Del 24-M a las elecciones generales: Claves de una batalla electoral-popular para echar a la casta

 
Por Pedro Antonio Honrubia Hurtado
 
El 24-M ha hablado: ¿vamos a negarnos a escucharlo?
 
Las urnas han hablado y han lazando varios mensajes interesantes que merece la pena resaltar. El primero de ellos: que la crisis de los partidos tradicionales que se abrió en las pasadas elecciones europeas se consolida y el cambio político gana espacios cada vez con mayor intensidad. La segunda: que la expresión concreta de ese cambio político en estas elecciones municipales y autonómicas lo han representado las alternativas de “unidad popular” construidas en torno a una clara oposición a las políticas de los diferentes partidos que confluyen en el partido del IBEX35, uniones electorales en cierta medida edificadas en torno a lo que podríamos llamar el “espíritu de PODEMOS” pero que no son exactamente PODEMOS. La tercera: que dicho partido del IBEX35 sigue copando la hegemonía política en la mayor parte de las instituciones y todos sus partidos juntos siguen sumando más del 60% de los votos, con lo que queda lejos todavía la existencia de una mayoría electoral-popular capaz de arrebatar dicha hegemonía a nivel general. La cuarta: que el escenario que se abre de cara a las generales es hoy más incierto e impreciso que el que ya existía, en función de las encuestas conocidas en los últimos meses, antes del 24M. El cambio avanza, el vuelco electoral ha sido importante, sí, pero queda mucho todavía por hacer de cara a esas generales si realmente se quiere, y es posible que ocurra, que el cambio pueda llegar para gobernar el estado.
El bipartidismo (y sus ramificaciones tipo CiU) va a perder 7 de las principales ciudades del estado. Entre ellas cuatro de las cinco más importantes por número de habitantes y, sin duda, las dos más importantes por trascendencia y repercusión internacional. Los resultados de las candidaturas de unidad popular en Madrid, Barcelona, Cádiz, Zaragoza, Coruña, Santiago de Compostela, han sido excelentes y tendrán opción de gobernar sus respectivos ayuntamientos. Además, en la ciudad de Valencia Compromís podrá hacer lo propio. Que tales ciudades puedan empezar a estar gobernadas por fuerzas de cambio transformador es, sin duda, un vuelco tremendo en la política del estado español tal y como se venía entendiendo hasta la fecha. La unidad popular por el cambio ha ganado estas elecciones. Sumando la población de todas estas ciudades, cerca de siete millones de personas estarán gobernadas, si salen adelante las investiduras, por fuerzas que apuestan por un modelo político transformador. Pero si lo que se pretende es aspirar a ganar el estado, tales datos no son suficientes.
 
En las elecciones autonómicas, de hecho, con la excepción de Nafarroa (con sus obvias particularidades), las fuerzas del cambio no han sido capaces de tener la posibilidad de gobernar en ninguna autonomía. PP y PSOE podrá repartirse los gobiernos, con apoyos de investidura de Ciudadanos, PODEMOS y otros, en 12 de las 13 autonomías que ayer celebraron elecciones. Un dato sangrante sobre todo si tenemos en cuenta que en territorios tan importantes y simbólicos como Asturias, Aragón, Valencia y Baleares, la unión de todos los votos de las diferentes izquierdas habría logrado ser, con bastante claridad, la fuerza más votada. En Madrid el efecto Gabilondo, candidato con una presencia y un respeto importante entre el electorado tradicional de izquierdas madrileño,  ha jugado su papel y con todo PODEMOS+IU quedaría a poco más de 100.000 votos de la potente maquinaria desarrollada en torno a la figura y la presencia del candidato que puso PRISA para el PSOE. En las CCAA más pequeñas, igualmente, la unión hubiera dado para sumar algunos diputados más a los que ha obtenido PODEMOS.
 
