La alienación de la "ciencia" económica y sus consecuencias en las ciencias sociales

Autor: Antonio Romero Reyes[1]

Resumen

El ensayo se inscribe en la temática más amplia de los procesos históricos y contemporáneos de constitución de disciplinas académicas en las ciencias sociales. Nuestra reflexión parte desde la economía hacia el conjunto de las "ciencias sociales". La argumentación descansa en la utilización de las categorías de alienación y fetichismo.

Se hace un recorrido histórico para apreciar influencia sobre la economía del paradigma mecanicista de la revolución newtoniana, así como la transformación de la economía política en teoría económica. Se abordan las categorías de alienación y fetichismo en el pensamiento de Marx, en base a los cuales discutimos las cuestiones de la "eternización" y la "colonización".

"[…] los economistas burgueses, enredados en las ideas capitalistas, quienes ven, sin duda, cómo se produce dentro de la relación capitalista, pero no cómo se produce esta relación misma ni cómo, al mismo tiempo, se producen en ella las condiciones materiales de su disolución, con lo cual se suprime su justificación histórica como forma necesaria del desarrollo económico, de la producción de la riqueza social".[2]

Introducción

En el epílogo a la segunda edición alemana de El Capital Marx (1988: 12-16) hace un recuento de la evolución de la economía política en Inglaterra, Francia y Alemania, comprendiendo el periodo que va desde la publicación de la obra principal de David Ricardo (1817) hasta mediados del siglo XIX, en paralelo con los cambios políticos y económicos observados. Allí dedicó al mainstream de economistas de su época un argumento desafiante al sostener que con Ricardo (1772-1823) "la ciencia burguesa de la economía había alcanzado sus propios e infranqueables límites" (1988: 13). Estos límites se sintetizaban en las contradicciones que permean los intereses de las clases sociales en las formaciones más avanzadas del capitalismo, y que la economía evitaba sacar a luz. En pocas palabras, en opinión de Marx, la economía se volvió "economía vulgar".[3]

Más allá de esa línea divisoria -en términos del citado argumento de Marx- cabían dos posibilidades: i) profundizar la indagación sobre las contradicciones del capitalismo; o bien ii) alejarse lo más posible de dichos límites y llevar a la economía por derroteros totalmente diferentes. Es indudable que Marx escogió el primer camino tomando críticamente, como punto de partida, los Principles de Ricardo. Para él eso representaba el camino de la "investigación científica" la cual, en la medida que fuera libre, desinteresada y desprejuiciada, sin compromisos con el poder establecido pero comprometida con el cambio y la transformación social, solamente en esa medida podía esperarse frente a ella la reacción de "las furias del interés privado".[4] Por el contrario, la segunda opción fue el camino que siguió efectivamente la economía, no sin implicar la redefinición de su objeto, al transformarse en "ciencia"/disciplina académica.

El ensayo tiene dos propósitos: i] propiciar el debate y/o la revisión de los fundamentos sobre los que está construido el edificio de la "ciencia económica"; ii] estimular el desarrollo de un pensamiento crítico en economía que, en base al replanteamiento epistemológico de sus fundamentos, apunte a la "creación heroica" de una economía política desde la realidad latinoamericana; es decir, un tipo de economía que recupere en sus razonamientos la historia, la política, la larga duración y la "flecha del tiempo", que vaya al encuentro de otras ramas de las ciencias sociales y, por tanto, haga de las relaciones humanas revestidas con contenido social el verdadero objeto de sus preocupaciones. En suma, todo esto apunta a lo que Wallerstein llamaba en otro lugar "una ciencia social para el siglo XXI" (Wallerstein 2002), o una "utopística" (Wallerstein 2003b).[5]

Influencia del paradigma mecanicista de la revolución newtoniana

Tomando como referencia la biografía intelectual de Adam Smth, a este filósofo y economista escocés le tocó vivir una época de transición, es decir, en la interfase entre la decadencia del feudalismo y el surgimiento del capitalismo en Europa (la era moderna). La Revolución Industrial aun no se había iniciado (esto le tocó vivir a David Ricardo, el otro gran economista clásico), simplemente estaban surgiendo las condiciones materiales, tecnológicas y sociales para ello.

La cultura y el ambiente intelectual de esa época estaban marcados por el enciclopedismo. Las ciencias se hallaban repartidas entre, por un lado, la filosofía moral que abarcaba las ciencias del espíritu y de la sociedad, y, de otro, la filosofía natural que comprendía a las ciencias físicas y matemáticas. Conviene aclarar que las ideas económicas aun no se habían independizado y menos conformado en una rama de las llamadas ciencias de la sociedad. La misma filosofía moral, que se prolongó desde el XVIII hasta la primera mitad del XIX, fue un sucedáneo del iusnaturalismo o "jurisprudencia natural", el cual a su vez devino de la escolática (siglos IX al XVII). Estamos hablando de un largo proceso donde cada uno de ellos, en su momento, constituyeron sistemas omnicomprensivos del derecho natural que se fueron ampliando -y quebrantando- a medida que se iban acumulando nuevos conocimientos, hechos y análisis; todos con la misma finalidad: establecer leyes naturales concernientes a la sociedad y la razón.

