«Marx-Engels-Jahrbuch 2003: Karl Marx, Friedrich Engels, Joseph Weydemeyer»

 Die deutsche Ideologie: Artikel, Druckvorlagen, Entwürfe, Reinschriftfragmente und Notizen zu I. Feuerbach und II. Sankt Bruno. 2 vols. [Text und Apparat].

Internationale Marx-Engels-Stiftung, Amsterdam-Berlin, Akademie Verlag, 2004.
 
La publicación de este volumen de Marx-Engels Jahrbuch amerita particular atención en el mundo de los estudios marxistas, porque representa un hito en el prolongado y extremadamente tortuoso proceso (que ya abarca casi un siglo) de producción de una edición crítica definitiva de las obras completas de Marx y Engels; un proceso que, como es bien sabido, iniciaron David Riazanov y sus colaboradores a finales de los años veinte y a principios de los treinta con la publicación de los primeros volúmenes de una Marx-Engels Gesamtausgabe (conocida subsiguientemente como MEGA1), y la cual incluyó, entre otros materiales, la primera edición de los Manuscritos de economía y filosofía de 1844 (también conocida como los Manuscritos de París de 1844), así como la primera publicación del texto completo del manuscrito de La ideología alemana (del cual solo diversos fragmentos se habían publicado hasta ese momento).[1]  

Desafortunadamente, el terror estalinista en las postrimerías de los años treinta interrumpió de manera brutal el programa de Riazanov, cuando apenas una docena de volúmenes se habíapublicado, para ser retomado sólo casi cuarenta años más tarde por los esfuerzos conjuntos de los Institutos Marxistas-Leninistas de Moscú y Berlín (RDA) en un proyecto incluso más ambicioso (la nueva edición se planificó en sus orígenes para incluir cerca de ciento setenta volúmenes dobles [Texto y Aparato Crítico]). Este nuevo esfuerzo editorial también encontró diversas dificultades y obstáculos, que culminaron en la crisis producida por el colapso de la República Democrática Alemana en 1989 y, subsiguientemente, de la Unión Soviética asimismo, lo cual amenazó la existencia continuada del proyecto mismo. Esta crisis, por fortuna, se superó a la larga mediante la creación de un consorcio internacional, la Fundación Internacional Marx-Engels [Internationale Marx-Engels-Stiftung (IMES)], que asumió la tarea de adelantar el proyecto, aunque bajo guías revisadas y un tanto más modestas. Debido a que el tamaño de los equipos editoriales originales (cientos de especialistas) se redujo de manera drástica (a una docena más o menos), centrados principalmente en la Academia de las Ciencias de Berlin-Brandenburgo), la publicación de nuevos volúmenes de la edición crítica ha sido, aunque firme, bastante lenta.[2] Pero, al menos, el futuro de la edición parece asegurado.

 En el marco de esta empresa editorial general, el destino de una edición crítica definitiva del texto de La ideología alemana, en particular, ha sido singularmente desafortunado. A pesar de que la versión de este texto hecha por MEGA¹ fue en su momento un logro considerable (dada su naturaleza de borrador tosco e inédito, dejado por sus autores a “la roedora crítica de los ratones”), no obstante distó mucho de satisfacer los estándares académicos de una genuina edición crítica de este importante trabajo.[3] Por ello, el anuncio de que los editores de la nueva edición crítica, la MEGA², planeaban producir una edición crítica de este texto revisada y actualizada con sumo cuidado, la cual permanecería tan fiel como fuera posible al estado original en el cual sus autores habían dejado el manuscrito, fue recibido con entusiasmo por todos los estudiantes serios de la obra de Marx. La publicación, en el Probeband (1972)[4], de la edición crítica de la primera sección (“Sobre Feuerbach”) del manuscrito avivó aún más sus expectativas: todo parecía indicar que la edición crítica del texto completo de La ideología alemana pronto aparecería. Pero esta esperanza se desvaneció gradualmente y luego se marchitó por completo a medida que pasaron años, y luego décadas, en vano. Incluso ahora, más de treinta años después, el vol. I, 5 de MEGA² (que incluirá La ideología alemana) ¡aún no ha visto la luz del día![5]
 
