La acumulación del capital de Rosa Luxemburg: dialéctica, política y emancipación humana


Por Fernando Huesca

En este texto nos proponemos establecer una reseña general del Acumulación de Luxemburg y resaltar su carácter dialéctico en lo metodológico, así como su contenido teórico en relación con la historia de la teoría económica marxista y su crítica propia al concepto de reproducción expandida de Marx; a partir de estos elementos se destacará la relevancia histórico-política del pensamiento luxemburguista para los movimientos sociales emancipatorios, al entroncar con la sencilla tesis (defendida también por Lukács y Marcuse) de que no es posible mantener la dignidad humana frente a la hegemonía del modo capitalista de producción, y de que si ha de salvarse a la humanidad de la barbarie total, ha de desmontarse el aparato económico y político capitalista, por cualquier medio posible.

I

El estilo de Acumulación es clásico, en el sentido de seguir el modo y manera de Adam Smith en La riqueza de las naciones. Se trata de entender el sistema de producción agraria, manufacturera y comercial de manera articulada, en búsqueda de la coherencia y el rigor del Tableau Economique de Quesnay; eso a su vez implica una abstracción concreta de procesos, esferas y tendencias sociales reales y una búsqueda por vincular el concepto teórico con la vida cotidiana. Así, el género de Luxemburg es heredero de la Ilustración, de modo que implica una apuesta filosófica y programática de entender al ser humano como un ser capaz de conocer la realidad objetiva y transformarla. La confianza en la razón y en el poder del concepto es el legado de Hegel a Marx y forma parte del aporte teórico que el pensamiento burgués presta a las luchas revolucionarias.[1] En Reforma y revolución, cabe señalar, Luxemburg declara a la dialéctica como “arma espiritual […] con la que el obrero derrota a la burguesía, puesto que le convence del carácter efímero y temporal de la sociedad actual” (Luxemburg, 1989: 135).

En Acumulación no se presenta un capítulo específico sobre la lógica dialéctica o el método dialéctico (materialista); sin forzar la estructura lógica universal-particular-singular a las tres secciones del texto (“El problema de la reproducción”; “Exposición histórica del problema”, “Las condiciones históricas de la acumulación”), lo que sí se puede extractar de la lectura del texto en su conjunto, es que el método dialéctico de Marx es el que ofrece la clave para entender su lógica y su intencionalidad. Por ejemplo:

 

En una palabra, Marx tuvo que aproximarse a los jeroglíficos de la economía capitalista para descifrarlos, con una deducción opuesta a la de los clásicos; en lugar de la fe en lo humanamente normal del modo de producción burgués, se acercó a la investigación con atención en su pasado histórico: Marx convirtió la deducción metafísica de los clásicos en su contrario, en la deducción dialéctica (Luxemburg, 1990: 44).[2]

Se ve cómo Malthus se mueve, a pesar de su punto de vista contrapuesto en el tema de las crisis, exactamente en el mismo terreno que Ricardo, Mill, Say y MacCulloch: para él solamente existe lo mismo, el intercambio de mercancías. El proceso de reproducción social, con sus grandes categorías y conexiones, el cual fue reconocido por Sismondi, no es atendido aquí (184).

 

