El movimiento de los Chalecos Amarillos lucha por reinventar la democracia mientras Macron aumenta la propaganda y la represión


Por Richard Greeman

Después de cinco meses de presencia constante en las rotondas de tránsito, cabinas de peaje y de realizar movilizaciones arriesgadas todos los sábados, el movimiento social masivo y autoorganizado conocido como Chalecos Amarillos acaba de celebrar su segunda “Asamblea de Asambleas” a nivel nacional. Cientos de grupos autónomos de activistas de los Chalecos Amarillos de toda Francia eligieron a dos delegados (una mujer, un hombre) cada uno, para reunirse en la ciudad portuaria de St. Nazaire durante un fin de semana de deliberación (del 5 al 7 de abril).

Después de semanas de escaramuzas con las autoridades municipales, los Chalecos Amarillos locales pudieron albergar a los 700 delegados en la “Casa del Pueblo” de St. Nazaire, y la serie de reuniones generales y de grupos de trabajo se desarrolló durante los tres días sin problemas, en un ambiente de buena camaradería. Un afiche  en la pared proclamaba: “Nadie tiene la solución, pero todos tienen una parte de ella“.

Su proyecto: movilizar la “inteligencia colectiva” para reorganizar, planear estrategias y prolongar la lucha. Su meta: alcanzar los objetivos inmediatos de salarios dignos y jubilaciones, la restauración de los beneficios sociales y de los servicios públicos como escuelas, transporte, oficinas de correos y hospitales, gravar con impuestos a los ricos y terminar con el fraude fiscal de tener que pagar para preservar el medio ambiente. Y, lo más ambicioso de todo, reinventar la democracia en ese proceso. Su Declaración termina con la frase: “Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. A menudo me pregunto si conocen quién acuñó dicha frase.

Amarillo y verde, unidos y en lucha

Se prestó especial atención a la cuestión del medio ambiente, reafirmando el eslogan popular: “Fin de la semana. Fin del mundo. La misma lógica, la misma lucha ” (Fin de mois, fin du monde, mêmes responsables, même combat). La Asamblea fue aún más allá y exigió que “todas las personas que deseen poner fin a la expropiación de la vida  deben adoptar una postura de lucha contra el sistema actual para crear juntos un nuevo movimiento social, ecológico y popular”.

Esto muestra un avance importante desde el levantamiento original de los Chalecos Amarillos, que comenzó como una protesta contra el aumento en los impuestos al combustible diesel, impuesto en nombre del “cuidado del medioambiente”. Menos conocido es que solo el 17% de ese impuesto estaba destinado para el cuidado del  medioambiente. De todas maneras, Macron lo anuló, en un intento temprano de neutralizar al movimiento. Desde entonces los Chalecos Amarillos han convergido relativamente con los grupos ecologistas, a quienes muchos Chalecos Amarillos pobres y de clase trabajadora no pueden dejar de ver como pequeño burgueses en bicicletas, que quieren ser amables pero que no están dispuestos a luchar directamente contra los grupos de poder.

Por lo tanto, su llamado a la unidad también es en parte un desafío para el movimiento ambientalista: “únete a nosotros en la lucha por la igualdad social y prepárate para luchar contra todo el sistema“. ¡Brillante! ¿Quién dijo que un movimiento autónomo, no estructurado, compuesto por personas ordinarias, con poca educación, no puede idear estrategias y tácticas? Los psicólogos explican que esta “sabiduría de las multitudes” aparece cuando las personas están en pie de igualdad y libres de restricciones. Crece a través de la experiencia y de la discusión.  “Nadie tiene la solución, pero todos tienen una parte de ella“. Esta fue la base de la democracia directa en Atenas, de la cual los Chalecos Amarillos tomaron prestada la idea de elegir representantes por sorteo.

Autonomía

La Asamblea de Asambleas reafirmó el principio fundador de los Chalecos Amarillos  de mantenerse alejados de los partidos políticos y también de los liderazgos. En mi opinión, esto es genial. Cada movimiento popular de masas en el que he participado en los últimos sesenta años ha sido cooptado o aplastado por la clase. Los líderes abren una oficina, intentan recaudar dinero y obtener acceso al poder y terminan comprometiéndose con el poder establecido. Tratan a los activistas como a una lista de correo, y el poder y la dinámica del movimiento de masas se diluye, como sucedió con la campaña por el desarme nuclear, que alguna vez movilizó a millones de personas. Con el tiempo, el partido demócrata los engaña. Aquí, el Partido Socialista se devoró a SOS Racismo, que era el embrión de un movimiento por derechos civiles muy necesario en Francia.

