Acerca de Una Modesta Proposición… de Jonathan Swift

Acerca de Una Modesta Proposición… de Jonathan Swift
Agustina Fracchia (UBA – CONICET)
aguslfracchia@gmail.com
 
 
Swift ocupa desde hace algunos años un lugar cada vez más importante dentro de los estudios poscoloniales y los estudios irlandeses, en el marco de los cuales se lo considera un adalid de los intereses de esta nación contra la opresión británica. La década de 1720, que culmina con la publicación del texto que hoy nos ocupa, se abre con la de la Propuesta para el uso universal de las manufacturas irlandesas (1720), e incluye también las célebres Cartas del Pañero (1724), A Short View of the State of Ireland (1728) y un tratado titulado Maxims Controlled in Ireland (1729), acerca de “la verdad de algunas máximas del Estado y del gobierno examinadas con referencia a ese país”, entre otros “escritos irlandeses”.[i]
 
Comencemos entonces por el título: Una modesta proposición para evitar que los niños pobres de Irlanda sean una carga para sus padres y su país, y para que sean útiles para el público.[ii] Las modestas proposiciones para paliar la situación de creciente pobreza proliferaban en aquella época. Citamos tan sólo dos ejemplos elocuentes: Un ensayo o modesta proposición para incrementar la cantidad de gente, y consecuentemente la fortaleza de este reino (c. 1693); la Modesta proposición para una más certera y aún más fácil manutención de los pobres (1696).[iii] Recordemos que Irlanda experimentó tres períodos de hambruna como consecuencia de malas cosechas entre 1708-1710, 1718-1721 y finalmente uno que comenzó en 1728, un año antes de la publicación de la Propuesta de Swift, y que se extendería hasta 1730. El público estaba habituado para entonces a este tipo de proyecto, que buscaba lidiar con los problemas económicos, principalmente relacionados con la población, el trabajo y el desempleo, y la pobreza. El título mismo es, pues, según se evidencia al colegir el lector la propuesta caníbal del panfleto, una burla a los tratados económicos de la época.
La referencia a la coyuntura es, en este sentido, insoslayable. La Modesta proposición sin duda puede ser leída como el “grito de angustia de un espíritu humano torturado” (Phiddian, 1995: 20), digamos, sub specie aeternitatis; pero también constituye un documento político propio de su época.[iv]
David Nokes señala con acierto que, a medida que la situación de Irlanda empeoraba, los panfletos de Swift comenzaban a alejarse del ámbito y los argumentos propiamente económicos. El deán Optaba en cambio por presentar el escenario en términos deliberadamente paradójicos con el fin de evidenciar el sinsentido de las máximas político-económicas que dominaban el período (Wittkowsky, 1943: 76). En este sentido, la Modesta proposición no hablaría tanto de la situación en Irlanda, sino del espíritu reformador de una época que hacía proliferar los más absurdos proyectos para solucionar los conflictos económicos y sociales. En aquel entonces, ningún adagio más extendido, y más inadecuado para la realidad irlandesa, que aquel que afirmaba que “the people are the riches of a nation” [la gente constituye la riqueza de una nación]. En efecto, los terratenientes irlandeses habían optado por despoblar sus campos para favorecer la cría de ovejas, lo que parecería indicar que estos animales eran más valiosos que los arrendatarios, que se veían entonces expulsados a las ciudades y acrecentando la masa de mendigos.[v]
La máxima por supuesto responde al auge de las políticas mercantilistas: las personas son concebidas como fuente de riqueza por su potencial de trabajo. Cuanto más amplia la masa de trabajadores, más bajos los salarios y por lo tanto el costo de producción de las manufacturas, lo que favorece la balanza comercial. Es para referirse a este tipo de postulados que un estudioso de la situación de los trabajadores durante el auge del mercantilismo acuñó la frase “la doctrina de la utilidad de la pobreza”.[vi]

En otro de sus textos acerca de Irlanda,[vii] Swift escribe: “me río con desprecio de aquellos cerebros sabios y débiles que proceden en base a máximas generales, o que aconsejan seguir los ejemplos de Holanda e Inglaterra”. En la línea de las Maxims Controlled…, que postulaban que los principios de gobierno reivindicados por los especialistas de la época no eran aplicables a Irlanda, la Modesta Proposición opera llevando al absurdo la máxima antes mencionada: la única forma de que en Irlanda la gente constituya la riqueza de la nación es convertida literalmente en objeto de consumo.

Canibalismo y consumo.

