La era de la libreta de trabajo verde y amarilla (1)


Por  Maria Cristina Fernandes

 

 Olvídese de las noticias falsas. La libreta  de trabajo verde y amarilla es el mejor truco de la victoria de Jair Bolsonaro. No es producto de delirantes robots, no cumplió un papel central en la campaña,  ni se convirtió en una consigna de los “bolsominions(2). Pero está a la altura de la desventura de lo que está por venir.

El documento fue presentado en la campaña como un divisor de aguas en el mundo del trabajo. De un lado estarían los poseedores de la libreta azul que quieran preservar los derechos previstos en la CLT -Consolidación de las Leyes del Trabajo- (3), aun a riesgo de perder sus empleos. Del otro, los brasileños que acepten reducir derechos en contratos individuales con sus empleadores.

Si el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue el padre de los pobres rejuvenecido, con sus políticas compensatorias y de formalización del trabajo, Bolsonaro baja un escalón. Busca capturar a la masa de desvalidos lanzándolos contra aquellos que todavía conservan en su poder derechos laborales. Un ejemplo de eso es la propuesta de otorgar un aguinaldo para los beneficiarios del Subsidio para Familias de bajos recursos (Bolsa Familia), a costas del Bono Salarial (4). La lucha de clases bolsonarista está concentrada en la parte de abajo de la pirámide. La libreta verde y amarilla es el manto destinado a proteger a su ejército de precarizados.

En un programa de gobierno que consta de 8.000 palabras, el capítulo del trabajo sumó 112. Allí están la libreta de trabajo verde y amarilla, el predominio de acuerdos individuales con empleadores en detrimento de la CLT, salvados las garantías constitucionales, el permiso para que, por ejemplo, un metalúrgico pueda elegir el sindicato de los bancarios para afiliarse  (fin de la unidad sindical por categoría) y la barrera contra la vuelta del impuesto sindical.

Entre los derechos constitucionalizados están el salario mínimo, el seguro al desempleo, el descanso semanal remunerado, el aguinaldo, el FGTS (5) y la jubilación. La reforma laboral no modificó la Carta Magna, pero dio flexibilidad a la negociación de jornadas de trabajo y los costos laborales, y restringió el acceso a la Justicia del Trabajo.

A lo largo de la campaña, Bolsonaro evitó explicitar qué derechos podrían llegar  a ser afectados. Se limitó a informar que el trabajador va a tener que escoger "si quiere más derecho y menos empleo o menos derecho y más empleo". La retórica binaria funcionó, o por lo menos, no fue percibida lo suficientemente amenazadora como para perjudicarlo.

Bolsonaro no fue electo porque prometió quitar derechos. Pero solamente consiguió el mandato porque hay un  gigantesco contingente desprovisto de  ellos. Entre los informales, los trabajadores por cuenta propia y que no cuentan con Personería Jurídica, y los desempleados, suman 51,9 millones de brasileños, casi la totalidad (57 millones) de la votación del presidente electo. Fue la desesperanza que venció al miedo. Los robots de las redes sociales solo fueron capaces de producir espirales delirantes porque encontraron completamente abierto este portal.

El delator de Cambridge Analytics, Christopher Wylie, un día definió a Steve Bannon - su antiguo patrón y ex consultor de marketing-, quien posibilitó en gran medida la victoria de Donald Trump y que hoy es gurú del bolsonarismo, como alguien obstinado en cambiar la cabeza de las personas. En Brasil, quien le hizo la cabeza a la mayoría petista que se transportó hacia el bolsonarismo no fueron las redes sociales, sino los continuos años de recesión y la frustración.

La amenaza al aguinaldo permaneció más o menos inocua a la campaña, porque 13 millones permanecen desempleados después de la reforma laboral que prometía hacer brotar empleos. El número 13 del PT incluso llegaba a rimar con decimotercero (nombre que se da en Brasil al aguinaldo.N.de T.), pero no se mostró como una solución.

La militancia de Bolsonaro contra la incorporación de los empleados domésticos a la CLT también se mostró inocua porque la campaña transcurrió en un momento en que grandes contingentes de mujeres que habían dejado el cuartito del fondo de la casa donde trabajaban como empleadas domésticas, para aventurarse en el mundo del Telemarketing, o en el mostrador de una tienda, terminó perdiendo el empleo. No consiguen ni siquiera volver a los cuartitos, porque la nueva legislación laboral que intentó sacar a Brasil del siglo XIX, le impidió a una clase media estrangulada, recontratar sus servicios.

