Daniel Bensaïd - Marx Intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica

Casas, Aldo Andrés

MARX Intempestivo
Grandezas y miserias de una aventura crítica.

Daniel Bensaïd, Ediciones Herramienta, 2003, 539 páginas.

Esta reseña busca adelantar la sensación que espero se tenga al terminar de leer la obra: la de haber leído un libro importante, porque ofrece ideas que también lo son, basadas en una rigurosa investigación que se combina con audacia teórica y compromiso político. También advertiré que es un libro extraño, cuyo tono coloquial logra "meter" al lector en múltiples discusiones: con Marx, con Engels, con los contemporáneos de ambos y con sus intérpretes posteriores, en diálogos donde los temas en debate y los argumentos se cruzan, se repiten, se contradicen a veces, se complementan, se potencian... Y un libro inquietante, por razones que más adelante expondré.

Pero antes de continuar con la presentación del libro de Daniel Bensaïd, aprovecharé para decir algo sobre sus editores en Argentina. Con pocos meses de diferencia, ediciones Herramienta publicó varios títulos más: El testamento político y otros escritos sobre política y filosofía, de György Lukács; Keynesianismo una peligrosa ilusión, de John Holloway; El siglo XXI ¿Socialismo o Barbarie?, de István Mészáros; Globalización, totalidad e historia, de José Guadalupe Gandarilla Salgado. Y la segunda edición de ¿Adiós al trabajo? Ensayos sobre las metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo, de Ricardo Antunes. Y continuamos con la regular producción de Herramienta, pues antes que editores somos el colectivo que produce esta revista (que alcanza con esta entrega su número 26): una revista que comenzara a publicarse allá por el año 1996, y desde entonces viene cumpliendo. Cumpliendo con la regularidad de las apariciones: tres por año. Y cumpliendo con los objetivos que entonces anunciamos, en el primer editorial del primer número:

aportar a un esfuerzo de reflexión crítico-práctico-constructivo sobre el estado actual del capitalismo, sus contradicciones y tendencias, y sobre el conjunto de experiencias pasadas y presentes del movimiento obrero y revolucionario, abriéndonos a los más diversos aportes del pensamiento marxista o que aún sin provenir del marxismo aporten respuestas fundadas a los problemas que enfrentamos.

Esta digresión sirve para destacar que, de alguna manera, esos objetivos y la labor editorial que de allí derivamos guardan relación con este libro que reseñamos. Bensaïd lo publicó en Francia, casi al mismo tiempo que nosotros concebíamos nuestra revista. Se trata sin duda de una coincidencia o casualidad... Pero si bien miramos, encontraremos en ello también algo de necesidad, de visceral resistencia al tiempo de conservadorismo neoliberal que se nos presentaba por aquellos años como horizonte insuperable de la humanidad. Así concebimos Herramienta y así se escribió, creo yo, Marx intempestivo. ¿Intempestivo?

Intempestivo. Porque la obra científica y política de Marx fue tan colosal y subversiva, que los hombres de su tiempo en realidad no la escucharon o sólo entendieron algo muy parcial y a veces muy distinto. Fue, como alguien ha escrito, un trueno inaudible.

Intempestivo. Porque ese crítico que estudiaba, escribía y luchaba advirtiendo la urgencia de enterrar al capital antes de que éste enterrara a la humanidad, aparentemente gastó la mayor parte de su tiempo peleando con su propia sombra, discutiendo con sus fantasmas, corrigiendo y rescribiendo sus propios escritos. Tanto que, como bien demostró Enrique Dussel, Marx no escribió realmente un libro llamado El capital, sino que fue más bien el autor de cuatro redacciones de El capital: todas distintas y todas inacabadas... Pero portadoras en su conjunto de un programa de investigación todavía vigente, todavía a desarrollar, todavía a descubrir.

Intempestivo. Porque cuando se lo daba por muerto y enterrado bajo los escombros del Muro y del "socialismo realmente inexistente", reapareció para retomar viejas y nuevas discusiones con los indígenas de Chiapas y la Bolivia insurrecta, con los campesinos del MST de Brasil, con nuestros piqueteros, con las compañeras y compañeros de Bruckman o Zanon, con los protagonistas de las luchas alter mundialistas, con todos los explotados y excluidos que, siendo las víctimas del sistema, resisten y buscan romper el círculo vicioso en que el capital nos encierra.

Intempestivo, porque rompe con las ideas establecidas sobre el tiempo y su relación con la historia, con el capital, con la sociedad y coloca bajo nuevas luces las complejas relaciones entre pasado, presente y futuro.

Bensaïd nos presenta ese íntimo subversivismo marxiano atacando y desmontando tres interpretaciones muy extendidas de Marx: 1) La de un Marx supuestamente preso de una filosofía de la Historia teleológica, según la cual todo conduciría de una u otra manera al Comunismo; 2) La de un Marx supuestamente preso de una concepción simplista de las clases sociales y de la explotación; 3) La de un Marx supuestamente preso del positivismo científico, las ilusiones en el progreso y el productivismo. Por eso el libro se divide en tres partes:

"Primera Parte: De lo sagrado a lo profano. Marx critico de la razón histórica."

"Segunda Parte: La lucha y la necesidad. Marx critico de la razón sociológica."

