La vida después del virus: reproducción social en un mundo post-pandémico*


Por Mariano Féliz

Esta no es simplemente otra crisis capitalista

La pandemia del COVID-19 nos es tan solo otra crisis sanitaria u económica. Es fundamentalmente una crisis de la reproducción social y el trabajo de cuidados. Los hospitales y centros de cuidados están siendo empujados a sus límites por aquellxs afectadxs por el virus. El trabajo reproductivo en los hogares y comunidades está siendo intensificado, siendo las mujeres las que otra vez cargan con ese peso. En territorios dependientes y en las periferias de las grandes ciudades alrededor del mundo, las redes comunitarias para la provisión de agua, comida, cuidado de niñes y otras necesidades básicas son puestas a prueba, y usualmente desbordadas por millones en riesgo. Lo que está en cuestión es cómo nos cuidamos entre nosotrxs y cómo asumimos el hecho de que somos seres frágiles. La vida en el planeta tal cual lo conocemos está al borde de una transformación radical. La pregunta de Rosa Luxemburgo nuevamente aplica: podremos transformar este tiempo en un momento para la revolución, o seremos incapaces de evitar caer en un nuevo barbarismo.

Esta es la primera pandemia global provocada por el desarrollo descontrolado de las relaciones de producción capitalistas, patriarcales y racistas. No podemos comprender su significado a menos que la entendemos la entendamos como una crisis surgida de las contradicciones dentro del actual sistema de producción y reproducción social. El virus es el resultado del desplazamiento de los animales de sus hábitats naturales, la destrucción de las plantas y la acumulación de animales para la producción de alimentos en ambientes no saludables. Ha sido también resultado de una forma de vida que amontona a las personas en megaciudades, apretadas en subterraneos, trenes y colectivos, confinadas en fábricas, oficinas, escuelas y prisiones. Todo esto es causado por la destrucción del metabolismo de la naturaleza a causa de la reproducción ampliada del capital como relación social dominante. La reproducción social se encuentra crecientemente mediada por la mercantilización y el trabajo abstracto. En un mundo mistificado en torno al espectro del dinero y el valor, el trabajo de cuidados está siendo llevamos a sus límites más básicos.

La economía política de la enfermedad

El capitalismo tal cual lo conocemos está atravesando lo que provablemente sea un cambio trascendental. La actual pandemia del COVID-19 es el más reciente desarrollo de su crisis civilizatoria, con efectos en cascada alrededor del mundo. Expresa la ruptura total de un mundo que ha olvidado que la reproducción de la vida está siempre en su centro -aunque el capital no lo reconozca-. La crisis de 2008 fue una premonición de la crisis del Capitaloceno: la era geológica de la dominación del capital está ahora enfrentando cara a cara a la Tierra.

Escondida en el centro de la crisis está la reproducción social. La destrucción de capital provoca crecientes presiones sobre el trabajo de cuidado y reproducción. Además de los impactos directos de la crisis sobre la salud, las familias están teniendo enormes dificultades para fortalecer sus redes de apoyo al tiempo que las economías familiares implotan. La privatización, reestructuración y financiarización de la vida, el trabajo y el sector público ha debilitado la habilidad de las familias y comunidades para manejar el creciente estrés que proviene de los mercados laborales durante la pandemia.

En esta situación, las mujeres son las trabajadoras de último recurso. La devaluación de la fuerza de trabajo fuera de los hogares se traduce en una creciente superexplotación de la fuerza de trabajo de reproducción y cuidados que es (mal/im) paga y no reconocida. Mientras se consolida la cuarentena, las mujeres tienden a recibir el mayor aumento en la carga de trabajo en la educación remota, el cuidado de niñeces y la organización comunitaria. Asimismo ellas también enfrentan el aumento de la violencia patriarcal en tanto muchas se ven forzadas a compatir la cuarentena con parejas violentas. Son las mujeres las que deben pagar el aumento del precio de los alimentos básicos a la vez que resuelven la supervivencia en condiciones crecientemente hostiles. Ahora nos damos cuenta del costo de la destrucción de las redes comunitarias producto de la mercantilización y el papel clave que tiene la imaginación política en las redes de apoyo lideradas por las mujeres.

Nuevamente somos todxs keynesianxs

Progresistas o conservadorxs, de izquierda o derecha, el discurso de batalla contra el virus se traduce en políticas de keynesianismo de guerra. Las intervenciones masivas de los gobiernos incluyen políticas monetarias expansivas y transferencias monetarias y subsidios, que son parte de la nueva caja de herramientas de la política económica.

La palabra austeridad ha sido eliminada de los discursos en todo el espectro del sistema político. Los Estados nación otorgan recursos fiscales y expanden sus déficits más rápido de lo que pueden registrar los gastos, en un intento de frenar lo inevitable: un desplome económico de magnitud imposible de predecir.

Redes de seguridad social masivas -algunas tomando la forma de Ingreso Básico Universal (IBU) de emergencia-  consolidan nuevas formas de precariedad que se han expandido bajo el velo del trabajo a domicilio (home-office) y remoto (online). Trabajar 24/7 se convierte en la nueva normalidad para muchxs empleadxs, mientras recortes salariales, despidos y suspensiones proliferan en la medida en que la crisis se profundiza. En esta crisis hay un impacto brutal sobre las mujeres y/o migrantes que trabajan, precariamente en general, precisamente en aquellas actividades que están siendo aplastadas (trabajo de cuidado, en ventas, y turismo).

