Trascendencia del levantamiento indígena en el Ecuador.

Hidalgo Flor, Francisco

Estimados amigos de Herramienta:

 Deseo poner en vuestro conocimiento breves reflexiones sobre la trascendencia del levantamiento indígena que se esta desarrollando en estos días en el Ecuador:
I. El levantamiento se confronta a una política neoliberal de agudo empobrecimiento y desempleo de la población. Este levantamiento de enero del 2001, se produce en oposición a las mas recientes medidas económicas adoptadas por el gobierno en el mes de diciembre pasado, que en lo fundamental implicaron la elevación de los precios de los combustibles, de las tarifas de los servicios básicos: teléfonos, energía eléctrica, agua potable, del transporte publico, así como la inminente firma del contrato de construcción del nuevo oleoducto de crudos pesados (OCP), que significa el contrato de obra publica de mayor magnitud de los últimos cinco años, y en el cual se detectan evidentes actos de corrupción.
Es necesario recordar que en el Ecuador la mayoría de la población ha atravesado por un insistente proceso de empobrecimiento agudo. Durante 1999 la hasta entonces moneda ecuatoriana sufrió un proceso devaluatorio del 250%, mientras en marzo del mismo año 1 dólar equivalía a 5.000 sucres, para enero del 2000 pasó a 25.000 sucres, justo el momento de la dolarización. En el año 2000, con dolarización y todo, en el Ecuador se registró una devaluación oficial del 91%. En este mes de enero del 2001 se registra una inflación mensual del 7%.
Estamos hablando de un país donde la concentración de la riqueza es escandalosa, mientras el 10% más rico de la población se apropia del 45% de la riqueza nacional, el 10% más pobre apenas alcanza al 0,5% de la riqueza. El desempleo abierto alcanza al 17% de la población. El subempleo alcanza al 51% de la población.
II. El levantamiento refuerza una línea de oposición movilizada al modelo neoliberal, la persistencia de una orientación de lucha al interno de la dirección del movimiento indígena, y una capacidad de organización y movilización realmente notables.
Después del levantamiento indígena del 21 de enero del 2000, que dio paso a la revuelta conjunta con fracciones nacionalistas de los militares y a la destitución de Mahuad, el movimiento indígena fue objeto de una persistente campaña por dividirlo, fraccionarlo, despolitizarlo y reducirlo a una simple expresión de las demandas exclusivas étnicas y de minorías nacionales.
Hasta hace un año y medio el movimiento indígena fue objeto de los acercamientos y tratos amables de varios sectores de los gobiernos y las burguesías criollas, pero luego de su posición radical de enero del 2000, cuando cuestionaron en conjunto al poder de las clases dominantes, a sus instituciones, e incluso llegaron a proclamar un Parlamento de los Pueblos del Ecuador, y nombrar una Junta de Salvación Nacional, las cosas cambiaron radicalmente. El movimiento indígena fue objeto de una campaña persistente intentando su desprestigio, de fraccionamiento, y por reducir su acción a las demandas especificas de los municipios y localidades donde controlan gobiernos locales.
En definitiva, que dieran pie atrás en su perspectiva de poder, que hicieran confesión publica de arrepentimiento por haberse atrevido a conspirar contra las oligarquías, y se reconocieran únicamente como una “minoría nacional” reducida a propuestas de reivindicación étnica. Pero el hecho de que después de doce meses el movimiento indígena retome su forma de lucha de Levantamiento Nacional, que haya sido capaz de montar una acción persistente de cierres de carreteras, tomas de vías, a lo largo de la Panamericana, especialmente en las provincias de Imbabura, Pichincha, Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo, Cañar y Azuay, es decir, a lo largo del callejón andino, durante diez días consecutivos, en un proceso paulatino de copamiento geográfico, es trascendental. Este levantamiento ratifica que estamos ante un movimiento popular consolidado, ante un sujeto social con un proyecto contrahegemónico, que es capaz de enfrentar duras ofensivas y sostenerse en una línea de confrontación al neoliberalismo.
