La crisis civilizatoria desde los Grundrisse. Un aporte para pensar su actualidad

 

Lucas Villasenin
UBA
 
“La así llamada evolución histórica reposa en general en el hecho de que la última forma considera a las pasadas como otras tantas etapas hacia ella misma, y dando que sólo en raras ocasiones, y únicamente en condiciones bien determinadas, es capaz de criticarse a sí misma –aquí no se trata, como es natural de esos periodos históricos que se consideran a sí mismos como una época en decadencia- las concibe de manera unilateral.” (Marx, 2007a: 27)
 
Introducción
Una lectura de Elementos fundamentales para la crítica de la economía política implica un desafío que obliga a contextualizar el lugar que ocupan los textos que lo conforman en la producción teórica de Carlos Marx. Los así llamados Grundrisse, son los primeros resultados de las investigaciones sobre economía política que su autor realiza en Londres. Luego de haber tenido su primer acercamiento a la temática en los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844, con reflexiones mucho más sólidas y dinámicas se intenta ya no sólo hacer esbozos sobre los defectos de la economía política clásica. Se trata desde los Grundrisse de emprender una crítica más sistemática y abarcadora del conjunto de la economía política, que apunte a sus fundamentos, presupuestos y condiciones de posibilidad.
De la misma manera, si bien aquí se tratan de superar las críticas aisladas y fragmentadas, el resultado no termina de ser el deseado, y posiblemente el mismo Marx nunca haya podido llegar a culminar su objetivo. El intento no deja de caer en textos fragmentarios, dispersos, mezclados con apuntes e indicaciones sobre futuras investigaciones. La dificultad que emprende cualquier lector se compensa indudablemente con la posibilidad de acceder al laboratorio mismo de lo que posteriormente será la publicación del primer tomo de El Capital, o del trabajo intermedio de la Contribución a la crítica a la economía política –que, como su mismo nombre lo indica no marca para nada un desarrollo acabado de la cuestión.
Los Grundrisse carecerían absolutamente de interés si su autor hubiese logrado llevar adelante su proyecto de investigación y hubiese llegado a publicar una obra que lo exprese. Pero lamentablemente no estamos frente a este caso. Nos encontramos efectivamente ante un laboratorio en funcionamiento que jamás fue puesto a la luz por el mismo Marx, que como todo laboratorio en funcionamiento no puede tener aseveraciones lo suficientemente tajantes para convencer al mismo investigador que manda a archivar sus resultados. Por eso como dice Aricó:
 
“Lo que la publicación de los Grundrisse nos enseña ahora es que El Capital es sólo una parte relativamente pequeña del conjunto del proyecto de Marx. De ahí que las mediaciones entre esta pequeña parte de la obra teórica de Marx y la totalidad del proyecto original no fueron establecidas por Marx.” (Árico, 2012: 28)
 
Acercarse a estas investigaciones, permiten abordar con mayor profundidad temas tratados en otros textos, dejar más en evidencia aquello que presenta un carácter parcial en otras partes de su obra, y encontrar como su autor iba constantemente replanteando el desarrollo y la creación de nuevos conceptos que aportaran a explicar su objeto de estudio: la moderna sociedad burguesa. Cuestiones como las referidas al método dialéctico de su crítica a la economía política, el análisis de las formas de producción social pre-capitalistas, las críticas a los supuestos y puntos de partida de la filosofía política moderna y la economía política clásica, el desarrollo de lo que se daría a llamar “teoría del valor” y “teoría del plusvalor”, o el carácter histórico de la forma de producción social capitalista (y de sus categorías) son tratadas en estos textos con una vitalidad difícil de comparar.
Trataremos de abordar en nuestro trabajo la problemática de las crisis del capitalismo en los Grundrisse, siendo conscientes de la dificultad de esta tarea, al suponer la multiplicidad de categorías que constituyen al capital, su lógica y su dinámica. Buscaremos señalar la forma en que Marx concibe a los límites, barreras y crisis propias del desarrollo del capital, así como también aquella contradicción inmanente que conduce a la tendencia de la baja de la tasa de beneficio.
A partir de nuestra comprensión también discutiremos con distintas lecturas de las crisis en Marx, lo cual no sólo implica un debate sobre el momento o determinación específica en que estas se presentan, sino que implican el debate en torno a la misma naturaleza del capital. Por eso, tratando de acercarnos a nuestro objetivo, intentaremos no dejar de lado la complejidad y el nivel de abstracción en que está planteada esta problemática.
Por último aclaramos, para potenciar futuras investigaciones, que Marx no sólo ha planteado la problemática de la crisis en los Grundrisse. Muchas de estas reflexiones aparecerán de forma bastante similar en el III Tomo de El Capital publicado por Engels luego de su muerte. Mientras que Marx ha analizado y reflexionado también, en torno a las crisis capitalistas que le ha tocado vivir, que han provocado y promovido sus posteriores investigaciones, tal es el caso de la crisis de finales de la década de 1840´y de principios de la década de 1870´, que dejan rastros en algunos de sus textos y en su correspondencia.
Las crisis del capital
El concepto de crisis que Marx utiliza en los Grundrisse es un concepto con una multiplicidad de implicancias. Se puede decir, en un sentido específico que crisis se dice de muchas maneras. Lo que no se puede decir, es que el autor de estos textos no busca enfocar el estudio específico y determinado de la crisis dentro de la lógica dinámica del despliegue del capital como totalidad, del capital como sujeto de un proceso de producción social determinado.
En Diciembre de 1857 –momento en que estas líneas fundamentales de la crítica a la economía política estaban en pleno desarrollo-, Marx le dirigía una carta a Lasalle que decía: “La crisis comercial me ha espoleado a dedicarme seriamente a la elaboración de mis principios de economía y también a preparar algo sobre la presente crisis.” (Marx, 1947: 244)
Mostrando así, que la crisis efectivamente era una gran oportunidad para impulsar efectivamente un estudio serio y crítico de la economía política. Como con otras temáticas que a él le tocó desarrollar, sus inquietudes estaban relacionadas con los fenómenos y aspectos más novedosos de la época que le toco vivir.
La principal distinción que podemos establecer a la ahora de comprender las crisis propias del capitalismo consisten en distinguir el nivel y el carácter que le corresponden a las mismas dentro del proceso general de su desarrollo. Mientras por un lado podemos distinguir las crisis como un resultado de las barreras y límites que se le presentan al proceso de producción inmediato para auto-realizar su valorización en el proceso de circulación. Por el otro, podemos determinar a la crisis como la expresión dinámica de la contradicción que es inmanente al proceso de producción inmediato que tiene como manifestación la tendencia a la baja de la tasa de beneficio.
En ambos casos, con un distinto carácter, especificidades y cualidades, la crisis se hace presente como un proceso de desvalorización, como un resultado propio del despliegue del capital en donde se hacen presentes sus contradicciones. Por eso, para seguir avanzando tomamos las palabras de Enrique Dussel cuando sostiene que:
 
“Una teoría de la crisis (como la cuestión de la dependencia), dentro del discurso de Marx, exige reconstruir las primeras distinciones, categorías simples o conceptos (tales como valor de uso y valor de cambio), porque ya allí se encuentran las condiciones fundamentales de la posibilidad del afloramiento de la contradicción.” (Dussel, 2004: 209)
 
En el primer caso, en dónde las crisis se hacen presente a partir la relación esencial entre el proceso de producción inmediato –que no debe ser confundido con el proceso general de producción- y el proceso de circulación, las mismas adquieren un carácter al interior de la totalidad del despliegue del capital como un límite para la valorización. Se presentan como una traba efectiva para el trabajo abstracto que ha tenido la capacidad de conservar el valor pre-existente y re-valorizarlo a partir del proceso de producción inmediato; para luego encontrar que el proceso de desvalorización es el resultado por la imposibilidad de su auto-realización. La circulación, de esta manera, se presenta como un obstáculo ineludible del proceso de producción capitalista.
El carácter mercantil que adquiere el resultado del trabajo humano específicamente bajo la lógica impuesta por el capital, crea así sus propias barreras y límites que cuestionan su propio desarrollo. El trabajo vivo que ha sido capaz de darle vida a los medios de producción y a las materias primas, que se ha objetivado y dado lugar a la creación de un plusproducto determinado, encuentra que el mismo proceso de valorización ha dado lugar –como un elemento propio de este proceso- a la desvalorización. La producción inmediata, a través de su mediación mercantil en la circulación encuentra su necesidad y su límite, su potencialidad y sus trabas. Estas son las contradicciones mismas del proceso general de producción capitalista.
Estas crisis se presentan para Marx como crisis de sobreproducción o crisis comerciales. Para él:
 
“Al salir el capital del proceso de producción y reingresar a la circulación, parece: a) encontrar como producción una barrera en la magnitud existente del consumo o de la capacidad de consumo. (…) b) En cuando nuevo valor y valor en general, empero, parece existir una barrera a la magnitud de los equivalentes disponibles, ante todo dinero”. (Marx, 2007a: 356-357)
 
De esta forma el contenido mismo de las crisis está determinado tanto por el límite natural que supone el consumo humano, así como los límites propios de cualquier sistema de intercambio. El capital no puede barrer con estos límites constitutivos de su naturaleza.
Hasta aquí, no parecería encontrar ninguna novedad este tipo de crisis para un analista muy riguroso como lo era el autor de estas líneas, dado que estas crisis no serían más que el resultado de la simple necesidad de intercambiar las mercancías producidas. Algo que podría ser propio de cualquier modo de producción precedente en el cual la mercancía, sin ser la célula fundamental de su desarrollo, ocupará un papel relevante. Pero Marx no sólo pretende demostrar que este tipo de crisis se hacen presentes en el capitalismo, sino que las mismas “constituyen una ley absoluta” (Marx, 2007b: 134) resultado de que el valor de cambio de las mercancías constituye una barrera opuesta a la producción material. 
La necesidad de la reproducción de una relación social compleja que es propia del capital hace inevitable este resultado, la auto-valorización del valor engendra en su desarrollo su desvalorización en el cual no puede dar lugar simplemente a un nuevo desarrollo de su naturaleza. La circulación, de esta manera lejos de ser un proceso secundario en el despliegue del capital, se presenta ahora como aquel espacio en el que las crisis se expresan más violentamente. En ella, como proceso necesario que supone la producción, si bien no se producen, se expresan las crisis en su forma más cruda, se hacen presentes los horizontes ineludibles de la forma de producción capitalista.
Si en algunos pasajes de su obra Marx compara al proceso de circulación con el rio del devenir de Heráclito o con una estación de trenes que siempre está abarrotada de gente pero en la que nunca están las mismas personas, queriendo expresar la dinámica, la velocidad y lo vertiginoso que es el proceso de circulación; aquí la circulación es sinónimo de límite, de barrera, de colapso. La circulación, es aquí el teatro de operaciones en dónde se hallan realizadas las mismas contradicciones entre la cantidad de trabajo objetivado y las condiciones de su misma realización para continuar su proceso de valorización. 
 
