Del monólogo europeo al diálogo inter-filosófico. Ensayos sobre Enrique Dussel y la Filosofía de la Liberación (Gandarilla, José G y Mabel Moraña coords. 2018. UNAM, CEIICH)


Por Silvana Rabinovich

El libro Del monólogo europeo al diálogo inter-filosófico. Ensayos sobre Enrique Dussel y la Filosofía de la Liberación,[2] cuyos coordinadores son José Gandarilla y Mabel Moraña, no es una mera compilación de conferencias con motivo del cumpleaños 80 del filósofo Enrique Dussel, sino de algo mucho más difícil de lograr. A pesar de que la mayor parte de los textos son fruto de aquel encuentro que tuvo lugar en 2014, y recibió trabajos de otros pensadores que no pudieron asistir, los textos tienen la característica de estar de manera honesta relacionados entre sí y ser acogidos por la respuesta atenta, respetuosa y responsable de quien despertó cada una de estas reflexiones. Diría que es un libro eminentemente dialógico (en el sentido buberiano del término y bajtiniano también). A diferencia de tantas colecciones de monólogos que se nos suelen ofrecer como ramos variopintos en las publicaciones universitarias, aquí se encuentran voces que se interpelan y responden (tanto en el sentido coloquial como ético del término) en torno a una preocupación filosófica común. Eso se debe a la pro-vocadora interpelación de la obra filosófica de Enrique Dussel. Uso literalmente el término “pro-vocar”: por el largo aliento que orienta su voz hacia el porvenir.

Efectivamente, desde que Dussel empezó a filosofar, su voz (sin necesidad de altisonancias) fue asestada en diversos medios (filosóficos y políticos) como una provocación que despertó más de una vez reacciones violentas. Nadie es profeta en su tierra, reza el adagio. La filosofía de Dussel es prof-ética (no porque sirva para predecir, sino porque en su tenor ético presta su voz al otro en aras de la justicia). Desterrado, muchas décadas después, este Jeremías filosófico por fin ha podido volver a su tierra. Dussel volvió a la Argentina, para recibir varios doctorados honoris causa, entre los cuales el más importante provino de la Universidad Nacional de Cuyo, 43 años después de haber sido cesado en su cargo por causa de su pensamiento político. (Enfatizo la importancia no en términos del ranking de instituciones sino en lo que importa más, por tratarse de un acto de justicia reparadora).

Este libro (polifónico y dialógico) está divido en cuatro secciones (que mencionaré sucintamente deteniéndome sólo en algunos textos). En la primera parte, Adriana Arpini, Juan Carlos Scanonne, Pablo Guadarrama González, Linda Martin Alcoff y Oscar Guardiola-Rivera abordan desde distintas perspectivas y a través de diversos interlocutores, la “filosofía primera” que Dussel hereda de Levinas, a saber, la ética. Los dos primeros trabajos, escritos por testigos directos, presentan claves que permiten comprender la génesis de la Filosofía de la Liberación. El de Linda M. Alcoff, con inteligencia y simpatía, presenta al filósofo como “el Hegel de Coyoacán”.

La segunda parte se centra en una lectura clave, otro umbral en la Filosofía de la Liberación dusseliana: si el primero fue Levinas, el segundo lo marcó su lectura libre de imposiciones (ética) de Marx. En esta sección participan del diálogo Franz Hinkelammert con su palabra dirigida a K. O. Apel, Ricardo J. Gómez, Antonino Infranca (que establece el interesante diálogo Dussel-Lukács) y Eduardo Mendieta, quien ofrece una pregunta de máxima actualidad sobre una ética para el Antropoceno (que, al encontrarse en la sección de Marx nos invita a pensar hoy en el capitaloceno)[3].Subrayo su actualidad porque en estos días[4] “el diablo” parece querer extender los límites del territorio del infierno, incendiando la Amazonía para conquistarla definitivamente...

La tercera sección del libro, “Modernidad y descolonización”, está dedicada a la crítica a la Modernidad, a las potencialidades descolonizadoras de la Filosofía de la Liberación y al concepto dusseliano de transmodernidad. Allí Mabel Moraña expresa algunas advertencias interesantes a las intenciones liberadoras de la filosofía latinoamericana de la alteridad (que a mi criterio se deben a una determinada lectura de Levinas de la cual difiero), José G. Gandarilla presenta un recorrido minucioso de esta senda filosófica, Agustín Laó-Montes la aborda desde la africanía y Nelson Maldonado-Torres reflexiona de manera sugerente sobre la actitud decolonial.

La cuarta y última parte se centra en temas clave: política, Estado y sujeto. Ética y política se entreveran de maneras diversas a lo largo de estas páginas. Yamandú Acosta afila el diálogo entre Dussel y Hinkelammert en torno a la cuestión del sujeto. Antonio Carlos Wolkmer y Lucas Machado Fagundes abordan los fundamentos éticos de la filosofía de Dussel.

