Exclusión social en Argentina.

Panigo, Demian Tupac Lorenzetti, Andrea

Presentación de un esquema de análisis multivariado aplicado al caso del Conurbano Bonaerense para el período 1991-1998.

En el presente estudio desarrollamos una aplicación multidimensional del alcance de la exclusión social en el Conurbano Bonaerense (CB). A través de un conjunto de más de treinta indicadores demográficos, laborales y de pobreza se examinará la magnitud de esta “enfermedad social” (imagen visible del profundo deterioro de los distintos esquemas de solidaridad interpersonal y justicia social), analizando su evolución temporal desde los inicios del plan de convertibilidad hasta 1998 y su impacto diferencial sobre los distintos espacios sociales que componen el Conurbano.
El objetivo principal del estudio es brindar al lector una visión abarcativa de los problemas sociales que enfrenta el cinturón urbano que rodea la Capital Federal, destacando las principales tendencias encontradas en el lapso de siete años en cada uno de los espacios sociales recortados para dicho territorio. La región en estudio (el Conurbano Bonaerense) congrega a casi un 25% de la población urbana total del país, pese a lo cual no ha sido analizada aún desde una óptica social multidimensional[1], ya que este tipo de estudios se han aplicado generalmente al GBA en su conjunto, minimizando las profundas diferencias existentes entre la Capital Federal y los partidos del Conurbano.
Como un aporte complementario, presentamos una metodología alternativa (a la usualmente desarrollada en los estudios de pobreza para Argentina) para la estimación de los distintos indicadores de capacidades, pilar fundamental dentro de los comprendidos por el concepto de exclusión social.
Por ser el Conurbano una región heterogénea (a nivel de las relaciones sociales imperantes) una mirada del área en su conjunto no permitiría visualizar la diversa intensidad con que han aparecido los nuevos fenómenos sociales.
Por lo tanto y en base a una metodología de corte del Conurbano Bonaerense en diferentes espacios elaborada por el INDEC, se intentará desmontar la imagen geográfica y pasar a construir la imagen social del Conurbano Bonaerense (CB), a través de la aproximación a las diferentes condiciones materiales y sociales que conforman dicho territorio.[2]
 

 

 

 Marco teórico
En su carácter descriptivo, el concepto de exclusión social se relaciona fuertemente con el de pobreza vista como privación relativa (Rodgers, Gore y Figueiredo, 1995). Esta conceptualización permite ver a los individuos como seres sociales y no simplemente como acumuladores de utilidad.
Analíticamente, por su parte, el enfoque de exclusión social permite entender las interrelaciones entre pobreza, empleo productivo e integración social. El énfasis del enfoque es puesto en el hecho de que la vida de las personas se encuentra fuertemente afectada por la interacción entre la reestructuración económica y las instituciones sociales.
Por último, desde el campo normativo este enfoque trae a colación la discusión sobre la naturaleza de la justicia social. Así, al discutir los problemas de pobreza y desigualdad, permite conceptualizar más claramente la pregunta “¿igualdad de qué?”, moviéndonos desde una perspectiva utilitaria a un enfoque referido a la capacidad de ejercicio ciertos derechos.
De este modo, el enfoque contemporáneo de exclusión social permite tomar los elementos más ricos de las diversas tradiciones analíticas para constituir una visión amplia, de múltiples dimensiones, de carácter ambiguo y expansivo.
Estas dimensiones o pilares múltiples que acabamos de señalar comprenden desde las relaciones imperantes en el mercado laboral hasta la forma en que los distintos individuos acceden (o no) a las distintas instituciones básicas de una sociedad: educación, salud, justicia, participación y representación política, etc.
En el trabajo que estamos presentando hemos tomado 5 de estos pilares para tener una primera aproximación de la magnitud de la exclusión social en el Conurbano Bonaerense y las distintas características con las que se manifiesta.
 
Los cinco pilares de la Exclusión social
 
Como se detallara en el marco teórico, el enfoque de los mecanismos de exclusión social que se presenta en este trabajo considera como ejes para su análisis a lo largo del tiempo las siguientes dimensiones:
 
Primer pilar: Acceso al mercado de trabajo
La incorporación a la actividad económica será analizada a través de la lectura de una batería de indicadores que distinguen la intensidad de la propensión a la actividad para distintos subgrupos poblacionales diferenciados por sexo y tramos etarios.
La evolución de la actividad se encuentra estrechamente vinculada con la situación concreta de la economía nacional y la evolución de los mercados de trabajo y está influida tanto por patrones culturales así como por las posibilidades y oportunidades que brinda el mercado laboral.
Los indicadores seleccionados para dar cuenta de esta dimensión analítica han sido calculados para lo que se denomina “población potencialmente activa” -14 y más años-.
1.      Tasa de actividad específica: calculada como el porcentaje de población activa -ocupada y desocupada- de 14 y más años sobre el conjunto de población de esa misma edad.
2.      Tasa de actividad de varones: este indicador refleja el porcentaje de varones de 14 y más años incorporados a la actividad económica sobre el universo de varones de ese grupo de edad.
3.      Estas tasas han sido calculadas tanto para los varones jóvenes –hasta 29 años- como para el grupo de varones en edades centrales y de mayor edad –30 a 64 años-.
4.      Tasa de actividad de mujeres: da cuenta del conjunto de mujeres activas de 14 y más años sobre el conjunto de mujeres de ese grupo etario. Al igual que para los varones la propensión a la actividad laboral es calculada tanto para las jóvenes mujeres –hasta 29 años- como para aquellas en edades centrales o de mayor edad –30 a 64 años-.
5.      Tasa de actividad de los jefes de hogar: este indicador específico es calculado para un grupo de población que es reconocido por el conjunto de los miembros del hogar como persona de referencia del mismo coincidiendo en una alta proporción de los casos con el mayor perceptor de ingresos. Refleja el porcentaje de jefes de hogar de 14 años y más activos sobre el universo de jefes de hogar de 14 y más años.
 