En muchos países, los Estados están ahora pagando parcial o totalmente los salarios o gastos tales como alquileres de trabajadorxs del sector privado. Así, el Estado capitalista está directamente subsidiando las ganancias empresarias, mientras las caídas en salarios y empleo son sólo parcialmente compensadas por estas transferencias. Al mismo tiempo, la multiplicación de las aplicaciones y tecnologías en línea, implementadas sin regulación ni debate político, se expanden en nuestras vidas como nuevas formas de superexplotación y supervisión. Los Estados y sociedades dependientes hacen una entrada acelerada par force en el capitalismo de plataformas. Esto no es la concreción del sueño del IBU y la automatización general de la producción, sino un nuevo camino cuesta abajo para las mayorías.

En Nuestramérica, y otras regions del sur global, la pandemia se ha convertido en la excusa perfecta para un creciente control social, especialmente en los ‘puntos calientes’ en los barrios populares. La reproducción social y de cuidados auto-organizada está en el centro de la insurrección social en los bordes. Es en estos territorios donde el pueblo trabajador se organiza colectivamente para resolver su propia reproducicón al tiempo que pergenia las luchas para el cambio social. Convenientemente para el Estado capitalista, la crisis perturba la circulación de la resistencia en el centro de la vida.

Mientra tanto, la intervención estatal se está convirtiendo nuevamente en un instrumento para la desactivación de la organización colectiva. En esta crisis general, el Estado capitalista dependiente reactualiza su lado más represivo. Las fuerzas de seguridad recuperan el control de las calles y los movimientos sociales son estigmatizados en Chile, Hong Kong, Líbano o Haití. Las luchas contra el ajuste en la seguridad social y los salarios, la megaminería o los feminicios, han sido conducidas bajo tierra pues la cuarentena obligatoria dificulta las movilizaciones masivas.

La democracia formal ha perdido toda su esencia, particularmente en Nuestramérica. El debate y la participación política han sido suspendidos o realizados en línea. Mientras tanto, la organizació política en el territorio continúa siendo una parte sustancial del trabajo de reproducción social, cayendo en el cuerpo de las lideranzas femeninas, muchas veces ocultas detrás de las formas patriarcales que aun operan en muchos movimientos sociales.

Imaginación política para encontrar una salida popular a esta crisis

¿Tenemos que elegir entre salvar la economía o nuestra salud? ¿Debemos favorecer la vida frente a la producción?¿Son estas las preguntas relevantes en esta coyuntura?

Esta es, más que nada, una crisis de cuidados y reproducción o, en otras palabras, una crisis de vida o muerte. No hay economía (capital) sin el cuidado de su mercancía más preciada: nuestro fuego vital.

La pandemia y la crisis que la acompaña han puesto a la vista la necesidad de una revolución en la organización de la provisión de las actividades fundamentales de cuidado y reproducción. No para mantener al capitalismo funcionando sino para llevarlo a su colapso. Necesitamos transformar esta crisis de cuidados en una crisis que nos lleve más allá del capital.

El movimiento ecofeminista hace tiempo ha colocado el trabajo de reproducción en el centro the su praxis más radical. Mientras el Capitaloceno se fractura, los movimientos populares tenemos la necesidad de impulsar una transformación radical en la organización social. Menos trabajo, mejor pago, menos consumo y menos destrucción sin sentido de la naturaleza, más tiempo libre y más cooperación social sin la mediación del capital por medio del dinero: esto es calve para la constitución de una nueva articulación social que ubique en su centro la reproducción de la vida libre de alienación y violencia.

La cuestión no es simplemente destruir todas las mediaciones. Necesitamos luchar para crear nuevas formas de trabajo social donde nosotrxs controlemos esas mediaciones. Con el trabajo de reproducción y cuidados en el centro de la política, las personas pueden y deben crear nuevas instituciones. No podemos detenernos nada más en un Green New Deal que ponga al Estado capitalista otra vez en medio de (o peor, sobre) la organización popular. Por el contrario, necesitamos forjar un proceso de recomposición política de las clases trabajadoras para construir nuevos comunes anti-capitalistas, feministas, y anti-racistas. Este proceso de comunizar nos proveerá nuevas formas de vivir y trabajar juntxs, en equilibrio con la naturaleza. Los movimientos sociales, gente organizada en la base y en sus territorios vitales, hace tiempo vienen desarrollando alternativas a la organización capitalista de la reproducción y el cuidado; veamos los ejemplos de las Zapatistas en Chiapas, las mujeres Kurdas, o las Piqueteras en Argentina. Necesitamos poner estas prácticas en la primera línea del debate para una transformación radical. La organización colectiva es parte de la solución mientras que el Capital y su Estado claramente son parte del problema.

* Esta es la traducción (más o menos fiel y con leves cambios) de un texto recientemente publicado en inglés en Futures of Work con el título de Life after de virus: Social reproduction in a post pandemic world.

** Mariano Féliz, 12 de Junio de 2020. Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) / CONICET-UNLP (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas – Universidad Nacional de La Plata). Compañero del International Research Group on Authoritarianism and Counter-Strategies (IRGAC) de la Rosa Luxemburg Stiftung de Berlín. Activista de la Colectiva en Movimiento por una Universidad Nuestramericana (COMUNA/FPDS-CN) e integrante de la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay. marianfeliz@gmail.com / https://marianfeliz.wordpress.com/