En Los Viajes de Gulliver, Lemuel le comenta a su maestro Houynhmnhm que para que una hembra yahoo pueda tomar su desayuno, o hacerse con una taza en donde ponerlo, había que dar al menos tres vueltas enteras al globo terráqueo. Leemos una reflexión similar en uno de los números del Spectator (nº 69), en el que Mr. Spectator visita la Bolsa de Comercio Real. La diferencia radica principalmente en el tono jactancioso de Addison, que se congratula de que “el simple vestido de una mujer de clase [sea] con frecuencia el producto de cien climas (…), [de que] las enaguas con brocados se [extraigan] de las minas del Perú, y el collar de diamantes de las entrañas del Indostán”.[viii] Swift, en cambio, era más consciente de la violencia contenida en este tipo de intercambio: todos estos productos se extraían en realidad de la sangre y los cuerpos de los trabajadores que, señala en A short view of the State of Ireland, viven peor que los mendigos ingleses.[ix]
La figura del caníbal ha constituido siempre un contrapunto de la civilización, una fórmula llana para marcar la alteridad (el caso de Robinson Crusoe es un ejemplo claro). Pero también ha sido utilizada con éxito como indicador de la barbarie del civilizado (como lo demuestra el célebre ensayo “De los caníbales” de Montaigne). La premisa que guía a Swift ya estaba explicitada en el ensayo de Montaigne: “Creo que es más bárbaro comerse a un hombre vivo que comérselo muerto”. El caníbal de Montaigne devora con tranquilidad y orgullo el cuerpo de sus enemigos, pero no consigue comprender por qué algunos hombres disponen “de toda suerte de comodidades y riquezas; [mientras] que los otros mendigan de hambre y miseria”.
En la Proposición, Swift recurre a esta figura para explicitar los costos de la vida civilizada. De allí su insistencia en, por un lado, los gastos de mantenimiento de un infante (“dos chelines per annum, harapos incluidos”) y por el otro la ganancia que, convertido en objeto de consumo, podría generar (y que ascendería a ocho chelines, asumiendo que ningún caballero se negaría a pagar diez por un niño gordito y rozagante).
El contraste entre la proliferación de cifras y las formulaciones inspiradas en la naciente aritmética política de William Petty, por un lado, y las descripciones de la miseria en que vive gran parte de Irlanda, por el otro, contribuyen a alejar al lector del punto de vista del narrador. La referencia a Petty[x] resulta de particular interés, habida cuenta no sólo de que era un ferviente defensor de que la población constituye la riqueza de una nación,[xi] sino también de que aplicó su nueva metodología (algunos sostienen, madre de la estadística moderna) al caso de Irlanda. En 1672 publicó su Anatomía Política de Irlanda, en la que se excusaba por el objeto de análisis elegido en los siguientes términos: “Como los estudiantes de medicina, que practican sus investigaciones en animales baratos y comunes (…), yo he elegido a Irlanda como un animal político semejante, que tiene apenas veinte años”[xii]. La metáfora zoológica es retomada por Swift, que recurre con frecuencia a vocablos como “breeders” [reproductores, procreadores]. Lo que Swift de alguna manera ponía en evidencia es que la perspectiva con la que la aritmética política abordaba los problemas socioeconómicos tendía a considerar a los seres humanos como productos o mercancías. Así, en uno de sus tratados, leemos cómo Petty se lamenta porque la plaga no diferencia entre “las abejas obreras y los zánganos”, sino que despliega su poder de destrucción de manera “promiscua”.[xiii]
Resulta evidente que la propuesta, exceptuando dos fragmentos donde la voz de Swift parece aflorar, está abocada a resolver problemas propios de la clase más acomodada. Las primeras líneas hacen referencia a la sensibilidad herida del paseante dublinés al contemplar las calles de la ciudad anegadas por las mujeres pobres y su prole. Hay un marcado contraste, que obliga a tomar posición, entre el detalle con que se describe la situación de los pobres y la frialdad de estadista con que el narrador aborda la cuestión. La sátira de Swift, que se despacha tanto contra la naciente ciencia estadística como contra el entusiasmo proyectista de los paladines del mercantilismo, se propone atacar la tendencia a considerar a las personas como objetos de consumo. De allí la figura del canibalismo.
