Homenaje a Claude Meillassoux

Schlemmer, Bernard

El destacado antropólogo Claude Meillassoux falleció en la ciudad de París el 2 de enero de 2005, a la edad de 79 años. Herramienta tuvo en su momento oportunidad de traducir y publicar un extenso reportaje que le hiciera François Chesnais ("Antropología, marxismo, compromiso...", en Herramienta nº 17, 2002). En tributo a su memoria, acercamos a nuestros lectores las palabras de homenaje escritas a pocos días de su desaparición por Bernard Schlemmer, quien colaboró estrechamente con Meillassoux particularmente en sus investigaciones de los últimos años, referidas a la explotación del trabajo infantil.

Claude Meillassoux ya no está con nosotros. Deja en el campo de la antropología y, mas allá de ella, en el conjunto de las ciencias sociales, muchos colegas que hoy se sienten huérfanos ‑ lo que es paradójico, porque él no se consideraba padre espiritual de nadie.

Un trueno en cielo despejado

Su nombre quedará ligado para siempre, en nuestra historia, con la ruptura de paradigma (en el sentido de Kuhn) que constituyó la publicación de su ensayo fundacional: "Essai d’interprétation du phénomène économique dans les sociétés traditionnelles d’autosubsistance" (Cahiers d'études africaines, 1960, 4:38‑67). Aún hoy Roland Waast recuerda cuando, siendo un joven estudiante, estando sentado en la explanada del Café La Sorbonne, lugar de encuentro de los estudiantes de sociología, vio llegar a Roland Jamous agitando en sus manos un ejemplar del Cahiers mientras gritaba "¡acabo de descubrir un articulo que cambiará el rostro de la antropología!". Repentinamente se reveló como evidente que las sociedades indígenas estudiadas por la antropología -a las que por supuesto no se sabía describir sino por lo que les faltaba, en oposición a las nuestras- estaban, como toda sociedad humana, obligadas a producir bienes económicos, a producirlos antes incluso de intercambiarlos, y a entrar en relaciones de producción antes de funcionar en cualquier otro plano. Fue este artículo, rápidamente seguido por su magistral tesis sobre L'anthropoIogie économíque des Gouro de Cóte d’Ivoire (Mouton, 1964), el que abrió el camino a una repentina explosión de investigaciones en antropología económica, en Francia y el exterior. Para no citar más que a los pioneros, jóvenes investigadores de su generación o poco menores que comenzaron sus trabajos de investigación en el curso de esos años sesenta, se imponen los nombres de Pierre Bonnafe, Jean Copans, Jacques Dupre, Pierre-Philippe Rey, y Emmanuel Terray, a los cuales se debe agregar, de la misma generación pero en otras disciplinas, los de economistas como Samir Amin o Benjamin Coriat, el del filósofo Étienne Balibar, la historiadora Catherine Coquery‑Vidrovich, los demógrafos Francis Gendreau o Jacques Veron ‑que me perdonen los que olvido- y esto para mencionar aquí sólo a los que afirman compartir el enfoque de Meillassoux, o incluso le reconocen un rol desencadenante para sus propios trabajos.

Rápidamente, la mayoría de los antropólogos franceses estuvo más o menos influenciada por el trabajo de Claude Meillassoux; al punto que por lo menos durante toda esa década la antropología económica disputó el primer plano en la disciplina, con la competencia sólo de la antropología estructural. Evidentemente es imposible mencionar aquí a todos los que fueron parte de esta historia, ni siquiera a aquellos que reivindicaron o reivindican aún la influencia de Meillassoux. Además, su influencia se extendió ampliamente, más allá del pequeño círculo de los francófonos: recordemos que una de sus obras clave, Femmes, greniers et capitaux (Maspero, 1975) fue traducido por lo menos a seis idiomas (entre ellos, al castellano: Mujeres, graneros y capitales, Siglo XXI editores, México - NdT).

Porque el punto de vista aportado por este hombre joven abrió notablemente las ventanas, en el seno mismo de la antropología y en las diversas disciplinas de las ciencias sociales, especialmente en la comunidad intelectual que se consideraba marxista. Repentinamente, el debate dejó de girar en torno al alcance del "modo de producción asiático" o de la pertinencia de las nociones de infra y superestructura aplicadas a sociedades precapitalistas, y se abrió paso una reflexión general sobre las formaciones económicas y sociales históricamente constituidas, en cualquier lugar y en el tiempo histórico que fuere‑ respondiendo, podría decirse, a la verdadera ambición del materialismo histórico.

¿De dónde venía la audacia de este investigador que desembarcó tan estrepitosamente en el campo universitario? Sin duda, del hecho de que no había seguido una formación clásica, sino que, hijo de una reputada y rica familia de la burguesía industrial del norte de Francia y con una formación de economista liberal recibida en los EE.UU., comenzó su vida profesional en el corazón del sistema capitalista, conociendo desde adentro prácticas y usos que rápidamente lo convencieron de que jamás podría hacer carrera dentro de él y, muy por el contrario, ¡debía consagrar su inteligencia a combatirlo! Fue entonces que se formó en antropología, muy lejos de las corrientes dominantes de la época: el estructuralismo francés o el funcionalismo anglosajón, encontrando felizmente en Georges Balandier un discurso y una atención mas acorde con sus preocupaciones.

