Resistencia o integración


Por Aldo Casas

El 20 de noviembre de 2019, en la ciudad de Buenos Aires, se realizó un encuentro de varias organizaciones políticas / sociales y editoriales independientes, bajo el título     “Desafíos coyunturales y estratégicos de los movimientos populares” y con motivo de la presentación del libro que lleva el mismo nombre. Abrieron el debate, Aldo Casas, Fernando Stratta,  Jorgelina Matusevisius  y Daniel Campione. Reproducimos la intervención de Aldo Casas.

Buenas tardes. Gracias a todas y todos los que acá están para intercambiar ideas y experiencias y a los organizadores de la actividad por darme la palabra. Sobre todo porque, a diferencia de les otres a quienes acompaño en este panel, yo no escribí ninguno de los artículos publicados en el libro que nos convoca. Sólo puedo alegar que contribuí a su publicación en cuanto miembro del colectivo y editorial Herramienta.

En su momento “no me animé” a colaborar en la escritura del libro, porque no tenía muy claro ni qué decir, ni desde que lugar hacerlo. Sin embargo, después de leer el libro ya editado, me animo y tengo ganas de compartir algunas opiniones. Serán cuatro párrafos: algo sobre el contexto mundial, una reflexión sobre el momento regional, y dos comentarios específicamente referidos al libro.

1) El capitalismo, a nivel mundial, está inmerso en una crisis sistémica que tiende a agravarse. Las incesantes innovaciones productivas y tecnológicas que se vienen introduciendo (explotación de nuevos “recursos naturales”, robótica, automatización, informatización) no logran impulsar un nuevo ciclo de expansión. Lo que sí aumenta es la precarización del trabajo, el desempleo estructural, la financiarización. Y una potencial guerra comercial hace más creíbles las predicciones de los economistas de que estaríamos en los umbrales de una grave recesión a escala internacional.

El desarrollo y las disputas geopoliticas a nivel técnico-económico y de la informática posibilita su utilización con fines de control social y proporcionando al capital y a los Estados una capacidad sin precedente de control y manipulación. Políticamente, asistimos a lo que el sociólogo Ricardo Antunes (tomando una fórmula utilizada por Florestan Fernandes para Brasil) ha denominado “contrarrevolución preventiva y generalizada”, que la disputa entre la declinante hegemonía de los Estados Unidos y las pretensiones de Rusia y China torna más compleja. Una fractura que eventualmente podrá ser aprovechada para resistir las pretensiones de los yanquis sobre lo que consideran su “patio trasero”, lo que no justifica creer que Putin o el súper-capitalista Estado chino puedan ser considerados aliados de nuestros pueblos. En fin, la amenaza de barbarie se agiganta a consecuencia del cambio climático y del agotamiento de los recursos naturales vitales. En este marco la lucha contra el capitalismo adquiera la importancia de una lucha por la supervivencia misma de la civilización y la especie humana, emancipada del molde productivo colonizador y destructivo (de pueblos y naturaleza) que el capitalismo impuso urbi et orbi.

2) América Latina ha ingresado en un momento de abruptos cambios, al calor de grandes confrontaciones entre desposeídos y las pretensiones del gran capital. Esa disputa se expresa en revueltas populares y reacciones de los opresores. En un polo afloran esperanzas colectivas y en el otro las elites recurren a los más bárbaros recursos contrarrevolucionarios. Las batallas se dirimen en las calles y en las urnas. Los poderosos recurren a la represión policial y militar, manipulan la información, y alientan el resentimiento de la clase media empobrecida ofreciendo, agitando los fantasmas del vandalismo y el extremismo para lanzarlas con métodos neofascistas contra diversos “chivos expiatorios” y la izquierda. En toda la región y en un proceso vertiginoso, victorias significativas coexisten con derrotas y preocupantes retrocesos. En lo que va del siglo XXI, Nuestra América es la región del mundo que no ha dejado de luchar, oponiendo resistencias y momentáneas barreras al avance del neo liberalismo, desarrollando multi-variadas fuerzas contestatarias que, sin embargo, no han logrado confluir para erigirse en plural sujeto antagónico al capital, un sujeto con fuerza social, organización colectiva y proyecto alternativo estratégicamente orientados para ir más allá del capital.

La plena solidaridad con la admirable resistencia de la Venezuela bolivariana, no debe ocultar que el “golpe de timón” que reclamara Chavez no se dió, y hoy todo el esfuerzo del gobierno parece agotarse en sobrevivir a como dé lugar. En Bolivia, el golpe de estado que no ha terminado de consolidarse implica una regresión brutal, que debemos denunciar y combatir, dejando de lado la ilusoria meta del “capitalismo andino-amazónico” que frustró las iniciales expectativas del proceso de cambio, la Constituyente, el Estado Plurinacional y los proclamados (pero no aplicados) principios del Buen Vivir. En nuestro país, Macri fue derrotado electoralmente, pero la fuerza política que triunfó es la misma que so pretexto de salvar la “gobernabilidad” le permitió llevar hasta el fin el programa de ajuste, endeudamiento y entrega. Y que llega al gobierno pidiendo paciencia y tiempo para disminuir la pobreza y reactivar el mercado interno, apostando a que un Pacto Social permitiría pagar la deuda externa (al FMI y los acreedores)terminando al mismo tiempo con el hambre y mejorando salarios. Negocian la despenalización o legalización del aborto con la Iglesia, los evangelistas y gobernadores “anti-derechos” con incierto resultado. Máximo Kirchner aplaude el compendio de buenas intenciones que se presenta como un programa de buen gobierno elaborado por los movimientos sociales integrados en el Frente de Todos, pero se elige un gabinete comprometido con la profundización del perfil agro-exportador y extractivista que requieren el mercado mundial y las Transnacionales.

