión la que hace que parezca que se explica un resultado con el resultado mismo.
 
¿Cuál es la unidad de análisis?
 

 

Como señalan algunos críticos, Brenner se centra demasiado en el campo, olvida el mundo urbano y la expansión colonial. En consecuencia, aísla la lucha de clases del contexto amplio en el que ella se da. Por esto puede separar la lucha de clases del marco de fp. Suponer que las tensiones en el campo inglés no han sufrido ninguna alteración por el desarrollo del comercio exterior, la conquista de América, la colonización de Africa y el enlace con las economías asiáticas, parece no estar muy justificado. De hecho, Marx analiza la acumulación originaria contra el fondo de estos fenómenos y, salvo que uno esté dispuesto a tirar por la ventana este capítulo de una de las pocas obras que Marx cuidó con especial atención, desde la escritura a la publicación, deberá reconocer que algún efecto han de tener. En consecuencia, la eliminación de las fp como factor desencadenante aduciendo que el nivel de fp no era distinto en el siglo XIV que en el XVII es inválida: es fácil demostrar que en el ámbito mundial las fp eran hacia el siglo XVII mayores que nunca antes. Ahora, eso no explica por qué en Inglaterra se dio el cambio y no en otros lugares. Para entender por qué fue en Inglaterra y no en España o Italia (ejemplos que, curiosamente, Brenner no analiza aunque podrían reforzar algunos aspectos de sus tesis) es necesario recurrir a otros elementos, como los resultados de la lucha de clases, aunque nunca puede olvidarse el telón de fondo señalado: en el siglo XIV ningún resultado podría haber sido el correcto mientras que algunos sí en el XVII. Entender por qué hubo varios casos exitosos en el XVII (no hay que olvidar a Países Bajos) y otros que no, implica observar la dinámica de las rp en ese contexto.
 
7. ¿Brenner plus Cohen? Las fuerzas productivas como marco de necesidad y posibilidad
 
¿Cómo se produce el cambio (epocal) social?
 
Lo que Meiksins y Brenner no pueden explicar es por qué el cambio social se produce cuando se produce. En este sentido, se puede recuperar la tp: el cambio social se produce cuando existen las condiciones materiales para ello. Esto es mucho más limitado que decir que la nueva sociedad nace en el interior de la vieja (y, como bien señala Meiksins, aunque haciendo abuso de esta crítica, que en última instancia es eterna): quiere decir, las tensiones de clase en la vieja sociedad alcanzan un máximo porque allí las fp se han desarrollado al máximo. La contradicción entre ambas no implica más que desajuste. Ese desajuste obliga a buscar una solución: mientras las bases materiales provean posibilidades, el ajuste podrá hacerse en el interior del paradigma (las mismas reglas de reproducción); cuando el desarrollo de las fp haya agotado el “combustible histórico” la solución ya no podrá ser interna al paradigma sino que deberá buscarse una transformación. Este es el punto de la crisis orgánica y es, por lo tanto, el mejor momento para la transformación social. Las fp han rebasado la capacidad de las rp para contenerlas y, si no hay transformación, habrá derrumbe. Esto no quiere decir que hubo un aumento de las fp de tipo cualitativo producto de la existencia en el interior de la vieja sociedad de relaciones ya pertenecientes a la nueva sociedad, sino que la vieja sociedad ha desarrollado al máximo su propia capacidad y se enfrenta a sus propias contradicciones: han entrado en crisis sus “reglas de reproducción” producto de su propio desarrollo. ¿Todas las sociedades tienen “reglas de reproducción” que desarrollan las fp? No necesariamente, pero una sociedad cuyas “reglas de reproducción” disminuyeran sistemáticamente sus fp sencillamente desaparecería por su propia dinámica. Una sociedad donde las fp no se desarrollaran más allá de un punto, una sociedad “estática” sería víctima fácil de otras sociedades a la corta o a la larga. Este argumento se conoce como “mecanismo de selección natural” por su analogía con la teoría darwiniana y ha sido criticado por autores como Petrucelli con la excusa de que sociedades cuyo desarrollo de las fp eran menores destruyeron a sociedades más poderosas. Dar como ejemplo los bárbaros y el imperio romano no es una buena jugada: la llegada de estos pueblos no es la causa directa de la caída, según coinciden más o menos todos los especialistas. Por otra parte, un análisis más detallado en realidad apuntalaría la tp: durante toda su historia tuvo el mundo romano población en sus fronteras. La diferencia entre los siglos III a.C. y III d.C. es que hasta este último son los “bárbaros” los que deben escapar de los romanos. El agotamiento del esclavismo, la aparición de una crisis global de reproducción de la sociedad esclavista, es decir, una aguda contradicción entre las fp a disposición y las rp dominantes, es lo que genera las condiciones de desintegración que invierten las cosas y provocan que ahora sean los romanos los que deban escapar de los “bárbaros”. Si esto es correcto, nos quedan sociedades donde las “reglas de reproducción” favorecen más o menos el desarrollo de las fp.
 