Reconocer la “reproducción social” como “proceso” y apostar por una “deducción dialéctica” y no “metafísica”, solamente podría entenderse como una continuación del método de trabajo de Marx para la relación con la historia de la filosofía y para la crítica de la sociedad capitalista; el punto de vista de la totalidad es el que gobierna la manera de desarrollar las categorías (por ejemplo, el consumo singular del trabajador es puesto en contacto con los requerimientos generales de la producción, en los departamentos de producción de medios de producción, y en el departamento de producción de medios de consumo), y éstas se desarrollan no solamente como manera abstracta de describir el funcionamiento de lo fáctico (como la discusión escueta sobre la renta, la ganancia y el salario), sino de un modo esencialmente historicista y genético: la categoría de salario proviene de la abolición de las servidumbres feudales; y la categoría de ganancia, del surgimiento de una clase especial en la sociedad que no detentaba posesión de tierra, sino meramente activos financieros y medios manufactureros y comerciales de producción. De este modo la sociedad capitalista, junto con sus categorías sociales (como propiedad privada, familia burguesa, etcétera), es un mero modo transitorio y devenido en el tiempo de organizar el cuerpo social humano. Asimismo, cuando se habla de “contradicciones dialécticas” (315) para explicar la relación de las formas capitalistas con las “formaciones sociales no capitalistas”, se apunta precisamente, no a procesos escolásticos de pensamiento sin suelo social-real alguno, sino a procesos sociales efectivos (como la Revolución Francesa, la Comuna de París, la Guerra del Opio, las Guerras de la Frontera Cabo y las movilizaciones rusas de 1905) en que fuerzas sociales (como antes los patricios y los plebeyos, los aristócratas y el populacho) entran en choque. Si Luxemburg se permite la chanza teórica “Tugan-Baranowski [un marxista legal ruso] se escondió en el arbusto y encontró en Kant una tranquilización filosófica y ética” (278), es porque sigue a Marx y a Hegel en el rechazo a las ideas formalistas y contrarrevolucionarias de Kant, las mismas que encuentran su eco y resonancia en concepciones sociales conservadoras como las de Rawls, Sen, Habermas, Honneth y otros, quienes desplazan a un horizonte irrealizable o meramente abstracto la resolución de las contradicciones de la sociedad moderna, y se conforman con dejar intacto al orden existente junto con todas sus violencias y procesos destructivos.[3] El rechazo de Luxemburg hacia las armonías burguesas (278) resuena en el Gran Rechazo de Marcuse, la concepción estética de Adorno, la crítica a la Modernidad de Benjamin y las luchas anticoloniales del presente. La lucha de Luxemburg contra Bernstein es equivalente a la lucha de toda perspectiva revolucionaria contra el oportunismo político y la reconciliación con el presente.

¿Cuál es el punto de abordaje que hace Luxemburg de la crítica de Marx a la economía política clásica? ¿Cuál es el fundamento de la “popularización de la doctrina económica marxista” (7) que anuncia al inicio de su magna obra? El punto de elección es el del restablecimiento del capital global para la producción, de manera cíclica y articulada, a la manera del Tableau de Quesnay:

A los méritos imperecederos de Marx en relación con la teoría económica, pertenece su concepción del problema de la reproducción del capital total social (gesellschaftliches Gesamtkapital). De modo característico, encontramos, en la historia de la teoría económica, solamente dos intentos de una exposición exacta del problema: en su origen, en el padre de la escuela fisiocrática, Quesnay, y en su resolución, en Karl Marx (9).

 

En la teoría económica, se trataría de establecer un modelo abstracto del funcionamiento de la sociedad moderna (agricultores, industriales y propietarios en Quesnay; trabajadores, capitalistas y usufructuarios del plusvalor en Marx), y de entender la producción como un flujo orgánico continuo, con un momento de salida, uno de retorno y uno de reinicio; lo que fluye es el valor, en un nivel teórico y, en otro, lo que fluye son cosas, materia, servicios, cuerpos, metales, etcétera. Antes de Marx, se puede marcar como un progreso importante en la teoría económica, la tesis de Smith y su escuela, de que no solamente el trabajo agrario es productivo, como en Quesnay y los fisiócratas (33), sino también el trabajo manufacturero y comercial. Ricardo completó la teoría del valor trabajo, al superar remanentes fisiocráticos de Smith y elaborar una teoría de la renta que permitía entender la lógica de la producción capitalista y el aporte del trabajo humano al proceso de producción.

                                      

Ahora bien, se pueden elaborar cuatro puntos críticos en los que Marx se distancia de la economía política clásica, no por una inspiración solamente moral, sino ante todo por el rigor en el desarrollo de los conceptos:

 

Sismondi […] adolece del mismo error fundamental de Smith, de quien él lo ha adoptado, a saber, la representación de que el producto total anual desaparece sin rastro en el consumo personal, sin dejar una parte de valor para la renovación del capital constante de la sociedad (154).

 

Para Malthus como para Ricardo, Mill, Say y MacCulloch igualmente, existe solo el intercambio de mercancías. El proceso de reproducción social, con sus grandes categorías y conexiones (mismas que Sismondi concedió), no se atiende aquí en lo más mínimo (184)

Ante todo, se basa el esquema de la reproducción de Marx en la diferenciación clara y precisa de los dos lados del trabajo en la producción de mercancías: el trabajo concreto útil, que crea determinados valores de uso, y el trabajo abstracto universalmente humano, que en su carácter social, produce valores necesarios (78)

 

Lo que resalta Marx, es solamente la necesidad de una “sobreproducción [Überproduktion]” constante, esto es, reproducción expandida, en conexión con las cuotas irregulares de desgaste del capital fijo (64).

