Una visión del Cordobazo que “Se Quema” (y van naciendo otras). Voces protagonistas de la Córdoba trabajadora que se movió


Por Mariano Schejter

“Se quema, se quema
Y ya no lo van a poder apagar
Me vuelvo una fiera
Y con todo este fuego le vamo’ a dar
candela, candela
Y ya no nos van a poder callar”

 (“Se quema”, canción de Miss Bolivia,

cantada  junto a Jimena Barón)

¿Por qué escribir, pensar e intercambiar sobre el Cordobazo a 50 años de su realización? ¿Realmente tiene sentido? Estas preguntas no pueden tener una respuesta simplista, facilista. Para responderlas, se deben evitar tentaciones de caer en lugares comunes, en afirmaciones casi instintivas. En primer lugar, se debe reconocer que ciertamente, el contexto ha cambiado. Esta Córdoba actual, no es similar a aquella en una multiplicidad de aspectos relevantes. Sin embargo, a pesar de infinidad de diferencias, hay algo que re-flota, que se hace vivo, que sigue vigente de aquellas jornadas. Algo de aquella rebelión popular mantiene valor. Ese puede ser un punto de partida. Dice Rodolfo Walsh (2019):

 

El saldo de la batalla de Córdoba, “El Cordobazo”, es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una página histórica argentina y latinoamericana que no se borrará jamás.

En este sentido, estas líneas quizás expresan la importancia de aquella gesta popular. También una dimensión de las lecciones que pueden ser recuperadas en la actualidad. Reforzando esta perspectiva, al consultarle a Mónica Gordillo, investigadora del tema, sobre la vigencia del tema, afirma:

Queda una historia de desarticulación del Estado, los colectivos de identificación y los vínculos de solidaridad; así como el triunfo del consumismo –que son problemas mundiales-. Pero desde el punto de vista positivo, queda la tradición de la movilización contra cuestiones que trascienden lo individual y el Cordobazo como símbolo disponible para ser recuperado como advertencia de lo que la movilización popular frente a la injusticia puede lograr (Gordillo, 2019).

De esta manera, se comienza a estructurar ciertos pilares que proponen: el Cordobazo mantiene interés desde determinadas visiones y puede seguir enseñando mucho al presente-futuro.

En segundo lugar, y ya habiendo dejado en claro, algunos elementos del primer aspecto planteado, aparece una segunda cuestión: ¿Cómo leer aquellas jornadas desde el presente? ¿Qué interpretaciones pueden recuperarse y/o desarrollarse? Actualmente, hay múltiples lecturas “dando vuelta”, algunas muy diversas entre sí. Un primer acercamiento al problema, nos visualizada que las hay hegemónicas y las hay marginalizadas. Al repasar la bibliografía sobre el tema, se hace evidente que el rol de las mujeres, por ejemplo, no ha sido un tema abordado intensamente y más bien, ha sido invisibilizado. No es casual que desde el inicio de la Cuarta Ola feminista hayan comenzado a aparecer aportes en este sentido: poder rescatar esa parte generalmente olvidada de la historia de la lucha de clases. Un caso paradigmático del 29 y 30 de mayo de 1969 es el libro recientemente aparecido de Bibiana Fulchieri: El Cordobazo de las mujeres. Memorias. Al tomar estado público, este libro ha tenido importantes repercusiones, justamente por centrarse en un aspecto poco indagado de aquella rebelión popular. El mismo rescata, fotos y voces de mujeres protagonistas. Ahora volvemos a entrevistar a dos de las mujeres protagonistas que también han aportado al contenido del mencionado libro. Afirma María Teresa Andruetto en su aporte al texto:

El todo es más que la suma de las partes, pero sin la contribución de las partes es imposible hacer un todo. La suma de estos testimonios, estos fragmentos del Gran Relato del Cordobazo, trae a nuestra memoria, aclara, complejiza, permite entrever, algo de lo mucho que no se ha dicho y de lo que habiéndose dicho, habíamos olvidad (Andruetto, 2018: 14).

