La Comuna de los Palmares: Benjamin Péret y la revuelta de los esclavos en el Brasil colonial


Por Michael Löwy

Walter Benjamin exigía del historiador crítico la tarea, eminentemente difícil, de escribir la historia a contrapelo (gegen den Strich). El estudio dedicado a la “Comuna de los Palmares” por el poeta surrealista francés Benjamin Péret es una buena ilustración de este enfoque disidente. El Quilombo de los Palmares fue una especie de confederación de comunidades de esclavos negros fugitivos del noreste de Brasil que resistió, durante todo el siglo XVII, a las expediciones holandesas y portuguesas que intentaron poner fin a este reducto de rebeldes. La “república negra de los Palmares” no fue derrotada sino en 1695, con la muerte de sus últimos defensores y su último jefe, Zumbi.

Fue alrededor de la segunda mitad del siglo XVI, con la expansión de la producción altamente rentable de caña de azúcar en las grandes plantaciones señoriales en el noreste de Brasil, que la importación de esclavos de África comenzó: varios millones de personas tendrían este destino durante los tres siglos siguientes. Sometidos a condiciones de vida y trabajo a menudo inhumanas, cuyo símbolo es el castigo por un látigo especial, el bacalhau, muchos esclavos intentaron (y a veces tuvieron éxito) la fuga. Aprovechando los conflictos entre las potencias coloniales – Holanda, que en los años 1632-1644 intentó apropiarse de esta región, y Portugal –, los esclavos fugitivos se establecieron, especialmente desde 1630, en el área de Palmares, rodeada de florestas vírgenes y ubicada en el sur de la provincia de Pernambuco (hoy provincia de Alagoas). Varias aldeas, federadas entre ellas y reuniendo a varios miles de personas, se formaron, vivendo de la agricultura de subsistencia y del saqueo a colonos portugueses de los alrededores. En expediciones de este tipo, los negros fugitivos liberaban esclavos – ¡especialmente mujeres! – y los llevaban, forzados o por libre elección, a sus reductos[2]. La palabra quilombo, de origen africano (en Angola, significa un campamento militar), designaba en Brasil este tipo de comunidad o confederación de aldeas de antiguos esclavos. El Quilombo de los Palmares está lejos de ser el único: es el ejemplo más importante y destacado de una serie de revueltas de esclavos que se han seguido en el transcurso de los tres siglos de esclavitud en Brasil (¡abolida solamente en 1888!).[3]

Preocupados por ver prosperar a estas “pandillas de bandidos y esclavos fugitivos”, los holandeses, dueños de la provincia en ese momento, emprendieron desde 1644 expediciones punitivas para poner fin a Palmares. Durante sus dos intentos, en 1644 y 1645, lograron matar o encarcelar a algunos negros, pero como la mayoría de ellos había huido antes de su llegada, el quilombo siguió burlándose de los colonos. Después de la restauración de la autoridad portuguesa en 1654, siguieron otros intentos uno tras otro: docenas de expediciones militares (¡hasta 1678!) tuvieron varios éxitos, pero no pudieron destruir el reducto de los esclavos rebeldes. En 1678, el principal líder de Palmares, el “rey” Ganga-Zumba, aceptó un acuerdo de paz propuesto por las autoridades portuguesas. En esta época, el quilombo contaba – el número varía según las fuentes – de diez a veinte mil habitantes, distribuidos en diez aldeas en un territorio que tenía la extensión de Bélgica. Sin embargo, muchos otros jefes y combatientes del quilombo se negaron a presentar un acto de sumisión al rey de Portugal: Ganga-Zumba fue depuesto (parece que más tarde fue envenenado por sus “súbditos”) y reemplazado por su sobrino, Zumbi, decidido a continuar con la resistencia. Exasperadas, las autoridades coloniales portuguesas reanudaron sus expediciones, a menudo mortales, pero incapaces de poner fin al reducto de los antiguos esclavos.