La crisis inmanente del capital.
Marx al considerar las crisis del capital, al igual que en todo el desarrollo de los textos que conforman los Grundrisse, lleva adelante distintos niveles de abstracción. Si bien no es objeto inmediato de nuestro estudio, la famosa cuestión del método de la crítica a la economía política marxiana es ineludible no tenerla en cuenta para analizar la problemática en cuestión. Y si bien, todos podemos repetir la importancia de conducirnos de lo abstracto a lo concreto, y de lo simple a lo complejo, como se sabe la famosa Introducción a la Crítica a la Economía Política, fue en parte, el resultado de Marx de no poder continuar su teoría crítica sin plantearse esta dificultad. Las aclaraciones metodológicas de Marx, que para un lector improvisado se hallarían en esta producción teórica, no están desarrolladas en los Grundrisse de manera clara ni de manera sistemática. Como dato, además, sirve aclarar que las mismas fueron escritas durante la redacción de los textos que constituyen los Grundrisse y no previamente. Esto no implica que en los mismos no se intente llevar adelante un análisis de la lógica y la dinámica del capital que suponga distintos niveles de abstracción.
Las crisis que tienen expresión en la circulación, ya analizadas, son aquellas que –como aquella crisis de 1857 que motivaba, en parte, la reflexión inmediata de Marx- suponen un nivel de abstracción mucho menor, que tienen expresiones en la vida social de manera mucho más inmediata. Son crisis, que en parte, ya habían sido analizadas por la economía política clásica y que implican una menor complejidad y profundidad a la hora de ser analizadas. El carácter fragmentario e inacabado de los Grundrisse incluso, dificulta distinguir sus contradicciones de la contradicción misma dada en la producción inmediata del capital.
Ésta contradicción como señala Marx “ya no está puesta sólo como en la circulación” (Marx, 2007: 358), y no es ajena a las otras contradicciones sino que tiene un carácter fundamental, como expresión de la esencia del capital. No es una contradicción fundada en las formas en que se desarrolla el proceso general de la producción del capital, sino que es una contradicción inmanente al desarrollo del mismo. Es una contradicción que no se da a partir de las relaciones esenciales entre la producción inmediata y la circulación de las mercancías en el capitalismo sino una contradicción presente en la esencia misma de la totalidad como capital.
Acá ya no se trata sólo de los límites y barreras que se hacen presentes en el capital, sino también de sus límites inmanentes “que tienen que coincidir con la naturaleza del capital, con sus determinaciones constitutivas.” (Marx, 2007: 368). Marx señala 4:
1)                 El trabajo necesario, es decir aquel trabajo que el capital no puede eliminar del proceso de valorización y es el trabajo creador del plustrabajo, como límite del valor de cambio de la capacidad viva del trabajo, es decir del salario o el costo que representa el mismo trabajo necesario en el proceso de producción. El capital a partir de su desarrollo no puede eliminar su fuente específica de riqueza aunque cada vez ocupe menor relevancia en el proceso general de producción capitalista.
2)                 El plusvalor, que es el resultado de aquella cantidad de tiempo de trabajo que excede al trabajo necesario, como límite del mismo del plustiempo de trabajo y del desarrollo de las fuerzas productivas. De esta manera, la misma apropiación de trabajo ajeno y de sus propias creaciones, tiene como límite la posibilidad de realizarse como mercancía a partir del limite que le impone el trabajo al ser cuantificado temporalmente. La cantidad de tiempo de de trabajo –y por ende de plustrabajo- no es ilimitada.
3)                 De la misma forma que en el punto anterior, el dinero mismo se presenta como un límite de la producción, en términos más generales. El dinero, a pesar de su carácter de fetiche, no puede evitar presentarse como la forma más desplegada del valor y presentarse como el límite y la necesidad de la producción inmediata en un modo de producción fundado en el intercambio.
4)                 La expresión más abstracta de los límites anteriores: “la limitación de valores de uso por el valor de cambio” (Marx, 2007: 368). En este límite, Marx trata de puntualizar el carácter específico de la forma de riqueza capitalista. Trata de expresar esa necesidad, que en términos casi simplistas, podríamos sostener que la utilidad del producto del trabajo es subsumida en su potencialidad de ser intercambiada en el mercado.
Marx, al señalar estos límites, a pesar de la manera desprolija en que los plantea en el texto, no está juzgando arbitrariamente las propiedades del despliegue del capital, sino la contradicción lógicamente fundadora del mismo. Está señalando cómo las mismas condiciones de posibilidad de su desarrollo son las que dan lugar al proceso contrario, cómo el surgimiento del capitalismo que se ha fundado en un extraordinario desarrollo de las fuerzas productiva establece a partir de sí mismo las propias trabas para su expansión.
El trabajo vivo, que bajo una forma históricamente determinada, se transforma en capacidad de trabajo del capital y en el creador de la riqueza específica del capitalismo, se encuentra con que su resultado es su antagonista: el capital. El capital no simplemente en su expresión dineraria o mercantil, no sólo como una compleja relación social que se despliega ilimitadamente, sino básicamente como capital en tanto cantidad de trabajo objetivado. Como el mismo Marx dice:
 
“El capital tiene una tendencia a aumentar desmesuradamente las fuerzas productivas, limita, hace unilateral, etc., a la principal fuerza productiva, el hombre mismo; en suma, tiene la tendencia a limitar las fuerzas productivas.” (Marx, 2007:376) 
 
Este desarrollo del capital que posee esta contradicción, es una dinámica que corresponde a la tendencia con que el mismo se despliega. Es decir, no se trata de ver en estas líneas de Marx una foto del complejo proceso histórico del capital, sino de comprender su devenir, sus tendencias y de ser conscientes que todos sus resultados, son figuras parciales y unilaterales si no se comprende su lógica. Cuando Marx habla de esta contradicción no se refiere a un simple momento histórico capaz de causar el sensacionalismo de fotógrafos, sino que está expresando uno de los resultados –y tal vez, el más importante- de la racionalidad propia del capital.
“La ley más importante de la moderna economía política” (Marx, 2007b: 281)
A diferencia de El Capital, en dónde la ley tendencial de la baja de la tasa de beneficio se hace presente recién en el III Tomo y que para la lectura fragmentada puede parece escindida de las categorías más importantes que despliega Marx en el único tomo que ha llegado a publicar; en los Grundrisse esta tendencia muestra una relación mucho más aproximada a estas categorías. No debería caber duda, en torno a que el mismo Marx, al intentar clarificar conceptos y desarrollos, y demostrar el nivel de abstracción que supone el Tomo I de El Capital, evito hacer referencia allí esta ley. Pero tampoco se trata de restarle importancia, pues en estos términos no se maneja el método de Marx. Se trata entonces, de señalar el carácter desplegado del capital como totalidad, y por lo tanto el nivel más concreto de la exposición, en se desarrolla esta tendencia del capital. 
La tendencia a la baja de la tasa de beneficio, se presenta como el resultado de la tendencia del capital a aumentar el plusvalor relativo, es decir, aquella parte de la producción material generada por la capacidad de trabajo que el capital se apropia para su propia valorización. El capital a partir de la incorporación de nueva maquinaria, tecnología, instrumentos de trabajo, y en fin, de trabajo humano objetivado, permite disminuir la proporción de la cantidad de trabajo necesario en relación con el plustrabajo producido. El resultado de esto, se presenta como un avance en las relaciones del capital, se presenta como uno de los secretos del desarrollo de la sociedad moderna que a partir del desarrollo de las fuerzas productivas ha logrado multiplicar sus riquezas.
Pero, en término de desarrollos lógicos, este aumento de la tasa de plusvalor –como forma de plusvalor propiamente capitalista-, no tiene como consecuencia el aumento de la tasa de beneficio. Y esto se justifica a partir de que en el propio despliegue del capital el beneficio no se presenta de la misma forma que la tasa de plusvalor, como proporción en relación exclusivamente a la capacidad de trabajo incorporada en el proceso de producción inmediato. Sino que el beneficio se expresa como la proporción entre el plusvalor obtenido y la suma de los elementos que constituyen la composición orgánica del capital en ese proceso de producción. De acá se desprende que el resultado de la tasa de beneficio debe tener en cuenta a la cantidad de trabajo, que no sólo es incorporada como capacidad de trabajo, sino aquella que es incorporada en tanto trabajo objetivado (como la maquinaria, por ejemplo).
Como resultado, ahora tenemos que lo que en principio aparecía como algo bastante simple ahora se complejiza. El aumento de la plusvalía por la incorporación de fuerzas productivas materiales al proceso de producción que aparecía como una fuente inagotable de riqueza para el capital, ahora se muestra como algo problemático. La proporción de trabajo apropiada al trabajo vivo que se multiplicaba a partir de la incorporación de nueva maquinaria, ahora se presenta como una proporción, que por la incorporación de nueva maquinaria, es cada vez menor en relación al capital invertido sucesivamente.
Esta tendencia, como se ve, claramente supone un desarrollo cada vez mayor de la ciencia y la maquinaria como supuestos propios de la sociedad moderna. Los supone como condición, que si bien producen el aumento de la productividad y de la apropiación de trabajo ajeno, se presentan como un obstáculo mismo, no para el aumento de la magnitud del beneficio, sino para el aumento de su proporción. De la misma forma el trabajo vivo, como creador de valor, como aquella fuerza que en un principio parecería que todo lo ha creado en este nuevo mundo, tiene como obstáculo el ocupar cada vez una menor proporción en los nuevos procesos de valorización. El trabajo vivo que no puede ser eliminado de ninguna manera por la forma de producción social del capital, es condenado a ocupar cada vez una proporción menor a partir de los productos que él mismo ha creado en su especificidad histórica.
Bastante se ha hablado del resultado al que arriba Marx, y de esta manera también se lo ha simplificado a un nivel casi absolutamente contrapuesto a lo que él estaba planteando. Seguramente, se le podría echar la culpa al mismo Marx por no haber expuesto mejor esta ley y no haber podido culminar su proyecto revolucionario. Pero en estas líneas se pueden rebatir muchos de los usos equivocados que se hacen de la misma.
Marx –al igual que en El Capital- hace referencia claramente a la existencia de causas que contrarrestan esta tendencia (desvalorización o despilfarro de capital existente, aparición de nuevas ramas de la producción, medidas impositivas, etc.), que en términos históricos pueden hacer que esta ley se exprese de manera diferente a la forma en que se expresan las leyes naturales u otras de sus conclusiones. Esta ley, a pesar de implicar un gran despliegue de la lógica del capital y suponer una multiplicidad de determinaciones y categorías, no es algo que se constate haciendo simples cuentas del funcionamiento concreto de capitales particulares.
Así también, Marx lejos de arrogarse el merito del descubrimiento de esta ley, señala que la misma es una de las conclusiones a las que había llegado la economía política clásica. Tanto Smith como Ricardo habían llegado a la conclusión de la tendencia a la baja de la tasa de beneficio. De esta manera, y en un cierto sentido, Marx no está descubriendo nada. En el caso de Smith le reprocha haber concebido a la tendencia como un resultado de la disputa entre capitales particulares y haber establecido que la competencia era la que “impusiera al capital leyes externas, introducidas desde afuera como si no fueran sus propias leyes.” (Marx, 2007b:285)
Más interesantes es aún la crítica formulada a Ricardo. Muchos tienden a considerar a esta ley como surgida a partir del desarrollo histórico y concreto del capitalismo a partir de procesos como lo fueron las sucesivas revoluciones industriales, y el desarrollo científico y técnico producidos desde la constitución del capital como forma de producción social. Este análisis de la tendencia a la baja de la de beneficio, es considerado de esta forma por sus opositores que pretenden demostrar con estadísticas y cuentas que en determinado periodo que esta tendencia no se cumple, incluso sin prestar la mínima atención a lo que Marx consideraba como causas contrrestantes. Como también por aquellas defensas dogmáticas del pensamiento de Marx, que no sólo pecan por considerar los postulados de Marx de manera petrificada sino porque no llegan ni a prestar atención a sus propios postulados. Ante estas lecturas son de gran utilidad las críticas formuladas en los Grundrisse a Ricardo sobre el funcionamiento de esta ley.
Ricardo, era aquel economista político que Marx más estimaba, alguien por el cual no sólo guardaba un gran respeto, sino que lo valoraba como aquel que había creado las condiciones de posibilidad para su misma teoría crítica. Aquí, él no sólo le reprocha a Ricardo haber llegado a concluir la ley de la baja de la tasa de beneficio a partir de confundir el beneficio con la plusvalía, sino que le crítica la forma en que llega a esta conclusión. Pues, Marx sostiene:
 
