Homenaje a Marcelo Claros a 15 años de su muerte (2005-2020)

DECIR ADIOS A MARCELO

«La poesía y el malhumor,
lo público y lo íntimo,
la riqueza y la pobreza,
nada de lo humano nos es ajeno.
Los diletantes,
una aventura para los
cartoneros del espíritu»

Cuando los humanos se vuelven dioses, hacen música

Tal vez esta cortina del programa radial que condujo Marcelo Claros hasta poco antes de su muerte lo resuma. Un hombre al que nada de lo humano le fue ajeno.

Siendo brillante estudiante de la facultad de Filosofía y Letras, dejó su carrera para dedicarse a pleno a la militancia revolucionaria. Ingresó a la corriente trotskista liderada por Nahuel Moreno en 1973 (Partido Socialista de los Trabajadores, luego MAS), cautivado por la idea de una sociedad nueva sin explotación pero también con libertad para que hombres y mujeres disfruten de la vida.

Trabajador bancario durante más de 30 años era conocido porque sus intervenciones en las asambleas eran una rara filigrana de reclamos sindicales, citas de Borges y frases en latín.

Desde su fundación hace casi diez años, fue un activo integrante del consejo de redacción de la Revista Herramienta. Convencido de la importancia de la elaboración teórica para el desarrollo del marxismo, aportaba desde sus numerosas lecturas y su agudo sentido crítico, antidogmático, y ferviente defensor de una búsqueda de progreso para el destino de la humanidad.

Sensible hasta el dolor por el sufrimiento de su prójimo fue generoso en silencio y sin vanaglorias dejando a cada uno de quienes lo conocimos algo que nos hiciera sentir mejores personas. Seductor increíble se ganó el cariño del diariero del barrio y del epistemólogo que lo tuvo por modesto escucha de sus conferencias.

Dueño de una memoria prodigiosa y de una cultura inagotable era capaz de conversar de todo con todos. «El imbatible» podía competir con especialistas de ópera o de fútbol. Amante de la conversación y de la guitarra, disfrutaba de la tertulia hasta el cansancio y divertía con su humor mezclado con gruñidos e ironías.

Marcelo era uno en lo público y lo íntimo. Familiero y querendón, dejó a sus hijos y a su compañera amor infinito.

Poco antes de morir, justo frente al Policlínico bancario, en Plaza Irlanda, que consumía muchas de sus horas, había descubierto un busto de un patriota irlandés con la frase de un poeta que sintió lo representaba. Esa frase decía. «Algunos iban a la lucha no pensando en la gloria, sino en que iban a morir para hacer más grande el nombre de Irlanda». Marcelo quebró su voz en el recuerdo de sus amigos, Eduardo Martedí y Eduardo Gómez (Gardel), fallecidos hace poco tiempo antes, pensando en que ellos fueron parte de esos algunos de la generación del 70, que cuando fueron a la lucha desde su juventud, la clandestinidad de la dictadura, la militancia cotidiana y gris, siendo individualmente brillantes, no pensaron en la gloria personal sino en hacer posible un sueño: «que terminara el sufrimiento de los pobres del mundo y se pusieran de pie los esclavos sin pan».

En el mes de enero de 2005, Marcelo tuvo una recaída importante y estuvo internado varios días. Entonces le escribí esta poesía:  semblanza de su vida.

OJOS MOROS

Sombríos tus ojos moros
hondas tus ojeras duelen

¿Qué mira tu mirada ausente?
¡Qué lejana tu alma vaga!

Moro de ojos sombríos
de luces y ocasos.
El ciego mece tus recuerdos
de un tiempo que no acaba…

Sombrío moro con ojos
Los finos hilos de oro
También traspasan tus cristales
Y bañan tu cuerpo rojo

Repasas tus otros tiempos
De risas y penas
De imposibles y razones
De crónicas y cuentos

¡Qué fina la tela de tus sueños!
Vertiginosos resuenan
entre las piedras
Ecos familiares y ajenos
Penumbra y resolana
entre la hiedra
Cemento, humo y sordera.

¿Conversas con el hombre
que siempre va contigo?
¿Aquel al que tus cuerdas
emulan devotos
cascadas de acordes de la hispania
que tus ojos nunca vieron?

Y vuelven sonrientes tus valientes
Compañeros de osados nortes
Sarcásticas tertulias de elegidos,
Las ironías, el libro y la poesía.

Amado de hombres y mujeres,
Pequeños, grandes y ruines
Esbeltos, generosos e ignotos
Añoran tu verso y tu memoria

Humores odiosos y filosos Mascullan la bronca
de tiempos perdidos
Pero esgrimes al poeta
con gallardía
Que tus lunas no fueron solo
Vocativos del verso

Ni tus batallas apenas
Resuellos de anaqueles.
Que tus cayos se labraron
en empedrados
de los mismos barrios
de sus orilleros y cuchillos

Tus tigres tuvieron sangre
Que corrió por la sien
con valentía
Aunque fuiste quijote
de este plata
Sufriste miedos sin mitologías

Descansa tu cuerpo joven
Cansado de jeringas y de opáceas
Descansa tu mente eterna
Y nos privas de tus ojos moros.

La fina tela de tus sueños
Atada al carro de lo humano
No osó si quiera
Soñar con glorias propias

Despierta,
aún no has escrito el poema
que tantas noches y mañanas
tu cerebro ronda
Hermético lo encierras
Como el filósofo aquel
Guardó el sol
de los mortales.

Laura Marrone

Buenos Aires, enero de 2005

Los ojos de Marcelo seguirán mirando pues fueron donados al INCUCAI