La comparativa entre ambos espacios, municipales y autonómicas, nos habla, pues, directamente: Hay una “ventana de oportunidad” abierta, hay perspectivas de unidad popular que garanticen victorias y es además la unidad popular la que puede derrotar al PP y arrinconar al PSOE cuando la campaña se polariza mentalmente en el eje izquierdas-derechas de cara al electorado.
 
O lo que es lo mismo, nos interpela directamente y nos llama, a todos y todas aquellas que creemos que es posible un cambio por la vía electoral para echar al IBEX35 de la Moncloa, a crear un Frente de Rescate Ciudadano que haga posible tal cambio ya en las próximas elecciones, poniendo a las personas en el centro de la vida política, respetando los derechos de los pueblos a decidir todo lo importante, democratizando tanto las instituciones como el funcionamiento de la economía para ponerlas ambas al servicio de la gente. Un Frente de Rescate Ciudadano, en definitiva, que sirva para llevar al gobierno del estado a quienes pretenden hacer precisamente eso: rescatar a los ciudadanos de las garras del IBEX35 y sus manijeros políticos, en lugar de rescatar los intereses del IBEX35 y sus palmeros como se ha venido haciendo hasta ahora.
 
El eje izquierda-derecha como catalizador de actitudes electorales y de reparto de posiciones mentales en la política real
 
Ese Frente de Rescate Ciudadano, sería, obviamente, un espacio donde han de converger las principales fuerzas de izquierda que habitan en el estado español, tanto estatales como nacionales -dejando a un lado aquellas que por sus propias particularidades territoriales no lo consideren oportuno, como EH Bildu, CUP, BNG, etc.-, deberían converger entre sí, y, sobre todo, recogiendo el espíritu de las marchas de la dignidad, converger con el pueblo organizado a través de movimientos sociales, sindicatos alternativos, mareas, etc., en un movimiento de unidad nacional-popular que ponga los intereses de las clases populares en el centro de su discurso, respetando a su vez los derechos colectivos de los pueblos a su libre determinación. Un espacio que ponga en valor todo el capital simbólico que la izquierda a acumulado durante décadas para ponerlas al servicio de un proyecto común. Un espacio que ocupara el lugar que ahora mismo representa PODEMOS en la batalla electoral española, pero multiplicado con la fuerza que a los Pablo Iglesias, Errejón, Monedero, Teresa Rodríguez, etc., le podrían añadir gente como Julio Anguita, Alberto Garzón, Yolanda Díaz, Beiras, Monereo, Cañamero, Gordillo, Mónica Oltra, Usue Barkos, Tania Sánchez, y tantos otros compañeros y compañeras que aglutinan en torno a sí una credibilidad y un capital político que ni en sus mejores sueños podrían ahora mismo hacer frente cualquiera de las otras opciones en disputa. No todos deberían ir como candidatos a parlamentarios, obviamente, pero sí todos aportando, desde el espacio que mejor crean oportuno -en primera línea o desde sus respectivas trincheras-, lo que tanto su figura política como la de los partidos y espacios políticos a los que ellos representan pueden aportar para el objetivo común.
 
Un espacio que utilice el método de PODEMOS para elegir por primarias a los candidatos y candidatas que deban representar en cada provincia al conjunto de las fuerzas populares aliadas, respetando la particularidad de cada territorio y anteponiendo los intereses comunes a las siglas, las banderas partidistas o las identidades más sesgadas. Con un programa político basado en una serie de puntos comunes, bien desarrollados, que puedan permitir la convergencia y con los que todos estaremos de acuerdo (plan de rescate ciudadano, respeto al derecho a decidir, prioridad absoluta a la cuestión socio-económica frente a cualquier otro gasto institucional, crítica despiadada a la corrupción y el marco de relaciones estructurales que la amparan, apuesta total por la transparencia, etc.). Y con la intención clara de polarizar, por un lado, el debate electoral entre lo que representa esta unión popular y lo que representan los partidos del partido del IBEX35 (PP, PSOE, Ciudadanos, CiU, etc.), así como, por otro lado, la batalla electoral entre una alternativa de derechas (focalizada en el PP) y una alternativa de izquierdas ocupada por este frente. Porque, por más que nos empeñemos, el eje izquierda-derecha sigue siendo clave en la batalla electoral.
 