“Su unilateral manera de concebir las cosas, que toma solamente un caso aislado –por ejemplo, que la tasa de beneficio puede disminuir porque el salario momentáneamente aumenta, etc.-: que eleva a ley general una relación histórica tomada de un periodo de 50 años, relación que en los 50 años siguientes se invierte, y que en general se funda en el desequilibrio histórico entre el desarrollo de la industria y el de la agricultura –en sí y para sí es cómico que Ricardo, Malthus, etc., en su época, cuando la química fisiológica apenas existía aún ,hayan formulado leyes generales y eternas de la misma-“ (Marx, 2007b: 286)
 
En esta oración el mismo Marx está sosteniendo dos cosas fundamentales para analizar esta tendencia:
1) Que ésta ley no tiene un carácter histórico concreto, aunque sea una ley propia de la especificidad histórica del capital. Y que es sumamente equivocado pretender constatarla a partir de estadísticas de periodos acotados de tiempo.
2) Que el capital –“la química fisiológica”- que analizó la economía política clásica, se había desplegado en términos históricos de manera incipiente, y que era equivocado formular “leyes generales y eternas” sobre su funcionamiento.
Marx al sostener que no es una tendencia verificable de manera simple estadísticamente, no está hablando en desmedro de las estadísticas a las que tantas horas de su vida dedicó, sino que está señalando el nivel de abstracción que aquí se supone. Él no está desarrollando una crítica a cómo la economía política analizó el desarrollo histórico del capitalismo, sino que ésta haciendo crítica a cómo la economía política concibió al capital.
Por el otro lado, Marx nos hace reflexionar qué tipo de leyes son las que son inmanentes al capital. Y aquí es interesante recordar a Gramsci[1] cuando se preguntaba por el valor gnoseológico de estas leyes. Marx, de la misma forma en que estamos exponiendo, mezcla constantemente el término tendencia con ley. Y obviamente, para cualquier lectura apresurada, la palabra “ley” tiende a ser más asociada a los resabios cientificistas-positivistas que a lo que Marx acá nos señala. El planteo de Gramsci está aún pendiente, pero debe partir de la base de que las leyes inmanentes del capital no son eternas ni inmutables históricamente.
Esta conclusión a la que estaba arribando Marx en los Grundrisse respecto a la ley tendencial de la baja de la tasa de beneficio lejos de escindirse de lo que se dio a llamarse como “teoría del valor”, se presenta aquí como una de sus conclusiones más valiosas. Se muestra también como una conclusión de haber concebido el carácter contrapuesto que implican el trabajo vivo y el trabajo objetivado en el capital. Se expresa como imposibilidad de continuar el proceso de reproducción y auto-valorización del capital.
 
La crisis como expresión de la alienación social
En los Grundrisse, lejos de olvidarse Marx de la alienación producida y generada en el modo de producción social capitalista dejando olvidados muchos de los planteos de sus Manuscritos Economícos Filosóficos de 1844, se expresa a la alienación como la lógica misma del capital. La totalidad misma, es una totalidad alienada, que tiene su propia lógica irreductible al propio control de los individuos sociales.
El trabajo vivo, como actividad vital humana productiva es determinada cuantitativamente a partir de la cantidad de tiempo de trabajo, para la conservación del valor existente y su reproducción en la forma de producción social capitalista. Este trabajo, es un trabajo abstracto, no sólo en tanto simple gasto de fuerza fisiológica general o trabajo mecanizador y mutilador de la creatividad humana, sino fundamentalmente en tanto mediación social. Aquí, la producción de valor como cantidad de trabajo objetivado es su objetivo inmediato.
La crítica de Marx a los proudhonianos en los Grundrisse, tendrá que ver básicamente con su concepción de la alienación social. Incluso aunque parezca muy exagerado, se podría decir que todos estos textos tienen como objetivo político golpear las concepciones de Proudhon y sus seguidores. A diferencia de ellos, que consideraban su crítica al capital a partir del carácter fetichista del dinero, para Marx el mismo no era más que una de las expresiones más desarrolladas del capital y por lo tanto su crítica al capital –y por ende su negación- no podían provenir de una crítica fundada en el carácter alienante del dinero –como tampoco podía ser una simple crítica a la alienación religiosa de Feuerbach en sus Manuscritos de más de una década atráz-. La alienación social era propia de la sociedad civil moderna, no de uno de sus productos.
En una carta de comienzos de 1865 a Schweitzer (Director de la Asociación General de Obreros Alemanes) en dónde retoma cuáles son sus diferencias con Proudhon, Marx no dudará en expresar que en El Capital se expresará que sus equivocaciones parten de no comprender la relación entre las mercancías y el dinero. Como también retoma el debate, que en los Grundrisse aparece planteado contra Darimon y sus propuestas de créditos sin interés y de la sustitución del dinero por bonos. Aquí Marx plantea que el sistema de crédito puede “acelerar la emancipación de la clase obrera” pero considerar “al capital que da interés como la principal forma de capital” y que un nuevo sistema de crédito puede transformar la sociedad es una “fantasía” (Marx, 1947: 192). Evidentemente las discusiones con las propuestas proudhonianas, no habrían de terminar en Miseria de la Filosofía.
Una transformación social, así como el estudio del capital, no puede venir a partir de una de sus formas unilaterales, sino a partir de la lógica que da lugar a su manifestación. Una lógica que establece que para comprender la alienación en una forma desarrollada del valor, hay que ir a analizar cómo se produce el valor mismo, y por lo tanto ir a estudiar al trabajo en una forma de producción social históricamente determinada. De esta manera, podemos que Marx plantea en los Grundrisse, no una crítica a una forma particular de alienación, no se trata de la simple alienación de los individuos ante una mercancía o ante el dinero. Se trata de una alienación fundamentalmente de los individuos ante su propia forma producción social.
Así como una tendencia del capital, es el aumento proporcional del trabajo objetivado en relación al trabajo creador de valor en el proceso de producción, y por lo tanto la riqueza específica de la forma de producción social capitalista se nos presenta como un gran cúmulo de mercancías, cada vez se contrapone más el trabajo vivo al capital. Cada vez se contrapone más el trabajo que da lugar a la valorización al trabajo ajeno y cosificado. Como sostiene Marx:
 
            “No se pone el acento sobre el estar-objetivado sino sobre estar-enajenado, el estar-alienado, el no-pertenecer-al-obrero sino a las condiciones de producción personificadas, id ets, sobre el pertenecer-al-capital de ese enorme poder objetivo que el propio trabajo social se ha contrapuesto a sí mismo como uno de sus momentos.” (Marx, 2007b: 394)
 
