Para una antropología dialéctica: los “Apuntes y Esbozos” de la Dialéctica del Iluminismo

 

Ricardo Pagliuso Regatieri*
 
 
Cuando en 1947 Adorno y Horkheimer publican su Dialéctica del Iluminismo, escriben en el Prólogo que en la última sección del libro se encuentran apuntes y esbozos que, aunque relacionados a “los ensayos precedentes, (...) no podían hallar su puesto en ellos” (Horkheimer y Adorno, 1970: 13)[1].
Estos apuntes, según los autores, dibujarían provisionalmente problemas que serían objeto de trabajos futuros y se referirían “en su mayor parte a una antropología dialéctica” (Horkheimer y Adorno, 1970: 14).
Partindo de esta afirmación, mi ponencia buscará seguir el rastro de esta antropología dialéctica en las notas que Adorno y Horkheimer incluyeron en el fín de su obra de los años 1940.
Mi planteamiento intentará indicar qué sería una antropología dialéctica ofrecida por estos apuntes de la Dialéctica del Iluminismo así como señalar el papel que desempeña.
Los “Apuntes y Esbozos” se componen de 24 fragmentos y se siguen a los tres ensayos y dos excursos del libro. En ellos Adorno y Horkheimer examinan, en una multiplicidad de situaciones distintas, la cuestión de la dominación de la naturaleza y la simultánea constitución de una racionalidad instrumental.
Aunque Adorno y Horkheimer vuelvan explícito que a los “Apuntes y Esbozos” los caracteriza una antropología dialéctica, es posible afirmar que la antropología dialéctica se hace presente por toda la Dialéctica del Iluminismo. Voy todavía a tomar acá los menos tematizados “Apuntes y Esbozos” como un rincón privilegiado para intentar sacarla a la luz.
Para empezar, ¿qué sería eso entonces, una antropología dialéctica?
Fundamental para la antropología dialéctica de Adorno y Horkheimer es la idea de que en un mundo partido entre dominadores y dominados la contradicción en la teoría es necesaria: es “la respuesta a la contradicción objetiva de la sociedad”, a su “sistema de trabajo dividido en la forma diferenciada en que lo está hoy” (Horkheimer y Adorno, 1970: 281).
Mientras el pensamiento nivelador busca allanar las asperezas y las saliencias, la teoría crítica se esfueza para mostrar lo fracturado.
Dialéctica del Iluminismo, y específicamente los “Apuntes y Esbozos”, lo hace analisando sea fenómenos “macro” sea fenómenos “micro” – aunque no postule ningún tipo de separación entre niveles “micro” y “macro”, entre lo pequeño y lo grande.
Así, los “Apuntes y Esbozos” tratan de la filosofía, de los animales, de la industria cultural, de los delincuentes, de la estupidez, del cuerpo...
La antropología dialéctica entiende la historia como un transcurso en el cual, “pese a todos los rodeos y resistencias, la dominación coherente de la naturaleza se impone cada vez más decididamente e integra toda interioridad” (Horkheimer y Adorno, 1970: 265).
Dominar sin fin la naturaleza, transformar el cosmos en un inmenso predio de caza: tal ha sido el sueño de milenios al que se adaptó la idea del hombre en la sociedad viril. (Horkheimer y Adorno, 1970: 291)
 
Desde este punto de vista [la antropología dialéctica propone que]  sería necesario deducir también las formas de la economía, de la dominación, de la cultura. (Horkheimer y Adorno, 1970: 265)
 