Finalmente, en 1685, el gobernador portugués de Pernambuco, Souto-Maior, decidió contratar a un jefe de guerra paulista (de la provincia de São Paulo), el coronel Domingos Jorge Velho, conocido por sus atrocidades contra los indígenas, para conducir la guerra contra Zumbi y sus combatientes. Un acuerdo elaborado en 1687 entre el gobernador y el coronel estipulaba los siguientes puntos: 1) los esclavos escapados serían devueltos a sus amos; 2) los niños de 7 a 12 años pertenecerían al comandante de los paulistas como “botín de guerra”; 3) el gobernador dio poder a Domingos Jorge Velho para arrestar a cualquiera que ayudara a los negros; 4) el gobernador y el consejero general del Reino perdonarían todos los crímenes cometidos por los paulistas. Después de largas negociaciones, el acuerdo se firmó en 1691. El coronel luego empezó a reclutar sus tropas; doscientos indígenas hechos prisioneros, habiéndose rehusado a alistarse en la campaña contra los negros, fueron condenados a muerte por Jorge Velho. En fin, en el año siguiente, en 1692, se lanzó una expedición contra Macaco, el principal mocambo (pueblo) de Palmares. La resistencia de Zumbi y sus camaradas fue tan feroz que Domingos Jorge Velho y sus hombres tuvieron que batirse lastimosamente en retirada. Dos años después, un nuevo intento, esta vez con refuerzos principalmente de Recife, la capital de Pernambuco: frente a los muros de defensa de los negros, los atacantes deciden rodearlos y atacarlos con tiros. Sin armas de fuego, Zumbi y sus combatientes intentan una salida, durante la cual muchos pierden la vida, pero algunos logran escapar. No fue sino en el año siguiente que los hombres de Jorge Velho, después de haber capturado a un teniente mulato de Zumbi, descubrieron el esconderijo donde este último, con alrededor de veinte camaradas, se había refugiado. Según la leyenda, en lugar de rendirse, ellos preferían el suicidio, arrojándose desde lo alto de una roca; de hecho, se negaron a someterse y murieron luchando. Los portugueses no pudieron capturar vivo a ninguno de estos últimos integrantes de Palmares. Era el 20 de noviembre de 1695.

El gobernador de Pernambuco, Caetano de Melo Menezes, ordenó que se colgara la cabeza de Zumbi de un poste y se la exhibiera en la plaza central de Recife, “para aterrorizar a los negros que, supersticiosos, lo creían inmortal”. Fue el fin, después de alrededor de setenta años de resistencia, del Quilombo de los Palmares, aunque las crónicas todavía reportan batallas dispersas contra los viejos quilombolas (habitantes del quilombo) hasta 1704.[4]

Como suele suceder con las revueltas de los oprimidos, la historia de los acontecimientos fue escrita por los vencedores. A partir de 1730 apareció en Portugal una História da América Portuguesa [Historia de la América portuguesa] escrita por un autor nacido en la provincia de Bahía, Sebastião da Rocha Pita. Favorable a la esclavitud, el autor, aunque reconoció el heroísmo de Zumbi y sus camaradas, celebró su derrota como “un final útil y glorioso” para los colonizadores. En el siglo siguiente, el historiador alemán Heinrich Handelmann, en su História do Brasil [Historia de Brasil], de 1860, analizó los hechos desde el punto de vista de la “colonización blanca”: “Deberíamos lamentar el triste destino de Palmares, pero su destrucción fue una necesidad. Una completa africanización de Alagoas, una colonia africana en el medio de estados esclavistas europeos, era algo que no podía tolerarse en absoluto sin poner en peligro la existencia de la colonización blanca brasileña; el deber de su propia preservación la obligó a exterminarlo”. Finalmente, en 1905, después del fin de la esclavitud y la proclamación de la República en Brasil, aparece la primera obra histórica moderna, el artículo “A Tróia negra. Erros e lacunas na história de Palmares” [“La Troya Negra. Errores y lagunas en la historia de Palmares”], escrito por Raimundo Nina Rodrigues. Positivista y eugenista, partidario del racismo “científico” y convencido de la inferioridad racial de los negros, Nina Rodrigues juzga la lucha del quilombo por criterios modernos: “progreso” y “civilización”. Por lo tanto, concluye sobre la necesidad de hacer un homenaje “al gran servicio prestado por las armas portuguesas y coloniales, destruyendo de una vez por todas la mayor amenaza para la civilización del futuro pueblo brasileño, constituido por este nuevo Haití, resistente al progreso e inaccesible a la civilización, que la victoria de Palmares habría plantado en el corazón de Brasil.[5]

Con algunas excepciones, que discutiremos, este tipo de razonamiento permanecerá presente durante mucho tiempo en la historiografía oficial. Será reemplazado gradualmente por otra estrategia: el silencio... Así, en la cartilla destinada a los colegios, História do Brasil [Historia de Brasil] (1955), escrita por el conocido historiador Alfredo Taunay en colaboración con Dicamôr Moraes y publicada por la Companhia Editora Nacional, una editorial oficial, (cartilla que, como estudiante de una escuela secundaria pública en la periferia de San Pablo, tuve que memorizar), el Quilombo de los Palmares ni siquiera era mencionado...