Aquí vuelve a retumbar sobre nuestros oídos aquella frase de los Manuscritos que nos advertía que: “La desvalorización del mundo del hombre crece en proporción directa a la valorización del mundo de las cosas.” (Marx, 2006: 106)
O como señala claramente en otro pasaje muy importante de los Grundrisse:
 
“El plusproducto en su totalidad –objetivación del plustrabajo en su totalidad- se presenta ahora como pluscapital (en comparación con el capital originario, antes de que el mismo emprendiera este ciclo), es decir como valor de cambio autonomizado que se contrapone, como a su valor de uso específico, a la capacidad viva de trabajo. Todos los elementos que se contraponían a la capacidad viva de trabajo como poderes ajenos, exteriores y, bajo ciertas condiciones independientes de aquélla, como poderes que la consumían, ahora están puestos como su propio producto y resultado.” (Marx, 2007: 411)
 
Ante este proceso de reificación de la producción social no es ajeno ningún individuo particular, es el resultado del devenir del desarrollo del capital. El capital, como relación social compleja, no puede eliminar al trabajo vivo, lo necesita sí o sí para mantener el valor y reproducirlo, pero cada vez lo necesita menos. Esta relación social fuera de control y que necesita expandirse constantemente encuentra en su propio límite no solamente en un fenómeno simplemente subjetivo, sino en el trabajo vivo que se convierte en trabajo objetivado. Como dice Marx este proceso de enajenación tanto “desde el punto de vista del trabajo, o de la apropiación del trabajo ajeno desde el punto de vista del capital” es “real”, y no existe solamente “en la imaginación de los obreros y capitalistas”. (Marx, 2007b: 295)
El proceso de alienación social es aquí planteado como el resultado de la necesidad de la objetivación del trabajo en una forma históricamente determinada de producción social. Esta tensión entre objetivación y alienación será muy importante para continuar analizando las perspectivas emancipadoras de Marx.
Las crisis de esta manera se presentan como una instancia culmine, en donde esta contraposición entre el trabajo vivo y su resultado dan lugar al proceso de alienación que también encuentra sus límites y barreras. Incluso, se puede considerar, a la crisis misma como aquel momento en donde la alienación se presenta de manera más brutal. La crisis misma por la imposibilidad del capital de continuar con su proceso de autovalorización lleva al extremo estas mismas palabras de Marx:
 
“Este proceso de realización es a la par el proceso de desrealización del trabajo. El trabajo de pone objetivamente como su propio no-ser o como el ser de su no-ser: del capital. El trabajo retorna a sí mismo como mera posibilidad de poner valores o la valorización, puesto que toda la riqueza real, el mundo del valor real y así mismo las condiciones reales de su propia realización se le enfrentan como existencias autónomas. Por resultado del proceso de producción, las posibilidades latentes en las entrañas mismas del trabajo vivo comienzan a existir como realidades fuera de él, pero como realidades que le son ajenas, que constituyen la riqueza en contraposición a él.” (Marx, 2007a: 411)
 
Una crisis, no es a partir de esta consideración, solamente un simple desajuste en el intercambio de mercancías, o un desacople entre la oferta y la demanda. Una crisis es así un punto en el cual la alienación social no puede continuar reproduciéndose de la misma forma que hasta entonces se había hecho.
 
Catástrofe del capital
El desarrollo de las contradicciones propias e inmanentes del capital que conducen a las crisis no son procesos ajenos a su reproducción, a una reproducción que se encuentra con sus propios límites y barreras que no son externas. Si para Marx, en el concepto de valor está el secreto de su crítica a la economía política en el de catástrofe y colapso están algunas de sus consecuencias. El proceso de desvalorización como proceso que va a la par y se contrapone al capital, como valorización del valor, le plantea una traba ineludible a su desarrollo.
Crisis, catástrofe y colapso se presentan como sinónimos de una lógica ontológica de la sociedad moderna, se muestran como un horizonte irreductible e inevitable. No como expresión de una voluntad humana consciente que trata de destruirla, sino como una tendencia autóctona de su construcción histórica.
Las reflexiones que estamos encarando sobre los Grundrisse, nos permiten retomar un debate antiguo pero posiblemente insaldable completamente bajo el modo de producción social capitalista: el debate sobre si el capital es posible de ser sometido a reformas económicas que permitan el planteo de una nueva forma de producción social. Este debate que no está separado de las discusiones del mismo Marx con los prodhonianos, fue fuente las principales divisiones entre marxistas a comienzos del siglo XX.
El debate nos lleva a cuestionarnos sobre cuáles son los márgenes de mutación que puede adquirir el despliegue del capitalismo. Y nos puede conducir al peligro de no analizar críticamente lo que es, cayendo en la futurología o haciendo historia contrafáctica. Nos plantea discutir qué es el capital como tal.
El capital como totalidad, como relación social compleja, como lógica ontológica, claramente no es un simple objeto que admite un cambio en sí mismo, ni tampoco se plantea como algo ahistórico. Un análisis certero nos conduce tanto a considerar el nivel de abstracción propio de término utilizado en el lenguaje cotidiano como algo sencillo y de fácil comprensión. El mismo, tiene y encierra múltiples manifestaciones objetivas y subjetivas, expresiones cosificadas y personificadas, relaciones esenciales, simpes y complejas, determinaciones, categorías y resultados sin dejar de ser capital. Posiblemente una de las definiciones más enriquecedoras esté en el cuaderno M que es parte de los Grundrisse cuando dice: “El capital es la potencia económica, que lo domina todo, de la sociedad burguesa.” (Marx, 2007: 28). Dándole así el sentido de una potencialidad que crea su propio mundo y lo domina, siendo un término irreductible a una definición estática por su propia naturaleza.
 La propia conservación del capital supone la propia expansión de su desarrollo, mantener el valor supone su autovalorización. El capital al no morir está obligado a nutrirse de más vida y reproducirla. Pero su necesidad de expandirse ilimitadamente, según Marx, no es un camino libre y amplio, sino que es el cruzarse con nuevas barreras y nuevos límites. El capital como potencia se transforma a sí mismo como un límite.
Este devenir del capital se plantea como una necesidad, como algo de lo cual no puede desprenderse, como un determinismo de su propia naturaleza social. Marx, no niega los cambios al interior de la historia del capitalismo, sino que reafirma su dinámica imprevisible e incontrolable por parte de los individuos. No plantea una homogeneidad de su vida social, sino que plantea la heterogeneidad de sus expresiones y manifestaciones concretas. Al hablar de las necesidades del capital, y en nuestro caso de la catástrofe del capital, no negamos la posibilidad de la modificación de aspectos concretos e históricos del capitalismo por parte de los individuos –aspectos económicos, sociales y culturales entre otros- , estamos negando la posibilidad de que el capital pueda eludir las trabas propias de su lógica. 
Si algún tipo de determinismo se señala en Marx, debería ser éste, un determinismo por cierto histórico. No por concebir una historia linealmente y con pasos pre-establecidos a seguir, sino como determinaciones de una época en la cual el capital se impone como modo de producción dominante. De esta manera no puede verse a Marx, en términos estrictamente ético-políticos, un apologista del determinismo histórico (en términos universales y globales, que abarcaría desde que el mono se habría transformado en hombre hasta nuestros días) sino un crítico radical del determinismo histórico que despliega el capital.
En este sentido, es que desde Marx, es posible plantear una oposición a que el capital mismo pueda desprenderse de sus propios límites. No porque esto dependa o no, de la voluntad de los individuos, sino porque para desprenderse de sus límites habrá que desprenderse del capital. Las catástrofes, si se aceptan como resultados intrínsecos del desarrollo de un modo de producción social históricamente determinado y no como resultados de un naturalismo histórico –resultado de las robinsonadas de la economía política clásica o de filosofía política moderna-, abran de plantear la abolición del mismo y no de sus consecuencias.
Quedará abierta aquí una nueva problemática que trataremos de abordar: que es ir más allá del capital. Pero ya no podrá ser como resultado de concebir que a partir de las reformas al interior de la lógica del capital podrá surgir algo distinto a sus propias crisis y en términos históricos –en el más largo o más corto plazo- las propias catástrofes del capitalismo.
Catástrofe o Catastrofismo.
Varias lecturas de la obra en general de Marx, y de los Grundrisse en particular, tienden a señalar al capital como si el mismo se encontrara en un estado de crisis permanente o la presencia de un estado de “crisis inminente”. Señalan que el capital es incapaz de desarrollarse en un estado desarrollado sin estar en esta condición. Estas lecturas, comparten que el despliegue del capital mismo plantea la creación de su propia negación antagónica a partir de la inmediata emergencia de la clase obrera y su trabajo productivo.
Uno de los desarrollos más interesantes que expresan esta concepción es el trabajo de Antonio Negri Marx más allá de Marx. Su autor encuentra en los Grundrisse al punto más alto del análisis de una perspectiva revolucionaria en Marx a partir de la contradicción capital-trabajo, estableciendo que aquí se presentan los aportes más importantes de Marx para pensar una transición al comunismo. El desarrollo de Negri consiste en una lectura que pretender negar, correctamente, toda lectura reformista de estos textos, así como pretende determinar que:
 
“El dinamismo del “sistema” marxiano se halla dirigido a la identificación de la relación crisis-emergencia revolucionaria. Esta relación es tan absolutamente fundamental que el marxismo bien podría denominarse una ciencia de la crisis y de la subversión.” (Negri, 2001: 24)
 
De esta forma el capital sería sinónimo mismo de catástrofe y su propio desarrollo daría lugar a la subjetividad antagónica que pretende superarlo. Estas conclusiones de Negri, tienden a dejar de lado la forma en que Marx presenta a las crisis del capital, pero sus equívocas conclusiones se fundamentan en una concepción unilateral del trabajo.
El análisis de Negri, considera que el capital y el trabajo se enfrentan como entidades independientes y autónomas entre sí, entidades que dan lugar al antagonismo que tiene como objetivo explicar que el objetivo de “la teoría del valor” es definir “la teoría del plusvalor”. Para terminar señalando que:
 