El siglo XVII -y parte del XVIII- fue testigo de la "edad heroica" de los descubrimientos de la física y la matemática cuyos éxitos sobre el gran público entusiasmaron a los filósofos del derecho natural (los iusnaturalistas), "muchos de los cuales se preguntaron si sus instrumentos analíticos no tendrían, a pesar de todo, alguna semejanza con los de los físicos victoriosos" (Schumpeter 1971a: 125). Este tipo de declaraciones dio pábulo a los ataques subsecuentes de los críticos provenientes sobre todo de la escuela histórica. Si la filosofía moral representaba un nuevo sistema del derecho natural, probablemente resultaba tentador asociarla con las pretensiones iusnaturalistas de emular la "filosofía experimental", como se conocía a la física de Copérnico y Galileo.

La Riqueza de las Naciones (1776) representa la culminación de un proceso de maduración de ideas, principios, conceptos y preceptos de política económica que venían de más atrás en el tiempo y por lo tanto no se originaron exclusivamente en Smith. Fue una gran obra de síntesis (representa una "situación clásica" como la define Schumpeter) para la cual él era el único en su tiempo que estaba preparado, realizando uno de los más meritorios aportes que legó a la economía del XIX.

Aunque no fueron contemporáneos y pertenecieron en el tiempo a generaciones y países diferentes, es posible que Smith como filósofo tomara conocimiento de los Principia de Newton,[6] en la perspectiva de un ambicioso proyecto de "historia de las ciencias liberales y de las bellas artes" con relación al cual escribió 6 ensayos, uno de los cuales titulaba: "Principles which lead and direct Philosophical Enquires; illustrated by the History of Astronomy".[7] La probable influencia de Newton se inscribe entonces en un proyecto histórico-filosófico de largo aliento para el cual ni el tiempo ni la salud le alcanzaron a Smith.

Pero la verdadera y efectiva incorporación del paradigma mecanicista ocurrirá muchos años después, en las obras de Stanley Jevons y Léon Walras,[8] quienes erigieron los principios de la mecánica como claves del proceso económico. Entretanto, mientras eso ocurría en el campo de la economía, que a partir de la revolución marginalista pasó a ser considerada "teoría económica", la física revolucionaba con el descubrimiento de las leyes de la Termodinámica que -en palabras de Georgescu-Roegen (1996: 47)- "los arquitectos de ‘la mecánica de la utilidad y del egoísmo’" ignoraron o pasaron por alto. En esto consistió lo que el mismo economista de origen rumano llamó "el pecado mecanicista de la ciencia económica" (Georgescu-Roegen 1996: 45). Ernst Mach (1838-1916), filósofo del conocimiento injuriado sin embargo por el propio Lenin a comienzos del XX,[9] ya había criticado antes "las pretensiones metafísicas de la Mecánica newtoniana".

La revolución marginalista que produjeron Jevons, Menger y Walras, entre otros, en el último tercio del XIX, ocurrió mientras el capitalismo estaba pasando de su etapa victoriana y competitiva (la que estudió Marx) a otra monopólica e imperialista. Esa revolución en el conocimiento involucró un cambio del paradigma económico ya que a partir de allí se fue borrando -no sin intención- todo rastro societal que antes se podía apreciar en el estudio de las relaciones económicas (de allí el nombre de economía política), y gran parte de ello se explica por la incomodidad que significaba seguir lidiando con la teoría del valor-trabajo. Si anteriormente la tradición clásica había estudiado las relaciones de producción y distribución así como las condiciones de crecimiento en el largo plazo, con el nuevo paradigma se van a privilegiar las relaciones de circulación, esto es, la formación de precios y su dinámica a través del intercambio de mercancías en el mercado. El concepto del valor-trabajo fue expulsado de -mejor dicho, negado en- toda explicación lógica sobre las relaciones económicas, pasando a ser reemplazado por las curvas de oferta y demanda y los modelos matemáticos del equilibrio general, iniciando así el reinado de la "ciencia económica". La economía se simplificó al extremo pero se complejizó en su presentación formal: dados ciertos supuestos y postulados lógicos sobre racionalidades y comportamientos maximizadores/minimizadores, ante cualquier perturbación en el sistema este era restablecido por providenciales mecanismos automáticos. En otras palabras, "la mano" se hizo más invisible. Ello se convirtió en el nuevo credo de la economía que de esta manera ganó en simplificación y elegancia instrumental, pero al costo de lo que podríamos designar como el proceso de alienación de las categorías económicas con relación al mundo real, perdiendo por consiguiente poder explicativo con relación a los fenómenos económicos reales.