Fue un investigador comunista afrobrasileño, Edson Carneiro, quien publicó, en 1947, en la editorial Brasiliense, editado por el famoso historiador comunista Caio Prado Junior (quien, a decir la verdad, ni siquiera había mencionado a Palmares en sus conocidas obras História económica do Brasil [Historia económica de Brasil] y A evolução política do Brasil [La evolución política de Brasil]), el primer libro que habla en nombre de los vencidos: O Quilombo dos Palmares (1630-1695) [El Quilombo de los Palmares (1630-1695)]. Esta obra constituye una verdadera revolución historiográfica por su identificación con el combate de los quilombolas, aunque dependiente, para algunos de sus análisis, de trabajos anteriores – por ejemplo, cuando define a Palmares como “una pieza de África trasplantada al Noreste de Brasil”, “un estado negro como los que existieron en África en el siglo XVII”. Como veremos, esta obra será la principal fuente fáctica del ensayo de Benjamin Péret.

Unos años más tarde, otro comunista negro brasileño, el sociólogo Clóvis Moura, escribió Rebeliões da sensala. Quilombos, insurreições, guerrilhas [Rebeliones en la Senzala. Quilombos, insurrecciones, guerrillas], publicado por la editorial Zumbi (1959). Dedicado a las innumerables revueltas de esclavos en la historia de Brasil, este libro también contiene un capítulo sobre Palmares, según el autor, el más extenso y perdurable de estos movimientos, y el que causó más problemas a las autoridades coloniales.[6] Otra importante obra marxista, Palmares: a guerra dos escravos [Palmares: la guerra de los esclavos], de Decio Freitas, aparecerá en el exilio en Uruguay en 1971 y en Porto Alegre (Brasil) en 1973.

La heroica leyenda de Zumbi se ha mantenido viva en la memoria colectiva del pueblo brasileño – especialmente entre los afrodescendientes – y en el imaginario de la izquierda brasileña, gracias en particular al trabajo de los investigadores comunistas. Durante la dictadura militar brasileña, a fines de la década de 1960, Palmares seria el nombre de una de las principales organizaciones de resistencia armada al régimen d'excepción establecido por un golpe de estado en 1964: la Vanguardia Armada Revolucionária – VAR-Palmares, fundada en 1969 por la fusión de varias corrientes marxistas. Se puede verificar aquí lo que escribió Walter Benjamin en la Tesis XVII Sobre el concepto de historia (1940): en un momento exacto del presente, a menudo un momento de peligro, la acción revolucionaria tiene el “poder de abrir” (Schlüsselmacht) un compartimento del pasado cerrado hasta entonces.[7] Dirigido por militares que eligieron la resistencia armada – entre los cuales el famoso Capitán Lamarca, asesinado por los militares de la dictadura en 1971 – y por intelectuales brillantes, como el filósofo João Quartim de Moraes, la VAR-Palmares tuvo una existencia efímera: debilitada por divisiones y severamente golpeada por la represión, desaparecerá en 1971.[8]

Después del fin de la dictadura, en 1985, aparecerán otras obras sobre Palmares, y en 1995 se celebrará, ahora oficialmente, el tercer centenario de la muerte de Zumbi.[9] Pero la actitud de una cierta élite brasileña se revela en el suplemento literario del gran diario paulista Folha de São Paulo del 12 de noviembre de 1995, dedicado a este tercer centenario, cuya portada se ilustra con una imagen de... Domingos Jorge Velho (reproducción de una pintura de Benedito Calixto, de 1922) con la leyenda: “¡Yo liquidé el quilombo de Zumbi!”. Cada uno con sus héroes...

El ensayo de Benjamin Péret, del que hablaremos ahora, es, por lo tanto, uno de los primeros, después del libro de Edson Carneiro, en pintar la historia de los vencedores “a contrapelo”. Poeta surrealista, amigo cercano de André Breton y primer redactor, con Pierre Naville, de la revista Révolution Surréaliste, Benjamin Péret (1899-1959) fue sin duda, de todos los surrealistas, el más comprometido con la acción política dentro del movimiento obrero y revolucionario, primero como comunista, luego (durante los años treinta) como trotskista en las filas de la IV Internacional, y, finalmente, en el período de el posguerra, como marxista revolucionario independiente en una pequeña organización, la Unión Internacional de Trabajadores.

Casado con Elsie Houston, una joven cantante brasileña de origen mestiza, a quien conoció en París, Péret fue a Brasil por la primera vez en 1929, donde se quedó hasta 1931. De este período data su interés en la cultura afrobrasileña, a la que dedicará una serie de artículos en la prensa de Río de Janeiro, bajo el título “Candomblé e Macumba”[10] [“Candomblé y Makumba”] (1930-31). Esta atracción corresponde no solo al compromiso anticolonial y antirracista de los surrealistas, sino también a su simpatía por la calidad poética de las culturas y artes “salvajes”, aún no contaminadas por el mercantilismo de la civilización capitalista/occidental. Lo que les interesa no es la dimensión “estética” sino, como Vincent Bounoure escribirá más tarde, “la odisea del deseo en la floresta de sustancias y el juego de imágenes”[11].

