Tu cuerpo es un campo de batalla

Marxismos y feminismos, reflexiones sobre sus encuentros fecundos

En la familia, el hombre es el burgués y la mujer representa al proletario.
Friedrich Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado

La lucha revolucionaria es fundir lo personal con lo político hasta el punto que ya no pueden separarse
Ángela Davis, La libertad es una batalla constante. Ferguson, Palestina y los cimientos de un movimiento

 

Hoy más que nunca es necesaria una (re)articulación entre los marxismos y los feminismos, no sólo porque la pandemia (que ha durado más de un año) ha vuelto a poner sobre la mesa lo evidente: que sin el aporte fundamental de las mujeres a la producción y reproducción de la vida toda simplemente no podría sostenerse la estructura social, sino también porque la complejidad de esta fase del capital, que aprovecha y sobreexplota ese aporte, demanda un acoplamiento entre el feminismo y el marxismo, pues cuando se han encontrado han dado como resultado lecturas y praxis que fecundan ambos campos y generan vías alternativas.

Este texto es la introducción que redacté a los dos números del boletín[1] del Grupo de Trabajo CLACSO Herencias y perspectivas del marxismo al que decidimos ponerle el título de MarxismoS y FeminismoS, poniendo la S en mayúsculas para enfatizar aún más la pluralidad y diversidad que cada una de estas corrientes (tanto desde la acción como desde la academia) conlleva, me gustaría señalar aquí algunos hitos, pero sobre todo, plantear una cierta mirada transversal a esta historia de encuentros y desencuentros, mediante una serie de conceptos que se han generado en ella.

Si trazamos esa trayectoria, a mediados del siglo XIX, vamos a encontrar que los nombres otorgados son muchos, según la época y los lugares: feminismo socialista, feminismo revolucionario, feminismo marxista radical, feminismo de clase, feminismo materialista (aunque no todo materialismo es marxista) y los vínculos entre ellos.

Uno de los puntos centrales de estas corrientes es que el capitalismo se finca en una organización sexual de la sociedad, en la cual el hombre blanco heterosexual, propietario ha ocupado, históricamente, la cima. Una buena parte de la discusión ha oscilado entre lo que se denominan la teoría unitaria (patriarcado y capitalismo van juntos) o la teoría dual (son sistemas separados) y, aunque reconocemos que esa organización sexual precede al sistema capitalista, sin embargo, se ha imbricado de tal manera con él que no podemos ya distinguirlos. Esta polémica, perspectivas unitaria o dual, podría pensarse como equivalente a la instauración moderna del binomio naturaleza-cultura, porque una vez que se han unido no se pueden entender de manera independiente, de ahí que el denominarlo patriarcado capitalista (tal como lo hacen Zillah R. Einsenstein, 1980; Maria Mies, 2019 [1999], entre otras) me parece un acierto. Es de hecho esa conformación ideológica dicotómica (donde la naturaleza se asocia con las mujeres, la corporalidad, la subjetividad, lo emocional, y con los hombres, la cultura, el pensamiento, la objetividad, la racionalidad e incluso como el culmen de la civilización), una de las capas más importantes para su imbricada constitución, lo que lleva a Roswitha Scholz a enunciar: “el valor es el hombre” y a plantear su enfoque sobre la escisión del valor (2020).

Entender la totalidad histórica que significa el particular anudamiento entre capitalismo y patriarcado y la fase en la que hoy se encuentran, sigue siendo un desafío. Combatir ambos de manera articulada es el objetivo de los feminismos-marxistas o de los marxismos-feministas.

No cabe duda que los años 70 del siglo XX, en medio de una serie de luchas obreras, de las mujeres y las luchas anticoloniales por la liberación en varias partes del planeta, vieron el florecimiento, de una gran cantidad de libros y publicaciones cobijadas bajo este gran paraguas de los feminismos marxistas (Firestone, Shulamith, 1976 [1970]; Dalla Costa Mariarosa y Selma James, 1975 [1972]; Rowbotham, Sheila, 1978 [1972]; Einsenstein, Zillah R., 1980 [1978]; Vogel, Lise, 1979; Fortunati, Leopoldina 2019 [1981], entre algunas de las más sobresalientes e incluso podríamos ubicar aquí la Declaración del Colectivo del río Combahee [Combahee river collective statement], 1977 y las luchas y movilizaciones por otorgar un salario al trabajo doméstico, en las que participó, junto con otras, Silvia Federici).