Bien lo sabe, por ejemplo, el PSOE. El PSOE está siendo muy inteligente en la gestión y valoración de los resultados de este pasado domingo. Su mensaje desde el primer momento de conocerse tales resultados es claro y es el mismo en la practica totalidad de sus dirigentes: “la gente ha votado por un cambio a la izquierda y el PSOE es el partido que tiene que liderar ese cambio”. Trinidad Jiménez habló de “fuerza hegemónica” de la izquierda, Patxi López y otros dirigentes lo han hecho en el mismo sentido. Ya piensan en clave “generales” y la estrategia es clara: polarizar el debate electoral entre una disputa izquierda-derecha a lo clásico, presentándose el PSOE como representante hegemónico de esa izquierda y como alternativa de voto útil frente al PP entre quienes no quieren un nuevo gobierno de la “derecha” después de las próximas generales. De aquí a las generales esa va a ser su propuesta y, más vale que lo entendamos desde ya, es una estrategia muy potente que perfectamente les podía llevar de nuevo a ganar las elecciones si desde la izquierda no reaccionamos de forma inmediata a ese desafío. Un desafío que no se va a poder combatir únicamente negando la existencia de ese eje izquierda-derecha clásico. Mentalmente ese eje sigue estando muy presente en la cabeza de la mayor parte del electorado movilizado y más aún del electorado “pasivo”.
 
La disputa, por tanto, pasa por enmarcar el debate en la polarización “ruptura” vs “continuidad”, “pueblo” vs “casta”, “cambio” vs “partido multipartidista del IBEX 35″, pero sin olvidar en ningún momento que la polarización real es la que se debe dar entre el PP y una alternativa de izquierdas. Hegemonizar ese espacio es lo que pretende el PSOE y es lo que las fuerzas de la izquierda deben evitar a toda costa. El populismo de izquierdas debe hegemonizar el cambio y no tener miedo a presentase como tal, como alternativa de izquierdas, ante el electorado. Para ello no es necesario sacar la bandera y estar todo el rato diciendo que somos más de izquierdas que nadie, pero también hay que dejar claro que la propuesta pasa por hegemonizar el espacio de la izquierda desde un planteamiento amplio, rupturista y transversal, alternativa a las políticas de las diferentes derechas y su defensa del status quo.
 
Y el primer mensaje está encima de la mesa: este pasado domingo ganó el cambio, sí, pero su hegemonía no está en el PSOE, sino en la unidad popular. Resaltar el valor de las victorias allí donde se ha ido en unidad popular y la enorme fuerza de la suma de las izquierdas donde no se ha ido, ganando al PSOE, como hemos dicho, en casi todos los principales espacios electorales en disputa. La hegemonía del cambio no es, pues, ni del PSOE ni de la izquierda, es de la unidad popular (que va más allá de la izquierda, y el eje izquierda-derecha, y bla, bla, bla), y no lo es, además, porque el PSOE es casta, es Ibex35, es corrupción, y bla,bla,bla. Así se frena esta nueva estrategia del PSOE. Pensando que el eje izquierda-derecha ya no funciona en clave electoral, desde luego es complicado. Sobre todo porque, como ha demostrado la ciudad de Madrid, para poder disputar el gobierno al PP y, a su vez, conseguir que el PSOE quede en un espacio secundario, debes conseguir polarizar lo suficiente el debate real entre fuerzas que son percibidas socialmente como aspirantes a gobernar dentro de ese esquema clásico izquierda-derecha, pero donde la izquierda sea representada por la unidad popular y no por el PSOE, logrando así que buena parte del electorado tradicional del PSOE te acabe dando su apoyo como alternativa de gobierno a un gobierno de la derecha.  Cuando la campaña se polariza lo suficiente entre el PP y una alternativa de izquierdas solida, el PSOE queda arrinconado, tal y como vino ocurriendo desde las europeas mientras la sociedad percibía mayoritariamente a PODEMOS como alternativa emergente (“nosotros somos ahora la oposición”, que diría Pablo Iglesias muy astutamente). El otro ejemplo lo tenemos en Valencia, única comunidad donde Ciudadanos ha superado a PODEMOS. Y el freno a PODEMOS, en este caso, no se ha llamado ni PSOE, ni PP, ni Ciudadanos, se ha llamado Compromís. Compromús ha sabido capitalizar allí mejor que nadie el espacio que en otros lugares ha sabido capitalizar PODEMOS. Lo cual quiere decir que lo importante no es tanto una cuestión de siglas, sino de tendencias. Y esas tendencias indican que hay ansia de cambio y que esa ansia de cambio pasa por la unión popular y no tanto por partido concretos.
 