 

La tesis de primacía no explica la ocurrencia de algo sino la posibilidad de la ocurrencia. No explica por qué pasó ni cómo pasó (para ello hay que apelar a las “reglas de reproducción” y a la lógica económica y política por ellas impuestas) sino la posibilidad de que pasara y el momento en que es más probable que pase. ¿Puede haber otros mecanismos de cambio, antes de lo que expresa la tp y sin que medie su acción? Es difícil hacia adelante: es imposible que una sociedad cuyas necesidades materiales son elevadas aparezca antes que cierto umbral haya sido sorteado. No es posible pensar (con Meiksins-Brenner) que el capitalismo podría haber nacido en cualquier momento, a saber, por ejemplo en la época de Carlomagno. ¿Por qué los campesinos de Brenner pudieron mantenerse en el mercado? Porque una forma de mercado (que no incluía la compraventa de fuerza de trabajo) existía a niveles muy superiores a los que nunca antes. Lo que significa que un determinado nivel de fp fue posible para que tal tipo de rp se sostuviera. Por eso Marx examina la acumulación originaria en el marco de la conquista de América, etcétera Esto es compatible con Pierre Vilar: el feudalismo español como la última fase, el estadio más elevado del feudalismo europeo,[xxii] y también con Brenner, ya que no fue en España donde se desarrolló el capitalismo. Era necesario que ese resultado de la lucha de clases se diera en un contexto de fp suficientemente elevado.
 
El problema de la primacía
 
Los críticos de Cohen parecen asumir que plantear el desarrollo de las fp y la contradicción entre fp y rp implica necesariamente aceptar la explicación unilateral por las fp de una teoría unilineal de la historia, es decir, que aceptar la td (en cualquier forma, aún historizada) implica aceptar la tp, que debiera ser rechazada en cualquier forma que sea presentada. Pero al hacer esto, lo que hacen en realidad es eliminar del marco de análisis social (y por lo tanto, de la explicación de cualquier tipo de fenómeno social) todo condicionante material objetivo. La lucha de clases, las reglas de reproducción, etcétera, aparecen actuando en el vacío material.
 
La discusión sobre la “primacía explicativa” debe entenderse como un malentendido acerca no tanto de qué es lo que “va primero” sino de qué debe explicarse primero. Y lo que primero debe explicarse es la posibilidad: si algo no es posible, sencillamente no puede existir. La posibilidad no implica existencia sino sólo posibilidad de existencia. Las preguntas ¿por qué algo fue, es o será posible? y ¿por qué algo fue, es o será? no son equivalentes. De modo que la tp sólo puede expresar la “posibilidad” de la ocurrencia pero no la ocurrencia misma. Entonces, el valor de la tp se demuestra mucho más débil, pero es más útil: el cambio social puede ocurrir en cualquier momento, no exige ningún nivel determinado de fp, pero lo que no puede ocurrir es que el resultado de ese cambio sea tal que carezca de viabilidad material. Sencillamente, el capitalismo pudo surgir en cualquier lugar de Europa (existían posibilidades materiales para ello) en el siglo XVII pero en ninguno del siglo XIV. Hasta allí llega la “primacía explicativa” de la tp.
 