No voy a plantear aquí esa historia, que es intrincada y que ha sido examinada desde distintos ángulos.[2] El célebre texto de Heidi Hartmann Marxismo y feminismo: un matrimonio infeliz (1980) abordó varias cuestiones que aún hoy siguen siendo escabrosas, comenzó su diagnóstico señalando que el feminismo aparecía siempre como subordinado, de alguna manera, mimetizando esa relación respecto a las relaciones entre hombres y mujeres, de ahí que lo equiparó con un matrimonio y las desigualdades que subyacen al interior.[3] Haciendo una necesaria actualización y añadiendo vertientes y categorías hay otras historias (Haug, Frigga, 1997 y 2021; Arruzza, Cinzia, 2015; Fraser, Nancy, 2015; Arruzza, Cinzia y Lidia Cirillo, 2018) En los dos números del boletín pueden verse los textos de Julia Expósito (no. 10) y Gabriela Mitidieri (no. 11), la primera, usando una metáfora potente, de los sentidos y la percepción, revela silencios en la teoría y propone hacer audibles articulaciones fundamentales y la segunda, presenta, desde el entretejimiento de su propia historia y trayectoria feminista, la caja de herramientas de la historia social para estudiar históricamente a las mujeres trabajadoras.

Así, me voy a circunscribir a tres puntos que considero han sido aportaciones cardinales con las cuales tenemos que seguir trabajando y profundizando el análisis para afianzar nuestras luchas. Aquí sólo doy algunas pinceladas para un bosquejo general y varios de esos puntos están abordados en los demás textos de ambos números del boletín. Respecto a un análisis conceptual bien fundamentado filosóficamente sobre la condición partisana de la teoría feminista y una vertiente materialista transindividual, se puede ver el texto de Natalia Romé en el boletín no. 10.

Los puntos no están puestos en orden de importancia pues, aunque los distingo analíticamente, no están separados y tendríamos que intentar abordarlos de forma articulada.

 

1. Diagnóstico de la fase actual del capitalismo neoliberal o financiarizado. Hacia una renovada crítica de la economía política

Hacer una caracterización del actual momento del capitalismo se plantea como imprescindible. En ese sentido, los trabajos que las feministas, echando mano y, sobre todo, ampliando la teoría marxiana y marxista han formulado son de una gran profundidad.

A pesar de las diferencias y matices que pueda haber entre ellas, haciendo una lectura de los trabajos de Nancy Fraser y Wendy Brown, encuentro que hay muchas más coincidencias respecto a ese diagnóstico.

Ambas señalan que el neoliberalismo o capitalismo financiarizado ha representado un ataque frontal y directo a la democracia. Es incompatible con una dinámica democrática porque conlleva un discurso sumamente conservador, antiigualitario y antidemocrático.

Para Wendy Brown, no sólo es una doctrina económica, impulsada por Milton Friedman, Friedrich Von Hayek y Ludwig von Mises, puesta en marcha a partir de 1973, con el golpe de Estado en Chile, y que hoy se encuentra en declive, sino que también es una racionalidad que preparó el terreno para la movilización y legitimación de fuerzas antidemocráticas, y una estructura libidinal que ha copado las subjetividades.

Nancy Fraser, por su parte, señala que la sociedad capitalista no existe como tal, sino en regímenes de acumulación históricamente específicos y remarca que, para comprender el capitalismo en su fase actual, es necesario hacerlo desde una perspectiva crítica de la totalidad social. Para estas filósofas y activistas estadounidenses, no pueden desvincularse, las esferas económica y política.

En esa línea de pensamiento, Wendy Brown señala que, en el ámbito político, el capital ha tomado la forma de una soberanía global, apareciendo como si fuera perpetuo y absoluto, sin estar obligado a la rendición de cuentas y mucho menos las rinde ante ninguna soberanía política, ni local ni estatal. Por el contrario, como lo plantea Nancy Fraser en su conversación con Rahel Jaeggi: el capitalismo se sirve de los poderes públicos para establecer y aplicar sus normas constitutivas. “Que los poderes públicos garanticen el derecho de propiedad, hagan cumplir los contratos, diriman las disputas, sofoquen las rebeliones”. (2019, p. 44)

En la conformación de esa soberanía global, ha intentado expulsar, de manera permanente, de la arena política a la sociedad. La privatización ha sido el mecanismo que fue minando el terreno y como podemos constatar ha sido un neoliberalismo ligado a la corrupción, en donde las empresas privadas absorben presupuesto público, pero en el discurso se presentan como quienes mantienen las economías en pie.

