El imperialismo estadounidense en las brasas orientales

Achcar, Gilbert

Reportaje a Gilbert Achcar

La Brecha: A principios de mayo del 2003, el presidente Bush organizó una puesta en escena triunfal sobre un portaviones de la marina de los Estados Unidos, para anunciar oficialmente el cese de los combates en el Iraq. Un año después, ¿cómo caracterizar la situación en este país?

Gilbert Achcar: Lo que sucede confirma lo que decíamos al principio de la invasión al Iraq: "las dificultades para Washington y Londres no hacen más que comenzar. Era sabido de antemano que el derrocamiento de Saddam Hussein y la ocupación militar del país no plantearía problemas para el ejército de los Estados Unidos, teniendo en cuenta la desproporción enorme de las fuerzas en juego. Pero otra cosa es controlar un país como el Iraq. El avance tecnológico aplastante del ejército de los Estados Unidos, ya no es tan determinante.En primer lugar, hace falta un número de soldados mucho más importante del que se necesita para una simple victoria militar. Ahora bien, la administración Bush creyó poder ocupar el Iraq con un número muy limitado de soldados, es uno de los talones de Aquiles de la potencia de los Estados Unidos: el factor humano, rápidamente considerado como superado, luego de la revolución tecnológica que ha transformado el "arte de la guerra". En segundo lugar, hay que tener frente a sí una población controlable, es decir que manifieste un cierto grado de resignación, o de aceptación, de la ocupación. Esto está muy lejos de ser el caso, la mayoría de la población iraquí ha recibido al ejército de los Estados Unidos con un sentimiento que podríamos resumir de esta manera: ‘Ustedes derrocaron a Saddam Hussein, muchas gracias, ahora váyanse de aquí, no los queremos como fuerza de ocupación’."

Este sentimiento está en la raíz del movimiento de oposición a la ocupación, que adquiere un efecto "bola de nieve" y se traduce casi cotidianamente en acciones armadas. A mi criterio, sin embargo, esto no es lo determinante. Lo más importante es el carácter masivo del rechazo a la ocupación. Son por ejemplo las manifestaciones gigantescas que han sucedido luego de la pulseada entre el procónsul Bremer y el Gran Ayatolá Sistani sobre la cuestión electoral.

Esto es lo que hace que el proyecto de la administración Bush esté jaqueado y que el Iraq ya se haya convertido en una caldera. El ejército de los Estados Unidos se está estancando y la situación no hace más que empeorar, sin perspectivas de una salida honorable. En este sentido hay puntos de comparación con Viet Nam. No en el ámbito militar, pues no hay denominador común entre la guerrilla iraquí y la guerra de Viet Nam. Pero en el ámbito político, como ocurrió con Viet Nam, el Iraq se ha convertido en un enorme fardo para la clase dominante de los Estados Unidos. Los Estados Unidos ya han gastado cerca de 130 mil millones de dólares para su presencia en el Iraq, con miras puestas en el control de las riquezas petroleras considerables que tiene ese país, pero hoy por hoy no están demasiado seguros de poder quedarse.

¿Cómo caracterizar las principales medidas de política económica impuestas por los Estados Unidos al Iraq en un año?

Constatamos igualmente a este nivel una primera derrota de los Estados Unidos. Washington no ha logrado aún el otorgamiento de la explotación de petróleo iraquí, que era sin embargo su objetivo fundamental. Los Estados Unidos no se han lanzado a esta guerra por las pocas industrias de transformación y servicios que existían en el Iraq. La administración Bremer ha aplicado su programa al pie de la letra, a fuerza de privatizaciones y de adjudicaciones de mercados a empresas yanquis sin escuchar ofertas, inclusive en detrimento de otras empresas yanquis, lo que ha provocado numerosos escándalos. Pero por el contrario, los Estados Unidos ha seguido posponiendo las decisiones en materia de petróleo, justamente a causa de la hostilidad que con respecto a ellas rápidamente pudo constatar en el país. De hecho, cuanto más tiempo pasa, más se intensifica la hostilidad popular que llevó a posponer estas decisiones. El proyecto de la administración Bush no era, como se había dicho en algún momento, privatizar pura y simplemente los recursos petroleros iraquíes. Eso sería demasiado difícil de ser admitido. Su objetivo era una privatización encubierta, bajo la forma de acuerdos que permitieran a las compañías petroleras yanquis coexplotar con la compañía Estatal el petróleo iraquí. Pero hoy por hoy, el principal problema de los Estados Unidos es saber si ellos podrán mantenerse en ese país y bajo que condiciones.