Los poetas y artistas “modernistas” brasileños, cercanos al surrealismo, estaban más interesados en las culturas indígenas brasileñas y se reclamaban “antropófagos” (“Antropofagia” es el título de su periódico). Péret tenía la intención de visitar las tribus indígenas de Amazonia, pero ante las dificultades, especialmente financieras, de tal expedición, recurrió a un objeto más accesible, las comunidades afrobrasileñas de Río de Janeiro, las cuales conoció gracias a la ayuda de su compañera, Elsie.[12] Se puede decir que Péret fue el primer surrealista en emprender (antes de Michel Leiris), aunque en una escala modesta, una investigación de campo antropológica. Y no se sentirá decepcionado: las religiones africanas de Brasil, escribe, “rebosan una poesía primitiva y salvaje que es casi, para mí, una revelación”. En estos artículos ya encontramos una referencia, de paso, al Quilombo de los Palmares, a propósito del trabajo de Nina Rodrigues, así como a las revueltas de esclavos en Bahía en 1816-1835.[13] Durante esta estadía, Péret también escribirá un libro en homenaje a la rebelión de marineros brasileños negros en 1910 contra el castigo corporal en la flota, conocido como “la Revuelta del Látigo”. Este trabajo, L’Amiral Noir [El Almirante Negro], será confiscado y destruido por la policía durante el arresto y la expulsión del poeta, considerado por las autoridades brasileñas como “un elemento perjudicial para la tranquilidad y el orden social[14].

Será durante su segunda estancia en Brasil, un cuarto de siglo después, que Péret comenzará a escribir un ensayo sobre Palmares, que aparecería en un periódico cultural en San Pablo, Anhembi (cercano de la izquierda no-stalinista), en abril y mayo de 1956, bajo el título “Que foi o Quilombo de Palmares?” [“¿Qué fue el Quilombo de los Palmares?”]. A su llegada a Brasil, concede una entrevista a la prensa brasileña, publicada en la Tribuna da Imprensa, del 18 de junio de 1955, anunciando que tenía la intención de escribir un estudio sobre “la República Negra de Palmares”. Es posible que la elección de este tema esté relacionada con su primera investigación de los años 1929-1931, sobre las religiones negras o la revuelta de los marineros.

El texto no provocará ninguna reacción, excepto entre los surrealistas brasileños, y esto solo después de la muerte de Péret: en 1967, Sergio Lima, el fundador del surrealismo en Brasil, publicó en la revista A Phala un artículo en homenaje a Péret, saludando la contribución “significativa” de su estudio sobre Palmares, con respecto a las cuestiones de “la libertad, la condición de los esclavos, la religión y el medio social”[15]. Con respecto a los historiadores, habrá que esperar treinta años hasta que, en 1985, Clóvis Moura haga homenaje, en una conferencia inédita, a la capacidad del poeta para captar “la esencia” de Palmares, su “dinámica interna” y su “dimensión profunda”[16].

La historia de las traducciones y reediciones de este texto es bastante elocuente. No se publicará en francés hasta mucho tiempo después de la muerte de su autor: por primera vez en 1983, en un folleto que contiene una versión incompleta, bajo el título Le Quilombo des Palmares [El Quilombo de los Palmares], en 300 copias numeradas (yo tengo el número 9), publicado por las Ediciones Arabie-sur-Seine, con un prefacio de Alain Joubert. Una vez perdido el original francés del libro, fue necesario retraducirlo del portugués. No fue sino en 1992 que apareció una versión completa en francés, en el volumen 6 de sus Obras Completas publicado por José Corti. El texto será reeditado en 1999 por la editorial Syllepse, en forma de un pequeño libro, bajo el hermoso título La Commune des Palmares [La Comuna de los Palmares], con una introducción del crítico literario franco-brasileño Robert Ponge, que retoma el contenido de una conferencia que había hecho en Brasil en 1995 en la ocasión del tercer centenario de la muerte de Zumbi. Finalmente, en 2002, casi medio siglo después de su publicación, los artículos de Anhembi serán reunidos en un volumen editado en Brasil por Robert Ponge y Mario Maestri y publicado por la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, O quilombo dos Palmares [El Quilombo de los Palmares], incluyendo varios documentos y textos de los dos organizadores.[17]