El juego, desde luego, es interesante: conectar con el eje izquierda-derecha que habita en la mente de las personas pero sin reproducir el discurso izquierda-derecha tradicional que el PSOE quiere rescatar y que, efectivamente, en esas claves PP (derecha)- PSOE (izquierda), como han repetido infinidad de veces los principales dirigentes de PODEMOS (haciendo una lectura más que correcta de la realidad) es un juego de trileros.
 
La Primavera de la unidad popular y el invierno de Ciudadanos
 
El escenario que se abre tras los resultados de las generales es, pues, tremendamente fértil para las fuerzas del cambio. De hecho, es el escenario que se podría considerar como ideal. Con el cambio liderando algunas de las principales ciudades del estado y con la suma de las fuerzas de izquierdas siendo primera fuerza en número total de votos en espacios tan importantes como Aragón o Valencia, y con muy buenas perspectivas en otras como Madrid, e incluso, a tenor de los datos (y teniendo en cuenta el momento en que se celebraron las elecciones andaluzas, posiblemente el momento más bajo de PODEMOS desde su aparición) también en Andalucía, Galiza y Catalunya. Las fuerzas populares salen de este primer ciclo electoral con una fuerza más que considerable y con grandes apoyos en los territorios más poblados del estado. La primavera ha llegado a la unidad popular.
 