La administración Bush puso como fecha el 30 de junio para transferir la soberanía a los iraquíes, ¿qué significa realmente esto?

Fue el otoño pasado que Bremer anunció oficialmente su proyecto de un "supuesto" gobierno iraquí, reuniendo a personas designadas por el ocupante o elegidas por asambleas que fueron designadas por el ocupante para tales fines. Esto ha resultado en una pulseada que tuvo como principal adversario a Sistani, el más alto dignatario chiíta en el Iraq. El gran ayatolá Sistani es un renombrado reaccionario en el plano social, un tradicionalista medievalista, sin embargo en esta batalla, el ha aparecido como aquel que desafía al procónsul Bremer. Un eminente hombre reaccionario queda convertido de esta manera en el portavoz de su comunidad y de una mayoría de la población iraquí, en la oposición a los planes de la fuerza de ocupación. A pesar de las diferencias importantes entre Sistani y Khomeini, notablemente en sus concepciones de las relaciones entre el poder político y las autoridades religiosas, esta situación no es muy distinta del rol que jugó Khomeini en Irán en la lucha contra el Sha. Siendo también ultra reaccionario en materia social y de los derechos de las mujeres, Khomeini se había convertido en la principal figura de oposición al Sha de Irán hacia finales de los años setenta, asumiendo en un primer tiempo el tema de la democracia.

Cuando en noviembre del 2003 Bremer quiso torcer el brazo de los iraquíes, Sistani redobló el desafío llamando a manifestaciones que tomaron una amplitud considerable, y obligaron a Bremer a retroceder. La administración Bush se ha vuelto una vez más hacia las Naciones Unidas para obtener una mediación y así salvar su prestigio. Esta mediación ha resultado en la "supuesta" promesa de organizar elecciones en el 2005. Digo "supuesta" porque no creo que los Estados Unidos, o en todo caso, la administración Bush, estén realmente dispuestos a organizar elecciones libres en el Iraq. En este contexto, nadie se toma en serio la fecha de vencimiento del 30 de junio. El gobierno iraquí que entre en funciones será, de hecho, designado por las fuerzas ocupantes: aun si la formación de este gobierno se hace bajo el patrocinio de la ONU, son los Estados Unidos quienes en última instancia lo entronizaran. Además, este gobierno no será realmente soberano, no habrá ningún control sobre las fuerzas de ocupación, ni tampoco, por otra parte, plena competencia presupuestaria. En realidad, el 30 de junio, el verdadero traspaso de poder no se producirá entre Bremer y un gobierno iraquí, sino entre Bremer y el nuevo embajador de los Estados Unidos en Bagdad, John Negroponte, quien hiciera sus primeras armas en Viet Nam, y templó sus manos en los sucios episodios de la intervención yanqui en América Central, en los años ochenta. De representante de los Estados Unidos en la ONU pasará a dirigir, en Bagdad, la embajada de los Estados Unidos más grande del mundo, con más de tres mil funcionarios.

¿Cuáles son las líneas de fuerza de las recomposiciones políticas y sociales en curso en el Iraq? El escenario es difícil de descifrar, con fuerzas sociales y políticas parcialmente aliadas, parcialmente competidoras u opuestas: las que participan en el consejo interino de gobierno (CIG) puesto en funciones por los yanquis y las que no están asociadas al mismo; las que se han definido sobre bases religiosas o étnicas, las divisiones en el seno de la comunidad chiíta, los sectores baasistas reinstalados por el ejército yanqui para controlar Fallouja...