De economía política a teoría económica

En lugar de asumir el desafío lanzado por la crítica de Marx en El Capital (ver más arriba) los economistas de la época lo pasaron por alto e ignoraron del todo; se dedicaron más bien a cuestionar desde distintos ángulos la teoría del valor-trabajo proveniente de Ricardo, así como denostaron los resultados últimos a que la había llevado Marx mediante su método dialéctico (la aparición de la plusvalía y del antagonismo de las clases). Esa actitud fue más bien el comienzo de la fuga con relación al estudio de la "anatomía de la sociedad civil" (la economía política) que partía de la esfera de la producción, donde se advertían los riesgos y peligros adonde podían conducir las ideas de Ricardo (El Capital era un claro ejemplo), para afincarse en la del consumo y la circulación de mercancías, donde las "relaciones impersonales del mercado" -en la visión de los neoclásicos- aparecían como las aguas más tranquilas y desprovistas de cualquier contenido social o de clase.

De manera que la economía política posterior al periodo clásico -es decir, la economía post Ricardo- atravesó por una gran transformación epistemológica (de 180º) alrededor del propio objeto de estudio. Los límites de este último fueron reformulados en función de dos procesos simultáneos: 1] El desplazamiento de la cuestión del valor, desde su determinación afincada en las condiciones materiales e históricas de la producción, hacia una concepción hedonista-utilitarista y metafísica del mismo basada en la subjetividad de los consumidores (valor = utilidad o satisfacción obtenida del consumo). 2] La supresión y aun desaparición de toda referencia a las "clases sociales" en la explicación del problema económico, como lógica consecuencia del punto anterior.[10]

Toda referencia a lo social y, con mayor razón, a lo político, fue radicalmente apartada y literalmente expectorada del campo de "lo económico". En este sentido, todo el esfuerzo de los economistas posteriores a Marx apuntó a la "des-socialización de las categorías económicas y su des-historización" (Iguiñiz 1978: 102) y no cabe duda que, si tomamos como línea divisoria la publicación de El Capital de Marx -en 1867- la economía atravesó por un proceso de bifurcación en sus fundamentos epistemológicos que duró alrededor de medio siglo: del último tercio del XIX hasta inicios de la tercera década del XX, ciclo que es coronado con el trabajo de Lionel Robbins (1932).

La bifurcación es manifiesta en la separación que se hace de las relaciones "puramente económicas" de las relaciones sociales y políticas; la diferenciación de una esfera de estudio para la economía y otra para las demás "ciencias sociales"; la neutralidad y aun indiferencia que la ciencia económica -y el economista que la practicara- debía guardar con relación a la naturaleza de los fines, es decir, las connotaciones morales o éticas y los "juicios de valor" que encerraba la acción humana como hecho económico. Estas y otras bifurcaciones quedaron así consagradas en forma de premisas y principios metodológicos que pasaron a sustentar el desarrollo de la economía como "disciplina científica".[11]

Indudablemente que la bifurcación formaba parte de un proceso histórico más amplio de diferenciación de las ciencias sociales consistente en la "disciplinarización y profesionalización del conocimiento", lo cual se institucionalizó y consolidó entre 1850 y 1914 (Wallerstein: 2003a: 9, 15). Hubo de esperar hasta la aparición de Keynes quien, a pesar de su fobia hacia Marx, antes que finalizara la década del 20 y, más aun, antes de desatarse el "crac" de 1929 y la consiguiente "gran depresión" de los años 30, ya había denunciado -por cierto que académicamente- sobre las limitaciones e insuficiencias de los mecanismos automáticos del mercado en The end of Laissez-Faire (1926). Este no constituyó su principal trabajo teórico pero representó el grito de guerra de Keynes contra los principios que le habían inculcado sus maestros, sobre todo Alfred Marshall. La animadversión de Keynes hacia Marx no le impidió reconocer tácitamente que la economía había sido herida de muerte por las críticas endilgadas al capitalismo, tal como se lee entrelíneas al final de la carta que -mientras se encontraba escribiendo la General Theory- dirigió al filósofo Bernard Shaw: "Pero habrá un gran cambio y, en particular, los fundamentos ricardianos del marxismo serán demolidos".[12]

Alienación y fetichismo

La alienación como concepto tiene unos orígenes que se remontan hasta la Antigüedad. Se advierte su presencia en las obras de Rousseau, San Agustín, la mística judeo-cristiana, los neoplatónicos y en Platón mismo; asimismo, ha sido redescubierto en la filosofía budista, en el Islam, la filosofía clásica en India y China (Schaff 1979: 43-44). En el sistema de Hegel la alienación es explicada en términos del conflicto entre sujeto y objeto, expresando también una relación de contrarios: subjetividad/objetividad, entendimiento/sensibilidad, pensamiento/ existencia, o entre el espíritu y el mundo de los objetos.