Segundo pilar: Acceso al empleo
Para dar cuenta de esta dimensión se han seleccionado una batería de indicadores que reflejan la posibilidad de obtener un puesto de trabajo, el grado de satisfacción con la ocupación desarrollada y las formas que asume la subutilización visible de la fuerza laboral. Algunos de estos indicadores serán también considerados como medidas que nos aproximan a otro de los pilares analíticos propuestos como es el de acceso a un empleo de calidad.
1.      Tasa de empleo específica: calculada como porcentaje entre la población
2.      ocupada de 14 años y más y la población total de esa misma edad
3.      Tasa de Desempleo visible u horario específica: calculada como porcentaje entre la población desocupada de 14 y más años y la población activa del mismo grupo de edad.
4.      Tasa de desempleo de los jefes de hogar: la evolución de este indicador impacta generalmente sobre la propensión a la actividad laboral del resto de los componentes del hogar. Da cuenta del porcentaje de jefes desocupados de 14 y más años sobre el total de jefes del mismo grupo etario.
5.      Demandantes de empleo: esta medida da cuenta de el conjunto de población que presiona directamente sobre el mercado laboral a fin de conseguir una ocupación. Se calcula como el porcentaje de desocupados y ocupados que buscan activamente otro trabajo sobre el conjunto de la población activa. Dentro de los ocupados se pueden diferenciar aquellos que buscan activamente un empleo para agregarlo al que ya tienen como los que lo buscan para cambiar su ocupación principal u otras ocupaciones. Esta tasa al igual que las anteriores se calcula para el universo de población de 14 y más años y nos aproxima al grado de disconformidad con la ocupación desarrollada.
 
Tercer pilar: Acceso a un empleo de calidad
El conjunto de indicadores propuestos para este eje son los siguientes:
1.      Asalariados sin descuento jubilatorio: este indicador considerado como medida “proxy” de situaciones de precariedad laboral refleja la proporción de trabajadores asalariados que no gozan de descuento jubilatorio como atributo de su puesto de trabajo sobre el conjunto de asalariados.
2.      Tasa de sobreocupación: da cuenta del conjunto de ocupados que desarrolla jornadas laborales superiores a las socialmente establecidas sobre el universo de activos.
3.      Tasa de subempleo visible u horario: este indicador refleja el porcentaje de población que trabaja involuntariamente una jornada inferior a la socialmente establecida (35 horas semanales) y esta dispuesta a trabajar más horas.
4.      Ocupados por rama de actividad: este conjunto de indicadores da cuenta de la distribución de los ocupados en los diferentes sectores de la actividad laboral, distinguiéndose los siguientes: industria, construcción, comercio, servicios financieros, servicios sociales, servicio doméstico y transporte. Se puede distinguir en la evolución de este indicador los cambios en la composición sectorial del empleo y la evolución de aquellas ramas más proclives a la incorporación de empleo precario.
5.      Ocupados por calificación del puesto de trabajo: los distintos niveles de calificación del puesto de trabajo han sido establecidos a partir de “la complejidad de las acciones desarrolladas y los instrumentos utilizados en el proceso de trabajo contenido en cada ocupación”[3]. Se distinguen los ocupados que desarrollan puestos de trabajo de calificación profesional, de los técnicos, los operativos y los no calificados. La calificación de la ocupación es una medida indirecta del nivel de ingresos alcanzado por el ocupado.
 
Cuarto pilar: Acceso a la educación
En este trabajo se ha considerado solamente la posibilidad de acceder al sistema educativo formal como una de las formas de aproximarse a la exclusión educativa. Este indicador deberá ser complementado por otros que den cuenta de la magnitud que asumen nuevos procesos que impactan sobre el sistema educativo formal (calidad educativa, desgranamiento, permanencia, repitencia, etc.) y medidas que reflejen la exclusión de los sistemas educativos no formales e informales.
 
Quinto pilar: Capacidades.[4]
En los términos de A. Sen (1986) la pobreza puede determinarse sencillamente por medio de las capacidades. Un hogar que no es capaz de alcanzar un nivel de ingresos que le permita financiar sus gastos básicos de subsistencia es un hogar pobre.
El análisis de la pobreza es comúnmente desarrollado a partir de la confrontación de una variada gama de indicadores estadísticos, que dan cuenta de las capacidades de subsistencia de un hogar. En el presente estudio analizamos 9 (nueve) de estos indicadores, obtenidos a partir del análisis de la pobreza por ingresos, utilizando la metodología de las economías de escala en el consumo para su estimación.
Los indicadores de este quinto pilar de aproximación al estudio de la exclusión social se dividen en tres grupos: Incidencia, intensidad y desigualdad de la pobreza.
 
1.      Incidencia de la pobreza: Son los indicadores más utilizados por su sencillez e intuitividad. Reflejan el alcance de la pobreza o la indigencia con relación a una población objetivo, en nuestro caso la población total del Conurbano Bonaerense:
Porcentaje de personas (y Hogares) pobres: Refleja la inversa del ratio entre la población total (total de hogares) y la cantidad de personas (cantidad de hogares) que poseen un ingreso inferior a la línea de Pobreza. Este valor monetario varía temporal y geográficamente con la composición y el costo de la canasta.
 
2.      Intensidad de la Pobreza: Como bien describen Wright, R. (1997) y Sen, A. (1986), las medidas usuales de pobreza no permiten establecer una estimación razonable de la “intensidad en la pobreza” pues no son sensibles al nivel promedio de ingresos de los pobres ni tampoco a la distribución del ingreso entre los mismos. Es por este motivo que han surgido algunos indicadores adicionales que permiten suplir esta falencia metodológica:
Brecha en los ingresos (normal y ponderada por la proporción de pobres): Capta la diferencia entre el ingreso promedio de los pobres y la línea de pobreza, medida en porcentaje de esta última. Ponderada por la proporción de pobres en la muestra, se utiliza para medir el nivel de privación absoluta de los mismos. Valores mayores para este indicador establecen una mayor intensidad en la pobreza.
 