Así, durante los últimos 40 años, se fue legitimando la desigualdad, la exclusión, la fragmentación social, la propiedad privada de lo común o los comunes (Brown, Wendy, 2020; Federici, Silvia, 2020)[4] modulando las subjetividades hacia ese camino.

En esta caracterización es fundamental la contribución que los feminismos negros han hecho. Angela Davis apunta que este feminismo ha sido una iniciativa teórica y práctica que demostró que los procesos de racialización, la clase y el género son inseparables. De ahí que apuesta por un feminismo que reconozca las interconexiones, es decir, que no excluya esta articulación que es fundamental como ella lo hace en una perspectiva histórica en su libro de Mujer, raza y clase (1981).[5] Dejar fuera alguna de estas dimensiones es volver reduccionista el análisis que un proceso democrático, de liberación y de avance de las luchas sociales y de los derechos civiles requiere.

El capitalismo racial es una categoría que ella va a proponer junto con pensadores del marxismo negro estadounidense y que establece que el fondo del capitalismo tiene una base muy importante en los procesos de esclavitud de las poblaciones negras traídas de África, trasladadas, desarraigadas, al continente americano, así como la importancia que las luchas negras han tenido a lo largo de la historia de Estados Unidos y de todo el continente. Davis va a poner el énfasis en pensar un futuro democrático que tenga en cuenta desmontar estos procesos de racialización que han atravesado cuerpos y vidas de las personas negras y de color.

Su análisis sobre el capitalismo actual converge con el diagnóstico de Fraser y Brown cuando señala que pareciera que todos somos de clase media porque se nos ha olvidado hablar de las luchas de las clases trabajadoras y de esta serie de nuevas formas de esclavitud que el neoliberalismo y sus políticas sumamente excluyentes han generado en la vida de las personas.

Para Wendy Brown, y coincidimos con ella, es necesario hacer un análisis de la masculinidad blanca que se siente agraviada y perdiendo privilegios por las luchas emancipadoras que han logrado, voz y derechos, las luchas feministas de variado signo, de la población afrodescendiente y las luchas por la diversidad sexual y genérica en la sociedad. Ese supuesto agravio va dando pie a una política de la revancha, de la venganza, que conlleva a atacar a quienes se cree son las y los culpables del destronamiento de dicha masculinidad blanca. Lo cual tiene como efecto el ir generando y profundizando el patriarcado, un tradicionalismo moralista que trata de regular bajo una idea de puritanismo, que va excluyendo a cada vez mayores sectores de la población.

Con estas autoras podemos enfatizar que el neoliberalismo está efectivamente –como diría Gramsci– en un interregno, un espacio amorfo, en el cual todavía no acaba de morir y no alcanza aún a surgir lo nuevo y eso presenta muchos riesgos pero también una ventana, un horizonte histórico, una oportunidad de construir en conjunto, con otros movimientos, nuevos horizontes de democratización, donde este conservadurismo hay que analizarlo, para buscar desmontarlo porque eso ayudará entonces a terminar con las políticas neoliberales que han imperado durante mucho tiempo en nuestros países, pero también a buscar desneoliberalizar la vida.

Estas autoras apuntan a congregar las luchas de los feminismos, y que se plantee a escala transnacional, que rebase las fronteras. En esa línea, Angela Davis insiste en la conexión entre las luchas y el racismo en EUA y la lucha contra la represión de Palestina, y señala que eso es un proceso feminista también (2017). Propone esta articulación de luchas y movimientos para desafiar al capitalismo global y racial.