Por último, a las interpelaciones de Bruno Bosteels y Catherine Walsh, Enrique Dussel les responde juntos en su excelente epílogo. Esta parte me parece que es la más prometedora del diálogo. (Posiblemente porque siento resonar las discusiones de Levinas y Buber, que marcaré en lo que sigue entre corchetes).

Bosteels reclama a Dussel su recurso kantiano a la “idea regulativa” en cuanto a la disolución del Estado. La idea kantiana de finitud, según el belga, lleva a la filosofía dusseliana a una “interiorización de la derrota” que inmoviliza. Bosteels considera que Dussel debería abandonar “la idea-clave, supuestamente kantiana pero en realidad profundamente religiosa, del nec plus ultra de nuestra finitud” (403). Bosteels encuentra a Dussel “más kantiano que marxista” y “más aristotélico que platónico” (398). En su respuesta al pensador belga, el filósofo de la liberación lo asume en esta aguda y condensada imagen hermenéutica: (437) “Kant leído desde un Hegel invertido por Marx”. Y en esta misma respuesta, Dussel le escribe, a propósito del momento “mesiánico materialista de Walter Benjamin” (435), ese tiempo de peligro o kairós: “¡Pero la política recién comienza, hay mucho más!” [Nuevamente: es inevitable recordar a Buber respondiendo a Levinas que el verdadero problema ético sólo se volverá visible cuando todos estén vestidos y bien alimentados.[5]He aquí la diferencia abismal entre la ética levinasiana -que cree poder abstenerse de la política abonando a lo peor del sionismo- y la ética dialógica buberiana, que gracias a su amigo Gustav Landauer, entiende a la política como “el arte de lo imposible”. Buber buscaba lo factible sin renunciar a lo imposible… Porque, como señaló el músico Daniel Baremboim a propósito de Palestina, “lo imposible es más fácil que lo difícil”].

Sin embargo Bosteels -que valora en Dussel el recurso a lo imposible-, según creo intuir en su trabajo, es demasiado fiel a la laïcité… y por eso rechaza la promesa. [Si Borges define al germanófilo argentino desde su anglofobia; creo, con Dussel, que el amor al laicismo (manifestado, también, por Bruno Bosteels) se entiende más como sacrofobia… Finalmente, la laicidad es el “derecho” que se nos concede como la prohibición de manifestar en el espacio público los signos religiosos]. Esta discusión es muy rica y fertiliza en Dussel el terreno teológico-político en tanto potencialidad de resistencia.

Por su parte, el texto de Catherine Walshhace explícito el elemento dialógico en una carta, manifestando las limitaciones del gobierno de Correa en Ecuador. Dussel responde con esperanza (pensando en las derrotas del progresismo en nuestro continente durante 2017) que “el sufrimiento de los oprimidos impide su final (…) y nuevamente brota la vida” (438), así invoca la esperanza blochiana (439). Acercando el texto de Mendieta sobre el Antropoceno a esta última sección, junto a la carta de Walsh, se podría entrever que en el diálogo con Dussel asoma una veta cosmopolítica esperanzadora. Cosmopolítica entendida como una escucha heterónoma en la cual se fecundan las diferencias. No hay diálogo cuando en política escuchamos -tan frecuentemente de parte de los dominadores- que del otro lado “no hay con quien hablar”. Pero sí lo hay, y es necesario aprender a escuchar su voz con la humildad de quien sabe que no entiende al otro. En esto, la filosofía dusseliana es una prof-ética, porque se obstina en recordarle a la política su responsabilidad ética. El diálogo entre Dussel y Walsh refuerza la interpelación y la atención. (Benjamin recuerda en una carta que Malebranche consideraba a la atención como la “plegaria natural del alma”). Promesa cosmopolítica: esa atención del que escucha y sabe, humildemente, que en buena medida no entenderá al otro, fertiliza las diferencias.

Para muestra, un botón: el decir dusseliano, al final de su respuesta (que asume la responsabilidad de la interpelación de la otra), se muestra como hospitalidad en acto. El homenajeado cierra este libro, agradecido, volviendo escritura su atención, es decir, citando (con una fecunda errata) las palabras finales de la carta de Catherine Walsh.

 


[1] Silvana Rabinovich (UNAM-IIFL) es  Investigadora titular del instituto de Investigaciones Filológicas – UNAM.

[2]El libro puede ser leído en: https://enriquedussel.com/txt/Textos_Libros_Sobre_ED/2018.Monologo_europeo-Gandarilla_y_Morana.PDF

[3]Término de Jason W. Moore (Anthropocene or Capitalocene? Nature, History and the Crisis of Capitalism, 2016), que atribuye el cambio a la minoría rapaz que controla los medios de producción en nuestro planeta.

[4]A partir de la primera semana de agosto de 2019.

[5]Buber a Levinas “La respuesta de Buber”, en Friedman, M. et al. Levinas y Buber: diálogo y diferencias,Lilmod, 2006