Entrevista. Asamblea popular del barrio de Liniers.

López Collazo, Néstor

 

Nuevos lazos sociales
 
Más de cien asambleas populares han surgido en los barrios de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense desde mediados de diciembre del año pasado. Ellas aparecen como espacios comunitarios que estimulan la participación activa de los vecinos, dando lugar a la emergencia de nuevas prácticas sociales mancomunadas.
Manifestaciones claras de la incipiente recomposición de los lazos sociales que habían sido cortados por los gobiernos que coptaron al Estado a los dirigentes sindicales y populares y arrancados de cuajo por los golpes militares y el huracán de la ideología neoliberal individualista, las asambleas populares barriales conforman la expresión de una autonomía colectiva de composición social heterogénea.
 Jóvenes y no tan jóvenes, mujeres, hombres, jubilados, amas de casa, pequeños comerciantes, empleados, estudiantes, trabajadores ocupados y desocupados encuentran en ellas espacio a su voz de rebeldía.
La asamblea popular del barrio de Liniers, en la ciudad de Buenos Aires, es uno de estos espacios de encuentros, deliberación y lucha de los vecinos movilizados. Néstor López Collazo, integrante del Consejo de Redacción de Herramienta, ha recogido el testimonio, las vivencias y las reflexiones de Mirta y Sergio, dos de sus activos integrantes.
 
El recibimiento de la asamblea a la marcha de los piqueteros
 
Herramienta: Una de las cosas que impactó, en el resto de los asambleístas y en la opinión pública, fue el recibimiento que se hizo a la marcha piquetera en el barrio de Liniers. La marcha piquetera de los trabajadores desocupados salió de La Matanza a la noche y a la madrugada ustedes los estaban esperando aquí, en Liniers. ¿La asamblea barrial preparó el recibimiento a los piqueteros en Liniers?
 
Sergio: En realidad se discutió bastante en la asamblea. No hubo total espontaneidad en unir piquete y cacerola. El tema fue muy debatido y hubo dos discusiones muy buenas. Algunos decían que no, o dudaban, y sostenían que no era un problema “nuestro” y no teníamos que mezclarlos. No veían que el de los trabajadores desocupados y el nuestro es el mismo problema. Una cosa muy fuerte era el cuestionamiento a los dirigentes, entre otras cosas por el manejo del tema de los Planes Trabajar. O sea, había una crítica muy fuerte a los dirigentes, entonces decían: no nos metamos.
Pero había otro sector de asambleístas que afirmaba que el tema del manejo que hacen los dirigentes no es un problema nuestro, pero que los problemas eran los mismos. En la asamblea se fue atendiendo a cada uno de esos argumentos, y la gente fue reaccionando muy bien cuando se planteó la necesidad de que todos los sectores que están peleando se unifiquen ya que tenemos el mismo enemigo. También que nosotros teníamos que apoyar la lucha de los piqueteros y de los desocupados y no a sus dirigentes. Se produjo una votación clara con la que fuimos a la coordinadora de Parque Centenario: apoyar la lucha, recibir a los piqueteros con un desayuno y con la votación expresa –y lo teníamos que aclarar así–, que de ninguna manera era un pronunciamiento del barrio de Liniers en apoyo hacia ninguna de las direcciones. No nos definíamos en la interna de los dirigentes piqueteros, sino que estábamos apoyando a los desocupados.
 
H: ¿Cuántas personas participaron de esa asamblea y en la actividad?
 