Tanto la alienación como el fetichismo están enlazados con la obra filosófica y económica de Marx, de tal manera que ha llegado a carecer de sustento referirse a una supuesta contradicción entre el pensamiento del Marx "joven" de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y el Marx "maduro" de El Capital. Esto ha sido demostrado por el filósofo marxista polaco Adam Shaff, cuyos argumentos hemos resumido en el siguiente cuadro.

Desarrollo de la concepción de Marx sobre la alienación

Manuscritos de París (1844): como situación objetiva y subjetiva

La Sagrada Familia (1845): como situación subjetiva

La Ideología Alemana (1845): como situación objetiva

Grundrisse (1857-1858): como situación objetiva

El Capital (1867): como situación objetiva

Fuente.Schaff (1979: 43-90).

En términos del cuadro, la alienación es vista desde una situación objetiva o subjetiva. El concepto de alienación tuvo varios sentidos o significados a lo largo de las obras mencionadas, varias de ellas escritas conjuntamente con Engels. En los Manuscritos de 1844 la alienación tenía una doble connotación -objetiva y subjetiva- denotando tanto una situación de extrañación (el producto del trabajo adopta una existencia como poder independiente) como de "enajenación de si mismo" (el trabajo humano objetivado como un poder enemigo). A partir de la Ideología Alemana el significado de la alienación irá decantándose de connotaciones subjetivas, dándose cada vez mayor importancia a la situación o situaciones objetivas con las que se quería dar cuenta, hasta llegar a la redacción de El Capital. Tanto en este como en los borradores preparatorios (Grundrisse) la alienación pasó a significar una realidad objetivada: el producto del trabajo humano (o de la actividad humana en general) convertido en cosa. Por ello, en el contexto de El Capital, las relaciones sociales entre los productores en el mercado aparecen transfiguradas como relaciones entre mercancías que se intercambian, donde la "fuerza de trabajo" es una mercancía más que se ofrece por un salario.

Fue de esta manera como la categoría del "fetichismo" vino a proporcionar un nuevo contenido -científico además- al de alienación. No es difícil explicarnos entonces por qué Marx restó importancia a la "economía vulgar" de su época: para él las categorías económicas y la economía que profesaban los economistas posteriores a Ricardo, habían dejado de dar cuenta de la realidad económica de una manera "racional", reemplazándola en cambio por una realidad llena de "conexiones aparentes", "ideas triviales" y "verdades eternas" (Marx 1988: 99, nota 32). En síntesis, podemos aseverar que la economía se había alienado -en el sentido de apartado y alejado- de su objeto dentro de un progresivo proceso de "extrañamiento" respecto de las relaciones sociales reales, culminando -como ya dijimos- en la revolución marginalista o jevoniana.

La alienación como fetichismo presenta dos connotaciones coexistentes en el mismo proceso. De un lado, significa para el trabajador pérdida y privación de los productos de su trabajo (el problema de la objetivación) que incide sobre el deterioro de sus condiciones materiales de existencia (el trabajador se empobrece). De otro lado, y en virtud de una relación contractual, significa expropiación de los productos del trabajo por cuanto estos son apropiados por los dueños del capital, lo cual redunda también sobre el empobrecimiento del trabajador. Esta doble connotación es inherente al régimen capitalista de producción y se halla detrás de las evidentes disparidades entre riqueza y pobreza (o entre países ricos y pobres) que ese mismo régimen produce y reproduce.

Como observara Mandel (1980), la alienación fue un concepto que formó parte en todo momento del arsenal instrumental con el que Marx profundizó la crítica del capitalismo, utilizándolo incluso en el proceso de descubrimiento de nuevas categorías como la plusvalía y el perfeccionamiento de la teoría clásica del valor-trabajo, opinión coincidente también con la de Schaff.[13] En virtud de este proceso de investigación, la alienación fue puesta por Marx con los pies en la tierra, transitando desde una concepción filosófica-antropológica (la alienación como inherente a la "naturaleza humana") a una concepción materialista e histórica, pues ella hunde sus raíces "en las condiciones específicas del trabajo, de la producción y de la sociedad humanas" (Mandel 1980: 210). Las condiciones de su superación se encuentran presentes también en las específicas condiciones históricas, ya que en el capitalismo la alienación ha adquirido un carácter multidimensional: se expresa como alienación económica, social, religiosa o ideológica, pero también actúa en planos específicos: "la alienación en el plano del consumo; la alienación de las capacidades de desarrollo del individuo; la alienación de los conocimientos socialmente posibles, etc." (Mandel 1980: 212).

