Periodismo patriarcal


Por Esteban Zunino

La discusión sobre problemáticas ligadas al género ha adquirido niveles inusitados en la Argentina. Desde #NiUnaMenos, pasando por el debate sobre #AbortoLegal, hasta el #MiráComoNosPonemos, o la Ley Micaela, nuestra sociedad asiste a una saludable movilización que se presenta como el más elocuente dato de dinamismo y transformación social, cultural, económica y política del momento.  

El rol de los medios de comunicación en ese proceso es central. Al respecto, una de las principales intelectuales que viene trabajando hace décadas sobre el tema, la antropóloga Rita Segato sentenció en declaraciones periodísticas a Página/12: “La noticia de agresión sexual se instala como un espectáculo en los medios y eso tiene que cambiar”.

Un informe del Observatorio de Medios, Democracia y Ciudadanía repone algunas pistas que confirman con datos la apreciación de Segato: la noticia de género no sólo se construye a partir de elementos dramáticos y ficcionales que apuntan al morbo. La mujer, en general, tiende a aparecer en los medios predominantemente como víctima, mientras que es sistemáticamente invisibilizada en otros roles. Incluso como productora de noticias y/o fuente de información.  

El trabajo revela que la gran mayoría de las piezas informativas sobre violencia sexual y femicidio publicadas por los dos diarios más consumidos del país, Clarín y La Nación, fueron presentadas como casos policiales o de “inseguridad”. Sólo dos de cada diez notas sobre el tema fueron, como aconsejan los protocolos, tratadas bajo etiquetas y enfoques que las distingan por su especificidad relativa al género. Su ubicación en las secciones de los diarios resulta elocuente: la mayoría de las noticias se siguen incluyendo en “policiales” o “seguridad” y se construyen con su lenguaje típico. Finalmente, aquellas que llegan a la sección “política” podrían considerarse una conquista: remiten a casos sobre los que, como el aborto, los poderes estatales debieron expedirse, mucho más por presión social que por propia convicción.

 

 

Si se analizan las fuentes consultadas en las noticias sobre género, la voz dominante es la del Poder Judicial (23,8%), aunque, tal como sucede en los policiales, también se destaca la de las fuerzas de seguridad (7,9%). Es decir, la definición del problema queda mayoritariamente en manos de los mismos poderes públicos que revictimizan a las mujeres a la hora de tomar una denuncia o enjuiciar a un agresor. Sirva de ejemplo el femicidio de la adolescente de 16 años Lucía Pérez, sobre el que el Tribunal Oral Criminal N° 1 de Mar del Plata evidenció su aberrante carencia de perspectiva de género al sentenciar que la muerte de la menor estuvo sólo asociada al consumo de drogas. Ni el empalamiento incluido en la causa por la fiscal fue suficiente para que los anteojos de “la justicia” aparecieran tan opacos al acontecer social que transitamos.

Volviendo a los medios, pero al igual que en los juzgados, faltan especialistas en género en las redacciones y en las coberturas. Pese a que la consulta a expertos en la construcción de la noticia haya sido recomendada por la guía para el tratamiento mediático responsable de casos de violencia contra las mujeres de la Defensoría del Público de la Comunicación Audiovisual, las voces expertas alcanzan apenas el 4,8%.

Otra de las recomendaciones centrales para el tratamiento informativo de las problemáticas de género orienta a los medios a evitar la espectacularización. Y allí, el periodismo vuelve a fallar. Tres de cada diez fuentes consultadas en noticias de femicidios provienen del círculo íntimo de la víctima. El dato, que a simple vista podría parecer natural, debe analizarse en función de lo que el medio pretende con la inclusión de esos testimonios. Las voces de familiares, vecinos, amigos y testigos apuntan al dato morboso, escabroso y anecdótico. Y no suele sumar mucho más que eso, aunque su consulta insistente sature de mal gusto.  

Construir la noticia a partir de sus detalles particulares, como los problemas en una relación amorosa, o la “reacción” ante a una infidelidad, es una decisión. Con ella, el machismo queda restringido a la anécdota de una historia individual, relativa al mundo privado. Ese giro descontextualizante borra las marcas heteropatriarcales que, ancladas en nuestras vidas y cuerpos, explican cada uno de los sucesos particulares. Al mismo tiempo, la individualización del caso exime sistemáticamente al Estado de hacerse cargo de un problema que va mucho más allá del “crimen pasional”, etiqueta recurrente del tratamiento informativo.

Finalmente, es preciso inscribir todo lo dicho en un contexto más amplio que vuelve a poner el foco en las redacciones periodísticas. Como se publicó anteriormente en Letra P, otro informe del mismo Observatorio mediático reveló que sólo el 20% de las noticias de los principales medios digitales del país están escritas por mujeres y que, además, esos artículos se restringen mayoritariamente a temas blandos, como sociedad o entretenimiento.

Al analizar el género de las fuentes de información que se incluyen en las noticias sobre los diversos temas de la agenda mediática se revela que ocho de cada diez son hombres. Es decir, la construcción de la mayoría de los asuntos públicos y privados que son noticia llegan a nuestras pantallas encuadrados, enfocados y predigeridos a través de un prisma masculinizante.      

 

 

“Profesores de comunicación, formadores de periodistas y editores de medios tienen que convocarse a una gran convención, diría latinoamericana, donde se debata en profundidad la pauta mediática para las agresiones sexuales” recomendó Rita Segato en estos días. El desafío es estar a la altura. Hace unos meses, ante la cuestionable cobertura mediática del asesinato de Santiago Maldonado, su hermano Sergio sentenció: “Si no saben que poner, pongan música”. Esa es la otra opción.

Publicado en LetraP Periodismo Digital el 23/12/2018