S: En la asamblea éramos unas 200 a 220 personas. Y los que estuvieron el lunes, junto a los piqueteros, unos 150 vecinos. Este fue todo un operativo, fue hermoso. Aparece allí el tema de la iniciativa y de la creatividad de la gente. Porque se discutió mucho en la asamblea, pero una vez que se destrabó la discusión, parecía como que nunca había habido oposición. Fue una cosa impresionante, nadie ponía palos en la rueda. Yo pensé: bueno esto salió, iremos algunos, los de siempre, y el resto dirá bueno, háganlo.
Pero hubo aportes de todos. Que los vasos, que las mesas, que los caballetes. Lo que después se llamó el mateducto. Todos participaban entusiasmados.
¿Qué fue el mateducto? En la noche anterior a la marcha piquetera pensamos: ¿cómo mierda hacemos para dar el mate cocido a tantas personas? Primero se partió del mangazo a algunos bares del barrio, pero sólo uno se ofreció a dar mate cocido y mate con leche para los chicos. Entonces un vecino, que tiene un bar, dijo: “bueno vamos a hacer lo que podamos, necesitamos juntar un lugar para meter el mate caliente, recalentarlo, tenemos que hacerlo por la noche porque no hacemos a tiempo a la mañana”. Porque calculamos que había que hacer unos 500 litros. “Yo en la terraza tengo un tanque de acero inoxidable que se puede usar” –propuso otro vecino–. El ferretero dijo que había que hacerle un arreglo para que fuera el mateducto y se quedó laburando hasta la una de la mañana. Hizo un dispositivo, con caño, con teflón, con una canilla. Nos dimos cuenta de que hacían falta baldes para cargar el mate cocido. “Lo podemos sacar a la calle en un trailler”, sugirió otro vecino.
A las 7 de la mañana más de 20 vecinos todos con baldes preparados más el dispositivo del mateducto se pusieron en marcha. Participó además un montón de gente: la que estaba con las mesas, con los vasos. El pan se le mangueó a las panaderías de la zona. Muchos vecinos fueron con mate en termos para ir sirviendo, por si no alcanzaba. Otros con su bolsita de medio kilo de pan, de un kilo.
Se preparó todo en Rivadavia y José León Suárez. Mesas con caballetes, con todos los vasos servidos, con las bolsas de pan. Cuando llegaron los piqueteros, como se pensó que iba a ser todo un despiole cuando se acercaran a la mesa, todos los vecinos, con una bolsa de pan y con el mate cocido con jarras nos metimos en la columna y le fuimos sirviendo a la gente.
 
H: ¡Que bueno! ¿Cómo se sintió el barrio?
 
S: Fue importantísimo. Fortaleció un montón a la asamblea y ayudó al otro gran hecho posterior que fue lo del Carnaval.
A la asamblea siguiente el barrio estaba entre el asombro y entre el ¡qué bien! Todos resaltaban el hecho de que no hubiera habido ni un solo incidente. Fue una fiesta de la confraternidad. Por ejemplo, las docentes que viven acá decían: “encontramos a nuestros alumnos y a los padres de nuestros alumnos”. Antes, en todas las marchas que hacían los desocupados, los comerciantes de Liniers cerraban las persianas automáticamente. Pero por un trabajo que se hizo en el barrio, por primera vez se mantuvieron las persianas abiertas. Ni un solo comerciante cerró las persianas a la mañana. Acompañó todo el barrio de Liniers…
Mirta: Y habían preparado carteles para los que cerraban.
S: ¡Pero vos mirá la idea!
M: La imaginación...
S: La imaginación. ¿Sabés qué se hizo a la noche? Se hicieron cartelitos. Como posiblemente hubiera algunos comerciantes que bajaran las persianas, se escribieron cartelitos: “Cerrado por vacaciones”
 
H: Para pegar en las persianas cerradas...
 
S: Había algunos vecinos con cinta scotch. Si algún comerciante cerraba le iban a poner los cartelitos de “Cerrados por vacaciones”, para no ofender a los piqueteros.
M: Y, además, la frase: “Los hermanos sean unidos”...
S: Para los comerciantes: “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera”, al lado del de “Cerrado por vacaciones”. Para que el tipo cuando vuelva a abrir el comercio se diera cuenta de que el cartel lo habíamos puesto nosotros.
 
H: Y del lado de los piqueteros, ¿qué reacciones hubo?
 