III. En el gobierno priman hasta el momento las posiciones derechistas y hay voces desde las cámaras de la producción llamando a una ofensiva militar de graves proporciones. El gobierno de Gustavo Noboa, que fue impuesto por decisión del Departamento de Estado de los Estados Unidos, pues fue el señor Peter Romero, secretario adjunto para América Latina quien ordenó al alto mando militar entregarle la presidencia abandonada por Mahuad, pensó que el movimiento indígena estaba golpeado, sus lideres desmoralizados y, por lo tanto, que su programa neoliberal ahora sí podía avanzar a rajatabla.
Pero se toparon con un movimiento popular que resistió, cabe decir que en las primeras semanas de enero los grupos juveniles y estudiantiles abrieron el proceso de lucha, y un movimiento indígena que respondió con energía, unidad y fortaleza. Ahora han respondido con una fuerte represión, durante estos días se registran aproximadamente unos treinta indígenas heridos de bala en las diferentes provincias del país, en las semanas pasadas fueron apresados cerca de unos 300 jóvenes estudiantes en las principales ciudades del país, el gobierno emitió un comunicado oficial anunciando el control sobre los medios de comunicación. Ayer las cámaras de la producción de la provincia de Guayas hicieron un rueda de prensa donde exigían al presidente aplicar en mayor magnitud mano dura. Las detenciones del presidente de la CONAIE, Antonio Vargas, del presidente del Frente Popular, Luis Villacís, el cerco militar que se ha establecido contra la Universidad Politécnica Salesiana, el lugar donde están concentrados ahora los indígenas que llegaron a la ciudad de Quito, son una demostración de aquello.
Pero tienen fricciones al interior, especialmente en el seno de las fuerzas armadas. El comandante de la fuerza aérea ha hecho declaraciones publicas solicitando que el ejecutivo se predisponga a un dialogo. Dos coroneles, al mando de tropas en las provincias de Chimborazo y Cotopaxi, establecieron acuerdos de no-agresión y respeto mutuo con sectores indígenas. Por supuesto, sobre ellos en este momento recaen amenazas de destitución.
IV. Logros y expectativas del movimiento. Al momento de escribir esta nota, 31 de enero de 2001, la situación es incierta. Pero es factible plantear algunos logros: la plena unidad del movimiento indígena en el Ecuador, pues este levantamiento fue convocado al unísono por todas organizaciones indígenas del país, y están actuando bajo una dirección unificada que los aglutina. En segundo lugar, se está avanzando a una unidad de todos los gremios del país, un primer ensayo es la llamada Asamblea de los Pueblos y los Trabajadores del Ecuador. En tercer lugar, la persistencia de una perspectiva de cuestionamiento del poder instituido. En varias provincias volvieron a reunirse los Parlamentos Populares Provinciales. En las provincias de Bolívar y Cotopaxi, los indígenas se tomaron las sedes del gobierno, las llamadas gobernaciones, destituyeron en asamblea a los representantes del Ejecutivo y nombraron ellos nuevos gobernadores, en la persona de sus lideres. En cuarto lugar, han hecho tambalear el paquete de medidas neoliberales. Es evidente que estas medidas obedecen al interés de los círculos oligárquicos y los dictados del FMI-BM. Además es evidente que las oligarquías tienen fricciones y resistencias en el seno de las fuerzas armadas para implementar una estrategia de dura represión de sangre y muerte. En este momento el movimiento indígena ha nombrado una comisión de diálogo encabezada por el alcalde indio de Cotacachi: Auki Tituaña. Mantiene la situación de levantamiento. Mantiene cerrados las principales carreteras en la región andina. En Quito mantiene una concentración con cerca de diez mil indígenas y campesinos en los recintos de la Universidad Politécnica Salesiana. Son momentos claves para los destinos del movimiento popular ecuatoriano.
Fraternalmente,
Francisco Hidalgo Flor, director de la revista Espacios
 
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