Marx, honra y muerte del deudor. El "acuerdo" griego

Logiudice, Edgardo

 
Alguna vez el viejo Marx fue joven, un joven estudioso, intuitivo e inconforme. Rebelde.
Por 1844 escribió a mano algunos textos conocidos como tales, Manuscritos. Entre ellos uno con el título de "Crédito y banca" que, al menos que yo sepa, no está traducido al castellano y que, me parece, viene al caso.
"El crédito es el juicio que la economía política tiene sobre la moralidad de un hombre".
En el crédito "un hombre reconoce a otro por el hecho de que le adelante valores. En el mejor de los casos…cuando [el prestamista] no es usurero, señala su confianza en su prójimo al no considerarle un bribón, sino como un hombre «bueno». Por «bueno», el acreedor, como Shylok, entiende solvente".
"Vemos que la vida de un pobre, sus talentos y su actividad son, a los ojos del rico una garantía de reembolso de lo prestado: dicho de otra manera, todas las virtudes sociales del pobre, el contenido de su actividad social, su existencia misma, representa para el rico el reembolso de su capital y de sus intereses. La muerte del pobre es, por lo tanto el peor accidente para el acreedor. Es la muerte del capital y los intereses".
 
A aquél joven no le dieron el Nobel de Economía. Stiglitz dice que la muerte del deudor "se torna en una amenaza para el funcionamiento de los mercados financieros internacionales". Por eso-dice- Griessa "desafía un principio básico del capitalismo moderno: los deudores insolventes necesitan un nuevo comienzo".
 
Los acreedores necesitan deudores vivos, es un principio básico del capitalismo moderno.
La muerte del deudor es la muerte del capital y los intereses. Nos quieren buenos, es decir sometidos.
 
 
Estos son los párrafos finales del artículo La deuda, las deudas publicado en Herramienta n° 55 en la primavera del año pasado que, quizá, valdría la pena volver a leer.
 
Fue escrito en el contexto de los fallos de Griesa y el barullo de los graznidos de los buitres que tuvieron el efecto de reavivar el tema de las deudas públicas, al punto de llevar la cuestión de la mejor manera de pedir su propia quiebra que tiene un estado soberano frente a los prestamistas privados a la propia Asamblea de las Naciones Unidas.
 
En suma, darle a los deudores la oportunidad de ser honrados. Lo había dicho ya Adam Smith: “Cuando se hace necesario que un Estado se declare en quiebra al igual como sucede cuando un individuo tiene que hacer lo mismo, un procedimiento de quiebra justo, abierto y explícito es siempre el mecanismo menos deshonroso para el deudor y menos perjudicial para el acreedor”.
 
Deudor muerto no paga y muere en la deshonra. Stiglitz lo sabe: "Principio básico del capitalismo moderno: los deudores insolventes necesitan un nuevo comienzo".
 
Y el joven Marx filosofaba: "El crédito es el juicio que la economía política tiene sobre la moralidad de un hombre".
 
El bochornoso episodio de la deuda griega para algunas voces indignadas, legítimamente indignadas, encarna en la señora Merkel que, por cierto, se gana el honor. Despierta fantasmas de trágicos sucesos. Evoca fáciles comparaciones históricas. Acude a la memoria del pueblo alemán. A la anexión, a las reparaciones. Camino infecundo, también peligroso.
 
Alude a la tozudez de la troika. Si ya se sabía que el "rescate" de hace pocos años no iba a funcionar porqué insistir en las mismas medidas. Por cierto hay quienes quieren la sumisión política que confronta con el NO lúcido y mayoritario del pueblo griego.
Pero parece un precio muy alto conceder así otra prórroga a cambio de privatizaciones, "austeridad" y "competitividad" que no garantizan el valor de los títulos de la deuda, los bonos de la deuda soberana. Tenemos derecho a sospechar que si bajan, alguien hará el negocio de comprarlos barato y esperar. Ya lo hicieron en Grecia algunos conocidos nuestros: Paul Singer del famoso holdouts NML Elliot.
 
De la economía de deuda, del capitalismo de crédito, de la economía a través de la cual funciona el capitalismo de las finanzas hegemónicas. De la división del género humano en acreedores y deudores, la mayoría. Sea por deudas públicas o privadas. De todo ello trataba el artículo que recordamos.
De la deuda global, de la que los latinoamericanos tenemos todas las heridas. De la que no podemos olvidar porque aquéllas no cierran, para nuestra deshonra.
El Estado de Deuda cambia el sentido de las palabras y de las instituciones. Pagar sumisamente es "desendeudar". El Fondo Monetario ni es fondo de monedas ni provee a la producción, sino al negocio de los bancos y los fondos privados, buitres o palomos. Los Bancos Centrales quedan a la expectativa de los flujos de los fondos y sus estrategias los patrocinan. De ellos depende el valor de las monedas.
 
El Presidente del Banco Central Europeo, clave de la troika, era vicepresidente de Goldman Sachs cuando ésta asesoró a Kostas Karamanlis para ocultar el déficit griego que condujo a la crisis. Un cómplice del fraude es ahora juez del destino del pueblo griego a cuyo hundimiento colaboró.
Con la política de tasas negativas de Draghi los fondos de inversión - que sólo los ingenuos o los crápulas quieren distinguir en buitres y palomos - toman dinero gratis para colocarlos en bonos de alto riesgo a altos intereses. Algunos compran bonos griegos a dos años al 23%.        
 