S: No paraban de agradecernos. Después se hizo un acto frente a las mesas con el desayuno donde habló Alderete, habló D'Elía, habló el presidente del Centro de Comerciantes y hablé yo por la asamblea popular, tengo fotos de todo eso. Hablamos todos ahí. Ellos se pusieron las remeras nuestras, las remeras que identifican al barrio. Las remeras con la bandera Argentina que dicen: “Basta, basta, basta” y “Se va a acabar la patria financiera”. Y bueno, todo agradecimiento, muy buena actitud, muy respetuosa. Yo lo que escuché después, cuando reporteaban a los desocupados a lo largo de la avenida Rivadavia, en otros programas, era cómo agradecían a los vecinos de Liniers. Además, después los acompañamos hasta la Plaza de Mayo.
Nosotros habíamos ido al Parque Centenario con la propuesta que todas las asambleas a lo largo de Rivadavia hicieran lo mismo. Que los saludaran. Y pasó que el mateducto a la tarde se transformó en aguaducto, porque se hizo lo mismo que con el mate cocido, ahora con agua fría y jugos. La asamblea de Parque Rivadavia nos pidió el mateducto, se lo lavó y se llevó en el trailler...
M: Cuando fuimos con el pan hacia la marcha piquetera, los que estaban haciendo los cordones de seguridad con palos y cuerdas lo querían mantener, pero la gente igual se metió. Los vecinos se le metieron adentro de la columna piquetera y ahí es donde se desarmó el cordón. Esto pasó permanentemente a lo largo de la marcha. En realidad las organizaciones piqueteras querían mantener los cordones y los vecinos nos mezclábamos con ellos. Después, cuando la columna llegó al Congreso, los dirigentes de los piqueteros no querían avanzar hasta Plaza de Mayo porque estaba el bloque de piqueteros de zona Sur con el que tienen diferencias. Y los vecinos, claro, los vecinos no estaban enterados de estos tejes y manejes. No conocían esas diferencias, así que los vecinos empezaron a marchar y la bandera de Liniers fue la vanguardia en avanzar hacia Plaza de Mayo y nos juntamos con los otros piqueteros y finalmente tuvo que ir D'Elía y Alderete, atrás de todo un sector de ellos más los vecinos.
 
El carnaval de la protesta
 
H: Pasemos al Carnaval. Este fue otro hecho impactante en el barrio, pero Liniers fue criticado por algunos sectores. ¿Cómo surge la iniciativa de hacer un Corso no oficial?
 
S: Para mí, fue muy importante que se haya dado lo de los desocupados. Tienen puntos de comunicación. Dos o tres semanas después de la marcha fue realizado el Carnaval de la Protesta. Pero no es casual que salga lo del Carnaval acá, en el barrio de Liniers, porque tiene mucha tradición. Es muy fuerte y tenemos una murga que va a cumplir 50 años en 2003, y que está bancada por los comerciantes, por los vecinos. Participan en ella los sectores más marginados de los vecinos. Un porcentaje muy alto de los que están en la murga viene de familias desocupadas. O sea, es una cosa con mucho arraigo y es bien propio del barrio.
Así que cuando salió la propuesta de hacer el Carnaval lo tomó toda la asamblea, y los vecinos vieron la forma de protestar por esa vía. Esto está íntimamente ligado a los desocupados y a la confraternidad que se forjó en la marcha piquetera, ya que coordinamos la participación de otras asambleas y se tomó contacto con la organización de desocupados para que nos ayuden. Vinieron 80 desocupados de la CCC y de la FTV y junto con unos 40 vecinos –y ellos disciplinándose a la dirección, que era de los vecinos– garantizaron que no hubiera ni un solo incidente. Después, cuando hicimos el balance del Carnaval, los vecinos que habían estado en la seguridad hablaban maravillas, diciendo: “esta gente que hace cuatro años que están peleando sabe mejor que nosotros de seguridad”. Todos reconocían que si no se hubiera dado la unidad del piquete y la cacerola el día del desayuno no habríamos contado con los piqueteros para el Carnaval.
 
H: ¿La policía no participó en la seguridad?
 
M: Para nada.
S: Todo fue de los vecinos. Se formó una comisión de seguridad, de los vecinos en común con los desocupados, y fuimos a ver a las distintas asambleas. Se hizo la “Columna de los acorralados”, se escribió una canción expresa para que cante la murga Los Mocosos de Liniers. Una canción que es una crítica, como la llaman las murgas. La crítica que toma todo: la crítica económica, al gobierno. Fue muy masiva la presencia del barrio en el carnaval.
M: Lo que dice Sergio con relación a lo de la murga para mí es importante porque la murga se une inmediatamente a la protesta, es como que se ensamblan las piezas. La murga del barrio inmediatamente dice: “bueno, podemos nosotros también participar de todo esto y por qué no hacemos nuestro Carnaval”. Y el barrio lo toma inmediatamente. La protesta de la murga es histórica en el barrio. Yo me acuerdo en plena dictadura militar, con el corso y la murga prohibidos, nos congregamos un grupito de 20 vecinos y todos en la vereda, a oscuras, cantamos mientras la murga de Liniers bailaba. Esa misma murga se sigue manteniendo durante estos 50 años. Es gente del barrio. Por ejemplo, el cantor es un cantor de tangos que también es el abogado del barrio, pero en los días de fiesta se transforma, y es un murguero cantor.
 