Desde el quinto piso de su edificio en el barrio carioca de Botafogo, Wanderley Guilherme dos Santos avistó una parte de la floresta. Un mes antes del segundo turno electoral publicó un artículo (bit.ly/2CU33Fh) en el que intenta explicar cómo este desordenamiento en el terreno laboral llevó al 2018, y que no se va a acabar con la elección.

Él explica que la victoria del PT, como máximo, daría curso a iniciativas compensatorias para los desvalidos de siempre e incapaces de evitar a obsolescencia de la sociedad frente a la automatización. Sería una coalición defensiva del orden decadente y sin preparación para reaccionar a lo que llama de Cuarta Revolución Industrial. Todavía estaría moldeada en la era industrial clásica y desconectada de la tecnología que permitió el manejo de gigantescas bases de datos y provocó una ruptura con los corolarios de la organización del trabajo.

El partido se vio desarmado por lo que el fundador del Fórum Económico Mundial, Karl Schwab, un día describió como un arco iris de prosperidad, con el trabajador, finalmente apto para disfrutar de plena autonomía y libertad para poder dedicarse un día a las tareas laborales, y a pescar al día siguiente, siempre que su currículum esté disponible en una nube, a fin de poder ser reclutado para servicios definidos, sin obligaciones posteriores entre prestador y contratante.

No todos los embotelladores de nubes de la nueva era son tan utópicos. Inexorables, las innovaciones tecnológicas también están destinadas para posibilitar a las empresas a prescindir del trabajo. No amenazan solamente a las ocupaciones de baja calificación, sino también a los servicios más sofisticados, e inspiraron a autores como Thomas Piketty a mostrar cómo el dinero hoy, consigue hacer dinero más rápidamente que las personas, y las empresas consiguen crear valor. Jair Bolsonaro venció la elección porque surfeó sobre esa ola de desorientación. La libreta de trabajo tupiniquim (6) del bolsonarismo es la inclusión por la capitulación. Nada es tan significativo como la experiencia alemana. Hace un siglo, allá el comunismo fue frenado con la ampliación de beneficios sociales, en gran parte, por la vía de la sindicalización. La salida para incorporar inmigrantes sin romper el pacto entre sindicatos y empresas fue excluirlos. Así, los contratos de estos se rigen por reglas más estrechas y menos benevolentes.

Las dificultades de esa experiencia ya hicieron detonar extremismos en Austria y en Hungría, y acaba de provocar decepción con la política de la Canciller alemana, Ángela Merkel, gobernante que equilibró como pocos, los platillos de ese caótico menú de la exclusión automática, en la resistencia a los extremismos del continente.

En Brasil, salvo la feroz reacción desatada contra los venezolanos, en uno de los Estados (Roraima) que dio mayor ventaja a Jair Bolsonaro, es principalmente contra su propia gente que se levanta el nuevo orden de la cuarta revolución industrial. Al pintar de verde y amarilla la nueva libreta de trabajo, el presidente electo está comunicando que es bajo el manto de la protección patria que se dará el vaciamiento de derechos laborales.

Como Brasil está por encima de todo, no debería haber problemas ni contradicciones. Quien se subleve contra este orden debe ser expatriado porque resiste a dar el oro, lo mejor, o sea sus derechos, por Brasil. Al contrario de lo que acontece en Europa, el país ingresa en el siglo XXI sin siquiera haber salido enteramente del XIX.

La coalición vencedora, sin embargo, no se limitará a premiar a Yanomamis (7) que entreguen sus tierras con subempleos e iPhones de penúltima generación. Bolsonaro amenaza con planes de enseñanza a distancia en una mano, y leyes antiterroristas en la otra, a los profesores que ofrezcan resistencia. Tendrá, a su disposición, estos instrumentos para contener nuevas insurgencias que intenten oponerse a la entrada al galope de Brasil en la cuarta revolución industrial. A todo esto se agrega la anunciada política de liberación de las armas y la cruzada en defensa de la familia y la propiedad.

El presidente electo ya incluye entre los insurgentes a aquellos que acusó de victimizarse, variación en términos, de un concepto similar esbozado por su vice cuando hizo referencia a la “indolencia tupiniquim”.

Si la libreta verde amarilla no llega a dar cuenta de los 13 millones de desempleados no faltará mercado de trabajo en las milicias (8) que la liberación de armas hará proliferar en el país.

El consultor João Guilherme Vargas Neto, que ya sabía leer cuando Getúlio Vargas (9) comenzó a colocar a esas masas en circulación en la política, no se impresionó con la exhibición del libro de Winston Churchill con la cual el presidente electo buscó refutar las acusaciones que lo asocian al fascismo. Prefiere confiar en la sucesora del viejo Primer Ministro inglés, quien asumió el poder para promover el desmonte de las conquistas sociales de la posguerra. Para Margareth Thatcher, no había sociedad, sino apenas familias e individuos.