En cuanto a los hechos, el ensayo de Péret es prestatario en gran medida del libro de Edson Carneiro[18]. Pero su lectura del evento, especialmente en la introducción y en el tercer capítulo, titulado “Essai d'interprétation” [“Ensayo de interpretación”], es completamente original e innovadora. El autor es consciente de la dificultad de la tarea, dada la naturaleza de la documentación, escrita exclusivamente por los ganadores: “¡Imaginemos la historia de la Comuna de París basada únicamente en los consejos de guerra y en su versión de Versalles!”[19]. A sus ojos, la historia de la Comuna de Palmares (la expresión no es de Péret, pero el pasaje anterior compara implícitamente el quilombo brasileño con el insurgente París de l871) es la de una “hostilidad mutua” entre los colonos blancos y sus antiguos esclavos, que “hizo la vida en común difícil, si no imposible, de modo que, desde su origen, Palmares fuera amenazado”. Según el historiador brasileño Mario Maestri, Péret fue el primero en percibir la oposición irreconciliable entre los trabajadores en condiciones de servidumbre y los esclavistas como la contradicción esencial de la sociedad brasileña hasta la abolición de la esclavitud en 1888.[20]

Péret está interesado no solo en las condiciones materiales de vida de los quilombolas, sino también en su cultura y sus prácticas religiosas. Se inspirará de su trabajo anterior sobre el candomblé y la makumba, para polemizar contra Edson Carneiro, quien confió percibir el catolicismo entre los habitantes de Macaco, el principal mocambo de Palmares: “concluir sobre su catolicismo es olvidar que incluso hoy en día la makumba y el candomblé comienzan en la iglesia, que la misa constituye el prefacio obligatorio de la gran mayoría de las ceremonias religiosas negras”. También cita, como prueba de una religiosidad ajena al catolicismo, las danzas de los habitantes de Palmares de las que hablan los archivos: “Todo el mundo sabe que bailar en África [...] no es un entretenimiento frívolo, sino una auténtica ceremonia sagrada que forma parte de los ritos mágicos.[21] Aquí encontramos un tema esencial del surrealismo, la oposición entre la magia, la fuerza poética y subversiva, y las religiones establecidas, instrumentos de sumisión humana.

 Su simpatía por los esclavos rebeldes no le impidió, sin embargo, reconocer los límites de esta experiencia: “Los Negros de Palmares no podían saber que la pequeñez de sus fuerzas condenaba su lucha desde su inicio. No sabían que su aspiración fundamental solo podría realizarse si se extendiera a todos los Negros”. En otras palabras: no puede haber libertad en un solo quilombo... Péret vuelve a esta crítica – evidentemente inspirada en la teoría de la revolución permanente de León Trotsky y su polémica contra el “socialismo en un solo país” – repetidamente en su ensayo:

 

Los Negros fugitivos que se unieron a Palmares aspiraban solamente a esta libertad elemental sin la cual la existencia humana ya no tiene ningún sentido. No entendieron ni podían entender que solo lograrían alcanzarla si la superaran. Habrían tenido que exigirlo no solo para la sociedad que habían construido, sino también para todos aquellos que, en Brasil, sufrieron el destino al que habían querido huir al fundar su comunidad [...].

 

Para que el ejemplo del quilombo se expandiera, “habría sido necesario... que los Negros de Palmares se presentaran como los libertadores de todos los esclavos. No lo hicieron, y no lo podían hacer, porque su nivel general de conciencia no les permitía”. En la versión del materialismo histórico que utiliza Péret, la dimensión subjetiva, y la conciencia de clase en particular, tienen un papel tan importante, si no más, que las “circunstancias objetivas”.

 Otra limitación de la experiencia de Palmares fue la introducción, en el último período del quilombo, de las relaciones internas de esclavitud: esto solo podría debilitar al reducto, “porque así la distinción fundamental entre la sociedad de negros y la de blancos desaparecía. El llamado, que anteriormente venía de Palmares, perdió así toda efectividad. Los esclavos de las fazendas [haciendas] no tenían más ninguna razón para seguir a los Negros escapados: un señor valía por el otro”. Péret los reproba por haber recurrido a “los métodos del enemigo”: “el fin no justifica los medios, uno y otros son interdependientes, porque son solo los anillos infinitamente multiplicados de una cadena perpetua” – una lección revolucionaria que va más allá, bien entendido, del caso de Palmares.[22]

El poeta/revolucionario no puede evitar soñar con lo que habría sucedido si los antiguos esclavos hubieran izado la bandera de la liberación general de los Negros esclavizados. Es cierto que la desproporción de armas entre Palmares y la artillería de los colonos fue demasiado grande para que el primero pudiera vencer. “Sin embargo, la demanda de la abolición de la esclavitud, apoyada por las armas, habría tenido un impacto tan grande que la emancipación de los esclavos se habría anticipado considerablemente”. Con todos sus límites, la República Negra no representa menos “un episodio en la lucha de los hombres por su libertad”, la cual Péret compara con el falansterio de Fourier, “que, además, ella parece presagiar en sus mejores momentos”. Péret también está convencido de que el ejemplo de Palmares constituye semillas de libertad entre los esclavos de Brasil, contribuyendo así al fin de la esclavitud: “Sin la existencia de sociedades de rebeldes, ¿podrían haber tenido lugar las insurrecciones de los Negros de Bahía (1817-1835)? […] No hay duda de que estas insurrecciones aceleraron la abolición de la esclavitud y llamaron la atención de los hombres imbuidos del espíritu del siglo XVIII sobre la condición de los Negros en Brasil”.