H: Vinieron murgas de todos lados, ¿cuántas murgas en total?
 
S: Vinieron 12 murgas. Fue muy emocionante la participación de la murga de Los Pecosos de Floresta, porque uno de los tres chicos asesinados por el policía en Floresta, Maxi, era bombista de la murga. Te daban ganas de llorar. Hicieron todo un homenaje al bombo en el escenario y el hermano de Maxi tomó la posta tocando el bombo y fue la primera aparición que realizaron en un Corso. Hicieron un tema contra la policía, contra la represión, contra los asesinos. Por eso vino mucha gente de Floresta acompañando la murga, todos tomando el nuevo fenómeno de las asambleas.
Lo otro emocionante fue la murga del Hospital Posadas. De nuevo lo de la creatividad de la gente. Por ahí vemos venir la bandera de los trabajadores del Hospital Posadas, las enfermeras, los tipos de mantenimiento, los médicos, las enfermeras con las chatas en la mano y con los papagayos desfilando…
M: Y bailando a lo murguero…
S: Bailando a lo murguero el uniforme de trabajo puesto. Después subió una enfermera y una médica al escenario e hicieron un tema y turnándose, a lo Pimpinela, diciendo una estrofa cada una. Así denunciaron cómo estaban reventando al hospital. La enfermera con la chata en la mano, bueno, todos desfilando con la chata, fue bárbaro eso.
M: Después estuvieron trabajadores de Aerolíneas también. Pero la del hospital Posadas fue extraordinaria porque era una murga de gente vestida con las ropas de su trabajo. Ni se disfrazaron, eran médicos, enfermeros, gente de mantenimiento…
S: Vinieron también las Madres de Plaza de Mayo y la regional de HIJOS.
Por eso causó mucha indignación entre los vecinos cuando algunos sectores de izquierda criticaron tan duramente el Carnaval bajo el planteo de que queríamos desviar la marcha a Plaza de Mayo.
Nos costó, aún hoy nos cuesta, revertir la bronca de los vecinos por esta injuria. Yo sigo teniendo intercambio por e-mail con la gente del MST y del PO, porque me siguen criticando. Esto es por no conocer qué es para el barrio el Carnaval. El Carnaval de la Protesta nunca estuvo planteado como contraposición a Plaza de Mayo. Todos los barrios y las murgas que pasaron por acá marcharon a Plaza de Mayo, a tal punto que nuestro barrio, que era el organizador del Carnaval, decidió enviar una delegación de vecinos y la juventud a Plaza de Mayo. El Carnaval incrementó la gente de las marchas. Entonces, solamente alguien muy externo a esto, muy externo, puede hacer esas críticas.
 
H: El que no siente estas cosas...
 
S: Dicen que esto fue una maniobra.
 
H: El que no siente el pueblo. Ve a la murga como una cosa alienante y en realidad es todo lo contrario, es una desalienación la murga. Es una crítica, una expresión libre de alegría. Uno tiene derecho a que no le guste la murga. Pero a quienes la murga les gusta, se divierten y la pasan muy bien. Parece que para los ortodoxos todos tenemos que ser serios, tristes. Y no es así, la vida es otra cosa.
 
M: Yo en realidad conocía muy superficialmente la historia de la murga. Hubo gente que me ha dado cátedra. Los murgueros no es que van y bailan, ellos han investigado, leen…
S: Cada movimiento es una expresión.
M: Claro, sus movimientos tienen significado.
S: Por el tema de la esclavitud. Cada movimiento, cada patada, tiene un significado. Por ejemplo: ¿por qué se ponen la levita? Porque esa noche los esclavos le robaban la levita al amo. ¿Por qué es de raso? Porque la daban vuelta para no ensuciarla, por eso brillaba, porque tenía el raso y la tafeta del otro lado. Y bueno y bailaban porque ese día ellos eran…
M: Eran los amos.
S: Y los golpes de las patadas tienen que ver con sacarse las cadenas.
M: Era el baile de los esclavos y de los sometidos que durante esos días dejaban de serlo. Había una apropiación de la identidad propia en ese momento. No es casual que la dictadura militar, lo haya prohibido. De eso me acuerdo: una de las primeras cosas que prohibió la dictadura militar fueron los feriados de Carnaval. Entonces no es algo secundario todo esto de la reapropiación. Ese día, vos sos vos mismo o te pones en el lugar del otro que vos querés, aunque sea de fantasía. Pero bueno, a mí me parece que esas críticas son muy livianas, o sea muy superficiales, no van al fondo del problema.
 