“La subordinación de la ley del valor a la ley del plusvalor constituye la explicación del nudo teórico indestructible que se halla tras la polémica con los prodhonianos.” (Negri, 2001: 100)
 
Negri peca al considerar a “la teoría del valor” a partir de una concepción meramente circulacionista, no comprende que cuando Marx desarrolla su concepción del valor está haciendo referencia al fundamento mismo de la producción específica del capital. Es cierto, como dice Negri que “no hay valor sin explotación” pero más cierto aún es que sin valor no hay explotación específicamente capitalista. Marx no concibe a una “teoría” escindida de la otra, sino que presenta justamente a la plusvalía como un resultado de que el trabajo sea cantidad de tiempo de trabajo objetivado. Él no presenta a la ley del valor como una mentira más de la ideología en el capitalismo como señala Negri sino como una tendencia histórica del desarrollo del capital.
Esta prioridad de una supuesta teoría de la plusvalía por sobre la teoría del valor, es equivocada en tanto que escinde una teoría crítica de cómo se da el trabajo en el capital –bajo la forma de valor- de la forma en que se apropia el excedente en el proceso de producción –como plusvalía-. Se separa inconscientemente alienación en el trabajo de explotación en el trabajo.
En la equivocación inversa cae Moishe Postone al reflexionar sobre los Grundrisse en su libro Tiempo, trabajo y dominación social  al concluir:
 
     “La dominación abstracta y la explotación laboral característica del capitalismo se basan en última instancia, no en la apropiación del excedente, sino en la forma del trabajo en el capitalismo.” (Postone, 2006: 227)
 
No se debe tratar aquí de establecer una supuesta jerarquía entre el proceso de alienación social y la forma en que se obtiene el excedente. No se trata de fragmentar o contraponer el supuesto de la apropiación del excedente con la misma apropiación o de contraponer el resultado de la objetivación del trabajo en el capitalismo con él mismo. Se trata efectivamente de comprender el proceso desde su fundamento, desde la forma específica del trabajo bajo la dominación social del capital, hasta cómo se da la apropiación de excedente necesaria para la su propia reproducción.  
Por otro lado, la virtud de Postone, consiste en señalar el carácter dual e histórico del trabajo mismo en el capitalismo, concibiendo al mismo como “el suelo ontológico de la sociedad” (Postone, 2001: 110). En su lectura, se evita considerar al trabajo desde una lectura, simplemente sociológica, que pretenda terminar explicando que el proletariado representa la contradicción del capital, y que por lo tanto la destrucción del capitalismo pase por la lucha de clases. Considerando que las luchas parciales en la lucha de clases “son estructuralmente intrínsecas al capitalismo” (Postone; 2001: 83) y que la contradicción de cara a la construcción de una perspectiva que niegue al capital se da entre la forma de trabajo específicamente capitalista y la posibilidad de otra forma de producción.
Volviendo a Negri, nos encontramos con una posición contrapuesta al respecto. Pues él considera que a partir del trabajo asalariado que se desarrolla de manera autónoma y antagónica al capital se plantea la negación del modo de producción social capitalista. Negri al pretender negar cualquier tipo de esencialismo en el trabajo potencialmente a liberar sostiene que el único concepto de trabajo en Marx es el de trabajo asalariado, y sostiene que este trabajo se incorpora al capital a partir del intercambio. No concibe al trabajo asalariado como trabajo vivo, que bajo una forma de producción determinada, se transforma en trabajo objetivado, en capital. No parece prestarle la más mínima atención a las conclusiones que Marx sacó sobre su crítica a la economía política cuando al considerar cuáles fueron los elementos más importantes e innovadores de su obra señala, en una carta de agosto del 1867, que entre ellos se encuentra primero:
“El doble carácter del trabajo, según que sea expresado en valor de uso o en valor de de cambio (toda la comprensión de los hechos depende de esto (…)” (Marx, 1947: 245)
O en otra carta de enero de 1868 cuando señala que:
 
“Que, sin excepción los economistas no han advertido el simple punto que si la mercancía tiene un doble carácter –valor de uso y valor de cambio- entonces el trabajo encarnado en la mercancía también debe tener un doble carácter; en tanto que el análisis simplemente malo del trabajo, como el de Smith y Ricardo, etc., está obligado a enfrentarse en todas partes con lo inexplicable. Este es en efecto, todo el secreto de la concepción crítica.” (Marx, 1947: 251)
 
Pero los equívocos para Negri no culminan aquí, sino que lleva a considerar al trabajo asalariado como aquello antagónico al capital, y aquello que surge con más fuerza cuanto más avanza el despliegue del antagonismo. Para terminar presentando al trabajo asalariado como el no-capital.
Es cierto que el mismo Marx presenta al trabajo como no-capital, como negación del capital. Pero a diferencia de Negri el trabajo opuesto al capital no es el trabajo asalariado sino que es: “El valor de uso opuesto al capital en cuanto valor de cambio puesto, es el trabajo.” (Marx, 2007: 215)
El trabajo que se opone aquí al capital (que no deja de ser trabajo, pues es cantidad de trabajo objetivado que busca conservarse y reproducirse), es el trabajo que se expresa como valor de uso que culmina creando su negación. No es el trabajo ya objetivado ya subsumido por el capital, es el trabajo en el proceso de subsunción real. La contradicción entre capital y trabajo no es la oposición directa e inmediata entre el proletariado y el capitalista (aunque en ésta oposición se manifieste la contradicción de manera compleja), vale aquí reproducir extensamente al mismo Marx:
 
“Lo contario del capital no puede ser otra vez una mercancía particular, pues en cuanto tal no constituye una antítesis con el capital, ya que la sustancia de este mismo es valor de uso; no es esta mercancía o aquella, sino toda una mercancía. La sustancia común a todas las mercancías, vale decir, su sustancia no como base material, como cualidad física, sino su sustancia común en cuanto mercancías y por ende valores de cambio, consiste en que son trabajo objetivado. Lo único diferente al trabajo objetivado es el no objetivado, que aún se está objetivando, el trabajo como subjetividad. O también, el trabajo objetivado, es decir, como trabajo existente en el espacio, se puede contrapone en cuanto trabajo pasado al existente en el tiempo. Por cuanto debe existir como algo temporal, como algo vivo, sólo puede existir como sujeto vivo, en el que existe como facultad, como posibilidad, por ende como trabajador. El único valor de uso, pues que puede constituir un término opuesto al capital, es el trabajo (y precisamente el trabajo que crea valor, o sea el productivo).”
 
De esta manera, la contradicción capital-trabajo no es otra expresión que la forma en que al trabajo vivo se le presenta el resultado de su propio trabajo como trabajo objetivado, como trabajo muerto. No es una contradicción ajena al proceso de producción mismo y que se da sólo en el intercambio entre capital y trabajo asalariado como supuesto y a su vez como resultado de la producción que se funda en el valor.
Negri, conduce sus equivocadas conclusiones a una especie de ontología revolucionaria de la clase obrera. En dónde se plantea que el desarrollo destructivo del capital da lugar al nacimiento de su propia superación a partir de su propio resultado: la clase trabajadora. El problema de este planteo es, que no sólo es equivocado tomarlo a partir de la propia letra de Marx, sino que concibe indirectamente la negación del capital no como aquel trabajo que le podría poner un límite a su proceso de reproducción y dar lugar a una nueva forma de producción social, sino al resultado de este trabajo enajenado que es el trabajo absolutamente subsumido y subordinado al capital. Considerado así, el trabajo que daría lugar a la superación del capital no sería el trabajo encadenado que podría aprender a romper sus cadenas, sino el trabajo encadenado que no concibe la posibilidad de salirse de su condición.
Bajo esta consideración, el trabajo del que habla Negri no puede, ni podría, ser nunca un trabajo absolutamente autónomo del capital. Aquí olvida, que si bien Marx habla de la autonomía del trabajo y el carácter que adquiere el capital ante éste, esta autonomía no es una externalidad y tiene un carácter relativo y aparente en el despliegue de la lógica del capital. El trabajo asalariado para Marx, no es un polo de la contradicción que se le contrapone al capital, sino que él mismo es también una contradicción del trabajo vivo.
Para Negri “las categorías de la lucha de clases se convierten en categorías del capital” (Negri, 2001: 94) y la crisis se plantea como un momento máximo del antagonismo de la lucha de clases, en donde se desarrolla la máxima independencia del proletariado que se le presenta como el límite del capital. La crisis es de la misma forma el momento de mayor subjetividad revolucionaria y la revolución se encuentra así de la mano de la catástrofe. De esta manera se continúa que:
 
“El trabajo necesario puede valorizarse autónomamente, el mundo de las necesidades puede y debe expandirse. Se deriva de ello una figura de la ley de la caída de la tendencia de la tasa de beneficio que combina la proporcionalidad de la pérdida del valor del capital con la valorización independiente de la clase obrera. En la ley de la tendencial se encierra una de las más lúcidas previsiones marxianas de la profundización de la lucha de clases en el curso del desarrollo del capitalista.” (Negri, 2001: 119)
 