El mismo razonamiento podemos hacer con relación a la primacía explicativa de las rp. Las rp y su dinámica explican la aparición, la concreción de una posibilidad, la ocurrencia. Las rp poseen primacía explicativa con relación al ser no a su potencialidad: ¿por qué apareció el capitalismo en Inglaterra? Por la peculiar conformación de la dinámica de las rp allí, es decir, por el resultado de la lucha de clases en el campo inglés. Ahora bien, la posibilidad de algo es previo a la existencia de ese “algo”. En consecuencia, las fp guardan una primacía explicativa de “última instancia”. Como tal, aportan una explicación necesaria pero no suficiente.
 
¿El principio dinámico es el desarrollo de la fp? No. El principio dinámico es la contradicción entre fp y rp donde las primeras actúan como marco de posibilidad y necesidad de las segundas, cuya función primaria es reproducir la vida social. Concebir las fp como marco de necesidad y posibilidad significa señalar que no cumplen un rol pasivo frente a las rp (ya que las fuerzan a reaccionar, ya sea para permanecer como tales, adaptando las fp a sus necesidades o para transformarse). Cuando las rp no pueden resolver más sus contradicciones por la expansión de las fp, éstas se vuelven de marco de posibilidad en marco de necesidad, de espacio abierto a la creación a jaula limitante.

 

Un ejemplo: cuando los señores feudales se encontraban en necesidad de aumentar la extracción de excedente (por la aparición de nuevas generaciones, por necesidades político-militares, etcétera) podían recurrir a cuatro expedientes: 1) cambio de las rp; 2) aumento de las fp por aumento en productividad; 3) guerras; 4) mayor presión sobre la población explotada bajo las mismas rp. La crítica de la primera posibilidad ha sido adecuadamente expresada por Brenner y puede complementarse con Cohen: es difícil pensar en señores feudales instalando el capitalismo sobre la base de la necesidad de aumentar sus ingresos sin haberlo visto jamás en acción, al mismo tiempo que esta solución sólo está disponible si el nivel de las fp permite tales nuevas relaciones. Históricamente no es imposible, basta recordar a los junkers alemanes, pero ambas condiciones (la existencia del capitalismo en otros lugares y el nivel adecuado de fp) ya eran realidad. No sirve para explicar el inicio mismo del capitalismo. La segunda implica una actividad que sólo puede dar resultado a largo plazo y a costa de transformaciones de dudoso valor a corto plazo. La tercera es una posibilidad más cierta, pero el ir a la guerra conlleva la posibilidad de la derrota y, por lo tanto, del resultado inverso al buscado. Lo mismo ocurre con la cuarta, que en general precede y acompaña a la tercera y ofrecen ambas el peligro de una insurrección generalizada que impida la reproducción de las rp existentes. En consecuencia, queda a disposición de los señores feudales la expansión de las fp por una vía distinta, que va desde la colonización de terrenos incultos por nuevas familias campesinas o, algo parecido, la conquista fácil de nuevos territorios ocupados por población débil. Estas vías de expansión se muestran como las más seguras, pero tienen un límite, a saber, el agotamiento de ese “combustible” histórico tras una etapa de expansión. Mientras tanto, todas las contradicciones serán disimuladas por la expansión de las fp en el marco de las mismas rp en forma aditiva. Pero superada dicha etapa, las contradicciones sociales pasarán a primer plano y el juego se volverá de suma cero. Las guerras no ofrecen solución, sólo agravan el problema. En consecuencia, una nueva etapa de expansión sólo puede comenzar si se renueva el combustible histórico o si la forma de resolución de las contradicciones recrea el “combustible” al hacer posible un nuevo ámbito de expansión, abriendo un nuevo mundo, es decir, estableciendo nuevas relaciones que puedan sustentarse en la base ya existente. Si no se dan alguna de las dos alternativas, el resultado será un derrumbe, que como tal no hace más que reconocer la validez de la tp: las fp son adaptadas a las rp existentes ante la ausencia de condiciones materiales o se produce una transformación en el nivel de las rp para un salto cualitativo. Si no hay condiciones materiales, nada puede ocurrir. Condición necesaria. Pero de allí no se deduce que si no ocurrió, no pudo haber ocurrido. Porque la concreción de una posibilidad va más allá de sí, depende que los otros elementos concurran a actualizar la posibilidad. Es decir, depende del resultado de la lucha de clases. Si no están las condiciones, ningún ciclo malthusiano será superado sobre otra base que la hambruna y la peste (siglo XIV). Pero cuando éstas existen es posible que en algún lugar el resultado de la lucha de clases acelerada por la contradicción creciente entre rp y fp dé lugar a una solución “progresiva”.
 