La dominación creciente de la naturaleza se dió, todavía, siempre bajo el sello del verdugo y se hizo siempre acompañar por la degradación de la mujer a mera naturaleza.
La diferencia entre hombre y mujer impuesta por la naturaleza sirve de base a la desigualdad social.
De acuerdo con Adorno y Horkheimer, la dominación de la naturaleza y la dominación social están entrelazadas desde los principios.
De ahí que la antropología dialéctica subraye que tiene como tarea tornar consciente el horror que hasta hoy produjo la dominación ciega de la naturaleza y de los hombres sobre otros hombres – y mujeres!
“No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie” (Benjamin, 2004: tesis VII), escribió Walter Benjamin en la séptima de sus tesis sobre la historia, texto que seguramente ejerció influencia sobre la visión histórica expuesta en la Dialéctica del Iluminismo – si no de la propia lectura de esta obra, esto se puede sacar de cartas entre Adorno y Horkheimer durante el periodo de escritura de su libro.
Este intento de exponer el horror que acompaña la marcha del progreso de la civilización occidental permite caracterizar a la antropología dialéctica como una antropología negativa.
Hay un apunte titulado “Para Voltaire”, donde se puede leer:
 
El objeto de la teoría no es lo bueno, sino lo malo. (...) Su elemento es la libertad, su tema, la opresión. (...) Hay una sola expresión para la verdad: el pensamiento que niega la injusticia. Si la insistencia sobre los aspectos buenos no se resuelve en una totalidad negativa, no hace más que transfigurar lo contrario de aquellos: la violencia. (Horkheimer y Adorno, 1970: 259)
 
La cita siguiente de los “Apuntes y Esbozos” puede ser tomada como una síntesis del punto de vista que adopta esta antropología dialéctica negativa:
 
La invocación del sol es idolatría. Sólo en la mirada al árbol secado por su ardor vive el presentimiento de la majestad del día que ya no deberá quemar el mundo que ilumina. (Horkheimer y Adorno, 1970: 260).
 