3.      Desigualdad de la pobreza: Desde las apreciaciones desarrolladas por Sen (1986), un indicador importante en el análisis de la pobreza es el grado de desigualdad en la misma. La idea detrás de este indicador es que cuanto mayor sea la desigualdad (entre los mismos pobres o entre el ingreso de los pobres y los no pobres), más profundos serán los conflictos distributivos y más problemática la percepción de la pobreza.
Coeficiente de Gini entre pobres: Este indicador puede ser interpretado de diversas formas. La más usual corresponde a su identificación con la curva de Lorentz. En base a esta relación, el coeficiente de Gini, en este caso restringido solamente a los pobres, representa al promedio ponderado de las diferencias entre todos los pares posibles de ingresos. Al igual que el coeficiente de Atkinson y el coeficiente de variación entre otros, el coeficiente de Gini es invariante a la escala de medición, es simétrico, y cumple con la condición de Pigou-Dalton (toda transferencia de ingresos de una unidad de mayores ingresos a una de menores ingresos reduce el valor del coeficiente).
Ingresos relativos pobres - no pobres: A diferencia del coeficiente de Gini entre los pobres, este indicador de desigualdad de la pobreza tiene en cuenta las diferencias de ingresos existente entre pobres y no pobres. Cuanto mayor sea esta diferencia, más profundo será el impacto social de la pobreza.
 
4.      Ponderación conjunta: Luego de haber desarrollado indicadores que analizan individualmente incidencia, intensidad y desigualdad de la pobreza, presentamos a continuación un indicador compuesto que pondera conjuntamente estas tres características.
Indice de Sen: El índice de Sen tiene en cuenta a la distribución del ingreso entre los pobres y se puede interpretar como la suma ponderada de las brechas de pobreza y es igual al porcentaje de pobres multiplicado por la suma del income gap ratio y el coeficiente de Gini específico de los pobres (ponderando a este último por 1 más el income gap ratio).
 
Ámbito geográfico y social de aplicación.
La construcción de los espacios sociales del Conurbano Bonaerense.
 
A fin de poder aproximarse a la construcción del mapa del CB se ha revisado profundamente la bibliografía existente referida a la diferenciación de la región en estudio, encontrando investigaciones iniciales que en base a diferentes criterios conceptuales y metodológicos distingue dos espacios claramente marcados.
En los últimos años y como profundización de trabajos ya existentes, las investigaciones que consideran la heterogeneización creciente del CB, avanzan sobre las caracterizaciones duales propuestas y conforman, en base a un conjunto de indicadores objetivos, diversos espacios sociales homogéneos entre si y diferenciables del resto.
La Encuesta Permanente de Hogares tiene tradición de investigación en este sentido y en 1991 trabaja sobre una primera diferenciación espacial del CB[5]. Avanzando sobre esta propuesta, en 1994 se sistematiza una diferenciación espacial del CB, basada en la asociación de ciertos indicadores de participación en la distribución social[6].
Los indicadores aplicados para el corte espacial fueron:
a) porcentaje de población cubierta por algún sistema de salud;
b) porcentaje de hogares con jefe con primaria incompleta.
c) porcentaje de hogares con baño de uso exclusivo;
d) porcentaje de hogares con ingreso per cápita en el estrato 1.
De esta asociación de variables -utilizando técnicas de análisis multivariado-, surgieron cuatro espacios claramente diferenciados al interior del CB:
CB1: Integrado por los partidos de San Isidro y Vicente López.
CB2: Conformado por los partidos de Avellaneda, Matanza1[7], Morón, Gral. San Martín y Tres de Febrero.
CB3: Lo forman los partidos de Almirante Brown, Berazategui, Lanús, Lomas de Zamora y Quilmes.
CB4: Lo integran los partidos de Florencio Varela, Esteban Echeverría, Merlo, Moreno, Gral. Sarmiento, Matanza2, San Fernando y Tigre.

 

El Conurbano Bonaerense y su evolución demográfica
 
Los datos aportados por los últimos Censos Nacionales de población permiten visualizar los cambios en el volumen poblacional del CB hasta 1991; para los años posteriores se cuenta con información proveniente de la Encuesta Permanente de Hogares.[8]
 
Cuadro 1.-Crecimiento poblacional de los partidos del Conurbano Bonaerense. Censo de 1980 y 1991
 
Unidad de Referencia
Población
1980
1991
Incremento
Total Partidos
6.823.141
7.924.424
15.8%
CB 1
Vicente López
San Isidro
580.242
291.072
289.170
584.546
287.154
297.392
1.4%
-1.3%
2.8%
CB 2
Avellaneda
La Matanza 1
Morón
Tres De Febrero
San Martín
2.167.609
334.145
503.995
598.420
345.424
385.625
2.252.163
342.226
520.215
637.307
348.343
404.072
3.9%
2.4%
3.2%
6.5%
0.8%
4.8%
CB 3
Lanús
Quilmes
Berazategui
Lomas De Zamora
Almirante Brown
1.937.478
446.980
446.587
201.862
510.130
331.919
2.237.174
466­.393
508.114
244.405
570.457
447.805
15.5%
4.3%
13.8%
21.1%
11.8%
34.9%
CB 4
Florencio Varela
Esteban Echeverria
La Matanza 2
Merlo
Moreno
General Sarmiento
San Fernando
Tigre
2.137.812
173.452
188.923
445.511
292.587
194.440
502.926
133.624
206.349
2.850.541
254.514
273.740
597.104
390.194
286.922
648.268
143.450
256.349
33.4%
46.7%
44.9%
34.0%
33.3%
47.6%
29.0%
7.3%
24.2%
 