La denuncia es absolutamente explícita: Los ingleses están devorando a los irlandeses y los anglo-irlandeses a los papistas (una de las ventajas de la propuesta, anuncia el narrador, es que disminuirá significativamente el número de papistas, “que anualmente nos sobrepasan, pues son los principales procreadores de la nación y nuestros más peligrosos enemigos”[xiv]). Esta última cita es reveladora: en efecto, Swift se aleja en sus formulaciones del aspecto religioso que solía imponerse cuando se abordaba la cuestión de Irlanda. Lo que explicita el texto es que los irlandeses católicos son el último eslabón de la cadena alimenticia. La verdadera amenaza es Inglaterra. La aclaración de que este novedoso producto no generaría problemas en la relación con esa nación remite inmediatamente a las restricciones que esta imponía a las exportaciones irlandesas: “Porque esta clase de mercadería no soportará la exportación, puesto que la carne es de una consistencia tan tierna que no admitirá una permanencia prolongada en sal. Aunque quizás yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar a toda nuestra nación aún sin ella” (las cursivas son del autor).[xv] Inglaterra tenía para entonces un abultado prontuario de legislaciones perjudiciales para la industria y la producción irlandesa. Las actas de navegación que comenzaron a dictarse desde 1651 restringieron el uso de barcos extranjeros en el comercio de Gran Bretaña y sus colonias. Durante el reinado de Carlos II, las tierras irlandesas se destinaban principalmente al pastoreo y se exportaba ganado, carne y queso; pero pronto los terratenientes ingleses consiguieron que se aprobaran leyes (en 1665 y 1680) que prohibieron la exportación de estos productos a Inglaterra. Los irlandeses comenzaron entonces a criar ovejas para producir lana y tejidos, pero rápidamente la Wool Act de 1699 restringió también estas exportaciones.
La Propuesta puede leerse entonces también como un intento de explicitar, o de hacer más visible, la situación de Irlanda, como una sistematización de lo que ocurría realmente. En este escenario, entiendo, el hecho de que el lector quede identificado con la figura del caníbal es fundamental para el funcionamiento de la sátira. Pues los lectores del panfleto, la clase dominante anglo-irlandesa, estaban por definición implicados en la opresión de las clases pobres de Irlanda. “Los esclavos, dice Swift en su Propuesta para el uso de las manufacturas irlandesas, tienen una tendencia natural a convertirse en tiranos”.[xvi] Es así que, oprimidos por las políticas inglesas, se despachaban a su vez contra los llamados teagues.
The herd of common projectors.[xvii]
Con frecuencia se ha observado que no hay un personaje más característico, dentro del repertorio de máscaras de Swift, que el del proyectista que ofrece la panacea que permitirá librarse de todos los males de la humanidad. Pues bien, projector, proyectista, fue un término muy popular desde su aparición entrado el siglo XVI, que muy pronto adoptó el sentido peyorativo que leemos en el diccionario de Johnson (1755): “alguien que formula ardides o planes locos e impracticables”.[xviii] De acuerdo con Treadwell (1975 y 1976), que analiza el affaire Wood en la obra de Swift, habría dos tipos de proyectista: el proyectista especulador (y William Wood sería el caso paradigmático en la obra de deán) y el proyectista honesto o benévolo. El primero busca principalmente maximizar sus ganancias a costa de intereses más generales (del bien público), y en el período está relacionado con la especulación financiera. El segundo persigue como único provecho cierta cuota de fama, y publicita su proyecto bajo la premisa de que sabe, mejor que otros, cómo resolver los complejos problemas de la nación. En ambos casos hay resonantes declaraciones respecto de los beneficios que el proyecto traería aparejado al Bien Público. Es bastante evidente que ambas figuras constituyen un blanco fácil para la sátira augusta: los proyectistas especulativos en tanto knaves (“truhanes”, a falta de mejor traducción) y los honestos en tanto fools (tontos).
El narrador de la Modesta Proposición se inscribe fácilmente dentro de esta grey. Sabemos también que Swift mismo publicó al menos un “proyecto” (Project for the Advancement of Religion and the Reformation of Manners, 1709); luego optaría por el término “propuesta”, como la destinada al uso de manufacturas irlandesas. El sentimiento de fracaso en relación con este último panfleto es agriamente retomado en la primera de las Cartas del Pañero:
Hace aproximadamente cuatro años se difundió un escrito que aconsejaba al pueblo usar manufacturas de nuestro querido país. No tenía ninguna otra intención, nada decía contra el rey o el Parlamento, o cualquier otra persona; sin embargo se juzgó al desdichado impresor con la máxima severidad. Incluso algunos tejedores, para cuyo bienestar se había escrito, formaron parte del jurado y lo encontraron culpable. Esto bastaría para desalentar a cualquiera de ocuparse de vuestro bienestar, ya que ustedes han de desatenderlo, o bien desdeñarán su esfuerzo; mientras que a él le cabe esperar para sí peligros, multas y cárcel, hasta llevarlo quizás a la ruina. (Swift, 2010: 57)
Pero si bien este pasaje atestigua con elocuencia la frustración de Swift, las Cartas ofrecen en cambio testimonio de la efectividad de su impulso proyectista. Swift logró, con ayuda de Lord Carteret, entonces Secretario de Estado, que se revocara la patente de Wood.  Esta sorprendente victoria lo lleva a incluir un pasaje alusivo en Los Viajes de Gulliver, que fue censurado en las ediciones publicadas en vida del autor y recién ve la luz en 1899 (nos referimos a la rebelión de Lindalino contra Laputa, la isla voladora).
En la sección de Los Viajes de Gulliver dedicada a la academia de Lagado (Libro III, cap. 5), los términos “proyecto” y “proyectista” aparecen con insistencia. A primera vista parecería más factible vincular estos pasajes, por el tenor de los ejemplos, con la Royal Society of London for Improving Natural Knowledge (fundada en 1660). En efecto, varios críticos avanzan en esta dirección y señalan incluso que en la mayoría de los casos Swift simplemente “puso delante de sus lectores experimentos realmente llevados a cabo por miembros de la Royal Society” (Nicholson y Mohler: 1937).[xix] Otros indican también su relación con las grandes especulaciones de la época (las llamadas bubble companies; es el caso de Treadwell, 1976 y Case, 1945). La clase dominante angloirlandesa, de hecho, había hecho importantes inversiones en las burbujas financieras de los mares del sur y el Mississippi. La referencia al canibalismo también remite a este tipo de emprendimiento: al menos desde que Shylock reclamó su libra de carne, los préstamos privados tendieron a vincularse con esa figura (y luego también con la del vampiro; Moore, 2007: 683). El caníbal era el símbolo convencional de la época para los banqueros y financistas. En su lectura de la Modesta proposición, Sean Moore (2007) postula que Swift buscaba intervenir en el debate parlamentario contemporáneo en torno a la deuda nacional. La deuda era financiada con los impuestos, y el temor de Swift era que los intentos por aumentarlos terminaran resultando completamente devastadores para la población nativa. En este sentido, la imagen de los flay’d carcasses, los cuerpos desollados o esquilados, resultaba elocuente. 
La crítica difiere en torno a la cuestión del llamémoslo “optimismo” de Swift en relación con su capacidad para intervenir en el debate contemporáneo y mejorar la comprensión del público en general acerca de cuáles eran los problemas y cómo solucionarlos; y también hay diferencias significativas a la hora de considerar la relación entre el deán y las clases menos privilegiadas de Irlanda. Hay quienes, como Carole Fabricant y Robert Mahony (2010), argumentan que hay una identificación de Swift con los intereses de estas clases(y eventualmente una defensa de esos intereses). Otros, como David Nokes (1984), señalan que el deán veía con desprecio a sus compatriotas, que consideraba a Dublín una confederación de necios y culpaba a los irlandeses de ser los agentes de su propia destrucción. Es esta última posición la que afirma que el éxito del pañero era para Swift una proeza similar a la de los papeles de Bickerstaff; esto es, no un indicio del desarrollo de una identidad nacional sino una demostración del poder de la prensa para hacer bascular la opinión pública.[xx]
El recurso a la figura del proyectista, entendemos, puede interpretarse también en esa línea. Si bien, como ya mencionamos, Swift fue autor de varios y variados proyectos y propuestas para mejorar la situación de Irlanda, a la vez que participó activamente en la administración de instituciones de caridad e incluso desarrolló un sistema para otorgar préstamos a los trabajadores, su posición parece inclinarse hacia el escepticismo. En uno de los últimos párrafos de la Modesta Proposición, el narrador descarta como impracticables alternativas como:
Gravar a los ausentes con cinco chelines por libra; no usar ropas ni muebles que no sean manufacturados por nosotros, (…) aprender a amar a nuestro país, ser un poco más cautos para no vender a nuestro país ni nuestra conciencia por nada, enseñar a los terratenientes a tener un mínimo de compasión por sus arrendatarios, promover un espíritu de honestidad, industria y cuidado a nuestros comerciantes, quienes, si tomásemos la decisión de no comprar bienes que no sean nacionales, inmediatamente se unirían para estafarnos en el precio, medida y calidad, y a quienes por mucho que se les insistiera no se los podría invitar a realizar una propuesta de comercio honrado.