Es en este frustrante contexto que la publicación de Marx-Engels Jahrbuch 2003 es un indicio tan alentador. Aunque todavía no es la esperada edición crítica del texto completo de La ideología alemana, al menos nos ofrece la versión crítica revisada más recientemente de su primera sección sobre Feuerbach: esto es, los editores actuales (un equipo compuesto por los editores originales -Inge Taubert y Hans Pelger- ayudados por un grupo de especialistas más jóvenes) han revisado la versión de Probeband de 1972,[6] poniéndola al día, por lo que se presume que la presente versión representa lo que aparecerá en el vol. I, 5 de MEGA² cuando finalmente se publique (con suerte) en 2008.
Siguiendo los pasos de la versión de 1972 (y ampliándola), la presente versión según publicada en Jahrbuch intenta reproducir –tanto como es posible en términos editoriales- el estado original del manuscrito de Marx-Engels:esto es de vital importancia para cualquier estudioso serio de esta obra. En marcado contraste con los editores de MEGA1, los editores actuales han decidido aceptar y permanecer fieles al hecho de que el manuscrito que se nos ha legado consiste de un grupo de fragmentos desarticulados y solo vagamente coordinados de diferente extensión, así como de diferentes grados de elaboración por sus autores. En particular, el aparato crítico que acompaña el texto en esta edición es un recurso de incalculable valor, ya que nos permite apreciar el muy crudo e inconcluso estado del borrador en el cual Marx y Engels estaban trabajando en 1845-6, pero abandonaron sin haber completado. De este modo, el aparato crítico documenta todos los cambios y variaciones (correcciones, alteraciones, adiciones y supresiones, etc.), que los autores introdujeron de manera sucesiva a medida que revisaban el borrador de su texto de La ideología alemana, proveyéndonos una especie de mapa “arqueológico” de las diferentes capas de revisiones que sufrió el borrador antes de que al final sus autores lo echaran a un lado.
La significación de este cuidadoso esfuerzo editorial puede difícilmente exagerarse porque, desde su publicación original en 1932, el texto de La ideología alemana se ha tomado con demasiada frecuencia como una exposición completa y coherente de la concepción materialista de la historia y la sociedad de Marx y Engels. El juicio siguiente del conocido erudito David McLellan es, desafortunadamente, demasiado típico:
 
Por cualquier estándar, La ideología alemana es una de las principales obras de Marx... La sección… sobre Feuerbach fue una de las obras más centrales de Marx. Fue un tremendo logro en vista del bajo nivel del pensamiento y los escritos socialistas prevalecientes en ese momento. Marx nunca subsiguientemente expuso su concepción
materialista de la historia en tal extensión y en detalle. Hoy sigue siendo una obra maestra por la fuerza de su argumento [cogency] y la claridad de su presentación.[7]
 
