Portugal - 25 de Noviembre de 1975: réquiem por una Revolución


Por Antonio Louçã

La "Revolución de los Claveles" comenzó el 25 Abril de1974, con la marea humana que invadió las calles. La contrarrevolución también comenzó exactamente el mismo día, con el MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas) mandando al pueblo a la casa y llamando al general Antonio Spínola a la presidencia. El pueblo no obedeció la orden de quedarse en casa y Spínola se quedó en la presidencia sin poder dar todas las órdenes que quería. Sólo un año y medio después la contrarrevolución consiguió imponerse. Pero para eso necesitó otras caras y una receta muy diferente.

El golpismo de Spínola, impotente contra el poder popular

Spínola debió aceptar, contra su voluntad, la disolución de la PIDE (Policía Internacional y de Defensa del Estado, la policía secreta del Estado Novo), la liberación de todos los presos políticos y la prioridad "descolonizadora" que era un compromiso del MFA. En Julio, pretendió plesbicitar una Ley Constitucional y un presidente -él mismo. Fracasó nuevamente: dejó caer al primer-ministro Palma Carlos, comprometido en el golpe, y en su lugar debió aceptar a Vasco Goncalves, propuesto por el MFA. En Septiembre, intentó el golpe de la "mayoría silenciosa", que incluía la llegada a Lisboa de manifestantes armados y la detención de Vasco Goncalves. Volvió a fallar y perdió la presidencia. Finalmente, en Marzo, intentó nuevamente un golpe que comenzó con el bombardeo y el cerco al Ralis. Falló nuevamente y tuvo que escapar al exilio.

Mientras tanto, entre Abril de 1974 y Marzo de 1975, el aspecto del proceso revolucionario había cambiado radicalmente. La euforia unitaria del 25 de Abril había cedido el lugar a una divisoria de aguas cada vez más clara.

Los pueblos africanos querían la independencia. Los soldados se negaban a embarcarse para las colonias o, si estaban allá, querían volver. Los trabajadores reivindicaban los salarios que el fascismo siempre les había impedido reclamar.

En el otro lado de la barricada, los patrones reaccionaban ante la nueva situación con el despecho de quien nunca había sido contrariado, como ahora ocurría. Los industriales frecuentemente recurrieron al lock out o huían con el capital que podían llevarse. Los latifundistas dejaban que las cosechas se pudieran, para no pagar los nuevos salarios que habian sido puestos en vigencia para el trabajo agrícola.

Los trabajadores, por su lado, respondían a esa reacción patronal. Para impedir la fuga de capitales, elegían comisiones para controlar la gestión. A veces, optaban por la autogestión para mantener en funcionamiento empresas abandonadas. Ante la suspensión de cosechas, ocupaban las tierras. La dualidad de poderes se extendía por todo el país y el poder popular se organizaba. Surgían comisiones de trabajadores, de inquilinos, de soldados.

Para la contrarrevolución, no eran suficientes las reacciones viscerales de patrones asustados, ni la brutalidad golpista de los militares de caballería. Cuando el nuevo embajador de los Estados Unidos de América, Frank Carlucci, llegó a Lisboa en Enero de 1975, rápidamente percibió que la receta de Pinochet no servía para la situación portuguesa.

Los sucesivos fracasos de Spínola habían probado la inviabilidad de un Pinochet portugués. Mucho más costosa que todos los fracasos anteriores, la fallida tentativa golpista del 11 de Marzo costó a la burguesía la nacionalización de los bancos, de los seguros y la gran industria.

La contrarrevolución tenía la necesidad absoluta de desmantelar el doble poder y sus órganos -en primer lugar, en los cuarteles. Pero insistir en buscar ese desmantelamiento por vía golpista equivalía a regar el fuego con nafta, como el 11 de Marzo había demostrado.

El electoralismo de Mario Soares al servicio de la contrarrevolución

La mayoría pequeño-burguesa del MFA estaba bajo el impacto del poder popular y Carlucci fue el primero en comprender que sólo podía ser obligada a optar decididamente por la contrarrevolución cuestionando la legitimidad del poder popular en nombre del sufragio universal. Después de imaginar esta estrategia, Carlucci ganó para la misma a Mario Soares, que rápidamente se convirtió en su cara más visible e histriónica.