Y consecuentemente con los errores a la hora de concebir al trabajo y su contradicción con el capital, culmina sosteniendo: “Todo ha sido reducido y destruido en nombre de la lucha de clases, de la teoría del plusvalor.” (Negri, 2001:100)
El plusvalor, es considerado aquí, como el gran descubrimiento de Marx en la economía política. Y se puede concluir el carácter de semejante error, al considerar que el mismo Marx no se arrogó jamás ese merito y que incluso él mismo se encargo de aclarar que eso había ya sido mostrado por la misma economía política aunque de una manera muy distinta.
Es cierto que Marx, considera que la existencia de capitalistas y trabajadores es un producto fundamental del despliegue de la lógica del capital. Pero Marx no está analizando a las contradicciones del capital como un aspecto fenoménico de grupos de sujetos que se enfrentan en la sociedad por sus reivindicaciones al interior de la lógica del capital. Sino que está planteando cuales son las contradicciones que se le presentan como trabas para su propio desarrollo y como las mismas plantean un más allá del capital.
Negri, pretende llevar adelante una lectura de los Grundrisse que criticando a lecturas economicistas que niegan conclusiones de acción política del estudio de la crítica a la economía política, culmina cayendo en el resultado inverso, de hacer de la crítica a la economía política un manual de acción política determinista. El trasfondo de sus errores es negar el método de Marx como un método dialéctico para afirmar un método del antagonismo, tratar de eliminar una lógica ontológica del despliegue del capital con todas sus mediaciones por apresuradas conclusiones histórico-concretas.
A pesar de los equívocos de la lectura de Negri, no podemos negar que sus conclusiones, son resultado de un debate para nada solucionado en los Grundrisse: la relación entre capital, lucha de clases y emancipación social. Desde nuestro punto de vista, tampoco se trata de culminar absolutamente en la conclusión de Postone, sobre el carácter restringido de la lucha de clases al interior de la lógica del capital. Pues, de lo que se trataría desde una perspectiva revolucionaria, es efectivamente considerar cómo a partir de la lucha de clases entre capitalistas y trabajadores –que claramente en términos facticos corresponde a la sociedad capitalista y no podría corresponder al reino de la libertad en dónde debería ser eliminada- se podría comenzar a construir ese horizonte.
Esta perspectiva en Marx no coincide, en el caso de los Grundrisse, con la propuesta de Negri, por el simple hecho de que aquí no se está analizando una transición a una sociedad post-capitalista, sino que se está analizando críticamente la lógica del capital. Marx llega a plantear un más allá del capital, que da lugar a una forma de producción social superadora, pero no nos dice estrictamente como se transitará el camino hacia ella. A lo sumo podemos concebir, que él la fijaba en términos antagónicos a una forma de producción social determinada, y de qué manera no podría ser. Esta es la tensión ineludible, de la lectura de Marx luego de la existencia de problemáticas que él mismo jamás llego a plantear, en términos de análisis histórico-concreto: cómo construir una sociedad post-capital. 
 
Más allá del Capital
Cuando se plantean los límites y barreras del capital, llega el momento de enfrentarse al problema que implica pensar la crisis y su devenir histórico. ¿Qué pasa cuando este modo de producción social encuentra las imposibilidades de continuar desplegándose expansivamente? ¿De que se trata la superación de los límites del capital? ¿La crisis se plantea como sinónimo de revolución social establecen algunos marxistas y darse a entender en el famoso Prólogo de Marx a la Contribución a la crítica de la Economia Política? ¿Qué sería una forma de producción social post-capitalista? Son algunas de las preguntas que intentaremos responder.
El concepto de superación en Marx, lejos de ser un concepto simple está asociado a la utilización que del mismo hace Hegel. Ya en los mismos Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844 podemos afirmar esta complejidad cuando al plantear que el comunismo al ser la negación de la negación de la propiedad privada, es una “expresión positiva de la superación de la propiedad privada” (Marx, 2006: 139). El carácter positivo de esta superación es en oposición a la superación de la propiedad privada que propondrían los que tiempo después se darían a llamar como socialistas utópicos. La superación de la propiedad privada, no es en este caso para Marx la reproducción de la propiedad privada a escala universal, sino su efectiva apropiación humana, y de esta forma, el comunismo se presentaría como un naturalismo y humanismo pleno.
Esta forma de concebir la superación (Aufhebung) no se presenta de manera sencilla y nos lleva a volver a Hegel tratando de escuchar el consejo de Dussel cuando nos advierte que “podrían encontrarse muchas analogías –quizá meramente semejanzas estructurales-, pero que no hay que forzar, ya que en Hegel y en Marx tienen un sentido muy diverso.” (Dussel, 2004: 345). Plantear brevemente la concepción de la superación en Hegel en la Ciencia de la Lógica nos será muy útil para comprender cómo Marx utilizará esta idea de ir más allá del capital en los Grundrisse.
En la Ciencia de la Lógica se presenta a la superación, no como una eliminación absoluta de lo precedente (ya sea un momento o una figura del proceso del devenir), sino como el particular sentido que se le da la palabra aufheben en alemán, que podría ser traducida como eliminar. Pero este eliminar no es un término nada sencillo, sino que Hegel lo presentara como “uno de los conceptos más importantes de la filosofía, una determinación fundamental, que vuelve a presentarse absolutamente en todas partes” (Hegel, 1993: 138). Este “eliminar” tendrá un doble sentido en tanto que: “significa tanto la idea de conservar, mantener, como al mismo tiempo la de hacer cesar, poner fin.” (Hegel, 1993: 138)
Lo superado es así una eliminación que conserva lo eliminado, ya no como una determinación nueva de otras viejas, sino como una nueva determinación que al superar tiene en sí el carácter de haber superado a otra cosa y por lo tanto la conserva de alguna manera. La superación no es así algo puro e inmaculado o una vuelta al pasado (determinación precedente) sino que tiene un carácter de mediación, como para Hegel lo es todo lo existente.
Rubén Dri, al analizar estos pasajes de filosofía de Hegel señala, entre otras cosas, que es un gran error suponer que superación unilateralmente significa algo positivo, y esto nos podrá ser de gran utilidad para luego comprender mejor a Marx. Él señala que:
 
“Es cierto que hay una orientación teleológica que podríamos llamar “optimista”, término que Hegel rechazaría, porque optimismo y pesimismo son categorías psicológicas y en su filosofía, aunque las incorpora, el fundamento es siempre ontológico. Sin embargo, muchas veces en diferentes momentos de la dialéctica desarrollados, el tercer momento, el de la superación, es una destrucción.” (Dri, 2007: 50)
 
El problema no termina aquí en Hegel pues hay un ejemplo complejo que nos podrá ser de utilidad y es el pasaje de la finitud a la infinitud en el capítulo segundo en el ser determinado. Aquí la superación de lo finito que daría lugar a lo infinito se plantea de manera compleja. Lo finito no tiene su límite de manera arbitraria o de forma exterior, como Kant habría querido imponérselo a la razón pura, sino que tiene su propia limite en su propio desarrollo en tanto que es finito.
La superación de lo limitado, en tanto que es algo propio de la finitud, es lo ilimitado, es ir más allá del límite. Pero ahí aparece una complejidad para Hegel cuando señala que “por cierto que no todo ir más allá y estar más allá del límite es una verdadera liberación con respecto a él, una verdadera afirmación” (Hegel, 1993:173). La superación de la finitud podría aparecer ya no sólo como afirmación de la infinitud, sino como lo que podríamos considerar como la permanencia de la finitud en su propia contradicción. El traspaso de lo finito a lo infinito no se presenta así solamente como la superación afirmativa de sus límites, sino que puede presentarse como reafirmación de su condición limitada. El más allá de lo finito no se muestra solo como una negación de lo limitado, sino como un más allá de lo finito que es la repetición infinita de sus límites. Una infinitud como superación ligada a lo finito y otra infinitud en lo finito. Una superación de la propiedad privada como apropiación humana y una superación que la reproduzca como propiedad privada universal, como diría Marx en el 44. Una superación completa o una mala superación que recaiga continuamente en su condición.
Que Marx, allá pensado la superación del capital en estos términos no sólo es muy probable a partir de lo que a continuación trataremos de analizar en los Grundrisse, sino que tiene casi evidencias empíricas. Cuando en enero de 1848 –en plena elaboración de estos manuscritos- le dirigiera una carta a Engels señalando la importancia de la Ciencia de la Lógica de Hegel para su método, y en la oración previa señalaba haber tirado “por la borda toda la doctrina del beneficio tal como existía hasta ahora” (Marx, 1947: 119). Algo para nada menor, en relación a las mencionadas críticas a Smith y Ricardo sobre la ley tendencial de la baja de la tasa de beneficio como resultado de la contradicción inmanente del capital. Una tendencia que conduce a las barreras y límites del modo de producción capitalista y nos lleva a plantear un más allá del mismo.
En el desarrollo de los Grundrisse, como explicamos, Marx no plantea una concepción catastrofista de las crisis del capital, si plantea su necesidad y las presenta como un resultado de su propio despliegue. No se presenta el desarrollo de una forma de producción social antagónica al capitalismo como un resultado inmediato de las crisis. De hecho, se presentan a la crisis como la necesidad del capital de ir más allá de sí mismo, pero que no necesariamente implica una superación de la lógica del capital.
Marx señala a las crisis de sobreproducción –por ejemplo- y su consecuente desvalorización general, como un límite y una barrera para continuar el propio proceso de reproducción del capital. Y destaca que:
 
“Con ello, se le plantea al mismo tiempo al capital la tarea de, recomenzar su intento a partir de un nivel superior del desarrollo de las fuerzas productivas, etc., con un collapse cada vez mayo como capital. Es claro, pues, que cuanto mayor sea el desarrollo del capital, tanto más se presentará como barrera para la producción –y por ende también para el consumo-, prescindiento de las demás contradicciones que lo hacen aparecer como insoportable barrera para la producción y la circulación” (Marx, 2007: 369)
 
De esta manera la superación de la crisis se plantea como la expansión de sus propias contradicciones en un desarrollo mayor de las fuerzas productivas del capital. La catástrofe, no es de esta manera algo permanente ni algo que se supera necesariamente hacia un estadio de la producción social distinto, sino que toda catástrofe generada por el capital -mientras no sea superado efectivamente- no será otra cosa que una superación que anuncia nuevas catástrofes a escalas cada vez mayores.
Por eso es que no es correcto, desde estas líneas de Marx plantear una especie de teleología de la historia o una filosofía de la historia que conciba que el capitalismo necesariamente conduce al comunismo –como tantas veces se ha dicho-. El modo de producción social del capital es capaz y necesita superar sus propias barreras históricamente para reproducirse, así lo señala Marx incluso con las mismas categorías que plantea como el dinero y el crédito –que por ejemplo, pueden plantear como salidas determinadas trabas pero generan en el desarrollo otras nuevas en un nivel mayor-. Por eso es correcto reconsiderar el conjunto del trabajo como que se lleva a cabo en los Grundrisse de la forma en que lo rescata Postone al señalar que la dialéctica que Marx utiliza no es una dialéctica transhistorica que abarca al devenir de toda la humanidad sino que:
 
