Elecciones en el Cono Sur.

Sobrino, Francisco T.

Consideración previa
 
Este artículo fue originalmente escrito a principios de enero para la revista norteamericana AGAINST THE CURRENT, y ha sido publicado en su Nro. 85, correspondiente a marzo de2000.
Posteriormente, mis compañeros del Consejo de Redacción de Herramienta consideraron conveniente incluirlo en las presentes páginas, como un aporte más al análisis sobre la coyuntura latinoamericana y de nuestro país.
Si bien contiene datos que son obvios para nuestros lectores, y cabría alguna precisión adicional en partes del texto, decidí respetar lo más posible el original, introduciendo algunos pocos cambios formales que no cambian sus lineamientos esenciales.
FTS.

 
En el último trimestre de 1999 hubo elecciones presidenciales en los tres países más australes del continente latinoamericano. En Argentina, la "Alianza", una coalición de la Unión Cívica Radical (un tradicional partido de centroderecha) y el Frepaso (una amalgama de peronistas disidentes, centroizquierdistas y socialdemócratas), triunfó sobre el gobernante Partido Justicialista, dando fin a 10 años de gobierno de Menem. En Uruguay, en la primera ronda el candidato del Encuentro Progresista-Frente Amplio (compuesto por socialistas, comunistas, ex guerrilleros "Tupamaros", grupos izquierdistas y pequeños desprendimientos de los partidos tradicionales) fue el más votado pero al no conseguir mayoría absoluta debió llamarse a una segunda elección, donde el tradicional Partido Colorado, apoyado por el Blanco, se impuso sobre el EP-FA.. En Chile, el candidato de la alianza derechista prácticamente empató con el de la Concertación (formada por el P. Socialista, la Democracia Cristiana, y otros grupos menores), que venía gobernando desde hacia 10 años. En enero hubo una segunda vuelta y ganó la Concertación. Estos resultados reflejaron en primera instancia una tendencia común. El "modelo" neoliberal en vigencia en los tres países es compartido por todos: ganadores y perdedores. Por ello, nadie especula (como podría ser en el caso de Venezuela), con la quiebra de la continuidad de la política económica puesta en vigor desde comienzos de la década de 1990, que es común al resto del subcontinente. No obstante, del análisis de cada caso pueden sacarse algunas otras conclusiones.
 
CHILE.
La Concertación gobierna desde 1990, con los presidentes Aylwin y luego Frei. Borrando sus promesas pre-electorales, ambos asumieron una política de ajustes y entrega de la economía, culminando la inserción de Chile (en su calidad de país subordinado) en la globalización capitalista, tarea que ya había comenzado durante la dictadura de Pinochet. Este es un claro ejemplo de las "transiciones democráticas" que sucedieron a las dictaduras latinoamericanas a lo largo de la década del 80. Si bien fueron un progreso respecto de los regímenes totalitarios, respetaron en gran medida las estructuras jurídicas e institucionales heredadas de los mismos. Y la política económica, favorable a las grandes corporaciones, fue continuada y aun profundizada. Por ejemplo, bajo los dos gobiernos de la Concertación la distribución del ingreso nacional se hizo aun mas injusta. En marzo de 1998 un informe sobre desarrollo humano en Chile, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) demostró que la población sufre enorme incertidumbre respecto a problemas como trabajo, salud, educación y seguridad contra la delincuencia. En ese entonces aun no se había desatado la grave recesión económica, que a fines de 1999 registra mas de un millón de desempleados (un 10 % de la población activa). El candidato oficialista Ricardo Lagos fue ministro en los dos gobiernos y sus promesas de terminar con la miseria en Chile no parecieron muy creíbles para una población agobiada por la misma. Con razón, la revista "Punto Final" pudo afirmar en junio de 1999 que "las cosas están claras. Si Ricardo Lagos gana las elecciones, ganarán los empresarios. Y si gana Joaquín Lavin (el candidato de la coalición derechista) también ganarán los empresarios. En uno u otro caso, la aplicación del modelo neoliberal no sufrirá trastornos y las privatizaciones se acelerarán. En las elecciones no esta en disputa la hegemonía política y social del proceso chileno. Cualquiera sea el candidato que triunfe, los intereses de las clases dominantes estarán a salvo". Esta convicción también es compartida por amplios sectores de la población trabajadora. En encuestas publicadas por la prensa, abundaban expresiones como: "Tengo absoluta desconfianza hacia todos los candidatos", o "no me convence ningún candidato, no se ve el proyecto del país que nosotros los trabajadores estamos esperando", o "vote lo que vote, no va a haber cambios. Pueden hablar mucho del derecho a la educación, a la salud, pero se ha visto durante todos estos años que esos derechos son cada vez menos". Así pues, puede concluirse que el progreso electoral de la coalición derechista no se debe a un desplazamiento ideológico sino mas bien al desencanto con los gobiernos de "centro-izquierda", y a la falta de otra alternativa. El P. Comunista, que tradicionalmente había sido uno de los mas poderosos del continente, también ha sufrido las consecuencias de la caída del muro. Pero mantuvo suficiente fuerza como para obtener el 3,2 % de los votos. Este caudal jugó un papel fundamental en favor de Lagos en la segunda vuelta, a pesar del llamado oficial a la abstención formulado por la dirección del PC. La inminente vuelta de Pinochet seguramente influyó en la preferencia comunista por el candidato de la Concertación.
 