Por su formación intelectual y sus compromisos políticos, Benjamin Péret fue indudablemente marxista, pero por ciertos aspectos de su pensamiento, por ejemplo su antiautoritarismo, su anticlericalismo feroz e irreconciliable, su antimilitarismo, estuvo também cercano de las corrientes anarquistas: no es casualidad que, durante su estancia en España durante la guerra civil, ha elegido luchar contra el fascismo en las filas de la Columna Libertaria dirigida por Buenaventura Durruti.[23]

Esta sensibilidad marxista/libertaria le da a su ensayo sobre Palmares una sorprendente originalidad. Es esta sensibilidad que le hace privilegiar, en el análisis de la comunidad de negros rebeldes, los aspectos “anárquicos” y antiautoritarios: el primer período del quilombo se caracterizó, insiste, por “la ausencia de coerción” y por “la libertad total”, así como por “la generosidad fraterna” inspirada en la conciencia del peligro común. Los esclavos fugitivos vivían en un estado natural, definido por “la ausencia de toda autoridad” y por la solidaridad elemental. La forma de existencia de Palmares estaba en un “estado de incompatibilidad con cualquier forma de gobierno que implicara una autoridad regular”, en la medida en que la distribución igualitaria de los recursos y la comunización de al menos parte de los bienes no favorecia una diferenciación social más expresiva. Inspirado en una antigua fórmula utópica de Saint-Simon (adoptada por Marx), Péret afirma que el régimen interno de Palmares estava más centrado en la administración de bienes que en el gobierno de las personas. En este primer período, es la auto-organización de los oprimidos lo que parece prevalecer.

Ciertamente, admite, con la multiplicación de los ataques de las potencias coloniales y, sobre todo, con la introducción de la esclavitud, se estableció una especie de gobierno. Sin embargo, el destino de Ganga-Zumba, el “rey” (las comillas son de Péret) depuesto y ejecutado por sus súbditos por haber llegado a un acuerdo con los blancos, muestra claramente que “los ‘súbditos’ en cuestión no tenían en cuenta para nada a la autoridad ‘real’”. En cuanto a quien lo reemplazará, el jefe de guerra Zumbi, su poder no es más que un “gobierno de ‘seguridad pública’ anticipado, porque en realidad se trata de vencer o morir”. La elección de la comunidad de rebeldes por continuar la lucha contra los colonos requería “una organización militar, un comando, una estrategia unificada y una táctica aceptada por todos, además de un servicio permanente de guardia e información”. Podemos leer en estos comentarios ecos (algo anacrónicos) no solo de la Revolución Francesa – el autor cita, con relación a Ganga-Zumba, la famosa palabra de Saint-Just: “nadie reina inocentemente” –, sino  también, tal vez, de la experiencia de Péret en la España revolucionaria de 1936-1937, confrontada con la ofensiva fascista.

 En cuanto a la dimensión verdaderamente surrealista de este ensayo, esta ilumina las primeras páginas del documento con una visión excepcional y visionaria. El punto de partida de Péret es una reflexión sobre la naturaleza de la subjetividad humana:

 

El hombre es ante todo un ser deseante, pero cuyas aspiraciones se han visto obstaculizadas por tanto tiempo que solo mantiene una conciencia intermitente. Ahora bien, nada de vivo y duradero, nada que pueda ampliar el campo magnético del espíritu y del corazón se podrá estabelecer afuera de la extensión creciente de los destellos de conciencia y su intensidad.

 

La inspiración surrealista de este pasaje puede reconocerse no solo por la imagen de los campos magnéticos, el título de la primera obra de literatura automática, publicada por André Breton y Philippe Soupault en 1920, y la de los “relámpagos” de conciencia, sino también y, sobre todo, por la definición de los humanos como seres deseantes, lo que incluye tanto las pasiones eróticas como las aspiraciones sociales y políticas.