Derrotar al golpismo, al imperialismo y al neoliberalismo es el gran objetivo de las luchas actuales, pero para lograrlo será imprescindible que con la movilización se intensifique la acción política, demostrando en ese terreno que hemos aprendido de las debilidades y errores que tan bien sabe aprovechar la derecha. Entiendo que para esto pueden servir el libro que nos reúne, y las futuras elaboraciones que le den continuidad.

3) Resistencia o Integración. Como bien se dice desde el título, para evitar la integración y tras ella las derrotas más sangrientas, será necesario que la nueva resistencia alumbre un proyecto societario alternativo, que deberemos construir sobre la marcha. Debemos romper con la parálisis que pregona el “posibilismo”, reconociendo y asumiendo la necesidad y actualidad de la revolución, pero esto sólo será posible atreviéndonos a revolucionar la concepción misma de la revolución y de sus contenidos, que no son ni podrían ser los mismos que nutrieron a las revoluciones del siglo XX, marcadas por las ilusiones en la Modernidad, el Progreso, el Desarrollo productivista y una ilimitada “explotación de la naturaleza”. Vale aclarar asumir una perspectiva revolucionaria y descartar el reformismo y el posibilismo por ser orientaciones políticas basadas en la falacia de que la estabilidad y progresividad del capitalismo harían innecesario o imposible ir más allá del capital, no significa en modo alguno renunciar a la lucha por reformas o despreciar conquistas parciales, por mínimas que sean. Distinguiendo, es claro, entre efectivas reformas (cada vez más improbables e inestables) y los cambios cosméticos que se proponen para que nada cambie. Y atendiendo a la posibilidad de ocasiones en que pueda lucharse por lo que Harvey denomina “reformas revolucionarias” que en vez de consolidar desestabilizan al sistema.

Enfrentamos problemas teóricos y prácticos de inmensa complejidad que debemos asumir y discutir sin complejos ni disimulos, para destacar y profundizar acuerdos, para reconocer tensiones, matices y énfasis diversos que enriquecen y ayudan a considerar con equilibrio el alcance de las discrepancias y reconociendo que frente a muchas cuestiones no tenemos respuestas.

El libro que nos reúne hace un significativo aporte a esta necesaria e impostergable reflexión y elaboración colectiva, aporta voces y experiencias: desde la inmensa movilización los feminismos y su aporte a la interseccionalidad, desde la luchas por la defensa y transformación de la educación pública, desde el sindicalismo clasista, desde las luchas ambientales y territoriales, recuperando el revolucionario e imprescindible combate por la democracia socialista, por mencionar sólo algunos de los temas abordados. Me permito reivindicar específicamente la profunda crítica y autocrítica de nuestra propia experiencia (la de la “izquierda independiente”, “popular” o como se prefiera denominarla) que escribe Miguel Mazzeo. También la lúcida y valiente postura de Sergio Nicanoff y Fernando Stratta señalando que “evitar la cooptación y la subordinación política será esencial de cara al futuro. Es factible un escenario donde la inestabilidad económica y política sea un rasgo de la coyuntura sino un elemento de largo plazo”. Y advierten sin medias tintas sobre los actuales límites y contradicciones de movimientos sociales con una subjetividad en gran medida integrada y referentes comprometidos a defender la gobernabilidad del sistema. Para enfrentar un nuevo ciclo de previsible ajustes a fin de pagar la deuda externa con el FMI y los acreedores, y de profundización del modelo dependiente, extractivo-exportador, se proponen elementos de una estrategia alternativa. Claro que estos artículos, como el libro todo, no pretenden cerrar sino proponer nuevas y fructíferas discusiones…

4) La lectura del libro y la constatación de significativas coincidencias, me llevan a una reflexión final. Por banal y sabido que pueda parecer, me atrevo a recordar que con estudiar y discutir no alcanza. Para construir respuestas a los dilemas que nos plantea la realidad son imprescindibles los aportes de la historia, la teoría social, el ecologismo y el feminismo… pero para actuar e incidir en el presente es necesario, como dijera hace décadas el filósofo Walter Benjamin y repitió años después el investigador-militante Daniel Bensaïd, reconocer la primacía de la política.

Nada puede reemplazar el desarrollo de prácticas, construcciones y luchas políticas, echando raíces por abajo y entre los de abajo, desarrollando un empeño político de largo aliento. Pienso que en las actuales circunstancias ese esfuerzo debería ser canalizado, contenido y potenciado por la confluencia de diversas organizaciones dispuestas a dotarse de un marco orgánico común, federativo o movimientista pero con organismos (de coordinación, conducción y militancia de base) comunes.

La lectura del libro y esta misma reunión me dejan este interrogante: ¿podrán/querrán las organizaciones aquí reunidas asumir el desafío de intentarlo, sin esperar acuerdos plenos (que no pueden surgir del aire), a sabiendas de que nadie puede garantizar que el intento sea exitoso. Sin ultimatismos, sin buscar atajos ni acuerdos meramente formales o circunstanciales. Sin apresuramientos, pero sabiendo que el ciclo político que se inicia requiere que la izquierda “no tradicionalista” se construya, con este tipo de esfuerzos y convergencias colectivas, en el seno del pueblo trabajador, con sus multi-variados componentes y frentes de lucha.

Aldo Casas, 20 de noviembre de 2019.