«El Manifiesto Comunista. Apéndice: Principios del comunismo», de F. Engels

Lorenzini, Juan Manuel R.

El Manifiesto Comunista. Apéndice: Principios del comunismo, de F. Engels
Karl Marx y Friedrich Engels
Traducción, introducción y notas de Miguel Vedda
Buenos Aires, Herramienta, 2008, 128 págs.
 
En el año del 160º aniversario de la aparición en alemán del Manifiesto Comunista, la editorial Herramienta publicó una nueva traducción del texto, a cargo de Miguel Vedda. El libro, además de contar con una introducción de su traductor, incorpora los prólogos de los autores del Manifiesto a las ediciones alemana y rusa y los que, a la muerte de Marx, redactó Engels para las ediciones inglesa, polaca e italiana. Contiene además, como apéndice, el texto Principios del comunismo, panfleto de divulgación escrito por Engels en octubre 1847. La aprobación de este texto por unanimidad por parte de la Liga Comunista fue lo que motivó que esta encargase a los jóvenes autores la redacción del Manifiesto.

Tal como señala Vedda en el prólogo, “el Manifiesto es una de la obras más leídas y discutidas, pero también más distorsionadas y manipuladas en la historia del marxismo” (pág.12). El intento de convertir el texto en una escritura sagrada de la cual fuera posible extraer verdades atemporales fue siempre acompañado, como corresponde a un propósito de tales características, de una artificial separación de la obra respecto de su contexto histórico, así como de una eliminación de las relaciones que el Manifiesto mantiene con el conjunto de la obra de sus autores. A corregir estas falencias vienen tanto el prólogo de Vedda como las numerosas notas aclaratorias a pie de página –más de 120– que acompañan el texto. Las mismas permiten orientar una lectura que toma fuerte distancia –explícita en algunos casos, implícita en otros– de los modos de leer e interpretar el marxismo y los textos de Marx que propiciaron la ortodoxia soviética y su dogma filosófico. Enumeraremos algunos de estos puntos.
En principio, como se señala en el prólogo, es necesario entender los condicionamientos propios de la especificidad del género al que pertenece el Manifiesto. En efecto, el Manifiesto Comunista no es un tratado científico o filosófico, sino un texto de divulgación proyectado y escrito con fines de agitación y persuasión. Antes bien, se trató de un escrito de carácter programático destinado a servir de guía al comunismo, tanto en un nivel teórico como práctico. Esta peculiaridad es la que permite comprender el sentido de sus formulaciones aforísticas, las cuales pretenden menos convertirse en postulados científicos que en una invitación a la acción. Esto en nada desmerece el texto ni impide extraer de él aseveraciones con valor de verdad, sino que advierte sobre los errores de juzgarlo o leerlo como si se tratase de El capital o los Grundrisse.
Los avatares de las lecturas del Manifiesto siguieron, como era esperar que ocurriese con un texto catalogado como “una obra maestra de la literatura de propaganda” (Kolakowski), el pulso de los acontecimientos políticos del siglo XX. En este sentido, en su afán de hallar justificaciones teóricas para sus intervenciones políticas, el marxismo vulgar pretendió, apoyándose en fragmentos aislados del texto y del corpus marxista en general, constituir una filosofía de la historia mecánica y determinista, según la cual la evolución de las sociedades marcharía natural y necesariamente hacia el comunismo. De la lectura anotada del Manifiesto, por el contrario, lo que se desprende es un esfuerzo por salvar el papel de los hombres en la historia, los cuales, en el terreno de la lucha de clases, son quienes forjan un futuro que no está prescrito de antemano y que puede, como señalan los autores del panfleto, desembocar en una transformación revolucionaria de la sociedad o en el hundimiento conjunto de las clases en pugna, con la consiguiente recaída en estadios previos de desarrollo. Esto último es lo que ha sido expresado en la consigna “socialismo o barbarie” formulada en el siglo XX por el marxismo revolucionario.
En relación con el problema de la lucha de clases, destacan las notas al pie la importancia de no reducir el conflicto únicamente a dos clases antagónicas. No se postula en el Manifiesto la desaparición de las capas intermedias de las clases sino que, por el contrario, al enunciarse en un estilo escueto y aforístico propio del género que la sociedad se escinde cada vez más en dos grupos antagónicos en conflicto, la burguesía y el proletariado, lo que se hace es señalar la tendencia histórica de un proceso a largo plazo y no la desaparición del resto de las clases; estas últimas pasarían, en todo caso, a cumplir un papel secundario en el campo complejo de la lucha de clases.
La distancia de los autores respecto de una concepción mecanicista del devenir de las sociedades va acompañada, al mismo tiempo, de un escepticismo respecto de las intervenciones voluntaristas en el proceso vivo de la historia. Así, cuando en el Manifiesto se señala que, a diferencia de todos los movimientos precedentes, el movimiento proletario es un movimiento independiente formado por la inmensa mayoría en interés de la inmensa mayoría, destaca Vedda que
[l]a idea apunta, más bien, a diferenciarse del concepto jacobino o blanquista de la revolución, que veía en esta la intervención de una vanguardia revolucionaria encauzada a tomar el poder por un golpe político y a conducir el proceso posterior a la revolución desde su posición minoritaria. Para Marx, una revolución social legítima supone la intervención activa y consciente de amplias masas de la sociedad (cf. nota 34).
Estas y otras son las propuestas de interpretación a las que nos invita la nueva edición anotada del clásico de Marx y Engels que publica Ediciones Herramienta. Hoy, a poco más de un siglo y medio de su aparición y en un contexto de aguda crisis capitalista, la lectura del Manifiesto renueva su vigencia y ofrece, como ayer, la posibilidad de pensar en la construcción del socialismo por y para el conjunto de las clases explotadas.