Otros, en cambio, tras vivir su particular verano, entran de lleno en el invierno. Hablo de Ciudadanos. Ciudadanos ya pasó su fase de ascenso y ahora le llega su invierno, lo tiene bastante complicado de cara a las generales. Hubo un momento en que las tendencias le eran del todo favorables e incluso personalmente los veía como primera fuerza en las encuestas a no mucho tardar. Pero la campaña electoral ha sido demoledora para ellos. La premura en hacer listas como churros y sin el menor control les ha pasado factura, además de que las contra-campañas impulsadas desde internet han sido muy buenas y con un alcance muy masivo. Se han presentado sin una identidad definida, con candidaturas sin ningún valor en muchos espacios, copadas por arribistas, ultraderechistas, empresarios corrompidos y algunos otros con intereses poco recomendables. Durante estas últimas dos semanas se han ido conociendo muchos casos “sueltos” que han ido minando su imagen de niño bonito y sin pasado, y la desconfianza en torno a ellos ha crecido. Pero lo peor les viene ahora. Primero el efecto “desinfle” que va a tener para este partido el resultado de las municipales y autonómicas, en los cuales, salvo la CCAA de Madrid, no van a ser llave de gobierno en casi ningún lugar importante y allí donde lo pueden ser van a tener un problema casi mayor. Si apoyan al PP, les pasará como le pasó a UPyD en su momento: se ubicarán claramente en el espacio de la derecha y su margen de crecimiento estará exclusivamente en ese espacio electoral (ultraliberal y ultraespañolista, cuñadismo de manual aparte), si no apoyan al PP y dejan gobernar al PSOE u otros, los votantes del PP que ahora los han apoyado, muchos no volverán a hacerlo. Y es que en este tipo de cosas se ve claramente, como decíamos antes, que el esquema izquierda-derecha sigue teniendo mucha fuerza, a nivel simbólico y mental, para según qué cosas. Usted no le puede explicar a un votante del PP de toda la vida, de derechas convencido, que por aquello de la nueva política ahora su voto sirve para que gobierne el PSOE o los “radicales de izquierdas”, no puede. Y a la inversa, usted no le puede explicar a una persona de sensibilidad de izquierdas que por aquello de la nueva política con su voto va a gobernar una persona como Cifuentes, con todo lo que el PP representa en Madrid y la propia Cifuentes como cabeza visible de la represión en estos años. Hagan lo que hagan, como, por otro lado, ya le ha pasado a PODEMOS respecto de ciertos sectores “conservadores”, su espacio electoral se verá reducido. Si a ello le sumamos, además, que dentro de esa polarización izquierda-derecha la hegemonía de la derecha la tendrá el PP y, por más que no apoyasen al PP, jamás podrán aspirar a tener hegemonía alguna entre la izquierda, su momento actual es complicado. El caso de Castilla-La Mancha es significativo. Diversas encuestas daban varios diputados a Ciudadanos, pero también reflejaban que existía una cerrada disputa por “arriba” en la cual el PP estaba muy cercano a la mayoría absoluta. ¿Resultado? Ciudadanos se queda fuera de ese parlamento autonómico. El votante potencial del PP prefirió apostar por su opción tradicional en busca de esa mayoría absoluta en lugar de apostar por experimentos inciertos.
 
La política de pactos y sus repercusiones de cara a las elecciones generales
 
Pero el peligro de los pactos no orbita únicamente en torno a Ciudadanos. Las fuerzas de izquierdas, y en concreto, PODEMOS, también deben gestionar con bastante precaución este asunto en las próximas semanas/meses si no quieren verse perjudicados por ello. El PSOE tratará de presentar aquellos espacios donde pueda gobernar con el apoyo a la investidura de PODEMOS y otras fuerzas como un ejemplo de esa pretendida hegemonía de la izquierda. A su vez, el votante de izquierdas no perdonaría que se permitiese gobernar al PP allí donde no tiene absoluta y los números dan para que se los pueda sacar del gobierno. Es un escenario complejo y nada sencillo. Y el ejemplo de Andalucía no nos es del todo válido por las diversas condicionantes que tiene. En Andalucía no se da la posibilidad de un gobierno del PP y, por supuesto, el PSOE andaluz es paradigma de clientelismo y de corrupción. La posición de PODEMOS en Andalucía ha sido la correcta: poner encima de la mesa una serie de exigencias que el PSOE no iba a poder satisfacer en ningún caso -y si lo hubiera hecho hubiera sido un gran “tanto” para PODEMOS-, y forzar así a que el acuerdo de investidura, si es que tiene lugar finalmente, se dé entre PSOE y alguna de las otras fuerzas del IBEX35 (PP o Ciudadanos). Pero este escenario no es comparable a otros territorios.
 
En general, las fuerzas del cambio deberían evitar a toda costa entrar en pactos de gobierno con el PSOE, salvo en aquellos lugares donde fuese una de estas fuerzas la que pudiera gobernar. No es el caso de ninguna CCAA. En aquellas Comunidades donde su apoyo puede servir para dar la investidura al PSOE y evitar así un gobierno de la derecha, debería hacerlo, pero siempre tras una negociación previa en la que obtener el máximo de exigencias de “sentido común” posibles (sobre corrupción, desahucios, rescate ciudadanos, etc.), y pasando luego automáticamente a la oposición (tal y como debería haber hecho IU en Andalucía en 2012). Desde la oposición, teniendo en cuenta que las fuerzas populares suman como primera fuerza en algunas de esas CCAA y serían determinantes para la suma de mayorías en otras, podrían hacer una buena labor parlamentaria y en algunos casos, como Aragón o Valencia, incluso tener la iniciativa legislativa. Así, cuando salgan iniciativas conjuntas desde estas fuerzas populares se presentarían ellas como hegemónicas frente al PSOE (aunque gobierne el PSOE), y cuando el PSOE se oponga a algunas de ellas, en alianza con la derecha, se visibilizaría la unión del partido del IBEX35.
 