 

2. Relaciones de producción y círculo de la primera producción

En la médula del anudamiento entre patriarcado y capitalismo se encuentra la relación entre producción y reproducción. Engels, en el segundo párrafo del prefacio a la primera edición de El origen de la familia… formuló la distinción de la siguiente manera:

Según la teoría materialista, el factor decisivo en la historia es, en última instancia, la producción y la reproducción de la vida inmediata. Pero esta producción y reproducción son de dos tipos. De una parte, la producción de medios de existencia, de alimentos, de ropa, de vivienda y de los instrumentos necesarios para producir todo eso; de otra parte, la producción del hombre mismo, la continuación de la especie. (Engels, Friedrich, 2006 [1884] p. 11-12, énfasis agregado)

Aunque mantuvo la idea de producción-reproducción, reconoció que la segunda es en realidad la producción primera, la de la vida misma, sin la cual, la maquinaria capitalista no podría tener lugar. Y no consiste únicamente en producir seres humanos, sino en todo lo que la domesticidad significa: mantenimiento de la vida a través del cuidado, educación, alimentación, salud, mantenimiento del espacio habitable, limpieza, trabajo afectivo y emocional, subjetivaciones, etcétera, somos las mujeres quienes en mayor medida llevamos a cabo esas actividades. En términos de Frigga Haug, la segunda tesis del marxismo feminismo consigna: “Postulamos la existencia de dos producciones, la de la vida y la de los medios de vida” (Haug, Frigga, 2021, p. 85).

El análisis de los feminismos marxistas ha abordado continuamente esta relación, bajo las categorías de división sexual del trabajo, la escisión del valor (Scholz, Roswitha, 2020), la explotación y opresión de las mujeres bajo el patriarcado capitalista (Einsenstein, Zillah R. 1980 [1978]), la perspectiva de la subsistencia (Mies, Maria, 2019); la alquimia patriarcal (Werlhof, Claudia von, s/f). Y se ha subrayado que el trabajo llamado doméstico no sólo produce valores de uso, sino que es nodal para la producción de plusvalor (Dalla Costa, Mariarosa, 2019). Maria Mies lo formula así:

Mi tesis es que esta amplia producción de vida, o producción de subsistencia –realizada en su mayor parte gracias al trabajo no asalariado de las mujeres y de otros trabajadores no asalariados como los esclavos, trabajadores temporales y campesinos de las colonias– constituye la base permanente sobre la cual se puede construir y explotar el «trabajo productivo capitalista». (Mies, Maria, 2019 [1999], p. 108)

Como he mencionado arriba, un punto que sigue en discusión es si tasar o no el trabajo doméstico. Mariarosa Dalla Costa y Silvia Federici señalaron que era necesario otorgar un salario, para ponderar la importancia de la contribución de ese trabajo, no pago, al capitalismo y la llamada productividad. Hicieron notar que suministrarlo gratuitamente, conlleva la doble jornada y también el desgaste físico y mental de las mujeres por el empeño puesto en ello.

Por el contrario, hay una corriente que indica que ese trabajo es invaluable, incluso que no habría dinero que pudiera pagarlo y es preferible no introducirlo en la esfera económica del capital.

De esta manera, Nancy Fraser propone una visión ampliada del capitalismo, reconociendo que el primer plano económico de la sociedad capitalista ha requerido históricamente de un fondo no económico. Y que esos ámbitos no económicos son paradójicamente parte integrante del capitalismo, pero también espacios de donde se pueden desplegar propuestas alternativas. Y a eso le llama las contradicciones del capitalismo actual:

La economía capitalista mantiene una relación de negación con sus condiciones de fondo. Desprecia su dependencia de ellas tratando a la naturaleza, la reproducción social y el poder público como regalos gratuitos, inagotables que no tienen valor (monetarizado) y pueden ser incautados ad infinitum sin preocuparse por reponerlos. En consecuencia, la relación es potencialmente contradictoria y generadora de crisis, porque el impulso incesante a una acumulación cada vez mayor desestabiliza las condiciones de fondo de las que depende la dinámica del primer plano. (Fraser, Nancy y Rahel Jaeggi, 2019, pp. 80-81)

La actual fase del capitalismo, de la que hemos hablado anteriormente, ha convocado a las feministas marxistas a reformular las nociones mismas de producción, trabajo, salario. No es sólo que la esfera del trabajo se esté desmoronando, ya Roswitha Scholz (2020) ha delineado las transformaciones que ahí se están operando. Y ello impacta también diferenciadamente por sexo y en todas las dimensiones: materiales y en la constitución de las subjetividades. Los hombres han perdido, casi por completo el rol de proveedores, lo que desestructura el mandato de masculinidad e incrementa las violencias de género.