Según Stefan Breuer, profesor de Sociología de la Universidad de Hamburgo que escribió un texto sobre la antropología de Theodor Adorno, la antropología negativa puede ser considerada el foco organizador de su obra y la pieza central de la ontología negativa por él desarrollada.
La antropología negativa, la cual sería una especie de hilo conductor del pensamiento de Adorno, representaría su “contribución esencial a la teoría social dialéctica” (Breuer, 1985: 16).
Breuer pone de relieve que la antropología negativa no procede de “algunas determinaciones iniciales arbitrarias”, sino que resulta de “un movimiento continuo del pensamiento entre los teoremas centrales de la teoria social dialéctica (como desarrollada por Hegel y Marx) y la realidad empírica de la estructuración social del capitalismo tardío” (Breuer, 1985: 15).
Este comentario de Breuer me lleva a una cuestión que me gustaría plantear.
Aunque a muchos les parezca que la Dialéctica del Iluminismo se da por vencida y renuncia a llevar adelante la construcción de una teoría social, a medida que realizaría un giro hacia una filosofía de la historia pesimista, a causa de lo que sería un exacerbado descreimiento de sus autores resultante de la tragedia de su presente histórico – acá tengo en cuenta las interpretaciones que de ella hacen Habermas y sobre todo Honneth –, o que este resbalón antropológico representa no más que una infructuosa especulación metafísica, pienso que el modelo crítico que el libro ofrece puede ser comprendido de forma distinta.
La crítica que se arroja al pasado remoto busca, en realidad, comprender el presente de miseria humana.
Dicho de otro modo, son los problemas concretos de la época presente, la vida dañada bajo el capitalismo administrado, que conducen a los autores a la interrogación sobre el pasado.
La pregunta que la guía es: ¿Cómo llegamos hasta donde estamos hoy?
De acuerdo con Stefan Breuer, la antropología de Adorno no sitúa las estruturas elementares determinantes de lo social en las relaciones de parentesco, como lo hace Lévi-Strauss, sino en la forma mercancía (cf. Breuer, 1985: 16).
Aunque me parezca que esta apreciación es verdadera, creo sin embargo ser posible matizar la afirmación de Breuer diciendo que la antropolología dialéctica es una antropología de la abstracción, acompañando sus mutaciones a lo largo de diferentes formas históricas.
Este juego entre presente y pasado pone de relieve un incremento del pensamiento abstrato en los sucesivos periodos de la magia, de la religión y de la moderna ciencia.
Para Adorno y Horkheimer, la abstracción mágica aún se valía de una “sustituibilidad específica”: operaba todavía a base de “múltiples afinidades entre lo que existe” y sus diferencias (Horkheimer y Adorno, 1970: 23).
Con el pensamiento abstracto de la ciencia, la “sustituibilidad se convierte en fungibilidad universal” (Horkheimer y Adorno, 1970: 23).
De ahí que planteo que, para la antropología dialéctica, las estruturas elementares de lo social se encontrarían en la abstracción.
Claramente, en la Dialéctica del Iluminismo la abstracción antecede a la troca mercantil.
Por otra parte, es verdad que la abstracción se potencia y se difunde con la generalización de la forma mercancía.
El proceso del Iluminismo, o Ilustración, Aufklärung en alemán, significa este desarrollo de la abstracción, la cual permite a los hombres dominar crecientemente el mundo en el cual viven.
El astuto Odiseo, señor de tierras y de hombres, era ya un experto respecto al cálculo.
En los años 1940, la abstracción había penetrado profundamente la vida espiritual de toda la gente.
El paseo ha sido resuelto en movimiento, la comida en calorías, la vida en tasa de mortalidad, afirma uno de los apuntes (cf. Horkheimer y Adorno, 1970: 277-278).
Se trata de la abstracción producida por y productora del intercambio de mercancías que tiene el valor como base.
Adorno y Horkheimer escriben: “Los individuos valoran su propio Sí de acuerdo con su valor de mercado y aprenden lo que son a través de lo que les acontece en la economía capitalista” (Horkheimer y Adorno, 1970: 251).
Este es el escenario que hace los autores arrojarse al pasado y les hace radicalizar y alargar la teoría del valor de Marx.
La antropología dialéctica es una antropología del fetichismo.
El libro dibuja como que etapas fetichistas de la humanidad para llegar hasta la configuración que de verdad es el objetivo de los autores: el carácter fetichista del capitalismo organizado.
No hace falta decir que así como el hacha es instrumento de trabajo, el mercado es medio para el intercambio.
Pero el mercado, el dinero y todos los bienes se convierten en fines en sí mismos.
Incluso acciones tan cotidianas e inocentes, como broncearse en la playa, no están libres de los signos de la forma social total.
En su texto “Tiempo libre”, Adorno señala:
“El tostado de la piel se convierte en meta por sí misma, más importante que el flirt [flirteo] que tal vez en un principio estaba destinado a provocar” (Adorno, 1973: 58).
“El caráter fetichista de la mercancía se apodera, a través del bronceado del cutis (...) de los hombres mismos: los transforma en fetiches” (Adorno, 1973: 57). Quizá la frase más conocida de los “Apuntes y Esbozos” de la Dialéctica del Iluminismo sea la que dice: “Toda reificación es un olvido” (Horkheimer y Adorno, 1970: 263).
A mí resulta imposible leerla sin enseguida pensar en la antropología desarrollada por Simmel en su Filosofía del dinero.
Porque en este libro Simmel trata de la inversión de medios y fines que se procesa a lo largo del desarrollo histórico.
El carácter más inmediato de los fines perseguidos por los hombres primitivos hacía con que lo que Simmel llama de series teleológicas fueran para ellos más cortas.
 La complexificación social y cultural demanda series teleológicas más extensas, una más grande interposición de medios para alcanzar fines cada vez más complejos.
La consecuencia central de la extensión de las series teleológicas es la transformación en fin de lo que anteriormente era medio.
El aspecto todavía problemático de este recorrido es que él conduce al olvido respecto a los fines últimos.
“La especie humana”, dicen Adorno y Horkheimer, “comprendidas sus máquinas, sus produtos químicos, sus fuerzas organizativas (...) constituye en esta época le dernier cri [la última palabra] de la adaptación” (Horkheimer y Adorno, 1970: 272).
La adaptación a la dureza del mundo externo exigió dureza respecto a la interioridad y dureza en el trato con los otros hombres.
Pero justamente cuando, a causa de la facilitación de la vida propiciada por el desarrollo tecnológico, ya no sería necesária esa dureza, ella se convierte en algo monstruoso.
El presente histórico de los años 1940, marcado por el nazismo, el estalinismo y el capitalismo occidental, había incrementado antes que aflojado la dominación social.
Esta es, como ya señalé, la cuestión que moviliza la Dialéctica del Iluminismo.
La antropología dialéctica juega un papel fundamental en el modelo explicativo polifacético construido por el libro.
Este modelo se despliega como una toma de posición respecto al debate interno del Instituto de Investigación Social en el exilio norteamericano sobre si la configuración político-económica de Europa y de Estados Unidos sería mejor caracterizada como capitalismo de Estado o simplemente capitalismo monopolista.
Acerca de esto, Adorno y Horkheimer no son conclusivos en apoyar ni unos ni otros de los contendientes.
Ni hacen suya la tesis del capitalismo de Estado de Pollock, que según Adorno terminaría por ser conformista, ni tampoco creen que la mejor explicación sea de Neumann, Kirchheimer, Gurland y Marcuse, quienes toman partido por la idea de que en Alemania se desarrollaba un capitalismo monopolista autoritario.
De este debate salen sin embargo los elementos del diagnóstico político-económico del presente, pero Dialéctica del Iluminismo hace frente a este presente echando mano de una crítica civilizacional cuya base es la antropología dialéctica.
Así que el capitalismo de su época, a la vez que se configuraba como sujeto automático en virtud de la reproducción del capital, podía ser al mismo tiempo caracterizado de la siguiente manera por la antropología dialéctica: después de milenios de dominación humana sobre la naturaleza, el mundo social acaba por convertirse en algo tan osificado que su automatismo se asemeja a aquel de la naturaleza.
Para la antropología dialéctica de Adorno y Horkheimer, el miedo más grande de los hombres en su anhelo de dominación de la naturaleza es la recaída en la naturaleza.
El presente significa empero esta recaída.
Cuando el hombre es convertido en cosa por la sociedad fetichista avanzada, la naturaleza se venga por haber sido transformada en simple materia prima.
La naturaleza convertida en cosa muerta tiene su contrapartida en los hombres reducidos a objetos.
Contra la inconsciencia de la dominación ciega, la antropología dialéctica de Adorno y Horkheimer apuesta por la tematización de lo reprimido, de lo dominado.
Según uno de los apuntes:
 