Por eso, como se ha planteado desde el título mismo de este artículo-entrevista, parece que las miradas del Cordobazo donde las mujeres eran descartadas o puestas en un segundísimo lugar, se van quemando. Actualmente, es difícil volver al Cordobazo sin dar cuenta del lugar central, protagónico que han ocupado muchas mujeres, ya sea en las jornadas del 29 y 30 de mayo del año 1969 como en los momentos previos y en el desarrollo de procesos inmediatamente posteriores.

En esta oportunidad, entonces, nos centraremos en recuperar algunas de esas voces. No se intentará abordar los múltiples debates que siguen girando. La idea fundamental es poder recuperar algunas de esas experiencias relevantes. Como afirma Silvia Licht:

Los sucesos del Cordobazo son conocidos, fueron ampliamente difundidos y hay bibliografía y materiales gráficos fáciles de hallar en las bibliotecas. Sin embargo, los testimonios aportan esa singularidad que, unida a miles, definió en acciones colectivas las jornadas de la insurrección (Licht, 2004: 81).

De esta forma, se busca aportar a recuperar el pasado para pensar el presente, porque de las tareas planteadas por el Cordobazo muchas siguen pendientes, y en ese sentido se busca contribuir a recuperarlo de la manera más integra y profunda posible. Al decir de la frase célebre de Tosco (2019):

 

[…] para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su Compañero y su Hermano.

En fin, las entrevistas que se han realizado para este número de la revista Herramienta son a Susana Fiorito y a Ana María Medina (Nené Peña), dos protagonistas indiscutidas de una Córdoba sublevada y en movimiento. Ambas a su modo, han ocupado espacios relevantes, han vivenciado espacios de relevancia histórica y sus apreciaciones, siguen enriqueciendo nuestras miradas.

Entrevista a Susana Fiorito

Susana Fiorito es actualmente presidenta de la Fundación Pedro Milesi y de la Biblioteca Popular de Bella Vista (barrio popular de la ciudad de Córdoba). La misma es una organización que cuenta con decenas de talleres gratuitos y un servicio bibliotecario de más de 26.000 ejemplares. Uno de sus pilares es el conjunto de libros sobre pensamiento crítico y el movimiento obrero. Fundó esta institución en 1990, junto a compañeros y compañeras, como su pareja de ese momento, el escritor Andres Rivera. Previamente, tuvo diversos compromisos políticos y sindicales. En 1970, le propusieron mudarse desde Buenos Aires a Córdoba y por lo que había sido el Cordobazo, no lo dudó. Ya en la nueva provincia, entre otras tareas, trabajó en la prensa de la experiencia sindical clasista Sitrac-Sitram en los años 1970-1971 (colaborando centralmente en Sitrac, el sindicato de la Concord). Esta experiencia en las filiales cordobesas de Fiat, fue una de las más relevantes en cuanto a democracia sindical en la historia argentina. La misma culminó con la represión del ejército que intervino la organización gremial dejando 400 despedidos, listas negras y mucho más. Asimismo, junto al “viejo” Pedro Milesi, compartió muchos momentos con Agustín Tosco y Susana Funes. Los domingos se pasaban en la casa del “viejo”, en Bialet Masé, donde se juntaban, descansaban y constantemente hablaban de política. Si bien Susana no participó particularmente de las jornadas del 29 y 30 de mayo de 1969, nadie duda de las fuertes relaciones existentes entre esa rebelión popular y la experiencia clasista mencionada, de la cual ella fue protagonista. 

Mariano Schejter: En primer lugar, te quisiera consultar: ¿Quién es Susana Fiorito según su propia visión?

Susana Fiorito: Susana Fiorito tiene noventa y un años y piensa que la sociedad capitalista en la que vive es un sistema social injusto. Por eso, trabajé y sigo trabajando para que quienes pertenecen a las clases sociales oprimidas y explotadas se organicen como protagonistas de un cambio profundo, social y político.

                                                   

MS: ¿Cómo ves al Cordobazo, quizás la mayor expresión popular de lucha obrera y estudiantil de la historia provincial?