Si tuviera éxito, el presidente electo puede hasta llegar a conquistar la ciudadela más fiel del PT, la población que gana hasta un salario mínimo (10), aquella que no concluyó la educación básica. Cumpliría así, una trayectoria paralela a la de Lula, que fue electo por los nutridos y pensantes, y terminó siendo abrazado por los desvalidos. En el muro que pretende levantar entre los de la libreta azul de un lado,  y los que serán portadores de la verde y amarilla del otro, está nuevamente embutida la idea del "nosotros contra ellos" del  petismo.

Ese muro solo cae si el bando formalizado se pusiera a disputar con el presidente electo las banderas de los precarizados. De todas esas banderas, la que más condiciones tendría para fracturar en la base al muro del bolsonarismo, es también aquella a la cual los trabajadores formales más se resisten a levantar: la defensa del SUS (11) como sistema, universal de hecho para todos los brasileños.

Son prácticamente nulas las posibilidades de que categorías sindicalizadas renuncien al beneficio de tener planes de salud en sus Convenios Colectivos, para favorecer el fortalecimiento de la salud pública. Dos de los candidatos a la presidencia (Bolsonaro y Ciro Gomes) que estuvieron bajo cuidados médicos durante la campaña se rindieron a los lujos ofrecidos por la red hospitalaria privada. La actitud cabría al colectivo, mas, la era Bolsonaro llegó para sacar esta palabra de circulación.

Maria Cristina Fernandes es periodista de Valor, escribe en este espacio quincenalmente.

E-mail: mcristina.fernandes@valor.com.br

La traducción para Herramienta a cargo de Armando Vivas

A era da carteira de trabalho canarinha https://www.valor.com.br/imprimir/noticia_impresso/5962899

Notas Del Traductor:

(1) Durante La campaña electoral, Bolsonaro lanzó esta propuesta, con la que prometía combatir el desempleo. Se trataría de una libreta de trabajo con los colores patrios, en oposición a la actual, de color azul. Con esa propuesta apunta principalmente hacia los jóvenes que procuran su primer empleo. Se calcula que entre los jóvenes de entre 18 y 24 años, la tasa de desempleo llega al 26,6%. Así, quien escoja la nueva libreta verde y amarilla, estaría renunciando “voluntariamente” a varios derechos establecidos por ley, para obtener un empleo.

(2) Bolsominions: Así fueron designados de forma peyorativa, los seguidores de Bolsonaro en la campaña electoral.

            (3)  CLT: Consolidación de las leyes Del Trabajo. Ley laboral que rige en Brasil 

                  desde el 1º de mayo de 1943, por decreto Del gobierno de Getúlio Vargas.

                   (4) Bono salarial: Es un beneficio que es otorgado a algunos trabajadores, y puede    

                 llegar a 1 salario mínimo (Su valor actual es de R$ 937, equivalentes a 253 dólares)

                 Para acceder al beneficio el trabajador deberá estar formalizado, y su salario no

                puede haber superado la suma de dos salarios mínimos.

            (5) FGTS: Fondo de Garantía del Tiempo de Servicio. Este beneficio fue creado con el

 objetivo de proteger al trabajador  en caso de despido sin justa causa. En una  cuenta abierta vinculada al contrato de trabajo, todos los meses los empleadores depositan allí un  valor correspondiente al 8 % del salario. Esos fondos acumulados pertenecen al trabajador y pueden retirarlos en determinadas situaciones de necesidad.

 (7) Yanomamis: Comunidad indígena que habita el nordeste de Brasil y parte de Venezuela.

(6) Tupiniquim: Población indígena, perteneciente a la nación Tupi. Habita la región norte de Brasil.

 (7) Yanomamis: Comunidad indígena que habita el nordeste de Brasil y parte de  

        Venezuela.

 8) Milicias: Grupos paramilitares violentos y de fuerte actuación en conglomerados  

     (urbanos y favelas, que con la excusa de defender a los habitantes del lugar del 

     narcotráfico, acaban extorsionando a la gente, de la cual exigen una paga fija por sus 

     servicios.

(9) Getúlio Vargas: Fue presidente de Brasil por dos períodos, el primero de 1930 a

      1945, y el segundo de 1950 a 1954, año en que se suicidó. Durante su primer

      mandato se implementó la CLT (Consolidación de las Leyes del Trabajo).

(10) SUS: Sistema Único de Salud, implementado por la constitución de 1988, es

        considerado uno de los programas de salud pública más grandes y complejos del

       mundo.