“Al analizar la dialéctica histórica en términos de las peculiaridades de las estructuras sociales fundamentales del capitalismo, Marx la saca del terreno de la Filosofía de la Historia y la sitúa en el terreno de una teoría social históricamente específica.” (Postone, 2006: 202)
 
Pero el despliegue del capital que impulsa sus propias contradicciones en un nivel cada vez mayor, no escapa de poner en juego la propia vertiginosidad de su movimiento. El mismo capital en que “se le elimina necesariamente” (Marx, 2007: 282), elimina a los propios supuestos históricos –el capital como acumulación por un lado y el trabajo asalariado por otro- de su forma de producción social. Esta auto-mutilación del capital no es ajena a su propia lógica y a las catástrofes que de ella resultan. 
El desarrollo de las fuerzas productivas del capital que le plantea su propia aniquilación “le advierte que se vaya y deje lugar a un estadio superior de la producción social” (Marx, 2007: 282). Por lo tanto el capital crea sus propias crisis, cataclismos y catastrófes que conducen a su propia eliminación. Una eliminación que plantea una superación que podríamos considerar como negativa, que reproduce constantemente sus propias contradicciones y estallidos violentos en una escala mayor que encuentra como punto partida una fase superior del desarrollo de las fuerzas productivas del capital. Así, como plantea la superación del capital en tanto que:
 
“La universalidad a la que tiende sin cesar, encuentra trabas en su propia naturaleza, las que en cierta etapa del desarrollo del capital harán que se le reconozca a él como la barrera mayor para esa tendencia y, por consiguiente, propenderán a la abolición del capital por medio de sí mismo.” (Marx, 2007: 362)
 
Por lo tanto la crisis en los Grundrisse no plantea exclusivamente que el capital supere sus crisis a partir de sus propias contradicciones, sino que la propia crisis advierte la posibilidad de la abolición misma del capital a partir de su propia lógica. Si bien el despliegue del capital es cada vez más violento, más monstruoso y más alienado, sus propias contradicciones lo llegan a plantear que su propia abolición es tan posible como su misma magnitud. Las crisis del capital no pueden eliminarse de su lógica específicamente histórica, así tampoco su propia propensión a ser abolido por una nueva forma de producción.
 
Hacia un modo de producción social desalienado.
En los Grundrisse no se lleva adelante –al igual que en el resto de los textos marxianos- una teoría de cómo deberá ser una superación del capital que no implique una nueva recaída en sus propias contradicciones. Pero al adentrarse Marx en el nucleo mismo de los fundamentos del modo de producción social capitalista, no dejará de señalar desde dónde habría de partir un horizonte post-capital.
Así como en otros textos cuando se alude al comunismo habla de la libre asociación de los productores, del trabajo de cada uno según su capacidad y la retribución de acuerdo a su necesidad, del fin de la lucha de clases o de la plena realización de la humanidad. Marx en los Grundrisse trata de darnos una mirada de la emancipación ante el capital, que no se piensa ya solamente sociológicamente como la imposición definitiva de una clase sobre otra y por lo tanto el fin de la opresión de clases en el devenir de la humanidad. Aquí fundamentalmente la emancipación ante el capital se presenta como una emancipación ante una forma de trabajo históricamente determinada y de la forma en que el mismo se realiza como mediación social.
El trabajo no podría ser nunca en una sociedad post-capital, no solamente un trabajo al mando del capitalista, un trabajo ultra-mecanizado y empobrecedor de la creatividad humana, sino que tampoco el trabajo podía ser cuantitavamente determinado y cuya función sea la creación de valor. Si en la categoría de valor se hallaba el secreto de la crítica a la economía política que aquí ha desarrollado, es porque ahí también está el secreto de una efectiva liberación de las trabas del capital. Terminar con el trabajo abstracto, terminar con el valor, terminar con el fetichismo de las mercancías y del dinero, son consideradas tareas fundamentales para terminar con esa totalidad alienada que es el capital.
La liberación del trabajo, no puede ser para Marx solamente la expansión del tiempo libre, no puede ser el trabajo como la ausencia de esfuerzo, no puede mostrarse de la misma manera en que se presenta el no-trabajo en sociedad en donde el trabajo es presentado como algo opresivo. La emancipación del capital es la emancipación del trabajo mismo no como algo ajeno, sino que el trabajo deberá despojarse de la necesidad de la producción inmediata como algo necesario, dejando de ser el trabajo cuantitativamente determinado la medida de la riqueza social que será un resultado -entre otras cosas- de la cooperación.
Pero para que la emancipación social de la lógica del capital sea posible hace falta algo más. Las condiciones que se presentan para que el trabajo pueda ser efectivamente libre consisten en: “1) si está puesto su carácter social, 2) si es de índole científica, al a vez que trabajo general, no esfuerzo del hombre en cuanto fuerza natural adiestrada de determinada manera, sino como sujeto que se presenta en el proceso de producción, no bajo una forma meramente natural, espontánea, sino como actividad que regula todas las fuerzas de la naturaleza” (Marx, 2007b:120). Para Marx así, éste trabajo realizado socialmente requerirá para tanto de la ciencia y de la conciencia de los productores directos que regulen la producción.
No es correcto considerar como señala Postone que “ni siquiera existe una oposición lógica necesaria entre valor y planificación” y que “el valor puede distribuirse también de manera planificada” (Postone, 2006: 94). Cuando Marx habla de la necesidad de regulación consciente en una forma de producción post-capital y no meramente espontanea, está atacando uno de los fundamentos de la misma economía política: la posibilidad de que el capital pudiese ser domesticado a las necesidades de los individuos. Para Marx el capitalismo es un proceso en sí mismo incontrolable, y el valor, como vimos, es el secreto de su movimiento. Que en determinados proceso históricos haya habido mayor margen para una regulación relativa o parcial de la producción y la distribución en el capitalismo eso no implica que pueda escapar a su dinámica. Postone, equivocadamente confunde la planificación de la producción social propuesta por Marx, con las que pretendieron llevarse adelante en el siglo XX, dándole indirectamente la razón a las teorías regulacionistas del capital.
No por casualidad, vale retomar a Roman Rosdolsky, quien a partir de los Grundrisse, destacaría cuán alejada se encontraba la URSS de un horizonte anti-capitalista cuando muchos de sus economista elevaban “a la ley del valor al rango de principio socialista de la distribución” (Rosdolsky, 2004: 480). Él mismo no ahorraría elogios a Eugenio Peobrazhenski, quien posteriormente a la revolución rusa desarrollo una teoría en la cual señalaba el principio diametralmente opuesto que representaba la ley del valor y la planificación socialista.
Rosdolsky también nos es de utilidad aquí para expresar una comprensión limitada de la importancia que le da al trabajo Marx en los Grundrisse. Él destacará correctamente que el trabajo en el socialismo:
 
“experimentará inmensas modificaciones cualitativas y cuantitativas. En el aspecto cualitativo (…) convertirá al obrero en director consciente del proceso de producción, limitando su trabajo cada vez más a la mera supervisión de las gigantescas maquinas y fuerzas naturales intervinientes en la producción; y en segundo término, en virtud de su carácter colectivo, directamente socializado, cuyo producto ya no enfrentará a producto en la forma de objeto alienado y que lo domina.” (Rosdolsky, 2004: 480)
 
La ausencia en la consideración de Rosdolsky, y en buena parte del marxismo al considerar esta cuestión, es en considerar el cambio de carácter del trabajo en una sociedad post-capital a partir del desarrollo de la ciencia utilizada en el proceso de producción inmediato y de la forma en que se distribuye el producto del trabajo. De esta manera, dando casi por supuesto el extraordinario desarrollo técnico y científico del capitalismo, se trata de establecer que el problema fundamental para la transformación social solo pasaría por la relaciones sociales de explotación que dan lugar a que el producto del trabajo se presente de una manera alienada.
Lo que estas lecturas del capital suelen no tener en cuenta es el carácter dual del trabajo en el modo de producción social capitalista. No destacan que no puede haber producto alienado, si el trabajo mismo como actividad no se presenta como trabajo abstracto. Posiblemente en los límites de estas lecturas se podrá ver la limitación que dicha propuesta emancipatoria, propuesta que no sale de los riesgos de reproducir las crisis a las que ha arribado el capital en escalas mayores.
La superación positiva del capital, es un proceso de desalienación. La misma no conlleva la eliminación sin mediaciones del trabajo alienado, del trabajo cuya actividad misma y su producto se le presentan como ajenos. El trabajo objetivado ya no se le tendrá que presentar al trabajo vivo como algo contrapuesto y que lo subsume, algo que se nutre de su vitalidad para quitársela. La misma objetivación del trabajo dejaría de tener un carácter alienante. Como señala Postone, según Marx, el carácter alienado del trabajo objetivado no es eterno:
 
“Su análisis muestra que la objetivación es de hecho alienación –si lo que el trabajo objetiva son las relaciones sociales-. Sin embargo, esta identidad se encuentra históricamente determinada: está en función de la naturaleza específica del trabajo en el capitalismo. Por tanto, existe la posibilidad de su superación.” (Postone, 2006: 225)
 
Este más allá del capital, no implica la eliminación inmediata del trabajo ya objetivado, tampoco implica la destrucción material de la riqueza que el trabajo alienado ha creado. Todo lo contrario, pues supone la apropiación por parte del trabajo vivo de todas las riquezas que su pasado ha creado y se le han presentado de manera alienante. El trabajo y las relaciones sociales no serán ya un medio para la realización misma de la lógica del capital, sino que en sí mismos serán los que conscientemente determinen la afirmación de una nueva forma de la producción social. 
 