Repito, por lo tanto, que ningún hombre me hable de estas u otras soluciones hasta que no vislumbre alguna esperanza de que alguna vez se haga un intento de corazón para llevarlos a la práctica. (Swift, 2010: 107)
Sobra decir que la cita es básicamente un catálogo de proyectos impulsados por el propio Swift. Es más, la referencia a “enseñar a los terratenientes a tener un mínimo de compasión por sus arrendatarios” remite inmediatamente a la propuesta en curso. La relación entre arrendatario y caballero terrateniente atraviesa todo el texto, y es atacada en uno de los pasajes más explícitos: “Admito que este manjar puede resultar un poco caro, y será por ende muy adecuado para los terratenientes, que habiendo devorado ya a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores títulos sobre los hijos”.
El gesto es similar al de Gulliver, que abre su relato aduciendo que se decide a publicarlo porque considera puede contribuir “al más noble de los fines, a reformar e instruir a la humanidad”, insistiendo en que su “única intención era el bien público”, “sin tener en vistas ningún beneficio o alabanza” (la formulación del narrador de la Propuesta es de un tenor semejante) y lo cierra habiendo verificado el fracaso de su “proyecto –tan absurdo, reconoce– de reformar a la raza yahoo” y decidido a abandonar sus “planes de visionario”.  El comentario con que el narrador cierra su propuesta (en donde explicita que no persigue con ella ningún provecho personal, dado que su hijo más pequeño ya tiene nueve años y su mujer ya no puede concebir) constituye sin lugar a dudas una ironía respecto de las pomposas declaraciones de los proyectistas de su época, que sostenían defender el Bien Público sin tener en vista ningún interés particular. La amargura implícita en el gesto, así como la constatación del fracaso de proyectos “más serios” anteriores, parecen inclinar la balanza hacia la lectura de Nokes.
Cabe destacar que Swift fue un componente esencial de la máquina de propaganda tory. Es factible pensar que el rol nodal que jugó en lo que fue el desarrollo de la prensa en Gran Bretaña durante la primera década del siglo, y en particular las tensiones de su relación con Harley, alma mater de esta maquinaria, alimentaran su sensibilidad hacia los aspectos más bien manipuladores del fenómeno.
Bibliografía:
Case, Arthur, "Personal and Political Satire in Gulliver's Travels", en Four Essays on "Gulliver's Travels", Princeton: Princeton University Press, 1945 81-89.
Fabricant, Carole y Robert Mahony: Swift’s Irish Writings. Selected Prose and Poetry, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2010.
Flynn, Carol, The Body in Swift and Defoe, Cambridge University Press, 1990.
Landa, Louis A., “’A Modest Proposal’ and Populousness”, en Modern Philology, Vol. 40, No. 2 (noviembre), 1942 pp. 161-170
Mayhew, George P., "Swift's Bickerstaff Hoax as an April Fool Joke", en Modern Philology, 61 (mayo), 1964, pp. 270-80.
Moore, Sean, “Devouring Posterity: ‘A Modest Proposal’, Empire, and Ireland's ‘Debt of the Nation’", en PMLA, Vol. 122, No. 3 (mayo 2007), pp. 679-695.
Nicholson y Mohler,  “The Scientific Background of Swift’s Voyage to Laputa”,
Annals of Science, vol. 2 (1937), 229-334.
Nokes, David, “The radical conservatism in Swift’s Irish pamphlets”, en Journal for Eighteenth-Century Studies Vol. 7, No. 2 (septiembre 1984), pp. 169–176.
Phiddian, Robert,  Swift’s Parody, Cambridge University Press, 1995.
Phiddian, Robert, “Have You Eaten Yet? The Reader in A Modest Proposal”, en Studies in English Literature, 1500-1900, Vol. 36, No. 3, Restoration and Eighteenth Century, 1996, pp. 603-621.
Swift, Jonathan, Una modesta proposición y otros escritos patrióticos irlandeses, Buenos Aires, Cuenco del Plata. Trad. Facundo Maggio Ramírez, 2010.
Treadwell, J. M., “Jonathan Swift: The satirist as a projector”, en Texas Studies in Literature and Language, Vol. 19, No. 2, verano, 1975, pp. 439-460.
Treadwell, J. M.,“Swift, William Wood, and the Factual Basis of Satire”, en The Journal of British Studies, Vol. 15, No. 2 (1976), primavera, pp. 76-91.
Wittkowsky, George, “Swift's Modest Proposal: The Biography of an Early Georgian Pamphlet”, en Journal of the History of Ideas, Vol. 4, No. 1 (enero 1943), pp. 75-104.
 