El "seminario Meillassoux" de la calle de Tournon

Con una influencia ya establecida, prosiguió desde el fin de los años sesenta hasta finales de los años setenta su rol de innovador e impulsor, animando un seminario del cual es improbable que muchos de los participantes recuerdan el nombre exacto, porque para todo el mundo era "el seminario Meillassoux". Ahí se juntaban, además de antropólogos estrictamente hablando, todos los pretendían participar, intelectualmente, en el movimiento de emancipación y liberación nacional, interesados en las cuestiones de fondo que planteaba este problema: ¿cómo analizar la articulación entre las economías tradicionales y la economía capitalista, entre las sociedades basadas en linajes y la construcción del estado‑nación, entre el neocolonialismo y el imperialismo, entre el desarrollo y el subdesarrollo, etcétera?

Por supuesto que los debates eran vivos y apasionados. "El seminario" es recordado como un lugar

en que la investigación intelectual y la pasión militante se alimentaban mutuamente, donde se

construían las controversias aunque a veces también se pronunciaban anatemas, donde el compromiso en

el debate teórico se juzgaba junto con el compromiso político, donde realmente funcionaba una

dialéctica del logos y de la praxis.

Claude Meillassoux fue entonces plenamente reconocido por sus cualidades humanas y no sólo intelectuales. Su capacidad de escuchar, su atención a los otros, su fraternidad calurosa, su total falta de apego a jerarquías y posiciones de jefe académico, a títulos y puestos, así como su radical impermeabilidad a los pensamientos dominantes, a las ideas preconcebidas, a los razonamientos fáciles, lo convirtieron en un reconocido impulsor, apreciado, respetado e incluso querido, a pesar de la agudeza de las críticas que no dejaba de hacer cuando expresaba su desacuerdo.

Ese seminario no fue sólo un lugar en el que se hablaba, por útil que esto fuera. Reuniendo investigadores de distintos horizontes y disciplinas, dio origen a varios trabajos colectivos de importancia, como L'évolution du commerce africaine depuis le XIXee siècle en Afrique de l’0uest (0xford University Press, 1971), también L'esclavage en Afrique précoloniale (Maspero, 1975) y, sobretodo, Qui se nourrit de la famine en Afrique? (Maspero, 1974).

Un pensamiento comprometido

En efecto, este último libro ilustra particularmente bien el enfoque característico de Claude Meillassoux, consistente en asumir en un mismo movimiento responsabilidad científica y responsabilidad cívica, investigación académica y participación política: realizado con urgencia por investigadores africanistas movilizados por Meillassoux que ante las consecuencias de la sequía que azotó en ese tiempo al Sahel se negaban a ver únicamente los efectos de una catástrofe natural. El libro, en las antípoda de lo que por entonces se leía, demostró que esos eran más bien los resultados esperados de una política de dominación económica que orientaba lo esencial de las actividades productivas de estos países a favor de los intereses combinados de los países ricos, de las multinacionales y de las elites nacionales corruptas. La obra, precursora de un análisis ecológico que aún hoy conserva fuerza pero ya no asombra, fue en esa época tan perturbadora y tuvo un gran impacto y eco -no solamente en los círculos de africanistas o antropólogos, sino mas allá incluso de los investigadores de las ciencias sociales, llegando a buena parte de la opinión pública-, al punto de que las instituciones científicas pusieron un ojo vigilante en los coautores de la obra y quienes la mencionaban con demasiada complacencia, haciéndoseles advertencias e incluso sancionándolos haciéndoles imposible o muy difícil el acceso a los espacios de investigación.

Semejante forma de ligar actividad profesional y actualidad histórica, responsabilidad intelectual y responsabilidad cívica, ejemplificada colectivamente con la producción de este libro, generalmente sólo se manifiesta ante circunstancias especiales, cuando como ocurrió entonces esa convergencia parecía imponerse lógicamente, pues se hacía necesario que el profesional tomara la palabra en el debate cívico, debido precisamente a sus conocimientos particulares. Pero en Claude Meillassoux este enfoque era permanente. La amplitud de sus preocupaciones se revela en su muy extensa bibliografía, y es difícil desentrañar cuándo el cuestionamiento teórico resulta del compromiso político y cuándo lo que predomina es el pasaje inverso.