Entre estas últimas, hay una que ocupa un lugar decisivo: la libertad. Según el poeta – esta es la frase que abre el ensayo – “de todos los sentimientos que se agitan en el corazón del hombre, el deseo de libertad es sin duda uno de los más imperativos, y su satisfacción es una de las condiciones esenciales de la existencia”. La libertad es, de hecho, “para el espíritu como para el corazón, el oxígeno sin el cual él no puede sobrevivir. Si el ser físico no puede vivir sin aire, el ser sensible solo puede marchitarse y degenerar sin libertad”. Es por eso que el deseo de libertad no debe aceptar ninguna concesión, ningún límite, ningún compromiso: “La única culpa del hombre es su pusilanimidad. Su sed de libertad nunca será excesiva”. Todo Benjamin Péret, espíritu orgulloso y hombre obstinado, está en esta fórmula aguda...

Estamos aquí lo más cerca posible del corazón libertario del surrealismo: desde el Primer Manifiesto del Surrealismo, ya no escribía Breton en la bandera del movimiento estas palabras incandescentes: ¿”La palabra libertad es todo lo que todavía me emociona”? Con estas pocas páginas de la Introducción, Benjamin Péret colocó a la Comuna de Palmares en la larga trayectoria de la lucha de la humanidad por su emancipación. O, si queremos, en la larga historia de la opresión, que no conoce un “progreso” lineal:

 

¿Quién podría haber imaginado que la división tradicional del trabajo dentro de la familia, más allá de su círculo inicial, generaría un día la esclavitud y luego la despiadada sociedad capitalista, aún más atroz en muchos aspectos que el sistema de exploración precedente?

Por su insistencia en la cuestión de la dominación y su rechazo de la ideología del progreso, el poeta surrealista está aquí bastante cerca de las ideas de Walter Benjamin, este gran admirador del surrealismo, que en 1940 preferiría el suicidio al encierro en los campos de concentración del Tercer Reich.

Cuando el ser humano se ve privado de libertad, “no tiene descanso hasta que la haya recuperado; y esto de tal manera que la historia podría limitarse al estudio de los ataques contra esta libertad y a los esfuerzos de los oprimidos para sacudirse el yugo que se les impuso”. Péret reinterpreta así la tesis marxista “clásica” – la lucha de clases como la lucha de los explotados contra los explotadores – desde una nueva perspectiva: la historia de la humanidad es la lucha permanente de los oprimidos por su liberación. Es toda una antropología de la libertad que se esboza.[24]

Gracias a esta dimensión surrealista y libertaria, el ensayo de Péret no es solo una interpretación innovadora de un movimiento rebelde de esclavos en el Brasil colonial, sino una de las celebraciones más impresionantes del espíritu irreductible de la libertad humana escritas en la segunda mitad del siglo XX.

Traducido por Maria Teresa Mhereb

Quien gentilmente envió el  texto para ser publicado por Herramienta

 

[1] Este artículo fue publicado originalmente en Francia en el periódico Tumultes, 2006/2, n ° 27, p. 53-68. (Nota de la Traductora)

[2] El breve resumen de eventos que se sigue se basa principalmente en las informaciones proporcionadas por el libro pionero de Edson Carneiro, O quilombo dos Palmares (San Pablo: Brasiliense: 1947), resumido por Benjamin Péret en uno de los capítulos de su ensayo. Ver también, sobre la historia de Palmares: Ivan Alveds Filho, Memorial dos Palmares (Río de Janeiro: Xemon, 1988); Mário Martins de Freitas (1899-1959), Reino negro de Palmares, (Río de Janeiro: Biblioteca do Exército, 1988); Décio Freitas, Palmares:a guerra dos escravos (Porto Alegre: Mercado Aberto, 1984).

[3] Para una historia de estos diferentes movimientos, incluido Palmares, ver el trabajo del sociólogo y militante afrobrasileño Clovis Moura, Rebeliões da Senzala. Quilombos, insurreições, guerrilhas (San Pablo: Zumbi, 1959).

[4] Cf. Clovis Moura, Rebeliões na Senzala, p. 128.

[5] La mayor parte de las informaciones y referencias contenidas en este párrafo y en el siguiente fueron tomadas del excelente artículo de Mario Maestri, “Benjamin Peret: um olhar heterodoxo sobre Palmares”, publicado (en portugués ) en Marges, n° 18, Presses Universitaires de Perpignan, 1997, pp. 159-188.

[6] La palabra senzala designa en Brasil las chozas donde los esclavos vivían en las haciendas, en frente de la casa grande, la casa del señor. El trabajo pionero de Clóvis Moura fue uno de los primeros en definir a la sociedad brasileña antes de la Abolición (1888) como esencialmente esclavagista, y no “semi-feudal” como afirmaba la vulgata del Partido Comunista Brasileño.

[7] Cf. Michael Löwy, Walter Benjamin: avertissement d'incendie. Une lecture des thèses Sur le concept d’histoire” (Paris: Presses Universitaires de France, 2001, pp. 114-116).