Para Marx, es fundamental tener en cuenta la relación articulada entre todas las variables económicas, el carácter doble del valor en el proceso económico-histórico del capitalismo (como valor de uso y valor de cambio) y la necesaria sobreproducción de modos de producción en relación con las necesidades de consumo humanas que es intrínseca al capitalismo. Es evidente que tal cosa como la Ley de Say, esto es la “doctrina del equilibrio divino entre la producción y el consumo” (174), es producto precisamente del descuido de la base capital de la reproducción social y del sistema de relaciones sociales mismo. El posible aumento al infinito de la producción anual, la reproducción expandida o la acumulación de capital al infinito, es el corolario de la “fábula de la economía política clásica” (172).

Precisamente, la defensa o la impugnación de la posibilidad de expansión al infinito de la producción capitalista establecen el horizonte de recepción y continuación de la economía política clásica. La institucionalización de la doctrina de Ricardo en MacCulloch (“Mac” como es llamado con “cariño” por Luxemburg) en la cátedra de economía política en Londres, y su difusión en la llamada Escuela de Manchester (196), establece un frente ideológico que es impugnado a mitades del siglo XIX por Rodbertus, ya bajo un conocimiento de la pauperización concreta de la clase trabajadora en el seno de una productividad industrial monumental y volúmenes de comercio internacional (en gran medida colonial) inmenso; las crisis de 1818/19, 1825, 1837-39 y 1847 (203) ofrecían material empírico a Rodbertus para sospechar de la validez teórica de la economía política. Así, los frentes Ricardo vs. Sismondi, legalistas rusos vs. escépticos de la expansión infinita, se abren precisamente para defender a ultranza la tradición de Smith-Ricardo, junto con sus recomendaciones políticas (libre comercio entre naciones, gasto público moderado y orientado a la defensa interior y exterior de la propiedad privada), o bien para proponer alternativas de acción social que redunden, de una u otra manera, en otro modo de producir y distribuir la riqueza a nivel social. Cabe señalar, aunque sea sumariamente, que lo que destaca a Marx de sus coetáneos, lectores y detractores es precisamente la apuesta por entender el sistema de reproducción social del capitalismo de manera articulada y en apego a una ontología social dialéctica, la misma que lo prevenía de aceptar el supuesto carácter eterno y natural de las leyes de la sociedad capitalista. Se infiere de El capital de Marx y su pensamiento general, que si se quiere salvar lo humano del humano, el capitalismo debe transformarse radicalmente o abolirse. A diferencia de Sismondi, Rodbertus y Tugan-Baranowski, Marx no ofrecería meras pautas utópicas (regresivas o no) como alternativa a la hegemonía capitalista, sino que su modelo económico permitiría tanto entender la génesis y lógica del capitalismo, como la necesidad de abolirlo de manera radical y sustituirlo por otro modo de coordinar los procesos de producción de medios de producción y de producción de medios de consumo.[4]

Ahora bien. En lo que atañe a la recepción del pensamiento de Marx (sobre todo de El capital, los Grundrisse y Teorías sobre la plusvalía) se puede señalar el siguiente pasaje como sintomático de la recuperación plena que hace Luxemburg del aparato de pensamiento económico marxista:

Como fundamento del esquema de Marx, se encuentra la diferenciación precisa entre capital constante y variable, en la cual por primera vez se descubre la producción de plusvalor [Mehrwertproduktion] en su mecanismo interno; es hasta Marx que la producción de plusvalor se pone en una relación exacta con las dos categorías fácticas de la producción: los medios de producción y los medios de consumo (Luxemburg, 1990: 78).