Aunque es cierto que en este texto sus autores sobrepasan por mucho el nivel teórico del pensamiento socialista corriente en su tiempo, y que el corpus marxista entero no incluye una discusión más extensa y detallada de su concepción materialista de la historia, no deja de ser una exageración crasa considerarlo, à la McLellan, una exposición “magistral” y celebrar su “fuerza de argumento” y “claridad”. Mucho más apropiado y circunspecto sería afirmar que es la mejor exposición disponible entre los textos que (debido a diversos accidentes históricos[8]) nos han legado. El hecho de que estamos obligados a usar este texto como la mejor fuente disponible de los pensamientos generales de Marx y Engels sobre la historia y la sociedad humanas, no debería cegarnos al hecho de que el material textual en el que estamos confiando es solo un borrador tosco, fragmentario e inconcluso.
El desafortunado resultado de esta clase de enfoque al texto de La ideología alemana ha sido la tendencia entre los estudiosos a tomar sus formulaciones de una manera acrítica, al valor nominal, esto es, como si fueran expresiones incuestionablemente inequívocas y definitivas del pensamiento maduro de Marx y Engels (ignorando así que muchas de ellas son solo intentos preliminares y tentativos de sus autores para lograr formulaciones adecuadas de su pensamiento). La persistente lectura desacertada del texto de La ideología alemana ha llevado a toda clase de interpretaciones carentes de matices y simplistas de la concepción materialista de la historia propuesta y defendida por Marx y Engels.[9]
La presente edición crítica no deja espacio en lo absoluto para esta clase de lectura descuidada de este texto de crucial importancia y debería promover un entendimiento mejorado en grado sumo de la concepción que sus autores intentan presentar y adelantar en el mismo. No es simplemente un asunto de exactitud “filológica”: lejos de eso, es también, y primariamente, una cuestión del adecuado entendimiento filosófico de la sustancia de la posición teórica de Marx y Engels, a pesar de las deficiencias de muchas de las formulaciones que aparecen en la “superficie” de su tosco e inconcluso texto. Los ejemplos siguientes se ofrecen en apoyo a este reclamo.
A través de las primeras páginas de la sección “Sobre Feuerbach”, los autores repetidamente (casi de manera obsesiva) recalcan la naturaleza “empírica” y “científica” de su perspectiva teórica. En medio de un extenso pasaje de este estilo, ellos insertan una peculiar oración que a menudo pasan por alto lectores y eruditos por igual:
 
Sobald dieser thätige Lebensprozess dargestellt wird, hört die Geschichte auf, eine Sammlung todter Fakta zu sein, wie bei den selbst noch abstrakten Empirikern, oder eine eingebildete Aktion eingebildeter Subjekte, wie bei den Idealisten.
 
[Tan pronto como se expone este proceso vital activo, la historia deja de ser una colección de hechos muertos, como para los empiristas, todavía abstractos, o una acción imaginaria de sujetos imaginarios, como para los idealistas.][10]  
 