 
 
 
 
 
 
 


[i] Cfr. Fabricant y Mahony (2010).
[ii]Utilizamos la traducción de Facundo Maggio Ramírez (Swift, 2010).
[iii] An Essay or Modest Proposal, of a Way to increase the Number of People, and consequently the Strength of this Kingdom; Modest Proposal for the More Certain and yet more Easy Provision for the Poor. Cfr. Wittkowsky (1943).
[iv] Los trabajos de Wittkowsy (1943), Landa (1942), Lein (1975) y Moore (2007) sin duda constituyen aportes fundamentales en esta dirección.
[v] Semejante política resultaba a todas luces absurda, ya que tendían a hacer bascular la economía del país en pos de un producto que no podían exportar: en 1699 se aprueba en Inglaterra la denominada Wool Act, una medida proteccionista, debido a que la producción de lana irlandesa comenzaba a amenazar la de Inglaterra. Esta legislación sólo permitía a Irlanda exportar lana cruda, y no lana procesada ni tejidos.
[vi] Edgar S. Furniss, The Position of the Laborer in a System of Nationalism. A Study in the Labor Theories of the Later English Mercantilists (Boston and New York, 1920). Citado en Wittkowsky (1943).
[vii] Two letters on subjects relative to the improvement of Ireland: “I laugh with contempt at those weak wise heads who proceed  upon general maxims, or advise us to follow the examples'  of Holland and England”.
[viii] La traducción de varios números del Spectator puede leerse en http://elmismodiario.blogspot.com.ar/.
[ix] A short view of the State of Ireland: “There is not one argument used to prove the riches of Ireland, which is not a logical demonstration of its poverty. The rise of our rents is squeezed out of the very blood, and vitals, and clothes, and dwellings of the tenants, who live worse than English beggars”.
[x] Los artículos de Wittkowsky (1943) y Landa (1942) abordan esta cuestión con mayor exhaustividad.
[xi] Cfr. Wittkowsky (1943): “Thus Sir William Petty wrote that ‘fewness of people is real poverty’. Sir Josiah Child and Charles Davenant expressed similar views. Swift was familiar with the writings of all three. It is remarkable that the fear of  too small a population should have existed in midst of poverty”.
[xii] William Petty, Economic Writings (Cambridge, 1899), citado en Wittkowsky (1943: 82).
[xiii] William Petty, Economic Writings (Cambridge, 1899), citado en Wittkowsky (1943: 84).
[xiv] “With whom we are yearly overun, being the principal breeders of the nation, as well as our most dangerous enemies”.
[xv] “For this kind of commodity will not bear exportation, the flesh being of too tender a consistence to admit a long continuance in salt, although perhaps I could name a country which would be glad to eat up our whole nation without it”.
[xvi] “Slaves have a natural disposition to be tyrants”.
[xvii] La cita es de Frankenstein (1818) y está puesta en boca de Victor: “I could not rank myself with the herd of common projectors”.
[xviii] “One who forms wild impracticable schemes”.
[xix] Para tomar un ejemplo, el célebre proyecto de extraer de rayos de sol de los pepinos probablemente le deba mucho a proyectistas especuladores reales vinculados con patentes petroleras, que publicitaban entre otras cosas la posibilidad de extraer petróleo de los rábanos. El catálogo de proyectistas experimentales evidencia el absurdo de sus ensayos sin necesidad alguna de recurrir a la ironía: convertir excremento humano en alimento, elaborar un método para construir casas comenzando por el techo, aprender a distinguir colores por el tacto y el olfato, curar cólicos introduciendo aire por el ano mediante el uso de un fuelle; ni el crédulo Gulliver (pun intended) parece muy convencido de su éxito.

[xx] Bickerstaff fue un seudónimo con el que Swift publicó, entre otras cosas, un escrito en 1708 en el que predecía la muerte de John Partridge, célebre astrólogo. Publicó también una noticia de su muerte por un testigo anónimo y una elegía. La anécdota es célebre porque en efecto la sociedad londinense creyó el engaño; el sacristán se presentó a su viuda al día siguiente para solicitar instrucciones para el funeral. Cfr. Mayhew, George (1964).