 

Se podría extractar que Luxemburg, siguiendo a Marx, demarca de manera lógica la producción en una unidad operativa singular (una industria que debe emplear a trabajadores y explotarlos más allá del tiempo necesario para reponer el desgaste de capital constante –c –, es decir, máquinas, materia prima, etcétera, y más allá del tiempo de producción de su propia manutención – v–), y la producción en la sociedad en su conjunto; en la segunda consideración es necesario lanzar las preguntas ¿qué se produce? ¿para quién se produce?; de manera que es necesario vincular las magnitudes (de valor) en las siguientes instancias: capital constante, capital variable y plusvalor en el departamento de producción de medios de producción, y capital constante, capital variable y plusvalor en el departamento de producción de medios de consumo. En este modelo, la clase capitalista es la que se apropia y dispone del plusvalor de ambos departamentos, y la clase trabajadora recibe solamente el ingreso correspondiente a la magnitud del capital variable en los dos departamentos. El esquema representa a la sociedad capitalista en su más alto grado de desarrollo (como veremos, ello incluso bajo la severa óptica crítica de Luxemburg), y se puede considerar que toda la fauna social de la Modernidad tiene cabida ahí: además de los capitalistas y los trabajadores, se encuentran “rey, sacerdote, profesor, prostituta, soldado, etcétera” (Marx apud 105), quienes forman una clase usufructuaria del plusproducto y plusvalor social; el mote de usufructuario es relevante, en la medida en que no es salida alguna, para los problemas intrínsecos del capitalismo, el proponer el aumento del gasto público a la Keynes, o el buscar empoderar a las clases bajas y medias en poder de consumo, para poder adquirir las mercancías producidas “en exceso”: en última instancia, para Luxemburg, el capitalismo tiende necesariamente a la crisis a hacia la sobreproducción, por el hecho de que el departamento de producción de medios de producción crece desproporcionadamente con relación al departamento de medios de consumo, y siendo estrictos, el plusproducto capitalista solamente puede emplearse como capital de reinversión, a partir de la explotación destructiva y violenta de sociedades y territorios no modernos.[5]

“Sobre el hecho del crecimiento más rápido del departamento de los medios de producción [Abteilung der Produktionsmittel], en comparación con el departamento de los medios de consumo se basa también la ley fundamental marxista de la caída tendencial de la tasa de ganancia” (272) declara Luxemburg, evidenciando el núcleo crítico del pensamiento económico de Marx: el motor individual y social de la economía capitalista es la búsqueda de ganancia, no la creación de valores de uso, o el consumo a nivel de goce, de lo producido, lo que inevitablemente lleva a una capitalización de la producción. El problema insoluble del capitalismo, y la fuente de sus crisis y de su barbarie militarista, es la desvinculación del departamento de producción de medios de producción y el departamento de producción de medios de consumo: el comercio exterior no es una mera opción cómoda y redituable (como en Say y Ricardo), sino una necesidad férrea, en la medida en que las toneladas de acero, de herramientas o de materias primas que produce el departamento de medios de producción, no tienen demandantes o consumidores, más allá de las necesidades de manutención y recambio de la base productiva como existe en un momento dado, para el departamento de medios de producción y para el de medios de consumo. En pocas palabras: la producción excedente del departamento de medios de producción no encuentra dentro del territorio capitalista compradores o demandantes efectivos, lo que se traduce en crisis económicas cíclicas e inevitables (caída de la producción, desempleo, escasez de recursos, etcétera).

Es aquí donde entra la contribución esencial y duradera de Luxemburg al marxismo: la Rosa Roja considera que en Marx se encuentra una teoría, completa y crítica, sobre la producción en una unidad operativa singular (el tema de exposición del primer volumen de El capital), pero no lo mismo en lo que concierne a la reproducción del capital total de la sociedad: “De acuerdo con las condiciones marxistas del esquema de la reproducción [el tema del segundo volumen de El capital], no se encuentra para quién tiene lugar este aumento progresivo en la producción en el departamento de medios de producción y en el departamento de medios de consumo” (284). En pocos términos, el tema de la realización y de la capitalización del plusvalor, esto es, su transformación en mercancías y en capital constante, constituye un “nudo gordiano” (Bulgakov, cit. en 285) en la teoría de Marx sobre la reproducción del capital. El carácter inacabado de esta parte de la teoría económica de Marx es explicado por el carácter fragmentario del segundo volumen de El capital, ya que “no es una obra acabada, sino un manuscrito que se rompe a media exposición” (133). Luxemburg, considera en todo caso a Engels como el responsable del contenido teórico del volumen segundo de El capital.[6]