Ejemplo del imperio romano: ¿era posible una salida “exitosa” que evitara el derrumbe? Sí: allí estaba el Imperio Romano de Oriente. ¿Por qué Oriente sobrevivió y Occidente no? Por la diferente dinámica de las rp: con una base cuya capacidad de reproducción surgía de su propio interior, Oriente siempre manifestó una debilidad relativa frente a Occidente en el “corto” plazo. Si los esclavos podían ofrecer una base para una capacidad productiva más poderosa a “corto plazo” contenían en sí límites infranqueables en tanto el funcionamiento del sistema dependía del abastecimiento permanentemente renovado de mano de obra. Cuando ésta comenzó a faltar en la magnitud necesaria, el conjunto del sistema comenzó a hacer agua. Las fp que podían mantener una unidad política gigantesca sobre bases relativamente sólidas a corto plazo, demostraron su inviabilidad a largo plazo. ¿Cuáles eran las posibilidades? Las guerras ya no tenían frutos como los de César. En consecuencia, exprimir a su propia base, esclavizar a los ciudadanos libres, no llevaba más que a un incremento de las contradicciones sociales. Está preparada la caída del esclavismo. Una vez desencadenado el proceso, no tiene retorno: el sistema imperial se cae porque los libres no quieren ser esclavizados y resisten; los “poderosos” se defienden, entre otras formas, defendiendo a los “débiles” con acuerdos de protección; los esclavos se rebelan exitosamente ante las crecientes debilidades de la estructura imperial para asegurar las condiciones de reproducción del sistema; los propios dueños de esclavos deben buscar reproducir la mano de obra a costa de nuevas relaciones pues las viejas no pueden ser ya garantizadas ni política ni económicamente.
 
Conclusión: ni Brenner ni Cohen
 
Se puede despojar a la tp de la tpro. La td se puede sostener en un sentido débil y reacondicionada a las rp, es decir, historizada. Pero esto no equivale a decir que no hay necesidad de determinado nivel de las fp porque “determinado” nivel alude a un cierto grado de desarrollo de las relaciones económicas y por ende políticas: a cierto activo material de las clases, a cierto desarrollo de las contradicciones. De ahí que la contradicción entre fp y rp puede darse repetidas veces pero sólo cuando se dan “en el contexto” de un amplio desarrollo de las contradicciones sociales existe la posibilidad de una transformación revolucionaria. No quiere decir que antes no sea posible sino que es menos probable. Tampoco quiere decir que sólo se dé en el momento justo. Brenner tiene razón cuando supone que el resultado final no puede deducirse o preverse (y en cierto sentido es accidental) pero lo que no puede presuponer que el resultado es siempre sostenible (y, que, por lo tanto, el capitalismo es sólo un resultado de la lucha de clases).
 

 

Pareciera, entonces, que la conjunción es posible, que “Brenner plus Cohen” es una asociación lícita: en última instancia Cohen sólo dice que si apareció el capitalismo es porque estaban dadas las condiciones (las fp) y Brenner que esas condiciones sólo lo son si algún resultado inesperado de la lucha de clases las actualiza. Así, mientras Brenner explica la aparición histórica, Cohen da cuenta de la necesidad lógica. Sin embargo, para lograr esta aparente complementación es necesario dejar de lado aspectos sustanciales en ambas posiciones: ¿qué queda de Cohen, sacando la td, más que la afirmación de la tp sin fundamento alguno?; ¿qué queda de Brenner, si diluimos su énfasis exclusivo en la lucha de clases, que lo distinga de autores más ortodoxos como Hobsbawm? La solución que se dé al problema debe ser consistente y coherente, no una mixtura lograda sobre la base de ignorar lo que separa y juntar lo que pega. Las críticas a Cohen en general son correctas cuando hacen énfasis en el carácter transhistórico de sus tesis. Pero Cohen plantea un problema serio que no recibe una respuesta mejor por parte de Brenner (en general, uno tiende a valorar más al primero cuando percibe las inconsistencias del segundo). Aquí intentamos rescatar una respuesta posible: un esquema dual jerárquicamente estructurado, que puede encontrarse en autores como Guy Bois o Alex Callinicos[xxiii] y, creo yo, aunque de esto debieran ofrecerse pruebas textuales, en el mismo Marx.
 

