«The 1956 Hungarian Revolution: A History in Documents», de Bekes, Burne y Rainer (editores)

Tarr, Zoltan

Erwin A. Schmidl (ed.) Die Ungarnkrise 1956 und Oesterreich. Mit einem Vorwort von Paul Lendvai. Boehlau Verlag, Viena-Colonia-Weimar, 2003. 317 pp.

Csaba Bekes, Malcolm Byrne, Janos M. Rainer, eds. The 1956 Hungarian Revolution: A History in Documents. CEU Press, Budapest-New York, 2003. 598pp.

La literatura de la derrotada revolución húngara de 1956 se entra en tres categorías: 1) documentos originales, material original de los acontecimientos; 2) evaluación de los acontecimientos a través de las ciencias sociales: la historia, la sociología, la ciencia política; 3) reportes biográficos y de los testigos presenciales. La Hungría de 1956 ha sido considerada por los filósofos desde Hannah Arendt hasta Jean-Paul Sartre. Un ejemplo reciente de la clasificación "evaluadora" anterior son los dos asuntos relacionados que son el tema de Die Ungarnkrise, basado en las conferencias llevadas a cabo en un congreso en Viena, en 2001: la crisis húngara de 1956 en un contexto internacional y el papel que en ella ejerció su vecina, Austria. Hay una enorme cantidad de bibliografía sobre este tema y los problemas descriptos allí pueden abordarse desde muchos puntos de vista, tales como el comienzo de la disolución del imperio soviético -un levantamiento anticolonial-. En referencia a las categorías de las ciencias sociales antes nombradas, Die Ungarnkrise 1956 und Oesterreich es más que lo que indica su título. Sólo seis de los dieciocho ensayos tratan explícitamente el problema indicado en el título. Una galaxia de especialistas prominentes, de antecedentes internacionales, aborda los acontecimientos de 1956 desde muchos puntos de vista, comenzando con los cuatro ensayos que discuten los eventos históricos, seguidos por cinco ensayos que colocan los sucesos en un contexto internacional, y concluyendo con seis ensayos específicamente relacionados con Austria.

Los acontecimientos de los diez días que sacudieron al imperio soviético y a casi la mitad del siglo siguiente, comenzaron con dos actores, la gente de Hungría que se levantó en contra de la ocupación del ejército soviético ocupacionista y sus colaboradores, la policía secreta húngara. El círculo de actores se extendió de muchas maneras, cuando Gran Bretaña, Francia e Israel emprendieron la aventura de Suez, y tuvo mayores repercusiones internacionales que involucraron a otros pequeños países vecinos. Una consecuencia de mayor importancia fue que la Yugoslavia de Tito alentó la segunda intervención soviética que reprimió el levantamiento y Austria envió ayuda a los 200.000 refugiados, incluido yo mismo, que abandonaron Hungría luego de la segunda intervención soviética, y se dispersaron en todas las direcciones del globo.

Cuando se discuten los aportes de la impresionante abundancia de material de Ungarnkrise, es preciso ser selectivo y estar agudamente consciente de la inevitable subjetividad de una persona como yo, un testigo ocular y participante de los acontecimientos en Hungría y un hombre que fue beneficiario de la Gastfreundschaft [hospitalidad] austríaca como refugiado, luego de la intervención soviética del 4 de noviembre de 1956.

Dos ensayos se refieren al papel de los Estados Unidos durante la crisis de octubre. El ensayo de Günther Bischof es una reseña -un verdadero tour de force- de la bibliografía de la presidencia de Eisenhower y narra cómo la anunciada política retrospectiva de los años de Eisenhower, difundida por la Radio Free Europa [Radio Europa Libre] y por la Voice [Voz] de América al pueblo de la Europa del Este, por muchos años, contrasta con la abstinencia de la Realpolitik en octubre de 1956. El hecho de que una América más fuerte se levantara en apoyo de los húngaros y en contra de los soviets es altamente especulativo; se habrían arriesgado a precipitar al mundo a otra guerra mundial o incluso una catástrofe nuclear. Ciertamente, Laszlo Borhi exagera el significado de las pretendidas conjuras anticomunistas amateurs en la Hungría financiada por los americanos de los años ’50. Es más acertado al afirmar que la inefectiva respuesta americana a los acontecimientos se debió a la pobre inteligencia que, a la luz de los eventos recientes, parece ser el problema permanente que domina a los políticos americanos encargados de la política externa, debido a la falta de conocimiento de las lenguas y la historia extranjeras.