Así, en lo teórico, la pugna crítica de Luxemburg con Marx, tiene que ver con el carácter acabado del esquema de la reproducción del capital total de la sociedad y, concomitantemente, con el consumidor efectivo del aumento de la producción en los departamentos de medios de producción y de medios de consumo; para la marxista revolucionaria no hay solución a estos problemas si el análisis teórico se cierra en un medio de argumentación en el que solamente existen capitalistas, trabajadores y usufructuarios del plusvalor ya insertos en las formas sociales capitalistas: es necesario invocar un medio social y territorial no capitalista, que sea la base de realización y capitalización del plusvalor. En palabras de la autora de La acumulación:

Lo que debe quedar claro a partir de los ejemplos mencionados, es el hecho de que por lo menos, el plusvalor que ha de ser capitalizado y la parte correspondiente al plusvalor, en términos de masa de productos capitalistas, no se puede realizar [esto es, convertir en mercancías capitalistas], dentro del círculo capitalista; este plusvalor debe incondicionalmente encontrar sus consumidores fuera de este círculo, en capas de la sociedad que no producen de manera capitalista, y en formas sociales que no producen de manera capitalista (308).

 

De aquí se infiere la necesidad férrea para el capitalismo, si este ha de expandirse y no quedarse meramente en una reproducción simple o estado estacionario a la Ricardo, de encontrar en territorios y formas sociales no capitalistas, consumidores para los productos de los departamentos de medios de producción y de medios de consumo. Este escenario de contacto de formas sociales capitalistas, con formas sociales no capitalistas, no es en modo alguno armonioso o pacífico, como podría inferirse de las utopías comerciales de Adam Smith: la depredación colonialista-imperialista del mundo no capitalista se infiere como necesaria en lo teórico, por la falta de consumidores internos en el mundo capitalista, para las producciones excedentes en los dos departamentos de producción; asimismo, es un factum histórico que sucede en el tiempo a la acumulación originaria. En pocas palabras: sin una política colonial agresiva y destructiva, Inglaterra no se habría convertido en la potencia económica mundial que fue en el siglo XIX:

 

La producción capitalista entrega medios de consumo más allá de la propia necesidad (de los trabajadores y de los capitalistas), y sus compradores son capas y países no capitalistas. Por ejemplo, la industria del algodón entregó durante los primeros dos tercios del siglo XIX (y todavía lo hace en parte), materias de algodón al campesinado y pequeña burguesía citadina en el continente europeo, además, más allá, al campesinado en India, América, África, etcétera Aquí fue el consumo de capas y países no capitalistas, el que constituyó la base para la enorme expansión de la industria del algodón en Inglaterra. Para esta industria del algodón, empero, se desarrolló en Inglaterra misma, una industria de máquinas expandida, que entregó husos y telares, además, en conexión con ello, entró la industria del metal y del carbón, etcétera En este caso, el departamento de los medios de consumo realizó sus productos, en medida creciente, en capas sociales fuera del capitalismo, con lo que por su parte, la propia acumulación en este departamento logró una demanda creciente por los productos nacionales del departamento de los medios de producción, y por este medio, se auxilió a la realización del plusvalor en este departamento y a una acumulación creciente (301).

 

Sin la imposición de un consumo y una producción capitalistas, en territorios no capitalistas, el capitalismo no puede sostenerse, por el hecho sencillo de que la producción excesiva en los dos departamentos de producción, no encuentra en el medio capitalista los consumidores extras que se requieren para reiniciar y aumentar la producción progresivamente; “El hombre, justo por ser hombre, no tolera que le pongan una bota en el gaznate” sentencia Brecht,[7] lo que podría hacer entender por qué la relación de las formas capitalistas hacia las formas no capitalistas es de franca e inevitable “destrucción y aniquilación” (318). Los modos de vida no capitalistas no están orientados a la producción por la producción misma, y al consumo de la riqueza producida, como medio auxiliar para seguir produciendo por la producción misma. Vida comunitaria orgánica, relaciones personales Entre seres humanos (Weber), y una relación de cuidado y protección hacia la naturaleza (Arapesh, cf. Marcuse), signos de formas sociales no capitalistas, no son en modo alguno compatibles con los requerimientos de producción y consumo de los dos departamentos de la producción capitalista. Esta, al tener como estructura política de amparo al Estado moderno, tiene a su disposición todos los medios tecnológicos para la conquista y opresión militar que se quiera. Formas sociales no capitalistas, no tienen siquiera el capital necesario para producir una maquinaria de guerra que pudiera contestar al cañón y la metralla de los Estados modernos. Para Luxemburg, la opresión colonial en la India, la invasión francesa a Marruecos, la Guerra del Opio, el exterminio de los pieles rojas, las Guerras de la Frontera del Cabo, las Guerras de los Bóeres, y la “modernización” forzada de Turquía y Egipto, son sencillamente evidencia histórica y concreta, de aquel motivo teórico.