Sabido es que el "largo recorrido" de El Capital desemboca en el "capítulo inconcluso" (el LII) sobre las clases que, sin embargo, desde el Libro I, van siendo reveladas por el movimiento del capital tanto en las relaciones de producción como de circulación (el Libro II), develando al mismo tiempo el "círculo infernal de la cosificación" (Bensaïd 2003: 183), todo ello siguiendo "un camino infinito de determinaciones que apuntan a la totalidad sin alcanzarla" (Bensaïd 2003: 186). La posibilidad de emprender el camino inverso desde el capítulo inconcluso ("de la lucha de clases como lucha política al modo de producción"), no es menos problemática dada la ausencia del proyectado libro sobre el Estado. Marx aportó elementos en sus análisis políticos de la realidad europea, y especialmente la de Francia. Tanto en el contexto de esos análisis como en El Capital el problema de las clases es visto como una "totalidad relacional" y "en la dialéctica de su lucha" (Bensaïd 2003: 158 y 186). La cuestión de la emancipación del proletariado y la humanidad es situada por Marx en ese terreno.

Eternización del capitalismo a través de la fetichización de las categorías económicas

En un orden social como el capitalismo la realidad y sus contradicciones son sistemáticamente ocultadas por el universo de ideas, nociones y categorías que los poderes dominantes construyen para representarse el mundo como el más perfecto de todos los posibles, e imponérselo al resto del mundo como la única verdad. Esto es posible cuando el sistema de la propiedad privada y la división del trabajo han llegado a su máximo desarrollo, lo cual implica una forma de sociedad donde los individuos aislados carecen de poderes efectivos para influir sobre las condiciones materiales de su existencia (estas mismas condiciones les son externas y, ergo, los individuos experimentan la alienación política) y las relaciones entre ellos, socialmente hablando, son guiadas principalmente por "el sentido de posesión".

¿Qué papel juega hoy en día la economía en tanto que "ciencia", sistema de categorías conceptuales y representación del mundo, con relación al orden social existente?

Hoy en día, el nuevo orden productivo está marcado por la "globalización" de las relaciones capitalistas de producción. Categorías como mercado y libre comercio, inversión privada, crecimiento, eficiencia y competitividad, entre otras, se han convertido en objetos de veneración y culto, en los ideales hacia los cuales toda economía real debe tender forzosamente -como se nos dice machaconamente- para alcanzar el progreso y la modernidad, y así el sistema pueda perpetuarse sécula seculórum. ¿Qué relación podemos encontrar entre el "fetichismo de la mercancía" y la alienación que esas categorías económicas proyectan como culto de un orden económico "natural", pretendidamente universal?

Para Marx las relaciones (económicas) entre las cosas-mercancías son también "una relación social entre objetos" que intercede entre los trabajos privados/individuales y el trabajo social global. En el régimen de producción de mercancías más desarrollado, el modo de producción capitalista, el "trabajo social global" es expresado en la forma dinero como equivalente general: "Pero es precisamente esa forma acabada del mundo de las mercancías -la forma de dinero- la que vela de hecho, en vez de revelar, el carácter social de los trabajos privados, y por tanto las relaciones sociales entre los trabajadores individuales." (Marx 1988; p. 92-93). Se puede entender de aquí que cuando la economía en tanto que "ciencia social" discurre sobre el comportamiento de variables agregadas como el consumo, la producción, las exportaciones, la inversión, etc., nos están hablando -en última instancia- de relaciones entre cosas más que de relaciones sociales.

En eso consiste el quid pro quo señalado por Marx, es decir, la economía razona teniendo como paradigma un mundo económico invertido donde las cosas son más importantes que las personas y tienen una existencia independiente de las condiciones de vida de estas, lo cual lleva hacia el fetichismo de la teoría ("autorregulación" de los mercados en la microeconomía; crecimiento del PBI, equilibrios fiscal y de balanza de pagos en la macroeconomía). Muy diferentes son los resultados cuando el análisis de las categorías económicas se lleva a cabo penetrando en las contradicciones inherentes del capitalismo.

Si tras el fetichismo de las mercancías que son intercambiadas en el mercado se ocultan relaciones sociales entre los productores, la alienación del trabajo hace que las relaciones sociales estén dominadas y/o determinadas por las cosas que se poseen o se es capaz de poseer;[14] y la expresión más universal que consagra la alienación es la propiedad privada.

