Brasil. La Historia se construye en las calles

 
Correio da Cidadania                                                                                                
 
Las últimas semanas traen un escenario turbulento, de fuerte polarización social,  conduciendo casi a caracterizar un “mayo rojo”.
El regreso de la inflación, los notorios problemas en la infraestructura energética, el transporte y el suministro de agua, reiteran los signos de agotamiento de la política y del plan económico, incapaces de romper con la dependencia y la sumisión al capital financiero, manifiesto entre tantos otros problemas en el presupuesto de la Unión comprometido centralmente con el pago de la deuda pública y no con las demandas sociales. Todos estos factores contribuyen a la actual coyuntura de grandes luchas que, después de las grandes manifestaciones de junio 2013, en estos últimos meses tuvo ensayos importantes como la huelga de los choferes de autobuses de Porto Alegre y de los barrenderos de Río de Janeiro en pleno carnaval, cuando los trabajadores se rebelaron incluso contra los líderes sindicales e iniciaron un movimiento huelguístico victorioso.
 
Los ejemplos se multiplican desde entonces; solamente en San Pablo, la huelga de los choferes de ómnibus que se inició también por un ala rebelde dentro del sindicato, la huelga de profesores de la red municipal, la huelga de profesores, funcionarios y estudiantes de las universidades paulistas, la ola de ocupaciones del MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo), y diversos actos contra la Copa del Mundo.
Porto Alegre, Río de Janeiro, San Pablo, Salvador y São Luis, si bien presentan los contextos más exacerbados característicos de las grandes metrópolis, no son de ninguna forma excepciones en Brasil. Son ciudades emblemáticas de reclamos que recorren el país, en su mayoría asociados a los sectores de la educación, transporte y vivienda, que parecen ser hoy depositarios inmediatos de la enorme insatisfacción y cansancio popular con servicios públicos de pésima categoría.
La situación es de inestabilidad, y hay que considerar también posibles e imponderables fiascos antes y durante la Copa –por ejemplo el estadio Itaquerão en San Pablo, en torno al cual circulan versiones de que no estaría listo para la apertura del esperado evento deportivo y que ni siquiera contaría con la estructura adecuada para el funcionamiento de las redes de los celulares e internet.
Frente a la tensión social que emerge a pocos días de la Copa, hay una gran diversificación de movimientos populares que despuntan de un modo autónomo en la escena política, desde las bases, quitándose las ataduras de las direcciones sindicales y partidarias. Se configura, incluso, una mayor aproximación de intereses auténticamente populares y de los trabajadores confluyendo hacia medidas más progresistas, a la izquierda del espectro político institucional.
Por otro lado parece lejana la necesaria unificación de las reivindicaciones programáticas, esencial para un avance sustantivo de la lucha política – algo que, vale decirlo, no fue considerado por el movimiento Passe Livre (MPL) en 2013 y tampoco por el MTST, protagonista de las ocupaciones en el momento actual. Se observa, no obstante, una clara recuperación de experiencias, temáticas, estrategias y formas de lucha entre los diferentes movimientos, lo que representa un salto cualitativo respecto a las manifestaciones de 2013.
Junto con esta mayor politización de los manifestantes, la simpatía hacia las luchas sociales y la evidente dificultad del Estado y de los medios para volcar a la población contra los reclamos, están también favoreciendo a los sectores populares que están perdiendo el miedo a luchar por sus derechos.
Esta es una movilización que viene de las calles, expresión del extremo mal humor, malestar y estrés de la población ante la degradación de las condiciones de vida y del trabajo, sentimiento agravado por la corrupción, los gastos estratosféricos y las evidencias de un falso legado de la Copa.
A esta presión de las calles, con huelgas contra la corrosión de los salarios, luchas por la vivienda y por el respeto de los derechos ciudadanos, que dan hoy el tono y se enlazan con las protestas contra la Copa de la FIFA, se contrapone la pauta institucional de las elecciones, determinada por el capital, que avanza sus exigencias de medidas antipopulares y pro capitalistas, forzando el posicionamiento de los postulantes a la presidencia que buscan su apoyo. Sin embargo, sectores crecientes de la población intuyen que la política se decide desde las calles. Y a partir de julio, el escenario electoral va a estar influenciado por la coyuntura  pre-Copa.
Frente a la desatención por las demandas populares fortalecidas desde junio y raramente consideradas, el momento es de acción, colectiva, masiva e indignada, de diversos sectores sociales. El momento es de participación y apoyo activo a esta multiplicidad de protestas, que abren esperanzas y fortalecen las luchas por los cambios profundos y estructurales que Brasil necesita.
 
 

Artículo editorial publicado el 28 de mayo de 2014 en Correio da Cidadania www.correiocidadania.com.br
Traducción al castellano para Herramienta de Raúl Perea.