Entre 1980 y 1991 hay un incremento de la población de un 15.8% para la región en su conjunto.
El ritmo de crecimiento registrado entre los dos últimos censos de población denota una desaceleración persistente de la población del CB en su conjunto: "(...) el crecimiento poblacional intercensal registrado para la región en estudio entre 1960 y 1970 fue del 42.6%, mientras que entre los censos del 70 y 80 dicho crecimiento descendió al 27.7%." (Roffman, A., 1997)
El aumento acelerado de población enfatizado en el CB4 en la década de los 80, podría explicarse en parte a la luz de ciertas políticas implementadas en la Argentina entre fines de los 70 y principios de los 80.
Algunas hipótesis planteadas en investigaciones consultadas consideran como factores relevantes para entender los procesos señalados a la erradicación de las villas de emergencia de la Capital Federal, y la afluencia de las corrientes migratorias provenientes del interior del país y de países limítrofes. (Bermúdez, 1989). Estos fenómenos habrían contribuido a una masiva y compulsiva localización de aquellos sectores de escasos recursos en las zonas no solo más alejadas de la Capital Federal y de difícil acceso, sino además en peores condiciones de infraestructura de servicios.
Por otra parte, el valor de la tierra en este espacio, ha sido probablemente menor que el registrado en otros, convirtiéndose en un incentivo para la población de menos recursos, y contribuyendo de algún modo a la dinámica poblacional de los últimos años.
 
Cuadro 2: Participación relativa de la población de los espacios del CB. En % de la Población total del CB en cada año
 
Unidad de Referencia
Censo1980
EPH1991[9]
EPH1998
Población Total
CB1
CB2
CB3
CB4
6.823.141
8.5
31.8
28.4
31.3
7.909.581
7.0
27.0
29.1
36.8
8.777.718
6.7
26.4
27.0
40.0
 
Los dos primeros espacios (CB1 y CB2) han visto disminuir en todo el período el peso relativo de su población con respecto al total; en el tercer espacio (CB3) la población se ha mantenido entre 1980 y 1998. El último espacio (CB4) es el único que ha incrementado su peso relativo en el período intercensal y entre 1991-98.
La apropiación diferencial de los espacios por distintos sectores sociales ha generado situaciones heterogéneas y desiguales en lo que se refiere a la calidad de vida de los habitantes. Sin duda, el aumento de población del CB concentrada en el último espacio social (sin una mejora sustantiva de la oferta sanitaria, educativa y de servicios de infraestructura existente), ha dado como resultado el aumento de población en situación de vulnerabilidad social y de precariedad en las condiciones generales de vida.
Lo cierto es que, para 1998, un gran número de hogares caracterizado por contar con mayor cantidad de menores y jóvenes habita en el espacio más desfavorecido del Conurbano. Estos hogares, siendo los más afectados por la crisis y los cambios en el mercado laboral deben convivir cotidianamente con la falta de agua potable, cloacas, gas natural, pavimento, servicios telefónicos, alumbrado público; con la escasa existencia de hospitales equipados y de escuelas, con la insuficiencia de transportes, con la falta de espacios y ámbitos para la recreación y la participación social, aspectos todos que sin duda posibilitan el acceso a una mejor calidad de vida.
 
Análisis de los resultados:
El impacto social de la Convertibilidad en el Conurbano Bonaerense
 
Los profundos cambios ocurridos en el mercado de trabajo en estos años, han causado un notable impacto en la población del CB, el mayor conglomerado urbano del país. El deterioro de las condiciones laborales ha sido de tal magnitud que no ha dejado espacios ni protagonistas sin afectar.
Para visualizar esta reciente transformación, focalizando en los indicadores laborales y socioeconómicos, se plantea un análisis que aborda la cuestión desde los cinco pilares de exclusión social presentados en las páginas previas. Inicialmente se evaluará el impacto de los cambios en el total del CB, para luego profundizar sobre los distintos espacios que lo componen (para los cuales no habrá indicadores de pobreza pues existe aún secreto estadístico en las variables de ingreso de los distintos sub-aglomerados que componen el CB).
 
Impacto de los Cambios en el Total del Conurbano
 
Entre 1991 y 1998 los indicadores de participación e inserción laboral han evidenciado cambios significativos, entre los cuales los más conocidos son el aumento de la actividad, de la desocupación abierta y del subempleo.[10]
 