Con la extensión de las relaciones capitalistas por todo el mundo (la globalización) hasta la misma vida humana ha sido convertida en objeto de apropiación y comercio, es decir, en una mercancía que se busca poseer para adquirir "placer y goce". Ahí está como caso extremo la prostitución de las mujeres y el tráfico de menores (niños y adolescentes) de ambos sexos, o el surgimiento de todo un mercado de placeres camuflados como servicios (p. ej. masajes). ¿Qué nos querrá decir la teoría económica convencional cuando nos habla de la obtención del placer y del goce como resultados de la utilidad de las cosas que se consumen (teoría subjetiva del valor)? A través de sus elegantes modelos matemáticos -y metafísicos- de la utilidad marginal esta teoría no hace sino consagrar, al mismo tiempo que ocultar, un fenómeno social que consiste en la alienación progresiva y generalizada de las relaciones sociales. Tanto con referencia a la alienación como al fetichismo, las relaciones sociales están mistificadas como relaciones entre cosas; y estas relaciones entre cosas son reificadas por la "ciencia" en categorías que supuestamente expresan con "objetividad" la realidad.

La misma definición de ciencia económica consagrada por Robbins (1932),[15] cuando la confrontamos con la realidad del capitalismo, resulta siendo un verdadero contrasentido frente a la realidad antieconómica del derroche, la producción en masa de bienes suntuarios, el consumismo, la contaminación del ambiente y la destrucción de la naturaleza junto a la ingente pobreza que genera. Las decisiones económicas en torno a las mejores combinaciones alternativas entre fines y medios siempre son ordenadas por el capital en función de la racionalidad de la ganancia, antes que en cualquier decisión democrática portadora de valores no crematísticos ni inspirados en el hedonismo utilitarista.

Si -coincidiendo con Bensaïd (2003: 166)- "Alienación y fetichismo enraízan en la relación de producción", acompañando al propio tiempo el proceso de constitución de las "clases sociales", es lícito preguntar ¿qué tipo de sociedad es la que emerge desde las profundidades del averno de la explotación económica? Una sociedad donde las relaciones sociales están dominadas y maniatadas por el capital, que se proyecta sobre aquella como una "fuerza enajenada" y "autonomizada", como poder capitalista. No solamente una sociedad escindida y antagonista, sino también una sociedad con "ciudadanos" alienados y espiritualmente mutilados, sojuzgada por los imperativos de la ganancia y el lucro, y por el imperio de "leyes económicas" con pretensiones de validez universal. La esfera política resulta entonces, inevitablemente, contaminada o -si se quiere- colonizada por los intereses y las prioridades del capitalismo -la "incesante acumulación de capital" (Wallerstein 2005: 40)- sin que resulte extraño que sea convertida en otra esfera de la alienación, pasando a significar "ilusión" y "engaño": la política como lugar de la alienación, o, alternativamente, la alienación como una de las funciones (primordiales) de la política en una sociedad clasista, desarrollada o subdesarrollada.[16]

En la esfera de la circulación de mercancías, y por ende en la vida cotidiana, la alienación es producida por la manipulación de las costumbres, hábitos, y sentido común de la gente. Las campañas publicitarias ensalzan las supuestas virtudes de las mercancías para proporcionar "bienestar", así como sentimientos de "alegría" y "felicidad" a los individuos que las consuman, de manera que la alegría de vivir se vuelva una función del consumo de mercancías. Estas campañas tienen un impacto aun más fuerte y perdurable si vienen acompañadas de imágenes, porque buscan instalarse en el subconsciente colectivo. La alienación es vivida de manera diferente por las clases sociales. Así, para los trabajadores y todo aquel que dependa de un salario (o que simplemente esté sin trabajo), la alienación significa una lucha por la subsistencia; para los sectores sociales pudientes, en cambio, el tener/poseer cosas significa una manera de adquirir y conservar estatus.

En forma de discurso desde el poder la alienación es producida mediante expresiones más bien técnicas, que persigue la aceptación del status quo y hasta la resignación con lo existente: "el mercado es más eficiente que el Estado", "la globalización nos afecta a todos", "el crecimiento económico resolverá la pobreza y traerá el bienestar (el famoso chorreo)", "la inversión privada generará empleo", "la economía debe guiarse por las señales del mercado", etc. Expresiones como estas son fáciles de encontrar en los medios de comunicación a través de las secciones de economía de revistas y periódicos, en artículos de opinión de los "especialistas y expertos", en las declaraciones de los ministros que manejan las finanzas públicas del país o de cualquier cartera vinculada con el tema económico (comercio exterior, agricultura, minería, etc.). En otros términos, la alienación viene aquí camuflada bajo la ideología económica del capital por estar vinculada con su razón instrumental.

Podemos concluir esta parte señalando que tan pronto como se desmitifica la realidad económica y social mediante el descubrimiento de su "negatividad inherente" queda allanado el camino para el cuestionamiento de las categorías pretendidamente objetivas. El capitalismo se ha vuelto un sistema decadente y pernicioso, que es disimulado y/o encubierto por una serie de representaciones y símbolos alienantes como modernidad, libertad y democracia a secas. Es hora de desmitificarlo, haciendo una expropiación y reapropiación de esos símbolos, resignificándolos dentro de una propuesta de transformación. Para eso se necesita desde América Latina, entre otras cosas, el retorno o la restitución de un pensamiento crítico y la construcción social de un paradigma alternativo. La cuestión del Poder, para cambiar este sistema opresivo, hoy esta más vigente que nunca antes y es urgente no solo debatirlo sino también organizarlo.