Los últimos seis ensayos tratan sobre el papel de Austria durante la crisis de 1956. Una de las aproximaciones posibles sería discutir los acontecimientos de 1956 en el contexto de los 400 años de cohabitación entre austríacos y húngaros en Europa Central, una relación con sus altibajos que comenzó con la liberación húngara de  la dominación turco-otomana. Esa situación fue seguida por la colonización austríaca, y el levantamiento húngaro en contra de ésta, liderado por Ferenc Rakoczi y Lajos Kossuth, este último derrotado con la ayuda del ejército de la Rusia zarista. Una vez más, siguieron la opresión y el Ausgleich [compensación] en 1867, como asimismo una coexistencia más pacífica y cooperación que condujo a la derrota en la Primera Guerra Mundial, al desmembramiento y la derrota en la Segunda Guerra Mundial y a la ocupación parcial de Austria y la ocupación total de Hungría por los soviets. En 1955, Austria alcanzó la independencia y la neutralidad, que sirvió como una inspiración y un modelo para los húngaros en 1956, tal como manifiestan tanto la declaración del primer ministro Imre Nagy, el primero de noviembre, así como los escritos de su ministro Istvan Bibo. La idea de neutralidad es olvidada por los actuales monumentos conmemoraciones húngaros de 1956, por parte de los líderes del partido socialista y sus aliados, debido a razones obvias: Hungría es un miembro fiable de la OTAN y un aliado confiable de los Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo. Ni siquiera son apoyadas a través del silencio las ideas del socialismo, profesadas los líderes del ’56, por un partido pretendidamente socialista que es fiel sirviente de las corporaciones multinaciones occidentales, a las que pertenecen y que dirigen el 75% de la economía.

Muchos detalles, participantes e ideologías de los acontecimientos todavía son polemicos y debatidos, incluso en Hungría, tal como yo presencié en las celebraciones del pasado octubre, en Budapest. Las razones de la naturaleza polémica de los hechos son muchas, como son  elocuentemente consideradas por el historiador Istvan Deak de la Universidad de Columbia. Los críticos señalan que no hay una ruptura real con el pasado stalinista. Hubo solamente un convenio tranquilizador, en transición desde el comunismo Goulash de la época de Janos Kadar, hasta la nueva democracia postkadarista que fue negociada entre los líderes de reformismo comunistas y las fuerzas heterogéneas opositoras, y, desde entonces, fue seguida por el poder alternado entre los dos grupos. El eje del asunto para las polémicas actuales en Hungría parece ser la falta general de consenso con respecto al pasado reciente; y, en consecuencia, la manipulación del pasado se convierte en una herramienta en la lucha por el poder. El control a través de los archivos de la policía secreta se ha visto y utilizado por los múltiples actores políticos como un instrumento en la batalla política.

Desde esta perspectiva del crítico, sólo falta un aspecto en Ungarnkrise: la discusión de los órganos revolucionarios espontáneos, los consejos de los trabajadores e intelectuales que se desarrollaron en los primeros días de la revolución y tomaron el lugar de las autoridades anteriores, jugando, de esta forma, un papel importante.

En "Memories of ’56" [Memorias del ’56], artículo aparecido en The New York Times, el domingo 29 de diciembre, Celestine Bohlen llamó la atención sobre una publicación reciente, The 1956 Hungarian Revolution [La revolución húngara de 1956], al expresar una pregunta retórica: ¿puede una superpotencia manejar más de una crisis al mismo tiempo? Se refería al problema actual de los Estados Unidos, al manejar la crisis de Corea del Norte e Irak simultáneamente, y al evocar una vez más la crisis de la revolución húngara de 1956 y la aventura de Suez emprendida por británicos, franceses e israelíes. La publicación es una monumental colección documental en inglés de los acontecimientos de 1956. Con el uso y la inclusión de una material hasta ahora desconocido, recuperado de los archivos rusos, el libro será una mina de oro  para cualquier trabajo de interpretación futuro. Al referirse a la consolidación del regimen contrarrevolucionario de Kadar, se dicuten dos cosas importantes en gran detalle, bajo el encabezamiento  "Hungría en las secuelas": el juicio y la ejecución de Imre Nagy, y el aplastamiento de toda oposición, las 400 ejecuciones, decenas de miles de sentenciados a prisión por largos años, la destrucción de los consejos de los trabajadores "e intelectuales" y el establecimiento de una extensa red de informantes, cuya actividad aún no ha sido totalmente revelada. Del informe de Vljko Micunovic, un diplomático yugoslavo, supimos sobre las reuniones del 2 y 3 de noviembre entre Khrushev y Tito, donde Khrushev declaró que "la presión agresiva de los británicos y los franceses sobre Egipto dispuso un momento favorable para una intervención ulterior de las tropas soviéticas. Eso ayudaría a los rusos. Habrá confusión y alboroto en Occidente y en las Naciones Unidas, pero será menor en un tiempo cuando Gran Bretaña, Francia e Israel estén sosteniendo una guerra contra Egipto" (p. 349, las cursivas son nuestras). Mientras Ungarnkrise es un paso enorme en cuanto a la interpretación y el análisis, The 1956 Hungarian Revolution es una excelente documentación insuperablemente actual para estimular la investigación y las interpretaciones de las futuras generaciones de estudiosos.

Dr. Zoltan Tarr (Nueva York- Budapest)