SF: Del Cordobazo pienso que hay mucho para descifrar sobre la ¿relación? espontaneísmo-organización. Este es un elemento que se debe seguir pensando.

MS: La experiencia del Sitrac-Sitram se desarrolló inmediatamente después del Cordobazo. ¿Cómo era la situación por esos años en Córdoba?

SF: En primer lugar, lo que quiero decir es que no fue una experiencia aislada. Hubo, en aquellos años, una politización del conjunto de las clases populares de Córdoba, que se expresó en movilizaciones y en formulaciones políticas que cuestionaron el sistema capitalista y se manifestaron en las fábricas y en las calles.

MS: En caso de encontrar una relación entre ambas expresiones: ¿Qué similitudes y diferencias, puntos de contacto y de distancia, se pueden encontrar entre el Cordobazo y la experiencia del clasismo?

SF: Pienso que el clasismo fue expresión del desarrollo de un proceso de concientización de algunas capas proletarias y estudiantiles, que se organizaron y movilizaron en rechazo a la explotación capitalista, levantando consignas y organizándose en busca de una sociedad más justa. Y esa movilización, desbordó los límites de la clase obrera, radicalizando al conjunto de las organizaciones sindicales y políticas. De esto, también fue parte el Cordobazo. No sé si lo mejor es pensarles como dos cosas diferentes. Lo veo todo como un proceso, no como dos dinámicas distintas.

MS: ¿Qué rasgos centrales se pueden destacar de la experiencia del Sitrac-Sitram?

SF: Destacar “rasgos centrales” en una experiencia tan corta –menos de un año, dos fábricas– me parece un atrevimiento. Lo que podría decir es que lo importante –no puedo definir lo central en un proceso tan corto y desbordante– fue el inicio de una toma de conciencia de clase. En la fábrica Fiat Concord, que tenía un personal mucho más numeroso y con un promedio de edad de sus obreros más bajo que en Materfer, la apropiación, por buena parte del personal, de la formulación de reivindicaciones que superaban los límites de lo económico, planteando exigencias referidas a su dignidad como personas y como poseedores de capacidades profesionales, está registrada.

Otra característica del proceso de concientización estuvo constituida por la dinámica de participación multitudinaria en los actos y manifestaciones, por el mecanismo democrático de consulta y reuniones generales dentro o en la puerta de la fábrica para tomar decisiones. También por el hecho de que la mayoría de los miembros de la dirección de ambos sindicatos guardaran una estrecha relación con los obreros activos en la planta. Que ellos mismos pasaran la mayor parte de su tiempo dentro de la fábrica, reforzó el proceso de concientización.

MS: ¿Había relación con otras organizaciones sindicales y/o políticas? ¿Cuáles y cómo eran?

SF: Los dirigentes de Sitrac y de Sitram nunca dejaron de asistir a las respectivas plantas de Concord y Materfer, mantenían relación diaria con los planteles de trabajadores, y tenían participación activa en las reuniones regulares y extraordinarias de la CGT. Estas estaban integradas por la mayoría de los dirigentes de los sindicatos activos en la provincia. Ahí se daban múltiples y diferentes relaciones.

MS: ¿Cómo se pensaba la prensa y la comunicación en el sindicato? ¿Cómo se trabajaba? ¿Cómo se distribuía?

SF: El proceso de comunicación fue muy “abierto”. Voluntarios que no eran trabajadores de Concord se hacían cargo del mimeógrafo, de repartir las copias de los comunicados de Sitrac y Sitram. Esto se hacía tanto en las redacciones de los diarios y periódicos como en los barrios. Los textos siempre eran redactados por la comisión directiva del sindicato o redactados en una asamblea a la que se llevaban propuestas. A veces, eran los mismos periodistas los que venían a buscar lo que se escribía y se llevaban las copias.

MS: ¿Qué lecciones siguen vigentes de aquella experiencia del clasismo, para quienes trabajan en la actualidad?