No es posible dejar de subrayar lo mucho que sus análisis de antropología económica alimentaron sus críticas sobre cuestiones candentes y actuales como las transformaciones económicas mundiales y la exacerbación de las relaciones de dominación actualmente en juego (aunque no hay idealizaciones ni maniqueísmo en su visión de las sociedades "tradicionales": ¡por el contrario, fue precisamente el primero en teorizar sobre las relaciones de dominación existentes en el seno mismo de las sociedades rurales!). Además, muchos de sus artículos que trataban cuestiones sociales aparentemente alejadas de su campo de estudio africano, se derivaban en realidad de su enfoque científico y de su voluntad de ponerlo al servicio de las luchas contra todas las injusticias. Inversamente, sin dudas, fue el compromiso político lo que primó en su aproximación al África del sur, fuente de tantos trabajos fundamentales. Catherine Coquery-Vidrovich me escribió sobre esto: "Recuerdo que, cuando lo vi al regresar de Sudáfrica, me dijo: ‘yo no podía aceptar ir a ese país -del apartheid- sino a condición de aportar un testimonio’. ¡Fue uno de los primeros investigadores que trajo Sudáfrica al campo de las preocupaciones francesas!". Efectivamente, aportó Les derniers Blancs: le modéle sud‑africain (Maspero, 1,979), no sin haber contribuido modestamente, como era su estilo, a un trabajo colectivo directamente militante, "L'Afrique australe, par rapport á la colonisation et aux travailleurs africains" (en UGTSF ed. Notre Afrique, Maspero 1978).

Al margen de las disciplinas

Puso en marcha esta apertura nuevamente para que el conjunto de la comunidad científica interesada fuese colectivamente interpelada durante los últimos veinte años, organizando con un grupo de colegas de diversas disciplinas, coloquios en los que muy conscientemente se buscaba el aporte de las interfaces de las disciplinas, para permitir a cada investigador de campo, necesariamente confrontado con esta problemática pero sin poder explayarse sobre asuntos que no están en el centro de su investigación, pudieran expresarse sobre estos temas importantes. Muy cuidadosamente preparados por un pequeño grupo que se constituía al principio como comité de organización, y luego de edición, cada uno de esos tres coloquios fueron para muchos momentos importantes de reflexión.

El primero, Terrains et perspectives (Orstom, 1987), trata sobre la responsabilidad del investigador en las ciencia sociales, al confrontarse con las transformaciones de las sociedades rurales del Sur, y con las políticas y las ideologías del desarrollo. Escribió la conclusión, mostrando cómo "los campesinos que utilizan la tierra para su propio beneficio son, desde la perspectiva de una economía capitalista, parásitos" (página 443).

El segundo coloquio, Les espectres de Malthus (Orstom ‑ EDI ‑ Ceped, 1991) destapó un debate que estaba restringido a los encuentros de los demógrafos, aunque concernía a todo investigador de campo: las cuestiones del subdesarrollo y de la dependencia alimenticia de los países del sur en un contexto que muy a las apuradas se definió como "superpoblación". En un capítulo teórico introductorio, Claude Meillassoux advierte que "esta población ( ... ) está hoy en la situación de una superpoblación relativa. Para la economía capitalista que la creó, el problema es ahora como hacerla desaparecer, para no tener que hacerse cargo de ella" (página 31).

La tercera, finalmente, L’enfant exploité (Karthala, 1996), se refiere a un problema sobre el cual brutalmente descubrimos que nadie o casi nadie (Alain Morice constituía una notable pero casi única excepción) se interesaba; tomarlo en cuenta no podía dejar de cuestionar fundamentalmente nuestros métodos de investigación, imponiéndonos renovar nuestra mirada, si es que uno acepta ver la realidad desde su punto de vista: los niños que trabajan. Aquí nuevamente es Claude quien escribe la conclusión, destacando la paradoja de "la incongruencia del trabajo de menores. ¿Cómo es que seres físicamente débiles, sin experiencia, considerados inquietos y desatentos, de conocimiento todavía limitado, han llegado a ser preferidos como trabajadores, frente a adultos competentes y responsables? (...) Esta extraordinaria paradoja deriva de otra: el bienestar de los individuos no es la principal preocupación de la economía. Al contrario, son los seres humanos quienes se tienen que adaptar a la coyuntura de la economía competitiva y quienes son modelados, o desgarrados, entre los costos y los precios de mercado."

En mi opinión, la característica mas significativa del itinerario de Claude Meillassoux es ese permanente ida y vuelta entre participación intelectual y participación militante. Su mismo enfoque descartaba la posibilidad de que cualquier sociedad, cualquier fenómeno social, pudiera ser analizado de modo autónomo, aislado, fuera de contexto, y tenía la profunda convicción que los mecanismos de dominación y de intercambio operan en toda actividad humana y en todas las sociedades históricamente constituidas. Nunca dejaba de cuestionarnos, impidiéndonos a veces incluso dormir: es difícil imaginar cómo podremos conservar ese espíritu de vigilancia, ahora que ya no estará él para mantener vigoroso y vivo ese espíritu de controversia que era su rasgo principal.

Bondy, 7 de enero de 2005.


Homenaje difundido en la página electrónica de A L´encontre - La Breche [Suiza y Europa] www.alencontre.org a quien agradecemos la autorización para su publicación. Traducción del francés para Herramienta: Aldo Casas.