URUGUAY.
Cuando se conocieron los resultados de las elecciones del 31 de octubre, donde Tabaré Vázquez, el candidato del Encuentro Progresista-Frente Amplio fue el mas votado, con un 39 % de los votos, hubo una explosión de jubilo y euforia por parte del pueblo uruguayo. Sólo en la capital, Montevideo (donde se concentra la mitad de este pequeño país, más de un millón y medio de personas), los actos reunieron a más de 300.000 concurrentes. Por primera vez, luego de 169 años en que gobernaron los dos grandes partidos tradicionales: el Partido Colorado y el Partido Nacional (Blanco), además de gobiernos militares, surgía la posibilidad de que la coalición de izquierda, nacida en 1971, ganara las elecciones nacionales en la segunda vuelta. Esto era debido al nuevo mecanismo electoral de "ballottage", promulgado por la reforma constitucional de 1996. Los partidos tradicionales propulsaron esta reforma porque en 1994 el electorado estuvo dividido en 3 tercios y pretendían de esa forma trabar un futuro ascenso del Frente Amplio al gobierno.
En las elecciones de octubre el Frente Amplio, que ya gobernaba Montevideo desde 1989, creció enormemente en el interior del país. Indudablemente influyo en este crecimiento la situación de la población del interior, donde no solo se perdieron fuentes de trabajo por el cierre de las pocas fábricas que había, y el agro, estrechamente ligado al comercio con Brasil, ha sufrido una importante quiebra debido a la crisis que aqueja a su gigantesco vecino. Ello provocó movilizaciones de los productores rurales hacia Montevideo a mediados de 1999. En los programas de los partidos no había diferencias significativas. El FA proponía el "cambio en paz", moderación y humanizar al capitalismo, administrar mejor el modelo neoliberal, pagar la deuda externa, negando enfáticamente el programa socialista. El principal candidato llegó a afirmar que el programa "no tiene siquiera añoranzas socialistas", y que es partidario de privatizar a las empresas estatales remanentes, "bajo ciertas condiciones". El embajador americano retribuyó favores, y en un gesto inusitado dio públicamente su OK a un probable triunfo de Tabaré Vázquez, declarando no haber encontrado en el programa del FA "nada que sea contra la filosofía democrática ni contra los intereses de EE.UU." Indudablemente el pueblo votó por un cambio, y para sacarse de encima a los partidos tradicionales y su corrupción. Para ellos, el Frente Amplio aparece como la izquierda "a la uruguaya", y sus antecedentes como gobierno local de Montevideo contrapesaron la campaña de propaganda de los partidos tradicionales de meter miedo a la "izquierda comunista y tupamara". La situación social de Uruguay es grave. De acuerdo a la CEPAL es considerado pobre uno de cada cuatro uruguayos. Aunque estos datos, comparados con el conjunto de América Latina, donde dos de cada tres personas son pobres, parecen poner a Uruguay en una situación óptima, el hecho es que en los últimos cuatro años, el ritmo de la reforma del Estado y del cierre masivo de fabricas ha sido acelerado, y el cuadro de miseria se agravará aún más.
Finalmente, el resultado de la segunda vuelta fue favorable al candidato colorado, Jorge Batlle, quien logró el 51 % de los votos, gracias al apoyo de los blancos. Aunque este resultado era el preferido por la alta burguesía uruguaya, hay dudas sobre su futuro, pues el nuevo gobierno deberá enfrentar el descontento creciente de las masas, con los dos principales partidos tradicionales sumamente debilitados, y de hecho se asistirá a un nuevo "bipartidismo", pues la coalición triunfante deberá "cohabitar" en el poder con el Frente Amplio, que sigue gobernando Montevideo, y cuenta con una importante cantidad de puestos en el Parlamento. Desde ya, Tabare Vázquez ha mostrado su predisposición a colaborar, pues ya dijo que "hay que trabajar juntos para sacar adelante al país".
 