El camino del 11 de Marzo al 25 de Noviembre debía pasar por una Asamblea Constituyente con mayoría burguesa. En cuanto la Constituyente fue electa, en Abril, se lanzó una campaña reclamando un gobierno que fuera representativo de esa mayoría. La campaña agitó por un lado el tema de la libertad de prensa -los casos de Republica y Radio Renascenca. Pero por otro lado, se lanzó una escalada de violencia que puso al país al borde de la guerra civil.

Durante el Verano Caliente de 1975, fueron asaltados una innumerable cantidad de locales de partidos de izquierda, virtualmente empujados a la clandestinidad en vastas zonas del país. Dentro de las fuerzas armadas, el Consejo de la Revolución acometió la recomposición de la jerarquía militar. Y dentro del CR rápidamente pasó a ser mayoritario el grupo conspirativo constituido en torno al "Documento de los Nueve".

La recomposición de la jerarquía se realizó a marcha forzada. Los soldados más politizados en muchos casos fueron forzados a actuar clandestinamente, en el ámbito de los SUV [Soldados Unidos Vencerán]. Figuras destacadas de la izquierda militar comenzaron a ser metódicamente saneadas [depuradas]. Corbacho, que se destacara desmantelando una organización terrorista de derecha, fue separado de la Región Militar del Norte. Varela Gomes fue alejado de la Quinta División que terminó siendo invadida por los comandos de Jaime Neves. Buena parte de la izquierda militar no pudo entrar en la Asamblea del MFA en Tancos. Finalmente, Vasco Goncalves fue sustituido al frente del gobierno por el almirante Pinheiro de Acevedo.

Al igual que fusileros, paracaidistas y Ralis, también el Copcon (Comando Operacional del Continente, comando militar creado por el MFA) y Otelo fueron dejados para el ajuste de cuentas final. El "Grupo de los Nueve" contaba todavía con utilizar a Otelo como su instrumento. En Noviembre, el CR se decidió a reemplazar a Otelo por Vasco Lourenco al frente de la Región Militar de Lisboa y con ello se contribuyó a precipitar el 25 de Noviembre.

Cierto es que la campaña de la socialdemocracia y la derecha militar no llevó linealmente desde las elecciones de Abril al 25 de Noviembre. Por el camino, tropezó también con resistencias inesperadas, como el cerco de la Asamblea Constituyente por parte de los obreros de la construcción -que, sin embargo, no respondía a ninguna estrategia de afirmar un verdadero poder popular, capaz de gobernar el país.

Una iniciativa revolucionaria sin estrategia pero sorpresiva

Otro imprevisto, finalmente, fue la revuelta de los paracaidistas. Los mismos que el 11 de Marzo habían sido engañados por sus oficiales para que atacaran el Ralis, fueron nuevamente engañados en Octubre para que destruyesen las emisoras de Radio Renascenca. Inesperadamente para la jerarquía, que siempre habia contado con su obediencia ciega, los paracaidistas comenzaron a enfrentar abiertamente esa manipulación. Como respuesta, casi todos los oficiales -123- desertaron de la base de Tancos y se presentaron en el Estado Mayor de la Fuerza Aérea. El jefe del arma inmediatamente inició el proceso de disolución de la tropa especial, que había quedado prácticamente librada su propia suerte.

Los paracaidistas no se resignaron a esa derrota sin combate. Miraron el contexto político y vieron una izquierda militar que parecía dispuesta a resistir la destitución de Otelo. Concibieron entonces la idea de ocupar las bases de la Fuerza Aérea para forzar la renuncia de su jefe, el general Morais da Silva, y la recomposición del Consejo de la Revolución. Otelo, entusiasmado con el apoyo de los paracaidistas, ya se veía montando el caballo blanco del poder.

Varela Gomes, más escéptico sobre la disposición combativa de la izquierda militar, llegó incluso a advertir a los paracaidistas contra esa iniciativa. Cuando recibió de los paracaidistas la respuesta de que la operación era ya imparale, Varela Gomes se colocó de su lado, sin ambigüedades. Curiosamente, durante las primeras horas la ocupación de las bases fue un éxito que desequilibró la balanza de fuerzas en favor de la izquierda y sacó a la calle a millares de trabajadores, esperando una consigna en defensa de la revolución.