Y en el cada vez más estrecho y asediado mundo del trabajo, la segmentación sigue estando muy presente. No sólo porque las mujeres a igual trabajo ganan menos que los hombres, sino porque sigue manteniéndose una cierta idea de hay trabajos propios de hombres y trabajos propios de mujeres. La posición de la superioridad masculina en muchos trabajos está dada en función de que pueden otorgar largos tiempos a su empleo ya que no realizan, o no en la misma magnitud, labores de cuidados y domésticos. En ese sentido, la consigna vertida por Heidi Hartmann sigue estando vigente: que los hombres (incluidos los de izquierda) renuncien a sus privilegios y que el reconocimiento de la interdependencia sea liberación para todes. En esa línea se encuentran los aportes que sistematiza y nos comparte de manera generosa y franca el texto de Pierina Ferreti sobre la feminista militante socialista y pensadora chilena Julieta Kirkwood, en el boletín no. 11.

Las relaciones capitalistas actuales no son sólo más explotadoras en el ámbito del trabajo, sino también de esa forma vital que es el trabajo de reproducción.

En las metrópolis globales, ese trabajo es desplazado jerárquicamente, pues el neoliberalismo generó un discurso de supuestas puertas abiertas para las mujeres, a todos los niveles. Discurso meritocrático que socava la solidaridad entre mujeres y ahonda los rasgos individualistas. Así mujeres de las clases altas y algunas medias ya no lo llevan a cabo, sino que lo derivan a mujeres de las clases populares y/o racializadas.

Aún así, las mujeres de las élites denunciaron, desde un feminismo liberal, el techo de cristal, es decir, que hay niveles que les están vetados y que no se supera si sólo unas cuantas mujeres arriban a ciertos puestos de alta gerencia o en la política. Incluso la noción de empoderamiento de las mujeres, aunque era referida a ciertas mujeres, sobre todo de clases medias y altas ilustradas, fue impulsada por agencias internacionales, intentando aplanar las diferencias. Algunos discursos feministas han sido instrumentalizados por las derechas y encuentran un ensamblaje con el discurso neoliberal emprendedurista que convoca a salir adelante a pesar de las dificultades, impulsan un énfasis egoísta y del logro personal. Véase a ese respecto el certero análisis llevado a cabo por Elvira Concheiro y Perla Valero en el boletín no. 10.

La valorización del trabajo de cuidados y denominado reproductivo, ya no es más el fondo o sustrato del trabajo productivo, sino que, gracias al feminismo marxista se ha visibilizado como imprescindible y esencial. Forma parte ya de la memoria colectiva feminista. De esta manera, es que consideramos también incorporar la traducción que un integrante de nuestro GT-CLACSO, Pablo Pulgar, ha hecho de la entrada Recuerdo, elaborada por Frigga Haug, para el Diccionario histórico-crítico del marxismo-feminismo,[6] es importante no sólo por el recorrido histórico-filosófico que expone sino porque como se señala, es un recurso estratégico en toda conciencia histórica como fundamento del trabajo de rememoración (talleres que Frigga ha generado con muchas generaciones de mujeres) puesto que en la conformación del recuerdo se juega también el horizonte de liberación.

 

3. Corporalidades y territorios, bordeando los límites de la expansión capitalista

Las recurrentes crisis del capitalismo, la tendencia a los amplios ciclos recesivos, la llamada crisis multisistémica civilizatoria actual, ponen de manifiesto que está aproximándose al límite de la acumulación; no habiendo mucho más para devorar, devasta territorios, el tejido social y los cuerpos de las mujeres: el continuum de las violencias de género más sutiles hasta el feminicidio (Segato, Rita, 2016; Falquet, Jules, 2017).