Podemos observar que el CB  presenta:
Un notable aumento de la Actividad General.
Un ingreso al mercado de trabajo de las mujeres de todas las edades, que aumentan un 25% su participación laboral.
Un inédito aumento de la Desocupación abierta que alcanza los dos dígitos, triplicando los valores de 1991 y colocando al Conurbano como uno de los ámbitos con más alto nivel de desocupación del país y con la mayor concentración de desocupados en un espacio urbano (algo menos de 650.000 personas en mayo de 1998).
Para expresarlo de otro modo, en 1991 la probabilidad de tener un desocupado afectaba a uno de cada 10 hogares del CB; en mayo de 1998 esta probabilidad afecta a uno de cada cuatro hogares.
La desocupación no sólo afecta a jóvenes y mujeres, tradicionalmente los más desocupados. El crecimiento del desempleo de los jefes de hogar (un 138% entre el 91 y el 98), refleja el deterioro de la situación laboral y la gravedad de la misma, ya que históricamente este grupo era el menos afectado por la desocupación.
El aumento de la actividad y el desempleo se ve acompañado por un importante deterioro en la calidad del empleo. En otros términos, los puestos de trabajo que se mantienen o se generan son de jornadas de pocas horas con una tendencia a la desaparición de empleos a tiempo completo como modelo típico de jornada laboral. Un dato a destacar es el notable aumento de la subocupación horaria que casi se duplica en el período estudiado.
En este contexto se destaca un impactante crecimiento de la demanda de empleo sostenido no solo por los desocupados abiertos, sino también por los ocupados que buscan otra ocupación. Mientras que para 1991 el peso de los desempleados abiertos en la demanda de empleo global era de un 35%, en 1998 el mismo se reducía a un 28% ganando peso relativo las personas que declaran tener un trabajo, probablemente de baja calidad o escasos ingresos.
Los asalariados, y en particular aquellos que no tienen descuento jubilatorio (ver gráfico 2), ganan un peso considerable en el conjunto de los ocupados. Este hecho refleja la tendencia a la desaparición de atributos tales como la protección y cobertura social, que habían caracterizado en otro momento histórico a la condición asalariada. Se puede afirmar, sin temor a equivocación, que los puestos de trabajo asalariados existentes en 1998 son más precarios que aquellos encontrados a inicios del plan de convertibilidad.
La importante caída de los ocupados en actividades manufactureras y en menor medida en los servicios sociales básicos (hospitales, escuelas, etc.) es acompañada por un crecimiento de ocupados en algunos sectores de los servicios: trabajadores del transporte, comercio y actividades inmobiliarias de alquiler y empresariales se destacan en el conjunto de los ocupados.
La disminución durante el septeño de los ocupados en actividades de servicio doméstico (ver gráfico 3) esta claramente asociada a la pérdida de poder adquisitivo de los hogares, principalmente aquellos pertenecientes a los sectores medios. Es necesario tener presente que estas actividades han sido un sector importante de refugio de mano de obra femenina de poca calificación. La disminución en un 15% del servicio domestico en el lapso de siete años agrava las ya deteriorados posibilidades laborales de las mujeres con menores recursos del Conurbano Bonaerense. 
Estas tendencias se ven acompañadas por una polarización dicotómica de la estructura ocupacional por nivel educativo, con un aumento de los profesionales y de los empleos de baja calificación en desmedro de las actividades técnicas y operativas.
Paradójicamente, tal como puede observarse en el cuadro 4, los profesionales y las personas con bajo nivel de instrucción formal son los únicos grupos que disminuyen su participación en la PEA entre 1991 y 1998.
Más allá de la leve reducción en la participación de los profesionales, analizando todos los niveles de educación en conjunto, se observa una tendencia general al aumento del nivel educativo en la población económicamente activa del Conurbano Bonaerense, con una fuerte disminución de los activos con primaria completa e incompleta y un aumento de los que comenzaron el nivel secundario o universitario para luego abandonarlo o de aquellos que completan el nivel terciario.
Pasando al análisis del pilar de capacidades, se puede observar en el cuadro 5 el resultado de las estimaciones desarrolladas para el Conurbano Bonaerense (a nivel agregado) de los distintos indicadores de pobreza e indigencia. Por una cuestión de espacio hemos omitido, tanto en el cuadro 5 como en los próximos cuadros y gráficos, la presentación de los resultados particulares obtenidos para cada valor de a (la inversa de las economías de escala en el consumo), analizando solamente el promedio de los mismos[11].
 
Los principales resultados que pueden extraerse son los siguientes:
Al igual que en el caso del GBA, se observa que desde 1991 a 1998 los distintos indicadores de incidencia, tanto de pobreza como de indigencia, han seguido un sendero en forma de U, con un pico en 1991 para los pobreza y en 1998 para los de indigencia.
Sin embargo todos los indicadores de incidencia (tanto de pobreza como de indigencia) del Conurbano son entre un 20 y un 25% mayores que los del GBA. Si asumimos bajas economías de escala en el consumo (a=0.8), el 26,4% de las personas que habitaban el Conurbano Bonaerense en 1998 se encontraban con un ingreso menor al del umbral de pobreza. El 21% de estos pobres (es decir el 5,6% de la población) poseía ingresos inferiores aún a los de la línea de indigencia.
Aunque estos valores se modifican en magnitud si evaluamos el promedio de los resultados obtenidos para los distintos valores de a, no cambia significativamente ni la evolución ni los diferenciales encontrados con el GBA.
Con respecto a los indicadores de intensidad y desigualdad observamos que la evolución temporal es totalmente inversa a la de los indicadores de incidencia. En todos los casos puros (es decir sin tomar en cuenta los indicadores que ponderan conjuntamente a más de un indicador) se verifica un pico en 1994 y una leve declinación desde dicha fecha hasta 1998. De cualquier manera, todos estos indicadores (de desigualdad e intensidad) son mayores en 1998 que al comienzo de la Convertibilidad. En el caso particular de la desigualdad entre pobres y no pobres, el crecimiento entre extremos del indicador fue superior al 30%. Para el Conurbano en su conjunto, en 1998, el ingreso medio de los no pobres era cerca de 7 veces superior al de los pobres cuando en 1991 dicha relación no llegaba a 5.
Comparando con los resultados obtenidos para el GBA, observamos que tanto para la intensidad de la pobreza como para la desigualdad entre pobres no existen demasiadas diferencias con los resultados encontrados para el Conurbano Bonaerense (solamente un poco más de intensidad en los 19 partidos). Sin embargo, cuando analizamos el caso de la desigualdad entre pobres y no pobres, notamos que la misma es mucho más elevada en el GBA que en el Conurbano, diferencia cercana al 20%.
Si pasamos al análisis de los indicadores compuestos, observamos en primera instancia que (para el promedio de los a) el incremento de la intensidad casi compensa la caída en la incidencia por lo que la multiplicación de ambos indicadores muestra valores muy similares para 1991 y 1998 en el Conurbano Bonaerense. Respecto al índice de Sen, la conclusión es similar. Con una estrategia de ponderación diferente de incidencia, intensidad y desigualdad de la pobreza, en este indicador puede apreciarse que la diferencia entre 1991 y 1998 es menor a un punto porcentual (8,4% en 1991 y 7,5% en 1998).
Finalmente resta analizar la robustez de estos resultados a partir del coeficiente de variación (CV) de los mismos estimado con los distintos valores de a. Podemos afirmar que la volatilidad de los resultados se ha reducido fuertemente con el tiempo (un 14% en promedio para todos los indicadores), destacándose la caída del 24% en el CV los indicadores que analizan intensidad. Aún sin llegar a estos elevados porcentajes, se ha verificado en todos los indicadores una significativa reducción del CV, mejorando la robustez de los resultados.
 