SF: Para contestar esta pregunta se necesita un libro. Tal vez pueda resumirse con ciertas cuestiones generales y básicas: claridad en los objetivos, honestidad en las prácticas, rechazo al compromiso con la patronal y perspectiva de clase –de la clase obrera– en los dirigentes y demás activistas. También creo que es necesaria la discusión, mucha discusión. Los dirigentes como el resto de los militantes deben estar con los oídos abiertos y las cabezas de este lado de la lucha de clases.

MS: ¿Hay alguna cuestión más que se quiera socializar, compartir, aprovechando el espacio de la revista?

SF: Creo que lo más importante sería no perder de vista el objetivo que se ha planteado en esta experiencia de la que hablamos: buscar terminar con el capitalismo y mantener siempre el objetivo de una sociedad sin clases.

Entrevista a Nené Peña

Nené Peña, por su parte, tiene 80 años, pero parece menos. Ella dice que es gracias a la práctica del yoga que hace 40 años realiza. Durante el Cordobazo fue una protagonista importante, como parte de la Asociación Bancaria. Reconoce su rol, pero afirma que había mucha gente siendo parte y es necesario resaltar al colectivo. En relación a la rebelión popular mencionada, su participación fue emblemática por varios motivos. Por ejemplo, tuvo una foto que la hizo “popular”, pero también fue difundida su participación porque fue la única mujer a la que obligaron a ir a un “consejo de guerra”. En ese organismo la encontraron culpable de “incitación a la rebelión”, pero la condenaron a prisión domiciliaria por tener cuatro hijas pequeñas. Luego insistió por nota para que la dejaran trabajar. Logró que su condena no esté restringida a su casa y pueda moverse por la capital, por lo cual Córdoba capital fue su cárcel durante un año. Así logró volver al banco. En los años siguientes, nunca abandonó el compromiso militante. A pesar de la persecución, continuó con su trabajo sindical en bancarios y luego en el sindicato docente UEPC. Hoy jubilada, mantiene su participación en diversos espacios políticos.

MS: Comencemos por el comienzo. ¿Quién es Nené Peña según su propia visión? ¿Y cómo ve al Cordobazo, quizás la mayor expresión popular de lucha obrera y estudiantil de la historia provincial?

Ana Maria Medina: Nené Peña en realidad es Ana María Medina, mi nombre real. Se podría decir que soy una mujer sincera conmigo misma, una buena compañera, quizás despistada. Una mujer casada que tuvo cuatro hijas, que viene del peronismo y tiene un marido es radical, lo cual implicó tenernos mucho respeto. Esto lo destaco porque pienso que uno tiene que cuidar “su frente interno” para poder pelear el externo. También pienso que soy una mujer fuerte, que soporto muchos golpes y que siempre tuvo mucha libertad en la acción. No soy perfecta, pero sí puedo decir que fui y soy libre. Por último, puedo decir que siempre viví con las manos abiertas, como la foto que se difundió bastante donde marcho por la calle en pleno Cordobazo.

Y el Cordobazo, para mí, fue algo que hizo hervir la sangre a muchísimos jóvenes y en lo personal fue un “bautismo sindical”. 

MS: ¿Cómo fue tu experiencia en el gremio bancario durante los años previos al Cordobazo?

AMM: Entré en el Banco de Préstamos de la Provincia, que era denominado “el banco de los pobres” por su rol social, en el año 1960. Ahí trabajábamos unas setenta personas. Fui delegada. Yo les hacía chistes a los compañeros y les decía que me eligieron porque cuando se pedía que alguien done sangre, instantáneamente yo decía: “yo dono”. Fue muy interesante entrar a trabajar ahí y lo vivido en ese trabajo. El movimiento bancario había tenido una gran experiencia de lucha, muy importante en defensa de los derechos hasta 1958-1959 cuando se sufrió una gran represión. Esto, después, planchó toda la situación, se instaló mucho miedo. En ese contexto llegué yo al banco. Sin embargo, en mi caso, hubo algunas situaciones que ayudaron a comprometerme. En primer lugar, en ese momento, en la dirección del banco, estuvo una mujer que ayudó a que crezca el banco y tomó algunas medidas raras para la época, por ejemplo que ingresen a trabajar mitad mujeres y mitad hombres. Por eso, el clima particular en el trabajo no era tan malo. En segundo lugar, quiero destacar otra historia. Ni bien entré al banco, con buen puntaje en el examen de ingreso, vino el secretario general del banco y me entregó dos libritos. Me dijo que en uno tenía las reglamentaciones internas, a las cuales había que respetar, y en el otro tenía los derechos y que a estos últimos había que defenderlos. Una ley reciente otorgaba nuevas posibilidades interesantes e importantes para quienes trabajábamos en el sector. Ni bien me los dio, me puse a leer los dos textos y eso me impactó mucho. Valoro mucho ese recibimiento y el consejo de defender los derechos. Me sirvió mucho para lo que vino luego. 