En su voracidad, el sistema capitalista ha profundizado el control sobre el cuerpo de las mujeres, en múltiples sentidos, por un lado, generando un discurso conservador que se opone a los avances de las luchas feministas por un aborto libre, gratuito y seguro, y sus logros, como el de la marea verde en Argentina; la regulación de la sexualidad bajo sus parámetros, sancionando y violentando a les sujetes de la diversidad y queriendo imponer los tiempos y ritmos de la reproducción: esterilización forzada en migrantes o indígenas y simultáneamente violación de esas mujeres en sus itinerarios transnacionales. Y por el otro, el capital y sus esbirros ideológicos, tales como los medios masivos de comunicación alentan la sexualización y cosificación, la mercantilización y circulación de las corporalidades en lo que Rosa Cobo (2017) denomina la industria de la prostitución y la trata, que junto con las economías criminales generan jugosas ganancias globales.

Frente a todo ello, y abrevando de las largas luchas anticoloniales y por la liberación y emancipación, es en esa línea en la disputa por los territorios que estamos también las mujeres en la primera línea. Lia Pinheiro Barbosa presenta en el boletín no. 11, una lectura muy fértil, sobre el feminismo campesino y popular, de mujeres indígenas, negras y campesinas, con perspectiva transnacional, como movimiento reflexivo-crítico y altamente propositivo desde la praxis, porque interpela y produce desde el vivir y existir formas antagónicas al capitalismo.

En la irrupción categorial del capitaloceno, y los análisis marxianos basados en concebir a las naturalezas como históricas, se encuentra también el ecofeminismo marxista (Mies, Maria y Vandana Shiva, 2015 [1993] por ejemplo). Y nuevos, renovados y situados análisis de aspectos que la complejidad de esta fase del capitalismo reclama (Expósito, Julia, 2018; Gago, Verónica, 2019).

Es innegable que han florecido feminismos insurgentes multicolores que buscan una revolución, como lo expresa Maria Pia López en su contribución al boletín no. 10.

La vasta y extendida lucha de las mujeres atraviesa nuestro continente, constituyen el movimiento más importante y potente de la actualidad, aunque varias se deslinden del marxismo e incluso algunas también del feminismo, han producido conceptualizaciones y formas organizativas comunitarias, solidarias, fincadas en la reciprocidad y en plantear la urgencia de propuestas alternativas anticapitalistas e imaginan formas distintas de relación en todas las dimensiones de la vida lejos del machismo y las violencias de género. (Bidaseca, Karina y Vanesa Vázquez, 2011; Cumes, Aura, 2012; Gargallo, Francesca, 2013; Espinosa, Yuderkys, Gómez, Diana y Karina Ochoa, 2014; Ochoa, Karina, et. al., 2019; Federici, Silvia, 2020, entre muchas otras)

Sin olvidar que los feminismos latinoamericanos negros y comunitarios han arrancado sus propuestas desde el análisis de la racialización pues es un rasgo cardinal en sociedades que padecen la colonialidad, y las feministas marxistas del norte, hicieron prevalecer el examen de clase. Quien fue pionera y articuló género, clase y racialización, en América Latina, fue Lélia Gonzalez, es por ello que presentamos en el boletín no. 11 la traducción de un texto suyo en el que vincula múltiples temporalidades en las luchas por la emancipación de las mujeres negras en el Brasil.

 

A manera de cierre… abierto

Las mujeres, asalariadas o no, con trabajo pagado o desempleadas, migrantes, racializadas, y de variadas orientaciones sexuales y genéricas, han nutrido las vitales olas de las luchas feministas, dotando al movimiento de distintas formas de lucha, lo que podría tener una renovada lectura en el feminismo marxista.

Y no cabe duda, tal como lo señala Alejandra Ciriza, puesto que es algo que constatamos cada vez más, “el capitalismo parece escasamente compatible con la emancipación de las mujeres” (2007, p. 70) de ahí que es crucial tender puentes entre los múltiples rostros del feminismo: el popular, el antirracista, el socialista, el anticapitalista, el anticolonial, con las luchas de las mujeres que no se reconocen como feministas, los feminismos negros, comunitarios, indígenas, los movimientos y luchas de las mujeres que atraviesan nuestro continente para impulsar un amplio bloque con sentido emancipatorio.

Los feminismos marxistas latinoamericanos son diversos y plurales, como podrán ver al leer a mis compañeras, camaradas, amigas que colaboran en estos dos números y constatar la riqueza de sus planteamientos.

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Trabajo revisado por la autora para su publicación en este número de Herramienta web 34.