La naturaleza en sí no es buena (...) ni noble (...). Como modelo y meta representa el antiespíritu, la mentira y la bestialidad; sólo en la medida en que es conocida se convierte en el impulso de lo existente hacia su propia paz, en la conciencia que ha animado desde el comienzo la resistencia inflexible contra los jefes y contra lo colectivo. Lo que amenaza a la praxis dominante y sus alternativas ineluctables no es, por cierto, la naturaleza, con la cual más bien coincide, sino el hecho de que la naturaleza sea recordada. (Horkheimer y Adorno, 1970: 298)
 
 
Bibliografía
ADORNO, Theodor W.. “Tiempo Libre” [1969]. En: ADORNO, Theodor W.. Consignas. Traducción de Ramón Bilbao. Amorrortu: Buenos Aires, 1973.
BENJAMIN, Walter. “Sobre el concepto de historia” [1940]. En: BENJAMIN, Walter. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Traducción de Bolívar Echeverría. Contrahistorias: México, 2004.
BREUER, Stefan. “Adorno’s Anthropology” [1984]. En: Telos. New York, No. 64, Summer 1985.
HORKHEIMER, Max y ADORNO, Theodor W.. Dialéctica del Iluminismo [1947]. Traducción de H. A. Murena. Sur: Buenos Aires, 1970.
 


* Becario de Doctorado FAPESP en el Programa de Pós-Graduação em Sociologia, Universidade de São Paulo (USP), Brasil.
[1] Las citas de la Dialéctica del Iluminismo se hacen a partir de la traducción que publicó la Editorial Sur, pero esta fue cotejada con el original alemán (Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Querido: Amsterdam, 1947) y muchas veces modificada.