Caso aparte es Navarra. La suma de las fuerzas de izquierdas da la posibilidad de un cambio de gobierno. Pero bien sabemos que la más que probable presencia de EH Bildu en ese futuro gobierno sería utilizado por los de siempre para tratar de desacreditar a quienes apoyen ese gobierno (de hecho, ya han empezado la campaña). No obstante, si el gobierno lo dirige Usue Barkos, persona que goza de una alta consideración social entre el electorado tras su paso por el parlamento español, el impacto sería menor. Sacar a UPN del gobierno, en cualquier caso, debería ser prioritario. Bien con un pacto de gobierno bien con un pacto de investidura y pasarse luego a la oposición, tanto PODEMOS como IU deben apoyar el gobierno del cambio y justificarlo dentro de aquello de la lucha contra los partidos de la casta y por echar a los corruptos del poder. El electorado lo entenderá. UPN se ha visto envuelta en demasiado escándalos y son lo suficientemente “casta” como para paliar entre el potencial electorado de esa hipotética unidad popular el desgaste que pueda suponer la campaña de los medios del capital contra ellos.
 
Ni un voto por el cambio desperdiciado
 
Existe otra razón de peso para apoyar un proyecto de unidad popular para las próximas generales que tiene que ver con la suma de votos de las diferentes fuerzas de izquierdas para evitar que haya votos por el cambio que acaben sin tener representación en las instituciones. Lo que ha pasado en algunas de las CCAA antes citadas es significativo. Los cientos de miles de votos que han apoyado a IU en aquellos sitios donde no han tenido representación y que sumados a los votos de otras fuerzas del cambio podrían haber contribuido a que un proyecto de unidad popular pudiera haber sido primera fuerza y/o a sumar un mayor número de parlamentarios a los ya obtenidos. Pero, sobre todo, existe la cuestión de las pequeñas provincias. El sistema electoral español favorece la sobrerrepresentación de muchas de esas pequeñas provincias en el Congreso de los diputados, y, a su vez, esas provincias se encuentran en zonas donde el avance de las fuerzas del cambio se está dando una manera más lenta y menos masiva, zonas que son tradicionalmente más conservadoras en cuanto a sus comportamientos electorales. La dispersión del voto de cambio en esas provincias podría ser demoledora para las aspiraciones de victoria del cambio a nivel general. La existencia o no de una unidad popular puede ser determinante para que en algunas de esas provincias las fuerzas del cambio sean capaces de obtener algún tipo de representación y/o un resultado importante, y la suma de todos esos diputados que se podrían perder/ganar en tales provincias por la dispersión/concentración del voto popular podría acabar siendo determinante en el resultado final de las elecciones. Si ese espacio se abandona y se deja en manos de los principales partidos del régimen, y, en especial, del PP, difícilmente se podrían ganar las elecciones. Podrían llegar a ser decenas de representantes que se dejaran copar por las fuerzas del IBEX35 y eso podrían ser el detonante de un resultado favorable o no a las aspiraciones de gobierno de las fuerzas del cambio. Además, la dispersión del voto de derechas entre el PP y Ciudadanos, como ha pasado en estas autonómicas en algunas provincias, podría a su vez beneficiar esta política de unidad popular, en tanto y cuanto el acceso a la representación podría salir más “barato”.
 