El imperialismo, en un sentido técnico-marxista a partir de Luxemburg, puede definirse como “la expresión política del proceso de la acumulación en su lucha de competencia por el resto del mapa mundial no capitalista” (391); se podría decir, sencillamente, que la colocación progresiva y aumentante de “guarniciones militares” (ibíd.) a lo largo y ancho del globo terráqueo sería signo inequívoco de la fase imperialista del capitalismo (la segunda, de acuerdo con la concepción de Luxemburg, siendo la primera la famosa “acumulación originaria”). Así, el imperialismo es militarista por definición, lo cual, como todo en Luxemburg a nivel de la ontología social, tiene su traducción en los conceptos abstractos de El capital de Marx:

 

El militarismo ejerce en la historia del capital una función enteramente específica. Acompaña los pasos de la acumulación en todas sus fases históricas. En el período de la así llamada “acumulación originaria”, esto es, en los comienzos del capital europeo, juega el militarismo el rol esencial en la conquista del Nuevo Mundo, y de las tierras fértiles de la India, luego en la conquista de las colonias modernas, destrucción de los vínculos sociales de las sociedades primitivas y apropiación de sus medios de producción, por la imposición del comercio de mercancías en países, cuya estructura social es un impedimento para la economía de mercancías, en la proletarización violenta de los nativos y la imposición del trabajo salarial en las colonias, por la formación y expansión de esferas de interés del capital europeo, en ámbitos no-europeos, por la imposición de concesiones ferroviarias en países atrasados, y por la ejecución de los derechos del capital europeo en materia de préstamos internacionales, y finalmente, como medio de la lucha de competencia de los países capitalistas entre sí, por territorios de cultura no capitalista.

Luego viene otra importante función. El militarismo aparece también, en un puro sentido económico, para el capital, como un medio de primer rango para la realización del plusvalor, esto es, como un ámbito para la acumulación (398).

La decisión socioeconómica de producir “medios para la guerra” (409), en lugar de medios para la salud, y de depredar sociedades y espacios no capitalistas, en lugar de colaborar solidariamente con ellos, no es opcional ni voluntaria: todo Estado capitalista tiene necesariamente el destino de imponer una estructura de producción y consumo adecuada para la acumulación (el ramplón PIB, crecimiento económico, etcétera, de los economistas y los políticos burgueses). Ni propuestas humanitarias, democráticas en sentido parlamentario, o mucho menos de renovación moral, serían suficientes para evitar colonizaciones sangrientas o la floración de bases militares en todo el mundo (de momento no queda excluido México de este proceso de ninguna manera). Luxemburg, como marxista originaria (Lukács, 1969: 36), aplaude y aplica en la teoría y la práctica la teoría de la revolución de Marx: solamente un derribo radical del orden existente podría evitar la expansión militarista del capitalismo en todo el globo. La confrontación comprometida e irreconciliable de Luxemburg con el oportunismo socialdemócrata en Alemania,  llevada hasta las últimas consecuencias con un arrojo revolucionario admirable, evidencia suficientemente su opinión sobre el ¿Qué hacer? frente a este escenario catastrofista. Tal vez la tesis de Luxemburg de que las “catástrofes”, “convulsiones” y “crisis” del capitalismo llevan a la “necesidad de la rebelión de la clase trabajadora internacional contra el dominio del capital, incluso antes de que este dominio se tope con su límite natural autoproducido” (411) sea poco palpable de momento, o incluso tenga resonancias más mesiánicas que científicas, pero es menester conceder, que la disyuntiva radical socialismo o barbarie[8]propuesta por la Rosa Roja, se sostiene tanto a la luz del pensamiento de Marx, como a la luz de la experiencia histórica de inicios del siglo XX hasta nuestros días.

