«Que se vayan todos! Le peuple d’Argentine se soulève», de François Chesnais y Jean-Philippe Dives

Udry, Charles-André

Nautilus, París, 2002, 230 pags.

A finales del 2002, Argentina ya no ocupa el primer plano de los grandes medios. En la prensa económica, sólo se mencionan la intransigencia del FMI y la magnitud de la crisis: "Argentina cerró en junio su 15º trimestre consecutivo de recesión, algo sin precedentes desde comienzos del siglo XX. El nuevo retroceso del 13,6% de la actividad en el segundo trimestre será seguido por cifras igualmente hasta fin de año", y "la clase política argentina es incapaz de elaborar un plan para salir de la crisis" (Le Fígaro, 21-22 de septiembre de 2002)... Y es un hecho que la sociedad argentina, cuya población era en su gran mayoría asalariada, sufre un violento "golpe económico". Pero bajo este impacto, se desarrollan múltiples iniciativas de autoorganización. Las mismas expresan una protesta que se liga con la afirmación de derechos (al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la comida, a la educación), con la urgencia de solidaridad para sobrevivir (trueque, comedores y jardines "populares"),  y con negociaciónes con las instituciones gubernamentales, partidos e Iglesia, porque se superponen parcialmente con estructuras inscritas en un espacio territorial -barrios y ciudades- donde se entrecruzan negociaciones y luchas.

En Francia y Europa, para comprender la rebelión del pueblo argentino el libro Que se vayan todos!... , de Francios Chesnais y Jean-Philipe Divés, es indispensable.

Los autores sitúan el proceso desencadenado en diciembre de 2001 en el marco del agotamiento de dos ciclos históricos: el que bajo Menem condujo a liquidar el intento de "industrialización autocentrada" y precipitó la Argentina a la "recolonización" por el capital imperialista, y el que se "concretó durante las jornadas de diciembre de 2001 y tiene que ver con las complejas relaciones que la clase obrera y masas populares mantuvieron durante cincuenta años con la variante del nacionalismo burgués populista latinoamericano representada por el peronismo" (pag. 66). En este sentido los autores subrayan que "la historia de la clase obrera argentina no se identifica con el peronismo, comienza antes que él", y después "sufrió sucesivamente la influencia del castrismo y del trotskysmo" (pag. 78). Aunque "la dominación de los sindicatos integrados al principal partido político capitalista (el partido peronista) hace que el término ‘movimiento obrero’ resulte difícil de precisar en el caso argentino, lo que en parte explica la dificultad de diseñar una salida política para la crisis actual." (pag. 85).

Enfocar la actualidad con esta perspectiva, permite comprender las raíces del "levantamiento del pueblo argentino" y los obstáculos con los que tropieza una rebelión "cuyos rasgos son en gran medida sino completamente nuevos" (pag. 205). Así, el capitulo destinado a las relaciones entre el FMI y la Argentina destaca la emergencia de un "Estado expoliador y puramente represivo, asociado al capital extranjero, para el cual trabaja y que así es visto cada vez más por el pueblo argentino. Esta es la base material, objetiva, del grito ‘que se vayan todos’ " (pag. 142). Grito que expresa "la tendencia a la autonomización de los movimientos populares ante el Estado y sus instituciones" (pag. 173).

En el centro de atención de los autores está el tema de la autonomía. La historia del movimiento  de piqueteros, de las asambleas barriales y de las corrientes sindicales antiburocráticas busca trazar, al mismo tiempo, los factores constitutivos de su autonomía y las dificultades con las que chocan. Se plantea una cuestión crucial: la de la dialéctica entre la autoorganización -y de lo local como base de repliegue y anclaje para las solidaridades necesarias para la supervivencia, agregaríamos-, y una necesaria centralización política "que no asfixie sino por el contrario multiplique las fuerzas de la autoorganización" (pag. 174). "Después de diciembre de 2001 el pueblo argentino oscila entre el espanto y la esperanza". Se enfrenta con la "necesidad de tomar en su propias manos la supervivencia cotidiana puesto que ‘el mercado’ al igual que el Estado ya no lo hacen" (pag. 205). Sin embargo, el "movimiento en curso sigue careciendo de una expresión política organizada" (pag.222).

Que se vayan todos! describe, analiza y plantea interrogantes. Permite deliberar sobre "la posible re-institución de una sociedad".