Impacto de los Cambios en los distintos espacios sociales del CB
 
Los cambios generales encontrados para el Conurbano en su conjunto adquieren en cada uno de los espacios características específicas.
 
·        Cambios en el primer espacio social (CB1):
Los jóvenes varones y mujeres del CB1 se incorporan masivamente a las actividades de mercado, con el mayor aumento de sus tasas de actividad en relación al resto de sus pares. Las mujeres jóvenes, ya muy activas para 1991, constituyen el grupo de población que más incrementa su participación en relación a sus pares de los restantes espacios. Es en el CB1 dónde se registra el mayor crecimiento de la actividad laboral.
Se genera un importante aumento de la desocupación abierta: cuadruplica su valor en el período analizado. También aumenta notablemente el desempleo de los jefes de hogar, ya que siendo el valor más bajo del CB para 1991 es el que más crece en términos relativos (450% en el lapso de siete años). El hecho de que un importante grupo de jefes de hogar no puedan obtener recursos económicos para el hogar puede explicar en parte, el importante aumento de la actividad femenina destacado en los párrafos anteriores.
El aumento de la actividad registrado, no sólo se produce a causa del mayor desempleo, sino que también se explica por una mayor generación de empleo. En este espacio del CB, al igual que en el CB2, aumenta la cantidad relativa de ocupados en el conjunto de la población con edad de trabajar.
Este crecimiento del empleo, sin embargo, se ha visto acompañado de otros fenómenos que acotan la calidad de los puestos de trabajo: los ocupados menos sobreocupados en 1991, pasan a ser los únicos de todo el CB que están más sobreocupados en 1998; la sobreocupación no impide que además casi hayan duplicado la demanda de empleo.
En el mismo sentido, y tal como se veía en la dudosa calidad del empleo generado, el crecimiento del trabajo asalariado se dio acompañado por el aumento de puestos sin descuento jubilatorio. Cabe destacar que en 1991 este espacio tenía la menor cantidad relativa de asalariados precarios, mientras que para 1998 se convierte en el segundo espacio con mayor peso relativo de asalariados en esta situación después del CB4.
Se producen cambios en la estructura de calificación de los puestos de trabajo de estos ocupados: disminuyen su presencia relativa los trabajadores en puestos más calificados; se incrementa la presencia de aquellos en puestos de menor calificación: operativos y principalmente no calificados con un crecimiento de casi un 50%.
Esta tendencia a la descalificación de la fuerza de trabajo no se condice con el mayor nivel educativo de la PEA, dado que en el período estudiado aumentan aquellos que no han completado la secundaria y los niveles superiores y universitario. Esto estaría indicando una mayor distancia entre el nivel educativo formal y los puestos de trabajo a los que accede la población.
Se puede suponer que “la juventud dorada” del Conurbano, mejor posicionada al comienzo del plan de convertibilidad en la permanencia exclusiva en el sistema educativo sin tener que trabajar, se ha visto obligada a insertarse en puestos de trabajo más precarios y poco calificados; es probable que en otros momentos históricos, puestos como éstos o similares fueran ocupados por jóvenes con menor nivel educativo, habitantes de los espacios menos favorecidos.
 
·        Cambios en el segundo espacio social (CB2):
Se produce una incorporación significativa a la actividad de las mujeres de todos los grupos de edad, con especial énfasis en aquellas de 30 y más años, protagonistas principales del crecimiento de la PEA; los varones mantienen su participación con cambios según grupos de edad: aquellos en edades centrales refuerzan su participación mientras los varones más jóvenes se retiran del mercado, probablemente afectados por el desaliento.
Tanto la desocupación abierta como la específica de los jefes de hogar crece alrededor de un 150%. La demanda de empleo, una de las más significativa en 1991, si bien aumenta en un 80% no alcanza los altos niveles de crecimiento de los restantes espacios. En este espacio al igual que en el CB1 los jefes de hogar aumentan su presencia en el mercado de trabajo.
Los ocupados del CB2 mantienen los niveles de sobreocupación de 1991 pero aumentan los niveles de subempleo en un 80%. El aumento de los asalariados se da junto a un crecimiento de aquellos que no perciben descuentos jubilatorios si bien es en este espacio donde los asalariados precarios crecen menos.
Se producen importantes cambios en la composición por rama de actividad de los ocupados: los ocupados en la industria caen un 25% en siete años; también disminuyen los trabajadores del comercio; los únicos que aumentan su presencia son aquellos que están insertos en ramas ligadas a la construcción y servicios tales como los servicios financieros, inmobiliarios, empresariales y de alquiler; un caso notable es la duplicación de los ocupados en el transporte, convirtiéndose probablemente ésta en actividad de refugio de los varones expulsados de las actividades manufactureras en el CB históricamente más industrializado.
Los cambios en la composición sectorial del empleo muestran una mayor participación de los ocupados de calificación científico-profesional y técnica
En la PEA aumentan su presencia los activos en los niveles educativos más altos (a partir de secundario incompleto) con lo que podría suponerse que parte de la fuerza laboral de este espacio habría accedido a puestos de trabajo más acordes con su educación formal.
Son principalmente las mujeres, con especial énfasis de las mayores de 30 años, más inactivas para 1991, quienes ingresan al mercado laboral ante la desocupación de los varones que antaño desarrollaban actividades manufactureras. Estos nuevos trabajadores (tanto mujeres como varones que pierden su trabajo y deben conseguir otro) se insertan principalmente en los servicios financieros, inmobiliarios, empresariales y de alquiler, en el transporte; en puestos de jornadas más reducidas como estrategia laboral frente a un mercado en crisis. 
 