Los principales dirigentes del Partido Socialista huyeron hacia el norte, en parte por una reacción de pánico, en parte también con la determinación inflexible de avanzar después sobre Lisboa, proyecto del que Mario Soares se vanagloriaría más tarde, dando así el primer paso para la guerra civil con el apoyo ya comprometido de las potencias de la OTAN. Así como Spínola se precipitó en Marzo cuando mandó bombardear al Ralis, el Partido Socialista se precipitó también noviembre al planear el escenario de la "Comuna de Lisboa" atacada desde el norte.

La contrarrevolución y sus caballos de Troya

El que mantuvo la cabeza fría y permaneció en la capital tejiendo la tela de la contrarrevolución fue el Presidente de la República, general Costa Gomes. De manera que, en el momento decisivo en que Soares recaía en el método spinolista, fue Costa Gomes quien se mantuvo como verdadero agente de la estrategia de Carlucci. Mejor que cualquier otro, el viejo guerrero colonial conocía los puntos débiles del adversario.

Costa Gómes sabía que las masas que estaban en la calle podían ser mandadas a la casa por el Partido Comunista de Portugal y por la Intersindical, y ordenó entonces que se dieran a Álvaro Cunhal todas las garantías que éste quería escuchar sobre el futuro de su partido -algo que, por otra parte, el fiador de las promesas, Melo Antúnes, se empeño después en cumplir. Rápidamente, el PCP mando casa a los trabajadores organizados. Desde ese momento, las únicas manifestaciones que siguieron realizándose eran las de la derecha, como en la Base de Monte Real, cercando los paracaidistas, enrostrándoles la impopularidad de su acción y desrazándolos.

Costa Gomes también conocía la inconsistencia de la izquierda militar. Intimó a Otelo a presentarse en el palacio de la Presidencia, lo que unánimemente fue entendido en el Copcon como una orden de detención. Otelo se bajó del caballo blanco y fue corriendo a entregarse. En Belén, además, no se limitó a desempeñar el papel de prisionero: al comandante del Fuerte de Almada le ordenó impedir, si fuese necesario a los tiros, cualquier tentativa de obtener armas de la unidad por parte de los trabajadores que las reclamaban concentrados ante sus portones.

Pero el principal problema generado por la capitulación de Otelo fue la desarticulación de la cadena de mando del Copcon. A partir de ello, estaban condenadas al fracaso las tentativas de Varela Gomes y Dinis de Almeida de articular la resistencia al Estado de Sitio. Entre la capitulación de Otelo y las directivas desmovilizadoras del PCP, no sorprende que el cuerpo de fusileros haya optado por la neutralidad.

En este marco ganó protagonismo el Regimiento de Comandos, que no hubiera tenido posibilidades de éxito contra la fuerza coordinada de paracaidistas, fusileros y otras unidades; pero enfrentando tropas revolucionarias divididas y paralizadas, los Comandos fueron obteniendo, una tras otra, la entrega de posiciones o la rendición de esas tropas: paracaidistas de Monsanto, Policía Militar de Ajuda, etcétera.

La superioridad material de la izquierda militar no valió de nada contra los 800 mercenarios dispuestos a todo dirigidos por Jaime Nevares. Era exactamente la antítesis de lo que había ocurrido el 25 de Abril de 1974, cuando las tropas desmoralizadas de la dictadura debieron retroceder frente a la columna mal armada y mal preparada, pero fuertemente motivada de Salgueiro Maia.

Al cabo de un año y medio y de la extensa experiencia vivida durante ese lapso de tiempo, las fuerzas revolucionarias sólo podían ser motivadas por la claridad de objetivos, por la identificación con las revindicaciones del proletariado y por un sistema de organizaciones de democracia directa, que se impusiera como natural autoridad política de la revolución y creara su propia cadena de mandos. Todos esos factores faltaron a la cita.

 Artículo envido por el autor el 25 de noviembre de 2019. Traducción del portugués de Aldo Casas.