MS: ¿Qué podrías decir de espacios sindicales en los cuales participaste como el Movimiento Bancario de Base (MBB) y la CGT de los Argentinos (CGT A)?

AMM: Esos dos espacios me traen los mejores recuerdos que puedo tener. La primera lucha que tuvimos en el sindicato fue la de buscar la unidad de las juntas internas de los diferentes bancos, la unidad de todos los bancarios. Lo primero fue luchar por el trabajo conjunto. Fue muy bueno que lo hayamos conseguido, sobre todo porque lo impulsamos desde nuestro banco que era pequeño en comparación con otros. El MBB nació en Córdoba, acá lo formamos y después se extendió a otras provincias. Siempre el mensaje era trabajar juntos, no “lavar cabezas”. Surgió porque una segunda lucha fue contra las directrices que bajaban desde Buenos Aires, queríamos la federalización del gremio. Un ejemplo de la importancia de esta lucha se dio cuando decidimos, como regional Córdoba del sindicato, entrar en la CGT (A). Algunos señores viejos del sindicato a nivel nacional, se enojaron y nos intervinieron, nos cerraron las puertas de la sede del sindicato. Frente a esa situación, nos dijimos que no podíamos tolerar esa imposición y que si había que volar las puertas de la sede, lo haríamos. Y eso, hicimos, a patadas. Por suerte, frente a esa situación complicada, la CGT (A) fue muy solidaria. A pesar de la intervención, nos permitieron participar con voz y voto. También nos prestaron una oficina para funcionar, gracias a Luz y Fuerza. La CGT de Córdoba fue muy importante para toda esta experiencia. La regional de la confederación, nos permitió unirnos y trabajar con otros gremios. Esto lo quiero destacar. Fue importante porque los bancarios siempre fuimos vistos como trabajadores especiales, más acomodados, quizás por usar camisa y estar vestidos de una forma diferente a otros trabajadores. Fue importante que todos entiendan que los bancarios somos trabajadores como los otros.

MS: ¿Cómo fue tu participación en esos espacios?

AMM: Por esa época, yo ya era parte de la seccional del sindicato. Para mí fue una experiencia muy destacada. Con Ongaro, que venía bastante a Córdoba, tuvimos varias reuniones y nos dio lo que nos faltaba: “lo intelectual”. Con él tuvimos mucha formación. Siempre nos preguntaba: ¿Por qué somos sindicalistas? ¿Qué nos interesa? ¿Y qué queremos hacer? Él me enseñó mucho. Esos encuentros con él, permitieron crecer en conocimientos políticos. No era sólo pensar lo sindical. Recordando mi participación en esos espacios, pienso que si volvería a nacer haría exactamente lo mismo. Igual, quiero decir, más allá de mi rol, lo que siempre hay que destacar es que todo esto no era cuestión de una persona, éramos muchos los que hacíamos cosas.  

MS: ¿Había relación con otras organizaciones sindicales y/o políticas? ¿Cuáles y cómo eran?