Instintivamente, desde el principio, los Chalecos Amarillos parecen haber asimilado estas experiencias y ponen en práctica una crítica profunda de la democracia representativa que se remonta al siglo XVIII. Dicha crítica fue expresada y aplicada durante la Comuna de París de 1871. Allí los delegados tenían mandatos limitados, sujetos a revocación, rotaban regularmente y recibían como pago un salario igual al de los trabajadores. Los comuneros también hicieron un llamado a otras ciudades para que se levanten y se unan como federación. Este es precisamente el modus operandi de los chalecos amarillos.

Europa

Esta crítica de la representación explica la actitud de la Asamblea hacia las próximas elecciones para el Parlamento Europeo, un ensayo para las próximas elecciones legislativas, cuando los partidos competirán seriamente por los votos. El temor a ser manipulados con fines políticos es muy fuerte. El mes pasado, durante una movilización en París, los Chalecos Amarillos reconocieron a una manifestante que acababa de proclamar su candidatura en la gran fanfarria de los medios, aparentemente en nombre de los Chalecos Amarillos. Furiosos, le gritaron hasta que se retiró. Poco agradable, pero un ejemplo necesario para cualquier otra persona que prefiera ser más un político que un Chaleco Amarillo (sin renunciar primero al movimiento).

En lo que respecta a Europa, la Asamblea, lejos de pedir un Frexit, se acercó a los movimientos sociales de otros países de la Unión Europea con el llamado a unirse y luchar contra las políticas neoliberales. La Asamblea no encontró ningún motivo para votar en la “elección simulada” del Parlamento Europeo. Como es sabido, el Parlamento Europeo no tiene poder, ni siquiera visibilidad. Ni aún en Bruselas, donde las decisiones importantes son tomadas por representantes de los bancos alemanes y las corporaciones multinacionales. Además, limita el gasto deficitario de los países miembros, lo que en Francia recorta el financiamiento de los servicios sociales y la reconstrucción ambiental que demandan las personas.

Reestructuración y reflexión

La Asamblea de Asambleas del pasado fin de semana coincidió con el Acto 21 de la larga lucha de los Chalecos Amarillos para ocupar los espacios públicos y proclamar libremente sus esperanzas y enojos y que, según los números del gobierno, convocó sólo 23,400 personas en toda Francia, el número más bajo de las movilizaciones realizadas hasta el momento. Esto no es de extrañar, después de cinco meses seguidos de sangrienta represión. La policía estaba, como de costumbre, en acción, y se detuvieron y registraron 14.919 personas, según la Prefectura de París. Después de veintiún batallas semanales, muchos de nosotros estamos demasiado cansados, demasiado asustados y/o demasiado viejos para continuar “corriendo con los toros” a través de las calles y esquivar granadas de gas lacrimógeno.

“Pensamos que estábamos fuera de estado. De hecho, participamos en una maratón y debemos estar preparados”, admitió un orador. Nos damos cuenta de que debemos cambiar nuestras tácticas, refinar nuestros objetivos y organizar nuestras estructuras democráticas para que el movimiento se sostenga. La Asamblea del fin de semana pasado intentó enfrentar este desafío, comenzando con tres semanas de discusión y la propuesta de nuevos enfoques.

Entre las nuevas tácticas se hizo un llamado a una gran protesta nacional contra la creciente represión llevada adelante por el gobierno de Macron, la liberación de todos los encarcelados, ya sean Chalecos Amarillos o de otras luchas “criminalizadas”, refiriéndose principalmente a las comunidades inmigrantes oprimidas de África del norte en Francia, brutalmente reprimidas en 2005. “[La represión violenta] que estamos experimentando hoy ha sido durante décadas la experiencia diaria en los barrios populares [suburbios]” y concluye: “Ahora el autoritarismo se está generalizando a toda la sociedad”.

Autor: Richard Greeman, 12 de abril de 2019 
Artículo publicado en CounterPunch.org
Traducción parcial al castellano: L.M.Bardamu, para Comunizar

Aquí, para leer el texto completo, en inglés

(Dibujo de Nathaniel St. Clair)

Richard Greeman es un activista marxista de los derechos humanos, la lucha contra la guerra, la lucha antinuclear , ambiental y laboral en los Estados Unidos, América Latina, Francia y Rusia. Greeman es conocido por sus estudios y traducciones del novelista y revolucionario franco-ruso Victor Serge. También escribe regularmente sobre política y teoría revolucionaria.