ARGENTINA.
El 24 de octubre el candidato de la Alianza, Fernando De La Rúa se alzo con mas del 50 % de los votos, derrotando al candidato del gobernante Partido Justicialista, con un 34%. En tercer lugar, con un 10 % figuró Domingo Cavallo, ex ministro de economía de Menem. Con estas elecciones el régimen democrático burgués cumplió 17 años ininterrumpidos de vigencia. Este es de lejos el periodo de estabilidad democrática mas largo en los casi dos siglos de historia argentina. Prácticamente no hubo diferencias programaticas entre los principales partidos. Los candidatos de la Alianza se han preocupado por convencer a los inspectores del FMI de que seguirán aplicando sus recetas económicas, pero en forma mas prolija que la del corrupto gobierno de Menem. De la avalancha de votos que recibieron los tres primeros partidos (más del 94%), se podría llegar a la conclusión de que hay una generalizada aceptación de la política económica y social puesta en practica por Menem en esta ultima década. De hecho, la experiencia de los dos picos hiperinflacionarios sufridos a fines de los 80 y a principios de los 90, fue un golpe durísimo a quienes viven de su salario o de pequeñas rentas fijas, y a los endeudados en dólares. La injusta política económica aplicada desde entonces, con privatizaciones y una extraordinaria concentración de la riqueza en unos pocos grupos empresariales, fue acompañada por una estabilidad monetaria sin precedentes en la historia argentina de los últimos 50 años. Esta ultima medida le dio cierta tranquilidad a la población, quien sigue recordando con terror la época inflacionaria. Por esta vía, hubo una cierta pasividad popular que permitió gobernar a Menem sin mayores contratiempos, a favor de los grandes grupos económicos domésticos y del exterior, que se apropiaron de grandes empresas estatales por valores a menudos venales. Sin embargo la oposición a esta política ha venido creciendo, sobre todo en las ciudades y pueblos del interior del país, particularmente castigados por la desocupación (un 18 %), los bajos salarios y el atraso en el pago de sueldos al personal estatal. Las huelgas y los cortes de rutas y de puentes son cada vez más frecuentes, y en la primera semana de su gobierno, el nuevo presidente De La Rua debutó reprimiendo violentamente a los trabajadores y vecinos de la ciudad de Corrientes, con el saldo de varios muertos y decenas de heridos.
 
LA IZQUIERDA EN LA ARGENTINA.
La otra cara del resultado electoral fue el bajo performance de los votos de los seis candidatos de la izquierda, que obtuvieron de conjunto un escaso 3 %. Es notable el nivel de luchas alcanzado en distintas explosiones sociales, donde ha habido gran combatividad y han surgido organismos asamblearios altamente democráticos, que no pudieron ser controlados por las burocracias sindical ni política, pero en general de corta vida, pues duran mientras existe el conflicto. Cabría esperar que estas luchas se reflejarían en la esfera política, o sea en la adhesión a los movimientos de izquierda, aunque sólo fuera en las urnas electorales. Pero no ha sido así. El clima pre-electoral fue de apatía cuando no de repudio a todos los candidatos, fueran del color que fueren. La desesperanza en que de las elecciones pudiera surgir alguna solución a los graves problemas económicos y sociales que se abaten sobre la porción más pobre y explotada de la población presagiaba al menos un crecimiento en la abstención (la concurrencia a votar es obligatoria, aunque en la práctica no se castiga a quien no lo haga) y en el voto en blanco. Sin embargo, el índice de concurrencia (un 80 %) fue similar al de otras ocasiones, y el voto en blanco, preconizado por algunas agrupaciones, disminuyó un tanto respecto de anteriores elecciones, llegando al 3 %.
Es evidente que las masas no ven una alternativa anticapitalista, y optan por el "voto castigo", o directamente, sin mayores esperanzas, pero temiendo la vuelta de la inflación, apoyar al candidato del gobierno.
Este efecto "TINA"(There Is No Alternative), como dicen en EE.UU., en el seno de las masas de trabajadores, es un elemento común en los tres países del Cono Sur, y por supuesto en el mundo entero, y se debe a causas profundas, a cambios que ha habido en las ultimas décadas, que no se limitan al colapso de la Unión Soviética y sus satélites. El "socialismo realmente existente" representaba simbólicamente al  socialismo ante los ojos de los trabajadores del mundo entero y para los socialistas revolucionarios y libertarios todavía es una asignatura pendiente lograr demostrar lo contrario. La clase obrera también ha sufrido graves derrotas en el ámbito internacional (Gran Bretaña, la revolución centroamericana, etc.). La cruzada neoliberal de Thatcher y Reagan consistió en transformaciones económicas y sociales globales tendientes a desmantelar las posiciones duramente ganadas por el movimiento obrero en el siglo veinte durante décadas de luchas. Gracias a la globalización, las presiones transmitidas por los flujos internacionales del dinero, el capital y las mercancías han generado drásticos aumentos en las tasas de explotación del trabajo. Salvo algunas experiencias incipientes, ni las organizaciones obreras ni la izquierda en general han logrado crear un movimiento socialista internacional que pueda ofrecer una alternativa realista y convincente al actual orden de cosas. En el caso de la Argentina, para la mayoría de las organizaciones de izquierda parece que no existen estos nuevos problemas: se trataría de "más de lo mismo". Como hace quince o veinte años, se sigue afirmando que hay un atraso en la conciencia de las masas, y que todo lo que se necesita es un partido revolucionario (el de uno) que basado en las verdades científicas del marxismo-leninismo, se enraíce en las masas, las eduque y dirija sus luchas hasta culminar en la revolución y la toma del poder estatal. Hoy es evidente que esto no es tan simple. Parafraseando una conocida tesis, "el educador también tiene que ser a su vez educado".