·        Cambios en el tercer espacio social (CB3):
La tasa de actividad de este espacio es la que menos crece junto con la del CB4: casi 4 puntos porcentuales entre inicios del plan de convertibilidad y mayo de 1998. El aumento está sostenido fundamentalmente por mujeres de todas las edades.
La fuerte impulsión a la actividad laboral de cónyuges e hijas puede leerse a la luz de la caída de la actividad laboral para los jefes de hogar -dado que este es el único espacio donde este valor disminuye- y el notable aumento de la desocupación de este grupo.
La transformación operada en el ámbito laboral pareciera haber impactado sobre los patrones culturales más arraigados en los partidos del sur. Una característica específica de dicho espacio era la mayor inactividad de las mujeres posicionadas principalmente como cónyuges, quienes permanecían al cuidado del hogar. Son estas mujeres quienes mayoritariamente debieron abandonar su rol exclusivamente doméstico, para incorporarse a las actividades de mercado.
Así, al deterioro de la situación laboral de los jefes se le suma la del resto de los componentes del hogar: mientras en mayo de 1991 la tasa de desempleo de este espacio era de 6,8%, en 1998 crece en más de un 100%.
En este espacio se registra, a diferencia de los dos anteriores, un caída de los niveles de empleo en un 2%, acompañada por una disminución de los sobreocupados, un abrupto aumento del subempleo y de la demanda de empleo, situaciones todas que colocan a estos ocupados en una fuerte similitud con sus pares del CB4.
La menor proporción de ocupados en actividades manufactureras y de servicio doméstico se ve compensada por un aumento de los trabajadores del comercio, transporte y servicios financieros, inmobiliarios, empresariales y de alquiler.
Los ocupados menos calificados aumentan su presencia en el conjunto a pesar del creciente nivel de escolarización de los activos que ganan peso relativo en los niveles secundario y terciario universitario incompleto. El aumento de escolarización de la fuerza de trabajo no parece reflejarse en la obtención de puestos de similar calificación.  
En este espacio, todos los integrantes de la unidad familiar deben volcarse hacia las actividades de mercado, ante una fuerte desocupación que los golpea y vulnerabiliza. El quiebre de los patrones culturales y estrategias más arraigadas dan paso a trabajadores más precarios e informales.
 
·        Cambios en el cuarto espacio social (CB4):
Los habitantes de estos partidos siempre presentaron altos niveles de participación en las actividades de mercado. Si bien el aumento de la actividad se explica por una mayor impulsión de varones y mujeres de todas las edades, son las mujeres más jóvenes (hasta 29 años) quienes más se integran a las actividades laborales. Cabe recordar que en 1991 éste grupo de mujeres era el más inactivo en relación al resto de sus pares, debido probablemente a una estrategia de vida de los hogares con gran cantidad de menores a cargo. El deterioro de la situación laboral de los restantes componentes activos del hogar habría desbordado su capacidad de subsistencia, obligando a las mujeres con niños pequeños y con menores posibilidades de cuidado institucional, a vulnerabilizar aún más su ya precaria situación.
La importante caída de la tasa de empleo –con una reducción de un 5%- permite contextualizar el crecimiento de la desocupación en más de un 200% en el espacio que para 1991 presentaba los índices de exclusión social más altos.
Por su parte, los jefes de hogar presentan las tasas de desempleo más altas de todo el Conurbano, conviertiéndose en uno de los grupos de mayor riesgo laboral: casi cinco de cada diez jefes desocupados del área (un 47%) se encuentran en ese espacio.
A los impactantes fenómenos de precariedad laboral aquí descriptos se le suman aquellos trabajadores que demandan activamente otro empleo. Este conjunto de situaciones convierten a la población de este espacio en una de las más desfavorecidas y precarizadas por los indicadores sociolaborales estudiados.
Las formas asalariadas aumentan en menor medida que el resto de los espacios manteniéndose los altos valores de precarización encontrados ya para mayo de 1991.
Se registran cambios significativos en la composición de los ocupados por rama de actividad: pierden peso los ocupados en las actividades manufactureras y en el servicio doméstico, y complementariamente lo ganan los ocupados en el comercio, el transporte, los servicios financieros, inmobiliarios empresariales y de alquiler y la construcción. La caída de los ocupados en actividades del servicio doméstico (registrada también en el CB3) dificulta la inserción laboral de un importante grupo de mujeres, que en muchos casos funcionan como cabeza de hogar, deteriorando la calidad de vida de los habitantes más empobrecidos del CB.
Las ocupaciones de baja calificación -operativa y no calificada- son desarrolladas por la casi totalidad de los ocupados del CB4 disminuyendo aquellas de calificación operativa a expensas de los no calificados. En este período ganan peso los ocupados de calificación técnica. Este comportamiento está acompañado por un mayor nivel de escolarización alcanzado por los activos.
Los habitantes más empobrecidos y vulnerables a inicios del plan de convertibilidad se ven afectados por la crisis del mercado laboral debiendo modificar sus ya precarias posibilidades de subsistencia, lanzando hacia el mercado a las jóvenes mujeres con gran carga doméstica. Sin duda “la juventud cobriza” del Conurbano sigue habitando en este espacio aunque el resto de los jóvenes del CB hayan ennegrecido su calidad de vida a lo largo del período analizado.
 