La colonización de las ciencias sociales

Cuando las relaciones sociales son cosificadas por el capital como relaciones entre cosas, esto tiene además consecuencias graves en la manera como la sociedad se representa el mundo, consistente en la fragmentación de la realidad en el pensamiento mediante la creación de disciplinas de estudio (economía, sociología, política, cultura). Consideramos además que la fragmentación en disciplinas académicas es una de las resultantes de la fetichización de las relaciones sociales, que junto a la relación de colonización que atraviesa al conocimiento de lo social constituyen el trasfondo que ayudarían a explicar las "graves crisis teóricas" en que se hallan las ciencias sociales (Boron 2004).

¿Qué podremos entender por colonización de la política por la economía o de esta sobre las demás ciencias sociales? Difícil, complicada y polémica pregunta, porque busca dar cuenta de nuestra historia del conocimiento y plantea una interpelación a los mismos científicos sociales o de estos con relación a las disciplinas que practican.

Se podría abordar el problema viéndolo como un proceso en cadena, y así parece haber ocurrido en realidad. Si la economía y especialmente la vertiente neoliberal "colonizó" a la política y a las ciencias sociales -como sostiene Boron (1999)-[17] aquella fue colonizada en cambio por las matemáticas y estas por el mecanicismo de la física clásica; de manera que el reclamo debería recaer sobre la misma Física o la filosofía experimental del siglo XVII, pero también sobre quienes lo permitieron o fomentaron en sus propias disciplinas. El conocimiento científico en diferentes áreas de la vida humana progresó y se desarrolló prestándose e intercambiando conceptos, metodologías e instrumentos entre unos y otros, todo lo cual tiene que ver con sus particulares modos de producción del conocimiento. La cuestión es que podemos correr el riesgo de caer en una crítica negativa e insalvable si a este modo de producir conocimiento le aplicamos la idea de colonización. Hagamos la prueba a ver qué pasa.

John Maynard Keynes antes de volverse economista estudió y se formó como matemático, sumergiéndose especialmente en la teoría de las probabilidades sobre la cual llegó a escribir y publicar un libro. Como el padre de la macroeconomía sus aportes se remontan a las lecturas e investigaciones que hizo sobre los principios de la inducción, los grandes números y la teoría de los números índice. De allí a tener una visión instrumental de la economía como un todo solo había un paso. De manera pues, que en el caso de Keynes, la matemática "colonizó" a la economía, sin la cual no se habría producido la "revolución keynesiana".

Otro caso interesante de "colonización", esta vez en América Latina, lo da el propio Prebish (un economista) y el grupo de personas que nucleó alrededor suyo y de la CEPAL. Las relaciones centro-periferia, el deterioro de los términos del intercambio, el reparto desigual de los frutos del progreso técnico y la "puja" distributiva, categorías y argumentos relacionados con estas que dieron pie para hablar del estructuralismo latinoamericano, han servido como marcos interpretativos para estudiar el conflicto político en la región y las relaciones estado-sociedad, lo cual produjo una extensa literatura que será posteriormente cuestionada por su determinismo económico y por poner énfasis en lo externo (el imperialismo y el comercio internacional). ¿Colonización entonces de la política latinoamericana por el estructuralismo del primer cepalismo?

Podríamos referirnos, indudablemente, a la colonización del "marxismo eurocéntrico" sobre el "marxismo latinoamericano", con la notable excepción -seguramente- de José Carlos Mariátegui. De esto se ha debatido mucho. El propio pensamiento de Marx fue también víctima del seccionamiento por parte de las disciplinas académicas que se apropiaban cada una de su objeto sui generis, mediante la parcelación de la realidad del mundo en especialidades de estudio. En el caso del pensamiento de Marx, se hablaba y escribía sobre un Marx sociólogo, un Marx economista, filósofo, etc.

El problema de la "colonización", antes que problema de subordinación, presupone una decisión previa del investigador: cómo nosotros mismos lo permitimos cuestionando o no los presupuestos metodológicos, gnoseológicos y filosóficos de tomar prestado o de "importar" lo que una determinada rama del conocimiento ha logrado, sin saber por anticipado las consecuencias que puede traer. Si desde tiempos recientes el arsenal de instrumentos y metodología de la economía neoclásica se han entronizado y vienen "colonizando" a la ciencia política, así como a la sociología, antropología e historia, en primer lugar no es culpa de los economistas muchos de los cuales además están ya colonizados por la razón instrumental. El problema tampoco se resuelve lanzando a la economía, desde las ciencias sociales, al ostracismo. El problema tiene que ser abordado afrontando críticamente la razón instrumental y sus premisas epistemológicas. La razón instrumental es uno de los soportes de la dominación del capital, y debería ser un terreno de lucha que las ciencias sociales deberían compartir con los economistas que buscan desarrollar otra manera de pensar la economía y la sociedad.