Con estas instituciones y dirigentes quería negociar Yanis Vaurofakis, el ministro que había nombrado Tsipras, ducho en arquitecturas financieras. Con una especie de Plan Brady en el bolsillo. Canje de bonos por bonos con más deuda. Bonos de un fondo especial, Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. El dinero de sus préstamos proviene de los estados miembros o tienen su aval, cuando son privados. Los Estados, sus contribuyentes en realidad, garantizan a los financistas.
 
Con ese dinero se realizaron los rescates griegos. Vaurofakis quería reeditarlos pero con menos austeridad. Salvar la honra pateando la pelota.
Pero los rescates griegos anteriores no tenían en cuenta la honra de Grecia sino los dineros de los bancos alemanes y franceses que, si aquélla se hundía, se iban a pique junto con ella.   
"Dieron dinero para salvar a los bancos alemanes y franceses, no a Grecia", c onfesó Paulo Nogueira Batista, representante de Brasil ante la junta directiva del FMI.
Pero no sólo los griegos contrajeron más deuda, austeridad y privatizaciones sino que, de paso - o no tan de paso-, los fondos privados (todavía con el plumaje de las palomas) salvaron su dinero. El 40% de la deuda. Sus bonos fueron rescatados y eso fue presentado como un exitoso desendeudamiento: una quita del 50% sobre el valor nominal. No era más que el valor real, de plaza, de los mismos.
 
Un informe de Bloomberg de febrero decía: " Desde el primer momento, uno de los objetivos del nuevo gobierno griego fue intentar tranquilizar a los inversores. Yanis Varuofakis, ministro de Finanzas, viajó inmediatamente después de la victoria…a Londres para reunirse con 100 inversores y asegurarles que no planeaba ninguna quita de la deuda griega, a pesar de las promesas de su partido".     
Este "marxista errático", según se autodefine, parece que sabía muy bien quienes eran los dueños del circo. Y el episodio anuncia la verdadera naturaleza del "acuerdo" Tsipras-troika.
 
Aquel rescate fue la versión europea del plan Brady.  
Por estos pagos conocemos el significado del plan de bonos por más bonos, con más intereses. Los blindajes y megacanjes, los swaps de Machinea. Después de él viene la "restructuración", las reestructuraciones y los llamados buitres.
 
Ya entonces el mismo informe de Bloomberg anunciaba: "De hecho, parece que algunos inversores confían en la rentabilidad de Grecia. PIMCO…no tardó en recomendar la compra de bonos griegos tras las elecciones…Y Robert Schiller, premio Nobel de Economía (cuando no), aseguró que «Grecia es una inversión espectacular»".    
 
En junio, días antes del acuerdo, la misma agencia informativa de negocios recogía""Si Grecia evita un impago y permanece en la zona euro, comprar activos griegos podría resultar el mejor negocio del año". Lo había escrito nada menos que Athanasios Vamvakadis, un analista de Bank of America Merrill Lynch. Uno de los cinco mayores bancos de inversión del mundo.
 
Y Tsipras cumplió.
El "acuerdo" actual Tsipras-Troika, rescatados ya los bancos, parece más bien la preparación del camino a los fondos privados de inversión. Los fondos a la sombra de los bancos que ya cobraron ahora esperan que caiga la breva. Los bancos palomos como Merrill Lynch, que fuera nombrado por Kirchner en el 2005 Agente Organizador del Canje de la reestructuración.
 
Ese parece ser el papel actual de los organismos financieros internacionales. Sus durísimas condiciones arrojan a los deudores en manos de los fondos privados a través de la restructuración. O Tsipras ignora lo que pasó por acá o Tsipras, por más que diga que acepta tapándose la nariz, no ha claudicado. Asumió el papel actual de los gobernantes, gestionar la deuda. Cumplido con los neoliberales el papel de endeudar, el de los socialdemócratas y en su defecto, o impopularidad, los "populistas" es el de pagar. Para honra del deudor. Grecia no podía morir apartándose del Euro. 
 
El acuerdo es el camino para la reestructuración.
No lo digo yo, sino la Directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, el 29 de julio: "Para que Grecia tenga éxito en cualquier programa que se ponga en marcha debe producirse una restructuración significativa de la deuda".
 
Restructuración significa, lo sabemos, cambiar los bonos "institucionales" por los privados, el canje. Y es allí donde los palomos cambian el plumaje.
 
Esta es la "fábrica del hombre endeudado" del capitalismo financiero de la que habla Maurizio Lazzarato, y nosotros el homo debitor. Cuya moralidad, como vimos que decía Marx, se mide de acuerdo al monto del pago.
 
La cuestión parece ser que no sea nuestra muerte la condición de la muerte del capital y los intereses, sino nuestra vida la que lo logre. No fue el camino de Tsipras, queda en manos de todos los deudores del mundo. Que somos mayoría.
 
Edgardo Logiudice
julio 2015.