La fractura más importante no se da entre los chiítas y los sunitas, sino entre los árabes y los kurdos. Hoy los kurdos son la única fracción de la población iraquí que aprueba la ocupación y cree que les conviene perpetuarla. Cierto es que el Kurdistán iraquí se benefició a partir del fin de la primera Guerra del Golfo en 1991 con una autonomía real y un estatus muy privilegiado en comparación con el resto del Iraq. Escapó a la dictadura de Saddam Hussein, e inclusive pudo prosperar económicamente sirviendo de pulmón al resto del país sometido al embargo de la ONU, lo que favoreció el desarrollo de todo tipo de tráfico. Y todo ello se ha hecho bajo la protección de los Estados Unidos y Gran Bretaña.

En todo el resto, el paisaje político está fraccionado. No existe una fuerza hegemónica en condiciones de gobernar el país. Por ese motivo, las perspectivas para una cierta forma de democracia en el Iraq son reales, a mi juicio, a condición, claro está, que se ponga un término a la ocupación. Yo digo esto en el sentido en que, por ejemplo, podemos afirmar que Irán es hoy infinitamente más democrático que el Reino Saudita. En Irán, hay batallas electorales que no son puro simulacro. Hay una pluralidad de fuerzas políticas, aunque sea dentro de ciertos límites bien conocidos. Existe una vida política Iraní realmente conflictiva, que no tiene nada que ver con el integrismo Islámico totalitario del reino Saudita, ni con la ex-dictadura semifascista de Saddam Hussein.

El potencial que tiene el Iraq para un cierto funcionamiento democrático es más grande aun que el de Irán, porque no hay una fuerza político-clerical iraquí que sea hegemónica. Además, en el seno de la población, la mayoría chiíta cohabita con una minoría sunnita, para no hablar de otras minorías, y por lo demás, ninguna comunidad es homogénea. Todo eso contribuye a la existencia de condiciones objetivas para un funcionamiento pluralista, aunque sea dentro de ciertos límites.

Involuntariamente, los Estados Unidos han creado condiciones para esta posible democratización. En efecto, ellos creyeron que controlarían más fácilmente el país destruyendo su aparato de Estado, el que tenía Saddam Hussein. En los Estados Unidos es casi unánime la opinión que la disolución del ejército y de todo tipo de servicios, así como la "debaasificacion" -que ha excluido a decenas de miles de funcionarios, la mayor parte miembros del partido por puro oportunismo y que no son fácilmente reemplazables- constituyó una tontería monumental. Se han privado así de la única fuerza que hubiera sido capaz de perpetuar un control de la población, un aparato de estado represivo y bien aceitado... Esto ha creado una situación difícilmente reversible. No se reconstruye fácilmente un aparato de Estado disuelto hace más de un año. Hemos visto en Fallouja que la tentativa de recurrir a un general de la ex guardia republicana para estabilizar la situación ha provocado una indignación tal que el ejército yanqui debió, parcialmente, retroceder. En este contexto, la única posibilidad de recomponer un Estado iraquí es de hacerlo en un marco pluralista, al menos en un primer momento.

Inprecor: El consejo de seguridad de la ONU adoptó finalmente una resolución por unanimidad que confirma la política de los Estados Unidos en el Iraq. ¿Cómo explica lo que podría parecer como un "darse vuelta" de la dirigencia francesa, alemana, rusa y china? ¿La administración Bush ha debido hacer concesiones para llegar a este acuerdo?