Aunque de pasada, esta oración introduce una cualificación crucial de las proclamaciones aparentemente “empiristas” y “cientifistas” que se habían hecho hasta ahora con tanta vehemencia: ya que señala con claridad que, sin embargo, los autores también tienen serias reservas sobre la tradición empirista. Es decir, y a pesar de las primeras apariencias, ellos adoptan una tercera posición, contraria a ambos el idealismo y el empirismo tradicional. Pero el reproche que aquí se hace al empirismo (“ellos aún permanecen abstractos”) es peculiar, cuando menos, pues los representantes clásicos de esta tradición (Berkeley, Hume) se destacaron, entre otras cosas, por su firme oposición a las “abstracciones” en el discurso filosófico. Para tener algún sentido y ser apropiado, el reproche de “aún ser abstractos” no se puede tomar en su significado ordinario, sino en el sentido técnico en el que se empleó “abstracto” en la tradición hegeliana, a saber, para referir a lo que es unilateral, incompleto o pobre en contenido y determinaciones. Ésta es una suposición plausible, ya que Marx y Engels se formaron filosóficamente en esta tradición. Esta suposición está fuertemente apoyada por el valioso material suministrado por la edición crítica,puesnos ofrece la formulación original la cual, en una revisión posterior, se reemplazó por la frase “los [empiristas] todavía abstractos”; esta primera formulación lee: “...die bornirten...” [“...los (empiristas) limitados...”],[11] lo cual claramente sugiere que, al formular su reproche, nuestros autores estaban pensando en la limitada y estrecha perspectiva filosófica promovida por los empiristas clásicos como Berkeley y Hume. Esta interpretación también es cónsona con el otro reproche que se hace en el pasaje citado antes: reducir la historia a una colección de hechos muertos.[12] De este modo, nuestros autores están rechazando la glorificación empirista de hechos puros y “simples” (como si, por sí mismos, fueran inteligibles, como si pudieran “hablar” por sí mismos) y están abogando en su lugar la necesidad de su interpretación teórica.
En suma, la “ciencia” materialista de la historia, contrario a sus primeras apariencias, no se abanderiza simplemente con el empirismo tradicional en contraposición al idealismo de los epígonos de Hegel (aunque concuerda con el primero al insistir en la necesidad de proveer a nuestras concepciones una sólida fundamentación empírica); a la vez insiste con la misma firmeza (en oposición al empirismo clásico) en la necesidad de una interpretación teórica apropiada de la información o materiales provistos por la experiencia. Así, la “ciencia materialista” que nuestros autores están proponiendo se esfuerza en ser un conocimiento empírico, pero informado teóricamente sobre la historia y la sociedad humanas.[13]
Por otro lado, cabe señalar que nuestros autores frecuentemente usan –a través del texto de la sección “Sobre Feuerbach”, así como en el pasaje recién citado- los vocablos darstellen/Darstellung. Lejos de ser fortuito, este uso frecuente refleja el hecho de que ellos están empleando estos vocablos no en su sentido ordinario, sino en un sentido técnico, a saber, el dado a ellos por la escuela hegeliana (justo como en el caso de abstrakt). Es lamentable que este hecho a menudo se pase por alto o se ignore[14], porque este descuido tiene fatídicas consecuencias filosóficas. En realidad, al ignorar de manera sistemática el uso técnico de estos vocablos, estos traductores y eruditos están oscureciendo el hecho fundamental de que la concepción materialista adelantada por Marx y Engels no intenta meramente ofrecernos una simple “descripción” o “representación” de la sociedad humana y su desarrollo histórico, sino en su lugar se esfuerza en proveernos una comprensión analítica así como integral de sus objetos de preocupación, es decir, su total aprehensión como un producto histórico junto con sus transformaciones legaliformes.
Aquí, otra vez, la nueva edición crítica ofrece material de incalculable valor en apoyo a esta interpretación. En la continuación del pasaje citado antes, nuestros autores comentan sobre las dificultades que debe enfrentar cualquier intento de ordenación del material histórico. Aunque es obvio que rechazan cualquier intento de imponer de manera arbitraria esquemas o construcciones teóricas al material histórico, es decir, sin considerar la realidad empírica, ellos también rechazan la noción de que el “sentido” y el orden del proceso histórico se puede simplemente “leer” directa y mecánicamente sin mayor dificultad. Por el contrario, ellos insisten en la necesidad de un proceso activo y sistemático de elaboración o interpretación teórica del material pertinente y la evidencia empírica: ellos reclaman, en resumen, que la “verdadera dificultad” comienza cuando uno se esfuerza en ofrecer una “wirkliche Darstellung” [“exposición real (actual)] del proceso histórico.[15]Que aquí el vocablo clave se esté usando en su sentido técnico hegeliano se hace claro por la información suministrada por el aparato crítico de la presente edición del texto de La ideología alemana,yaque muestra que nuestros autores habían escrito originalmente: “...das Aufsuchen des wirklichen, faktischen Zusammenhangs der verschiedenen Schichten...“[“…la búsqueda de la conexión estructurada, actual y fáctica, de las diversas capas [estratos, niveles]…” y solo en una revisión posterior del texto reemplazaron ésta con la compacta formulación, “die wirkliche Darstellung” [“la exposición real (actual)...]”.[16] La frase original revela de manera clara que la preocupación fundamental de los autores era distinguir tajantemente su concepción materialista de los respectivos puntos de vista de ambos el idealismo especulativo y el empirismo tradicional. Por un lado (y en oposición a los idealistas), cualquier conocimiento adecuado debe ser “real” y “fáctico”; pero por otro lado (y en oposición a los empiristas clásicos), dicho conocimiento no se puede adquirir mediante la mera recopilación de “datos” puros o “eventos” sueltos, sino que debe resultar de un esfuerzo deliberado de aprehender los diferentes estratos de la realidad histórica en su conexión estructurada (Zusammenhang), y es obvio que esto requiere mucho más que la pasiva recepción de la evidencia o “datos” a la mano: solo una búsqueda activa (Aufsuchen) puede revelarlo mediante un examen penetrante y crítico de los materiales a la mano.[17]
 