Recrean antiguas relaciones sociales
 
H: Tomemos una última cuestión. Habíamos estado charlando sobre el tema de que aparecían nuevas relaciones sociales, que en realidad, más que nuevas, existe como un puente que se está construyendo entre relaciones que había en el pasado y relaciones que hay en el presente. ¿Es así?
 
M: Charlando con una amiga del barrio de toda la vida, reflexionábamos sobre lo que estaba pasando en el barrio y era volver un poco a nuestras raíces. Esas raíces habían estado en otra etapa acá en el barrio cuando se reflejaban estas relaciones sociales. Con la gente que vivía acá y también trabajaba en el barrio, en la zona de Mataderos en el Frigorífico Lisandro de la Torre. Ahí es donde se establecían los clubes y las sociedades de fomento.
Yo vivía más hacía la zona sur: si rastreamos la historia de esa sociedad de fomento, es la historia política del barrio. De cómo, por ejemplo, la sociedad de fomento reflejó la lucha de la huelga de la carne en la década del ’30. Entonces, vos ahí ves para qué se reunían. Había cientos y cientos de trabajadores que se juntaban allí.
Después, cuando vino el golpe militar, muchos quedaron presos, gente del barrio. También toda la etapa de la Guerra Civil Española en ese club. Por ejemplo, se juntaban los vecinos, fueran o no comunistas, todos los vecinos del barrio. Mi mamá me lo cuenta, ella formaba parte de los que juntaban ropa, comida, para mandar a España, para los republicanos...
En la época del peronismo, una vecina que vivía en Timoteo Gordillo al 1200, cerca de mi casa, era una dirigente del Partido Comunista. Era una trabajadora de un frigorífico que estaba acá en Mataderos. Se apellidaba Rodríguez y el marido tenía una tintorería. Fueron los primeros tintoreros que no eran japoneses que yo conocí en mi vida. Ella cae presa y estuvo muchos años detenida y me acuerdo, es una cosa que me quedó grabada, que cuando la liberan, cuando sale libre el barrio arma una fiesta. Se cortan las dos calles, ponemos todos los vecinos las mesas en la vereda y ella viene, ¿te acordás las chatitas que venían con la parte de atrás descubierta?, ella viene parada ahí y el barrio la recibe, el hijo, el marido…
S: Y había peronistas, radicales…
M: De todo. Para esta época mi familia, exceptuando a mi abuelo, eran todos peronistas. O sea que ahí había de todo, pero ese era el barrio recibiendo a Mari. Incluso hay fotos de cuando yo había cumplido apenas un año, y Mari estaba presa en ese momento, donde aparece el hijo de Mari en las fotografías. Porque al hijo de Mari lo educaba todo el barrio. Todo el mundo aseguraba que el chico almorzara porque estaba el padre solo con el pibe. Entonces el hijo de Mari tomaba la leche en las casas de todo el barrio, almorzaba. Se quedaba a dormir en mi casa, por ejemplo.
 
H: Claro, el barrio, la familia jugaba como retaguardia de las luchas concretamente. Independientemente de que en el barrio había diferentes formas de pensar, existía una unidad común. Vos me habías dicho que ahora te parece ver elementos de un redescubrimiento del barrio.
 
M: En realidad, para mí hubo un corte con el barrio cuando yo empecé a militar en el PST, en el año '73 y yo tenía diecisiete años, y me fui a militar primero en un local de Lugano porque yo iba a una escuela de Mataderos. Después a Donato Álvarez, al local de la juventud del Partido Socialista de los Trabajadores. Ahí hay un corte, yo veo un corte abrupto mío con el barrio y es más, casi nadie sabe quién soy yo, qué hago. Recién ahora puedo unir mi historia con el barrio.
Mi casa fue allanada en la época de la dictadura militar, pero yo ya no estaba acá, pero en realidad tampoco nadie conocía qué actividad tenía yo, hubo un corte abrupto.
 
H: Inclusive el barrio dejó de ser una retaguardia. También es cierto que en los barrios, como en la sociedad, se acrecentó la ideología del individualismo. Lo que vemos hoy parece ser un movimiento opuesto a las costumbres individualistas, aislacionistas, ¿se percibe esto?
 