II

En la figura de los contratos militaristas del Estado, el poder adquisitivo de las masas de consumidores, concentrado en una magnitud considerable, es retirado del arbitrio y las preferencias subjetivas del consumo personal; esta magnitud expropiada es dotada con una regularidad casi mecánica y con un crecimiento rítmico. Finalmente, la palanca de este movimiento automático y rítmico de la producción de capital militarista, se encuentra en manos del capital mismo – por medio del aparato de la legislación parlamentaria y del sistema periodístico, que está destinado a la producción de la llamada opinión pública (411).

 

En La acumulación, no se dan reflexiones específicas sobre la cosificación de la conciencia bajo el capitalismo (una tema por excelencia de Historia y conciencia de clase de Lukács), o sobre la manipulación de la subjetividad humana por los mass media y el sistema de propaganda del aparato de Estado (un tema por excelencia de El hombre unidimensional de Marcuse); no obstante, es posible inferir que Luxemburg, al igual que Marx, tiene claro que no es posible desarrollar en todo el organismo social una formación amplia del cuerpo y el espíritu (en el sentido de Hegel) mientras la producción por la producción misma sea el principal motor de la esfera económica; asimismo, para ambos autores revolucionarios, es evidente que los medios masivos de comunicación están del lado del mejor pagador. Así, no hay vía de armonización o reconciliación posible del hombre con el capital, de la horda humana, con un modo de producción que requiere y produce sistemáticamente una subjetividad acomodada meramente a la producción y consumo de mercancías en sentido capitalista, y nada más.

En este sentido revolucionario, de no ceder un centímetro de terreno teórico y político, a la resignación cultural, a la reconciliación con el presente, o a la utopía en mal sentido, es que se puede considerar a Lukács y a Marcuse, como los cófrades y continuadores por excelencia del tipo de pensamiento revolucionario esgrimido por Rosa Luxemburg: o el ser humano desmonta consciente y programáticamente, las formas sociales, económicas y políticas del capitalismo, o acaba siendo presa de las mismas fuerzas productivas que él desató inopinadamente. La revolución socialista es un concepto que alude a un proceso permanente[9]; no olvidar estas sencillas palabras, podría ser un punto de inicio, para la recuperación de la memoria histórica de Luxemburg y de su impresionante legado emancipatorio.

 

Bibliografía

Brecht, Bertolt, https://genius.com/Bertolt-brecht-einheitsfrontlied-annotated (último acceso: 25 de mayo de 2019].

Duyanevskaya, Raya, Rosa Luxemburg, Women’s Liberation and Marx’s Philosophy of Revolution. Nueva Jersey: Humanities Press, 1981.

Gandler, Stefan, El discreto encanto de la modernidad: ideologías contemporáneas y su crítica. México, D.F.: Siglo XXI, 2013.

Hegel, Georg Wilhem Friedrich, Berliner Schriften, 1818-1831, Werke 11. Frankfurt/M: Suhrkamp, 1986.

Lukács, György, Historia y conciencia de clase, México, D. F.: Grijalbo, 1969.

Luxemburg, Rosa, La cuestión nacional y la autonomía. México, D.F.: Ediciones Pasado y Presente, 1979.

–, Reforma o Revolución y otros escritos contra los revisionistas. México, D.F.: Fontamara, 1989.

–, Gesammelte Werke. Vol. 5: Ökonomische Schriften. Berlín: Dietz, 1990.

–, La crisis de la socialdemocracia, Madrid: Fundación Federico Engels, 2006.

–, Friedensutopien und Hundepolitik, Schriften und Reden. Ditzingen: Reclam, 2018.

Marcuse, Herbert, Eros and Civilization, Boston: The Beacon Press, 1956.

–, Counterrevolution and revolt. Boston: Beacon Press, 1972.

Marx, Karl / Engels, Friedrich, Werke. Vol. 17. Berlín: Dietz, 1962.

Ricardo, David, Des principes de l’économie politique, et de l’ impôt [1a. ed.], par M. David Ricardo, Avec des notes explicatives et critiques, Tome seconde. París: J.P. Aillaud, 1819.

Say, Jean-Baptiste, Traité d’économie politique, Tome prémier. París: Deterville, 1817.

Smith, Adam, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, vol. II, Basil: Tourneisen and Legrand, 1791.

Sweezy, Paul , “Rosa Luxemburg’s “The Accumulation of Capital”. En: Science & Society 31/4 (otoño de  1967), pp. 474-485.

Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Madrid: Mestas, 2001.

 


* Trabajo enviado especialmente por el autor para su publicación en este número de Herramienta.

** Dr. en Filosofía por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. Es Profesor en el Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP, de la Maestría en Filosofía y Doctorado en Filosofía Contemporánea, de la Maestría en Estética y Arte dentro de dicha Facultad. Es también profesor en el área de Estética en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Libros recientes: Reflexiones políticas contemporáneas en los márgenes disciplinarios (ed. con C. Tame Domínguez, 2016), Hegel: Ontología, estética y política (ed. con J. Balladares, Y. Elguera y Z. Olvera, 2017). E-mail: fernando.huesca@correo.buap.mx.

[1]Sobre la apropiación del legado teórico-práctico burgués a partir de los textos sobre la cuestión nacional en Luxemburg, valga el siguiente pasaje: “Las condiciones para la madurez política y espiritual de la clase obrera son la libertad de expresión en su propio idioma, el desarrollo sin trabas ni deformaciones de la cultura nacional, de la ciencia, la literatura, e arte, así como también el desarrollo normal de la instrucción pública, sin desnaturalizaciones originadas por la opresión nacional, al menos hasta donde ésta pueda ser “normal” en el régimen burgués. Para la clase obrera se hace necesaria la igualdad de derechos civiles de su propia nacionalidad con el resto de las nacionalidades que integran el estado tanto por tratarse de un principio democrático general, como, también, porque la discriminación política de cualquier nacionalidad constituye el instrumento más poderoso en manos de la burguesía, que lo utiliza contra la nacionalidad oprimida para encubrir las contradicciones de clase y mistificar así la situación de su propio proletariado” (Luxemburg, 1979: 71).

[2] De aquí en adelante, los números indicados entre paréntesis sin otra referencia remiten a Luxemburg, 1990.

[3] Véase Gandler (2013), por ejemplo, para una crítica marxista al concepto de reconocimiento de Honneth.

[4]Se podría resumir que en el modo de producción comunista se trataría de sustituir el primado de la producción de medios de producción, por el primado de la producción de medios de consumo; en términos de Luxemburg: “Desde el punto de vista de una sociedad regulada [esto es, el modo socialista de producción, o la producción económica regulada socialmente], la cosa no se debe pensar la cosa desde el departamento I, sino desde el departamento II” (100).

[5] En términos ramplones: de nada sirve una magnitud de ingreso salarial mayor a obreros y profesionistas, si lo que hay en exceso para comprar son toneladas de hierro bruto, montacargas o chips de silicón.

[6] Luxemburg apunta cómo Marx instruyó a su hija Eleanor que Engels tendría “que hacer algo” (135) con los materiales de trabajo para el segundo volumen de El capital.

[7]https://genius.com/Bertolt-brecht-einheitsfrontlied-annotated

[8] “Decía Engels: ‘La sociedad burguesa se encuentra ante un dilema: o avance hacia el socialismo o recaída en la barbarie.’ ¿Qué significa ‘recaída en la barbarie´en el nivel actual de la civilización europea? Hasta ahora hemos leído todas esas palabras distraídamente y las hemos repetido sin presentir su terrible seriedad. Una ojeada a nuestro alrededor en este momento muestra lo que significa una recaída de la sociedad burguesa en la barbarie. La guerra mundial; ésta es la recaída en la barbarie. El triunfo del imperialismo conduce al aniquilamiento de la cultura…” (Luxemburg, 2006: 18)

[9] En este sentido pueden leerse las inmortales últimas palabras escritas de la Rosa Roja: ““El liderazgo político ha fallado. Pero el liderazgo político puede y debe ser construido de nuevo por las masas y desde las masas. Las masas son lo decisivo, son la roca sobre la cual se alzará la victoria final de la Revolución. Las masas estuvieron a la altura, han hecho de esta ‘derrota’, un miembro más de aquellas derrotas históricas, que constituyen el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y así, de esta ‘derrota’ brotará el futuro triunfo. ‘El orden reina el Berlín’ ¡Ah, vosotros vulgares matones! Vuestro ‘orden’ está construido sobre arena. La revolución se ‘alzará de nuevo rampante en las alturas’, y anunciará para vuestro horror con el estruendo de las trompetas: ¡yo fui, yo soy, yo seré!” (Luxemburg, 2018: 81)