Una marea verde esperanza

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Claudia Korol**

 

El cuerpo colectivo late fuerte. Nuestros corazones rebeldes se encuentran en estado de alerta. La marea verde invade las ciudades, y va arrastrando los prejuicios sembrados históricamente por quienes pretenden controlar nuestros cuerpos de mujeres, o si no lo logran, expulsarnos del Paraíso.

La movilización no comienza ni termina en el centro de la ciudad de Buenos Aires, donde se encendieron fogones, se armaron guisos comunitarios, se acomodaron las carpas donde se realizaron debates apasionados sobre la historia de nuestra resistencia y sus desafíos actuales. La movilización no comienza el 13 de junio ni termina el 14. Viene de más de un siglo de lucha feminista y popular, extendiéndose sin fronteras por el continente y más allá, donde otras compañeras hacen vigilia junto a nosotras. Nos “acuerpan”, nos dan ánimo, nos dicen que “estamos juntas”. 

En todas las casas, en los barrios, en los pueblos más distantes, se habla, se piensa, se discute. Las abuelas cuentan a sus nietas por primera vez, historias de abortos realizados en la clandestinidad. Recuerdan también a vecinas que murieron en abortos ilegales. Las relaciones se humanizan, se sinceran. La sociedad se va sacando varias capas de hipocresía, de tabúes, de mentiras. Éste es el gran logro del momento histórico que estamos viviendo y realizando. Las mujeres compartimos dudas, deshojamos silencios, nombramos miedos y los desafiamos. 

Mientras duró la maratónica sesión del Congreso, en sus afueras se cantaba, se bailaba, se realizaban debates y rituales colectivos, aquelarres, abrazos. Hay tambores, hay fiesta. “Aquí se respira lucha”. ¿Qué es lo que demanda esta marea poderosa? Cuando decimos “aborto legal”, nos referimos al derecho a la autonomía de las mujeres sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. Nos enfrentamos también a la crueldad de una sociedad que condena a las mujeres pobres a morir en abortos clandestinos, o a parir hijos e hijas que son producto de violencias o abusos, y que en muchos casos sobreviven penosamente en situación de desnutrición, de hambre, de blanco para el “gatillo fácil”. La vida de “los” pobres no cuenta para el poder, y la vida de “las” pobres cuenta menos aún. A pesar de las muchas diferencias que podemos tener, venimos de la experiencia nacida de los Encuentros Nacionales de Mujeres, de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y más recientemente, de la experiencia colectiva y feminista del “Ni una menos”. No queremos más femicidios, no queremos más mujeres muertas o criminalizadas por este sistema patriarcal. No queremos que mutilen nuestro deseo de libertad. Y para lograrlo trazamos los puentes de encuentro en nuestras diferencias.
Lo más conmovedor de estas jornadas es la presencia masiva de niñas, adolescentes y jóvenes, que patearon el tablero de la doble moral. Entraron al juego político con pañuelos y banderas verdes, y desequilibraron el partido. Ocupan y salen de los colegios secundarios, de los barrios, y empujan la historia con una fuerza incontenible. Pintan el horizonte de verde esperanza. Es la esperanza, no sólo de una ley… Es la esperanza de la revolución feminista, que reimpulsan con su irrupción masiva, rebelde y organizada. 

Las brujas de ayer y hoy se ríen, celebran, se preparan para las próximas batallas, que seguramente serán más exigentes. La votación en Diputados por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, es resultado de la marea verde, que tiñó los cálculos y transformó algunas conciencias. La marea sigue tiñendo ahora las calles y los corazones de las personas con capacidad gestante. El miedo ahora lo respiran ellos. Alrededor de las brasas de los fogones, arde la rebeldía. El feminismo hoy está guevariando la historia. Ya no habrá revoluciones sin nosotras.

* Artículo originalmente publicado en http://www.lapoderosa.org.ar/2018/06/una-marea-verde-esperanza/

**Autora, entre otros, de los libros El Che y los argentinos y Feminismo y Marxismo, diálogo con Fanny Edelman. Como educadora popular, participa en proyectos de formación política con movimientos campesinos, piqueteros, y organizaciones de mujeres. Forma parte del Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía. Es secretaria de redacción de la revista América Libre.