Seguro que el equipo de Bush ha hecho concesiones: el solo hecho de estar nuevamente dirigiéndose a la ONU es una confesión de impotencia y una "concesión" por parte de una administración que hasta fecha reciente tenía una actitud mucho más arrogante. Paris, Moscú y Pekín están exultantes viendo al consejo de seguridad -donde los tres estados disponen de un asiento permanente y derecho a veto- nuevamente revestido de responsabilidad oficial sobre la suerte del Iraq. De todas maneras, nadie se engaña: el hecho de que París y Berlín continúan rehusándose a participar de la ocupación del país en el marco de la OTAN, indica claramente que las dos capitales saben que el poder real lo detenta exclusivamente Washington, lo que ellos desean es una verdadera asociación en la gestión del Iraq, y por lo tanto su parte del botín (petróleo y mercado de la reconstrucción). El pretexto oficial es que el gobierno instalado, a pesar del aval de la ONU, no tiene aún legitimidad como para autorizar una presencia militar extranjera. Dicho de otra manera, París, Berlín y Moscú esperan que se desarrolle un gobierno electo en el Iraq, lo que en teoría debería tener lugar al comienzo del año que viene. Esperan también un cambio de equipo en Washington, con la llegada al poder de un Kerry más predispuesto a asociarlos y a dar vuelta la página del deterioro de las relaciones a causa del "unilateralismo" estadounidense. Con una y otra elección, esperan que la situación evolucione a favor de sus intereses.

El nuevo "gobierno iraquí" anuncia la puesta en escena de una fuerza armada iraquí, ¿se trata de una iraquización de la ocupación, a imagen de lo que fue la vietnamización en los años setenta? ¿La instalación de esta fuerza armada es una tentativa tardía de aliarse con elementos del antiguo aparato de Estado saddamista?

La tentativa de poner en pie una fuerza armada iraquí está en curso desde el principio de la ocupación. Hasta ahora fue un fracaso patente. Hace falta mucho para que una iraquización del tipo de la vietnamización -es decir, el reemplazo de tropas yanquis por las del gobierno títere local- se convierta en algo posible. Además, no olvidemos que la vietnamización en sí misma no fue más que el preludio de la debacle final.

Dicho esto, en el marco de la revisión general de la acción de Washington en el Iraq, ha habido un cambio en el hombre de enlace: el delincuente Chalabi fue reemplazado por el bruto Allaoui, al que Le Monde denominó, acertadamente, como el "Saddam sin bigote". Desde el comienzo era partidario de apoyarse en el aparato del régimen baasista del cual él mismo era un caudillo. Después de haber sido "acunados" por las ilusiones de los neo-conservadores (llamados corrientemente "neocons" en los Estados Unidos)[1], los Estados Unidos vuelven a la realidad: no encontrarán nada mejor para controlar el Iraq que el aparato de Saddam. Claro que lo intentan demasiado tarde, y lo que inicialmente pudo haber sido una estrategia cínica pero eficaz, parece ahora destinada al fracaso.

La Brecha: ¿Cuál es el lugar de los movimientos con una dimensión democrática y social independientes de las grandes fuerzas religiosas o políticas?

En este sentido, hay una decepción enorme. Podíamos ser optimistas antes de la invasión, pues el Iraq tuvo históricamente una izquierda comunista masiva, particularmente en los años cincuenta y sesenta. A pesar de haber sido aplastada en el Iraq por Saddam Hussein, ella continuaba representando en el exilio -donde vivían cuatro millones de iraquíes antes del comienzo de la guerra- una fuerza real. Podía esperarse que esta tradición, que conservaba las raíces en el país, renaciera de las cenizas. Pero de hecho, el Partido Comunista iraquí, después de tener una actitud relativamente correcta antes de la guerra -en oposición a Saddam Hussein, por supuesto, pero también a la guerra que se preparaba y al proyecto de dominación yanqui- ha aceptado participar del CIG designado por la ocupación. El Partido Comunista iraquí ha logrado la hazaña de pasar de la participación en el gobierno baasista, a comienzos de los años setenta, a la participación en el consejo de colaboradores de la ocupación yanqui: esto ha desacreditado enormemente al partido y la tradición comunista. Existen otras fuerzas más a la izquierda, pero no tienen peso ante la coyuntura del país. Como en Palestina y en toda la región, son los integristas islámicos los que tienen un discurso más radicalizado contra la dominación occidental, han tomado la iniciativa y han captado el resentimiento popular. Desde ese punto de vista, las consecuencias de las actitudes del Partido Comunista iraquí son muy graves.