AMM: Ser parte de la CGT (A) nos permitió unirnos con otros gremios. Empezamos a reunirnos con sindicatos importantes, de peso. Fue muy importante la solidaridad de Luz y Fuerza. Igual, no todo era bueno. Debe decirse que había gente débil en la CGT, compañeros que se la jugaban, pero hasta ahí. ¡Algunos tenían miedo de quedar como golpistas! ¿Como golpistas? ¿Cómo podía ser si los golpistas estaban en el gobierno y éramos a quienes queríamos sacar? Pero bueno… también había gente como Tosco y sus compañeros. Muchos nos la jugamos sin medir consecuencias, sin límites. El trabajar con otros se hacía porque se tenía claridad que la unidad era necesaria, y porque no se sostenía la unidad por pensar lo mismo, por tener todas las mismas ideas sino por reconocer que teníamos objetivos comunes. Por eso se pudo trabajar juntos entre peronistas, radicales, comunistas y otros.

MS: ¿Qué recordás en lo personal de esos días, del 29 y 30 de mayo de 1969?

AMM: En ese momento yo era secretaria de actas del sindicato bancario. Era un rol importante, aunque decíamos que por ser mujer no sólo podíamos ocupar esa secretaría, también podíamos ocupar otros roles importantes.

Por un lado, quiero aclarar que la lucha no fue sólo por cosas del trabajo, por ejemplo, no fue por salario. Nos movimos por la salud del trabajador, por la libertad. Así fue en todos los bancos y en los demás lugares de trabajo, también en las fábricas. No se enfrentó sólo a la patronal. También a la dictadura.

Por otro lado, es importante decir que no fue algo espontáneo. Desde 1967 había una efervescencia importante en los sindicatos, por lo menos, así se sentía entre la mayoría de los trabajadores de la provincia. También ayudó mucho el ejemplo del Mayo Francés en 1968, estas cosas nos fueron templando. Es importante que se entienda: el Cordobazo no fue de golpe, fue preparado. El 29 se buscó hacer un paro activo y se charló que posiblemente no sería tan suave como otros anteriores. Eso se charlaba, así se definió y así se llevó a cabo. Hasta ese momento sólo teníamos bolitas (para los caballos de la policía) y hondas para los enfrentamientos habituales.

Una tercera cuestión, fue que el Cordobazo no fue algo solo de Córdoba. Se sabía, se tenía claridad: había que sacar al gobierno. Eso fue estallando también en otros lados. Varias provincias también lucharon. Por ejemplo es claro el caso de Santa Fe, que tuvo una participación fuerte.

En lo más personal, puedo destacar dos cosas de aquellas jornadas. Una sucedió el 28 de mayo a la noche, en medio de la asamblea para preparar el 29. Estaban todos ahí. Tosco venía hablando de la importancia del día que se venía, de estar a las 10 hs en punto, todos los sindicatos. En ese momento, y de acuerdo con mis compañeros bancarios, pedí la palabra, siempre fui “lanzada” y manifesté que desde nuestro sindicato queríamos pedir una mínima flexibilidad, un pequeño permiso, para los cajeros del banco de préstamos. El mismo consistía en poder tomarnos 30 minutos más y llegar quizás 10:30 hs para poder cerrar bien las cajas. Quien no trabajó en bancos quizás no lo sepa, pero es una responsabilidad importante manejar la plata de otros. No queríamos cometer errores y que después la paguen personas humildes. A Tosco no le gustó mucho lo que dije. Se armo una discusión. Él dijo algo criticando a los bancarios, como que siempre pedíamos cosas distintas, diferenciadas del resto. El intercambio fue creciendo en intensidad. Yo terminé diciéndole, medio a los gritos, que nosotras, como mujeres, estaríamos al otro día en primera fila y esperábamos que él también. ¡A Tosco le dije eso! (risas). Igual, al final de la asamblea, el se acercó y me pidió disculpas si había faltado el respeto en la discusión. Ahí también demostró ser un buen dirigente. Eso no me lo olvido más. 