La estrategia de campaña de la Unidad Popular
 
La campaña de PODEMOS para estas elecciones del 24-M ha sido, por lo general, excelente, y perfectamente podría servir de base fundamental para ese Frente de Rescate Ciudadano del que venimos hablando. Han afinado mucho su discurso y sus mensajes y han hecho una campaña netamente volcada hacia la izquierda, sin abandonar por ello el discurso “populista” destinado a llegar al mayor número de personas posibles.
 
La estrategia de poner en el centro del debate, como prioridad central de gobierno, la cuestión socioeconómica (rescate ciudadano y lucha contra las políticas de austeridad), el discurso de “no hay cuatro opciones, solo hay dos opciones: o nosotros o el austericidio”, lo de dirigirse directamente a los votantes del PSOE apelando a sus emociones como “socialistas”, lo de centrar la campaña en la gente tanto en el modo de gestarla (microcréditos) como en el desarrollo (“El jugador número 12″: la apelación a que cada votante buscase cinco nuevos votantes, que principalmente convierte a la gente en el centro de la campaña y les hace sentirses -aunque no traten de convencer a nadie- partícipes del proceso), lo de resaltar que son el único partido no FINANCIADO por los bancos, lo de presentarse como el partido “de las clases populares” y, por supuesto, el tono áspero, beligerante y hasta ofensivo con los corruptos, han sido las claves centrales de estas dos semanas, muy en la línea de lo que Pablo Iglesias había dejado ver en sus últimos artículos, a mi juicio una línea muy acorde a lo que PODEMOS representa en la política hoy por hoy y ajustada certeramente a los espacios a los que debe aspirar llegar para crecer y consolidarse.
 
De cara a las generales con esta campaña electoral han sentado unas bases importantes y sobre estas bases se puede articular una campaña electoral, que empiece desde ya, que, igualmente, exprese a la perfección todo lo que venimos exponiendo en este análisis sobre la unidad popular necesaria, tanto desde el punto de vista de la estrategia electoral, como desde el punto de vista de los objetivos a cumplir. Con las diferentes aristas que se desprenden de estos principios generales de campaña haces frente tanto al PP (el partido de la estabilidad), como al PSOE (el partido de la hegemonía de la izquierda), como a Ciudadanos (el partido del cambio sensato) y las diferentes estrategias políticas que cada uno de ellos tratará de poner en juego para llegar al electorado de cara a esas generales (señaladas en los paréntesis anteriores), pero, sobre todo, expresas a la perfección la oposición de esta fuerza electoral a lo que se manifiesta socialmente como expresión de la “casta” o como expresión del “partido del Ibex35″, y, en última instancia, y esto es lo principal al final, como verdadera alternativa de cambio de izquierdas y popular a un posible nuevo gobierno del PP de Rajoy, Cospedal, Floriano, Hernando, y compañía.
 
Unidad popular hacia la creación de un Frente de Rescate Ciudadano
 
En definitiva, si queremos ganar las próximas elecciones generales y permitir así que el pueblo entre en el gobierno del estado y desaloje a la casta, es necesaria la unidad popular: es necesario un Frente de rescate ciudadano que ponga en valor los liderazgos (con todo su capital simbólico asociado) que ya existen en la izquierda (Iglesias, Errejón, Monedero, pero también Garzón, Anguita, Yolanda Díaz, y otros como Colau, Cañamero, Beiras, Mónica Oltra, Usue Barkos, etc. ), que represente el “efecto PODEMOS” pero sin ser exactamente PODEMOS, que polarice la campaña en términos populistas de izquierdas (el pueblo vs la casta, el cambio vs el partido multipartidista del IBEX35), y que tenga una traducción real en una polarización electoral entre el PP y esa alternativa de cambio que dispute, desde el espacio mental clásico del eje izquierda-derecha que sigue muy presente en la mente de una importante mayoría del electorado, el poder a la derecha que representa el PP. Ahí pueden estar, a mi juicio, las claves de la batalla por las generales, teniendo en cuenta todo lo que ha pasado desde las europeas hasta hoy.