[8] Entre sus acciones más espectaculares estuvo el secuestro, en 1969, de la caja fuerte secreta – con 2.5 millones de dólares – de Adhemar de Barros, un político corrupto que fue uno de los inspiradores del golpe militar de 1964: una acción de “expropiación” que recuerda, mutatis mutandis, la de los habitantes de Palmares contra los dueños de esclavos...

[9] Este centenario fue la ocasión para la publicación de dos antologías importantes sobre Palmares y los quilombos: Os quilombos na dinâmica social do Brasil, editado por Clovis Moura (Maceió: EdiUFAl, 2001) y Liberdade por um fio: historia dos quilombos no Brasil, editado por J. J. Reis y F. dos S. Gomes (São Paulo: Cia das Letras, 1996).

[10] El candomblé es una religión asociada con los cultos practicados en África en el periodo del tráfico negrero. Nascido en Brasil, el candomblé sincretizó, con el paso del tiempo, elementos de la religión católica. La macumba (según da grafía brasileña) es el nombre que se da a trabajos religiosos.  (NT)

[11] Vincent Bounoure, “Le surréalisme et le coeur sauvage”, L'Archibras, n° 2, octubre de 1967, republicado en V. Bounoure, Moments du surréalisme (París: L’Harmattan, 1999, p. 116).

[12] Cf. Robert Ponge, “Par delà la superbe des grands arbres abattus par la tempête… Benjamin Péret et la Commune noire de Palmares”, prefacio a B. Peret, La Commune des Palmares (París: Syllepse, 1999, p. 11).

[13] Benjamin Péret, “Candomblé et Makumba”. In : Œuvres Complètes (París: José Corti, 1992, tomo 6, pp. 73, 100 y 106).

[14] Cf. Guy Prévan, Péret Benjamin, révolutionnaire permanent (París: Syllepse, 1999, p. 29). La orden de expulsión fue firmada por el presidente Getulio Vargas... Durante su estancia, Péret mantuvo vínculos con el movimiento trotskista brasileño, que tenía como uno de sus principales líderes Mario Pedrosa, casado con la hermana de Elsie Houston.

[15] Sergio Lima, “Je ne mange pas de ce pain-là. Benjamin Péret”, A Phala, n ° 1, agosto de 1967, pág. 124.

[16] Cf. Robert ponge, op. Cit., pp. 13, 15.

[17] Una edición ya había sido publicada en 1988 en Portugal, con un prefacio de Ruy Coelho.

[18] Carneiro es citado por Péret, pero su deuda con el historiador brasileño no se reconoce explícitamente en el artículo; a la protesta de Carneiro ante la revista, Péret responderá en septiembre de 1956 mediante una carta, publicada en Anhembi, donde explica que una nota había saltado durante la impresión de su artículo, en la que reconoció que su historia de hecho era un resumen del libro, “hasta ahora el más completo”, de Carneiro sobre Palmares.

[19] Todas las citas de Péret fueron tomadas del libro La Commune des Palmares, ya mencionado.

[20] M. Maestri, “Benjamin Péret, um olhar heterodoxo sobre Palmares”, p. 186. Ver también los interesantes comentarios de este historiador brasileño sobre las diferencias metodológicas entre el marxismo de Edson Carneiro, miembro del Partido Comunista Brasileño, y el de Péret, op. cit., pp. 168-172. La tesis de Péret será retomada por Clovis Moura en su libro de 1959 y, mucho más tarde, por el historiador marxista Jacob Gorender en su importante trabajo L'Esclavage colonial (1978).

[21] Tuve la oportunidad de conocer a Benjamin Péret durante una visita a París en 1958. Nuestras discusiones se centraron en el surrealismo, en la Revolución Española, en las perspectivas del socialismo en Brasil y sobre el papel nocivo de la Iglesia católica. La atracción del poeta por la espiritualidad afrobrasileña también se basó, sin duda, en esta hostilidad irreducible hacia el catolicismo.

[22] Los documentos de la época señalan la “esclavitud” en el quilombo, pero lo más probable es que fueran relaciones de dependencia servil, de naturaleza militar (Carta de Mario Maestri al autor, 19 de abril de 2006).

[23] Esto no significa que él se adhiriera a las doctrinas anarquistas: en una carta del 15 de agosto de 1956 a Georges Fontenis, fundador de la Federación Comunista Libertaria, Péret esboza una crítica bastante intransigente del anarquismo en general y de sus prácticas “ministeriales”, particularmente en España. Documento citado por Guy Prévan, Benjamin Péret, revolucionario permanente (París: Syllepse, 1999, pp. 83-84).

[24] Uso aquí la palabra antropología en el sentido dado por Ludwig Feuerbach – una investigación filosófica sobre la naturaleza humana, sobre la esencia del humano (Wesen des Menchens) – más que en el de una disciplina de las ciencias sociales.