Los ejemplos se podrían multiplicar a voluntad, pero los ofrecidos deberían ser suficientes para demostrar que los extraordinarios esfuerzos –tan esmerados como prolongados-- empleados en la producción de la presente edición crítica de La ideología alemana fueron eminentemente valiosos y ameritan la gratitud de todos los estudiantes serios del pensamiento y las obras de Marx. El rico material provisto por la nueva edición crítica de La ideología alemana debería de ahora en adelante hacer inexcusables las superficiales, empobrecidas y simplistas interpretaciones que han prevalecido en el pasado entre estudiosos y especialistas sobre la concepción materialista de la historia adelantada por Marx y Engels en esta particular obra.
                                                                                 


[1] La publicación del último, en ese momento, estuvo algo opacada por el interés -y entusiasmo- generado entre los estudiosos por el descubrimiento de los Manuscritos de 1844 de Marx; pero, desde una perspectiva a largo alcance, fue un evento con, al menos, igual significación. 
[2] Para detalles, vea los panfletos de la edición MEGA², publicada por la Academia de las Ciencias de Berlín (BBAW, por sus siglas en alemán) o la Fundación Internacional Marx-Engels en Amsterdam.
[3] Su mayor deficiencia fue que los editores, tratando de facilitar su lectura, se esforzaron en producir la apariencia de un texto unitario y coherente mediante masivas intervenciones editoriales en el manuscrito original, principalmente reordenando y uniendo sus diversos fragmentos.
[4] MEGA-Probeband. Berlin, Dietz Verlag, 1972. Éste fue un volumen publicado en una edición limitada para promover el nuevo proyecto editorial, que contiene un grupo de ejemplos del trabajo editorial en progreso para la edición crítica.
[5] Se ha prometido ahora que aparecerá en 2008. 
[6] Las subsiguientes propuestas de revisión de la versión de 1972, hechas por Inge Taubert y otros especialistas, también se han tomado en cuenta para la presente edición.
[7] David McLellan, Marx: His Life and Thought. New York, Harper & Row, 1973, pp. 143 y 151 (énfasis añadido).
[8] Virtualmente el corpus entero sufrió por diversas circunstancias fortuitas: ¡Marx no pudo completar ni siquiera su trabajo principal, El capital!
[9] Discuto varios casos en mis ensayos, “Hegel y el joven Marx: El hombre como ser natural humano” (Diálogos, 85, 2005), esp. pp. 21-4, y “Empirismo, ciencia y filosofía en La ideología alemana (Diálogos, 86, 2005), passim.
[10] Marx-Engels Jahrbuch 2003, p. 116. Al pasar por alto, o al menos descuidar la importancia de esta particular oración, demasiados estudiosos e intérpretes han saltado a la conclusión infundada de que los autores están defendiendo una perspectiva “empirista” simple y no cualificada –o incluso una perspectiva “positivista”- en La ideología alemana.
[11] Ibid., p. 327.
[12] Cabe recordar, por ejemplo, el celebrado dictum de Hume: All events seem entirely loose and separate. One event follows another; but we never can find any tie between them. They seem conjoined; but never connected. [“Todos los sucesos parecen enteramente disgregados y separados. Un suceso sigue a otro; pero nunca podemos encontrar ningún vínculo entre ellos. Parecen unidos; pero nunca conectados.”].(Enquiry Concerning Human Understanding, § 7, parte 2).
[13] Para una discusión más amplia y detallada, véase mi ensayo, “Empirismo, ciencia y filosofía”, citado antes, esp., pp. 69-75.
[14] Las traducciones en inglés existentes –ambas la antigua traducción por Roy Pascal, así como la nueva traducción de la edición de Collected Works –son ejemplos evidentes de este descuido al traducir indistintamente estos vocablos por “describir/descripción”, “ilustrar/ilustración”, “representar/representación”, etc. 
[15] Marx-Engels Jahrbuch 2003, p. 116.
[16] Ibid., p. 327.
[17] Para una discusión más amplia y detallada, véase otra vez mi ensayo citado antes, “Empirismo, ciencia y filosofía...”, esp., pp. 75-9.