Lima, agosto 2007

BIBLIOGRAFIA

Bensaïd, Daniel, 2003, Marx intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica, Ediciones Herramienta, Buenos Aires.

Boron, Atilio, 2004, "Teoría política marxista o teoría marxista de la política", en Atilio Boron, Javier Amadeo y Sabrina González, editores, La teoría marxista hoy. Problemas y perspectivas, CLACSO, Buenos Aires.

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[1] Economista peruano, consultor e investigador. Colaborador de la revista Socialismo y Participación (CEDEP, Lima). aromrey@ec-red.com

[2] Marx (1985:106-107).

[3] En una nota a pie de página Dobb (1974: 95) indica que Marx empleaba la noción de "economía vulgar" en un sentido descriptivo antes que despectivo.

[4] Prólogo a la primera edición alemana de El Capital, 25 de julio de 1867 (Marx 1988: 9). La "investigación científica" en el sentido que le dio Marx está fuertemente emparentada con el uso del "método dialéctico" recreado por él de Hegel: "En su figura racional, es escándalo y abominación para la burguesía y sus portavoces doctrinarios, porque en la intelección positiva de lo existente incluye también, al propio tiempo, la inteligencia de su negación, de su necesaria ruina; porque…es, por esencia, crítica y revolucionaria." Epílogo a la segunda edición, 24 de enero de 1873 (Marx 1988: 20).

[5] "[…] la utopística implica replantear las estructuras del conocimiento y de lo que en realidad sabemos sobre cómo funciona el mundo social" (Wallerstein 2003: 6).

[6] Adam Smith nació en 1723, cuatro años antes de la muerte de Isaac Newton (1642-1727).

[7] Los 6 ensayos fueron publicados en un libro póstumo: Essays on Philosophical Subjects by the late Adam Smith (1795).

[8] S. Jevons, The Theory of Political Economy (1871); L. Walras, Eléments d´économie politique pure (1874). Junto a Carl Menger fueron los padres fundadores de la "revolución marginalista".

[9] En el libro Materialismo y empiriocriticismo (1908).

[10] "[…] maximizar el placer, ese es el problema de la economía" (Jevons citado por Meek 1980: 212).

[11] Sobre los cambios epistemológicos experimentados por la economía en el periodo mencionado sugerimos las siguientes lecturas: Dobb (1974: 91-127), Dobb (1980: 185-230), Lange (1980: 205-246), Meek (1980: 204-217), Myrdal (1967: 99-121), Napoleoni (1968: 31-43), Schumpeter (1971b: 66-117).

[12] Carta de J. M. Keynes a George Bernard Shaw, 1 de enero de 1935, en Harrod (1958: 530). En la carta se advierte claramente la incomprensión de Keynes con relación a la teoría de Marx.

[13] "[…] la alienación del trabajo es el factor decisivo en todos los análisis que Marx ha formulado sobre el sistema social capitalista […] está a la base de las categorías mercancía, capital y trabajo asalariado." (Schaff 1979: 262). Otro autor que estudió a fondo la cuestión de la alienación en el pensamiento de Marx fue el filósofo húngaro István Mészáros, en su libro Marx´s Theory of Alienation (publicado por primera vez en 1970), disponible en www.marxists.org/archive/meszaros/works/alien/index.htm

[14] El dominio de las cosas que se poseen sobre la vida individual y social fue anticipado por Horkheimer en los años 40: "[…] hoy el poder social viene mediado como nunca antes por el poder sobre las cosas. Cuanto más intenso es el interés de un individuo por el poder sobre [las] cosas, tanto mayor será el dominio que sobre él ejercerán las cosas, tanto más le faltarán rasgos verdaderamente individuales, tanto más se transformará su espíritu en un autómata de la razón formalizada." (Horkheimer 2002: 144).

[15] "Economía es la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios limitados que tienen diversa aplicación."

[16] "[L]a concepción ‘negativa’ de la política en Marx tiene como uno de sus fundamentos la teoría de la alienación. En efecto, este identificó la existencia de un conjunto de prácticas, instituciones, creencias y procesos mediante los cuales la dominación de clase se coagulaba, reproducía y profundizaba." (Boron 2004: 187)

[17] Un artículo del profesor Schuldt (2006) aporta detalles sobre la colonización de las ciencias sociales por parte de la economía neoclásica, aunque también da cuenta de la tendencia opuesta. Pensamos que la expresión formalizada de estas tendencias resaltadas por Schuldt son el producto de la "mercantilización de todo" (incluyendo las subjetividades) que el régimen capitalista ha generado con la globalización.