[i]Este texto fue escrito a comienzos de 1997. Para su publicación en esta revista se redujo más o menos a la mitad y se incorporó la bibliografía recientemente aparecida.
[ii]Como señalan Olin Wrigh y Levine, Cohen demuestra que la tesis de primacía no sólo pertenece a Marx sino que no resulta tan fácil de hacer a un lado como sus críticos piensan. Ver Olin Wright, Eric y Andrew Levine: “Rationality and Class Struggle”, in Alex Callinicos (ed.), Marxist theory, Oxford University Press, 1990.
[iii]Tomamos aquí el texto en castellano de Cohen, Gerald A.: La teoría de la historia de Karl Marx. Una defensa, Siglo XXI-Editorial Pablo Iglesias, Madrid, 1986. Cohen, como muchos otros, ha evolucionado hacia una posición que finalmente es indistinguible del liberalismo corriente, a partir de consideraciones abstractas sobre la noción de justicia. Véase Gray, John: “Harnessing the Market”, in New Left Review, nro. 210, mar\apr 1995. Aquí nos mantendremos dentro del Cohen de 1978, que aunque no afirma la utilidad de la teoría del valor-trabajo tampoco la niega, como hará más tarde. Aún negando esta teoría, ello no afecta su definición como “marxista” mientras se mantiene en el marco de análisis del materialismo histórico, pues ésta sólo opera bajo el capitalismo y no tiene ninguna relevancia para una visión general de la historia.
[iv]Para comodidad del lector, aclaramos aquí el significado de las abreviaturas que vamos a usar: tp: tesis de primacía; td: tesis de desarrollo; tc: tesis de contradicción; tpro: tesis de progreso; tpi: tesis de primacía invertida; fp: fuerzas productivas; rp: relaciones de producción. 
[v]Sorprendentemente, no he encontrado en ningún texto sobre Cohen la puntualización que realiza Ste. Croix sobre las condiciones reales de publicación del Prólogo y que, sin dudas, cuestionan severamente la “fidelidad” marxista de sus tesis. Ste. Croix afirma que, según un estudio original de Arthur Prinz, la ausencia de toda mención a la lucha de clases como motor de la historia en el Prólogo tenía su explicación en la necesidad de escapar a la censura alemana de la época. Sobre esta base, Ste. Croix invalida la pretensión que otorga al Prólogo la calidad de resumen autorizado de la concepción materialista de la historia que habría defendido Marx. Ste. Croix, G.E.M.: The class struggle in the ancient greek world, Duckworth, Londres, 1997. págs. 46-47
[vi]En principio, la idea parece un disparate pero no está alejada de una formulación correcta del problema. Por ejemplo, Stephen Jay Gould establece un planteo semejante para tratar el caso de la extinción de los dinosaurios y discutir la creencia de que éstos habrían desaparecido por incapacidad adaptativa: no se puede estar preparado para todo. Ver Jay Gould, S.: “El impacto de un asteroide”, en Dientes de gallina y dedos de caballo, Herman Blume, Madrid, 1984.
[vii]Cohen, Gerald: “Fuerzas productivas y relaciones de producción”, en John Roemer (comp.), El marxismo: una perspectiva analítica, John E. Roemer (comp.), FCE, México, 1989, págs. 19-32
[viii]Carling, Alan: “In Defence of Rational Choice: A Reply to Ellen Meiksins Wood”, en New Left Review, nro. 184, noviembre-diciembre 1990. Meiksins había destrozado al marxismo analítico en “Rational Choice Marxism: Is the Game Worth the Candle?”, en New Left Review, nro. 177, septiembre-octubre 1989, que ha su vez había sido previamente defendido por Carling en “Rational Choice Marxism”,New Left Review, nro. 160, nov-dic, 1986. Meiksins había criticado previamente a Cohen, Gellner y Hobsbawm sobre la teoría de la historia “a la Cohen” en “Marxism and the Course of History”, in New Left Review, nro. 147, septiembre-octubre 1984.