Conclusiones
 
La situación general y sociolaboral del Conurbano Bonaerense se ha modificado sustancialmente en estos últimos años. Los profundos cambios implementados con el plan de Convertibilidad han impactado abruptamente, deteriorando las posibilidades laborales de la población en su conjunto.
Desde la perspectiva de los mecanismos de exclusión social, focalizando sobre los indicadores de pobreza y mercado laboral, este deterioro se ha visto reflejado heterogéneamente en los distintos espacios sociales que componen el Conurbano Bonaerense. En mayo de 1991 se recortaban cuatro espacios con dinámicas demográficas y laborales diferenciadas que expresaban la heterogeneidad del área estudiada. Seis años después, el mapa del CB presenta espacios con mayor grado de homogeneidad y tendencias similares en lo que se refiere a su situación socioeconómica. En otros términos, el impacto de los cambios pareciera haber actuado en el sentido de diluir ciertas diferencias y distancias y generar nuevas identidades entre los habitantes del CB.
Se sintetizan a continuación las tendencias más destacables encontradas en el período analizado (1991–1998):
Siguiendo la evolución registrada en el resto de los aglomerados urbanos, se observa en el Conurbano Bonaerense un impactante deterioro de las condiciones laborales de la población en su conjunto, con un fuerte aumento de las distintas formas de subutilización de la fuerza de trabajo (desempleo abierto, subempleo horario, trabajo precario, etc.)
Se destaca como un proceso novedoso el cambio en las pautas culturales de los hogares más empobrecidos en el período estudiado, en lo que se refiere al ejercicio de las jefaturas de hogar. Ante la desocupación del varón, aquellos sectores que basaban sus estrategias de vida en una mayor inactividad relativa de las mujeres, quienes se hacían cargo de las tareas domésticas, han debido modificar abruptamente sus patrones culturales lanzándolas masivamente a las actividades de mercado. Es probable que el cambio genérico del principal perceptor de ingresos afecto a la identificación del nuevo jefe de hogar. Esta situación refleja la mayor vulnerabilidad a la que se ven expuestos estas familias cuyas jefas deben insertarse en ocupaciones poco calificadas y apreciadas socialmente asumiendo toda la responsabilidad de la crianza de los niños (Geldstein, 1996).
La creciente participación laboral de jóvenes y mujeres de todas las edades, especialmente de aquellas con una importante carga doméstica, no parece estar asociada a un afán de progreso personal; parecería más correcto atribuir tal impulso a la falta de ingresos de la unidad doméstica (debido al explosivo aumento de la desocupación de los jefes de hogar) y al incremento de la inestabilidad laboral.
Con relación a los distintos indicadores de capacidades y analizando conjuntamente incidencia, intensidad y desigualdad de la pobreza (a partir del índice de Sen) observamos que el impacto de la misma en 1998 adquiere magnitudes muy similares a las estimadas para 1991. Sin embargo, mientras que al comienzo de la Convertibilidad, este impacto era distribuido de forma menos intensa y desigual entre una mayor cantidad de pobres, en 1998 se ha forzado a una (levemente) menor cantidad de ellos a soportar más intensa y desigualmente el costo social del modelo económico. Es importante destacar que analizando información complementaria referida a 1999 (y que será objeto de un próximo documento) se puede visualizar una tendencia a la extensión de las profundas desigualdades encontradas entre un mayor número de hogares y personas.
De otro modo, los actores sociales que para 1991 estaban mejor posicionados (CB1) ven desaparecer sus posibilidades de mantener a los jóvenes en la inactividad otorgándoles así mayores ventajas para desarrollarse en el sistema educativo. Pareciera que cada vez quedan menos jóvenes pertenecientes a la juventud dorada en el Conurbano; éstos jóvenes se ven impulsados a la actividad laboral a fin de que los hogares que integran puedan conservar lo que tienen, insertándose precariamente en ocupaciones y puestos de trabajo que en otras etapas históricas ocupaban los jóvenes cobrizos.
Asimismo observamos que mientras que en 1991 se podían recortar claramente dos espacios que estaban en una situación intermedia en relación a los mejor y peor posicionados del CB, esta situación se altera significativamente hacia 1998 dado que las tendencias delineadas muestran que un grupo de estos sectores intermedios se asemejan por los indicadores sociolaborales a los agrupamientos más desfavorecidos. Más precisamente, el CB3 deja de ser un reflejo de la situación global del Conurbano para comenzar a parecerse cada vez más al CB4.
La imagen final nos muestra a una sociedad que “democráticamente” ha reasignado, por acción u omisión, el costo social de las recientes transformaciones.
 
Bibliografía
 
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  Existiendo solamete algunos trabajos que analizan separadamente la condición de pobreza (INDEC, 1989) o de precarización laboral del Conurbano Bonaerense (Morano y Lorenzetti, 1994), pero que no avanzan hacia una estructura de evaluación multidimensional.
 
[2] En este artículo se recogen algunas ideas de Morano y Lorenzetti (1994).
[3] El perfil ocupacional del Area Metropolitana de Buenos Aires en 1991 y 1996: particularidades demográficas y sectoriales, Serie Estructura ocupacional 2, INDEC, 1997.
[4] La operacionalización de cada uno de los indicadores propuestos y las ventajas encontradas entre la metodología de las economías de escala en el consumo, en comparación con la de los coeficientes de transformación en adulto equivalente se encuentran desarrolladas en el documento de igual título que dio origen a este trabajo y fue presentado al Congreso Latinoamericano de Sociología realizado en Concepción, Chile, en Octubre de 1999.
[5] A partir de una serie de indicadores referidos a las condiciones sanitarias de los hogares del CB se ubicaban tres espacios heterogéneos. (Morano, C., 1991).
[6] Messere, M; Hoszowski, A., 1994.
[7] El partido de la Matanza se dividió previamente en dos zonas diferenciadas. Las razones que motivaron esta división se encuentran expresadas en el documento de Morano anteriormente citado.
[8] El incremento de población, como es sabido, puede deberse tanto a su crecimiento vegetativo como a factores migratorios. En este documento no se discrimina el componente principal que explica los cambios encontrados en el volumen de población.
[9] El número de habitantes del CB proporcionado por la Encuesta Permanente de Hogares para mayo de 1991 difiere levemente de los datos provenientes del Censo de 1991; ello se debe a que la EPH es una encuesta por muestreo cuyas estimaciones poblacionales han sido ajustadas con las correspondientes proyecciones de población censales.
[10] Esta situación, que parece impactar por primera vez en 1993, comienza en realidad a gestarse a partir de octubre de 1992 cuando ciertos indicadores -desocupación masculina y de jefes de hogar, desocupación en la construcción, caída de la ocupación en la Industria- marcan un deterioro en los niveles de ocupación de los varones, actores con mayor peso al interior de la fuerza de trabajo.
[11] Quien desee obtener las tablas con el detalle de los resultados desagregados para cada valor de a, puede solicitar esta información a los autores a la siguiente dirección de correo electrónico: dpanigo@bigfoot.com.