"Tercera Parte: El orden del desorden. Marx critico de la positividad científica."

Pero la división que estos títulos sugieren es bastante relativa, porque las tres críticas se cruzan y entrecruzan continuamente. Se cruzan a lo largo de todo el libro, porque en realidad se cruzaron a lo largo de toda la vida y la obra de Marx.

Y aún después de Marx, en la medida que los diversos marxistas o marxismos se desarrollaron según lecturas de estas diversas empresas críticas de Marx muy distintas e incluso enfrentadas entre sí.

Hay muchas citas. Bensaïd deja hablar a Marx para que nosotros podamos, ahora sí, escuchar lo que en su época (y a lo largo del siglo XX) fuera un trueno inaudible.

Un Marx que asimila y discute con la ciencia de su época.

Un Marx que asimila y discute una rica tradición filosófica que suele denominar deutschen Wissenchaft (o sea, "ciencia alemana") y le sirve para resistir la avasallante influencia del positivismo científico.

Un Marx que discute continuamente con los dirigentes obreros de su época, discute con su amigo-colaborador Engels y, como ya se dijo, discute consigo mismo.

Un Marx obsesionado siempre por interpretar y combatir el juego, los fetiches y los enigmas del capital, siempre presentes y siempre cambiantes.

Al mismo tiempo, Bensaïd asume que no es sensata la vana esperanza de volver a un Marx "puro", como si no existieran las mil y una lecturas e interpretaciones que alentó, inspiró o posibilitó, como si no existieran prácticas políticas referenciadas para bien y para mal con su obra, como si su crítica no adquiriese alcances y connotaciones nuevas con la extensión del fetichismo de la mercancía y la dictadura del capital a todos los rincones del planeta.

En cierto sentido, es inevitable que el "marxismo" exista a través de interpretaciones, porque lo que Marx legó en gran medida fue un lenguaje, una propuesta, un proyecto, un combate en desarrollo. Una empresa crítica basada en la hipótesis estratégica de la caducidad del capitalismo y la posibilidad de la revolución: hipótesis estratégica que es necesaria para un conocer que es indisociable de transformar. Por ello, el autor avisa desde el comienzo que eligió leer a Marx con la ayuda de otros dos agudos lectores de Marx como lo fueron Antonio Gramsci y Walter Benjamin.

El resultado de todo esto es un libro apasionante, escrito en un estilo dialógico (que no evita, sin embargo, la existencia de pasajes demasiado densos y otros de difícil lectura).

Seguramente, también, los lectores exigentes encontrarán que algunos problemas y desafíos que ocupan el primer plano en esta época de globalización y trastrocamientos en las clases y lucha de clases, apenas fueron tocados o merecerían mayor desarrollo (por ejemplo: ¿cómo entender y afrontar hoy la actualidad de la revolución? ¿cómo ajustar a ello contenidos y prácticas de la acción política emancipadora?). Pero todos, confío, sentirán que, como decía al comienzo, es un trabajo inquietante, porque es exactamente lo opuesto a esos manuales supuestamente "ortodoxos" según los cuales desde "el marxismo" se tendrían respuestas dadas y para todo: cada una de las partes del libro plantea y nos permite comprender un poco mejor los tremendos problemas y desafíos del mundo en que vivimos... para concluir en cada caso advirtiendo que la resolución de esos enigmas y la posibilidad misma de "cambiar al mundo de base" - como decía la vieja Internacional - queda en nuestras manos: en las de quienes leen esta reseña, en las de quien la escribe, en las de cada víctima que se rebela y llega al combate de la política desde abajo.

Y acá termino, si me permiten, con una breve cita del libro, que no pretende resumir su contenido, pero puede sí dar una idea del espíritu con que está escrito:

Muy pronto, Marx comprendió que "toda revolución disuelve la vieja sociedad, y así considerada, es una revolución social". Comprendió también que "toda revolución derroca el viejo poder, y en este sentido es una revolución política". Pero, dice, así como "todo lo que tiene de parafrásico o de absurdo una revolución social con un alma política, lo tiene de racional una revolución política con un alma social". La revolución como tal - "el derrocamiento del poder existente y la disolución de las viejas relaciones" - es pues, ante todo, "un acto político". Sin revolución el socialismo no puede volverse realidad: "Este necesita de dicho acto político en cuanto necesita de la destrucción y la disolución. Pero allí donde comienza su actividad organizadora, allí donde se manifiesta su fin en sí, su alma, el socialismo se despoja de su envoltura política".

Como derrocamiento, la revolución es un acto político.

Como disolución, es un proceso social.

Es simultáneamente una revolución del tiempo largo, intelectual y moral, que mina lentamente el fundamento de los imperios, y una revolución insurrecta en el asombro de su propia irrupción. Unidad de rupturas y de continuidades, de tradición y de auténtica novedad, combinación de tiempos mezclados, traza el límite donde lo pensable se muere en la incertidumbre de la elección. Sobrepasando así a la crítica de la economía política, se mantiene en el umbral de la razón estratégica, abastecida de sus conceptos constelados de ramificaciones y bifurcaciones.

Ese mundo es el de "las explosiones, los cataclismos y las crisis". Donde las contradicciones se resuelven en la violencia de la decisión. (pags. 149/150)