La otra historia personal, es la más conocida, es la de “mi foto”. El 29 a la mañana, cuando empezó el lio por la Avenida General Paz, en pleno centro de la ciudad, me perdí de la columna de bancarios. De repente, quedé sola, por intentar mirar lo que estaba pasando en otras calles. Ahí me encontré con tres jóvenes, muy jóvenes, seguramente de la facultad, que venían manifestándose por la calle Dean Funes con una bandera argentina, sacada de una casa. Me acerqué a ellos, les expliqué quién era (para aclarar que era militante sindical y no servicio de inteligencia de la policía) y les pregunté si podíamos estar juntos, por las dudas. En un momento, frente a un monumento, un busto de esos que tratan como héroes, forzamos unas cadenas que lo protegían y seguimos camino, con la bandera y la cadena. Además, mientras caminábamos, estábamos cantando una canción contra el gobierno que reivindicaba a Ongaro. La canción decía “El macho Ongaro ha tomado la batuta, para que se vayan estos hijos de puta”. Esta es la imagen casi teatral que se fue armando y quedó inmortalizada en una foto que se difundió bastante. Después de varias idas y vueltas, terminé rengueando, llegando a la sede de Luz y Fuerza. Ahí estuve un rato y dos compañeros me acompañaron para volver al edificio de la CGT.    

MS: ¿Para quienes trabajan en la actualidad, qué lecciones siguen vigentes de aquella experiencia de revuelta popular?

AMM: En primer lugar, una lección importante es que ser sindicalista no es sentarse en una mesa y desde ahí dirigir todo. Lo fundamental es la acción. En esas jornadas, los sindicatos cumplieron con lo que se había acordado, se movieron.

Otra cosa importante es que no fue una “lucha tonta”. Se pensó mucho, con mucha inteligencia qué hacer, cuándo y porqué. Esto también merece ser destacado.

Por último, podría decir que fue importante el hecho de que mujeres y varones se manifiesten juntos, a la par.

MS: ¿Hay alguna cuestión más que se quiera socializar, compartir, aprovechando el espacio de la revista?

AMM: Lo más importante, quizás sea no creer sólo en una organización, en un solo partido y buscar la unidad de grupos diferentes. También, me parece importante entender que si uno se organiza y lucha, no puede dejar atrás los derechos. Nunca debemos olvidarnos de eso. Pero, sobre todo, quisiera destacar que para militar hay que hacerlo con alegría. El compañerismo y el amor juegan un rol importantísimo. Quizás esto sea por mi parte cristiana (siempre digo que tengo porcentajes de pequeño burguesa, de cristiana y de varias cosas más, pero el mayor porcentaje es de revolucionaria), pero así lo veo. El amor es la base de cualquier compromiso serio.

 

Bibliografía

Cuadernos Cambio, El Cordobazo: nuestro mejor homenaje es la lucha. Córdoba: Cambio Ediciones, 2016.

Fulchieri, Bibiana, El Cordobazo de las mujeres. Córdoba: Las Nuestras, 2018.

Gordillo, Monica, Cordobazo: rebelión popular e insurrección urbana. En: https://www.conicet.gov.ar/cordobazo-rebelion-popular-e-insurreccion-urbana/ (última consulta: 30 de abril de 2019)

Licht, Silvia, Agustin Tosco y Susana Funes. Historia de una pasión militante. Acciones y resistencias del movimiento obrero (1955-1975). Buenos Aires: Biblos, 2004.

Schmucler, Hector et al., El obrerismo de pasado y presente: documentos para un dossier no publicado sobre Sitrac-Sitram. Villa María: Eduvim, 2014.

Tosco, Agustin, Carta sobre el Cordobazo. En: https://perio.unlp.edu.ar/catedras/system/files/historia_xx_2013_agustin-tosco-cordobazo.pdf (última consulta: 30 de abril 2019)

Walsh, Rodolfo, Cordobazo. En http://www.cgtargentinos.org/documentos6.htm (última consulta: 30 de abril 2019)

 


* Artículo enviado especialmente por el autor para su publicación en este número de Herramienta.

** Mariano Schejter (Buenos Aires, 1982) es licenciado en Sociología (UBA). Actualmente doctorando en Antropología (UBA) y becario del CONICET (CIECS-UNC). Sus trabajos se centran en el desarrollo de la clase que vive del trabajo. En particular, su tema de investigación es la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). Integrante de diversas cátedras y de proyectos de investigación en la UNC y la UNVM. Militante de Nueva Mayoría en el Frente Patria Grande. Mail: mschejter11@gmail.com