S: Te lo voy a ejemplificar en algo. Anoche lo veníamos charlando al regresar de la Plaza de Mayo. Éramos seis o siete personas y decíamos: “¿No les pasa ahora que cuando venimos caminando desde el fondo del barrio para la avenida Rivadavia, lo que antes hacíamos en cinco minutos, diez minutos, ahora tardamos dos horas recorrer? Sí. ¿Por qué? Porque cada dos pasos que hacemos nos para una vecina, un vecino”. Se hacen charlas en las esquinas. Por ahí estamos apurados y no podemos llegar. Antes uno iba, pasaba por ahí y era uno más entre medio de la indiferencia del barrio. Ahora, en la medida que nos empezamos a ver y a reconocer: “Sí, yo te vi en la asamblea el sábado, y no pude ir a la última, en que quedó, qué votaron”.
S: Mirta vive desde hace más de cuarenta años en el barrio. Yo unos quince. Pero hasta hace poco no hablábamos con nadie y ahora de verdad no hablamos con todos los vecinos, pero salís a la calle y enseguida te empiezan a parar los vecinos para conversar. Hay que hablar, hay que trasmitir las noticias, comentar qué se votó en la asamblea, ¿qué se va a hacer?, ¿tenés el Boletín? Cuando voy a trabajar tengo que ir esquivando vecinos, porque llego tarde a todos lados. Ya nos conocemos, eso cambió. Es el día y la noche.
M: Cuando vos hablás el tema del individualismo. Mi mamá tiene ochenta y seis años, ella es del año 1915. Siempre estuvo en el barrio, más cerca del sur, más para la zona de Mataderos, Liniers pero sobre Emilio Castro. Pero siempre en el barrio, y ella misma cuando te comenta, vive contando historias sobre su juventud. Ella refleja en sus propios relatos que hubo toda una historia, hasta mediados de los años 30, hasta la entrada del fordismo y después con el peronismo. El barrio era comunitario, a pesar de que había muchísima pobreza, porque era un barrio de sectores muy humildes que se fue formando, inclusive, como los dormitorios de los obreros de La Matanza de antes.
En la zona más cerca de Mataderos era clase obrera más industrial. Porque eran los trabajadores que venían de la zona de los mataderos y de los frigoríficos y fábricas y talleres. Zonas muy humildes y sin embrago hay una historia cultural de club de barrio, de teatro, de lectura. De teatro leído sobre todo, por ejemplo, mi abuelo que vino acá al barrio en el año 1908, y era uno de los pocos que sabía leer y escribir, él contaba que se reunían en un club que quedaba en Tellier y Emilio Castro, que eran anarquistas o filoanarquistas, y ellos lo que hacían era leer en voz alta para toda la gente que era analfabeta. La mayoría eran analfabetos, era extraño encontrar alguien que supiera leer. Ellos se juntaban ahí para la lectura en voz alta. Esto se fue cortando en los períodos de mejor situación económica, en la medida que iba mejorando la situación económica de los trabajadores.
 
H: Antes en el barrio, era común que una madre dijera: “Andá con la taza y pedile a la vecina azúcar”. O aceite u otra cosa. Era algo normal, porque al rato la vecina venía a buscar lo que le hacía falta. Ahora da vergüenza. En cierta manera, este movimiento vuelve a restablecer relaciones de tipo opuestas al individualismo, relaciones de tipo comunitarias.
 
M: Esto es así, por eso cuando hablábamos con mi amiga de volver a las raíces, veíamos que aquí hay un engranaje social que se vuelve a reconstituir y también que dejamos cada vez más de ser esos pequeñoburgueses con una entrada económica que nos permitía ese individualismo. Y esa idea de que yo me puedo sostener solo. Recordábamos que antes había un solo teléfono en el barrio y la puerta estaba abierta y entraban todos los vecinos a hablar o a llamar a casa. Y había que ir a buscar a doña María, a fulanito y eso no se discutía. Siempre era el más chiquito, ibas a buscar a doña María, ibas a buscar a doña Genoveva, ibas a buscar a alguien. Eso no estaba en cuestión, el tema de que el teléfono era del barrio. Recuerdo que cuando se compró un televisor en el barrio, por la tarde, cuando era la hora del Capitán Piluso, la vecina que tenía el televisor lo daba vuelta, lo ponía sobre la ventana y todos los pibes sentados ahí miraban el televisor desde la vereda. Porque el televisor no era sólo de ella.