María Haydeé García Bravo es investigadora asociada del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), integrante del GT Herencias y perspectivas del marxismo y del Colectivo Herramienta. Doctoranda en filosofía de la ciencia (UNAM).


Bibliografía

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Arruzza, Cinzia y Lidia Cirillo (2018) Dos siglos de feminismos. Los ejemplos más significativos, los problemas más actuales..., Barcelona: Sylone.

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Werlhof, Claudia von (s/f) Teoría crítica del patriarcado, s/l/e: El Rebozo.

 


Notas

[1] Los dos números del boletín pueden consultarse aquí: https://www.clacso.org/boletin-10-el-ejercicio-del-pensar/?fbclid=IwAR1DUNGQCXxTtot4yyQUFP9Pm9f8KOUNqnibgsBjv7y1pqHEk97-uoKwsqo

https://www.clacso.org/boletin-11-el-ejercicio-del-pensar/

[2] Los dos números del boletín pueden consultarse aquí: https://www.clacso.org/boletin-10-el-ejercicio-del-pensar/?fbclid=IwAR1DUNGQCXxTtot4yyQUFP9Pm9f8KOUNqnibgsBjv7y1pqHEk97-uoKwsqo

https://www.clacso.org/boletin-11-el-ejercicio-del-pensar/

[3] Tampoco me voy a poner a discutir o rebatir las llamadas olas del feminismo porque ya sabemos que, si las pensamos desde nuestros países, tendrían otra temporalidad y serían encabezadas por otros nombres, de algunos de los cuales se da cuenta en los textos de este boletín. En México, los movimientos de mujeres de izquierda, socialistas cruzaron el siglo XX: las congresistas en Mérida, Yucatán en 1916, las adelitas revolucionarias, las mujeres comunistas que abrevaron de las feministas claramente marxistas y revolucionarias como Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Alexandra Kollontai y la explosión de múltiples y variados feminismos en las últimas décadas.

[4] Parece mantenerse la idea, expresada por Hartmann, de que el feminismo divide a la clase obrera –decía ella– pero podemos ampliarla a la izquierda, por ejemplo, actualmente en los países con gobiernos de izquierda o progresistas.

[5] Que hunde sus raíces en la acumulación que Marx llamó, decimonónicamente, originaria o primitiva. También y de manera particular en sus artículos de juventud, en la Gaceta renana en los que examinó el robo de leña, Marx apuntaba ya al menos tres cuestiones que hoy nos atañen: 1. una visión que llamaríamos ecológica al hacer la equiparación entre la pobreza y la naturaleza y romper con la escisión entre la naturaleza y la sociedad; 2. una crítica a la doble expropiación por parte del interés privado, al nombrar como suyo lo que la misma naturaleza ya ha soltado o liberado y la captura que el propietario hace del derecho y del Estado en su favor, al privatizar, cercar y monopolizar los bienes comunales y 3. cómo en esta dinámica se acelera la inoculación, en las subjetividades, de la ‘naturalización’ de un proceso de privatización por doquier y la mercantilización de las relaciones, de las cosas, de los humanos y los no-humanos. (García Bravo, 2021)

[6] Davis hace una importante recuperación histórica de un conjunto de pensadoras-activistas, por ejemplo, las hermanas Angelina y Sarah Grimke, ésta última escribió en 1838, Las Cartas sobre la igualdad de los sexos y la condición de las mujeres, parte fundamental de todo el movimiento antiesclavista del siglo XIX, de hecho, para Davis, la “lucha por la liberación negra y la lucha por la liberación de las mujeres” son inseparables. “Las hermanas Grimke no cayeron en la trampa ideológica de insistir que una causa era absolutamente más importante que la otra. Ellas reconocían el carácter dialéctico de la relación entre ambas luchas”. (Davis, Angela, 2005, p. 53)

[7] Una versión en español, del DHCMF (que a su vez forma parte de ese esfuerzo monumental que han desarrollado desde Alemania Frigga Haug y Wolfgang Fritz Haug por construir una visión plural del marxismo actual, presentando conceptualizaciones que intentan dar un panorama amplio y generadas cada vez más desde varias partes del planeta), saldrá publicada este año por el Colectivo y editorial Herramienta en Buenos Aires.