[ix]Meiksins Wood, Ellen: Democracy against Capitalism. Renewing Historical Materialism, Cambridge University Press, Londres, 1995
[x]Brenner, Robert: “La base social del desarrollo económico”, en Roemer, op. cit, pág. 60, nota 13. .), El marxismo: una perspectiva analítica, FCE, México, 1989. Cursivas en el original, aclaración entre corchetes nuestra.
[xi]Callinicos, Alex: “The Limits of Political Marxism”, in New Left Review, nro. 184, noviembre-diciembre 1990 y la respuesta de Meiksins en: “Explaining Everything or Nothing?”, en New Left Review, nro. 184, noviembre-diciembre 1990
[xii]Meiksins Wood, Ellen: “Explaining Everything or Nothing?”, pág. 125
[xiii] Véase, por ejemplo, las contradicciones de Raymond Williams en torno a la metáfora base-superestructura (y su crítica en Eagleton, Terry: Ideología, Paidós, Bs. As., 1997) o las del propio Thompson con relación a la definición de clase (y su crítica en Caínzos López, Miguel: “Clase, acción y estructura: de E. P. Thompson al posmarxismo”, en Zona abierta, nro. 50). Un ejemplo local de “buena voluntad antidogmática” que llega a contradicciones que se mezclan de una página a otra es el texto de Ariel Petrucelli, Ensayo sobre la teoría marxista de la historia, El cielo por asalto, Buenos Aires, 1998. Aunque compartimos algunas críticas a Cohen, disentimos en su apego a una solución filo-brenneriana y en su rechazo a la tp. No obstante, resulta un libro interesante y de lectura recomendable.
[xiv]Véase el muy importante texto de Norman Geras, Marx and human nature, Verso, Londres, 1983, donde se demuestra que Marx sostenía la existencia de una “naturaleza humana” contra la opinión, de raíz althusseriana, que ve en la Sexta tesis sobre Feuerbach el rechazo del filósofo alemán a toda noción por el estilo.
[xv]Roberts, Marcus: Analitical Marxism. A Critique, Verso, Londres, 1996
[xvi]Todas las referencias a Brenner en este apartado corresponden a “La base social del desarrollo económico”, en Roemer, op. cit.
[xvii]Curiosamente, Simon Clarke hace esta misma crítica al propio Brenner. Ver Clarke, Simon: “El humanismo socialista y la crítica del economismo”, en AA.VV.: Hacia una historia socialista, Ed. del Serbal, Barcelona, 1983. Una buena discusión de la complejidad de las rp se encuentra en el libro de Petrucelli ya citado, cap. II.
[xviii]Brenner, op. cit., pág. 52
[xix]Las críticas a Brenner en el debate que lleva su nombre son de varios órdenes. En la compilación de los principales textos por Aston, T.H. y C.H.E. Philpin (El debate Brenner, Crítica, Barcelona, 1988) la mayor parte se hacen desde un ángulo historiográfico y no referidas a la problemática que aquí tratamos. De todos ellos, Guy Bois es, por lejos, el mejor expositor de lo que con Callinicos podemos llamar “materialismo histórico clásico”.
[xx]La noción brenneriana de “acumulación política” puede ser defendida como una idea útil para explicar la función de la guerra en el mundo precapitalista, especialmente en la sociedad feudal. En tales sociedades, la guerra sería la reacción esperable ante la crisis de las relaciones productivas. Pero más que el motor autónomo de la dinámica feudal, sería una consecuencia de la naturaleza de las relaciones feudales. Véase Callinicos, Theories and..., op. cit., pág. 125.
[xxi]Véase su posición en el Debate, pág. 140
[xxii]Ver Pierre Vilar: “En tiempos del Quijote”, en Crecimiento y desarrollo, Ariel, Barcelona, 1986
[xxiii]Véase Making History, Cambridge, 1987