Inprecor: El PCI ha integrado el CGI, y después de los enfrentamientos de Fallouja el Partido Comunista Obrero del Iraq denunció por igual a los dos terrorismos, es decir, al ocupante y las milicias de Moqtada Al Sader... ¿Es que la izquierda iraquí está condenada a alinearse o a registrar los tantos de cada bando en la lucha contra la ocupación?

Resulta trágico ver que la "oferta" de la izquierda, en el Iraq actual, se reduce en lo esencial a estas dos organizaciones: por una parte un partido que actúa como colaborador de la ocupación yanqui en la peor de las tradiciones estalinistas; por otra parte, una organización ultra-izquierdista y ultra-sectaria, que solo puede encontrar eco entre sectores ya predispuestos a entender su discurso de denuncia virulenta del "nacionalismo árabe" y del "islam político", vale decir, entre una pequeña fracción de los kurdos (el PCOI nació del ala radicalizada de una organización nacionalista que actuaba en el Kurdistán iraní). Hay, por supuesto, otra vía que la de alinearse detrás de los integristas musulmanes o de los baasistas y -lo que es, ciertamente, infinitamente más grave- detrás de la ocupación. Es la que consiste en "golpear juntos y marchar separados", no en el sentido de acción militar contra el ocupante -lo que sería legítimo, pero se trata de un asunto de relaciones de fuerza y de eficacia estratégica-, sino de impulsar una campaña de agitación política y de manifestaciones contra la ocupación, considerándola como el enemigo principal. Es la condición indispensable para poder llevar adelante el necesario combate ideológico contra los integristas y los nacionalistas.

Inprecor: ¿Los recientes secuestros y asesinatos de ciudadanos de los Estados Unidos en Arabia Saudita, seguidos de un impresionante despliegue de fuerzas represivas sauditas están indicando la aparición de una oposición en ese país? ¿Cuáles son las líneas de fractura política en el mismo?

No indican la "aparición", sino el crecimiento de una oposición violenta a la familia reinante y a la potencia tutelar estadounidense. Es un hecho antiguo que el carácter semitotalitario e integrista musulmán del régimen saudita fue un impedimento para el surgimiento de toda oposición progresista en ese país. De modo que el resentimiento virulento al poder y sus amos no ha encontrado como canal de expresión más que otra variante del integrismo islámico. A este respecto, desde la insurrección de la Meca en 1979 hasta Ossama Bin Laden -después que el despliegue de tropas yanquis en el suelo del reino en 1990 llevara a este último a volverse contra la casa de los Saud- hay una constante. Las otras oposiciones potenciales -mujeres, demócratas, etcétera- están apresadas como en una tenaza entre estos dos polos.

Desgraciadamente, el futuro de la región es cada día más sombrío, y las modalidades de la hegemonía estadounidense alimentan esta terrible regresión. Terminar con esta hegemonía aparece como una condición necesaria para que emerja una nueva oposición de izquierda a escala regional. En este sentido, los desengaños de Washington son la única buena noticia, mucho más desde que tienen alcance mundial y solo pueden mejorar las condiciones de combate progresista antiimperialista en otras regiones del planeta.

La Brecha: Desde el inicio de la segunda Intifada, en septiembre de 2000, la represión israelí en contra de los palestinos no ha dejado de crecer. La construcción del muro avanza inexorablemente. La administración Bush ha dado luz verde al plan Sharon que cierra la puerta a los refugiados palestinos e implica la anexión de una parte importante de Cisjordania. El cuarteto (Estados Unidos, Naciones Unidas, Unión Europea y Rusia) se ha alineado con esta posición yanqui... ¿Qué está sucediendo? ¿Asistimos acaso a una nueva "Nakba" para los palestinos?