Crisis del capital como crisis civilizatoria
A partir del estallido de la crisis de las hipotecas “subprimes” en Estados Unidos en junio del 2007, se abría una nueva situación planteada por el sistema capitalista mundial. Lo que durante las últimas décadas, a partir de la caída de la URSS y la enorme liberalización de la economía en China –como hitos fundacionales de una nueva época-, había aparecido como estallidos parciales o excepciones a la lógica del capital en América Latina y Asia, se hacía presente en el corazón mismo de su funcionamiento. La posterior quiebra de bancos un año después y el correspondiente salvataje del Estado norteamericano, la destrucción de magnitudes inimaginables de capital especulativo –como expresión máxima del fetichismo- y la evidencia de la multimillonaria deuda externa rápidamente dejó de lado las hipótesis que reducían el carácter de la crisis. Rápidamente se desencadenaría un proceso que conduciría a comparar la magnitud de la crisis con el famoso “crack financiero” de 1929, instalado en el imaginario de los economistas como el más grave colapso de la historia del capitalismo.
Poco tiempo después de estallar la crisis en Estados Unidos, la misma se trasladaría a Europa expresándose en estados en quiebra e intervención directa de organismos de créditos internacionales en el control de las economías nacionales, crecimiento de tasas de desempleo y en ajustes sobre “cargas sociales” que impacta en los niveles de vida –tan difundidos como ejemplos en el resto del mundo-. La magnitud de la crisis del sistema capitalista ya no puede ser negada por la mayoría de los analistas, que la mismas ya hayan conducido a un desaceleramiento de “the factory of the Word” (China), como centro de producción de mercancías más grande del mundo, no permite ocultar su dimensión.
A partir de la crisis los aportes de Marx para comprender la dinámica del capital, parecen haber salido del lugar que le habían confinado los principales apologistas del capitalismo en su fase neoliberal. Hasta banqueros, empresarios y pensadores liberales han incluso reconocido la importancia de su crítica de la economía política para reflexionar en torno a la actual situación. Expresión de este fenómeno, es incluso la incorporación de Marx en las universidades y el aumento en las ventas de El Capital.[2]
Así también, en estos años el marxismo se ha visto renovado a partir reflexiones que intentan presentar a la actual crisis no como una mera crisis económica o un desajuste en el sistema financiero mundial, sino como una crisis civilizatoria. Algunos intelectuales, nutridos en muchos casos de las nuevas experiencias de resistencia anti-capitalista, tratan de expresar el carácter integral de la crisis del capitalismo, volviendo a proponer un más allá del capital emancipatorio que evite los principales errores en que cayeron las experiencias del estalinismo y la socialdemocracia en el siglo XX.[3]
En la extensa obra de Marx, se podrán encontrar referencia a la relación entre capitalismo y civilización, desde el mismo Manifiesto Comunista en 1848 cuando señala el carácter expansivo y la tendencia a un desarrollo global del capitalismo hasta en La guerra civil en Francia en 1871 cuando destaca a la comuna de París como un levantamiento contra la civilización. Trataremos de expresar cómo esta relación también se hace presente en Elementos Fundamentales para la Crítica a la Economía Política (1857-1858).  
En estos textos dispersos, como Marx nos aclara desde un comienzo, se está buscando descifrar la anatomía misma de la sociedad civil moderna, se está buscando el fundamento mismo de la sociedad burguesa. El sujeto mismo de la economía política es según él, la sociedad civil, y el despliegue y desarrollo del capital es el proceso un civilizatorio. Lejos de presentarse aquí una teoría del desarrollo unilateral del capital en los países “centrales” de Europa –como incluso puede verse en otros trabajos precedentes de Marx- en los Grundrisse se toma el trabajo de analizar con rigurosidad cómo funcionaban las formas de producción pre-capitalistas.
El apartado del Cuaderno IV y V, “Formas que preceden a la forma de producción capitalista”, muchas veces publicado como fragmento inédito en la obra de Marx, es una clara muestra de lo extenso que pretendía ser su investigación: analizando desde formas de producción europeas, asiáticas y americanas. Este texto, tiene como objetivos principales señalar:
1)                 Resaltar el carácter histórico de la producción en el capitalismo –desterrando cualquier idea de que se limite solamente a una forma de distribución-.
2)                 Mostrar cómo se han creado las condiciones objetivas de posibilidad de la forma de producción del capital a partir de la acumulación originaria –a partir del saqueo y el comercio- y el surgimiento del “trabajo libre” –a partir de la separación de los productores directos de sus medios de producción-. 
Marx, fijará aquí los supuestos históricos de la lógica del capital que luego darán lugar a su propia potencia y fuerza civilizadora. Trata de describir como históricamente esta lógica no se ha instalado sobre un suelo homogéneo, dentro de un esquema determinista de la evolución histórica, sino cómo el capital, impone la forma de producción fundada en el valor, subsumiendo el conjunto de las formas de producción precedentes a lo largo y ancho del planeta.
Por lo tanto, el capital es el que permite la posibilidad de realizar el trabajo como una “objetivación universal”, pero lejos de ser la realización plena de las fuerzas humanas, se le presenta también como una “enajenación total” que necesita trascender sus límites y barreras constantemente. Como dice Dussel:
 
            “El trascender las necesidades establecidas es el progreso, la civilización en general. Claro es que el capital ha superado los límites establecidos no como servicio al hombre sino como servicio a la valorización del mismo capital.” (Dussel, 2004: 167)
 
Civilización y Capital son conceptos simétricos en los Grundrisse.[4] Y así como el capital crea sus propias crisis, las crisis del capitalismo no son otra cosa que crisis civilizatorias. Pero no se trata aquí ya de darse un sentido progresivo en sí al concepto de civilización, no se trata de darle un sentido ahístorico sinónimo del progreso de la humanidad. Tampoco de contraponerlo al concepto de barbarie como expresión de retroceso a formas de producción precedentes.
El concepto de civilización se presenta así, de manera distinta a como lo planteaban las corrientes evolucionistas y positivistas, se presenta en un sentido histórico como una forma específica de dominación social actualmente vigente. No se trata entonces de ver en el pensamiento de Marx a un apologista de este proceso, sino a un crítico radical. Corresponderá considerar su obra como dice Postone no sólo una teoría de la dominación en el capitalismo sino fundamentalmente “una teoría social crítica de la naturaleza misma de la modernidad” (Postone, 2006: 44).
Superando de esta manera, los simples comentarios que realiza Marx comparando la forma de producción capitalista y las formas de producción precedentes, en algunos casos señalando aspectos positivos, en otros negativos, se trata de una crítica radical a la civilización constituida como tal. No se trata de una civilización embellecida, se trata de un engendro social que ha creado sus propias barreras y límites que la conducen al colapso. Se trata, como hemos planteado, de un proceso histórico que para superarse a sí mismo, si no quiere abolirse por una nueva forma de producción social, debe reproducir sus propias contradicciones a una escala cada vez mayor.
La civilización, es entonces también crisis y alienación, la civilización es otra cara de la barbarie de la dominación social. Esta lógica de la civilización como superadora de manera negativa y reproductora de sus propias barreras es fundamental para comprender en la actualidad la crisis que enfrenta el sistema capitalista en su conjunto incluyendo dimensiones nunca antes imaginadas como las: alimentarias, ecológicas, energéticas, hídricas o culturales. Una lógica, que lejos de quedarse anclada en una imagen estática de cuando el capitalismo comenzaba a funcionar con sus andaderas, es dinámica y útil para comprender la realidad y que no podrá ser dejada de lado por aquellas perspectivas anticapitalistas en nuestros días.  
 
 
Bibliografía:
Arico, José, Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo, Fondo de Cultura Económica: Buenos Aires, 2012.
Marx, Karl, Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Trad. de Fernanda Aren, Silvina
Rotemberg y Miguel Vedda. Colihue: Buenos Aires, 2006.
Marx, Karl, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, Tomo 1, Trad. de Pedro Scaron. Siglo XXI: México, 2007.
Marx, Karl, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, Tomo 2, Trad. de Pedro Scaron. Siglo XXI: México, 2007.
Marx, Karl. y Engels, Friedrich, Correspondencia, Trad. de Editorial Problemas: Buenos Aires, 1947.
Dussel, Enrique, La producción teórica de Marx en los Grundrisse, Siglo XXI: México, 2004.
Gramsci, Antonio, Antología, Trad. de Manuel Sacristán, Buenos Aires, Siglo XXI: Buenos Aires, 2006.
Negri, Antonio, Marx más allá de Marx, Trad. de Carlos Prieto del Campo, Akal: Madrid, 2001.
Hegel, G.W.F., Ciencia de la Lógica, Trad. de Augusta Mondolfo y Rodolfo Mondolfo, Solar: Buenos Aires, 1993.
Dri, Rubén, Hegel y la lógica de la liberación, Biblos: Buenos Aires, 2007.
Rosdolsky, Roman, Genesis y estructura de El Capital de Marx, Trad. de León Mames, Siglo XXI: México, 2004.
Vega Cantor, Renan, “Crisis civilizatoria”, En: Herramienta 42 (octubre de 2009), pp. 31-50.
Chesnais, François, (2009) “Orígenes comunes de la crisis económica y ecológica”, En: Herramienta 41 (Julio de 2009), pp. 59-68.
Lowy, Michael, “Ecosocialismo: hacia una nueva civilización.” En: Herramienta42, pp. 51-61.
 


[1] Gramsci, Antonio (2006) Antología, Inmanencia especulativa e inmanencia historicista o realista, Buenos Aires, Siglo XX; pp.442.
3] Si bien estas reflexiones no serán objeto de nuestro trabajo, reconocemos que han sido de gran importancia para el mismo. Por eso hacemos referencia especialmente las reflexiones de François Chesnais, Michael Lowy y Renan Vega Cantor en: Herramienta no. 41 y 42.
[4] Para resaltar más evidencias copiamos la letra de Marx: “Como todo tiempo libre es tiempo para para el desarrollo libre, el capitalista usurpa el tiempo libre que los obreros crean para la sociedad, vale decir para la civilización, y Wade tiene razón una vez más, en este sentido, cuando afirma capital=civilización” (Marx, 2007b: 147)