Marx, Lukács: a arte na perspectiva ontológica, de Celso Frederico

Narvaja, Susana Graciela

 

Natal, Editora da Universidade Federal do Rio Grande do Norte, Brasil, 2005, 153 páginas

El derrotero filosófico de Lukács es tan contradictorio como el objeto teórico sobre el que reflexiona. En su libro Marx, Lukács: a arte na perspectiva ontológica, Celso Frederico reconstruye el pensamiento lukácsiano y explora la influencia que ejercieron sobre él Hegel y Marx. Establece además las razones por las cuales se produjeron los cambios de rumbo en el pensamiento del filósofo húngaro y expone con agudeza el camino que lo conduce hacia la perspectiva ontológica del arte y su lucha para diferenciarse del "materialismo vulgar".

El texto de Frederico ofrece a cualquier lector interesado en el tema elementos esclarecedores para comprender la evolución del pensamiento de Lukács. La intencionalidad crítico-didáctica parece ser el objetivo central del libro, en la introducción, enumera clara y concisamente los temas y objetivos que se van a desarrollar en cada uno de los siete capítulos que integran las dos partes del volumen. El punto de partida elegidoson los Manuscritos económico-filosóficos de Marx, que ejercieron una fuerte influencia en Lukács. Frederico selecciona para su análisis una serie de conceptos que considera centrales y recurrentes en la obra del filósofo marxista: la relación sujeto-objeto, las categorías de totalidad y reflejo. El estilo dialógico del libro le permite al lector seguir las marchas y contramarchas de los postulados expuestos.

En los dos primeros capítulos, sienta las bases teóricas que considera fundamentales e ineludibles para entender a Lukács. Confronta, en el primero de ellos, las premisas estéticas de Hegel y Feuerbach; en el segundo, expone las ideas de Marx en diálogo con aquellos. Los títulos de los parágrafos expresan la diferencia en el punto de vista. El pensamiento hegeliano gira en torno a "la verdad en lo sensible" y el de Feuerbach, en cambio, en torno a "la verdad de lo sensible". Este último -dice Frederico- "quiere ver el arte como la manifestación del ser humano verdadero, un ser desalienado, absoluto, pudiendo en todo contemplar su esencia, ya que nada más lo separa de ella" (nuestra trad.). Y explica que para Hegel "el arte es una actividad consciente: el sentido de lo bello que él despierta no nace con el hombre, no es algo instintivo; es, al contrario, formado lentamente por el refinamiento del gusto, su transformación en especialización y, finalmente, en conocimiento teórico, reflexivo".

En el capítulo siguiente expone la concepción de arte en relación con la praxis que se desarrolla en los Manuscritos económico-filosóficos donde "el movimiento de superación operado por Marx se tornó posible gracias a la diferencia establecida entre objetivación y alineación, términos equivalentes en la filosofía hegeliana". A partir de esta distinción, Frederico explica cómo en diversos momentos del texto marxiano el arte aparece relacionado con el trabajo, como acción específicamente humana, y el arte como un desdoblamiento del trabajo. En otros momentos, arte y trabajo aparecen contrapuestos, ya que "en cuanto al trabajo, Marx muestra cómo esa forma de objetivación ontológicamente primaria se degeneró en alienación y extrañamiento", producto de los efectos del mundo capitalista. Con respecto al arte, Marx se concentra en su carácter humano y humanizador, el cual, a diferencia del trabajo, "se realiza fuera del círculo inmediato de supervivencia". También señala que el arte es una más de las formas de objetivación humana, sin jerarquías. También en este capítulo expone la crítica realizada contra la concepción de belleza como "un dato natural, una propiedad de las cosas", esgrimida por Feuerbach. Lo que Frederico busca destacar aquí es la dimensión ontológica del arte que se desprende de los Manuscritos económico-filosóficos.

Esta primera sección se cierra con la idea que se explora centralmente en la segunda parte del volumen, afirmando que "el único autor marxista del siglo XX que se reclama heredero directo de la ontología esbozada en 1844 y se dispuso a desarrollar las ideas estéticas en ella presente fue Lukács". A lo largo de los cinco capítulos restantes, el autor realiza un recorrido cronológico por diferentes obras que sintetiza o menciona, y de las cuales extrae los conceptos más relevantes para su exposición.

No es casual la elección de los títulos, ya que cada uno de ellos es un mosaico que completa el curso del análisis de Frederico o "el itinerario de Lukács" (como titula la segunda parte): "Sujeto, objeto, totalidad"; "Arte y verdad objetiva"; "La Estética"; "Arte y vida cotidiana"; "La Ontología del ser social". La sencillez de la exposición de temas complejos, en su relación con Hegel y Marx, permite comprender las razones que provocaron los virajes en el pensamiento lukácsiano, la polémica que el autor mantuvo con la ortodoxia marxista stalinista, su alejamiento y posterior retorno al partido, su lucha por diferenciarse del materialismo vulgar y la definitiva orientación de su pensamiento hacia la ontología.

Frederico logra que los conceptos fundamentales de las obras mencionadas dialoguen entre sí y que a su vez se destaquen como portavoces del pensamiento de su autor. Es indudable que este libro realiza un valioso aporte para la comprensión del pensamiento de Lukács, si bien se muestra una predilección por su obra más tardía. La existencia de libros que, como este, intentan exponer, analizar y difundir los diferentes y complejos aspectos que abarca la reflexión lukácsiana, no hace más que demostrar la vigencia que aún tiene el autor de Historia y conciencia de clase y el interés que despierta en pensadores actuales.