Desgraciadamente la segunda Intifada ha sido un componente de esta dinámica regresiva. Fue mucho menos eficaz que la primera en la lucha contra la ocupación israelí. Esto resulta del hecho que los palestinos, de alguna manera, han caído en la trampa de la militarización de la Intifada. Creo que de manera bastante deliberada del lado israelí se ha favorecido esta militarización del enfrentamiento. Esto les permitía recurrir a medios de mayor magnitud, con el pretexto que ya no se trataba de contener manifestaciones, sino de llevar adelante una guerra: el término es utilizado hasta el hartazgo del lado israelí. Del lado palestino, esta dinámica ha desembocado en una fuerte reducción de la participación popular. Es chocante la diferencia entre el carácter masivo de la primer Intifada y la segunda. La participación directa de las mujeres es un indicio de ello: era destacable en la primera y está totalmente ausente en la segunda. Esto corresponde perfectamente a lo que podía desear alguien como Ariel Sharon, que ha jugado un rol decisivo en la provocación inicial en septiembre de 2000, y que ha podido enseguida surfear sobre esa situación para triunfar en las elecciones de febrero de 2001. Desde entonces, no deja de echar leña al fuego, pues es el brasero del cual saca su propia fuerza.

Hoy en día, la situación en que están los Palestinos es la peor que jamás hayan conocido en toda la historia del conflicto palestino-israelí. Nunca hubo tal desamparo. Ese pueblo esta siendo completamente estrangulado, está en marcha una vergonzosa política de expulsión. La política del gobierno israelí crea una situación tan insoportable que empuja a un número creciente de palestinos el exilio. Aquellos que quedan atrapados en esa pinza son luego concentrados en algunos enclaves sujetos a una alta vigilancia. Esta dinámica favorece los extremos de ambas partes. Sharon es quien saca provecho del lado israelí. Del lado palestino, es el Hamas el que aprovecha, ya que este movimiento es el más violento de todos en la oposición a la ocupación y al sionismo. Esto agrava el impasse histórico dentro del cual se encuentra esta parte del mundo.

En este contexto, ¿qué alcance tiene la iniciativa de Génova?

Las críticas que se le pueden hacer a esta iniciativa desde el punto de vista de los derechos de los palestinos son evidentes. Pero no me extenderé sobre eso, ya que en la situación actual es una iniciativa que ha nacido muerta: los que están detrás de esta iniciativa, tanto del lado israelí como del lado palestino, están totalmente marginalizados.

Si el contexto político llegara a cambiar y un espacio para iniciativas semejantes se abriera nuevamente, adoptaría la misma actitud que tuve respecto a los acuerdos de Oslo en 1993. Consiste, por un lado, en explicar que esto no dejaría satisfechos ninguno de los derechos fundamentales de los palestinos y, por lo tanto, no resolverá el conflicto; pero, por otra parte, me resulta evidente que volver a una situación más o menos parecida al período que siguió a los acuerdos de Oslo valdría más que el infierno y la asfixia a la cual los Palestinos están hoy condenados. Para resumir, yo no sostendría iniciativas de este tipo, pero no adscribiría tampoco a una política defensiva. Habrá que continuar con la lucha por los derechos del pueblo palestino, a partir de las magras conquistas que se haya podido conseguir, más que descartando éstas últimas.

La administración Bush se enfrenta a grandes problemas, tanto sobre el territorio del Iraq como en el ámbito diplomático, tal como lo ha ilustrado la decisión que tomó España de retirarse de la coalición ocupante. ¿Qué tipo de respuestas busca la administración Bush y qué debates abre esto en el seno del establishment yanqui, entre republicanos y demócratas, sobre la ocupación del Iraq y el futuro despliegue imperial yanqui?

La principal diferencia entre Kerry y Bush sobre este tema reside en la mejor disposición de Kerry para repartir la torta con Francia y Rusia especialmente, a fin de permitir una internacionalización mayor de la gestión del Iraq, por intermedio de la ONU. Piensa que esto le permitiría liberarse de la violenta oposición a la ocupación del país. Es esto lo que Kerry quiere decir cuando afirma que sería capaz, a diferencia de Bush, de renovar lazos con los aliados.

La administración Bush persiste por su lado en intentar aprovechar la presencia yanqui sin ceder terreno en cuanto al control del Iraq. Teniendo en cuenta la evolución de la situación, me parece casi imposible. Pero esto no quiere decir que una solución a la Kerry tenga más chances de resolver la cuadratura del círculo: mantener el control de los Estados Unidos sobre el Iraq -incluyendo su presencia militar en el país- y al mismo tiempo pacificarlo. En efecto, si se entra en un proceso directamente controlado por el consejo de seguridad de las Naciones Unidas, la presión por elecciones libres sería demasiado fuerte para resistirla. Y no veo como las elecciones en el Iraq podrían llevar al poder una suerte de gobierno que se acomode a la presencia de las tropas yanquis.

Dicho esto, los imponderables son numerosos. Es una región muy inestable, donde se pueden producir mutaciones brutales. Nadie, por ejemplo, puede arriesgarse sobre la perennidad del régimen sirio o iraní. La situación se está volviendo crítica aún en el reino Saudita, que hasta ahora estaba relativamente preservado como sostenido sobre una chapa de plomo. En realidad, las políticas sostenidas hasta aquí por los Estados Unidos en el Medio Oriente, en lo que tienen en común una u otra administración, no pueden más que alimentar el desorden y un descenso a la barbarie; yo hablé después del 11 de septiembre del "choque de barbaries".

Por un lado, el escándalo de los informes de las humillaciones y las torturas practicadas por los soldados yanquis en el Iraq y en Afganistán, los cientos de prisioneros privados de todo derecho en Guantánamo, violando las convenciones internacionales, ilustran los pasos dados en esta espiral regresiva por los Estados Unidos. Por el otro lado, en Medio Oriente todos los héroes populares hoy día son integristas musulmanes: Bin Laden, los jefes del Hamas, del Hezbollah libanés, Motqada Al Sadr, etcétera. Se mide así la dinámica regresiva que pesa fuertemente sobre la región y que marca una situación particularmente sombría.

¿Pero no hay acaso también tendencias opuestas?

En un tablero tan inquietante, afortunadamente hay algunos pequeños visos de esperanza. El movimiento mundial contra la mundialización neoliberal y contra la guerra comienza a tener un impacto, muy modesto por ahora, en países como Marruecos, Egipto o Siria, y suscita actividades inspiradas por lo que sucede en Europa. El primer Foro Social marroquí juntó algunos cientos de personas en 2003 y tendrá una segunda edición este verano [boreal]. Un pequeño movimiento contra la mundialización comienza a desarrollarse en Siria. Estas modestas esperanzas son, por lo tanto, debidas a factores exógenos, los factores endógenos alimentan más bien la radicalización en el terreno del integrismo islámico. El impacto novedoso del movimiento altermundialista nos pone frente a cambios importantes: la información circula infinitamente más que en el pasado en el Medio Oriente y el mundo árabe. Las cadenas de televisión satelitales en árabe han perforado los tabiques de plomo impuestas por los regímenes autoritarios de la región, que no pueden, tampoco, controlar completamente el acceso a internet.

Este nuevo contexto puede también favorecer el surgimiento de nuevas corrientes de izquierda. Para desarrollarse, éstas deberían privilegiar los temas donde los integristas son, en lo esencial, incapaces de competir con ellos: el terreno social, los derechos de la mujer, la denuncia del capitalismo salvaje y sus estragos a escala planetaria. Por supuesto que cualquier izquierda digna de llamarse así debe también oponerse a la ocupación y a los planes de dominación occidentales, pero no podría llegar a vencer a los integristas en ese terreno, en el que dominan ampliamente la escena.


Entrevista realizada el 5 de mayo de 2004 publicada en la nueva revista mensual suizo La Brecha (núm. 1 de junio de 2004) (ver: www.labreche.ch), completado con cuatro preguntas de actualización formuladas por la revista francesa Inprecor a las que Gilbert Achcar contestó el 28 de junio de 2004. La traducción del francés fue realizada para Herramienta por Esteban Justo.

[1] Posible juego de palabras: "con" significa tonto en francés (nota del traductor).